Derechos Reservados a J. K. Rowling por el infinito universo mágico de Harry Potter & a J. R. R. Tolkien por la creación de la Tierra Media donde encontramos a The Hobbit y todo lo que le tenga que seguir… Bla, bla, bla.

—…— diálogos
cursivas – narración resaltante (khuzdul, sindarín, quenya), cartas, recuerdos, sueños, etc…
"…" pensamientos
[…] cambio de escena

Disclaimer: De acuerdo a Wikipedia y Warner Bros. Harry Potter & The Hobbit lamentablemente no me pertenecen. Esta novela es sólo una obra de ficción. Simplemente tomando prestados los personajes para un producto de mi ilógica imaginación. Cualquier parecido con otra historia, sucesos, lugares o personas reales, vivas o muertas, es mera coincidencia.

Notas de autor: Muchas cosas por decir, casi nada por contar… Si están acostumbrados a vivir solos y por motivos del universo un familiar viene de visita para pasar las vacaciones decembrinas con ustedes ¡CONSEJO! Ciérrenle las puertas en la cara, a no ser que dicha persona tenga un amplio conocimiento en la cocina o mantenga todo ordenado mientras tú estás en el trabajo. Ahora tengo sirviente y sin necesidad de pagarle ¡Ja! En lo personal, este capítulo es uno de mis favoritos y agradezco a todas las personas que siguen la historia, para ser sincero no creía que una historia tan bizarra como esta lograra captar atención. Conocen la rutina: Lean, entreténganse, dejen un pequeño comentario si gustan y nos vemos hasta el próximo mes o semana o quincena o cuando se pueda (o tenga listo el capitulo).
Ultimátum: Si no os gustan este tipo de crack: ¡JODANSE! Es mi historia y puedo escribir lo que guste. Simplemente retomen el camino perdido y busquen otro fic para leer.


By caves where the Sun does not shine
por
Connor Redfield

Capitulo Ocho: Laberintos Bajo La Montaña

"Aprendí que el coraje no es la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. El hombre valiente no es aquel que no siente miedo, sino el que conquista ese miedo" — Nelson Mandela

. . .

Oscuridad.

Era todo lo que miraba, una infinita oscuridad que la rodeaba. Y sentía frío, demasiado frío. La lluvia seguía cayendo y sus piernas se encontraban cansadas, había estado corriendo por mucho, mucho pero mucho tiempo. Estuvo corriendo cuando aquella mujer le indicó que lo hiciera. Estuvo corriendo aún cuando escuchaba el aterrador rugido sobre ella. Y se mantuvo corriendo después que dejó de oír la voz femenina a sus espaldas y los gritos que parecían truenos dejaron de perseguirla. Y aunque en todo ese tiempo deseó voltear y regresar por la mujer que venía con ella, nunca lo hizo. Ahora, mirando hacia el frente, no tenía conocimiento de donde podría estar. Todo le era desconocido. En particular, no recordaba nada… ¿Por qué había estado corriendo? ¿Dónde estaba? ¿Qué lugar era este? Y aunque las preguntas seguían resonando en su agitada mente no paró de caminar, siguió su camino hasta que una luz a lo lejos le brindó un poco de esperanza.

Diminuta al inicio y apenas tenue, como el reflejo de una luciérnaga en la oscuridad de las cuevas, así era la luz que miraba a lo lejos. Y poco a poco se fue acercando, al igual que ella venía en su dirección, hasta que estando a pocos metros se percató que la cálida esperanza no estaba sola, sino que venía acompañada por una alta y robusta figura oscura.

¡Por los Dioses de los hombres! ¡¿Qué estás haciendo aquí afuera niña?! —la voz de la figura había sido fuerte, rasposa y grave. Una voz masculina, y eso suficiente para asustarla—¡Responde! ¿Qué demonios haces afuera con esta lluvia? —exigió la figura.

Sintiéndose perdida, ella no respondió. ¿Qué podría decirle? Simplemente se le quedó mirando, tratando de que aquel ser que se escondía bajo la gruesa capa mojada por la lluvia comprendiera su desconcertación. Pero para su desgracia no fue así…

¿Estás sola? ¿Alguien viene contigo?—preguntó de nuevo el extraño mirando alrededor, buscando la señal de que un alma acompañaba a la pequeña.

Observando en todas las direcciones no encontró nada. Resoplando frustrado, miró de nuevo a la niña y detalló en que ella continuaba mirándolo, fija y atentamente. Y lo que encontró en el rostro de la infante lo desubicó, no había nada, ni tristeza ni miedo ni angustia. Todo era neutral, era como si ella no pudiera ver o sentir nada. Apretando los labios hasta volverlos una línea blanca, se ajustó el capuchón y pasó de largo a la pequeña. Pero a los pocos metros, echó un ojo sobre su hombro y observó como ella lo miraba alejarse. Parándose, gruñó contra sí mismo.

"No es tu responsabilidad, no es tu responsabilidad" se repetía constantemente apretando los dientes "Déjala y continua tu camino, un buen fuego te está esperando. No hay lugar para una chiquilla perdida" siguió pensando, debatiéndose entre ayudarla o seguir. Y la niña, que había permanecido en silencio, había escuchado todo aquello que él estuvo pensando.

Finalmente, y después de lanzar una lista descarada de maldiciones y otros insultos imposibles de recordar debido a que los había expulsado mordiéndose la lengua, el extraño dio media vuelta y llegó hasta ella.

Este lugar es muy peligroso para una niña. Acompáñame—le indicó el hombre pero ella no se movió.

¿Acaso el desconocido creía que iría con él? Y el extraño entendió el mensaje porque arqueando una ceja volvió a hablarle, aunque con un tono más seco y sin falta de tacto como el anterior.

¿O prefieres quedarte aquí? —preguntó señalando alrededor—¡Ven conmigo con una maldición!

Y en este caso, ella si lo siguió.

Pasándole un trapo que llevaba en alguna parte de su destartalada mochila, el hombre le dejó caer la tela sobre la cabeza y ella sólo apartó el pedazo que le cubría la cara. Por instantes razonó que tal vez sí era buena idea seguir al sujeto, después de todo no conocía el lugar donde estaba y no tenía idea de cómo había llegado hasta allí o como salir y encontrar un lugar seco para resguardarse de la lluvia.

Caminaron sin dirigirse la palabra, tal vez fueron minutos o tal vez horas, eso ella nunca lo supo pero cuando comenzó a detallar en la estructura de la cabaña a la que se dirigían una pequeña luz le iluminó los ojos. Quedándose al margen mientras el hombre abría la puerta, observó el camino a sus espaldas y a lo lejos, muy a lo lejos encontró las Altas Montañas. Y miró con detalle como los relámpagos parecían tocar la punta de la tierra cuando descendían del cielo.

¡Entra! —escuchó la orden y sin pensarlo una segunda vez como al inicio, entró.

La cabaña no era grande pero tampoco era chica, simplemente era una cabaña para una persona y sabiéndose acomodar para dos o incluso tres. No había mucho que observar, rustica y minimalista no habría problemas con definirla como la casa de un hombre solitario, gruñón y amargado.

Siéntate—le dijo el hombre mientras colocaba su destartalada mochila en su intento de mesa, pero cuando miró de nuevo a la pequeña su ceño se frunció más que cuando la encontró—¡Junto al fuego, idiota!

Presionando el puente de su nariz, trataba de hacer memoria para recordar las razones de haber traído a la niña. Observando cómo se levantaba del frío suelo donde se dejó caer y se sentó al lado de la chimenea, asintió satisfecho, ahora sólo debía recalentar las sobras de la cena anterior y su mal humor se esfumaría. Ignorando a la pequeña presencia que fungía como una inesperada invitada en su casa esa noche, el hombre logró avivar el fuego y que el calor se esparciera por los rincones de la mediana casa que tenía volviéndola cálida y acogedora. No la escuchó hablar ni moverse ni siquiera emitir un sonido, era como si no estuviera y mirándola por un momento, descubrió que ella continuaba sentada junto al fuego, quieta e inmóvil. Encogiéndose de hombros continuó recalentando la cena, sólo esperaba que la niña no pidiera doble porción porque con milagros y habría para los dos.

¿Cómo te llamas? —él le preguntó después que acabaran de comer, dejando el tazón de madera sobre la improvisada mesa—¿Qué edad tienes? —volvió a cuestionarle—¿De dónde vienes? Es extraño que te encontrara a los límites de Uhr, es un pasaje demasiado solitario.

Pero ella no dijo nada y eso le molestó. Y hubiera estado a punto de lanzarle una oleada de maldiciones e insultos de no ser por la extraña expresión que detectó en los ojos de la niña.

¿Llamarse? ¿Tenía un hombre? ¿Cuál es? No sabía, no sabía cuál podría ser. Ni su edad ni de dónde provenía o si es que venía con alguien.

No recuerdas nada, ¿verdad? —pudo haber sido una pregunta o una afirmación, incluso ambas en la misma oración.

¿Recordar? ¿Recordaba algo? Concentrándose, trató de hacer memoria pero todo era un abismo negro en su mente. Y una mueca de dolor a travesó su facciones, no podía recordar nada.

¿Sabes hablar siquiera? —ella volteó a verlo y eso le hizo pensar la respuesta al hombre.

"¿Por qué a mí?" pensó frustrado. Ahora no sólo tenía que lidiar con una niña amnésica sino también muda.

Pero entonces detectó por el rabillo del ojo el movimiento de la pequeña. Prestándole atención, la miró asentirle y un suspiro salió de sus labios, al menos eso era una buena señal.

Sabes hablar…—ella volvió a asentir y el hizo lo mismo—Bien, pero supongo que no hablarás conmigo. —y ella negó con la cabeza, y al hombre no le quedó de otra que aceptar.

Estirándose en la silla donde se encontraba sentado se dedicó a mirar el fuego de la chimenea y a fumar de la larga pipa de madera oscura que sacó de una caja de metal. Y de vez en cuando le echaba breves miradas a la pequeña pero ella seguía como al inicio, sentada y con el plato de madera en sus manos, aunque ahora estaba vacío. Acomodándose con regocijo sobre la silla, siguió con su mini rutina de fumar, mirar el fuego y en ocasiones a la niña, y continuó con el mismo procedimiento hasta que los músculos de la espalda le exigieron movimiento y tuvo que pararse para checar el estado del clima.

¡Con mil diablos! —maldijo antes de abrir la puerta y salir temporalmente de la casa, dejando a la niña con la vista fija en el marco hasta que volvió a abrirse y el hombre entró como alma correteada por el diablo.

Lo observó dejar una pila enorme de leños cerca de la chimenea y después hincarse junto al fuego frotando las manos para entrar en calor.

Bien, niña—comenzó a hablarle mientras continuaba calentándose—Tenemos buenas, malas y desagradables noticias.

Ella le miró arqueando una ceja, ¿a qué se refería?

Las malas noticias son que la lluvia no cesará, al menos no en un par de días o semanas…—dijo sentándose nuevamente en la silla—Las buenas que tenemos la madera suficiente para que la chimenea siga funcionando y la comida nos ajustará para una quincena…—se mantuvo en silencio.

La niña se preguntó cuales podrían ser las noticias desagradables. Entonces el hombre volvió a hablar:

Y las noticias desagradables serán que tendremos que hacernos compañía mutua durante todo esta temporada. —finalizó el hombre cruzándose de brazos y mirándola directamente.

Ella bajó la mirada.

Así que sí vamos a tener que 'socializar' mientras las lluvias terminan—le dijo captan su atención—Supongo que tenemos que ponerte un nombre.

La pequeña arqueó una ceja y frunció el ceño levemente, ¿eso era necesario?

No me mires de esa forma, mocosa ingrata—le apuntó el hombre—A no ser que prefieras que te llame idiota o cualquier otro mote que se me venga a la mente, soy bueno creando apodos.

Asintiendo rápidamente, ella le dio a entender al hombre que la elección de un nombre no vendría nada mal. Moviéndose para quedar sentada frente al sujeto, observó como era el extraño que la había recogido. Pasando los ojos por su figura se grabó que la apariencia del varón era tosca y ceñuda, con un gran bigote y barba que se juntaban en forma de candado y se extendían hasta su cabello pelirrojo atado en una semi-coleta. Era más que obvio que el hombre era un adulto entre los 40 y 50, porque el contorno de sus ojos y boca eran acompañados por arrugas que se marcaban cada vez que gruñía, hablaba o achicaba los ojos. Pero que sin embargo la edad no le pesaba, porque la fuerza que demostró al cargar los leños le dio a pensar que todavía guardaba algo de fuerza en sus músculos. En resumen se trataba de un hombre viejo gruñón, amargado y solitario.

¿Qué te parece, Ethinel? —le preguntó y ella negó con la cabeza—De acuerdo, tal vez, ¿Bayra? —le ofreció otro nombre y la niña hizo una mueca volviendo a negar con la cabeza. —Tienes razón, ese ni yo lo usaría.

Pasándose una mano por la cara, le dio una lista de todos los nombres femenino que podría recordar pero ninguno parecía gustarle a la niña y la rotunda negación de la pequeña comenzaba a cabrearle demasiado rápido.

¿Freniar? Es un nombre muy popular de los pueblos del Sur—pero ella negó otra vez, como las últimas 34 veces. Lanzando un bufido colérico, él exclamó: —¡Se me acabaron los nombres! ¡El único que me queda es con el que mi abuelo solía llamar a mi abuela! ¿Cómo demonios era? ¿Ermia? ¿Mion? ¿Hermione?

Entonces la niña alzó las manos deteniendo los gritos del hombre.

¿Hermione? —la niña sonrió.

Arqueando una ceja, se preguntó si la pequeña sufría de algún tipo de enfermedad mental.

¿Segura? —ella asintió—Es un nombre complicado y no es muy común—y eso la hizo asentir con más entusiasmo. Rindiéndose, optó por darle ese nombre—Esta bien, si quieres llamarte así entonces te diré Hermione.

Y la expresión de la pequeña fue una muy diferente de cuando la encontró bajo la lluvia. Ella estaba sonriendo y los ojos le estaban brillando, un brillo que le hizo mirarlos con detalle. Las pupilas de la niña eran un dorado demasiado puro, casi parecían luces de estrellas atrapadas en sus ojos, que brillaban como si tuvieran vida propia. Momentáneamente se preguntó qué clase de niña se había encontrado porque lo que estaba mirando no era normal, los ojos no brillaban de esa manera y observando con más cuidado a la pequeña se recalcó que su apariencia la dejaba ver como una humana. Sin embargo, era sus ojos lo que la destacaban.

"Tal vez…" pensó analizando la situación. Si la niña resultaba ser una cruza de razas eso le daría una explicación a su peculiar singularidad y tal como al inicio sucedió con sus pensamientos, la pequeña volvió a escucharlo dialogar en su subconsciente.

Esparciendo sus pensamientos, miró de nuevo a la niña y le sonrió.

De acuerdo, Hermione—le dijo llamándola por su nuevo nombre—Me presento: mi nombre es Bilius, hijo de Biltron y eres bienvenida a mi humilde pocilga.

La niña medio sonrió y se acurrucó un poco más cerca de la cálida chimenea, pensando que su camino podría haber sido menos agradable. Y mientras Hermione miraba fijamente las llamas del fuego, Bilius se encargó de preparar un poco de puchero para sacar el frío de los huesos que la cena no logró hacer.

¿Te gustan las nanas, niñ-Hermione? —preguntó el hombre rectificándose al decir el nuevo nombre de la pequeña.

Ella volteó a verlo aún con la jarra sobre la boca y el cálido líquido bailando en su interior.

"¿Nanas?" pensó confusa Hermione.

Bilius se dio un leve golpe en la frente, recordando que la niña no podía recordar absolutamente nada y aclarándose la garganta, añadió:

Son canciones de cuna—trató de hacerle entender pero la pequeña siguió sin comprender—No tengo buena voz pero puedo hacer mi mejor intento.

Dejando de lado la jarra con puchero, Bilius emitió un barítono grave y después un agudo y Hermione pensó que el hombre se había vuelto totalmente loco. Entonces su oído comenzó a captar la letra de la canción. Al principio no entendía lo que el hombre cantaba pero después no le importó, porque los suaves tonos le hicieron sentir tranquila, tanto que incluso le acompañó cantándola en su mente.

A naoidhean bhig, cluinn mo ghuth
Mise ri d' thaobh, O mhaighdean bhàn
Ar rìbhinn òg, fàs a's faic
Do thìr, dìleas féin
A ghrian a's a ghealach, stiùir sinn
Gu uair ar cliù 's ar glòir
Naoidhean bhig, ar rìbhinn òg
Maighdean uasal bhàn

Hermione continuó tarareando la canción, hacía mucho tiempo que no recordaba esa noche. La noche en que su padre la encontró, la noche que su vida cambió mientras él cantaba la vieja canción de cuna en gaélico, porque después de ese momento, Bilius se fue encariñado con ella y con el tiempo le dijo que la adoptaría como su hija. Al inicio todo era una catástrofe con Bilius tratando de lograr que ella hablara y al final le costó 4 meses para que Hermione dijera, aunque sólo fueran dos sencillas palabras: Tengo hambre.

La muchacha sonrió con nostalgia, extrañaba a ese viejo pelirrojo barbón y gruñón, pero mientras recordaba su sonrisa se fue esfumando poco a poco. Si se ponía a analizar la situación venía pensando demasiado en ese recuerdo, aún más cuando lo soñó hace un par de días atrás. Negando con la cabeza, no lograba encontrarle sentido, sabía que los sueños no significaban nada pero no podía dejar de sentir la ligera corazonada de que ese recuerdo estaba fuertemente ligado con algo que se le estaba pasando por alto. Pero, ¿qué podría ser? No recordaba nada, lo único más antiguo que se encontraba registrado en su memoria era ella misma caminando bajo la lluvia hasta que Bilius la encontró. Fuera de ello, no había nada más en su mente, absolutamente nada.

Soltando un suspiro, siguió con los trazos que marcaba en la amarillenta hoja, ya tendría tiempo para pensar a detalle sobre el sueño, pero por el momento deseaba terminar con el dibujo. Mordiéndose el labio, garabateó en la línea curva que le hizo doblar la muñeca y de pronto se encontró preguntándose: ¿Cómo demonios había terminado así? La respuesta era fácil, Ori se le acercó después que Balin indicara que necesitaría unos momentos para encontrar el resto del camino que los llevaría a través de las montañas nubladas. Y entre ojitos suplicantes y sonrisas esperanzadas, Hermione no tuvo el corazón de negarse ante las peticiones del enano.

Negando con la cabeza, se prometió que la próxima vez que Ori le hiciera esos ojitos no lo miraría directamente, de esa forma podría decirle que no y disfrutar de un descanso bien merecido. Enfocándose en la línea que unía la barbilla con el hombro, Hermione remarcó los trazos que conformaban el cabello, peinándolos hacia atrás con algunas trenzas en la parte trasera de las orejas. Devolviéndose a las expresiones del rostro, suavizó las marcadas líneas de la frente para darle un aspecto más sereno. Siempre que lo miraba tenía esa mueca en la cara de que odiaba a todo el mundo. Sonriendo ante como iba quedando la imagen se dijo que sólo haría falta trabajar en los detalles de la ropa y estaría listo, y dándole un vistazo más amplio al dibujo su rostro se trabó y su respiración se congeló.

Tragando con dificultad, observó una vez más el dibujo y para su desgracia descubrió que a quien había dibujado no era otro que 'Escudo de Roble'. Sintiendo un tic en el ojo, se preguntó alarmada en qué maldito momento había comenzado a dibujar al jodido enano y sobre todo, cómo demonios no se percató de que lo estaba dibujando. Ocultando la hoja, observó alrededor para cerciorarse de que nadie, absolutamente nadie, hubiera visto el dibujo. Y cuando se memorizó la posición de cada enano, su cuerpo y mente se relajaron pero volvieron a tensarse cuando la voz de Ori la sorprendió.

—¿Ya terminaste? —le preguntó entusiasmado.

Hermione se planteó seriamente que algún tipo de karma estaba sobre ella para ser protagonista de este tipo de escenarios.

—Déjame ver—dijo Ori estirando la mano, pero ella apartó la hoja doblándola y metiéndola en su chaleco, y eso confundió al enano.

Nerviosa, Hermione dijo lo primero que vino a su mente.

—Me he equivocado—comenzó diciendo—El dibujo salió mal, tenía un mal modelo. —Ori arqueó una ceja—Mejor dame otra hoja y esta vez prometo hacerlo mejor.

Sonriéndole lo más sinceramente que pudo, Hermione rezaba en su mente porque el enano no le pidiera ver la hoja de nuevo y le entregara una nueva. Haciendo un mohín con los labios, Ori se encogió de hombros y le tendió una hoja en limpio.

—No te preocupes, yo también he tenido mis errores—y sin más se alejó, sentándose junto a su hermano Nori quien mostraba su mejor ángulo para que su hermano menor lo dibujara. Lastimosamente, el enano no era el paisaje que Ori estaba trazando en el papel.

Permitiendo que la sensación de un escalofrío le recorriera la columna vertebral, Hermione agradeció al Dios que la ayudó para salir de ese aprieto. Levantándose y cambiando de asiento, se dejó caer sobre las raíces de un frondoso pino, necesitaba tiempo para saber qué demonios acababa de ocurrir. Pero el concepto de espacio personal no existe dentro de la compañía, al menos, no para ella.

—¿Aún continuas dibujando? —Hermione hubiera soltado una maldición pero tratándose del hobbit que se sentaba a su lado, se abstuvo de expresarla.

—Decidí comenzar de nuevo, el otro dibujo era…—hizo un silencio, meditando—inapropiado.

Bilbo arqueó una ceja dudoso, no se le había escapado el tono de voz en la última palabra. Además, tampoco pasó por desapercibido la manera en que Hermione guardó la primera hoja que Ori le dio, y podría hasta jurar estar seguro de lo que miró sobre el papel, pero cuando estaba por abrir la boca para soltar un torbellino de preguntas, Hermione habló.

—No te muevas, Bilbo—el mediano dejó de respirar, poniéndose pálido y hasta sentirse mareado. —Voltea lentamente. —le indicó la muchacha mirando lo que fuera a sus espaldas.

"¡Por favor, no más orcos ni huargos ni trolls de las montañas ni trasgos ni erumpent ni nundus que deseen asesinarnos!" exclamó al borde del llanto en sus pensamientos, y cuando miró hacia atrás sus ojos se abrieron con sorpresa más que con miedo o desconcertación.

—Hermione… ¿Qué es eso? —si no hubiera estado tan impactado por lo que estaba mirando, se habría felicitado porque las palabras le salieran fuertes y claras. Incluso ni siquiera le prestó atención a que Hermione no le contestó.

La muchacha se paró con sigilo y se encaminó a una de las grandes criaturas que comenzaban a poblar el claro entre el bosque donde se encontraba descansando la compañía. Estirando un brazo, colocó la palma de su mano a pocos centímetros del largo hocico de la criatura y esperó a que esta se acercara hasta que ambas pieles hicieron contacto.

—Ven, Sr. Bolsón—invitó Hermione al hobbit, pero Bilbo se mostró renuente—No tienes porque tener miedo, no te lastimarán.

Y aunque se mostró receloso, poco a poco se fue acercando hasta quedar a un lado de la muchacha. Demasiado tensó que parecía un resorte listo para saltar cuando fuera necesario escapar. E imitando las acciones de la mujer acompañado por la curiosidad de su lado Tuk, Bilbo se atrevió a tocar el cuello de la criatura y se sorprendió al descubrir que la piel era fría pero suave. Soltando una sonrisa se dijo que sí todos los encuentros con bestias extraordinarias resultaran tan fáciles como esta, entonces nunca tendría por qué quejarse al viajar con los enanos.

—Se les llama Thestral—habló Hermione y Bilbo volteó a verla con la curiosidad brillándole en los ojos.

—Nunca antes había escuchado hablar de estas criaturas—dijo Bilbo sin dejar de acariciar la piel del enorme caballo.

Porque para Bilbo eso era o al menos es lo que aparentaban ser. Su forma era lo más parecida a un equino, sólo que los thestral poseían un cuerpo esquelético, con rostros marcados y grandes alas de aspecto curtido que al hobbit le recordaban a las alas de los murciélagos. Pero el rasgo más sobresaliente eran sus ojos oscuros, negros como la oscuridad de la noche y tan brillantes que podías reflejarte en ellos.

—No se suele hablar de ellos porque para muchas personas son un mal augurio—Bilbo hizo un mohín con los labios, eso no era justo.

—¿Por qué hasta ahora sé que existen? —preguntó, aunque la pregunta había sido más si mismo.

—Sólo aquellos que han visto la muerte pueden verlos, Bilbo—le contestó Hermione.

Bilbo volteó a verla impresionado, si eso era cierto (que no lo dudaba) entonces comprendía porque al inició del viaje había visto a los enanos y a Hermione señalar en direcciones que él le parecían vacías o cuidaban de vigilar la comida, sobre todo tratándose de la carne. Y también entendía que después de su encuentro con los huargos comenzara a verlos, esa había sido la primera vez que observaba como asesinaban a una criatura, aunque de orcos se hubiera tratado.

—En realidad son bastante amables, aunque pueden provocarte daño si los atacas pero las personas suelen evitarlos debido a que son…

—Diferentes—terminó por decir Bilbo y Hermione asintió con la cabeza.

—Sobre todo porque su apariencia es lúgubre y fantasmal.

Y mientras Bilbo continuaba acariciando al oscuro caballo, Hermione se retiró un poco. El hobbit observó como la muchacha sustraía de una pequeña bolsa un pedazo de carne cruda y al regresar se la daba de comer al thestral.

—Comen carne pero eso no significa que te harán daño. —aclaró Hermione adivinando las dudas y dramas del hombrecillo.

Tragando con un poco de dificultad el amargo nudo que se le formó en la garganta, Bilbo tuvo que comprender que aún estas criaturas debían tener su lado tenebroso.

"Al menos yo no soy la cena" pensó aliviado.

Hermione sonrió enternecida por la imagen del hobbit acariciando la cabeza y el lomo del caballo, y una risa involuntaria se le escapó al detallar en la magnitud del thestral comparada con la pequeñez del mediano. Una risilla que Bilbo escuchó y que antes de que el hobbit preguntara el motivo, Hermione le tendió un pedazo de carne para que alimentara a la criatura, pero fue el detonador para un escenario aún más gracioso. El thestral que habían estado acariciando se alejó y permitió que las pequeñas crías se acercaran al señor Bolsón y cuando Bilbo se dio cuenta de la situación en la que se encontraba casi suelta con un chillido la carne que llevaba. Sin encontrar una forma de salir del aprieto, Bilbo terminó soltando el pedazo de carne dejando que las crías se disputaran por ella y aunque ya no tenía más, las pequeñas criaturas siguieron olisqueando al mediano hasta que lo derribaron y pronto el hobbit se encontró rodeado de pequeños thestral a su alrededor.

Aguantando por no soltar la carcajada, Hermione optó por volver a sentarse, tenía la imagen ideal para el dibujo frente a ella. ¿Qué mejor que un hobbit rodeado de crías de thestral? Tomando el carboncillo y sosteniendo la hoja amarillenta en sus piernas, comenzó a trazar débiles líneas por aquí por allá, reflejando al mediano sentado y tratando de apartar a un thestral que le tironeaba del cabello. Sólo entonces escuchó el familiar gañido de Fawkes, volteando hacia el sonido, encontró al halcón reposando sobre la rama alta de un árbol a varios metros de ella y a juzgar por cómo observaba al mediano, Hermione dedujo que se estaba burlando de la situación del hobbit. Rodando los ojos, se dijo que sí fuera Fawkes quien estuviera rodeado de thestrals, el halcón estaría lanzando maldiciones para que lo dejaran tranquilo y después le recriminaría la falta de ayuda.

Lanzando un sopló a la cortina de cabello que le tapaba el rostro, asintió convencida ante el dibujo, le estaba quedando bien y eso que no era una experta como Ori. Permitiendo a sus manos descansar, miró al resto del campamento y encontró que los enanos ya estaban teniendo dificultades con la manada de thestrals. Bombur luchaba porque uno de ellos no le quitara de su comida, Bofur, Gloin, Oin y Ori batallaban para que dejaran de olisquear entre las mochilas, Nori y Dori se reían de ver a Bilbo en medio de las crías, e incluso Dwalin se encontraba guerreando con uno para que dejara de perseguirlo; mientras que los hermanos Fili y Kili se divertían montando uno tras otro y ver cual emprendía más rápido el vuelo. Riendo quedamente, se dijo que estos eran los momentos que guardaría por siempre en su memoria de su viaje con trece enanos y un mediano.

Fue entonces que un aroma llegó hasta ella, tensándose levemente se mordió el interior de la mejilla, necesitaba aparentar normalidad. Tragando saliva con un poco de dificultad, ladeo la mirada y pudo ver de reojo a Escudo de Roble caminar hacia ella y sentarse a su lado.

—Parece divertirte—Hermione humedeció sus labios antes de hablar.

Asintiendo con la cabeza, contestó:

—Este tipo de escenarios son demasiado amenos y difíciles de observar últimamente—le dijo sin dejar de ver como Kili caía del caballo—Es lógico que disfrute de ellos.

Thorin también observó la escena y pudo concordar con la muchacha, era cierto que en tiempos como los suyos no era fácil encontrar tranquilidad pero cuando lo hacía prefería verla y disfrutar de mirar a sus amigos y familia, sería un agradable recuerdo para guardar. Desviando un poco la vista, sus ojos interceptaron al hobbit que todavía luchaba porque una cría le soltara de los tirantes del pantalón y no evitó fruncir el ceño, una acción que Hermione observó.

—No deberías juzgar a Bilbo de esa manera—le recriminó, obviamente molesta.

El enano volteó a verla y se encontró con un par de ojos dorados que lo miraban con la dureza marcada en ellos, algo que le impresionó y le aterró al mismo tiempo.

—Sólo míralo—le indicó señalando al mediano—es pequeño y débil, no ha sido criado para la guerra.

—¡Por supuesto que no! —exclamó tratando de mantener a raya su coraje, las palabras del enano habían sido un insulto—Permíteme recordarte que Bilbo, y ese es su nombre, ha nacido en un lugar donde la maldad no es conocida, al menos no como tú y yo la hemos tratado.

Thorin achicó los ojos.

—Eso no es excusa—soltó mirándola fijamente—El saqueador decidió salir aún en conocimiento del peligro al que se enfrentaría, ha sido una decisión muy equivocada de su parte.

Hermione se contuvo de soltarle una larga lista de insultos en sindarin y quenya al enano, ¿quién se creía él que era para decir eso sobre el Sr. Bolsón?

—Y aún con todos los peligros que hemos pasado, Bilbo continua con nosotros—le dijo moderando su tono de voz—El coraje o la valentía no depende del tamaño o la fuerza que se tenga, en ocasiones la más pequeña de las criaturas puede tener más valor que uno mismo…—Thorin desvió un momento los ojos—y ayudarnos en los momentos más difíciles.

Thorin miró nuevamente al mediano, no estaba del todo de acuerdo con las palabras de la muchacha pero tampoco podía negar que poseían cierta lógica. No todos los grandes poderes yacían en grandes guerreros y magos, en ocasiones los actos comunes de personas comunes lograban más que mil actos de acciones heroicas libradas en batallas.

—Sólo trata de darle una oportunidad—le dijo y Thorin volvió a verla—Puede que te sorprenda la valentía que un hobbit llega a tener. —tomando un respiro, Hermione volvió a hablar, aunque esta vez en lengua enana—Kulhu ma sakhizu ya izzughizu, ma mahtadadizu ya 'agulhizu.

Esperando por la respuesta del rey, Hermione recordó con ternura cuando Fawkes le explicó que Bilbo había sido de gran ayuda el día en que Balin, Thorin y ella cayeron por la cascada, porque cuando el halcón trató de comunicarse con los enanos, ninguno supo entender el mensaje. Aquel que lograba comprender más de lo que deseaba comunicarles era Bifur y casi nadie hablaba el lenguaje del enano, fue entonces que Bilbo sirvió como intérprete, y Hermione no pudo evitar sentirse orgullosa porque esos eran los resultados de haberle enseñado al mediano algunas palabras de la lengua de las bestias. Además, estaba el punto de que ayudó a calmar a los enanos y convencerlos que era mejor seguir las instrucciones que Fawkes traía.

Poco después observó como un no tan convencido Thorin terminó asintiendo con la cabeza y Hermione le sonrió en agradecimiento. Una sonrisa que a Escudo de Roble le fascinó y le motivó a no dejar que la conversación terminará allí, inmediatamente un tema que tenía pendiente con ella vino a su mente.

—Te debo las gracias—le dijo captando la atención de la muchacha, quien lo miraba con una ceja arqueada—Jamás te agradecí por devolverme el anillo de mi padre.

La mujer observó como el enano le mostraba el anillo en su mano, y terminó negando con la cabeza.

—Fue una promesa que le hice a Thráin—dijo Hermione recordando al viejo enano—Siempre cumplo mis promesas.

—Gracias, Hermione. —y ella asintió quedamente.

Lo miró por unos breves segundos antes de apartar la mirada, era extraño cuando él solía llamarla por su nombre, casi siempre usaba ese nombre enano que le había dado. Aunque para ser sinceros, ya no le molestaba que la llamara Ava, al menos no tanto como antes.

—Lamento no haber podido salvarlo—habló mientras sentía nuevamente ese pesar en el pecho.

Thorin soltó un suspiro antes de hablar: —Hiciste lo que pudiste, y te agradezco con mayor intensidad que te tomaras el tiempo para enterrarlo conforme a nuestras costumbres.

—De nada—soltó las palabras suavemente, era extraño tener una conversación con el enano sin que esta terminara en gritos y discusiones.

Observándolo de reojo, se percató que la apariencia de Escudo de Roble había mejorado.

—Veo que tus heridas han sanado—le dijo y por un momento se sintió estúpida ¿qué había sido eso?

En cambio, Thorin luchó por ocultar su alegría, ella estaba iniciando una plática y no pensaba desaprovecharla.

—No sé lo que habrás hecho—comenzó diciéndole—pero tu medicina me ha servido desde esa noche.

—Bueno, eso es evidente. Tu venas lucen más normales y ya no apestas a veneno—le dijo imitando una mueca de desagrado por el irritante olor del gas del nundu.

Arqueando una ceja, Thorin le preguntó:

—¿Y cuál es mi aroma ahora?

—Aceite de cedro y tabaco para pipa…—respondió e inmediatamente se calló.

Mirando al enano, se prometió que descuartizaría a ese hombre. Acaba de tenderle una trampa para que ella reconociera su aroma una vez más, le resultaba increíble que se tomara el tiempo para hacer situaciones demasiado embarazosas. ¿Dónde había quedado el enano con quien habló aquella noche? Hermione rodó los ojos internamente. ¡Así! Se encontraba adentro, pero muy adentro del subconsciente de Thorin 'Escudo de Roble', y debía recordarse que el enano que tenía ahora enfrente no era el mismo de aquella vez. Este no diría palabras tiernas ni comprensivas, simplemente ordenaría y actuaría sin pena ni vergüenza, y fue precisamente ese último pensamiento que le dio el valor para hacerle una pregunta.

—Escudo de Roble…—lo llamó algo indecisa—En verdad, ¿no recuerdas nada después de que cayeras por la cascada?

Thorin frunció el entrecejo, ¿recordar? Lo único que venía a su mente era caer al río y después despertar en el campamento junto a Balin y Hermione. Mirando a la muchacha negó con la cabeza, y ella sólo le dio una pequeña sonrisa ladeada. Observándola con detalle, tomó nota de la trenza que aún mantenía atada en el cabello con la piedra ámbar, en las marcas de nacimiento que atravesaban su piel, en lo dorado de sus ojos y el brillo que siempre radiaban, y se dijo que ahora era su turno de hablar.

Hermione—ella se tensó y volteó a ver al enano, la sorpresa estaba escrita en sus ojos.

"¿Qué demonios?" pensó alarmada, el enano había traspasado los límites de cercanía entre ambos y ahora sostenía entre sus dedos la trenza que llevaba el abalorio. Sintiendo que el aire le faltaba, observó como el hombre sólo se dedicaba a acariciar el trozo de cabello hasta que volvió a escucharlo hablar.

Di mi nombre—a la chica se le dificultó pasar saliva, ahora le estaba hablando en Khuzdul.

—Por respeto, no lo diré—le dijo contestándole en la lengua normal, pero eso pareció no importarle al enano porque negó con una sonrisa bailándole en los ojos.

Eres una pésima mentirosa—recalcó divertido y Hermione comenzó a sentir un tic en el ojo—Di mi nombre, Ava.

Si pudiera definir esa situación del 1 al 10 definitivamente le daría un 11, no sólo el enano se estaba tomando el atrevimiento de tocarla sino de ordenarle que dijera su nombre, además estaba la incógnita en su mente de porque no hacía nada para apartarlo. Y mientras Hermione se debatía entre ceder ante las exigencias del rey o no, Thorin se encontró curioso por lo que sucedía, podría jurar que ya antes había tocado el cabello de su mujer pero ¿Cuándo? ¿Cómo? La muchacha lo destazaría antes de atreverse a hacerlo y sin embargo aquí estaba y aún continuaba con vida. Este podría resultarle el más extraño de los deja vú.

Pero sus curiosidades quedaron de lado cuando observó como la lengua de la mujer humedecía sus labios. Sin apartar la mirada, soltó el rizo y llevó la mano hasta la nuca afirmando la cabeza, mientras que con la otra sostenía el brazo derecho que había tratado de impedir que él se acercara, y deslizando suavemente la mano llegó hasta la muñeca y de ahí a la mano de la muchacha.

Espera, Escudo de Roble—trató de hablar pero parecía que la lengua se le había trabado.

Mirando hacia todas direcciones se percató que se encontraban demasiado apartados del resto de los enanos. Volviendo su atención hacia el hombre comenzó a temblar al sentirlo cada vez más cerca y lo único que se le ocurrió fue colocar la otra mano sobre el hombro del enano en un intento por frenarlo pero no lo logró.

Es-escudo de…—volvió a pedirle en lengua Khuzdul y sus mejillas se ruborizaron cuando observó que él sólo le prestaba atención a sus labios y a lo que estaba a punto de hacer.

Indecisa entre sí mirarlo a los ojos, la frente, la nariz o el cabello terminó por dejar sus ojos fijos en los labios del enano. Y su nerviosismo desapareció cuando el vaho del aliento del rey le golpeó en los labios entreabiertos, y en lugar de sentir miedo lo que surgió en ella fue una ansiedad que se arremolinó en su vientre y le motivó a permitir que el enano continuara. Algo que Escudo de Roble captó y le hizo sonreír internamente, aún más al percatarse del rubor en las mejillas de la muchacha.

Pero como en todas las situaciones, siempre existe un importuno que sucede a último momento. Sólo lograron darse un leve roce cuando una voz los interrumpió.

—¡Uy! Birashagimi!—se disculpó Bofur tratando de pasar desapercibido.

Hermione miró inmediatamente al enano sin tener idea de lo que acaba de suceder, en cambio, Thorin tenía los ojos oscuros y con un brillo siniestro escrito en ellos.

—¿Qué sucede? —preguntó desubicada Hermione.

—Yo…—Bofur tragó duro mirando hacia otro lado—Yo sólo venía a decirles que Balin encontró el camino…

Kulhu biraglabizu? —volvió a preguntar confundida, hablando primero en khuzdul—¡Ah, sí! El camino—dijo, ahora en lengua ordinaria tratando de aparentar normalidad—De acuerdo, es hora de irnos. —y sin esperar por una respuesta, Hermione se levantó abruptamente y se marchó sin decir nada una palabra más.

Cuando Bofur llegó con el resto de los enanos desde el más viejo hasta el más joven lo miraban sin saber si sentir lástima por él o comprensión de lo que le sucedería después.

¿Qué? —preguntó desorientado.

Hermano mío, acabas de ganarte una paliza—le dijo Bombur y Bofur arqueó una ceja pero cuando miró la expresión de Escudo de Roble entendió todo.

¡Que Yavanna te proteja porque Mahal no lo hará!—le deseó Nori.

No creo que ni Yavanna logre hacerlo, no de la ira de Thorin—rió Dwalin observando cómo su amigo despedazaba con los ojos al enano en cuestión, y Bofur suspiró resignado, acababa de cavar su propia tumba.

Y mientras los enanos reían y daban sus últimas palabras hacia Bofur, Hermione los observaba consternada, no podía creer que de algo como esto sacaran para hacer teatro. Negando con la cabeza, se dio de golpes mentalmente repitiéndose ¿Cómo diablos había estado a punto de permitirle a Escudo de Roble besarla? Sintiéndose frustrada meditó que en cuanto más rápido se terminara esta misión, más pronto se libraría de la presencia de ese enano y su ceño fruncido se desvaneció, ¿en verdad deseaba alejarse? Ya ni siquiera tenía idea de lo que deseaba realmente.

"No trates de mentirte a ti misma, Hermione" se dijo "Sabes perfectamente lo que quieres, aunque es mejor que… que él no se entere" y no pudo evitar sentir un vació en el pecho "¿acaso esto es cuando se necesita a una persona?" volvió a pensar. "Entonces, ¡maldita sea la ocasión en que me crucé en el camino de este enano!" exclamó furiosa sin saber cómo desquitar su coraje.

—¿Estás bien? —Hermione volteó a ver a la vocecita que le hablaba.

—Sí, muy bien—no pudo evitar sonar sarcástica.

Bilbo la miró dudoso, pero cuando estaba por volver a hablar el grito de Escudo de Roble lo interrumpió:

—¡Todos arriba, no hay tiempo que perder! —exclamó y el refunfuñado de los enanos fueron motivo de risa para el mediano, los hombres se quejaban por todo.

Aunque el único enano que no se burló de la situación de Bofur ni de ninguna otra por el resto del camino fue Fili, quien había visto desde lejos el cariñoso intercambio que Thorin y Hermione tuvieron con un frío aire en los ojos, una presión de ira que poco a poco se convirtió en tristeza.

[…]

Subieron por las laderas de las montañas tan arriba que a Bilbo le llegó a parecer que los enanos deseaban tocar el cielo. Había muchas sendas que subían internándose en aquellas montañas y sobre ellas desfiladeros que indicaban que cualquier paso en falso era una muerte segura. Y lo peor de todo era que los desfiladeros eran engañosos, sin llevar a ningún lado y la mayoría de estos se encontraban infestados de criaturas malvadas y de peligros horrorosos (los nundu eran un ejemplo de la clase de peligros que avecinaban por los senderos de las montañas). Por suerte, contaban con los conocimientos y la memoria de Balin que, aunque ya viejo, no había olvidado el camino correcto que llegaba al desfiladero apropiado.

Bilbo había estado contando los días y ya eran muchos, demasiados después de haber abandonado el Valle, en total podría decir que en condiciones normales no habrían tardado tanto en subir pero desde el encuentro con los nundu que la pierna de Balin aún se encontraba en recuperación y sólo habían hecho del viaje más lento. Tal vez, y podrían decirle exagerado aunque no lo era demasiado, llevaban casi 1 mes subiendo esa montaña y todo resultaba de mal en peor porque pronto los senderos se volvieron en caminos escabrosos y peligrosos, rutas tortuosas, desiertas y largas que no parecían tener fin.

Incluso, y después de que comenzara la lluvia sobre las montañas, Hermione se ofreció en llevar al pequeño saqueador sobre su lomo, y aunque el hombrecillo se negó al principio no le sirvió de mucho renegar porque al poco tiempo se encontraba montando sobre un enorme huargo de pelaje oscuro. Balin y algunos enanos como Bombur, Ori y Oin fueron llevados por la muchacha hasta que una noche Escudo de Roble exclamó que su mujer no volvería a llevar a ningún enano más, y como era de esperarse Hermione se enfureció pero también agradeció esa orden, últimamente le pesaba esa carga. Aunque claro, eso no significaba que estuviera de acuerdo con que Thorin 'Escudo de Robe' continuara llamándola su mujer porque ella no había aceptado nada.

Todo marchó como en días anteriores, con el clima azotándolos e imposibilitándoles seguir a buen pie, en pocas palabras nada ocurrió hasta que un día se encontraron con una tormenta de truenos.

—¡Cuiden por donde caminan!—gritó Thorin encabezando la caravana por el desfiladero.

El hobbit y el resto de la compañía se encontraban empapados de pies a cabeza como cuando entraron en las Tierras Salvajes. La lluvia había llegado de una manera demasiado rápida para lograr eludirla, el viento les azotaba en la cara y les sacudía las barbas y las capuchas de las capas. El granizo iba en todas direcciones y no lograban visualizar el camino por temor a levantar la cara y que las rocas caídas del cielo les golpearan en los ojos.

—Esto no irá nada bien—dijo Thorin apretando la mandíbula.

—¡Thorin debemos encontrar donde refugiarnos o moriremos todos aquí! —le dijo Balin tratando de mantener el capuchón sobre la cabeza.

Asintiendo, llamó con la voz más alta a sus sobrinos: —Fili, Kili—los hermanos levantaron las cabezas—Busquen un refugio.

Cuando ambos enanos partieron, Hermione pensó que sería de más ayuda ir con ellos. Puede que tuvieran ojos penetrantes por ser los enanos más jóvenes de la compañía, y que por ello se ocupaban de ese tipo de tareas, ya que mandar al viejo Oin o Bombur no sería más que una mala decisión que una ayuda; pero también sabía que era arriesgado mandar a ese par solos. Justo estaba por traspasar a Escudo de Roble cuando sintió un fuerte agarre en su brazo, volteando hacia el enano encontró a Thorin observándola con una fuerte respuesta en su mirada.

—Tú no irás—le dijo ejerciendo más fuerza. Hermione frunció el ceño, pero antes de que hablara Thorin se adelantó—Te quedarás conmigo.

Esforzándose por no lanzarle un puñetazo directo a la nariz, Hermione asintió a la vez que obligaba al enano a soltarla.

—Bien—le contestó secamente.

No pasó mucho para que Fili y Kili volvieran, arrastrándose, doblados por el viento, aferrándose a las rocas.

—Hemos encontrado una cueva seca—dijeron los hermanos—doblando el próximo recodo no muy lejos de aquí.

—¿La exploraron a fondo? —preguntó Dwalin desde atrás de la caravana.

—¡Sí, sí! —afirmaron al unisonó—No es demasiado grande y tampoco muy profunda.

Y tanto Balin, Dwalin, Hermione y Thorin sabían que no podían haber estado allí por mucho tiempo, habían regresado casi enseguida. Los cuatro conocían por propia mano lo que las cuevas de las montanas solían esconder y no se encontraban con los ánimos para llevarse una inesperada sorpresa. Naturalmente, se hubieran puesto a decidir si ocupar la cueva o buscar otra, pero en la situación en la que se encontraban, las noticias de Fili y Kili parecieron bastantes buenas para ir en su contra. Hermione negó levemente con la cabeza, sólo deseaba un lugar seco para pasar la noche, soltando un pesado suspiro, regresó hasta casi el final de la caravana con la mirada penetrante de Thorin sobre ella, lo que él quería era tenerla cerca hasta que llegaran a la cueva, tenía un mal presentimiento pero la mujer terca y obstinada se había marchado hasta la otra punta, lejos de él y su cuidado.

Aferrándose a las rocas del desfiladero, la compañía avanzó hasta el lugar prometido, pero justo cuando faltaban unos cuantos metros Bilbo pisó mal, resbalándose y tambaleándose hasta casi caer por el filo del desfiladero. De no haber sido por Dwalin que lo sujetó firmemente del saco empapado, el hobbit ya sería historia. Pero esa preocupación pasó a segundo lugar para el saqueador y el resto de los enanos cuando la voz de Dwalin sonó fuerte y alarmante, haciéndose escuchar entre los rugidos de los truenos y la lluvia.

—¡Cuidado!

Todos voltearon hacia la dirección que el enano apuntaba y lo que miraron los dejó perplejos. Una enorme roca se dirigía hacia ellos, con gran velocidad que difícilmente lograrían eludirla. Sólo pudieron observar como la gran roca se estrellaba a unos metros arriba de ellos y provocaba un derrumbe de piedra que los obligó a aferrarse con más fuerza a la pared tratando de evitar que algún pedazo los golpeara y los hiciera caer al vacío.

—¡Por Durin y Mahal! ¿Qué está sucediendo? —gritó Gloin mirando hacia todas direcciones.

—Esto no es una tormenta, es una batalla de truenos. ¡Miren!—gritó Balin mirando hacia un punto fijo y señalando a una enorme figura que se elevaba sobre las montañas y lanzaba otra roca hacia ellos.

—¡Que el diablo me lleve, las leyendas eran ciertas! —exclamó Bofur acercándose más al risco—¡Gigantes, gigantes de piedra!

Bilbo jamás había visto nada igual. Se trata de enormes gigantes hechos de piedra que despertaban de sus sueños y comenzaban a tomar trozos de roca y lanzarlos entre sí, como si de un juego se tratara. Nunca sintió tanta fascinación por una criatura y temor al mismo tiempo como la extraña mezcla que tenía en ese momento, sin duda su lado Tuk era más fuerte que su lado Bolsón.

Siguiendo la dirección de la piedra que el gigante lanzó, ubicaron que otra criatura salía por detrás de la montaña donde se encontraban, recibiendo el impacto del lanzamiento y como consecuencia que ellos tuvieran otra lluvia de rocas sobre sus cabezas.

—Vete a cubrirte, estúpido—le gritó Hermione a Bofur, ayudando al hobbit a mantener los peludos pies sobre el delgado camino del desfiladero.

Pronto se encontraron presenciando una batalla entre gigantes, lanzándose y recibiendo puñetazos y golpes de rocas que eran una situación alarmante para la compañía. Bilbo sintió que su respiración se cortaba cuando comenzó a sentir temblar el suelo y los gritos de los enanos advirtiendo al resto de que lo peor estaba por ocurrir.

—¡Sujétense! —gritó Dwalin al tiempo en que descubrían que el piso por donde caminaban se trataba de las piernas de otro gigante que comenzaba a despertar para unirse a las batalla de truenos.

—¡Kili, toma mi mano! —le gritó Fili a su hermano cuando eran separados por las piernas del gigante, pero el menor no alcanzó siquiera a rozar los dedos. —¡Hermione! —volvió a gritar, recordando que la muchacha se encontraba del otro lado.

¡Ava! —gritó Thorin al percatarse también de donde estaba Hermione, y maldijo a su mujer por no quedarse junto a él.

Como consecuencia, la compañía se encontró dividida, quedando Thorin, Oin, Gloin, Bifur, Balin, Dori, Nori y Kili de un lado y Fili, Bofur, Hermione, Bilbo, Dwalin, Ori y Bombur del otro. Todos luchando por no caer y aferrándose a las rocas que conformaban las piernas y rodillas del gigante sobre el que estaban.

Balanceándose de un lado a otro, pronto el grupo donde se encontraba Thorin tuvieron la oportunidad de bajar del gigante y sin perder tiempo, corrieron hasta suelo estable esperando porque los demás tuvieran la misma suerte.

—¡Corran, corran!—ordenó Thorin indicando a los enanos a seguirlo.

Cuando miraron al otro grupo que aún se encontraba en la otra pierna del gigante, observaron como el monstruo de piedra se alejaba y se sumergía en una pelea que obligó al grupo del hobbit a sostenerse con uñas y dientes a las paredes cuando una roca destruyó la cabeza del gigante, cayendo al abismo y dejando tambaleándose al cuerpo sin saber donde iba a caer.

—¡Sosténganse!—les gritó Oin al tiempo en que el cuerpo del gigante se derrumbaba contra la pared a unos metros de ellos.

Bilbo sintió como un agujero se instalaba en su pecho al estar a punto de estrellarse contra la roca, ni siquiera tuvo un pensamiento coherente cuando meditó que esa podría ser su muerte segura.

—¡No!—gritó Thorin mirando el cuerpo del gigante caer al abismo después de estrellarse contra la ladera de la montaña, sin rastro de ningún enano ni de la muchacha—¡Hermione! ¡Fili!—volvió a gritar corriendo al lugar donde chocaron.

Cuando estaba esperando lo peor, su corazón se regocijó al percatarse que todos se encontraban sobre la montaña, tal vez algo adoloridos y asustados pero vivos.

—Están bien, están vivos—dijo Gloin llegando hasta ellos y avisando al resto de la compañía.

Avanzando entre los enanos que trataban de capturar la cordura después de su excéntrico paseo, Escudo de Roble caminó hasta la mestiza que se encontraba tratando de levantar a Bombur. Tomándola por los brazos, Hermione tuvo que soltar al gordo enano debido a lo abrupto del movimiento. Mirando abrumada a Thorin, se percató que el rey la miraba fijamente, evaluándola de pies a cabeza en busca de una herida, una lesión, una molestia.

Gamut ai-menu—le dijo en lengua enana.

Thorin achicó un poco los ojos.

A partir de ahora, viajarás junto a mi—le indicó, aunque bien pudo haber sido una orden.

Hermione puso los ojos en blanco, este era el enano Thorin 'Escudo de Roble' que conocía. Aquel que era incapaz de pedir o decir por favor y que se limitaba a ordenar y exigir.

—¿Y Bilbo? —preguntó Bofur mirando hacia todos lados, Hermione miró al enano asustada—¿Y el hobbit? —volvió a preguntar el enano.

Buscándolo entre los enanos, la muchacha se abrió camino tratando de encontrarlo, preguntándose cómo demonios podría perdérseles un mediano.

—¡Lo encontré!—indicó Nori.

Mirando hacia donde apuntaba Nori, Hermione miró a Bilbo pendiendo del filo del desfiladero, luchando por no soltarse y caer al abismo.

—¡Ayuda, por favor!—gritó Bilbo desesperado, sus brazos no aguantarían por más tiempo.

Tratando de subir, los pies se le resbalaban cada vez que trataba de apoyarse y las manos se le volvieron barras de jabón al querer seguir sosteniéndose de la roca.

—Tranquilo—le dijo Bofur tratando de calmar al hobbit.

—¡Sujétese! —le indicó Ori esforzándose por alcanzar los brazos del hombrecillo.

Apartándose del resto de los enanos que le impedían avanzar, la muchacha se asustó al imaginarse lo que pasaría si no lograban subir al mediano.

—¡Bilbo! —gritó Hermione, tratando de acercarse al saqueador pero Dwalin la detuvo.

Ella volteó a ver al enano interrogante, pero él no se dedicó a responderle. Aunque no hubo necesidad de respuesta, en los ojos del hombre estaba claro lo que iba a decirle: Si el mediano cae no habrá problemas, pero tú no debes caer ni arriesgarte a salvarlo.

Justo estaba Bilbo por ceder al peso de sus brazos cuando Bofur lo sostuvo y ayudado por Ori trató de subirlo. Pero los esfuerzos eran inútiles, las fuerzas de los enanos se habían desvanecidos, la caminata por las montañas los habían agotado y si no se apuraban, se iban a quedar sin hobbit. Fue entonces que Escudo de Roble, mirando la consternación en los ojos de su mujer (y hay que admitirlo, el enano jamás dejaría morir a una persona a su cargo) fue que bajó lo más pronto para ayudar al mediano a subir, tomándolo por el saco lo empujó para que Bofur lo sostuviera y cuando Ori y el enano de gracioso gorro lo aseguraron, la mano de Thorin resbaló.

Dwalin se lanzó hacia adelante logrando tomar a Thorin y cuando creía que no lo lograría, una masa de cabellos se hizo presente a su lado. Ladeando la vista, miró a Hermione sostener el otro brazo de su amigo.

—¡No te quedes mirando, ayúdame, vieja cabra! —le gritó Hermione tratando de subir al enano.

Haciendo una mueca con los labios, la muchacha confirmó que en verdad Escudo de Roble tenía un peso extraordinario. Era demasiado pesado. Estando todos sobre la ladera, se permitieron respirar para recuperar las fuerzas.

—¡Vaya!—habló Dwalin pasándose la mano por la cabeza calva y tatuada—Creí que perderíamos al saqueador.

Bilbo no supo si sentirse ofendido o feliz, acababa de pasar por una situación de muerte (dos veces) y lo que les preocupaba a los enanos era quedarse sin saqueador. Pero los ojos de Escudo de Roble sobre él, le advirtieron que era mejor mantener la boca cerrada.

—¡Ha estado perdido desde que salió de su hogar!—dijo Thorin mirándolo con indiferencia—¡Nunca debió venir, no debe estar entre nosotros!

El mediano desvió los ojos avergonzado, pero Hermione clavó su mirada en el enano con una furia que era palpable en el aire. Algo que Escudo de Roble captó pero pasó por alto.

—Arriba, arriba—indicó Balin, llamando a los demás.

Y cuando Thorin trató de tomar por el brazo a Hermione, ella se soltó de su agarre de una forma demasiado grosera, apartándose del enano con los ojos brillándole en un claro tono de advertencia de que no se atreviera a acercársele o si quiera a tocarla. Sintiéndose insultado, Thorin le dio la espalda y se alejó, maldiciendo internamente a la muchacha.

—¡Dwalin!—llamó a su amigo, señalándole con la cabeza la entrada de la cueva, y el enano se esforzó por no soltar un suspiro al haber observado el retroceso que su rey tuvo con su compañera.

Entrando en la cueva, Dwalin miró por todos lados, asegurándose de que no se encontraran con una horrible sorpresa, acababan de tener una y no deseaban volver a repetirla.

—Se ve bastante seguro—dijo Dwalin.

—Revisa atrás—le ordenó Thorin entrando—Las cuevas de las montañas no están desocupadas.

Asintiendo, caminó hasta el fondo de la cueva, revisando aquello que (seguramente) ni Fili ni Kili habían hecho.

—Aquí no hay nada—volvió a asegurar y esta vez, Thorin asintió satisfecho.

Uno por uno, los enanos entraron al refugio, todavía temblando y asustados por la experiencia con los gigantes. No fue hasta que el último de la compañía estuvo dentro que todos comenzaron a respirar con más tranquilidad. La cueva parecía de buen tamaño, tenía el suelo seco y lo que era más conciliador para los enanos era que estaba libre de las tempestades ubicadas allá fuera.

—Muy bien, encendamos la fogata—dijo Gloin sacando la leña y esparciéndola por el suelo.

—No, fuego no. No aquí adentro—habló Thorin interrumpiendo los intentos del enano y su hermano Oin por prender la fogata—Duerman un poco, hay que salir al amanecer.

—Íbamos a esperar en las montañas hasta que Gandalf viniera, ese era el plan—dijo Balin caminando hasta Thorin.

—Los planes cambian—le contestó y mirando hacia atrás le habló al enano que estaba buscando desde que entró en la cueva—Bofur, tienes la primera guardia.

El pobre Bofur se preguntó si esta orden no era debido al inoportuno accidente que había ocasionado entre Thorin y Hermione, pero hasta él sabía que en ocasiones es mejor mantenerse callado y tragándose las palabras que le bailaban en la lengua, aceptó la tarea. Quienes no se encontraban nada contentos con la falta de fuego eran Oin y Gloin, ellos habían pensado encender la fogata para ayudarse a secarse las ropas mojadas y Bombur lo ansiaba para calentar la cena, su estomago le estaba exigiendo la comida de la hora.

—¿Qué haremos sin fuego para secarnos y calentar la comida? —se quejó Dori haciendo pucheros con los labios.

—Tendrán que dormir con la ropa tal y como esta—dijo Dwalin quitándose la pesada armadura de los hombros.

Y eso sólo dio pie para que lo enanos se quejaran, pero ninguno prendió el fuego.

Negando con la cabeza, Hermione se apartó el cabello húmedo del rostro y se estiró en el pequeño hueco donde se había sentado. Ahogando un bostezo, buscó por todos los rincones de la cueva hasta que sus ojos localizaron una pequeña cabeza con rizos alborotados.

—¿Estás bien? —le preguntó al mediano, pero el hombrecillo simplemente negó con la cabeza.

—Hace demasiado frío—dijo Bilbo mientras trataba de entrar en calor encogiéndose sobre sí mismo.

Pasándose una mano por el cabello, Hermione supo que después de lo que estaba a punto de hacer, toda la compañía estaría haciendo fila para que los ayudara.

—Dame tus manos—le pidió al hobbit y aunque al principio Bilbo la miró confuso, poco después comprendió lo que ella haría y una sonrisa apareció en su rostro.

Estirando los brazos, Hermione tomó las manos del mediano entre la suyas y frotándolas un poco sopló sobre ella con un aire caliente y seco acompañado por un soplo de fuego que salía de su boca. Al instante, Bilbo se sintió más tibio y con menos posibilidades de contraer catarro, aunque la sonrisa no le duró.

—¡Es mi turno! —gritó Bofur adelantándose a los demás.

—No, primero yo—dijo Gloin.

—Y, ¿por qué debes de ser tú? —preguntó Nori tratando de distraer a los demás para ser el primero en la fila.

—Porque la lluvia me ha mojado hasta las raíces de las barbas—se defendió el enano pelirrojo.

—¡Quítense!—ordenó Bombur—Yo soy quien necesita entrar en calor más rápido.

Una pequeña contienda dio lugar entre enanos, una discusión que incluyó a Ori, Kili, Fili, Balin, Bifur, Oin, Dori e incluso Dwalin.

—¡Shazara! —gritó Hermione parándose—Den un solo grito más y no ayudaré a nadie—sentenció mirando a todos los enanos.

Esperó hasta que los hombres se hubieran calmado para volver a hablar, pero justo cuando estaba por nombrar a un enano, desvió sus ojos a la figura al final de la cueva. Chocando sus ojos con los azules de Thorin, a Hermione le resultó extraño el acceso de intimidad que sucedió porque fue como pedirle permiso al enano para ayudar a sus hombres. Y no fue por el hecho de quitarles el frío, sino un permiso para tocarlos. Cuando observó a Thorin asentirle, ella habló.

—Oin, ven—llamó al viejo herbolario, pero cuando estaba por dar un paso, el enano se mantuvo en su lugar y miró hacia atrás.

—Es por derecho de matrimonio que sea Thorin el primero en ser atendido—aclaró señalando lo obvio.

Hermione sintió nacerle un tic en ambos ojos, comenzaba a odiar las costumbres de los enanos. Ni siquiera tuvo que hablar para expresar su descontento, su rostro lo demostraba muy bien. Y no tuvo que pasar mucho para que Thorin hablara y les cediera a sus amigos el ser atendidos primeros, y así fue como Hermione se encontró con una fila de enanos esperando por entrar en calor. Uno a uno fueron pasando hasta que el último de fila hizo su jugada de la noche.

—¿Resulta necesario que sólo deben tomarse las manos? —Hermione arqueó una ceja mirando a Fili—Porque igual no existiría problema si es en la boca—le dijo guiñándole un ojo.

La muchacha se esforzó por no volver a romperle la nariz al joven príncipe, Fili no iba a cambiar. Desde que el enano le expresó su deseo por conseguirla como compañera, constantemente se encontraba en una batalla de miradas entre Escudo de Roble y su sobrino, y para ser honesta era algo molesto por no decir incómodo.

—Deja de coquetear, muchacho—le advirtió Dwalin gruñéndole.

Y eso era otra pauta a su sorpresa, desde que había salvado al desconsiderado enano, Dwalin la vigilaba y protegía como su sombra. Y cuando le preguntó qué demonios pretendía el hombre simplemente le contestó que en ausencia de su mejor amigo, él cuidaría de la mujer de su rey. Un comentario que ocasionó otro enfrentamiento entre Hermione y Dwalin con la muchacha siendo la vencedora como la primera vez. Después de terminar con los enanos, y haber hecho un truco de magia para que el caldero donde cocinaban la cena se mantuviera caliente sin necesidad del fuego, Hermione se dejó caer contra la pared de la cueva tratando de descansar los hombros. No fue molestada hasta que Balin le habló.

—Hermione, ¿podrías llevarle esto a Thorin? —le preguntó extendiéndole un cuenco con la cena.

Ella arqueó una ceja mirando del plato al enano.

—Y, ¿por qué he de ser yo?

—Mira a tu alrededor—le indicó con la mirada—Todos están comiendo y cansados, tu ya cenaste y él no lo ha hecho. No te costará nada llevarle la cena.

Apretando la mandíbula, Hermione se moderó en maldecir al viejo enano en lenguas demasiado oscuras para ser escuchadas, parándose tomó el plato de las manos de Balin con toda la dignidad de la que era capaz de demostrar.

—No creas que no sé lo que estas tramando, Balin—le dijo antes de marcharse, y el enano sonrió, esa mujer era única.

Caminando hasta la figura sentada al fondo de la cueva, Hermione se mentalizó que lo único que debía hacer era darle el plato y marcharse. Incluso lo repitió más de dos veces: "Dale el plato y márchate, dale el plato y márchate, dale el plato y márchate".

—Balin me pidió que te trajera esto—le tendió el plato tan rudamente que el contenido casi se cae sobre el enano.

Mirando sospechosamente el cuenco, Thorin tardó un momento en tomarlo y cuando lo hizo, Hermione asintió satisfecha, su trabajo estaba hecho.

Sabes que es verdad—dijo el enano en un intento por detenerla, ella volteó a verlo confundida—El mediano jamás debió venir.

No, no lo creo—le dijo sentándose frente a él—Tú sólo ves el lado negro de las personas, nunca te molestas por descubrir sus cualidades.

Thorin dejó el plato a un lado y acercándose a la muchacha, habló:

Entonces, dime ¿qué cualidades posee el mediano?

Hermione negó con la cabeza.

¿Qué caso tiene que yo te las diga si tú no te tomas el tiempo en verlas? —le preguntó, aunque tal vez deseaba evadir la pregunta del rey—¿Por qué todo debe ser blanco y negro para ti?

Supuse que tu lo entenderías—la muchacha frunció un poco el entrecejo—Conoces la maldad que habita en las personas, lo cruel que puede llegar a ser el mundo con aquellos que no poseen nada…

Ella no pudo evitar asentir, vaya que la conocía de sobre manera. Deslizando un poco los ojos, se percató que Escudo de Roble aún continuaba con la ropa húmeda y recordó que él había sido el único en no formarse.

Debes tener frío—le dijo indicándole lo obvio.

¿Te importa acaso?—preguntó siendo sarcástico.

Hermione se esforzó por no mandarlo al infierno, y en lugar de eso respiró profundo para tranquilizar sus nervios.

Permite—le pidió extendiéndole las manos.

Thorin la miró receloso, aún se sentía insultado por la forma en que ella se alejó de él pero si era sincero con él mismo, disfrutaba de sobre manera la preocupación y las atenciones que su mujer tenía para con él. Dejando un poco su orgullo atrás, le permitió a la muchacha tomar sus manos y repetir el proceso que hizo con sus hombres, sintiendo la magia fluir sobre su cuerpo y el fuego calentarlo y confortarlo. Sus manos continuaron unidas por unos segundos más hasta que ella se apartó, había sido tan rápido que no le dio tiempo a Thorin para impedirlo.

Será mejor que descanses—se despidió con la urgencia de apartarse lo antes posible del enano—Lomil ghelekh.

Lomil ghelekh, Hermione.

La muchacha se detuvo unos segundos, ladeando un poco la cabeza hacia atrás, hasta que recuperando la cordura emprendió nuevamente el camino hacia adelante. Pero eso no fue un obstáculo para que Thorin llegara a observar la diminuta sonrisa y el brillo en los ojos de la mujer. Aunque extrañamente, una imagen de ella deseándole buenas noches pasó por su cabeza.

[…]

Ubicada en la entrada de la cueva, Hermione esperaba ansiosa la llegada del halcón, desde que subieron a las montañas pocas veces lo había visto y comenzaba a preocuparle que su amigo fuera víctima de los muchos peligros que existen en las montañas.

Pareces preocupada—Hermione volteó a ver al ave que descansaba a unos metros de ella en el suelo.

¡Fawkes! —exclamó en la lengua de las bestias—¡Maldito gorrión! ¿Cómo osas presentarte hasta este momento?

¿Gorrión? —preguntó ofendido el halcón. —¿Así es como agradeces que te preste mi lealtad y mi ayuda?

Hermione achicó los ojos.

Tu ayuda resulta muy útil, sobre todo en las situaciones donde el peligro se ve involucrado. —le recalcó sarcástica.

Eres como un imán para las catástrofes, Rogue—se defendió—¿Debo recordarte que sólo soy tus ojos en el cielo?

Soltando un bufido, Hermione sacó un pedazo de carne y se lo tendió al ave, sea como fuera, Fawkes era su amigo y le había ayudado en muchos problemas, aunque en ese momento no podía recordar uno.

La lluvia es demasiado fuerte, los gigantes de roca son demasiados y salen todas las noches a jugar entre ellos—le avisó, previniéndole del peligro en las noches—No puedo guiarte a través de las montañas, lo lamento, Hermione.

Ella negó levemente con la cabeza, al tiempo que tomaba al halcón en sus manos.

Me has ayudado demasiado, soy yo quien debe disculparse, te he dado bastantes problemas últimamente—habló mientras le acariciaba las plumas del pecho—Quiero que bajes, a las faldas de las montañas y nos esperes.

¿Estás segura? —le preguntó indeciso.

Hermione sintió con una sonrisa.

Aholger dibuar nukej, naslio ne.

Si Fawkes pudiera sonreír, lo hubiera hecho para Hermione.

Una cosa antes de marcharme—dijo deteniendo su vuelo—Ten extremo cuidado, hay rumores de que trasgos tomaron estas montañas y han construido ciudades fortalezas debajo. Demasiado profundas para jamás volver a ver la luz del sol.

Ethinely. —le dijo, ofreciéndole una sonrisa.

Sacudiendo las plumas, Fawkes miró misterioso a la muchacha antes de abrir el pico.

¿Se lo has dicho? —preguntó, demasiado curioso e impaciente por ponerse al día con las noticias de la compañía.

Hermione ahora sí lo miró molesta.

Fawkes, no inicies, no hablaremos de eso—le advirtió despidiéndolo a su manera.

Sería más fácil para todos si se lo dijeras.

Ya tomé mi decisión—dijo tajante la muchacha—Y es volver con Bilbo a La Comarca.

El halcón irguió la cabeza con indignidad.

¡Qué decisión más egoísta!—y presintiendo que esas podrían ser sus últimas palabras, el ave emprendió el vuelo alejándose de la furia que observó en los ojos dorados de su ama, pero eso no le borró la satisfacción de haberla hecho rabiar.

"¡Maldito gorrión hablador! Ya nos veremos las caras muy pronto" pensó Hermione, al tiempo que prometía que destazaría al halcón y se lo ofrecería a Bombur para un caldo o sopa.

—¿Fawkes, se fue? —Hermione volteó a ver al mediano que se sentaba a su lado.

—Es peligroso que continúe en las alturas de las montañas, lo mandé a que nos esperara en los límites con las Tierras Ásperas.

Bilbo se encogió de hombros, ojala él fuera el halcón para alejarse también de todos los peligros en los que se había metido.

—¿Cómo estás? —el hobbit miró confundido a la muchacha—Me refiero por lo que Escudo de Roble dijo sobre…

El saqueador negó con la cabeza.

—No es nada, estoy bien—ella lo observó sin creerle—En verdad, estoy bien. —y aunque batalló para que Hermione dejara de verlo de esa forma, al final, la muchacha aceptó las palabras del mediano.

Incapaz de tolerar que ella volviera a sacar el tema a flote, decidió que era mejor ser él quien la hostigara con una dudita que le carcomía la curiosidad.

—Él te agrada, ¿verdad? —soltó la pregunta tal y como vino a su mente.

—¿Qué? —preguntó Hermione confundida. —¿Quién?

Bilbo se esforzó por no soltar una risilla, lo que estaba punto de hacer era un verdadero acto de valentía.

—Thorin. —le respondió sin más.

A Hermione casi se le salen los ojos de la cara, al momento que pensaba y maldecía la curiosidad del hobbit y a todos sus antecedentes Tuk.

—¿De dónde has sacado eso, Bilbo? —trató de aparentar indiferencia—Bofur y Gloin te han llenado la cabeza con disparates, puedo jurar que ha sido Balin.

—No han sido ninguno de los enanos—le dijo sincero. Ella se mordió el interior de la mejilla—Escucha, no sé lo que habrá sucedido aquella vez que cayeron por la cascada, pero una cosa te puedo asegurar…—Hermione se mantuvo al pendiente de lo que iba a decir el hobbit—La forma en que sueles mirar a Thorin no es la misma de hace 4 meses.

—¿Qué? ¿Acaso es más con asco? —bromeó, pero Bilbo negó con la cabeza.

El hobbit había seguido el consejo de Balin y mucho no le bastó para descubrir las secretas miraditas, los acercamientos, las reacciones que solían tener ambos cada vez que estaban cerca. Acciones que se volvieron más fuertes después del encuentro con los nundu. Aunque a su curiosidad, aún mantenía un espacio en blanco.

—Con cariño—le respondió y la muchacha se mantuvo callada. Incluso desvió la mirada—¿Por qué no se lo dices?

Pero Hermione no respondió, y ante su silencio, la incógnita de Bilbo fue resuelta al mirar el brillo en los ojos de la muchacha, ella tenía miedo. Sintiéndose un poco culpable por forzarla a explicarle, decidió que era opción de Hermione hablar o no.

—Resulta más complicado de lo que parece, Bilbo. —dijo mirando hacia la oscuridad de la noche.

—Tranquila, no se lo diré—habló Bilbo tomándola por un brazo, y ella asintió agradecida—Aunque… no harían tan mala pareja.

Hermione sintió renacer sus instintos asesinos que tuvo hacia el halcón pero en esta ocasión con el hobbit figurando como víctima.

—Es la falta de sueño lo que te hace delirar de esta manera, Bilbo Bolsón—le dijo indicándole que como continuara con sus palabras, ella se encargaría de callarlo con un golpe en la cara.

Levantando las manos en señal de derrota, Bilbo le sonrió y le levantó varias veces las cejas, esto resultaba lo más divertido que hubiera hecho.

—De acuerdo. —le dijo levantándose.

—Buenas noches, Bilbo. Te veré en la mañana—se despidió Hermione y Bilbo evitó que ella lo viera a la cara.

Asintiendo de espaldas, el hobbit se marchó y se acostó entre los enanos que ya dormitaban, demasiado ansioso porque todos se quedaran dormidos, sobretodo Hermione. Sólo cuando miró a la muchacha acostarse cerca del rey enano, fue que su cuerpo se relajó aunque aún tenía que esperar unos minutos más.

[…]

Habían pasado 2 horas, tal vez 3 desde que todos se fueron a dormir. Levantándose con cuidado, Bilbo enrolló la manta y metió el resto de sus pertenencias a la mochila que llevaba, tomando su improvisado bastón de madera, caminó entre los enanos dormidos pendiente de no despertar a ni uno solo. Estaba tan preocupado por evitar que la muchacha lo descubriera huyendo que nunca se acordó que era Bofur quien estaba haciendo guardia esa noche.

—¿A dónde cree que va? —Bilbo dejó caer los hombros, derrotado, había sido pillado en pleno escape.

—Voy a Rivendell—contestó sin más, no tenía caso mentir.

—No, no puede regresar, no puede dejarnos ahora—le dijo Bofur parándose y caminando hasta él—Es parte de la compañía, uno de nosotros.

—Por supuesto que no—habló Bilbo alzando un poco la voz.

—¿Bilbo? —el mediano se tensó al escuchar esa voz, era justo la que no deseaba oír. Ladeando la cabeza, miró como Hermione se encontraba a unos pasos de él con el ceño fruncido—¿Qué se supone que estás haciendo?

El hobbit no supo cómo reaccionar o que contestar, aunque no hizo falta, Bofur intercedió por él.

—Dice que se marcha a Rivendell—Bilbo volteó a ver al enano con un deseo feroz, ahora comprendía a los demás quejarse de Bofur. El hombre tenía la lengua muy floja.

Hermione miró a Bilbo alarmada.

—No puedes irte, no después de todo lo que ha sucedido—le dijo tratando de hacerlo entrar en razón.

—Es lo mismo que yo le dije, pero no hace caso.

Bilbo casi juró que golpearía al enano si no guardaba silencio.

—¿Bilbo? —lo llamó Hermione, angustiada.

—Thorin dijo que no debí venir y es cierto, no soy un Tuk sino un Bolsón—habló mientras sostenía nervioso su bastón—No sé en qué pensaba. No debí cruzar mi puerta.

Hermione se prometió que lastimaría tan a fondo al orgulloso enano, pero en cierta parte de su fuero interno se reclamó por no haber insistido en preguntarle a Bilbo sobre su bienestar. Esto era un ejemplo claro de que las palabras de Thorin 'Escudo de Roble' le habían afectado al mediano.

—Es nostalgia lo que sufre, y yo lo entiendo-

—No, no es cierto—interrumpió Bilbo a Bofur, en parte cansado porque el enano no se callara y en otra porque no era verdad lo que él decía.

—Bilbo… es lógico sentir nostalgia por el hogar, yo también la he sentido. —le dijo Hermione.

—No lo entiendes, ninguno lo entiende—recalcó, señalando a los enanos y a la muchacha—Son enanos, están acostumbrados a esta vida. A vivir en el campo, a nunca sentar cabeza, a no pertenecer a ningún lado- —se calló al momento en que las palabras salieron de su boca, aún más al ver las reacciones de Bofur y Hermione—Lo lamento… yo no… no quería…

Hermione desvió la mirada, y Bilbo supo lo que había hecho. Tiempo atrás la muchacha le había dicho que se sentía como una enana sin llegar a serlo y ahora él utilizaba esa confesión para herirla junto con Bofur.

—No, tiene razón, no pertenecemos a ningún lado—dijo Bofur mirando a sus amigos dormir.

La muchacha tomó por el hombro a Bofur y lo apretó sutilmente. El enano captó ese gesto, era una acción que le indicaba que comprendía su pesar y Bofur sabía que era real. Mirando al mediano nuevamente, el enano sonrió con sinceridad y Bilbo se sorprendió al notar que la muchacha también le estuviera sonriendo.

—Hermione, yo no quería…—ella lo calló colocando un dedo en sus labios.

—No te preocupes, Bilbo—le dijo sonriéndole con ternura—Esto es lo que somos, no hay de qué avergonzarnos.

Pero eso no sirvió más que para hacer sentir más culpable al hobbit.

—¿Vendrás conmigo? —le preguntó, y Hermione se sorprendió por el cambio brusco de conversación, incluso Bofur se quedó a la espera de una respuesta.

Negando con la cabeza, la muchacha le respondió: —No, Bilbo. Yo me quedaré con ellos—el semblante del mediano decayó—Pero cuando la misión termine, iré a buscarte a La Comarca, es una promesa.

Bilbo asintió, iba a respetar la decisión de la muchacha. Ninguno de los tres se percató que su conversación estaba siendo escuchada por Thorin, quien empuñó la espada, dispuesto a impedir que la muchacha se marchara, y cuál fue su sorpresa al escucharla decirle al hobbit que se quedaría con ellos. Aunque la última parte, la promesa, de él dependía que no se cumpliera. Jamás.

Mahzirikhi zu gang ghukhil—dijo Bofur colocando una mano sobre el hombro de Bilbo.

El hobbit arqueó una ceja confundido, ¿eso había sido un insulto?

—No lo malinterpretes, Bofur sólo esta deseándote suerte en tu viaje—le tradujo Hermione, callando se un rato la muchacha volvió a hablar: —Buen viaje, Bilbo—le deseó Hermione, y asintiendo una vez más, el hobbit sostuvo con más fuerza el bastón y la correa de la mochila comenzando a caminar hacia la salida de la cueva.

—¿Qué es eso? —preguntó curioso Bofur percatándose de un extraño color azul que emitía la espada de Bilbo.

El hobbit desenvainó poco a poco la espada y cuando miró de qué se trataba, el miedo se apoderó de él de una forma tan siniestra que un hilo de sudor le recorrió la nuca en segundos. Hermione volteó a ver a Bilbo alarmada, sabía lo que ese brillo azulado significaba, había vivido con elfos por muchos años para no saber lo que quería decir esa advertencia. Fue entonces que un ruido se hizo escuchar en la cueva, un ruido metálico, resonante y con eco, seguido por la extraña aparición de una línea dividiendo el suelo de tierra de la cueva.

—¡Despierten! ¡Levántense! —gritó Thorin, notando el cambio y escuchado el sonido.

Pero ni tiempo les dio a los enanos de levantarse cuando el suelo se desvaneció y todos cayeron a lo profundo, rodando por el camino construido y terminando en una jaula hecha de huesos que les impedían encontrar una salida. Ni siquiera hubo tiempo para razonar en lo que estaba sucediendo cuando fueron asaltados por horribles criaturas, y Bilbo las identificó al instante, eran trasgos. Grandes trasgos, trasgos enormes de cara fea, montones de trasgos. Había por lo menos seis para cada enano, y dos más para Bilbo, y los apresaron a todos.

—¡Suéltame! —exigió Dwalin luchando contra uno.

—¡Malditas criaturas asquerosas! —exclamaba Gloin mientras evitaba que le tocaran las trenzas de la barba.

—¡No me toques! —soltaban coléricos Fili y Kili al tiempo que eran tironeados por los duendecillos.

¡Ava! —gritó Thorin en Khuzdul tratando de hacer camino entre los trasgos y encontrar a Hermione.

¡Escudo de Roble!—escuchó su voz llamándole en la misma lengua y su desesperación creció al mirarla batallando con 6 trasgos que trataban de hacerla caminar—¡Váyanse al infierno, malditas alimañas!

Entre jaloneos y maldiciones los trasgos levantaron a los enanos y los llevaron arrastrando por un oscuro pasillo, siempre vigilando que ninguno se escapara. Pero hasta en las más grandes seguridades hay fallas y en esta guardia de estúpidos trasgos aún más. Descubriendo que él sólo estaba caminando por voluntad propia, sin que ningún trasgo lo jalara, Bilbo se escabulló hasta quedarse al último de la fila, y mirar cómo se llevaban al resto de la compañía. Justo en ese momento, Nori miró hacia atrás y observó la huída del hobbit. Aunque no fue el único, también Hermione lo miró y presenció cuando un trasgo atacó al mediano, haciéndolo caer y desaparecer por una grieta en la profundidad de las montañas.

—¡Bilbo!—gritó Hermione, luchando por liberarse del agarre de los trasgos y aunque deseó convertirse en un huargo sabía que era demasiado peligroso. Podría herir a los demás mientras se deshacía de la plaga de duendes, y sintiéndose impotente dejó que se la llevarán junto con los demás.

Los hicieron caminar a toda prisa, por un sitio profundo y oscuro, que apenas se lograba ver de no ser por las antorchas encendidas en los pasadizos. Los caminos se entrecruzaban y confundían en todas direcciones, y el camino descendía y descendía y la atmósfera era cada vez más enrarecida y horrorosa. Si algo era bastante obvio, es considerar que los trasgos son bastante brutos porque pellizcan sin compasión y reían entre dientes o a carcajadas, con voces pétreas y horribles; y Hermione no pudo evitar comparar a estas criaturas con Kreacher. Después de todo, era de la misma especie.

De pronto apareció ante ellos el resplandor de una luz roja. Los trasgos empezaron a cantar, a croar, golpeando los pies planos sobre la piedra, y sacudiendo también a los prisioneros. Fue entonces que una voz horrible, más que la de todos los trasgos se escuchó, retumbando en las paredes huecosas de la montaña.

—Siento que se acerca una canción…

¡Tras, tris! ¡La gruta gris!
¡Tris, tras! ¡Sufrirás!
¡Azotar y pegar! ¡Los oigo chillar!
¡Jamás la luz verás, con los trasgos morirás!
¡Con un tris y un tras! ¡Con el látigo hay que dar!
¡En mi potro nadie podrá callar!
¡Jamás la luz verás, con los trasgos morirás!
¡Aquellos que ves! ¡Que rompen brazos y pies!
¡Te pincho y no lo ves!
¡Tris, tras! ¡Llorarás!
¡Más, más! ¡Vas a temblar!
¡Piedad, suplicarás y no la tendrás!
¡Jamás la luz verás, con los trasgos morirás!

El canto era realmente horrible y terrorífico, las paredes resonaban con los ¡tris, tras! y con el ¡con los trasgos morirás! Aunado a todo eso, las inquietantes carcajadas eran demasiado llamativas para no saber el significado de la canción, ahora que se encontraban en los dominios de los trasgos, ellos se divertirían torturándolos hasta morir. Pero lo peor vino cuando llegaron hasta el trono del Rey de los Trasgos, una criatura enorme llena de verrugas y laceraciones por todo el cuerpo.

—Pegadiza, ¿no? —preguntó con deleite el enorme trasgo—Es una de mis composiciones.

—Eso no es una canción. ¡Es una abominación! —gritó Balin, expresando su ira.

—Abominaciones. Mutaciones. Desviaciones. —habló el Gran Duende— Eso es todo lo que encontraran aquí abajo. —indicó el Rey Trasgo, y dando la orden, todos fueron despojados de sus armas, dejando caer las espadas, hachas, martillo, cuchillas y arcos a los pies de la enorme criatura.

Sólo hasta entonces, Thorin logró acercarse a Hermione. Colocándose a su lado y sosteniendo su brazo, el cuadro entre ambos demostraba la preocupación y protección que el enano ejercía hacia su compañera, y Hermione se hubiera encargado de amputarle la mano al orgulloso enano de no ser porque tenían problemas mayores de los cuales preocuparse.

—¿Quién tendría el atrevimiento de venir armado a mi reino? —preguntó con la furia brillándole en los ojos—¿Espías? ¿Ladrones? ¿Asesinos?

—Enanos, Su Malevolencia—le contestó uno de los trasgos a su servicio y que había estado jalando a Dwalin hasta el trono.

—¿Enanos? —volvió a preguntar el enorme trasgo, aunque ahora la diversión estaba escrita en su feo rostro.

—Estaban en la entrada principal—respondió otro trasgo, y este se hubo encargado de tironear del cabello y pellizcar a Bombur de la barriga.

Ante esto, el semblante del Rey Trasgo cambió.

—Pues no se queden ahí parados, revísenlos. —ordenó con furia—Cada rincón, cada pliegue.

Los trasgos buscaron entre las mochilas y las ropas de los enanos, sacando, pateando y destruyendo todo aquello que no les interesara, y lo que no, pues iba a parar a las manos de criaturas que jamás las devolverían. No fue hasta que uno de los trasgos, vació la enorme mochila de Nori, descubriendo toda la platería que llevaba el enano cargando.

—Yo creo, Gran Protuberancia, que ellos están aliados con los elfos—le dijo el trasgo mostrándole un artefacto de la mochila de Nori.

—"Hecho en Rivendell" —leyó el Rey Trasgo al ver el utensilio—Segunda Era, no podría regalarlo. —y sin darle más importancia, lanzó el artefacto.

En cambio, tanto Dori como Hermione voltearon a ver a Nori, quien se hizo el desentendido encogiéndose de hombros.

—Sólo son un par de recuerdos. —dijo sin saber sonreírle a su señora o a su hermano

Y Hermione se llevó una mano a la cabeza, ese enano nunca aprendía.

—¿Qué están haciendo por estos lugares? —preguntó el Gran Trasgo, mirándolos a todos.

Nadie dijo nada al principio, y Hermione tampoco iba a abrir la boca, si los enanos se mantenían callados, pues ella también lo haría. Aunque su expresión neutra se convirtió en terror cuando sintió el agarre de Escudo de Roble desvanecerse y ver al enano con las intenciones de darse a conocer. Inmediatamente, y sin pensar en las consecuencias de sus acciones, Hermione tomó la muñeca del enano impidiéndole avanzar. La reacción de Thorin no fue vista por la muchacha, ni por ningún otro porque Oin se había adelantado, ocultándolo de la vista del Rey Trasgo y ofreciéndose en su lugar para hablar con la asquerosa criatura. Lo único que se puede decir, es que al regresar junto a Hermione, Thorin tomó la muñeca de la muchacha con más fuerza que cualquier otra vez.

—No se preocupen, muchachos. Yo me encargo. —dijo Oin caminando hacia el frente.

—Nada de trucos—advirtió el Gran Trasgo—Quiero la verdad, con verrugas y todo.

—Vas a tener que hablar más fuerte. —señaló Oin—Tus muchachos aplastaron mi trompeta.

El trasgo rechinó los dientes.

—Aplastaré más que tu trompeta—gritó mientras se lanzaba sobre el viejo enanos, saltando de su trono.

—Si lo que quieres es información, deberías hablar conmigo. —interrumpió Bofur, colocándose entre el Gran Trasgo y Oin.

La criatura observó al curioso enano con gorro enorme y bigote chistoso, y dejó que continuara.

—Estábamos en el camino, bueno no es un camino, más bien una ruta. Ahora que lo pienso, ni siquiera es eso. Es más un sendero. —comenzó diciendo, tratando de ganar tiempo para que a alguien se le ocurriera una idea como salir de ese embrollo—En fin. El punto es que íbamos por ese camino, como una ruta, como un sendero. Y luego no estábamos, lo cual es un problema, porque debíamos estar en Dunland…

—Callate…—susurró el Gran Trasgo, algo mareado por el incesante parloteo del enano.

—El martes pasado. —continuó Bofur, sin haber escuchado al trasgo hablarle.

—Visitando parientes lejanos. —complemento Dori sonriente.

Bofur asintió con la cabeza, varias veces.

—¡Así es! —aclaró—Unos familiares por parte de mi madre.

—¡Cállate! —gritó el Rey Trasgo con la paciencia agotada—Esta bien, si no quieren decir nada, tendremos que hacerlos chillar. —el Gran Trasgo sabía que los enanos eran difíciles para sacarles información, resultando ser tan férreos que una caja fuerte, pero él no se daría por vencido—Traigan el destrozador, traigan el rompe huesos. —ordenó a sus súbditos—¡Comiencen con aquel que parece monje!

Ori casi tropieza con sus pies al ver al trasgo apuntarle. Esto no era bueno, esto no era en verdad nada bueno.

—¡Esperen!

Hermione sintió como el corazón se le salía del pecho, había tratado de mantener al enano a salvo pero también sabía que Escudo de Roble no permitiría que ningún hombre/amigo a su cargo pagara por él.

"¡Maldito enano orgulloso!" maldijo Hermione a Thorin.

—Vaya, vaya, vaya—dijo con mimosa pleitesía el Gran Trasgo—¿Quién está aquí? —preguntó caminando hacia el enano—Thorin, hijo de Thráin, hijo de Thrór. Rey Bajo la Montaña—e hizo una descarada reverencia, claramente burlándose del enano—¡Hay! Olvidé que tú no tienes una montaña, y que no eres un rey. Lo que te vuelve un simple don nadie.

Las risas que le siguieron al comentario del Rey Trasgo causaron tal desagrado en la compañía, que todos tuvieron que contenerse o acabarían muertos. Incluso Hermione sólo dejó que su enojo se reflejara en sus ojos, un hecho que llamó la atención de uno de los trasgos a su lado.

—Tengo un amigo que pagara un buen precio por tu cabeza, sólo tu cabeza, sin nada pegado. —continuó hablando el Gran Trasgo—Tal vez sepas de quien estoy hablando, un antiguo enemigo tuyo. —Thorin observó al trasgo inquieto—Un pálido orco, que monta un huargo blanco.

Los ojos de Thorin se abrieron con incredulidad.

—Azog El Profanador, fue destruido—Gritó Thorin colérico—¡Él murió en una batalla hace años!

Pero la risa del Gran Trasgo fue demasiado oscura para pensar que todo se trataba de una broma.

—¿Tú crees que sus días de profanar terminaron? —le preguntó, divertido por la furia en los ojos del rey enano—Que equivocado te encuentras, Thorin 'Escudo de Roble.

Thorin apretó los dientes, deseaba rebanar al trasgo frente a él. Y mientras aún continuaba la conversación entre el rey de los enanos y el Gran Trasgo, el pequeño demonio que había captado el extraño brillo dorado en los ojos de Hermione, se acercó hasta ella. Esa mujer no olía como una humana ni como una enana o elfa, tenía un olor más fuerte y misterioso, además tenía sobre sí el aroma del rey de los enanos, y la mágica aura que desprendía la hacían ser el centro de la atención. Porque ese trasgo no fue el único en darse cuenta de la presencia de Hermione, ya otros la observaban. Acercándose y tomándola por el cabello, el trasgo la jaloneó para mirarla mejor.

—¡No te atrevas a tocarla! —gritó Fili golpeando al trasgo.

Inesperadamente inició una contienda con los trasgos tratando de llegar hasta Hermione y con los enanos evitando que la tocaran. Cuando Thorin se dio cuenta, trató de ir con ella, pero el tumulto entre ambos era demasiado.

—¡A callar! —exigió el Gran Trasgo haciendo retumbar el suelo y las paredes con sus gritos. —¿Qué verrugas sucede ahora?

—Esa hembra—señaló uno de los guardias, indicando a Hermione—Hay algo raro en ella.

—No es humana ni elfa, enana o lo que sea—dijo otro con la voz chillante.

El Gran Trasgo se acercó y obligó a Hermione a postrarse ante él, cuando el rey la miró sus ojos se abrieron, sus labios curtidos se curvaron hacia arriba y un grito de júbilo salió de su boca.

—Este día se encuentra lleno de inesperadas sorpresas—dijo el trasgo sin dejar de mirar a la muchacha—Primero, obtengo a Escudo de Roble por quien ofrecen una jugosa fortuna—señaló al enano, a quien mantenían vigilado de que no se acercara a ella—Y ahora, también obtengo a otro premio, sólo que por ti me darán más oro entregándote con vida.

Los enanos miraron confundidos al Gran Trasgo, incluso Hermione no sabía de que estaba hablando la criatura.

—Entérate, Thorin 'Escudo de Roble'—habló llamando al enano—Azog 'El Profanador' está buscando a esta mujer… A tu mujer.

Si Hermione se encontrara de humor para alegar contra esa fétida criatura, lo hubiera hecho pero ahora estaba algo preocupada al enterarse de que un orco le estaba dando caza. No obstante, tampoco estaba olvidando que hasta el Gran Trasgo declaraba que ella era la esposa de Thorin, era oficial ¿tenía un letrero en la frente que lo anunciaba? Sólo tenía que esperar y podría despedazar al asqueroso trasgo.

Mirando a la asquerosa criatura sonreír, el Rey Trasgo se relamió los labios antes de volver a hablar.

—Avisen al orco pálido—ordenó a uno de los trasgos—Que sepa que aparecieron sus trofeos.

El pequeño mensajero desapareció tan rápido entre los túneles de la montaña, que para Hermione le fue difícil ver por dónde estaba la salida de aquel nauseabundo lugar. Sintiendo un nudo en la garganta, volteó hacia atrás y miró a los enanos luchando por deshacerse del agarre de los trasgos. Encontrando al enano que buscaba, ubicó a Escudo de Roble un poco más cerca de ella y cuando intentó ir con él, 4 trasgos la jalonearon y Hermione terminó gruñéndoles, amenazándolos con los colmillos filosos; y aunque las criaturas retrocedieron asustadas, volvieron a forzarla a permanecer quieta.

—¡Quién hubiera pensado que Thorin 'Escudo de Roble, tomaría por compañera a una mestiza!—se mofaba el Rey Trasgo—Y no cualquier mestiza, sino una de dragón.

La compañía enmudeció.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó Thorin, tratando de que el Gran Trasgo le quitara los ojos de encima a la muchacha. —¡Bien podría ser una mentira!

—He vivido los años suficientes para llegar a conocer el olor de la sangre de los dragones, y ella…—señaló con su cetro a Hermione—Esa hembra apesta a dragón. Lleva en sus venas la sangre de las grandes serpientes de fuego del Norte, de los desiertos de Uhr, Tierra Maldita de Dragones.

Hermione respiraba con dificultad, casi le pedía permiso a sus pulmones para que funcionaran y a su garganta de que no se cerrase.

—Aunque, mi duda principal resulta ser otra…—habló comenzando a rodear a Hermione—Dime, hembra de dragón ¿cómo es que tú, siendo una mestiza, llegaste a ser la mujer de este enano?

Los ojos de la muchacha se oscurecieron cuando terminó por escuchar las palabras del Gran Trasgo, ahora se encontraba más que dispuesta a hacer con la criatura una masacre.

—Eso es fácil—dijo Hermione con el brillo negro en sus ojos y una sonrisa que dejaba demasiado evidente sus colmillos—Los dragones poseen un agudo sentido del olfato, y eso les ayuda a capturar los olores con más intensidad que el resto de las criaturas.

El Gran Trasgo no encontró lógica a la respuesta de la mujer con su pregunta, pero curioso por lo que fuera a decirle, decidió seguirle el juego.

—Y, ¿qué es lo que percibes en este momento? —preguntó inclinándose hacia adelante.

Los hombros de Hermione se cuadraron, elevó la cabeza con el cuello estirado y miró fijamente al Rey Trasgo con toda la ferocidad y asco que podía demostrar, al momento que gritaba:

Gelek menú caragu rukhs!

La pendencia reinó en el momento justo en que Hermione terminó de lanzar su insulto, porque había sido, un insulto en lengua enana sin miedo a demostrar su falta de educación con los modales verbales. Una riña con los enanos celebrando, mientras luchaban contra los trasgos, porque su señora no se molestaba en ensuciarse la lengua y con los horripilantes duendecillos por someter a los prisioneros y su algarabía.

—Ahora veo porque eres su compañera—habló el Rey Trasgo, acariciándose las verrugas de la panza.

Pronto se encontraron escuchando la misma horrible canción cuando fueron llevados ante la enorme criatura, aunque en esta ocasión los pellizcos, patadas, jalones y demás torturas eran un castigo para evitarlas, llegaban de todas direcciones. Sólo hasta que Hermione apartó de un puñetazo a un trasgo que le jalaba del cabello, se vio en la oportunidad de regresar a la compañía. Apretando las manos en puños, observó como un ejército de trasgos traían arrastrando unas maquinas enormes, con olor a sangre y a carne muerta, y poco después detallar a un trasgo curiosear entre las armas que le quitaron, teniendo entre sus manos a Orcrist, la espada de Escudo de Roble. Un chillido sacudió el ambiente, al momento que el trasgo curioso desenvainaba la espada y la soltaba, como si de fuego vivo se tratara en sus manos verrugosas.

—¡Conozco esa espada! —gritó el Rey Trasgo, alejándose de donde se hallaba tirada el arma—Se llama la mordedora 'La hiende trasgos', la espada que corto mil gargantas. —señaló mientras continuaba gritando.

Una nueva oleada de castigos fue arrojada sobre la compañía, con látigos y alambres que les azotaba en la carne desprotegida por la armadura.

—¡Córtenlos! ¡Golpéenlos!—ordenó el Gran Trasgo—¡Mátenlos! ¡Mátenlos a todos!

Y entre golpes, sacudidas y batallas, los enanos trataron de salvar la vida. Hermione se encontró desesperada por hallar a cierto enano entre los 13 que eran azotados, y cuando observó como Thorin luchaba por deshacerse de 4 trasgos que trataban de clavarle un cuchillo en el pecho, su desesperación creció al momento que se abría camino.

—¡No!—gritó mientras empujaba al trasgo con el arma, e impedía que su ataque fuera un éxito—¡Trata de volver a intentarlo y te destrozaré los miembros! —amenazó la muchacha en lengua élfica, mientras le arrebata el cuchillo al trasgo.

Justo en ese momento, cuando todo estaba dándose por perdido, porque la rebelión de la mujer sólo aumentó los deseos del Rey Trasgo por asesinarlos, fue que algo sucedió. Una fuerte explosión se hizo escuchar en el trono, seguido de un poderoso destello que terminó por oscurecer las profundidades de la montaña, un inesperado acto que ocasionó que los trasgos y la compañía fuera expulsada hacia atrás. Poco a poco las luces fueron volviendo, y en el punto donde se originó la explosión se encontraba una figura alta y oscura, cuando el extraño ser se aproximó a la luz, los enanos miraron sorprendidos que se trataba de su mago rezagado y no tan favorito: Gandalf.

"¡Maldita vieja urraca!" pensó Hermione tratando de salir de los cuerpos cercenados de trasgos que la explosión había causado "Siempre queriendo llamar la atención, ¿acaso no tenías un método menos llamativo para aparecerte? Yo lo hice sin armar tanto alboroto."

—Todos tomen sus armas—indicó Gandalf observando la situación—¡Peleen! —gritó blandiendo Glamdring.

—¡Él tiene el Martillo de Enemigos! ¡'La Demoledora'!—chilló asustado el Rey Trasgo aún postrado en el suelo desde la explosión.

Y emitiendo un grito de guerra, todos comenzaron a luchar contra los trasgos, cada enano tomó su arma robada e hizo frente a las masas de fétidas criaturas que soltaban chillidos y gritos cada vez que el metal cortaba su carne o los atravesaba.

—¡Síganme! —gritó Gandalf indicándoles el camino a seguir—¡Corran! ¡Rápido!

Sin tiempo a quejas o reclamos, los 13 enanos y la mestiza siguieron al hechicero por las oscuras grutas de las montañas, infestadas por trasgos asesinos que les perseguían y otros que saltaban sobre ellos. Los caminos habían sido construidos a base de cuerdas mal trenzadas y tablas de madera vieja y podrida; caminos que los trasgos conocían mejor que nadie y que para ellos eran un sinfín de laberintos bajo la montaña. Sin previo aviso, la compañía se encontró dividiéndose una vez más, algunos fueron por caminos más altos, otros por los más bajos y otros siguieron a Gandalf que se encontraba entre medio de los muchos niveles.

Dwalin, Nori, Fili, Gloin, Bifur y Bofur tuvieron que utilizar un poste para apartar del camino a un grupo de duendecillos que se dirigían a ellos con hachas y cuchillos. Mientras que Thorin, Balin, Oin y Hermione observaron a una manada de trasgos lanzarse en cuerdas hacia ellos y decidieron cortar los sujetadores de un camino para que las criaturas se enredaran con la madera. Y por no olvidar a Kili, Bombur, Ori y Dori que se enfrentaron a los arqueros y que de una manera muy ingeniosa, manejaron una escalera hecha de huesos para arrastrar a los trasgos, tirarlos por un camino mal terminado y a la vez, utilizar la escalera como un puente para reunirse con los demás.

Siguieron avanzando por los oscuros caminos, hasta llegar a un camino inconcluso… Pero Kili, que había terminado por cortar una soga a la vez que degollaba a un trasgo, provocó que una parte del camino (donde ellos estaba) se desprendiera y les permitiera a los enanos cruzar hacia el otro lado. Continuaron corriendo, lanzando ataques en todas direcciones y ayudándose de una roca que Gandalf desprendió, se abrieron paso a través de una manada de más de 30 trasgos que iba hacia ellos. Pisando los restos aplastados de los duendecillos.

Hermione utilizó la mayor parte del tiempo el arco y flechas que cargaba, pero cuando se percató que terminaría por vaciar su carcaj, optó por guardar el arco y desenfundó las afiladas cuchillas. Ella tenía conocimiento sobre cómo manejar una espada, pero para su gusto, las cuchillas y el arco eran las armas que le sentaban, además del hacha. Decapitando y aniquilando las plagas que encontraba, observó que un grupo de trasgos enroscados en cuerdas estaban por caer encima de Fili, Kili, Dori y Gloin, y tomando nuevamente el arco, apuntó de tal manera que al soltar la flecha, la carga dio en el blanco asestando de un solo tiro en todas las cabezas de los trasgos. De pronto, se vio alzada en el aire y cuando detalló que un trasgo la había tomado por el abrigo, luchó por liberarse del agarre. Sacando una daga de su bota, la clavó en el ojo de la criatura quien la soltó y mientras caía, fue capturada nuevamente por otro trasgo que viajaba en cuerda.

—¡Hermione! —gritó la compañía, observando como la muchacha luchaba por ser soltada una segunda vez.

¡Ava! —ese fue el gritó de Thorin—¡Kili! —ordenó a su sobrino y el joven no necesitó de otras palabras para comprender.

Apuntando con arco y flecha a la cuerda del trasgo que llevaba a la mestiza, Kili disparó y en 4 segundos, Hermione caía nuevamente en el aire. Solo que en esta ocasión no fue tomada, ella se terminó por transformar en huargo y cuando tocó el suelo hizo un estruendo destruyendo todo cuando miraba.

—Recuérdame nunca hacerla enojar—le dijo Bofur a su hermano Bombur, y el gordo enano asintió cauteloso.

—No se queden parados—dijo Gandalf—¡Sigan avanzando!

Pocos segundos después, Hermione saltaba sobre la compañía, corriendo junto a ellos en su forma humanoide. Justo estaban cruzando por un puente, cuando el Gran Rey Trasgo apareció frente a ellos desde abajo del camino y destruyéndolo. Y Dori y Gloin, que iban hasta el frente de la carrera, retrocedieron asustados ocultándose detrás de Gandalf.

—¿Creyeron que lograrían escapar? —preguntó divertido el Rey Trasgo—Nunca saldrán de estas montañas, quiero a esa hembra devuelta. —dijo señalando a Hermione.

—¡La tendrás sólo sobre mi cadáver!—exclamó Thorin colocándose frente a ella, protegiendo a su compañera del trasgo.

—Eso será dentro de muy poco tiempo—rió oscuramente—Dime, ¿qué intentarás ahora hechicero? No hay nada que puedas hacer para impedirme quedarme con esa mestiza—Gandalf atacó al Gran Trasgo, golpeándolo en la cabeza e hiriéndole en la enorme barriga, cayendo de rodillas.

Aprovechó y de un solo movimiento, cortó la garganta del Gran Rey Trasgo haciéndolo caer muerto. Pero el camino se encontraba semi destruido y el peso del cuerpo del enorme trasgo provocó que terminara por derrumbarse.

—Sujétate—le indicó Thorin a Hermione al tiempo que tomaba a la muchacha y la colocaba bajo su cuerpo.

Aferrándose a las tablas y postes, la compañía se encontró viajando en una caída libre, entrando más a fondo en las profundidades de la montaña.

—Bueno, pudo ser peor. —dijo Bofur aliviado de que el viajecito en puente no resultara tan desagradable, estaban vivos y podrían salir fácilmente de entre los escombros de la madera.

Pero no contaba con que el cuerpo del Gran Trasgo cayera sobre ellos y los aplastara, más que como estaban al principio.

—Esto no puede ser—se quejó Dwalin tratando de salir de los escombros, pero el peso del trasgo le había caído casi encima.

Ahogando un quejido, Hermione se esforzó por dar media vuelta (algo que no logró) y ver que tanto tenía encima. ¡Grande fue su sorpresa! Porque no eran piezas de madera o el peso del Rey Trasgo lo que la asfixiaban, sino el cuerpo de Thorin 'Escudo de Roble' que aún permanecía sobre ella. Esta era la situación más incomoda de toda su vida y lo peor es que el maldito enano no se quitaba ni hacia el menor intento de hacerlo, sólo se quedaba ahí, encima de ella, mirándola. Si la muchacha hubiera penetrado en la mente del rey, Hermione hubiera castrado al hombre por los pensamientos que cruzaron la mente del enano al detallarse en la posición en la que se encontraban, y es que para Thorin no pudo haber situación más perfecta para comprobar si los glúteos de su mujer eran tan suaves como aparentaban. Ahora podía afirmar, relamiéndose los labios y con una sonrisa de oreja a oreja, que sí lo eran y bastantes.

—¡Gandalf! —el gritó de Kili hizo despertar a toda la compañía que aún permanecía quejándose.

Y es que, observando hacia las paredes por donde descendieron, encontraron que todo un ejército de trasgos iba tras de ellos.

—Son demasiados. Nos vencerán—dijo Dwalin mientras ayudaba a su hermano Balin a salir de los escombros.

—Una cosa nos salvará—indicó Gandalf—Luz del día.

Y sin más, se vieron en una nueva carrera, aunque en esta ocasión todo marchó mejor que antes, porque a los minutos lograron observar la gran abertura que señalaba la apuesta del sol: la salida de las profundidades de las montañas.

—¡Corran, muevan los pies!—decía Gandalf una vez hubieron salido. No pararon de correr hasta que decidieron que se encontraban lo suficientemente lejos del ejercito de trasgos como para seguir huyendo. Inmediatamente, Gandalf comenzó a contar: —Thorin, Hermione son 2. Balin, Dwalin, Gloin, 6, 7, 8, 9. Bifur, Bofur, van 11. Fili y Kili, van 13… y con Bombur son 14.

Gandalf frunció el ceño levemente, algo no estaba bien con los miembros que había contado. Moviendo los bigotes de lado a lado, volvió a contar y entonces se percató que faltaba un mediano.

—¿Dónde está Bilbo? —preguntó mirando entre los enanos—¿Y nuestro hobbit? —preguntó una vez más empezando a sentir angustia—¡¿Y nuestro hobbit?! —gritó lanzando la pregunta sin obtener respuesta.

Hermione sintió la respiración congelársele en el pecho, maldiciéndose por haber olvidado que Bilbo no estaba con ellos y que probablemente aún estuviera dentro de la montaña, solo contra el ejercito de trasgos furiosos.

—¡Maldito mediano! —exclamó Dwalin—Ahora está perdido.

—Yo creí que iba con Dori—dijo Gloin señalando al viejo juguetero.

—¡No te atrevas a culparme!—advirtió el enano, él había estado más al pendiente de salvar la barba que cuidar de un hobbit perdido.

La muchacha buscó entre la compañía, tratando de localizar a Bilbo pero no miraba nada, no había rastro del mediano por ninguna parte.

—¿Cuando lo vieron por última vez? —preguntó Gandalf esperando ahora si una respuesta concreta.

—Creo que yo lo vi escapar cuando nos acorralaron—dijo Nori, casi tan bajo y entre murmullos que, de no ser por el penetrante silencio que rodeaba a la compañía, nadie lo hubiera escuchado.

"Bilbo, ¿dónde estás?" pensó nerviosa la muchacha.

—¿Qué fue lo que paso? —cuestionó el hechicero al enano—¡Dime exactamente lo que sucedió!

—¡Yo te diré que pasó! —interrumpió Thorin hablando hacia Gandalf—¡Bilbo Bolsón vio una oportunidad y se fue!—soltó rabioso.

—¿Cómo puedes decir algo como eso? —gritó Hermione avanzando hacia Escudo de Roble—Bilbo se encuentra allá dentro, solo y asustado.

—¿En qué te basas para confirmarlo? —preguntó Dwalin mirándola con una ceja arqueada.

Hermione gruñó con desdén. Si antes comenzaba a simpatizarle la vieja cabra de Dwalin, ahora regresaba a su antiguo lugar dentro de su lista de los más odiados.

—¡Bilbo jamás nos abandonaría! —exclamó defendiendo al mediano.

Pero Bofur y Thorin hicieron una mueca de incredulidad. Incluso Hermione, pero no la demostró. Entonces se escuchó un largo suspiro…

—No llevan ni 7 meses de casados y ya pelean como un viejo matrimonio…—habló Bofur más para sí mismo, pero el tono tan elevado y el constante silencio de la compañía les permitió a los otros escucharlo con claridad.

Hermione miró al enano con furia.

—¡Bofur, cállate! —y el enano obedeció sin reclamar, más por miedo de la ira de la mujer que de su propio líder.

Regresando su vista a la muchacha, Thorin continuó:

—¿Qué jamás nos abandonaría? —expresó sarcástico el rey enano—¿Crees que no escuché su plática cuando el hobbit pensaba marcharse de regreso al Valle?

La compañía prestó atención a las palabras de su líder y con los ojos llenos de sorpresa miraron a Hermione, y ella captó que buscaban una respuesta a lo que acababa de decir Thorin. Tragando con fuerza, asintió con la cabeza levemente. Los enanos suspiraron y se quedaron confusos, anonadados, y algunos decepcionados.

—¡Ese hombrecillo no ha pensado nada más que en su cama suave y en su corazón blando desde que salió de su hogar!—continuó diciendo Thorin con despecho—No volveremos a ver a nuestro hobbit otra vez.

Cuando Escudo de Roble terminó de hablar, miró directamente a la muchacha, esperando por sus quejas, reclamos y regaños pero impresionantemente ella no dijo nada, no emitió ni un solo sonido. Hermione permaneció callada, pensando y reflexionando en las palabras del enano, era cierto que Bilbo había deseado marcharse y que siempre se quejaba por el viaje, pero ella creía o creyó (mejor dicho) que el hobbit era diferente y que tarde o temprano descubriría que no sólo era un simple hobbit de La Comarca sino también una criatura capaz de realizar grandes actos de valentía. Desgraciadamente, no fue así y como el resto de la compañía, Hermione compartió su sentir por la partida del mediano, aunque ella no pudo evitar sentirse más decepcionada que el resto de los enanos y el mago.

En cambio, Thorin se sintió responsable por la tristeza reflejada en los ojos de su compañera, y aunque hubiera deseado evitarle esa pena, para él le resultaba necesario que la mujer abriera los ojos ante la verdadera naturaleza del mediano. Justo estaba por llamarla cuando una voz, demasiado conocida, cortó el fúnebre silencio de la compañía.

—No es así.

Todos voltearon hacia la dirección de la voz, y grande fue su sorpresa al encontrarse con el mismísimo Señor Bilbo Bolsón, parado frente a ellos.

—¡Bilbo Bolsón! —exclamó Gandalf, con un tono tan agudo y lleno de alegría—No había estado tan feliz de ver a alguien en toda mi vida.

El mediano sonrió, pero su sonrisa se borró cuando fue rodeado por un par de brazos que lo aferraron inesperadamente.

—Pequeño hobbit escurridizo—dijo Hermione todavía abrazando al mediano—Me alegra tanto verte, jamás me asustes de esa manera, Bilbo Bolsón Tuk. —el mediano apenas pudo asentir, demasiado avergonzado por la repentina muestra de afecto y preocupación de la muchacha. —Creí que te habías ido…

Si hubiera visto los celos encolerizados llameando en los ojos de Escudo de Roble, las antiguas preocupaciones de Bilbo serían una semilla de mostaza comparadas con los que amenazaban tener a Thorin como rival (al menos en el plano romántico).

—Bilbo, ¿cómo logró escapar de los trasgos? —preguntó Kili, acercándose al hobbit y sonriéndole.

—Yo también quisiera saberlo…—añadió Dwalin, mirando con recelo al saqueador.

El hobbit simplemente se apartó un poco del protector, por no decir maternal, abrazo de Hermione y sonrió mientras disimuladamente ocultaba un brillo misterioso en los bolsillos de su chaleco sin botones.

—Eso no importa, ha vuelto—dijo Gandalf, tratando de que todo continuara normal, aunque no era estúpido. Había captado el astuto movimiento de Bilbo.

Incluso Hermione lo hizo, pero a diferencia del hechicero, ella sólo sintió una extraña aura sobre el mediano. Una fuerza que antes el hombrecillo no llevaba consigo. ¿Era magia lo que sentía y hacia erizarle los vellos de la nuca?

—Si importa—habló Thorin causando una nueva atmósfera de tensión—Yo quiero saber porque volvió.

Bilbo miró al rey enano, y tomando un suspiro, decidió que diría la verdad. Después de todo, no era propio de él mentir.

—Sé que duda de mí. Sé que ha sido así siempre—comenzó diciendo—Y si, es verdad, extraño mi casa y mis libros, y mi mecedora y mi jardín. Ahí es donde pertenezco, es mi hogar—señaló afirmando las palabras que escuchó del rey, y haciendo una pequeña pausa, añadió:—Por eso es que volví, porque ustedes no tienen un hogar. Les fue arrebatado de la forma más cruel. Y sí es que puedo, voy a ayudarles a recuperarlo.

Las expresiones de los enanos cambiaron radicalmente, sobre todo la de Thorin. Si antes demostraban pesadumbre y enojo, ahora sus rostros reflejaban sorpresa, emoción y arrepentimiento, arrepentimiento por tratar al mediano como una carga mal necesitada durante el inicio del viaje.

Mirando a todos, los ojos de Bilbo observaron hacia atrás y encontró a Hermione que le sonreía con dulzura, una dulzura que le recordaba demasiado a su queridísima madre.

—Y dices que no posees el alma de tu madre, muchacho—dijo Hermione sonriéndole—Estoy muy orgullosa de ti—y como una muestra de afecto, la muchacha le despeinó los rizos revoltosos del cabello, una acción que provocó que las mejillas del mediano se tornaran rojas.

Para Hermione no existía un cuadro más tierno que la imagen del mediano apenado, y le seguía causando gracia como es que ella resultaba más alta que el saqueador. El hombrecillo debía alzar la vista para mirarla, tal como le sucedía con Dwalin y Thorin, los enanos más altos de la compañía. Entonces su sonrisa se borró y en su rostro se formó el desconcierto. Olfateando una vez más el aire, sus ojos se abrieron al percatarse que el olor que acompañaba al viento era rancio, con tintes de sangre y pelo de huargo, y eso sólo podía significar una cosa…

—El aire huele a orco—dijo alertando inmediatamente a la compañía—¡Vienen de la cima de la montaña! —gritó al mismo momento que un aullido confirmaba las palabras de la mestiza.

Y un miedo atroz se apodero de la compañía.

—De la sartén pasamos…

—Directo al fuego. —complementó Gandalf la frase de Thorin. —¡Corran! —gritó emprendiendo la huída, puede que lograran burlar a los trasgos de la montaña pero aquello que los perseguía ahora se trataba de criaturas entrenadas para asesinar.

Nuevamente, y esta vez con la muerte más cerca que antes, la compañía se encontró corriendo por salvar el pellejo. Cabe decir que cuando salieron de los dominios de los trasgos, el cielo ya reflejaba la puesta del sol y ahora que ocupaban de luz para seguir el camino, el astro rey se había ocultado para dar inicio a la oscuridad de la noche. Definitivamente, ni Mahal ni Durin ni Yavanna ni Iluvitar los estaban protegiendo ese día.

Pronto el primer huargo les dio alcance y sin proponérselo, Bilbo terminó siendo el objeto de ataque de la criatura. Quedándose rezagado por la amenaza del lobo, el hobbit desenfundo su espada y con el pulso tembloroso, esperó por el ataque de la bestia. Respirando con agitación, observó como el huargo se balanceaba hacia él, pero en el último minuto el animal bajó la cabeza y la espada de Bilbo quedó enterrada en la frente de la criatura, matándola al instante. Bilbo soltó la espada anonadado, incapaz de procesar aún que acababa de eludir a la muerte sin ayuda de nadie. Por no decir, que también era la primera vez que asesinaba.

Observando alrededor, y después de recuperar la cordura un poco, miró a los enanos aniquilar a cuatro huargos más, entre los caídos se encontraba uno que fue decapitado por las filosas cuchillas de Hermione. Cuando miró a la muchacha, la encontró con los ojos brillándole inmensamente y con algunos rastros de sangre en el rostro. Tragando saliva, se dijo que la imagen era impresionante pero también aterrorizante, demasiado espeluznante para lograra borrarla de sus recuerdos.

—¡Suban a los árboles! —indicó Gandalf cuando el camino que siguieron terminó en un risco empinado—¡Háganlo ahora, rápido!

Uno a uno, los enanos fueron subiendo, ayudándose entre ellos para llegar lo más arriba de los árboles que les fuera posible. Pero para Bilbo, esa indicación le fue demasiado difícil, aunque no pasó mucho para que encontrara una solución. Mirando los pies tambaleantes de Dori, Bilbo saltó y se aferró con fuerza a las piernas del enano que lo subió hasta lo más alto mientras se quejaba: —Mis pies, mis pobres, pobres pies.

Cuando la manada de huargos llegó hasta donde ellos estaban, todos habían subido, salvándose de morir despedazados por las fauces de los lobos. Y tan preocupados estaban que nadie miró cuando Gandalf habló a una mariposa, usándola para enviar un mensaje, un mensaje de salvación.

—Resistan, hermanos—gritó Oin, dándoles ánimos al resto de la compañía.

Los lobos continuaron merodeando entre las raíces, esperando y gruñendo porque algún enano cayera para devorarlo. Bilbo miró la situación y la evaluó como la más peligrosa de toda las que había presenciado en compañía de los enanos, la muchacha y Gandalf. Mientras que Hermione observó curiosa como los huargos cambiaban su ataque por una demostración de miedo, mirando al claro que más enfrente había sus ojos se abrieron con sorpresa al ver un fantasma parado frente a ellos.

—Azog—dijo Thorin, observando al pálido orco montando un enorme huargo blanco como describió el Rey Trasgo, y su mente inmediatamente razonó en que sí lo que el Gran Trasgo le dijo, entonces…

"Hermione" pensó mirando a la muchacha que no le quitaba los ojos de encima al orco, y tratando de encontrar una manera de llegar hasta ella, se sintió completamente impotente al no conseguirlo. ¿Cómo lograría protegerla? Se preguntó, comenzado a sentir un vació en el pecho ante la amenaza del orco hacia su compañera.

Nuzdigid?—habló el orco pálido a su mascota blanca—Nuzdi gast.

Thorin mostró los dientes al momento que volvía a escuchar la voz en lenguaje oscuro de su antiguo enemigo. Era lo menos deseaba volver a oír en este mundo. En cambio, el orco continuó hablando, expresándose con una lenta y seseante lengua.

Ganzilig-i unarug obod nauzdanish, Thorin undag Thráin-ob.—le dijo mirándolo directamente. —¡Maten a los otros!…Pero ese es mío. —ordenó Azog, señalando a Thorin como su trofeo de caza.

Una nueva manada de huargos se unió a la ya establecida en las raíces, y entre todos comenzaron a despedazar los troncos de los árboles donde se encontraba la compañía. Y mientras unos hacían trizas la madera, otros saltaban y trataban de alcanzar a los enanos escondidos entre las copas. Fue así como un huargo logró rozar la bota de Bifur haciéndolo perder el equilibrio y caer, pero justo antes de que un lobo lo tomara en su hocico, Hermione lo sujetó del pantalón y lo lanzó al siguiente árbol donde Fili y Kili lo atraparon. Pero esta acción le costó la resistencia de la rama donde se sujetaba, porque la madera se quebró y la muchacha cayó en medio de una manda de huargos con sed de sangre enana.

—Hermione—gritaron los demás al verla caer.

¡Ava! —exclamó Thorin mientras observaba como un huargo la arrastraba y otro se le echaba encima, seguido de otro y otro, y otro. —¡No, Hermione!

Bilbo se llevó las manos a la boca, ¿qué acaba de ver? Pero no tuvo tiempo de volver a pensar, pronto se vio en la necesidad de saltar de árbol en árbol hasta que todos quedaron en uno solo.

Abruptamente, se escuchó un rugido estridente y después observaron como un tipo de huargo enorme de color cobrizo despedazaba a los demás canes e impedía que siguieran despedazando el tronco del único árbol que mantenía segura a la compañía; lejos de los orcos y huargos. Y los gritos de sorpresa y algarabía fueron dados, Hermione continuaba con vida, una hembra difícil de asesinar, la alta compañera de su rey.

Los ojos del orco pálido se iluminaron con peligroso éxtasis, acaba de localizar a su mayor recompensa, a la mujer de Escudo de Roble. Desmontando, le ordenó a su mascota atacar a la muchacha y el huargo blanco corrió hacia ella, sabía que no debía matarla pero eso no significaba que no pudiera divertirse un momento lastimándola. Utilizando el peso de su cuerpo, el lobo blanco golpeó a Hermione haciéndola rodar y quedar lejos de la compañía, ofreciéndoles a los demás huargos seguir intentando hacer caer a los enanos.

—¡Déjala! ¡Hermione! —fueron los gritos de los hombres mientras observaban fascinados y aterrados como un duelo entre ambos huargos daba comienzo.

Ambos lobos eran enormes, los más grandes entre la especie conocida y por ende los más poderosos, pero de nada sirve la fuerza si no posees inteligencia y fue ahí donde Hermione tuvo poder sobre el huargo blanco. El can era rápido y feroz, pero torpe para acertar un golpe culminante y la muchacha aprovechó que el lobo dejaba desprotegida la zona del cuello para morderlo cuando él intento desgarrarle el vientre con las garras. La primera mordida no fue la más mortal ni la segunda tampoco, porque entre sacudidas, el lobo blanco logró que ella lo soltara. Pero fue en la tercera y última mordida, que Hermione le cortó la vena principal, provocando que el huargo aullara de dolor y que inútilmente tratara de atacarla con las pocas energías que le quedaban. Poco a poco el huargo fue cayendo hasta que la pelea se redujo a un solo vencedor: la hembra de dragón.

Pero justo al correr de vuelta hacia la compañía, sintió como le enlazaban las patas delanteras provocándole tropezarse y haciéndola dar una vuelta en el aire cayendo de espaldas. No le tiempo para comprender lo que acaba de suceder, cuando un grupo de orcos la ataban manteniéndola inmóvil, con el hocico fuertemente amordazado. Emitiendo gruñidos, observó como los huargos casi destruían la madera y después a los enanos comenzar a lanzar bolas de fuego, alejando a los lobos. Una acción que no le causó mucha gracia al orco.

¿Acaso te comportarás como un cobarde, Thorin 'Escudo de Roble'? —preguntó Azog y Hermione lo miró caminar hacia ella—¿Has olvidado que tengo a tu mujer en mi poder?

Si no fuera por la gravísima situación en la que se encontraban, Hermione se hubiera tomado la molestia en corregir al asqueroso orco en que ella no era nada de ese enano engreído. Pero claro, era de esperarse, todo el mundo la asociaba con ese hombre y lo peor de todo la declaraban su mujer sin preguntar si era verdad. Ahora podía sumar al orco a su larga lista, primero era Gandalf, Lord Elrond, Lindir, los enanos, Kreacher, Bilbo, aquel que fue el Rey Trasgo y ahora Azog 'El Profanador'.

¡No te atrevas a tocarla!—amenazó Thorin al ver que Azog dirigía su arma hacia la cabeza de Hermione.

Dejándola caer a unos centímetros de su cuello, el orco pálido soltó una risa estridente al tiempo que levantaba el pie y lo aplastaba en la cabeza de Hermione haciéndola soltar un alarido de dolor. Azog fijó sus ojos en la criatura a sus pies y su sonrisa se volvió más oscura y sanguinaria que antes.

Mataste a mi preciada mascota—dijo el orco, ejerciendo más presión en donde estaba pisando a la muchacha, quien chillaba y trataba de alejarse de él—Pero no importa, porque tú serás su remplazo.

Y Hermione luchó con más fuerza, ¡ni muerta haría algo como eso!

—¡No!—gritó Thorin impotente, no pensaba permitir que el orco le arrebatara a su mujer.

Aunque no sirvió de mucho los esfuerzos de los enanos por conservar el árbol en pie, porque las raíces terminaron cediendo y la compañía se encontró suspendida al borde del precipicio. Ori casi cae junto con su hermano Dori, de no ser porque el viejo enano logró sostenerse del báculo de Gandalf, de no haber sido así, ya no serían trece enanos sino doce. Y mientras se los demás se aferraban por mantenerse sobre las ramas del árbol, Bilbo observó como Thorin, quien había caído sobre el tronco (la parte más gruesa y resiste) se levantaba con espada y escudo en manos; y la mirada que el rey enano le dirigía al orco, le hizo pensar al saqueador que lo estaba a punto de suceder no tendría buenas consecuencias.

—¿Crees que el enano caiga en la trampa, Amo? —preguntó en legua oscura uno de los orcos al líder.

Thorin 'Escudo de Roble' no permitirá que la asesine, aunque en realidad, no tengo ningún deseo de aniquilarla—contestó Azog al tiempo que confirmaba sus palabras.

La muchacha observó con los ojos abiertos y llenos de miedo como el rey de los enanos comenzaba a correr hacia ellos, avanzando entre las filas de fuego y las ramas como obstáculos, y su corazón se detuvo al mirar al orco pálido volver a tomar su mazo, montar otro huargo e ir al encuentro del enano.

"Estúpido enano, siempre demostrando ser el héroe!" pensó exaltada, aterrada y furiosa.

—¡Vete!—gritó Hermione a Thorin antes de que llegará hasta Azog—¡Escudo de Roble, no vengas! —volvió a gritar, pero fue inútil, el enano había sido golpeado y derribado por un ataque del orco.

Impotente, observó cómo fue que el enorme y pálido profanador arremetía en contra del enano una y otra, y otra vez.

—¡Thorin! —gritaron Balin y Dwalin incapaces de lograr ayudarlo.—¡No! —vociferaron los demás tratando de no caer de las ramas al vacío. —¡Tío! —fue el grito de Fili y Kili.

Azog observó satisfecho el resultado de su diversión, aunque se sintió decepcionado y bastante molesto porque el enano no diera una batalla más difícil. Cansado de jugar, asintió que era hora de reclamar su segundo trofeo.

Biriz torag khobdudol…—ordenó a uno de los orcos a su lado.

La criatura asintió y desmontando del huargo que llevaba, sacó de su vaina la espada que llevaba. Y Bilbo, que había logrado subir al tronco del árbol, descubrió que de toda la compañía, él era el único con la posibilidad de impedir que asesinaran al enano. Recordando con detalle el momento justo que Hermione salvó a Dwalin del nundu en el rio, Bilbo Bolsón tomó su espada y se dijo que lo que estaba a punto de hacer le confirmaban que se encontraba más loco que una cabra.

Hermione sintió la sangre congelársele al verse forzada a mirar como un huargo tomaba entre sus fauces al enano y lo sacudía de un lado a otro, enterrándole los colmillos en la piel, y como el hombre caía después de que lograra que el lobo lo soltara. Una presión en su pecho le cerró la respiración y su vista se nubló cuando escuchó al pálido orco ordenarle a otro decapitar a Escudo de Roble, y una desolación se adueñó de ella. Retorciéndose de un lado a otro, trató de deshacerse de las cuerdas que la mantenían atada pero sólo consiguió una patada en la cabeza que le desorientó y la hizo volver a su forma humana.

"Detente" susurró en su mente "No…no lo hagas" volvió murmurar,tratando de enfocar sus ojos en la oscura figura "Por favor, no…" dijo al ver como el orco colocaba el filo en el cuello del enano "¡No…!"

—¡Thorin!

Escudo de Roble miró hacia donde estaba la muchacha y en su mente pronunció el nombre de quien lo había llamado a gritos: "Hermione…".Observando como un orco estaba a punto de asesinarlo, se esforzó por volver a tomar a Orcrist pero apenas y lograba alcanzarla. Sintiendo que la vista se le nublaba, sólo alcanzó a ver como el mediano saltaba sobre el orco y lo asesinaba, después de ello perdió el conocimiento.

Bilbo Bolsón no era un héroe de leyenda ni un guerrero de antaño. Él era un hobbit, un simple y hogareño hobbit que había sido contratado como saqueador para la compañía de Thorin 'Escudo de Roble', y era justo por esa razón que se preguntó qué demonios pretendía al encontrarse protegiéndolo. Colocándose entre los orcos y el cuerpo del enano, Bilbo sujetó con manos nerviosas su espada con la clara intención de no permitirle a nadie el paso. Pero para Azog, la presencia del mediano no le resultaba más que un simple peón en su tabla de ajedrez, una pieza insignificante que pensaba eliminar.

Destrocen a la pequeña alimaña— ordenó señalando al hobbit, y el miedo de Bilbo creció aún más al observar a los orcos montados en huargos dirigirse hacia él.

Aunque no fue necesario tanto dramatismo por parte del mediano, porque tal como Hermione había salvado a Dwalin y Bilbo a Thorin, pronto los enanos se encontraban luchando contra los orcos y huargos, protegiendo a su rey. Un alivio se implementó en su pecho pero tal como vienen las cosas, también se van; porque por el rabillo del ojo izquierdo detectó que el gran orco pálido caminaba hacia él con la más feroz de las miradas. Tomando todo el valor que su cuerpo lograra abarcar, volvió a blandir su pequeña espada y enfrentó al enorme orco, pero la criatura con un solo movimiento lo mando volar hasta caer junto al cuerpo inconsciente de Thorin. Mirando que su espada y valor nada servirían contra ese enemigo, Bilbo permaneció al lado del enano formulando un plan para escapar de tan horrible situación.

—¡Señor Gandalf! —de todos los enanos, sólo Dori y Ori, que colgaba de los pies de su hermano, aún continuaban sosteniéndose del árbol, o bueno, casi.

El mago aferró con más fuerza su bastón y trató de impedir que el viejo enano se soltara pero observó desconcertado como los brazos de Dori fallaban y terminaba resbalándose. Mirándolos caer, captó como una figura los capturaba en el aire y aún después de ser salvados, los enanos continuaron gritando. Al elevar la mirada, captó que la pequeña mariposa que mandó como mensajera había vuelto y para su fortuna y eterna alegría, no venía sola.

Grandes y poderosas águilas volaban sobre ellos, y para sorpresa de Bilbo (una enorme impresión porque jamás había presenciado a tan majestuosos animales) observó como las grandes aves lanzaban a los huargos junto con los orcos hacia el vacio, derribando árboles para hacerlos caer en las manadas de lobos y permitiendo a los enanos retornar al tronco que pendía del precipicio para ponerse a salvo del ataque que las águilas ejercían sobre las criaturas oscuras. Fili había aniquilado a tres de los orcos que sujetaban las cuerdas que mantenían atada a Hermione y junto con la muchacha, su hermano Kili y Dwalin, terminaron por asesinar a 7 siete más a su alrededor.

Entonces, todos observaron como un águila, la más grande de todas, volaba por lo bajo asi rozando el suelo y tomaba entre sus garras el cuerpo inerte de Escudo de Roble junto a la espada Orcrist y volvía a elevarse en el aire. Inmediatamente, la compañía captó el mensaje. Pronto, todos se vieron siendo tomados y llevados por águilas, volando lejos del alcance de los huargos y orcos mientras otro grupo de ave terminaba de alejarlos de ellos. Sólo cuando miró a Escudo de Roble lejos del alcance del pálido orco, Hermione ubicó, por el rugido de Azog, la posición de Bilbo y soltándose del agarre de Fili, la muchacha volvió a transformarse avanzando entre los obstáculos hacia el mediano, era hora de sacar al señor Bolsón del lío en el que se había metido. Y los ojos del pequeño saqueador se abrieron con miedo e incredulidad, había detectado la idea de la muchacha y automáticamente se negó a cumplirla, ¡ni loco lo haría!

—No, no…—comenzó diciendo mientras negaba con la cabeza, y cuando la muchacha estuvo a pocos metros de él, gritó:—Hermione, espera, noo…

Su grito fue remplazado por otro más fuerte al encontrarse cayendo, Hermione había saltado hacia él en el último instante, transformándose de nuevo a su versión humana, tomando entre sus brazos al pequeño hobbit y con el impulso del salto, ambos cayeron al precipicio a sus espaldas. Aunque el susto que se llevó Bilbo fue momentáneo, pronto se vieron montando una de las águilas, alejándose del horrible final que pudieron tener a manos de los orcos. Lo único que alcanzó a escuchar mientras se alejaban, era el estridente y desgarrador rugido del gran orco pálido.

Un grito que significaba furia, muerte y venganza.

[…]

Volaron toda la noche. Tanto que incluso llegaron a presenciar el reluciente amanecer mientras aún continuaban montando sobre las águilas. Bilbo no durmió en todo lo que quedó de la noche, ni siquiera un poco cabeceó, la adrenalina de los últimos acontecimientos había sido tanta que a ningún enano, hobbit, mestiza o hechicero le surgió la necesidad de descansar, no hasta que estuvieran realmente seguros.

Mirando en todas direcciones, Bilbo se aferró con fuerza a las plumas del ave y comenzó a localizar la posición de cada enano. Fili y Kili volaban cerca de ellos, y fue precisamente lo cercanos que estaban los hermanos que le permitieron escuchar con claridad el grito que el enano rubio emitió.

—¡Thorin! —llamó el muchacho, pero no hubo respuesta.

Ladeando la cabeza, trató de ver más allá de lo que la distancia entre el águila que llevaba a Escudo de Roble en sus garras y a él, le permitía. Presintiendo lo peor, sus sentidos captaron la reacción que tuvo la muchacha frente a él. Estudiándola con atención, supo que Hermione no diría o demostraría preocupación pero para él, que conocía la verdad, encontró que en los dorados ojos de la chica (los cuales no se habían desviado del rey enano en todo el camino) se leían dolor y tristeza, un profundo dolor acompañado de una tortuosa agonía. Mordiéndose la lengua, dejó que el vuelo continuara, sólo deseaba que la conclusión de esa batalla no fuera trágica.

Continuaron volando por algunas horas más, cruzando valles y paisajes, ríos y praderas hasta que finalmente las águilas comenzaron a planear alrededor de una gran roca que se alzaba orgullosa y potente en medio de cascadas y colinas. Escudo de Roble fue el primer enano en ser dejado, cautelosamente, sobre la superficie de la enorme piedra.

—¡Thorin!—dijo Gandalf, bajando del águila que montaba—Thorin…—volvió a decir, y tal como sucedió como Fili, el mago no obtuvo una contestación.

Evaluando los daños que el enano tenía, pasó una mano sobre la cara de Escudo de Roble al tiempo que recitaba, o murmuraba, unas palabras en lengua desconocida. Al instante, los ojos del enano se abrían y la respiración de la compañía se recuperaba. Incluso Gandalf sonrió. Y un poco más atrás, mucho más apartada de la compañía, Hermione cerró los ojos al tiempo que su corazón y pulmones recobraban la vida, no obstante una furia creció en su interior.

—¿Y el mediano? —preguntó quedamente Thorin.

—Esta ileso, Bilbo está aquí a salvo—le dijo Gandalf, apartándose lo suficiente para que el enano se levantara.

Ayudándose de Dwalin y Kili. Una vez erguido y habiendo recuperado el orgullo, Escudo de Roble fijó su mirada sobre el hobbit.

—Usted…—Bilbo tragó duro, ese llamado no era amistoso—¿qué estaba haciendo? ¡Por poco hace que lo maten! —dijo con dureza extrema. Yo le dije que nos iba a estorbar, que no sobreviviría en el campo, que en mi compañía no tendría lugar…

El silencio reinó una vez más entre la compañía, uno de los tantos que se presentaron en las últimas horas, días y semanas. Gandalf miró con tristeza el semblante decaído del mediano y se preguntó que podría estar pasando por los pensamientos de Escudo de Roble para recriminarle al mediano algo como eso después de que le salvara la vida. Bilbo esperó porque el rey le diera la última palabra y lo echara de allí pero, inesperadamente, esa no fue la oración que escuchó.

—¡Nunca estuve tan equivocado en toda mi vida! —abriendo los ojos con sorpresa, el hobbit se encontró respondiendo nerviosamente el abrazo que el enano le daba. Además podía escuchar el vituperio de los enanos, exclamando y gritando con felicidad, y eso provocó que Bilbo también sonriera—Jamás debí dudar de usted—dijo Thorin, una vez se apartó del mediano.

—No, yo también hubiera dudado—corrigió automáticamente Bilbo, y recordando las palabras que aluna vez habló con Hermione, añadió:—No soy un héroe o un guerrero y menos un saqueador. Es normal que dudara de mí.

Escuchando un par de risas más, observando a las grandes águilas pasar volando por encima de ellos y perdiéndose en los límites de las colinas. No fue hasta que vieron a Escudo de Roble mirar algo en el horizonte, mucho más allá de las Montañas Nubladas que podían casi palparse a sus espaldas.

—¿Acaso esa es…?—comenzó preguntado Bilbo, pero se calló al ver a las reacciones de los enanos, eran poemas escritos en sus rostros toscos.

—Erebor, La Montaña Solitaria—contestó Gandalf a la pregunta inconclusa del mediano—El último de los grandes reinos de los enanos en la Tierra Media.

—Nuestro hogar…—susurró Thorin, sonriendo con anhelo.

Y mirando de regresó a ese punto, Bilbo encontró que aquel pico que se alzaba a lo lejos, borroso y oscuro, era a donde debían llegar antes del Día de Durin.

"Nos espera un largo recorrido hasta allá" pensó detallando en la cantidad de kilómetros que separaban a la compañía de La Montaña Solitaria.

—¡Un cuervo! Las aves regresan a la montaña—señaló Oin al ave que encaminaba su vuelo al lejano pico frente a ellos.

Negando con la cabeza, Gandalf aclaró:

—Mi querido, Oin—dijo llamando la atención del enano—Eso no es un cuervo, es un zorzal.

Manteniendo la sonrisa en su boca, Thorin tomó la palabra.

—Lo tomaremos como una señal, una buena.

—Tiene razón—añadió Bilbo—Y yo pienso que lo peor ha pasado ya.

Observando como el ave comenzaba a desaparecer, la voz de Bofur se escuchó de repente.

—Puede que las águilas no ayudaran a salir del problema con los orcos—dijo meneando la cabeza—Pero pudieron habernos dejado en tierra firme en lugar de ponernos sobre una roca tan alta, ¿no creen?

Y aunque la pregunta no cuadraba mucho con la situación de estar observando la montaña, varios enanos asintieron, comenzado a renegar de que ahora debían encontrar una forma de bajar. No fue hasta que Bombur gritó haber encontrado unas escaleras que los enanos se dieron por satisfechos y procedieron a seguir el viaje. Pero Thorin no se movió, en cuanto su ensoñación por haber visualizado la montaña desapareció, una mayor prioridad surgió en él. Desviando los ojos de un sitio a otro, buscó entre los enanos y a los lados de Gandalf y el mediano, pero no encontraba la preciada carga que necesitaba ver.

Entonces, la miró. Ella estaba alejada de la compañía, aislada y silenciosa que difícilmente se le podría encontrar. Sintiendo un alivio en su interior de mirarla sin una herida, se enderezó al tiempo que caminaba hacia ella, pero grande fue su sorpresa cuando su mujer lo recibió con un golpe en la cara. Cayendo de espaldas, se llevó la mano hasta la zona dañada y descubrió que la muchacha acababa de romperle la nariz.

¡Estúpido enano orgulloso! —gritó colérica Hermione.

La compañía guardó silencio al tiempo que dejaban de intentar bajar por las escaleras. Thorin miró fijamente a la muchacha y después de un momento, se levantó entre movimientos precavidos y algo torpes. Aunque tuvo la ayuda de Dwalin, Bofur y Nori, el enano los retiró de un manotazo. Sosteniéndose aún la nariz sangrante en los dedos, Thorin respiró hondo al tiempo que la volvía a poner en su lugar y un fuerte ¡crack! sonó al hacerlo.

—Fuera—ordenó Thorin sin apartar la mirada de la muchacha—¡He dicho que se marchen! —gritó y en menos de un minuto, toda la compañía se encontraba bajando por las escaleras, incluidos el señor Bolsón y Gandalf.

Una vez estuvieron realmente solos, Thorin volvió a hablar:

—Explícate, mujer—ordenó y eso a Hermione, le irritó.

—¡Tú orgullo será tu muerte, eres incapaz de razonar en los momentos más importantes y actúas igual que un niño!—Hermione continuó gritando y maldiciendo, señalando insultos hacia el enano y agregando otros que puede que no fueran del todo ciertos. —¡Eres como un bebé!

Alzando una ceja, el enano dijo:

—¿Ya terminaste de gritar? —y la pregunta fue el colmo para la muchacha.

—Te voy a demostrar lo que es gritar—amenazó al tiempo que se dejaba ir contra el enano, y Escudo de Roble intuyendo lo que se acercaba se preparó para el ataque.

Hermione no utilizó ninguna de sus armas sobre el enano, lo que ella deseaba era molerlo a golpes, así tomando impulso estrelló su puño en la barbilla y otro en el estómago del rey. Golpes que fueron devueltos con uno en la pierna y otra en la espalda. El tiro en la pierna la había hecho perder un poco el equilibrio, por lo que cuando trató de acertar un puñetazo en la mandíbula, Thorin tomó su brazo impidiéndolo usarlo e hizo lo mismo con el otro. Incapaz de mover los brazos, Hermione utilizó la cabeza y dando un fuerte golpe en la frente del rey, ambos trastabillaron pero no cayeron. Cansado de tantos golpes y rudezas, Thorin torció de tal manera los brazos de Hermione que ambos terminaron siendo sujetados a la espalda y con el pecho apretando el de Escudo de Roble.

Bonita escena debían estar demostrando los dos, tan pegados el uno al otro con el enano ejercían presión sobre ella. Había intentado soltarse, claro que lo hizo, pero tenía que admitir que la fuerza del enano era mucha, aunque no era de extrañarse, la raza de los enanos eran singulares por su sobrenatural fuerza. Thorin continuó luchando por aplacarla, pero para ser sinceros, la batalla contra Azog comenzaba a cobrarle factura y no creía que pudiera sostenerla por más tiempo, además le divertía en cierta manera tenerla asi, tan cerca y pegada a él.

¡Maldito cerdo! —escupió en lengua enana, pero no surgió ningún efecto en Thorin y tratando de usar las piernas, descubrió furiosa que el enano le jugó sucio, enredando las de él con las suyas. Poco después gritó en una lengua distinta: —Eca, a mitta lambetya cendelesse orcova!

Thorin frunció el ceño, eso sí que lo había ofendido, y no porque entendiera el lenguaje de los elfos, pero ya antes Hermione le insultó con esa frase y ahora sabía perfectamente lo que significaba. Y una sonrisa apareció en su rostro, claro que iba a hacer exactamente lo que Hermione le gritó

Claro que lo haré, pero no será a un orco a quien se la meta—declaró Thorin, y eso desconcertó a la muchacha que miró desconcertada como el enano volvía besarla y efectivamente ingresaba la lengua en su boca.

Por un breve momento no supo qué hacer, así que dejando de luchar, deslizó las manos por los costados del cuerpo de Thorin y sintió al enano temblar, un temblor que le hizo sentir una punzada en el vientre. Siguiendo con el proceso, su mano izquierda localizó el punto exacto que buscaba y ejerciendo presión, metió dos dedos en la herida que Escudo de Roble tenía en las costillas. Thorin abrió los ojos y dejó a la muchacha alejarse mientras se apretaba la zona lastimada. Pasó un largo tiempo hasta que la voz de ella se escuchó.

—No lo comprendo, ¿qué es lo pretendías lograr? El orco te hubiera destazado—dijo negando con la cabeza—¡La venganza no lo es todo en la vida, Thorin! —exclamó con mucho más enfado que las anteriores veces.

Escudo de Roble abrió los ojos, ella acababa de llamarlo por su nombre, por segunda ocasión.

—Dime, ¡explícame! —exigió la muchacha—¿qué ganarías tú al enfrentarte contra Azog 'El Profanador'?

—Evitar que te asesinara.

Hermione enmudeció al escucharlo, y su semblante de ira y cólera cambió radicalmente a uno de perturbación. Un momento de confusión que Thorin aprovechó para acercarse nuevamente a ella.

Ekespu menu men o targu men, ¿no lo comprendes aún? —Thorin acunó entre sus manos el rostro de Hermione y pegando su frente con la suya, hizo rozar sus narices, una muestra de cariño demasiada intima, sólo reservada para la intimidad de la alcoba—Menu tessu, menú zirup men.

Alejándose un poco observó los ojos dorados de su mujer, sabía que a la muchacha le agradaba pero lo que nunca pensó que fuera un problema era la continua obstinación que se interponía entre ellos. Esperanzando por que ella no lo alejara, su semblante decayó al sentir como Hermione apartaba las manos de su rostro.

Aún así, fue algo verdaderamente estúpido—dijo poniendo la máxima distancia entre ella y el rey enano.

Sin soportar más, Hermione pasó de lado al hombre, y justo estaba por bajar las escaleras cuando la voz, firme y potente de Thorin la detuvo.

—Te escuché decir mi nombre, ¿eso también fue una estupidez? —a Hermione no se le había escapado que esa pregunta fue formulada en lengua común, el enano debía encontrarse muy molesto o muy herido por el rechazo de su declaración.

"¿Fue un rechazo?" no estaba tan segura de haberlo hecho. Mirándolo sobre su hombro, Hermione dejó caer los hombros y decidió ser sincera, por lo menos, una vez tan siquiera.

Guren níniatha n'i lu n'i a-govenitham. —y sin decir nada más, se fue, dejando solo al rey enano sobre la roca.

Thorin la miró descender, preguntándose qué demonios podría haberle dicho la muchacha, no había entendido y era claro que lo dijo en lengua élfica, un idioma que él no manejaba con soltura. Apretando las manos en puños, miró una vez hacia la montaña y se prometió que fuera de su deseo por recuperar su antigua hogar, obtendría a esa obstinada hembra como su mujer, costara lo que le costara. Aunque con una nota mental grabada recientemente, no volvería a expresarse de esa manera, ya estaba comprobado que para él, ser un enano de palabras tiernas no le serviría de nada.

Lanzando un suspiro, estuvo de acuerdo con lo que el mediano había dicho, podía presentir que sólo cosas dichosas y llenas de fortunas se presentarían en adelante, soltando un suspiro, se encaminó a las escaleras, el viaje debía continuar y además debía vigila que Kili y sobretodo Fili no se acercaran a su esposa.

¡Qué equivocados estaban el pequeño señor Bolsón y Thorin 'Escudo de Roble'! Porque aquello que habían vivido desde que inició el viaje, era sólo el principio, la punta del icerbeg, de todas las dificultades que estaban por venir.


De acuerdo al diccionario de Tolkien

Yavanna: Es un personaje ficticio del legendarium de J. R. R. Tolkien, su primera mención y aparición se encuentra escrita en el libro El Silmaillion. Yavanna es una ainu, un ser espiritual que fue creado por Iluvitar y que ayudó en la formación del mundo tras su creación. Es esposa de Aule, el padre de los enanos también conocido como Mahal 'El Hacedor'. Suele ser nombrada como protección porque es considerada la Madre de la Naturaleza, de acuerdo al nombre que los elfos le otorgan: Kementári, que significa Reina de la Tierra.

Kulhu ma sakhizu ya izzughizu, ma mahtadadizu ya 'agulhizu: Lo que no ves con tus ojos, no lo inventes con tu boca. Proviene de la lengua enana Khuzdul.

Birashagimi: Lo siento/Perdón (literalmente 'lo lamento'). Proviene de la lengua enana Khuzdul.

Kulhu biraglabizu?: ¿Qué has dicho? Proviene de la lengua enana Khuzdul.

Gamut ai-menu: Me encuentro bien. Proviene de la lengua enana Khuzdul.

Shazara: Silencio. Proviene de la lengua enana Khuzdul.

Lomil ghelekh: Buenas noches. Proviene de la lengua enana Khuzdul.

Mahzirikhi zu gang ghukhil: Te deseo un viaje tranquilo. Proviene de la lengua enana Khuzdul.

Gelek menu caragu rukhs: Hueles a mierda de orco. Proviene de la lengua enana Khuzdul.

Ekespu menu men o targu men: Significas para mi más que mi propia barba. Proviene de la lengua enana Khuzdul.

Menu tessu, menú zirup men: Eres todo para mí, me complementas. Proviene de la lengua enana Khuzdul.

Eca, a mitta lambetya cendelesse orcova!: Métele la lengua a un orco en la boca. Proviene de la lengua élfica Quenya.

Guren níniatha n'i lu n'i a-govenitham: Mi corazón lloraría si te viera morir. Provine de la lengua élfica Sindarin.

* Como nota y no suelo hacer esto: Las siguientes palabras pertenecen a la lengua oscura, un idioma que Sauron enseñó a sus creaciones. Un ejemplo claro: los orcos.

Nuzdigid?: ¿Lo hueles?

Nuzdi gast: Es la esencia del miedo.

Ganzilig-i unarug obod nauzdanish, Thorin undag Thráin-ob: Recuerdo que tu padre apestaba a eso, Thorin hijo de Thráin.

Biriz torag khobdudol: Tráeme la cabeza del enano.

De acuerdo al diccionario de Rowling

Thestral: Es una variedad de caballo alado, cuerpo esquelético y de apariencia lúgubre, demacrada y fantasmal. Al igual que en las versiones de J.K. Rowling, el thestral sólo puede ser visto por quienes presenciaron la muerte.

De acuerdo a mí improvisado diccionario

Aholger dibuar nukej, naslio ne: Has hecho un gran trabajo, te lo agradezco.

Ethinely: Gracias.