- Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi, para su creación "Ranma ½", (a excepción de algunos que son de mi invención, y que se irán incorporando durante el transcurso del relato, algo así como "extras"). Esta humilde servidora los ha tomado prestados para llevar a cabo un relato de ficción, sin ningún afán de lucro.

"Corazones en conflicto"

Capitulo VIII

El hombre que se acercaba vestido con esa pulcra bata blanca no le era para nada familiar, pero la forma en que se dirigió a la mesa de recepción y el ver cómo una de las enfermeras lo señalaba a él, le hizo intuir que aquel hombre lo estaba buscando.

Efectivamente, el hombre se acercó con paso decidido a la pequeña salita en donde él había permanecido por horas sentado en el mismo sillón. En cuanto llegó a su lado, a él lo invadió un mal presentimiento.

Era una persona joven, de unos veinticinco a treinta años aproximadamente, pelo castaño, ojos verdes y usaba anteojos, le recordaba al doctor Tofu, pero su bata blanca lo hacía verse más imponente. El médico se presento.

-Soy el doctor Matsuda, ¿tú eres Ranma?

-Sí.

-Tofu me hablo de ti; fuimos compañeros durante un simposio hace un par de años, pero eso no te debe importar en lo absoluto. Soy el médico tratante de Akane.

-¿Ella esta bien?, ¿puedo verla? –se apresuró a decir el chico.

-Ranma, ella reaccionó bien a los tratamientos, pero hace media hora atrás, sufrió una descompensación... –las palabras del médico no le gustaban, el tono preocupado de su voz no hacia nada para calmarlo- ella tuvo un paro respiratorio, nosotros hicimos lo que pudimos, pero... no resistió, lo siento muchísimo.

-Me... me quiere decir que Akane está...

-Sé que es difícil aceptarlo, las condiciones en las que ella ingresó no eran para nada buenas, ella lucho hasta el último minuto, pero al final...

-No, es mentira, ella no se dejaría vencer por unos cuantos golpes y un poco de humo -dijo el joven en un susurro, observando el piso-. ¡Usted me esta mintiendo! -finalizó con la voz en grito.

-Escucha, por favor. Ella ya no está entre nosotros, su cuerpo no resistió más y ella...

-¡Quiero verla!, ¡no creo ni una palabra de lo que me está diciendo!, ¡ella es fuerte y sé que ahora mismo debe estar sonriendo detrás de esa puerta, esperando a que yo vaya a verla!

-Ranma, cálmate. Tienes que aceptar la perdida.

-¡No!, ¡usted no la conoce!, ¡seguramente me dice eso porque la vio dormida, pero ella está viva, está esperándome para que la saque de este horrible lugar! –fue lo último que escuchó el amable doctor, pues Ranma ya corría desesperado y se internaba tras la gran mampara.

-¡Espera!, ¡No puedes entrar allí!

Inútil, el chico ya se encontraba del otro lado buscando desesperado, abriendo todas y cada una de las puertas que encontraba en su camino. De pronto, tras una de ellas la vio, recostada, durmiendo, parecía tan serena, bella como siempre pero extremadamente pálida. Él se acercó, rozo su rostro con la punta de sus dedos, casi no atreviéndose a tocarla, no quería despertarla bruscamente, así es que se acercó aún más y le habló suavemente.

-Akane, despierta. Tenemos que irnos de aquí, ya no soporto este lugar y creo que tú tampoco –no recibía respuesta alguna de la chica, por lo que se atrevió a posar su mano de lleno en el rostro de ella-. Akane, por favor, despierta ya, me estas asustando... Akane.

En ese momento llegó el doctor Matsuda con un par de enfermeros y Haruka.

-Ranma, debes dejarla ir, ella ya no pertenece a este mundo.

-Se equivoca, ¿acaso está ciego?, ¿qué no ve que sólo se encuentra cansada?, ella duerme.

-Ranma –dijo la enfermera que había estado compartiendo horas antes con él-, sé como te sientes, pero no te hace bien negarte a la realidad, tú prometida está... ella murió –él sonrió amargamente.

-No –dijo con su voz quebrada-, no es cierto... ¡No puede ser cierto!, ¡ella no puede dejarme! –gritó al borde de la desesperación, los enfermeros corrieron hacia él y lo tomaron fuertemente de ambos brazos para sacarlo de la habitación- ¡No!, ¡suéltenme!, ¡ella no está muerta!, ¡no está muerta!

El penetrante sonido de las máquinas de reanimación y los acelerados pasos de personas que corrían lo sacaron del abismo en el que sentía que caía.

-No está muerta –esa sola frase repitiéndose en su mente y el angustiante nudo que se formó en su garganta lo hicieron volver a la realidad- un sueño, sólo fue un mal sueño –abrió los ojos y vio como todo el personal médico entraba y salía por la mampara. En su cabeza todas sus alarmas se encendieron, tal vez no todo había sido un sueño y algo grave estaba ocurriendo. Se acercó rápidamente al mesón en donde pudo observar que Hana hacia muchas anotaciones con gran rapidez en unas hojas, mientras sostenía el auricular con su hombro. Él la observaba intrigado, ansioso por exigirle saber que pasaba. Miró hacia la mampara desafiante, decidido a traspasarla para saber que sucedía tras ella, la enfermera pareció darse cuenta de sus intenciones.

-¡Ni se te ocurra hacerlo! –lo reprendió tapando el auricular con la mano- Ajá, sí, de acuerdo. Le informaré al doctor Nomura que vienen en camino... en cinco minutos... bien, gracias –finalizó colgando el teléfono- ¡Prometiste que pasara lo que pasara permanecerías quieto en la salita!.

-Pero quiero saber...

-No es ella, otra paciente entro en crisis hace diez minutos, estamos haciendo los esfuerzos necesarios –ella se dio cuenta de que el chico no estaba muy convencido, sonrió-. Créeme, no se trata de Akane, si algo malo le sucediera serías el primero en saberlo y yo no haría nada por impedir que la vieras. Ahora vuelve a la salita, aquí causarás muchos problemas.

-Gracias Hana.

-Ve, y no te preocupes más, pronto ella reaccionara, ten fe.

El joven se alejo un poco, mientras la enfermera tomaba nuevamente el auricular y comenzaba a marcar un número en el teléfono, él observó el reloj que colgaba en la pared, las 6:30 a.m, debía haberse quedado dormido cerca de las cuatro de la madrugada, no recordaba bien. Siguió su camino hacia la salita mirando disimuladamente en dirección a la mampara, tratando de observar algo de lo que sucedía en el interior, pero no tuvo suerte, no pudo atisbar nada.

Cuando llegó a la pequeña salita, miró el sillón que le había servido de cama, las mantas que tan amablemente le dieran las enfermeras horas antes se encontraban arremolinadas en un rincón, no quiso volver a sentarse, en lugar de eso se acercó al ventanal, estaba amaneciendo. El paisaje que se observaba desde el tercer piso del Hospital General de Nerima era bello, a él siempre le había gustado contemplar el amanecer, casi tanto como le gustaba perder su mirada en el ocaso, claro, no tenía muchas oportunidades de ver el amanecer, con lo que le gustaba dormir, siempre tenia que esperar que su prometida lo despertara, así que esa era una buena oportunidad para contemplar el bello espectáculo que se le presentaba.

-"Ojalá pudieras estar aquí conmigo Akane –pensó contemplando la salida del sol-, ¿cómo he podido ser tan tonto al desperdiciar el tiempo contigo? Si tú no despiertas, no me lo perdonaría jamás".

Las imágenes del sueño que acababa de tener estaban todavía frescas en su memoria, había sido tan real que se estremecía sólo con recordarlo, "déjala ir", había dicho el doctor en su sueño. Dejarla ir, como si eso fuera tan fácil, jamás la dejaría ir, no otra vez, aún si para ello tuviese que pelear con todos los demonios, espíritus, príncipes y humanos de este mundo y del otro.

En ese momento y en la soledad del lugar en el que se encontraba, casi sin querer comenzó a recordar todo lo que había sucedido durante los dos últimos días, había sido de dulce y de agraz, los acontecimientos se repetían uno tras otro en su mente. Si él no hubiese manifestado su deseo de ver esa película, si ella no le hubiese regalado esos boletos, si él hubiese invitado a otra persona, si no le hubiera importado que Shampoo se enterara de su cita, en fin, si tan sólo pudiera borrar todo lo malo del día anterior, en ese momento se encontraría en su casa, tal vez durmiendo aún, pero con la certeza de que su prometida se encontraba segura en su acogedora habitación, durmiendo tranquilamente y no ahí, sintiendo que en cualquier momento su sueño podría hacerse realidad.

Le daba pavor sólo pensar en que no la volvería a ver, lo aterraba la perspectiva de una vida sin Akane, ¿qué seria de su vida sin la sonrisa de ella?, ¿en qué se convertiría?, ¿en un constante ir y venir de un continuo y exhaustivo entrenamiento?, ¿para qué?, si la persona por la que había decido luchar día a día no se encontraría allí para animarlo, para reconfortarlo, para frenarlo, para desafiarlo o simplemente para amarlo.

El sol ya estaba haciendo su aparición y él se sentía cada vez más deprimido, las horas que había pasado despierto no habían sido para nada agradables, aunque trataba de pensar positivamente, aunque trataba de convencerse de que ella pronto despertaría, la incertidumbre lo agobiaba. Sabía que estaba siendo egoísta, seguramente mucha gente estaba sufriendo más que él, gente que no tenía la posibilidad de estar siquiera cerca de sus seres queridos.

Observó el mesón de recepción por sobre su hombro, las enfermeras habían sido extremadamente amables con él, ¿por qué?, no lo sabia, simplemente lo habían dejado quedarse toda la noche, dándole de comer y brindándole abrigo, era algo que estaba fuera de todo reglamento, él creía que todo había sido gracias a la intervención del doctor Tofu, pero lo cierto era que su historia, junto con sus acciones habían conmovido a aquellas mujeres acostumbradas a lidiar con la desgracia y el sufrimiento ajeno.

En ese instante vio como dos personas irrumpían corriendo en la tranquilidad del lugar, un hombre y una mujer, el joven reconoció en la mujer a la misma señora que lo había detenido la tarde anterior para decirle que les habían pedido que se retiraran, seguramente era familiar de algún paciente. Ranma no era curioso, pero al encontrase a escasos metros de los recién llegados no pudo evitar enterarse de lo que pasaba. Hana levantó el auricular y marcó un número, él se dio cuenta que la voz de ella cambiaba de tono

-"Entiendo, sí claro" -Hana colgó el teléfono para dirigirse a las personas- "El doctor Nomura viene para acá" -, le escuchó decir, luego vio salir a un hombre de bata blanca, de unos cincuenta años y cabellos encanecidos; no escuchó lo que el hombre les decía, o tal vez no quiso poner mayor atención a sus palabras por respeto, pero vio por el rabillo del ojo como el doctor apoyaba una mano en el hombro del hombre, para luego dejarlo abrazar a la mujer, -"Lo siento mucho" -, escuchó que decía y se retiraba hacia la mampara, la mujer se abrazó con fuerza al que parecía ser su esposo y comenzó a llorar amargamente. Sin saber por qué, el llanto de ella le provocaba mayor angustia al joven, sintió como su pecho se apretaba y sus ojos se nublaban, no llegando a dejar caer las lágrimas.

-"Ya sólo quedan cinco. Akane, tienes que vencer esta vez, no puedes rendirte" –se quedó mirando fijamente a la pareja que lloraba a uno de sus costados, pero creyó que era una imprudencia de su parte observarlos, ellos necesitaban algo de privacidad para aceptar la perdida, por lo que se dio media vuelta y volvió al gran ventanal.

Afuera, la ciudad despertaba, un nuevo día comenzaba y sinceramente, él esperaba que trajera buenas noticias.

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Había pasado parte de la noche en vela. A su lado, el padre de su hijo roncaba despreocupadamente, a veces se cuestionaba en serio el por qué se había enamorado de un hombre como él, ella siempre había dicho que se había casado enamorada, pero qué era exactamente lo que encontró en un hombre como Genma Saotome para terminar casada con él, francamente no lo sabia, sólo bastaba verlo en ese momento, durmiendo con total tranquilidad, como si nada hubiera pasado el día anterior. Era en momentos como ese en los que realmente tenia que hacer un esfuerzo sobrehumano para no convertirse en la asesina de su propio esposo.

Lo observó dormir, ¿qué sacaría con despertarlo?, sólo conseguiría que se diera vuelta y le dijera unas cuantas palabras incoherentes, así que se dio media vuelta y se puso en pie, se acercó a la ventana y abrió las cortinas, los primeros rayos del sol entraron a raudales en la habitación. Ella se llevó una mano al rostro para evitar un bostezo, sabía que tenia que darse prisa para ayudar a Kasumi con el desayuno, además, quería salir pronto al Hospital, estaba preocupada por su hijo, pero lo estaba aún más por Akane.

La hija pequeña de Soun le recordaba tanto a ella misma cuando tenía su misma edad, se veía reflejada en el espíritu de la chica y por eso le dolía tanto el pensar siquiera que pudiera perderla. Ella sabía que su hijo no lo soportaría, había entendido mucho antes de la explosiva declaración que hiciera Ranma la noche anterior, que ellos dos se amaban, aunque hasta el día anterior no había sopesado la intensidad de ese amor y justo ahora que su hijo se había decidido a hablar, la chica a quien ella siempre había preferido por sobre todas las demás "supuestas prometidas", se encontraba inconsciente en una cama de Hospital y ni siquiera sabían si despertaría. Nabiki le había confirmado sus sospechas, Akane se encontraba en una situación que se presentaba más crítica de lo que todos pensaban, Tofu se lo había dicho y para que el amable médico reconociera algo así, debía ser muy grave.

-Oye Nodoka, ¿qué hora es? –se sorprendió cuando escuchó la voz de su esposo dirigiéndole esa pregunta, ella lo creía dormido.

-Las 7:30.

-¿Por qué dejas entrar al maldito sol tan temprano?, conseguiste que me despertara.

-Lo siento, no fue mi intención, sólo quería bajar a ayudar a Kasumi para ir al Hospital lo más temprano posible.

-Ah sí, el Hospital, tienes razón. Y dime, ¿es necesario que yo te acompañe? –dijo incorporándose para tomar sus anteojos.

-No del todo, pero creo que sería bueno para Ranma el ver que su padre se preocupa por él y su prometida.

-Lo consientes demasiado, el chico ya es grande, además cuando lo dejamos ayer no estaba tan desesperado como nos quiere hacer creer Nabiki.

-Eso es lo que tú crees, a pesar de que pasaste tantos años con él me sorprende que no hayas logrado conocerle –dijo dándose la vuelta para cambiarse de ropa y bajar al primer piso-, por otra parte, no creo que Nabiki nos quiera engañar con algo tan serio como lo que pasó ayer. Si tú no quieres ir a verles, es tu problema, pero pienso que por solidarizar con Soun, deberías levantarte e ir a ver como sigue su hija, ¿no es tan importante para ti el que las escuelas se unan y que Ranma se haga cargo del Dojo?

-Es importante, pero si Akane no se recupera, bien podemos arreglar que nuestro hijo se case con Nabiki o Kasumi... –la mujer paro en seco todo lo que estaba haciendo en ese momento al escuchar las palabras de su esposo, se dio media vuelta dejando su ropa regada y en completo desorden en el piso y caminó con rapidez hacía donde se encontraba Genma, quien se había puesto en pie y continuaba hablando descuidadamente-...incluso pienso que sería mucho mejor que él se comprometiera con Kasumi, es lo que debimos haber hecho desde un principio, ella sería una excelente esposa, de las tres chicas es la mejor. Sí, le hablaré de esto a Tendo y...

Cualquier otra palabra que fuera a salir de su boca fue interrumpida abruptamente por la fuerte bofetada que le propinó Nodoka; Genma reaccionó de inmediato observando a su esposa con una mirada de reproche e interrogante a la vez, pero todo atisbo de valor se borró de su semblante al darse cuenta de la actitud furibunda de ella. Sus ojos, su rostro, sus manos, todo en ella demostraba la ira que estaba sintiendo y que trataba de controlar muy a su pesar. Él, siendo el guerrero que era, se sintió intimidado y por vez primera reconoció para sus adentros que había hablado más de lo necesario y con la persona incorrecta.

-¡No puedo creer lo que acabas de decir! –dijo con la voz en grito y apretando fuertemente ambos puños en una clara señal de que hacia enormes esfuerzos para no arrojarse y asesinarle allí mismo- ¡Es eso lo que realmente piensas!, ¡ves a tu hijo como una simple mercancía a la que puedes vender al mejor postor!

-Nodoka, cálmate, quizá me exprese mal...

-¡Te expresaste mal, por favor!, se muy bien lo que quisiste decir. ¡Tu hijo esta sufriendo porque la mujer que ama se encuentra grave!, ¡tu mejor amigo y toda su familia se encuentran destrozados por la misma causa!, ¡y tú sólo piensas en lo que sería más conveniente para cumplir ese ridículo acuerdo y quedarte con el estúpido Dojo! Jamás pensé que llegaría a arrepentirme de verdad al haberme casado contigo. ¡Ya no eres el hombre del que me enamore años atrás, eres... te convertiste en el ser más abominable que he conocido! –terminó airada. Se dio media vuelta, cogió sus pertenencias y caminó hacia la puerta.

-Nodoka...

-No quiero volver a escuchar que te dirijas a mí, por lo menos por un tiempo, y definitivamente no creo que sea bueno que me acompañes al Hospital

La mujer salió de la habitación, dejando atrás a un angustiado Genma que no lograba entender del todo el comportamiento de su esposa. ¿Qué tenía de malo el que pensara en el futuro de su hijo y tratara de asegurar una buena vejes para él?, además, era por todos conocido que Kasumi era la mejor ama de casas en kilómetros a la redonda, él sólo había dicho lo que pensaba, sería lo mejor para Ranma ¿no?

Sacándose sus gafas para dejarlas en la mesita de noche, volvió a sentarse en su futón, se encogió de hombros y luego se tendió dispuesto a seguir durmiendo. Si ella no quería que la acompañara, entonces él no tenía ninguna obligación de levantarse temprano, su hijo estaba sano y fuera de peligro, eso era lo realmente importante para él.

Nodoka en tanto, había salido furiosa, irritada y decepcionada del cuarto, bajó las escaleras de una forma muy poco habitual en ella, se metió en el cuarto de baño y antes de hacer ninguna otra cosa, dejo caer su ropa y apoyó ambas manos en el lavabo exhalando un gruñido de frustración, sus ojos se cuajaron de lágrimas y ya no pudo contenerse más, estalló en un llanto agobiante. ¡Cómo podía haber cambiado tanto!, el hombre del que ella se había enamorado se había convertido en un perfecto extraño, alguien desalmado, incapaz de pensar en el sufrimiento o la felicidad de otro, ni siquiera en la de su propio hijo. No, Genma pensaba sólo en la conveniencia de él. Eso era algo que ella no estaba dispuesta a soportar, podía aguantar muchas cosas, pero el que su esposo antepusiera sus proyectos a la felicidad de su único hijo no lo toleraría.

Cuando había llegado en busca de su esposo y su hijo, se había propuesto como meta recuperar a su familia, pero ahora y después de todo lo que había pasado, le daba lo mismo recuperar a su marido, sólo quería que su hijo fuese feliz, con eso se daba por satisfecha y si para eso tenía que luchar contra su esposo lo haría, sí que lo haría y entonces... hay del que hubiera osado desafiar a la leona, porque ella defendería a su cachorro con uñas y dientes.

Era cierto, Genma Saotome había cambiado, pero Nodoka Saotome también lo había hecho; se miró al espejo, secó sus lágrimas, respiró hondo un par de veces para calmarse, su semblante volvió a ser el de una mujer serena y luego se aprestó a arreglarse, tenia que darse prisa si quería ayudar a Kasumi con el desayuno, más tarde o quizá otro día tomaría una decisión con respecto a su esposo.

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Llegaron a las puertas del enorme recinto hospitalario, ambos se miraron con incertidumbre, no sabían a ciencia cierta en dónde encontrar al chico por quien habían decido ir tan temprano en la mañana.

-¿Entramos?

-Claro, de otro modo pareceremos sospechosos.

-¿Sospechosos de qué?

-De cualquier cosa, la gente sospecha de lo que sea Ryoga. Entremos.

Ukyo y Ryoga ingresaron al recinto, éste se encontraba en calma y eran pocas las personas que deambulaban por el lugar.

-Y bien, ¿qué hacemos ahora?

-Preguntar por él.

-Pero Ukyo, Ranma no es quien se encuentra hospitalizado.

-Entonces preguntaremos por Akane.

Ambos se acercaron al mesón de recepción, allí se encontraron frente a dos enfermeras, una de ellas levantó la cabeza y dejó las fichas en las que trabajaba a un lado.

-¿En qué puedo ayudarles?

-Buscamos a una paciente, fue ingresada ayer acá, del incendio del Centro Comercial.

-Ah, su nombre es...

-Tendo Akane.

-Esperen –la mujer ingresó al sistema computacional y luego volvió a mirarlos-. Tendo Akane, sí, se encuentra internada aún, pero no pueden verla. Se encuentra en la UCI.

-Pero, ¿hay alguien con ella?, quiero decir, ¿algún familiar o algo así?

-¿Te refieres al joven al que no pudieron sacar de aquí ayer? –los dos jóvenes se miraron nerviosamente y sólo asintieron con su cabeza-. Sí, él sigue acá, no ha bajado para nada desde ayer en la noche.

-Cree que... podemos hablar con él al menos.

-¿Son amigos de ellos?

-Sí –contestó Ukyo insegura.

-Voy a llamar a la UCI, veré si él puede bajar, esperen en ese sector –les indicó hacia una hilera de sillas todas juntas una al lado de otra, la sala de espera del primer piso, que era bastante más amplia que en la que se encontraba Ranma.

Ukyo se sentó en una de las sillas tratando de no pensar mucho en cómo iba a enfrentar la situación; Ryoga permaneció de pie mirando insistentemente a la enfermera que les había atendido. Al cabo de unos minutos, la enfermera les hizo señas.

-Yo voy –le dijo Ryoga a Ukyo, ella asintió.

-Su amigo viene para acá.

-Gracias –contestó el chico para luego volver al lugar en donde se encontraba Ukyo.

-¿Qué te dijo?

-Viene para acá.

No habían pasado dos minutos cuando los jóvenes divisaron una silueta muy conocida por ellos que salía de uno de los ascensores y buscaba con la mirada en todas direcciones. Lo vieron abatido, con visibles muestras de cansancio, su rostro demacrado y sus ropas sucias y arrugadas les demostraban que era cierto que no se había retirado ni por un momento del Hospital desde que había ingresado en él.

Cuando hubo ubicado a sus dos amigos, su semblante cambio, una mezcla de disgusto y curiosidad se reflejaba en él. Al avanzar y quedar a un metro de ambos, su cuerpo se tenso.

-¿Qué hacen acá? –dijo duramente-. Baje porque creí que se trataba de Nabiki o mi madre.

-Queríamos… estamos preocupados por Akane –dijo Ryoga sintiéndose cada vez más incomodo-, Nabiki nos dijo que ella…

-Ella se encuentra grave, todavía no sale del coma. Ahora, si eso era todo…

-Ranma –lo interrumpió Ukyo poniéndose de pie-, sabemos que estás enojado con nosotros, y tienes mucha razón, pero en verdad estamos muy preocupados por ella y… y por ti.

-Les agradezco el gesto, pero eso no sirve de mucho en estos momentos.

-Estamos aquí para apoyarte, sabemos como te sientes…

-No, no lo saben, ¡nadie puede saber como me siento!, ayer yo debí estar con ella, en cambio ¿dónde me encontraba?, ¡luchando contra todos ustedes!

-Pero no fue tu culpa, si hubieses estado con ella, los dos estarían aquí, ¡o quizá muertos!

-¿Y creen que por estar vivo me siento mejor?, Ukyo, desde ayer he pensado que estaría mucho mejor muerto.

Uno de los guardias se acercó a los tres chicos y los conminó a bajar la voz o serían expulsados del recinto. Por toda respuesta, Ranma le hizo una indicación a Ryoga y a Ukyo para que lo siguieran. Salieron afuera y el chico de la trenza se acercó a un enorme cedro que reinaba al centro de una pequeña plazoleta en la gran entrada del recinto hospitalario. En el tronco de aquel gran árbol apoyó su espalda cruzando sus brazos y esperando que alguno de los dos chicos que tenía en frente hablase.

-Ranma –se atrevió a hablar nuevamente Ukyo-, sé que quizá no sirva de mucho, pero quiero que sepas que puedes contar conmigo para lo que sea, y creo que también interpreto a Ryoga con lo que estoy diciendo, porque a pesar de todo lo que ha pasado entre nosotros, somos tus amigos y también lo somos de Akane, por favor, no nos apartes ahora. Tú dices que no sabemos como te sientes, puede que sea cierto y aunque jamás hallamos sentido el dolor que estas sintiendo, lo comprendemos, porque es difícil… es difícil sentir que la persona que amas se esta escapando.

El chico no contestó, se dejó caer a los pies del cedro, enfocando su mirada en el césped que crecía a su alrededor. Sus amigos lo miraban esperando su reacción. A los pocos minutos, Ranma comenzó a hablar con un tono de voz muy suave y cansino que sorprendió a ambos chicos, ellos tuvieron que hacer un esfuerzo para escucharle.

-Saben, ayer llegué a este lugar con la esperanza de que ella sólo tuviera heridas leves. Apenas ingresé me di cuenta de que la cosa era seria, había mucha gente, desorden por todos lados, aún así me las arreglé para que un par de enfermeras me ayudaran, todavía no entiendo por qué lo hicieron, pero gracias a su intervención he podido permanecer cerca de ella.

Al principio pensé "Akane es fuerte, es la mujer más fuerte y testaruda que he conocido, no debo preocuparme, pronto estará gritándome y golpeándome, como siempre lo ha hecho", pero ya han pasado quince horas y ella no reacciona –hizo una pausa para arrancar un poco de pasto y jugar con el entre sus manos. Ukyo y Ryoga lo miraban atentos, jamás lo habían visto así, tan apesadumbrado-. Tofu dijo que era cuestión de tiempo, pero he visto cosas que me preocupan. Cuando llegué y me dejaron ingresar a la UCI, había quince personas internadas incluyendo a Akane, luego llegaron siete más. De esas veintidós personas, ¿saben cuantas permanecen con vida?...cinco.

Esta mañana pude ver como le comunicaban a dos personas que uno de sus seres queridos acababa de morir, francamente no hubiese querido estar allí, fue desgarrador y aunque sé que es egoísta pensar así y me da vergüenza reconocerlo, me alegré de saber que se trataba de otra persona, tal vez una niña o un anciano, qué sé yo, pero lo único que me importaba era que no se trataba de Akane.

No pueden imaginar la angustia e impotencia que se siente el saber que pasan y pasan las horas y ella no despierta; cada vez que sale una enfermera o un médico de ese maldito pasillo, pienso que viene a buscarme para decirme que ella despertó, que ya podemos irnos a casa, que volveré a ver su sonrisa, pero luego se alejan sin decirme nada y vuelvo a sentir esta angustia que me está matando –dijo agarrando fuertemente su camisa por la parte que cubría su pecho; una nueva pausa se produjo. Ranma acercó sus piernas dobladas a su pecho y las rodeo con sus brazos, como si tratara de abrazarse el mismo, apoyó su mandíbula en sus rodillas y continuó hablando-. Nunca en mi vida he sentido tanto miedo. Estoy aterrado, cada minuto que pasa siento que ella se aleja un poco más; todos me dicen que tenga fe, que ella es fuerte, que confíe en ella y yo confío en ella, es la persona en quien más confío, les prometo que trato de darme valor, pero luego, el tiempo pasa y ella sigue en esa cama, ¡ni siquiera sé dónde está, no me han dejado verla! –dijo enfocando su mirada en el tercer piso del Hospital-. No puedo soportarlo más, el temor crece cada vez más dentro de mí. Si ella no vuelve, si de pronto ellos me dijeran que no resistió y que hicieron todo lo posible…yo no sé que haría, yo la necesito, la necesito aquí conmigo para seguir viviendo, si ella muere…

Ranma no pudo seguir hablando, ante el estupor de los dos jovenes que se encontraban de pie a ambos lados, él no aguantó más y comenzó a llorar abiertamente. Lloraba con tanta angustia y desesperación que a veces le faltaba el aire.

Ryoga y Ukyo no daban crédito a lo que veían, el engreído y arrogante artista marcial estaba deshecho frente a ellos, su dolor y angustia eran tan grandes que no le había importado que su rival lo viese en ese estado.

Ukyo comenzó a llorar en silencio, el verlo sufrir tanto hacia que se sintiera desolada. Ryoga tragó duro y se inclinó al lado del chico, posó su mano en su hombro para luego acuclillarse a su lado. Ranma lo miró con el rostro empapado.

-Tengo tanto miedo Ryoga…tanto…y me siento tan impotente…

-Ella saldrá bien de ésta, como siempre lo ha hecho. Es una excelente persona, no pueden llevársela todavía, queda mucha gente a la que tiene que ayudar.

El chico de la trenza logró controlar el llanto y se pasó uno de sus puños por los ojos para secarlos.

-¿Sabes por qué tardó tanto en salir del Centro Comercial?

-No.

-Ella encontró a una niña pequeña –dijo sonriendo levemente-, la niña estaba perdida. Si no hubiera sido por Akane, ahora la pequeña estaría muerta –sacó el pañuelo del que se había servido Akane para cubrir la boca y nariz de la niña en el escape y se lo enseño a Ryoga-. Es el pañuelo que llevaba en su cabello, en vez de utilizarlo para cubrirse, se lo dio a la niña. Ella aspiró todo ese humo tóxico. Cuando entre al Centro Comercial y de casualidad encontré a la pequeña junto a su madre, ella me devolvió esto –dijo mirando fijamente el pañuelo en tonos rosa, que se encontraba ennegrecido por el humo-. La madre de la pequeña se refirió a Akane como un ángel…yo quiero a mi ángel de vuelta Ryoga, ya no puedo vivir sin ella ¿entiendes?, ¡no puedo ni quiero vivir sin ella!

Se hizo un pesado silencio nuevamente, sólo interrumpido por el suave sonido que provocaban las hojas del cedro al moverse con el viento. El chico de la trenza se puso de pie secundado por Ryoga, miró nuevamente hacia el tercer piso y continuó hablando de forma más calmada.

-Me hizo bien hablar con ustedes, disculpen por la forma en que los recibí, pero aún me sentía disgustado.

-No tienes de que disculparte Ranma –contestó Ryoga.

-Gracias por haberme escuchado, realmente son buenos amigos. Ahora tengo que regresar, puede haber sucedido algún cambio y ya me he tardado mucho.

-Sí, entiendo –el chico de la trenza se disponía a regresar al interior del Hospital cuando Ryoga lo detuvo-. Oye Ranma, te diste cuenta de que estuvimos a la sombra de un Sugi (1)–el aludido miró fijamente el árbol y asintió-, es una buena señal ¿no crees?; ella se repondrá antes de lo que imaginas, sólo debes tener un poco más de paciencia.

Ranma hizo un gesto con su cabeza y sonrío, luego se fue corriendo en dirección a la entrada del Hospital.

Los dos chicos se quedaron de pie un momento sin dirigirse la palabra mirando por donde había desaparecido Ranma; Ryoga pensando en lo valiente que había sido el chico de la trenza.

-"Realmente es admirable…aunque me cueste reconocerlo"-pensó.

Ukyo había secado sus lágrimas y ya se encontraba más tranquila.

-"Hasta ahora no había comprendido la intensidad de tus sentimientos Ranma, espero que pronto puedas compartirlos con ella, merecen ser felices"

-¿Nos vamos? –preguntó Ryoga sacándola de sus pensamientos.

-Sí. ¿Ryoga?

-Dime.

-¿Me acompañarías al Templo? –él la quedó mirando extrañado, ella le sonrío-, quiero pedir para que Akane se recupere pronto.

El chico sonrío y asintió, ella lo tomó del brazo y comenzó a caminar, no percatándose del sonrojo que provocaba con esta acción en el chico que caminaba a su lado.

-Creo que hay un Templo a unas cuantas cuadras de acá.

Él no contestó, se dejó guiar por ella sin prestar mucha atención por donde iban. Se alejaron del Hospital caminando despacio y en un cómodo silencio.

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Ya era media tarde en Nerima, las dos hermanas Tendo, junto a su padre y su tía Nodoka habían llegado temprano al Hospital, turnándose para subir donde permanecía Ranma quien se mostraba más obstinado que nunca en no abandonar el sitio en el cual se encontraba.

Nabiki, después de haber conversado con todos los que estaban con ella, había decidido que lo más conveniente era que Kasumi y Nodoka se quedaran en el Hospital y cada cierto tiempo se turnaran para acompañar a Ranma y que ella y su padre volvieran al Dojo, ya que no serían de mucha utilidad allí, además, como Tofu había llegado antes que todos ellos y se encontraba junto a Akane, sabrían de inmediato si se producía alguna noticia. Le costó bastante convencer a su padre, pero al final, éste accedió.

Así las cosas, a las 15:00 hrs. Tofu había salido de la UCI, viendo a Ranma sentado junto a su madre, quien no se cansaba de darle palabras de apoyo a las que él apenas si prestaba atención. El médico se acercó en silencio a ellos.

-¿Alguna novedad? –preguntó Ranma al verlo.

-Ninguna –dijo el doctor con pesadumbre- ¿quieren algo de tomar?, puedo ir en busca de algo.

-No –dijo Ranma desviando la vista hacia el ventanal.

-Ranma, tienes que comer algo o por lo menos beber alguna cosa, la enfermera que estuvo de turno anoche me comentó que sólo habías comido un par de sándwich y un té y que apenas has dormido una o dos horas en estos sillones. Me preocupas, tienes que descansar y alimentarte.

-No tengo hambre y por lo del descanso, te aseguro que esas dos horas fueron más que suficientes.

-De todas formas te traeré algo, y lo comerás sin reclamos, ¿entendido? –diciendo esto se retiró dejando al chico bastante malhumorado.

-El doctor Tofu tiene razón hijo, debes reponer energía, sé que tal vez no tengas ganas de comer pero debes hacer un esfuerzo.

-Hum.

-Vamos, además, ni siquiera te has cambiado. Tu ropa esta sucia y da muy mal aspecto. ¿Que tal si vas rápidamente a casa y te cambias de ropa?, no creo que pase nada si te ausentas una media hora.

En ese momento volvía Tofu con unos bocadillos.

-Tu madre tiene razón Ranma. Te propongo un trato –Ranma lo miró de forma reticente-. No es nada malo, te lo prometo. Si te comes y bebes lo que te traje, vas a tu casa, te bañas y cambias de ropa, cuando vuelvas yo te prometo que te dejarán entrar a ver a Akane.

El chico lo observó sin llegar a creer del todo en lo que acababa de escuchar.

-¿Lo dices en serio?, ¿no estás tratando de engañarme para que salga de aquí? Si hago lo que dices, ¿me dejarán volver?

-Claro que lo harán, te doy mi palabra.

Ranma no contestó, le arrebató la bolsa con comida que traía Tofu y se dispuso a comer y beber su contenido.

-Voy a confiar en ti Tofu –dijo comiendo apresuradamente-. Si me estas engañando te puede ir muy mal.

-No te estoy engañando, cuando vuelvas podrás verla, te lo prometo.

-Bien.

No pasaron cinco minutos cuando el chico de la trenza había acabado con todo lo que había en la bolsa.

-Ahora me voy a casa, pero sólo por media hora y cuando vuelva…

-Sí, sí, date prisa.

Ranma se puso de pie y se apresuró en salir del Hospital, pensando que en sólo media hora podría volver a ver el rostro de su prometida. Nodoka y Tofu lo observaron hasta que desapareció.

-Ahora tengo que llamar a Nabiki.

-¿Para qué doctor?

-Le suministre un calmante a Ranma en su bebida –admitió tranquilamente el doctor ante una sorprendida Nodoka-, no teníamos opción, él necesita descansar un poco. No se preocupe, el calmante hará efecto exactamente en veinte minutos, tiempo suficiente para que él llegue al Dojo, tome un baño, pero no alcance a volver. Dormirá un par de horas y podrá regresar tranquilo y descansado.

-¿Tranquilo doctor?, no, no. Él no regresará para nada tranquilo después de enterarse de lo que usted le ha hecho.

-Asumo toda la responsabilidad –dijo sonriendo, luego caminó hacia el teléfono adosado en la pared, descolgó y marcó el número de la casa Tendo.

Mientras tanto, el chico de la trenza se dirigía a toda velocidad al Dojo, calculando minuciosamente todo lo que haría para reducir el tiempo al máximo y poder estar de vuelta en el Hospital lo más rápido posible. Divisó las puertas del Dojo y se apresuró aún más.

Cuando llegó, irrumpió en la casa sin decir una palabra a nadie, subió a su habitación, sacó unas cuantas prendas de ropa y enseguida se dirigió al cuarto de baño, tomó una rápida ducha y cuando salió para vestirse, sintió un leve malestar. La cabeza le daba vueltas y sentía un leve temblor en sus piernas.

-Tofu tiene razón, debo estar un poco débil –se dijo para si. Cuando terminó de vestirse salió del baño, pero su cuerpo no respondía con la agilidad que le caracterizaba- maldición, ¿qué me sucede?, esto es como si… hubiese perdido mi fuerza…otra vez…me siento tan…-cayó de rodillas al suelo, luego una oscuridad profunda se apoderó de su sentido de la vista y ya no supo de nada más.

Entonces, Nabiki avanzó hacia donde se encontraba su cuñado y lo observó por algunos segundos.

-Podría dejarte aquí mismo para que durmieras –dijo sonriendo-, no, sé que luego me arrepentiría, después de todo no soy tan malvada –acto seguido se agachó para tratar de levantarlo –¡Diablos, como pesas!, y mi hermana que no tiene dificultades en mandarte a volar. Me gustaría saber cómo lo hace.

La chica se dio por vencida. Decidió que lo mejor sería llamar a su padre para que se hiciera cargo.

Soun y Genma llevaron a Ranma a su habitación y lo acostaron. En la puerta de la habitación esperaba Nabiki con sus brazos cruzados.

-Nabiki, ¿realmente crees que haya sido una buena idea dormirlo?

-Fue idea de Tofu, yo no tuve nada que ver. Y aunque creo que despertará furioso, el pobrecito se encuentra tan cansado que necesita unas cuantas horas de sueño, aunque sea de manera forzada.

-Tienes razón.

-Bien, ahora saldré un momento, tengo que juntarme con alguien.

-¿Y que hacemos si despierta?

-Es tu hijo tío Genma, deberías saber como controlarlo. Hasta luego.

Ambos hombres se quedaron observando al joven dormido, se miraron encogiéndose de hombros y salieron de la habitación.

Entretanto, Nabiki caminaba silenciosamente por las calles de Nerima, cualquier persona que la hubiese visto pensaría que era una chica sin ninguna preocupación que había decidido dar un paseo durante esa apacible tarde, pero eso era sólo en apariencia, porque Nabiki Tendo estaba utilizando toda su sagacidad para pensar en la mejor forma de conseguir que la persona con la que iba a entrevistarse accediera a prestarle sus servicios sin cobrarle nada por ello.

-Es un caso que a cualquier abogado deberia interesarle, puede ganar mucho prestigio, además tiene muchas posibilidades de ganarlo. Suerte que Hanako consiguió que su padre interviniera para que él me recibiera –una sonrisa de satisfacción apareció en el rostro de la chica-, tengo que reconocerlo, mis contactos son excelentes, gracias a ellos estoy casi segura de que contaremos con el mejor abogado de Tokio y podremos sacar una buena ganancia de toda esta situación. Nadie ni nada lastima a alguien tan importante para Nabiki Tendo sin recibir lo que merece a cambio.

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Se estaba produciendo el cambio de turno en el Hospital, Haruka había llegado para relevar a Hana y tomar el turno de noche, el trabajo no había sido tan arduo como el día anterior y eso era un gran alivio para todo el personal tanto del piso, como del Hospital en general.

-¿Cómo estuvo todo Hana?, ¿alguna novedad?

-Sí, esta madrugada, la paciente del cuarto 308 tuvo una crisis y no pudieron salvarla.

-Oh, que lamentable, tenía toda una vida por delante.

-Sí, pero la vida no siempre es justa.

-En eso tienes razón. Oye, y nuestro principe.

-Lo engañaron para que fuera a descansar unas horas a su casa.

-¡Lo engañaron!

-Como lo oyes. El doctor Tofu, ese que es amigo del doctor Matsuda lo convenció de que si se alimentaba e iba a cambiarse a su casa, cuando volviera podría ver a la chica. El príncipe accedió, pero el doctor le había agregado un calmante a su bebida, el cual debe haber hecho efecto porque no ha vuelto a aparecer.

-Pobrecillo, cuando vuelva no quisiera estar en los zapatos del doctor Tofu.

-Es verdad, aunque creo que el doctor hizo lo correcto, el chico necesitaba descansar.

-Estoy totalmente de acuerdo contigo. Y dime, ¿la chica ha evolucionado?

-No. A veces muestra una mejoría, pero luego vuelve a decaer.

-Bueno, no te quito más tiempo, ya bastante has hecho al cubrirme por unas horas más de lo habitual.

-No es nada, para eso estamos las amigas.

-Gracias Hana.

-Hasta mañana.

Las enfermeras se despidieron y Haruka comenzó a hacer su trabajo.

Mientras tanto, en la salita de espera, Nodoka y Kasumi se encontraban sentadas una al lado de la otra y conversaban de vez en cuando con otras personas que se encontraban en la misma situación que ellas, esperando alguna noticia de sus seres queridos.

Allí se habían enterado de algunas cosas que no sabían con respecto a las explosiones, como que efectivamente, los sistemas de detección de humo y posterior apagado de incendio no habían funcionado en todo el Centro Comercial, al parecer porque la mantención de ellos no se había realizado de forma adecuada.

También habían sabido que el incendio se había generado en el sector de entretenimiento, vale decir, en donde se encontraban las salas de cine y los distintos restaurantes, y que se creía que había sido causado por la inflamación de alguna cocina o algo similar de uno de los restaurantes generando la explosión y posterior propagación del fuego por todo el recinto.

Las personas que se encontraban reunidas compartían todo su sufrimiento y esperanzas, algunas como Kasumi y Nodoka confiaban ciegamente en la recuperación de sus seres queridos, otras por el contrario se mostraban pesimistas y perturbadas.

-Mi hija trabajaba en una de las tiendas próximas al lugar donde todo empezó –comentó una señora mirando atentamente sus manos-, lo que me han dicho es que los rescatistas llegaron una hora y media después de la explosión y la encontraron tendida bajo un montón de escombros y fierros retorcidos. Al tratar de escapar, una de las paredes del local se vino abajo sepultándola. Obviamente llegó inconciente y los doctores temen que cuando despierte, si es que despierta, quede con alguna secuela, ya que el daño neurológico que encontraron en su cabeza es grave, además me informaron que debido a la manera en que cayó toda esa estructura sobre su espalda, es muy posible que no pueda volver a caminar…

-Pero al menos se encuentra con vida –dijo Nodoka tratando de darle ánimo.

-¿Hasta cuándo? –contestó ella-. Lo que más lamento es que yo la incentive a que buscara un trabajo, si yo no hubiese insistido, ella ahora estaría en casa conmigo y no aquí.

-Pero fue algo que nadie pudo prever. Creo que todos los que estamos aquí tenemos ese sentimiento de culpa porque de alguna forma nos sentimos protectores de cada uno de nuestros seres queridos, pero en un caso como este no podríamos haber hecho nada por protegerles.

Nodoka dejó de hablar en ese mismo instante, ya que todos se alarmaron al sentir un penetrante sonido proveniente de la recepción, luego vieron que en cuestión de segundos, la enfermera marcaba números en el teléfono y luego vieron a personal médico que salía corriendo por la mampara de división y luego volvía a entrar cargando distintos implementos.

-Algo sucede –dijo un señor que se encontraba de pie y hasta ese momento había permanecido observando los distintos tonos que reflejaba el paisaje del atardecer-, algo pasa dentro de una de las habitaciones.

Kasumi apretó el brazo de Nodoka, la mujer puso su mano sobre la de la chica y le dio pequeños golpes.

-No te preocupes, sabes que Tofu se encuentra con ella, todo saldrá bien.

-Voy a preguntar que sucede –se precipitó el hombre que había hablado con anterioridad.

-Yo también –dijo otra mujer y salió tras él.

Al final, todos los que se encontraban allí se pusieron en pie y avanzaron al mesón de recepción, Haruka trataba de calmarlos, pero le era una tarea casi imposible. Kasumi y Nodoka habían guardado cierta distancia y escuchaban el parloteo de toda esa gente que increpaba a la pobre enfermera.

-Tranquilos, todo esta bien, en estos momentos están atendiendo al paciente.

-¡Pero díganos quién es!

-Es en la habitación 310, la paciente es Tendo Akane.

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Notas Finales:

1.- Uf!...sinceramente me costo mucho escribir este capítulo. Poner en palabras sentimientos tan intensos y tratar de trasmitirlos a ustedes, que me han acompañado en este camino ha sido una tarea muuuyyy difícil. Espero haber conseguido en parte el objetivo.

2.- (1) Por lo que sé, el Sugi (o cedro japones, aunque supe que no es correcto designarlo con ese nombre porque no pertenece a la familia de los cedros), es el árbol nacional de Japón, además, tiene cierta connotación religiosa (se encuentra en todo el país, pero sobre todo, cerca de los Templos). Por tratarse de un árbol con caracteristicas sagradas, me parecio bien incorporarlo como signo de buen presagio, aunque no sé si sea lo correcto (probablemente no lo sea).

3.- Nos encontraremos en el próximo capitulo. Gracias por seguir junto a mí. Cuidense y buena suerte para ésta semana!

Madame De La Fère – Du Vallon.

* ¿de verdad nadie puede decirme si el restaurante de Ukyo tiene segundo piso?. Si alguien lo sabe, que me aclare ese punto, por favor. Sólo tienen que escribir sí o no, ¿bueno?. Gracias.