CAPITULO 07: DESCUBRIENDO VERDADES OCULTAS
Cenando con Terry en un restaurante giratorio en lo alto de uno de los hoteles más famosos de Nueva York fue el perfecto final para un día perfecto. Se habían comportado como auténticos turistas, disfrutando de cada minuto.
Cuando tomaban el café, Terry la miró a lo ojos, con una luz diferente, una que había estado reprimiendo todo el día. Candy supo entonces que tendría que enfrentarse a eso tarde o temprano.
-¿Nos vamos?-preguntó él- Podríamos dar otro paseo, si quieres.
-No. Ya es tarde. Mejor regresemos al hotel.
En los azules ojos de Terry se pintaba una pregunta. Pero Candy no tenía respuesta para ella aún.
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Estando en el hotel, mientras esperaban el ascensor, Terry supo que no podría quedarse esa noche en aquella habitación con Candy. Era conciente de que no podría limitarse a reconfortarla. Por ello tenía que abordar el asunto tratando de no molestarla pero tampoco seducirla.
El veloz ascensor los llevo al piso 23. Candy no lo miró ni una sola vez, y entonces él se preguntó qué estaría pensando. Seguramente había sugerido que regresaran al hotel porque estaba cansada. Se veía tan hermosa, tan vibrante, tan llena de vida...Era difícil creer que apenas unas semanas atrás había estado en coma.
Candy se quitó el chal mientras iban a la habitación. El movimiento hizo que su perfume se elevará hasta Terry. El calor del cuerpo de Candy intensificó el aroma, mezclándose con él, haciendo que el deseo de Terry aumentara. Tratando de ignorarlo, abrió la puerta. Cuando la abrió para que ella pasara y Candy lo rozó con su hombro, supo que aquella iba a ser una noche difícil. En vez de cerrar la puerta, se quedó en el umbral.
-Candy-la llamó con suavidad.
Ella sólo se volvió para mirarlo.
-Voy a pedir otra habitación.
Terry pensó que ella preguntaría por qué. Pero cuando avanzó hacia él y lo miró a los ojos supo que sabía la respuesta.
-Ayer dijeron que no tenían otra habitación.
-Eso fue ayer. Seguramente alguien se ha ido hoy.
-¿Y si no tienen otra habitación? ¿Te irás a otro hotel? ¿Crees que poner distancia de por medio ayude?
La situación, sus dudas, la frustración sexual, hicieron que Terry maldijera entre dientes. Se pasó una mano por el cabello, apartando unos mechones de su frente.
-No. La distancia no ayudará en nada. No disminuirá el deseo. A pesar de...-se interrumpió a si mismo-. Te deseo, Candy. Cuanto más me acerco a ti, más quiero besarte, y tocarte, y...
Candy se detuvo frente a él, alzó ligeramente la barbilla y su voz fue casi un susurro:
-No quiero que te vayas a otra habitación.
-¿Te da miedo quedarte aquí sola?
-No. Pero te necesito aquí conmigo...en mi cama.
-No podré abrazarte como anoche...
Candy se inclinó hacia él y se atrevió a tocar su mejilla en una caricia tan casta como tentativa. En sus ojos, por un momento, vio el mismo deseo que él estaba sintiendo.
Fue su aroma, su caricia la que hizo que la necesidad fuese más acuciante que las palabras, que un beso fuese el comienzo de un viaje a las estrellas.
El beso fue todo lo que no pudo expresar con palabras sobre el deseo, las caricias, el matrimonio...Abrió la boca sobre la de ella, y cuando deslizó su lengua por su labio inferior se prometió a si mismo darle tal placer que nunca volviera a pensar en dejarlo. Le acarició la lengua con la suya y luego se adentró en su boca hasta que ella suspiró y dejó caer el chal y el bolso al suelo.
Terry comenzó a besarla con intensidad, y sintió el estremecimiento de su cuerpo, un cuerpo que conocía muy bien. Acarició con los dedos la parte de su espalda que el vestido dejaba al descubierto. Los temblores que la recorrieron le hicieron saber que estaba lista para ir más allá de los besos.
Desabrochó uno a uno los botones de su vestido y con un leve movimiento la prenda cayó al suelo. Candy cortó el beso para mirarlo a los ojos, ruborizada como estaba al saber que era cubierta sólo por su ropa interior. Un juego de seda azul fue el que incitó a Terry a aprovechar el momento para envolver su cuerpo con sus brazos.
La rubia se sentía como una muñeca cuando se dejó llevar por su marido. Caminaron torpemente sin dejar de besarse y el borde de la cama los hizo caer sobre ella, uno encima del otro.
-Terry...-trató de hablar, de expresarle lo que estaba sintiendo, pero para su sorpresa su voz resultó más débil que un susurro.
Él sonrió internamente cuando escuchó el agitado respirar de ella. Con lentitud, dejó caer su cuerpo sobre el suyo para tener la libertad de acariciarla.
Candy cerró los ojos y sintió un escalofrío recorrerle la piel cuando se escuchó a si misma gimiendo. Las manos de Terry subían y bajaban desde sus costados hasta su vientre. Pero el castaño no se conformó con los labios de ella, y cedió a la tentación que representaba su cuello.
Sintió como el pecho de la rubia se agitaba mientras que sus labios se acercaban más a él. Por encima del sostén, besó sus pechos con dulzura, tratando de contener el volcán que hacía erupción en su sangre.
Los suspiros que salieron de la boca de ella lo incentivaron a ir más allá. Llevó sus manos a su espalda, y con el mismo ritmo apasionado desabrochó su brasier...
El conocido sonido del teléfono resonó en la habitación. Terry se separó levemente de ella para alcanzarlo con su mano, mientras que Candy se cubría con los antebrazos al nivel del pecho.
-Grandchester-contestó él tratando de controlar sus respirar.
-Lamento molestarlo a tales horas, Sr. Pero he recibido una llamada de urgencia para usted-comunicó el gerente.
-De acuerdo. Transfiérala entonces.
El hombre lo hizo y en cuestión de segundos el teléfono de la habitación registró la llamada.
-Grandchester-repitió él al escuchar el tono de cambio en el auricular.
-¿Siempre eres tan formal cuando contestas una llamada?
Terry conocía esa voz...Una voz susurrante, insinuante y tentativa.
-Susana...-lo dijo en voz baja, prácticamente inaudible para su esposa.
Se levantó casi en seguida, sentándose en el borde de la cama, olvidando completamente a Candy.
-Veo que has estado pensando en mí. Lo sé por tu tono de voz.
-¿Por qué estás llamándome?
-¿Cómo por qué? Estas con ella ahora, ¿verdad?
-Eso no es asunto tuyo.
-Te equivocas, querido, porque sí lo es. Y me complace decirte que aunque lo lamentes, vas a tener que suspender tu viajecito de amor con ella.
-¿De qué hablas?
-Convoqué a una reunión para mañana. Y como soy la segunda persona más importante en esta empresa, nadie se atrevió a desobedecer. Tú eres el presidente de este comité, así que tienes que estar presente.
-No puedes hacer eso, se necesita mi respaldo para convocar a una reunión.
-Pues fíjate que no hace falta. Ya tengo el apoyo de los otros 18 miembros del comité, así que no puedes evitarlo.
-¿Por qué?-preguntó después de callar un momento.
-¿Qué por qué lo hice? Simple. Tenía que separarte de ella, y esta fue la mejor excusa que encontré-se oía triunfante y complacida-. Tal como la última vez, tu viaje a Nueva York con ella tendrá que suspenderse.
Terry recordó aquella noche en la que decidió quedarse en Boston, cuando le pidió a su madre que viajara en su lugar con su esposa. Todo había sido una vil mentira de Susana, porque al llegar a la compañía no encontró ninguna junta. Era todo una farsa de ella para quedarse a su lado y lograr que abandonara a su esposa. Y lo había logrado...
Desde aquella vez había transcurrido casi un año, y desde entonces Susana siempre habría logrado salirse con la suya, inventando reuniones y contratiempos financieros para retenerlo en la oficina el mayor tiempo posible.
Terry detestaba que ella lo controlara de esa forma. Haciéndolo quedarse hasta la madrugada en la compañía, y abordándolo muy temprano en las mañanas cuando volvía a ella.
-Ya debo irme, cariño. Es tarde y tengo cosas que hacer. Debo escoger el vestido que usaré para verte mañana por la tarde...y por la noche también...
-Hasta mañana, entonces-terminó el con severidad y colgó el auricular con fuerza.
-¿Qué ocurrió?-preguntó Candy con suavidad.
Había alcanzado escuchar la conversación que sostuvo con el gerente del hotel. Pero de aquella llamada que había recibido, sólo alcanzó a escuchar la voz de una mujer.
-Era una llamada de urgencia, según el gerente. ¿Qué sucedió?-insistió ella frente a su mutismo.
-Convocaron una junta en la compañía. Necesitan que yo esté presente.
-¿Quién...te lo dijo?-preguntó con timidez- Me pareció la voz de una mujer-se apresuró a aclarar antes de que pareciera muy inquisidora.
-Era...mi secretaria-mintió, temiendo que la verdad podría acarrearle consecuencias dolorosas a su matrimonio.
-Entiendo...y, ¿para cuándo debes estar de vuelta?
-Mañana mismo.
-¿Tan pronto?
-Sí. Debemos salir muy temprano para estar allá por la tarde.
-De acuerdo-aceptó ella con desánimo.
Candy alargó su mano para alcanzar la bata que estaba debajo de su almohada. Se cubrió con ella apenas la tuvo consigo.
-Candy...-la decepción se pintó en su rostro cuando la vio cerrar la bata con la mirada baja.
-Voy a empacar. Ahorraremos tiempo si comenzamos a hacerlo ahora.
La vio levantarse y tomar unas cuantas prendas antes de dirigirse hacia el baño.
-Candy...-no sabía cómo romper esa muralla que acababa de levantarse entre los dos.
-Iré a cambiarme.
-Candy...-la interceptó antes de que siguiera avanzando.
La rubia lo miró y trató de sonreír. En ese momento, no había una Candy antigua, o una nueva. Sólo había una mujer frente a él.
-Esta bien, Terry-le dijo al ver que aún sujetaba su brazo-. Sé que es tu trabajo. Lo entiendo.
-Candy-la atrajo hacia su cuerpo-, yo quiero que estés bien.
-¿No me has ocultado nada, Terry? ¿Me has dicho siempre la verdad?-ella alzó su rostro para verlo a los ojos.
Su rostro se contrajo levemente, pero Terry parecía ser un letrado en el arte de fingir y disimular.
-Sí. No tendría por qué mentirte-se sintió un criminal por engañarla.
No podía decirle la verdad ni hablarle de sus dudas, no en ese momento. Sus vidas empezaban a enderezarse al fin. Pero si Candy sabía de Susana...
Candy tenía ya muchas preocupaciones y situaciones confusas como para saber de su existencia. Estaba seguro de que si le hablaba de ella, si le decía la verdad, la perdería para siempre...
-Si no hay mentiras ni engaños...si me dices la verdad...entonces estoy bien-logró sonreír levemente.
Terry la miró fijamente, ella sostuvo su mirada, y se dejó envolver por los brazos de su marido.
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El viaje de regreso a Boston había sido muy tranquilo. La mayor parte del trayecto, Candy había dormido como una niña. Terry se había limitado a atraerla hacia si mismo.
El rubor que pintó sus mejillas al despertar y hallarse en brazos de su marido, le pareció simplemente tierno a Terry. La rubia se apresuró a descender del auto, pero antes de que siguiera avanzando, algo la detuvo.
-¡Terry!-exclamó ella al sentirse elevada en sus brazos.
-Aún estás cansada. Será mejor que te lleve adentro-dijo él sin agregar nada más que una sonrisa.
Candy se dejó conducir por él, y disfrutó a plenitud la cercanía de su cuerpo. Aún recordaba los hechos de la noche anterior, y aunque todo había sucedido demasiado rápido, no dejaba de pensar en ello...
-Creo que ya puedes bajarme-dijo con suavidad al ver frente a ellos las escaleras.
Y así lo hizo, sólo que al hacerlo, sus cuerpos no se separaron. Terry aún aprisionaba su cuerpo, y sus miradas chocaron sin intención.
-Terry...
Juntó sus labios con un solo movimiento. Algo que la rubia no se esperaba, sin duda, pero a pesar de su confusión disfrutó de ese beso.
-¡Oh, lo siento!-dijo una inesperada voz-.Sólo quería saber si necesitaban algo, Sr.
Terry se separó un poco de ella, alzó la cabeza y sonrió con ligera vergüenza.
-No importa, Dorothy. Por ahora, no necesitaremos nada.
-Ya tuve el viernes por la tarde libre, Sr. Y también ayer...
-Puedes dar un paseo con Tom. Hace un día precioso afuera.
-Entiendo-sonrió Dorothy-. Hay cordero en el horno, y también embutido y fruta en la despensa. Oh, casi lo olvido. La señora tiene un mensaje en su contestadora. Recién lo han dejado esta mañana.
-¿Es algo urgente?-preguntó Candy con interés, pensando que el mensaje sería de Anthony y que estaría relacionado con la exposición.
-No estoy segura-respondió la mujer con un tono neutro-. Tom y yo estaremos cerca. Los veré más tarde, entonces.
Dorothy desapareció discretamente, dejándolos solos.
-Nos ha dejado solos adrede-comentó la rubia con picardía, pero al ver la expresión seria en el rostro de Terry, su sonrisa desapareció- ¿Qué ocurre?
-Creo que deberías escuchar ese mensaje.
-Imagino que será Anthony para hablarme de algo relacionado con la exposición.
-Entonces vamos a oírlo.
Candy notó una tensión en su rostro que no estaba ahí momentos antes. Empezaba a reconocer esos cambios en Terry.
Bajaron la escalera en silencio. Una vez en su despacho, Candy apretó el botón de la contestadora.
-Candy, soy Albert. Estoy preocupado por ti. Dijiste que llamarías cuando volvieras, pero no lo hiciste. He tratado de llamarte algunas veces, pero no has contestado y sé tu situación. Llámame para saber que pasa, por favor.
La voz del hombre se oía preocupada, pero Candy no supo que pensar. Miró a Terry y éste le preguntó en tono cortante:
-¿Quién es Albert?
Sintió su corazón latir con más fuerza. Sabía reconocer la rabia cuando la oía, pero esta vez, no sabía que la había causado.
-No sé quién es Albert. Sólo he visto su nombre una vez...
-¿Dónde?
-¿Qué sucede, Terry? ¿Por qué estas actuando tan...?
La tomó por la muñeca y la miró a los ojos.
-Quiero saber dónde has visto su nombre.
-En un pedazo de papel que hallé entre algunos billetes en mi cartera.
-¿Qué decía el papel? ¿Un apellido, unas señas?
-Sólo un nombre, y unos números. Seis y veintiocho.
-¿No tienes idea de lo que pueda significar?
-No, y no me gusta el tono con el que...
-¿Era tu letra, o la de alguien más?
-La mía, y esa es la última pregunta que pienso responder. Al menos hasta que me digas por qué me estas interrogando como a un criminal.
-No tengo nada que decirte-replicó él mirando el contestador-. Quiero que me des ese papel.
-No.
Terry sintió como si lo hubiesen abofeteado.
-Candy...
-¿Por qué estas tan molesto, Terry?
El silencio fue su única respuesta.
-Dime algo-insistió ella.
Su rostro se había vuelto piedra, pero Candy tenía que insistir si quería llegar a formar una vida al lado de aquel hombre.
-Anoche actuabas tan diferente, incluso hoy... ¿No ha significado nada para ti todo lo que hemos vivido este fin de semana?
-No sabes cuanto.
-No, no creo poder saberlo. Pero tampoco sé quién es Albert, ni por qué estaba en Newark cuando sufrí el accidente. Pensé que sería por alguna obra de caridad...pero ahora no estoy segura. ¿No sabías a dónde había ido? ¿Por cuánto tiempo me fui?
-Cuatro días.
De repente, todo encajó en lamente de Candy. Los distanciamientos de Terry, su inexplicable actitud en ciertas ocasiones, las dudas, las preguntas...
-¡Crees que te fui infiel!-casi gritó al verlo callado, taciturno- ¡Dímelo!
-La doctora Coswell dijo...
-¡No me importa lo que ella dijo, es mi vida la que ha desmoronado, no la suya! ¿Sabe ella algo de esto?
-Le pedí un consejo. Como te lo he dicho, dijo que sería lo mejor que recordaras por ti misma.
-Pero no recuerdo. Terry, ayúdame, por favor.
-¿Ayudarte? Es lo que he estado haciendo, Candy, viviendo cada día según venía mientras las dudas me mataban. ¿Tienes idea de lo que fue llegar a casa y encontrar sólo una nota, en la que decías que te ibas sin dar explicación, pidiendo mi comprensión? ¿Imaginas lo que sentí estando frente a ti en el hospital cuando estabas en coma, preguntándome a cada minuto dónde habías estado, con quién, y sin saber si alguna vez lo averiguaría?
Como si no pudiera soportar seguir allí, Terry se dio media vuelta para salir del lugar. Candy lo siguió y lo tomó por un brazo.
-Terry...
Él sólo negó con la cabeza.
-Hasta que recuerdes, nunca lo sabremos. Anoche, pensé que sería mejor que nunca recordaras...pero ahora me doy cuenta de que esto siempre se interpondrá entre nosotros. Y no sé si podré vivir con ello.
Cuando se soltó y empezó a subir las escaleras, la rubia supo que debía dejarlo ir. Al menos por ese momento...ella también tenía que arreglar sus ideas.
Tenía mucho que pensar, y una búsqueda que hacer. Si había tenido una aventura debía de haber alguna evidencia...Una nota, una foto, una carta. Algo más allá de las sospechas de Terry y la voz de un extraño en el contestador.
¿Quién podía ser ese hombre? ¿Y por qué pensaba su marido que tenía una aventura?
Recordó la pasada noche...
Si la pasión entre Terry y ella en los años que habían vivido juntos se asemejaba a la que él le mostrara la noche anterior, Candy no podía imaginarse teniendo amoríos con otro hombre. Estaba segura de que se había casado con él por amor. No le hubiera bastado con la atracción física, por muy fuerte que fuera. Y si lo amaba tanto como para casarse con él, no podría engañarlo, no habría sido capaz de traicionarlo.
Pero Terry tenía una versión muy diferente a la de ella. Tenía que averiguar por qué.
Revisó cuidadosamente cada cajón de su escritorio y el archivador, pero no encontró nada personal, nada que pudiera darle respuestas.
Cuando terminó con su despacho, subió al ático y revisó la caja que tenía los papeles de su madre, sin saber bien por qué. Pero sólo encontró tarjetas, cartas que no le decían nada.
Cuando decidió hablar con Terry para que le contara más de su pasado, descubrió que ya se había marchado. Supuso que había ido a refugiarse en su oficina, el único lugar donde podía sentirse a salvo del dolor que le había ocasionado su esposa.
Candy no podía saber a ciencia cierta si le había sido infiel o no. Pero la intuición le decía que primero se hubiese sacado el corazón con la mano antes de hacerle daño.
Ahora tenía que lograr que Terry le creyera.
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Terry contestó el teléfono de su línea privada, esperando oír la voz de Archie, de Stear, o de sus padres. Pero la voz que oyó, era la de Candy.
-Lamento molestarte, Terry, pero quería saber si vas a venir a cenar hoy.
Se había marchado la tarde del día anterior, y aún no había regresado a casa.
-No lo sé.
-¿Regresaste anoche?
-No. Tenía muchos pendientes que resolver-respondió brevemente ante su tono resignado.
-¿Has dormido algo?
Su voz se oía preocupada, sincera, y a Terry se le encogió el corazón por ello.
-Algo. Tengo un sofá bastante grande en mi oficina.
-No vas a poder evitarme siempre.
-Candy...
-Tenemos que hablar. Es la única forma de resolver esto. Por favor, ven a casa.
-No creo que pueda, Candy. Aún estoy muy ocupado-suspiró él.
-Por favor, Terry. Tengo que hablar contigo, necesito respuestas-el ruego en su voz lo hizo ablandarse un poco.
-¿Sobre qué quieres hablar?
-Sabes bien sobre qué. Ayer revisé de arriba abajo mi oficina y nuestro dormitorio.
-¿Qué buscabas?
-Cualquier cosa que pudiera ayudarme. Pero no encontré nada que pueda decirme quién es Albert o por qué fui a Newark. Incluso revisé todos los recibos...
-No veo en qué pueda ayudar eso.
-Tal vez podría ayudarme a recuperar mi memoria.
-No estoy muy seguro de ello.
-Necesito respuestas tanto como tú, Terry. Quizás, incluso más. Necesito saber qué clase de mujer era. Crecí viendo el amor que se tenían mis padres, y ellos me inculcaron esos valores. Por eso no creo que fuera capaz de serte infiel.
-Pero no lo sabes con certeza, ¿verdad?
-Quiero que me digas porqué has llegado a sospechar que te fui infiel.
-Te volviste más callada-suspiró antes de seguir-, más evasiva, como si no quisieras tenerme a tu lado. Si hablabas por teléfono, cuando yo entraba a la habitación colgabas. Hubo varias llamadas sin respuesta cuando yo respondí al teléfono. Desapareciste y sólo dejaste una nota donde pedías mi comprensión, sin mencionar cuando volverías, o si regresarías. Luego tuviste el accidente en un lugar en el cual no tenías que estar-se detuvo para respirar hondamente-. Después del accidente hubo otra llamada sin respuesta. Y el mensaje de ayer...Desde luego todo puede ser meramente circunstancial. Pero todo parece indicar que estabas viéndote con otro hombre.
Aquellas palabras fueron dichas con frialdad, como si se tratase de una sentencia condenatoria.
-¿Por qué estás tan dispuesto a creer que te fui infiel? ¿Qué te hace estar tan seguro de que me interesaría una aventura?
-Algunas mujeres piensan que la hierba es más verde en otros pastos.
-Yo no soy "alguna mujer", Terry. Y en todo caso, si me interesé en otro hombre, si nuestro matrimonio se estaba desmoronando, ¿no tendríamos ambos algo de culpa?
-Yo nunca contemplé la posibilidad de dormir con otra mujer. Hice mis votos creyendo en ellos. Pero ahora, no estoy tan seguro de que tú hicieras lo mismo-Terry hablaba con brusquedad, como si cada palabra lo hiciera molestar aún más-. Esta conversación no va a llevarnos a nada. Por lo tanto, se acabó. Tengo muchos pendientes que terminar.
-Terry, por favor, vuelve a casa esta noche-le pidió sabiendo que su tiempo para convencerlo de volver se acababa.
-No creo que pueda, Candy-respondió con severidad.
-Debes comer y descansar, Terry. Trabajar todo el tiempo podría hacerte daño. Además, también es tu casa. No tenemos que hablar de esto, si es por ello.
Terry suspiró antes de hablar. Candy estaba siendo sincera, y su tono de súplica estaba haciéndolo dudar. Tratando de actuar con cordura, tomó una decisión.
-Voy a pensarlo-dijo después de un momento-. Aunque no te garantizo nada. Si termino mis proyectos para las seis, iré.
-¿Crees que puedas?
-Tal vez. Por ahora, debo colgar.
-De acuerdo. Hasta entonces-aceptó ella resignada.
La tibia despedida de Candy lo acompañó el resto de la tarde.
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Después de colgar, Candy no sabía qué hacer. Sus ojos se llenaron de lágrimas y entendió que realmente amaba a Terry. Quería luchar por su matrimonio pero no tenía idea de cómo hacerlo. Necesitaba un consejo, pero no sabía a quién acudir.
Pensó en Archie, pero sospechaba que él también tenía dudas de ella. Entonces recordó sus conversaciones con Stear, lo franco que se había mostrado con ella. Tal vez él podría ayudarle.
Fue a su despacho, buscó el teléfono de la granja Corwnell y lo marcó.
-Granja Corwnell-contesto un hombre de voz grave.
-¿Stear?
-Sí. ¿Eres tú, Candy?
-Así es. ¿Tienes un momento para hablar?
-Por supuesto. ¿Pasa algo malo?
Candy no sabía muy bien cómo empezar. Optó por una sencilla pregunta.
-¿Sabes que Terry piensa que le estaba siendo infiel?
-Sí, me lo comentó. ¿Has recordado?
-No. No he recordado nada relacionado a nosotros. Pero él tiene varios motivos para pensar eso.
-¿Y tú? ¿Qué piensas?
-No me creo capaz de haberlo engañado. Puede que simplemente no quiera creerlo.
-Las dudas empiezan a hacerle daño, Candy.
-Ya lo noté, pero no sé qué hacer, Stear. No deja de alejarse de mí...
-Eso es típico en Terry. Cuando está dolido o inquieto, se encierra en si mismo y se centra en algo que le dé seguridad.
-Su trabajo.
-Normalmente sí.
-¿Qué puedo hacer? ¿Cómo puedo lograr que se abra conmigo?
-¿Qué quieres conseguir?
-Quiero salvar nuestro matrimonio. Pero si él no puede perdonarme por algo que cree que hice...
-No soy consejero matrimonial, Candy.
-No. Pero eres buen amigo de Terry.
Stear no era el tipo de persona que le gustaba inmiscuirse en los problemas de los demás, y Candy sabía que lo estaba poniendo en una situación difícil.
-Si realmente quieres salvar tu matrimonio, tienes que seguir intentándolo. Si no quiere verte o escucharte, ve tras él. Y si aún no te escucha, amárralo a un árbol con una cuerda para obligarlo.
-Es tres veces más fuerte que yo-Candy tuvo que sonreír ante su consejo.
-Si lo haces bien, no tendrás ningún problema.
"Bien" ¿Qué quería decir con eso? ¿Que lo atara con su amor? Candy sólo suspiró.
-No quería meterte en esto, Stear.
-No te preocupes. No te he dicho nada que no te diría frente a Terry.
-Gracias.
-Pero si no he hecho nada.
-Claro que sí. Me has dado esperanza.
Cuando colgó, Candy pensó en su consejo. "Ve tras él", había dicho Stear. De un momento a otro, decidió que si antes de su accidente no había puesto un pie en la oficina de Terry, cambiaría eso esa misma tarde.
Notas finales:
¡HI girls! Pues como lo prometí, ya les traje a los dos nuevos personajes: ¡Albert Y Susana! Wow, felicito a las que adivinaron, Bárbara y Reeven, son chicas muy astutas ;-)
¿Qué les pareció el Cap? En lo personal sigo molesta por la entrada de Susana, no pudo ser más inoportuna al meterse. ¿Y qué ahí de Albert? Todo ya empezaba a arreglarse y vuelve él.
Vanesa, Lorena, Mony y Arely, gracias por sus palabras, me alegra que hasta ahora estén complacidas con mi fic. Sacni, que bien que te animaste a leerme, y como veo que te agrado me esforzaré por seguir dando la talla.
Avances del próximo Cap:
Candy va a buscar a su marido, y cuando logra llegar hasta él se consigue con una sorpresa no muy grata. Planes de un divorcio. La relación entre Candy y Terry cambia completamente.
Cualquier duda o comentario no duden en escribirme un review. Hasta la semana entrante, chicas :D
