Ultimo pecado: Siete pecados
"Un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable de manera tal que en su deseo, el hombre comete pecados, todos los cuales son originados en aquel vicio como su fuente principal" (Santo Tomás)
La apretó más contra su cuerpo y ella suspiró en el mismo momento en que el abrazo se hacia más férreo. Kagome continuó con los ojos cerrados y en aquel estado de maravillosa somnolencia, le encantaba estar en sus brazos. Se sentía cuidada, se sentida protegida; pero por sobre toda las cosas se sentía amada.
Si ella misma hace dos años atrás pudiera verse ahora, estaba segura que a pesar de verlo con sus propios ojos no lo creería.
Tenía ese toque de extraño y hermoso.
Cada año, mes, días, horas, minutos y segundos eran extraños porque los vivían con una intensidad única, una intensidad que hacia ver esos momentos hermosos e irrepetibles. Como si nunca más volvieran a darse.
Vivían el ahora sin esperar al mañana, aunque inconscientemente lo esperaban con el anhelo de continuar juntos.
Ella por lo menos tenía esa fantasía. Como la fantasía que hace dos años atrás tuvo cuando comenzó todo ese juego. Ella sabía que había comenzado como un juego, él no tenía porque decirlo. Y nunca se lo dijo en estos dos años de relación.
Para Inuyasha era un secreto. Para Kagome también era un secreto…solo que mal guardado.
—Te amo.
Ella abrió los ojos sorprendida y sin despegarse de su pecho trató de buscar la mirada de él. Sus palabras calentaban su alma y como siempre sucedía su corazón corría rápido en su pecho.
Inuyasha distaba mucho de ser una persona expresiva con sus sentimientos al contrario, él no solía decirle con tanta libertad 'te amo'. Aunque ella sabía que él la amaba como ella a él. Pero no podía negar que la encantaba que se lo digiera.
Su voz sonaba dulce para sus oídos, pero podía notar un tinte de posesividad que más haya de enfurecerla la enternecía.
Avaricia
Kagome soltó una risita ante el pensamiento y volvió a acomodarse nuevamente en el cálido pecho de su novio. Lo escuchó soltar un gruñido, y conociendo como lo conocía sabia que se había enfadado. Podía jurar que por su forma de comportarse era descendiente de algún demonio del antiguo Japón.
Se reincorporó un poco, lo suficiente para sentarse y poder verlo con plenitud. Inuyasha tenía el ceño fruncido y la mirada que le daba era acusadora y molesta.
—¿Sucede algo? —ella preguntó con voz calma, acomodándose para poder entablar una conversación con él. Inuyasha masculló una palabras que ella no llegó a escuchar a pesar de encontrarse en total paz en el patio de la universidad.
—¡Ja! —él apartó sus manos de la cintura de ella y se cruzó de brazos ofendido. ¿Todavía se atrevía a preguntarle de forma tan tranquila?—. Claro que no
Kagome no tenía que ser adivina para saber que él le había hablado con sarcasmo. Ahora era ella quien competía con él con el ceño fruncido.
—Sino quieres decírmelo ¡genial!, pero tampoco me trates de ese modo —Kagome se reincorporó enfadada con rapidez. Últimamente estaba mucho más susceptible cuando Inuyasha le respondía de aquella forma. Sabía que no tenía porque enojarse de ese modo, pero es que estaba cansada en algún punto y explotaba a la mínima chispa.
Ella no llegó a recoger la mochila que estaba justo al lado de Inuyasha porque antes que lo haga él la había aferrado del brazo y jalado nuevamente hacia él para quedar presa en sus brazos.
—¿Piensas huir de mi, pequeña? —el tono jugaron con el que él le hablaba de forma ronca pero severa en el oído logró que se quedara quieta en sus brazos. Ella no pudo notarlo, pero él sonreía victorioso al sentir las reacciones en el cuerpo de Kagome—. Eres mía y nada más que mía.
Siempre era lo mismo, él le respondía de mala forma, ella se enfadaba y cuando quería huir de Inuyasha; él siempre se las ingeniaba para acercarla a su cuerpo y susurrarle palabras posesivas al oído. Por Kami, sentía que se derretía en sus brazos cada vez que él hacia eso. Le encantaba la forma en la que él la amaba.
Tan posesiva…Tan avara.
No solo la hacia sentirse así, sino también deseada.
Gimió cuando él la besó con fuerza y dejando en claro que toda ella le pertenecía nada más que a él. No existía Houyo, no existía Kouga o algún otro hombre que ella pudiera conocer. Solo existía para ser querida, amada y deseada por él.
Inuyasha sabía que aquella mujer solo le pertenecía a él. Era endemoniadamente un avaro, y mucho más lo era con la mujer que respondía su beso con el mismo ímpetu.
Cuando logró separase de él sentía las mejillas arder como si fuera el primer beso que hubieran compartido. Ese no era el primero y mucho menos el último, pero la forma en la que Inuyasha la besaba la hacia delirar en sus propias sensaciones de típica mujer enamorada.
Él le devolvió una sonrisa arrogante y ella se sintió burlada por responder de esa manera a sus besos.
Él sabía todos sus puntos débiles, la tenía donde la quería.
Kagome quiso proporcionarle una buena cachetada para quitarle esa sonrisa socarrona del rostro pero, antes de que pudiera hacerlo, Inuyasha la cómodo otra vez sobre su pecho y soltó al aire un bostezo para nada delicado.
Pereza
Tendría que poner en orden su vida y volver a ser la joven responsable que era. Inuyasha estaba contagiándole sus mañas, o mejor dicho sus pecados.
Kami-Sama, sabía que se estaba volviéndose una perezosa como él.
Le proponía que se saltaran un par de clases, como precisamente en este momento lo estaban haciendo, sentados bajo las protectoras ramas del mismo árbol que dos años atrás había visto el comienzo de su juego, disfrutando del silencio y la compañía mutua. No podía negar que era un hermoso día como para pasárselos encerados en alguno de los, ahora, lúgubres salones y, además, era oficialmente dependiente de Inuyasha. Lo necesitaba junto a ella si fuera posible las veinticuatro horas del día, los trescientos sesenta y cinco días del año.
Viéndolo de ese punto no estaba del todo mal faltar a un par de cátedras para disfrutar de la calma que les brindaba ese hermoso día de primavera y la compañía de su novio.
Volvió a cerrar los ojos siendo acunada por el vaivén del pecho de su novio y el tranquilo latido de su corazón. No había en este mundo mejor calma, mejor paz que ésta que ahora ambos estaban sintiendo. Disfrutando en silencio del uno y del otro.
Podría pasar siglos enteros en los brazos de Inuyasha.
Nunca se cansaría de la forma protectora que la abrazaba cuando ambos dormían juntos, como si él tuviera miedo de que ella pudiera irse de su lado o evaporarse como el agua.
Abrió sus ojos con parsimonia observando el rostro pacifico de la chica que cómodamente se encontraba sobre su pecho. Con movimientos lentos acomodo mejor su espalda en el árbol para no terminar resbalándose.
En estos dos años donde en su lista el único nombre que existía era el de su novia, le hacia recordar todo lo vivido. Los momentos juntos, esos agridulces a los que siempre se enfrentaba.
—¿Sucede algo?
La voz calma y dulce de ella lo hizo salir de las lagunas de su mente. Pestañeó varias veces siendo observando atentamente por los ojos chocolates de Kagome que esperando su respuesta.
Soberbia
Por una acto reflejo que casi había adquirido desde que comenzaron su relación, sus ojos viajaron a los labios femeninos que estaban entre abiertos invitándolos a ser besados hasta el fin de los tiempos.
Y, si fuera por él, vendería su alma al diablo si es que no podía besar esos labios.
—¿Inuyasha? —ella levantó ambas cejas cuando notó con claridad la sonrisa arrogante que se formaba en el rostro de su pareja. Esas sonrisas tenían la capacidad de dejarla sin habla—. ¿Q-qué…?
Volvió a sonrojarse ante la mirada tan cargada que él le estaba dando, no necesitaba si él quería desnudarla; porque con sólo mirarla lo estaba haciendo.
Una de las manos masculinas atrapó el mentón de la indefensa presa que tenía en brazos para impedirle alguna posible escapatoria, aunque él sabía que ella ya no tenía porque escapar y mucho menos deseaba hacerlo.
—Deseas que te bese —susurró aquella afirmación sobre los labios carmesí femeninos. En realidad él estaba muriéndose si no la besaba, pero no lo admitiría. Había cosas que jamás lograría admitirle aunque interiormente las sabía.
Más allá de todo él seguiría siendo un soberbio en algunos aspectos.
La pequeña presa pareció temblar bajo el roce de sus labios con los de ella y su sonrisa se agrando con total simpleza. El irregular respirar de su novia le caía en el rostro mientras lo observaba a la expectativa de su siguiente avance. Sólo tenía que avanzar medio centímetro más y estaría disfrutando nuevamente de aquella boca sin necesidad de demostrarle lo vulnerable que era ante ella.
Pero su plan no salio como esperaba.
En menos de un segundo toda la fuerza de habla y voluntad que Kagome parecía haber perdido para estar mansamente en su brazos y a su merced había regresado.
No tenía ni la menor idea de cómo ella se logró separar de él y estar de pie mirándolo de forma acusadora y retadora.
—Aléjate de mi, Taisho —dijo ella tomando la mochila que estaba junto a sus pies y comenzando a irse. Se voltió indignada con él y con ella misma. Con ella por ser tan débil a sus encantos y con él porque seguía siendo un maldito soberbio que prefería proliferar su orgullo machista.
¡Ella no había querido besarlo! ¡Él había querido besarla!
Aunque inconscientemente una parte de ella sí quería en realidad besarlo, pero eso era un tema totalmente al margen.
—Oh, claro, ya entiendo, Kagome —hablo él con algo de burla desde la posición en la que todavía se encontraba observando la espalda de su novia. Se rió —. Primero te mueres por besarme y luego te alejas como si tuviera peste.
Ella paró en seco ante sus acusaciones y lo fulminó con la mirada. ¿Qué ella que…?
—¡Tú eras el que quería besarme! —gritó acercándose algunos pasos hacia él pero sin estar lo suficientemente cerca—. Yo no quería besarte.
Él se reincorporó del pasto pero no avanzó ningún paso.
—Para mí era todo lo contrario, pequeña.
Esa era la gota que rebalsada el vaso. Inuyasha la observaba con burla y ella no podía sentirse mas ofendida.
—¡Siempre tan soberbio! —bramó ella con fuerza mientras se cruzaba de brazos y él al instante cambiaba su rostro burlón por un rictus de malestar.
¿Así que ahora él era soberbio? Bien, eso no era un descubrimiento, pero que ella se lo echara en cara como si fuera el peor de los pecados, no le gustaba en lo absoluto.
Si él era el rey de los soberbios, bien…pero ella era la reina de la soberbias.
Envidia
Kagome suspiró hondamente bajando sus brazos a los costados de su cuerpo antes de darle una última mirada a Inuyasha.
La tranquilidad del momento no solo se había interrumpido por su discusión banal, sino también por los diferentes grupos de estudiantes que ahora caminaban tranquilos llenando el patio de la universidad.
—Tomare la siguiente clase —afirmó ella casi en un murmullo pero que de igual forma él pudo lograr escuchar con claridad.
Inuyasha se había quedado estático en el lugar sin poder replicar absolutamente nada.
La sensación de deja vu que experimento al verla otra vez sentada al lado de ese tal Houyo fue inexplicable. Como si hubiera retrocedido dos años en el tiempo y se encontrara viéndola en brazos de Bankotsu.
Se rió ante el pensamiento a pesar de la tristeza que sentía, no le importaba qué estuviera explicando la profesora que daba aquella cátedra. Ahora sabía que importancia tenía cada uno de esos hombres en la vida de ella.
Bankotsu era nada más ni nada menos que el primo de Miroku. Ahora que lo pensaba bien, cuando se enteró de cómo su amigo conseguía la dichosa información gracias a sus fuentes "especiales" tuvo deseos de ahorcarlo. Y mucho más que le haya ocultado que conocía a la perfección a Kagome.
Bankotsu podía ser el primo de Miroku, pero también era el amigo homosexual de su novia muchos años antes de que él se fijara en ella.
Se hubiera reído de sí mismo si se hubiera visto hace dos años, pero aquello le había servido para darse cuanta de cuanto necesitaba a la muchacha de cabello azabache y mirada chocolate.
Ahora tenia envidia de Houyo. Tenía la misma aprensión en el pecho que aquella noche cuando ella se abrazo a Bankotsu.
Ella había legado a su vida para poner su mundo de cabeza, y continuaba haciéndolo.
No supo cuanto tiempo paso hasta que la clase termino y todos volvieron a abandonar el salón.
Salió a buscarla con rapidez y la encontró más pronto de lo que pensaba, siendo como en los viejos tiempos acompañada por aquel tonto que bien sabia él seguía enamorado de su novia.
—Déjala en paz —advirtió Houyo con la mirada puesta en quien era su contrincante desde hacia dos años. A pesar de saber bien cual era la relación que tenía Kagome con ese hombre a él le importaba en lo más mínimo. Iba hacer que ella se diera cuanta de lo que equivocada que estaba y finalmente terminara enamorándose de él.
Inuyasha no contuvo las ganas de reírse y lo hizo sin importarle la seriedad que podía notar en las palabras de quien era prácticamente el perro faldero de su novia. Kagome lo miraba entre seria y consternada y podía sentir como poco a poco el clima se volvía cada vez más tenso. Estaba un poco sorprendía por esa reciente muestra de valentía por parte de su compañero y amigo, pero sabía que eso no servía con Inuyasha. Había una clara y notoria diferencia en la contextura física de cada uno y sabía mejor que nadie que ambos tenían deseos de solucionar esto no por el medio diplomático.
—¿Acaso no me escuchaste, Taisho? —siguió instigando Houyo con una sonrisa de oreja a oreja en el rostro. Lo vio avanzar y, para su sorpresa, Kagome, quien se encontraba a su lado, también avanzó para interponerse en el medio de ambos—. Déjalo, Kagome, no ves que es hombre de espectáculos.
Kagome pudo escuchar una risa proveniente de Houyo y un gruñido casi animal de Inuyasha.
—No lo hagas —le suplicó ella mientras lo miraba fijamente tratando de persuadirlo y sus manos se cerraban en la camisa que él llevaba—. Por favor, Inuyasha.
Él ladeó el rostro hacia la izquierda y evito verla. Siempre era lo mismo, defendía a los demás y por último a él. Aquella cucaracha merecía que lo matara ahí mismo en el pasillo de la universidad. ¡Ja! Intentar burlarse de él y retarlo, simplemente era tan poco hombre; haciéndose el valiente delante de una mujer.
Ira
Inuyasha la apartó de su lado sin ninguna delicadeza y Kagome tuvo que ser sujetada por Houyo para que no perdiera completamente el equilibrio.
—Quédate con él —le aclaró ronco a quien hasta ese momento había sido su pareja y evito por todos los medios caer ante la mirada que ella le devolvía por sus palabras.
Kagome volvió a sentir como si su mundo se desmoronaba en ese mismo instante con tanta facilidad que asombraba. Inuyasha no podía estar hablando en serio.
Cuando ella estiró su mano para sujetarlo a pesar de la mirada de hielo que le daba, él se dio vuelta y se mezcló entre los estudiantes que intentaban salir a tomar un poco de aire fresco.
¿Acaso él….acaso él hablaba en serio?
Se soltó de Houyo pese a la replica de éste y caminó lo más rápido que pudo entre el mar de personas para alcanzarlo. El trayecto hasta poder salir al patio de la universidad fue el más largo de toda su vida.
Daba por descartado que se encontrara en el mismo lugar donde horas antes ambos estuvieron, tenía que pensar rápido en dónde se había metido y pronto. Sólo se le vino a la mente un lugar en particular.
No lo medito mucho, solamente actuó implorando a Kami que él siguiera en la universidad para este entonces. Tenía el presentimiento que esta vez no habría alguna nueva oportunidad, que las palabras de él iban muy enserio como para dejarlas pasar por algo del momento.
El alma pareció volverle al cuerpo cuando pudo divisarlo. Caminó con pasos lentos y firmes, aunque la verdad todo el interior de ella se removía. Él estaba apoyado contra la pared con los ojos cerrados y las manos detrás de la nuca en una clara señal de relajación.
Le dolía saber que al parecer a él le importaba en lo más mínimo la discusión de hacia solo unos momentos.
—Inuyasha —ella pronunció su nombre en un murmullo cuando estuvo lo suficientemente cerca de él para que la escuchara. El estomago se le contrajo de tal manera el ver la mirada que ahora él le de regalaba. Tenía que tomar valor—. Necesitamos hablar.
—Vete —ordenó con voz gutural y resentida. No quería verla, las cosas ya habían quedado lo bastante claras. Ella había preferido defender a ese estúpido, ella siempre ponía a los demás delante de él.
Kagome avanzó otro paso decidida, a pesar de la mirada que él tenía sobre ella, le traía ciertos recuerdos de aquella vez donde se había atrevido a lastimarla. Su mirada era la misma, más dura, más resentida.
—Por favor, Inuyasha —suplicó con lágrimas en los ojos. Pudo notar como el contacturaba el rostro y la observaba como si de verdad pudiera lastimarla con una simple mirada—. Tienes que entender.
Él soltó una risa sarcástica mofándose de sus palabras ¿Entender?... ¿Entender qué? Prefería siempre a los demás defender antes que a él. Ella se lo había demostrado una cantidad de veces infinita.
El recuerdo de la ultima vez que habían discutido hizo que empeorar gradualmente su humor.
—¡Vamos! —le gritó él despegado su espalda de la pared y quedando solamente ahora a centímetros de ella—. ¡Vete a los brazos de ese apestoso de Kouga o de cualquier otro! —continuó gritándole y ella dio un paso hacia atrás. Era otra vez como aquella vez.
En ella estaba el miedo y en él la sensación de ira al sentirse traicionado.
—¡No!
Kagome no sabía de dónde había sacado esa fuerza de voluntad para poder enfrentarlo, pero no dejaría que las cosas volvieran a repetirse como algo espiralado. Aquella vez no había tenido el valor suficiente para enfrentarse a él, pero esta vez sería diferente y no solo porque las cosas entre ellos eran diferentes.
—¿Qué dijiste? —la sujetó del brazo y su rostro se acercó al suyo. Había en ella una determinación que no fue capaz de ver en estos dos años. Él sabía muy bien lo que ella le había respondido pero algo en él lo obligó a preguntar lo que de por si era absurdo.
—Que no —respondió ella simplemente, enfrentando su mirada que parecía consumirla por completo. Estaba decidida y no se marcharía de ahí esta que las cosas estén aclaradas entre ambos. No le importaba si él volvía a reaccionar como aquella ultima vez hace dos años.
No supo si era por la cólera, por la ira que parecía roerle las entrañas; pero la arrinconó contra la pared de una sola vez. A pesar del duro golpe ella no pareció prestarle atención y siguió enfrentando su mirada. La enardecida mirada que ella le daba solo tenía que servir para elevar esos sentimientos, pero en él solamente parecían servir para apaciguar aquellos y despertar uno nuevo.
Gula
Kami, temblaba. No por la ira, sino por el deseo de besarla hasta el cansancio.
—Maldita seas.
Kagome abrió la boca para poder responderle pero gimió cuando unos labios atraparon los suyos acallando sus palabras. Era un beso brusco, sin nada de delicadeza. Inuyasha la había soltado para llevar una de sus manos detrás de la nuca y obligarla a responderle con la misma fuerza que él para calmar aquel insaciable deseo. Kagome sujetaba con ambas manos de los costados la camisa de él y lo atraía hacia ella de la misma forma desesperada en la que el beso se volvía. Olvidando completamente todo.
La manera en la él la obliga a responder su impetuoso beso, enredando prácticamente su lengua con la suya le quitaba las fuerzas. Pero ella no quería alejarse de él, no quería soltarlo por miedo a que Inuyasha la dejara.
Por fin cuando él dejó de torturarla la lucidez volvió a su mente aunque no lo soltó y a él parecía no molestarle. No se atrevía a abrir los ojos por medio de encontrar la mirada burlona de él. Los besos que recibía de su novio la descolocaban y la llevaban lejos de este mundo.
Inuyasha hundió su cabeza en el cuello de ella y respiró su aroma. Tenía que reconocer que se había precipitado, pero Kagome sabía que él actuaba impulsivamente la gran mayoría de las veces, por no decir todas.
No supo cuánto tiempo estuvo abrazado de esa forma a ella, oliendo su perfume como si aquel aroma lo tranquilizara, pero para él la fragancia de ella era adormecedora para cualquier sentimiento de incomodidad, cualquier sentimiento que lo perturbara.
—Te encanta arrinconarme —ella misma se rió ante el comentario soltado, pero era cierto. Siempre que podía Inuyasha la acorralaba entre su cuerpo y algo, no importaba qué porque para él todo servía para dejarla a su merced.
Inuyasha sonrió contra la piel de su cuello y depositó un corto beso antes de volver a verla. Atrás quedaba el anterior ambiente, atrás quedaba las palabras soltaras sin pensar; solamente volvían hacer ambos.
La mirada chocolate clavada en la suya le recordaba a la vez en la habían chocado, la vez que lo dejo sin palabras.
Con el ambiente ahora despejado, su mente trabajaba rápido a la hora de idear planes perversos.
Lujuria
Y... como le sacaría provecho a ésto.
—¿Sabes qué más me encanta hacerte?
La saliva pasó por su garganta de manera pesada mientras su novio soltaba sus palabras en un murmullo totalmente ronco y excitante que le hacia erizar la piel sin ni siquiera tocarla. Estaba bastante consciente del rumbo que él quería darle a la situación.
Inuyasha acercó sus labios a los suyos con una sonrisa de lado, mientras una de sus manos corría con lentitud uno de los tirantes de la remera color verde.
—Espera, Inuyasha…. ¡no!
El mundo se sacudía debajo de sus pies mientras sentía el masculino cuerpo de él apretarse contra ella, y morder con delicadeza el hombro que él mismo había dejado libre de cualquier prenda. Intento alejarlo con ambas manos pero Inuyasha sujetó las suyas y las llevó sobre su cabeza, apretándose si era posible más contra ella. Como si quisiera fundirse en el delicado cuerpo femenino sin ni siquiera poder sentirla como él deseba hacerlo en estos momentos.
Una de las piernas de ella quedo ente las de él y viceversa, volviendo el juego en algo mucho más intimo.
En estos dos años ambos sabían cada parte erógena del cuerpo del otro.
Inuyasha tuvo que apresar con ambas piernas la traviesa pierna de ella, antes que las cosas se salieran por completo de control. El solo aroma de su cuerpo lograba excitarlo y si ella se disponía a jugar con él mandaría todo al infierno y se olvidaría de donde estaban para solamente volverla hacer suya.
Le encantaba haber creado y moldeado en dos años ese lado lujurioso en su novia. Podía ser tan ingenua como tan perversa y manipulado con él…y eso le encantaba.
—Pequeña tramposa —él soltó sus manos y ella le regaló una sonrisa coqueta que lo hacia delirar en los propios pensamientos de su mente—. No me tientes —le advirtió, y ella pareció recién en ese momento calmarse y volver hacer la mujer llena de raciocinio que siempre era.
Inuyasha terminó separándose de Kagome y suspiró profundamente mientras ella al parecer se fijaba la hora en su reloj de pulsera. Su próxima clase comenzaba en cinco minutos y tenían que apurarse si realmente querían cursarla.
Ella lo miró fijo y él soltó un bufido, estaba vez no podía convencerla para saltarse esa tediosa clase.
A parecer este atípico día para él no se terminaba.
Kagome sujetó una de las manos de él y, por primera vez, era ella quien conducía a su novio. Ella ladeó el rostro y le sonrió de aquella forma sincera, como aquella primera vez que ambos habían chocado y todo para él había comenzado.
A pesar de que ella volvió a fijarse en el camino la sonrisa en el rostro masculino como respuesta aún seguía en el suyo.
Desde aquella vez que los ojos de ella se clavaron en los suyos y le sonrió, él supo perfectamente que la obtendría. Ella sería suya por hoy y por siempre.
¿Hasta qué punto había llegado para tenerla?
La respuesta era siempre….él había pecado para obtenerla.
A pesar de ser más demonio que ángel. A pesar de todo lo pasado por ambos, él la amaba y ella lo amaba.
Para tenerla había pecado y, si esa era la única forma de seguir, teniéndola la decisión estaba tomada.
Pecaría…por siempre simplemente pecaría
Fin
Después de...¿Dos semanitas? por fin traigo el final de este corto fanfic. No hay palabras para agradecer el apoyo de ustedes desde principio a fin en esta historia. Cuando comencé a escribirla y luego subirla no pensé que les agradaría, pero al parecer en algún punto me equivoque. Así que de corazón gracias a todos los que se tomaran su tiempo y leyeron este locotrabajo, y por soportar mis retrasos (Eso es muy importante XD)...Y también gracias por los reviews del capitulo anterior.
Ahora si a tomarme unas vacaciones mientras mi inspiracion vuelve de donde sea que tenga que volver...Espero que no pase mucho tiempo.
Como honestamente no se cuando voy a estar otras vez por estos lugares (La vez anterior dije lo mismo y no paso ni un mes XD) cualquier cosa, menos un virus, mi mail, space o msn.
Saludos a todos y otra vez gracias. Cuidence mucho.
Por fin mi fic numero siete terminado!
Lis-Sama
