CRISIS MINISTERIAL

CAPÍTULO OCHO

DERECHOS DEL MENOR

Cecilia subió a su despacho comiéndose el sándwich y dando sorbos a una coca-cola. Todavía quedaban diez minutos para la reunión, y una duda le asaltaba la cabeza.

-¿Sabes si ha habido alguna intervención diplomática china? – Preguntó a Nieves.

-¿Por qué iba a haberla, si la niña es española?

-Me refiero a la Magia China.

-Con menores de edad, desde el momento en que se adquiere la nacionalidad muggle también se adquiere la mágica. Esta niña, a todos los efectos, es ciudadana de la Federación Mágica de España y Portugal.

-Eso ya lo se. Pero podrían haber invocado algo... no se... ¿una nulidad del expediente de adopción?

-¿Una nulidad? ¿Por qué?

-Pues porque tiene un vicio de origen.

-Explícame.

-La normativa mágica china en materia de adopción internacional prohíbe la misma por parte de padres muggles. Es evidente que esta niña, por lo que sea, se les coló.

-Me enteraré sobre si ha habido algo, pero yo no he oído nada. Todos los asuntos de Internacional acaban pasando por mi mesa, ya lo sabes, aunque solo sea para que los archive. Y una cosa así habría sido significada...

-Podría haber quedado en un mero pase al Departamento de Interior...

-Pero Cecilia, reclamar nulidad de un expediente de adopción para devolver a un menor a su país de origen es algo muy llamativo... no se queda en un mero papeleo...

-Hmmmmmm

-¿Puedo saber qué estás pensando?

-Estoy pensando qué solución habría dado yo en el caso de tener sobre la mesa semejante cuestión.

-Cecilia, tu solución sin duda habría sido sesuda y sólidamente soportada, como todo lo que haces en el Ministerio. Por eso...- Y Nieves dirigió una mirada ostentosa al reloj-. ... no creo que vayas a averiguarlo en los tres minutos escasos que te quedan antes de la reunión.

-¡Vaya!

Cecilia se apresuró a recoger sus papeles. Cuando estaba en la puerta del despacho, a punto de salir pitando para su reunión, se detuvo pensativa y miró fijamente a Nieves.

-Sabes... creo que yo lo enfocaría por la vía de los derechos adquiridos por el menor... en fin, me tengo que marchar.

-Suerte.

-La necesitaré.

Nieves frunció el ceño cuando se quedó sola. ¿Había habido algún momento, en los tiempos recientes, en el que no había sido ella la encargada de archivar los asuntos de Internacional? Pues si, en diciembre, cuando se tomó unas largas vacaciones. Porque tenía sus días pendientes y porque después del incidente de la Feria de Magia Canina, del que Cecilia salió con una herida en el omóplato y una infección por escama de dragón que casi se la lleva al otro barrio necesitaba, sin lugar a dudas, desconectar del Ministerio. ¿Quién habría estado entonces...? ¡Ah! Ángeles Peral... una chiquita dócil pero poco crítica... una que se limitaba a archivar sin enterarse de qué iban los asuntos... ¡Ajajá! ¿A ver si entonces...? Nieves descolgó el teléfono con resolución.

Mientras tanto, Cecilia asistía a una nueva reunión del Gabinete de Crisis que estaba resultando bastante crispada. El Comandante de los Aurores había expuesto, muy tenso, el estado de situación de la investigación hasta el momento. Sin duda habían hecho unos progresos importantes, puesto que todos los indicios apuntaban a que la niña estaba en el sótano de la tienda de Todo a Cien. Se discutía, con bastante acaloramiento, si era pertinente intervenir de manera conjunta con la policía muggle o actuar independientemente. Cecilia observaba el debate sin intervenir. Al fin y al cabo, ella no tenía ni idea sobre si era mejor coordinar las fuerzas policiales mágicas y muggles o no. Las opiniones estaban divididas. Por un lado, el Comandante sostenía que era mejor actuar sin implicar a los muggles. De los que le apoyaban, destacaba por su vehemencia el brujo anciano aquel que Cecilia no conocía ni de vista. Con mucho tacto el Comisario de Seguridad Mágica, sin duda muchísimo más habituado a asuntos en los que los muggles andaban por medio, recomendaba prudencia. Y en el fondo, Cecilia lo veía, defendía una actuación conjunta.

-Quiero un plan de acción definido perfectamente para la próxima reunión.- Cortó la Ministra después de haber escuchado suficiente. –Comandante... Comisario... pónganse de acuerdo. Ustedes son los expertos.- Y sin mas, procedió a dar por concluida aquella sesión.

Cuando Cecilia entró en su despacho Nieves la recibió alzando una carpetilla verde.

-¿Qué es eso?

-Lo que andabas sospechando que existiría. ¿Se te daba bien Adivinación?

-De pena. Un completo desastre. Tengo poca capacidad de abstracción... a ver...

No había muchos papeles en la carpetilla. Un documento en chino con traducción de cortesía que venía a decir que el expediente de adopción de la menor tenía un vicio en origen y pedía su revisión... una contestación muy estándar de Interior recordando que el expediente no era mágico, sino muggle, y a que efectos muggles era el Ministerio del Interior de España el que tendría que decir si era o no correcto... ¡Qué birria!, pensó Cecilia... y ¡anda! Un informe brevísimo en la línea que ella había pensado... era solo una hoja, pero con una concisión que hasta envidió venía a decir que, efectivamente, podía ser nulo en origen, pero que por encima del papel había un niño con derecho a tener unos padres, derecho que debía anteponerse a todo lo demás. Obviamente, el informe no había sido tenido en cuenta por el funcionario que redactó la contestación que finalmente rubricó el Director de Interior, pero sin duda era de lo más valioso.

-¿Puedes hacer una copia del escrito chino y su traducción y pasársela al señor Martínez?

-Una copia para el plátano, claro que si.

Cecilia sonrió. Había hecho un esfuerzo para no decirlo, pero era evidente que el señor Juan Martínez sería El Plátano por los restos. Iba a cerrar la carpetilla cuando la curiosidad la pudo y buscó con la vista el pie del pequeño informe por si constaba quién lo había hecho. Y constaba, vaya si constaba. Cecilia alzó las cejas sorprendida. Federico Aguado, ni mas ni menos.

Cecilia tenía mala opinión de Aguado porque pretendía que todos fueran tan casquivanos como lo era él. Ella había sido educada en un profundo respeto por lo que los demás hicieran con su vida privada, por lo tanto exigía lo mismo para la suya. No tenía nada que objetar si Aguado, o quien fuera, se acostaba o se dejaba de acostar con quién quisiera – siempre que la otra parte también lo quisiera, claro -, pero para ella era esencial que de la misma manera nadie objetara lo más mínimo de la que era su opción, que no era otra que una absoluta fidelidad a su muy muggle marido. Aguado ahora la sorprendía desde otra perspectiva, demostrando profesionalidad y sensibilidad jurídica. Respiró hondo y se recordó a sí misma que las personas tienen defectos y virtudes, y que aquel brujo no era una excepción.