Toca antes de entrar


Tan cálido, tan cómodo, podría quedarse así el resto del día. Quizá si le quitáramos la fractura en sus huesos todo sería perfecto, pero si no fueran por ellas, Sasuke no estaría durmiendo a su lado. Por eso lo aceptó y pegó la nariz en su cuello disfrutando del aroma que desprendía su piel.

Lástima que cuando abrió los ojos por segunda vez ya no estaba. Quizá se despidió, pero estaba tan perdido en el mundo de los sueños que no le escuchó.

Recordó con tristeza lo que era estirarse para desperezarse, pero si lo hacía le dolería, aunque tal vez eso lograría despertarlo del todo.

De repente reaccionó cuando escuchó una voz llamarle.

Unos golpes en la puerta le levantaron, pero estaba tan adormilado que le pareció un sonido de fondo, hasta que escuchó la voz de Neji fue cuando contestó.

—Pasa. —Su voz sonó ronca.

—Lo lamento, pero no puedo dejarte dormir más o cuando te recuperes te resultará complicado madrugar.

—No te preocupes... —Aún el rubio parecía no conectar sus cinco sentidos.

—¿Quieres que te ayude a vestir? —Levantó una ceja esperando su respuesta.

—No, gracias. —Sonrió de medio lado.

Los últimos días comprendió la utilidad de tener ambos brazos sanos, sumado a las costillas en su lugar. Tuvo que depender de Sasuke para hacer las cosas más básicas y se alegraba de ahora acostumbrarse a hacer esas cosas por sí mismo.

Neji solo asintió y cerró la puerta tras de sí, se veía extraño.

Era sábado y el azabache había tenido un curso en la universidad, por lo que el castaño se encargaría de cuidarlo, aunque él creía que no ocupaba ayuda, pero pensándolo bien al menos no tenía que arreglárselas por su cuenta para preparar el desayuno. Si ya era un desastre cuando podía utilizar sus dos manos no se imaginaba ahora en estas condiciones, quizá podría quemar el departamento.

Tardó un poco más de lo normal, pero salió de su cuarto con la ropa en su lugar y algunas gotas de agua escurriendo por su pelo por el baño que tomó.

—¿Quieres café o prefieres té? —le preguntó el castaño mientras picaba las verduras con aparente concentración.

—Prefiero ramen —contestó mientras se sentaba en la mesa.

—El ramen no es algo muy nutritivo —dijo sin despegar la vista del jitomate que cortaba en pedacitos.

—Sasuke tampoco me deja comer ramen. —Infló los cachetes en un gesto muy infantil.

—No deberías comer eso, he visto la cantidad de botes que tiran a la semana. —Le miró con desaprobación.

—También son de Kiba. —Se defendió.

—No puedes comer pasta toda la vida.

—No toda la vida, en ocasiones preparo algún platillo más elaborado.

—¿Cómo qué? —Lo observó, y el rubio se sintió arrinconado.

—Pues... ya sabes... ¿pizza?

Rodó los ojos, desde que llegó a vivir con ellos notó lo mal que se alimentaban, con dificultad se preparaban algo por las mañanas y los fines de semana preferían llamar a algún restaurante.

Kiba y Naruto eran todo un caso. Odiaban poner un pie en la cocina, solo lo hacían cuando a finales de mes se quedaban cortos de dinero. Tenían suerte de tener a Sasuke y ahora a Neji que en ocasiones les preparaban alimentos más balanceados.

—Bueno, entonces que hoy comas una ensalada no te hará mal. —Le puso un plato repleto de lechuga.

—Le pudiste poner un poco de atún. —Movió el tenedor buscando algún trozo de carne.

—El atún tiene mercurio.

—¿Pollo?

—No, porque solo comerías eso y dejarías lo mejor.

Lanzó un suspiro y no le quedó de otra más que comer lo que el castaño le había hecho. No sabía tan mal, le había puesto algún condimento que le daba un sabor dulce.

—¿Te gusta cocinar? —preguntó cuándo acabó de comer.

—No mucho. —Se encogió de hombros.

—¿Alguien te enseñó?

No contestó, solo miró sus ojos pensando en el hombre mayor que cada día que transcurría le parecía más similar a Naruto.

—Neji... Podrías por un momento decirme la verdad. —Le miró con tristeza.

El silencio se volvió incómodo.

—¿La verdad de qué? Yo nunca te he mentido.

—Entonces podrías contestar.

El silencio se volvió asfixiante.

—Naruto, yo también desconozco tu mundo —musitó.

—Siempre estás ocupado, siempre tienes algo que hacer, apenas y logro verte los fines de semana.

—Disculpa por eso, pero no tengo a nadie que me ayude a pagar mis gastos, prácticamente vivo al día.

—Yo lo sé, pero ¿no te gustaría pasar más tiempo con nosotros?

—Sí, me gustaría.

—¿Por qué no lo intentas?

Se observaron, todo estaba en silencio hasta que se escuchó como Kiba abría la puerta de su habitación.

—¡Chicos, yo también quiero desayunar! —gritó mientras se frotaba los ojos con pereza.

—Si te gusta la ensalada, todavía queda un poco —respondió el castaño.

Neji se levantó de la mesa, recogió el plato del rubio y el suyo.

—¿Podemos continuar la conversación en mi habitación? —Le detuvo antes de que se alejara.

Se giró un poco para mirarle. Más tarde se encargaría de los quehaceres, por el momento era más importante hablar con Naruto.

—Claro, vamos.

El rubio se puso de pie y el castaño le siguió.

—¡¿Me dejaran comer solo?! —Kiba exclamó con la boca llena.

—Sí, adiós —contestó el chico de ojos azules agitando la mano sana.

—¡Son unos pésimos amigos!

Dejaron la puerta entre abierta, Neji jaló la silla frente al escritorio para sentarse y Naruto se acomodó frente a él; estaba arriba de su cama con las piernas cruzadas.

—Bueno... —Ahora ya no sabía que decir.

—Sabes —le interrumpió el castaño—, siempre me he preguntado cómo es que tú y Sasuke comenzaron a salir.

Una vez más conectaron sus miradas y terminaron desviándolas. Aquella parecía ser una pregunta un tanto íntima, pero se suponía que ahora no guardarían nada, sacarían a relucir sus secretos.

—Cuando me hacen esa pregunta contesto inmediatamente que fue amor a primera vista. —Se detuvo y pasó la mano por sus labios—. Para ser sincero, solo lo digo para no tener que hablar más.

—¿Y qué responde Sasuke? —le interrogó con curiosidad.

—A él nadie le pregunta eso. —Soltó una ligera risa.

Con el carácter que poseía el chico era difícil imaginarse esperar de su boca detalles de su relación.

—Entonces...

—Es complicado, pero lo diré tal cual.

Asintió, no quería decir más por miedo a que cambiara de opinión.

—Ambos nacimos en el mismo pueblo, parecía una aldea escondida del mundo, pero ahora ya no.

«Desde que comencé a estudiar le recuerdo perfectamente. Era un niño inteligente y solitario; yo era su contrario, me gustaba llamar la atención de los demás y mis notas eran pésimas.

Comencé a sentir celos de él, todos le preferían, todos hablaban maravillas y le adoraban, no hacía falta que hiciera algo impresionante, tan solo con ser él ya tenía el mundo a sus pies. Parecía que nunca lograría alcanzarle ni un poco, como si la vida solo fuera injusta conmigo, pero no le odiaba. No podía odiarle cuando sus ojos parecían siempre estar hundidos en la tristeza.

Aunque nunca intenté comprenderle hasta la escuela media, desarrollamos una especie de rivalidad, no entiendo porque caía ante mis provocaciones tan fácilmente, quizá por esa época ya le comenzaba a interesar.

Fue cuando cumplí quince años, ese día Sasuke me dijo que le gustaba.

Aún pienso que soy estúpido porque nunca me di cuenta de mis propios sentimientos. Amaba cada cosa que hacía, pero no me importaba dejar todo cuando se trataba de él y en el trayecto de nuestra amistad/rivalidad creció algo que ahora defino como amor.

Iniciamos con la intención de solo intentarlo, pero se convirtió en algo muy grande. Crecí con la idea de que en algún momento encontraría una chica linda y me casaría, pero no le di tantas vueltas, al final siempre mi corazón estaría con él.

No fue sencillo, mentiría al decir que ambos lo aceptamos como si nada. Fue difícil decirles a nuestros padres, no queríamos escondernos, le dimos toda la seriedad que unos chicos de dieciséis años podían darle a su relación.»

Escuchó atento sus palabras, a pesar de que en algunas partes parecía perder el hilo de su historia al final lo comprendió, no ocupaba saber más para darse cuenta que en ocasiones no es necesario explicar más allá, con solo ver su mirada perderse en el pasado y aquel brillo extraño aumentar en cada segundo, supo que eso era amor.

—Puedo hacer otra pregunta —dijo Neji rompiendo la quietud en la que se habían sumido cuando el rubio terminó de hablar.

—Por supuesto.

Bajó la mirada, su sombra le pareció pequeña.

—Crees qué... ¿se puede amar a dos personas?

Tan directo y él aún no sabía la respuesta. Naruto dejó de darle vueltas justo como había hecho con Sasuke y lo aceptó; pero esa no era la respuesta que quería escuchar Neji.

—Sí, los niños nacen amando por igual a sus padres.

—Eso no es cierto, siempre quise más a mi papá.

No tenía cómo defender su punto de vista, él solo tenía a su madre.

—Bueno, pero...

—Está bien, déjalo. —Sonrió.

Había muchas cosas que quería preguntar, de alguna de ellas quizá ya conocía la respuesta. ¿Algún día lograrás amarme cómo a Sasuke? Esa en especial quedó flotando en el aire. En ocasiones sabes perfectamente que un paso en falso puede hacerte caer, sentía que caminaba en una cuerda floja e intentó convencerse que era una banqueta firme a sus pies para no arrepentirse.

—Si en algún momento sientes algo más grande por Sasuke quiero que me lo digas. —Soltó Naruto de golpe.

—¿Y si es por ti?

—Sabes... Creo que él siempre seguirá siendo mejor que yo.

Miedo, había miedo en sus ojos cielo.

No le gustó esa mirada. Una idea cruzó fugaz y no dudó más.

Se puso de pie y se arrodilló frente a él.

Guiado por sus latidos que resonaban hasta su cabeza. Separó las piernas del rubio y bajó su cremallera. Aquel acto le desconcertó y estaba a punto de detenerle cuando fijó su vista en sus manos temblorosas. El castaño sacó su pene, cerró los ojos y lo acercó a sus labios.

Sexo oral, había escuchado hablar de ello; para algunos era la cima de lo excitante, para otros era repugnante. No tenía idea de a quién creerle, pero en ese momento no le importaba realmente. Si con su boca podía lograr que Naruto se viniese, entonces valía la pena.

Ya habían rebasado antes los límites del espacio personal y la intimidad, pero en esta ocasión todo fue tan repentino que el rubio sintió que no era correcto y como para confirmarlo el casi inaudible ruido de la televisión de la sala (que probablemente estaba mirando Kiba) colándose por el espacio entre la puerta le aconsejaba empujar a Neji de entre sus piernas.

Pero todo se fue al carajo cuando sintió la calidez que dejó la lengua del castaño al deslizarse por su miembro, su mente se desconectó de la realidad y una lucha entre apartarle o tomarle del cuello para que profundizara el contacto inició en su interior.

Al final no resistió más, la manera en que lamía le hizo perder la cordura y no le importó nada, jaló de sus cabellos para que de una vez por todas introdujera del todo su pene en su boca, fue tan rudo que el castaño sintió que se ahogaba, pero logró recuperarse.

Inició con el vaivén tan característico, los gruñidos y gemidos del rubio solo le alentaban más y más. Ahora deseó ponerlo bocabajo y penetrarle.

Nunca había sentido la necesidad de hacerle eso a un chico, pero ahora parecía que todo su ser se lo exigía, reclamando por no hacerlo en ese instante.

Naruto estaba a punto de llegar a su límite y...

—¿Por qué no contestas mis mensajes?

Explotó en su cara.

Gaara se detuvo. Había empujado la puerta y hablado al mismo tiempo.

Observó sin dar crédito a lo que veía. Esa posición.

Naruto metió su ahora flácido pene en sus pantalones y Neji se puso de pie; una verdadera lástima que su playera fuera de manga corta, tuvo que jalar del cuello de la camiseta para limpiar rápidamente su rostro.

Pasó al lado del pelirrojo con aún gotas blancas colgadas en su pelo. Ni siquiera tenía que ser alguien tan perspicaz para entender que pasó ahí.

—Gaara, me asustaste. —Su cara no podía estar más roja.

Se quedó ahí de pie. Con la mirada perdida en ningún lugar en específico.

—Gaara... eso no es...

No completó la frase porque no quería negarlo, decir que había sido un malentendido o un error le confería el poder de convertirse en realidad.

Sí, es justo lo que viste.