Hola a todos… la verdad… me ha sido difícil tener listo este capítulo… la semana pasada, el miércoles, un muy buen amigo nuestro, sacerdote, se encontró mal de repente y a las pocas horas murió. Fue un duro golpe para todos los que le habíamos conocido.

El día de su entierro aunque me hubiese gustado, no pude asistir por un compromiso anterior al que no podía faltar… eso me dio mucha pena, aunque me dijeron que la iglesia donde se celebró la ceremonia se llenó.

En fin dejando de lado las noticias tristes, aquí viene un nuevo capítulo, espero que os guste. Como siempre me gustaría agradecer a todos los que han leído mi historia, a los que la siguen, los que la tienen entre sus favoritos y especialmente me gustaría agradecer a: SilverNAD, Fan de Basil de Baker Street y Zeraggi por haber dejado un comentario, muchas gracias :D

Ahora, disfrutad de la lectura


Capítulo 8. Planificando

Asurancetúrix siempre se había considerado muy madrugador, y el día de hoy no era una excepción. A pesar de los acontecimientos del día anterior, el bardo se había despertado como siempre, incluso antes de que el gallo cantara. Se lavó, se cambió de ropa, se preparó el desayuno y recogió un poco su cabaña, aunque a decir verdad, en su modesta opinión, estaba perfecta en el estado en el que se hallaba. Aunque claro, cuando Magistra estuvo en la aldea y ocupó su cabaña, la mujer se quejó del desorden que reinaba y de la falta de limpieza del recinto, por lo que desde ese día, Asurancetúrix se había esforzado para mantener limpio su espacio y que nadie más pudiera quejarse de nuevo.

Tras finalizar todas estas acciones, Asurancetúrix se sentó en el borde en lo alto de su cabaña, le gustaba disfrutar de las vistas que desde allí arriba lograban alcanzar sus ojos. Además, en este espacio propio, le era más fácil componer e interpretar sus obras musicales sin correr el riesgo de convertirse en un blanco de Esautomátix u Ordenalfabétix principalmente.

Sinceramente, al bardo galo le costaba entender cómo era posible que los demás aldeanos menospreciaran su talento del modo en el que lo hacían. Era un triste hecho que se escapaba completamente su alcance. Y eran muy pocos los que verdaderamente apreciaban su talento. Uno de ellos era Pepe, el joven hijo del jefe del poblado cercano a Hispalis que una vez los romanos tomaron como rehén. Asurancetúrix, a pesar de que sabía que tenían que llevarlo de vuelta a su pueblo, se entristeció sabiendo que había perdido a un verdadero admirador.

La situación que vivió Pepe en aquel entonces, le hizo pensar en Astérix, si no le hubieran rescatado, su situación habría sido la misma que la del niño hispano. Sólo que en el caso de Astérix su situación quizás sería peor, pues su aldea había acarreado más problemas a Roma y al imperio que el pueblo de Pepe.

Además el Cesar se había encontrado varias veces con Astérix en muchas de las aventuras por las que el guerrero rubio había pasado, y no siempre habían sido encuentros amistosos. Sí sin duda, su situación de rehén habría sido muy distinta a la del niño hispano.

El bardo de la aldea cogió su arpa, su fiel compañera que la acompañaba adónde quiera que fuera. Entonces probó a tocar algunas notas (las cuales sonarían discordantes a los oídos de todos si las escucharan) y justo cuando iba a iniciar su canto, su momento se vio estropeado por un grito:

"¡Pero yo no quiero ir a la ezcuela, por Tutatiz!" ya estaba, otra vez el hijo del vendedor de pescado, negándose a asistir a clase.

Asurancetúrix dirigió su mirada hacia la casa de Ordenalfabétix, más que por curiosidad por costumbre. Cada día era la misma historia. Al niño había que obligarle a levantarse y a que se lavara. Después casi, casi, había que arrastrarlo hacia la puerta misma de la escuela, sólo para que finalmente entrara con el resto de jóvenes galos.

El bardo recordó entonces, cuanto le gustaban los niños y cómo se desvivía para infundirles los conocimientos que había adquirido con los años gracias a Panorámix. En sus años escolares, siempre había sido el primero de la clase, bueno… el primero hasta que Astérix y Obélix comenzaron a ir también a la escuela. A partir de entonces, el primer lugar como estudiante modelo, lo ocupó el galo rubio más joven.

A decir verdad, al principio esto molestó ligeramente al bardo, pero con el tiempo aprendió a aceptarlo y hasta se alegraba de que fuera así, sinceramente, Asurancetúrix sentía ya desde niño una profunda admiración por Astérix y jamás habría hecho nada para ridiculizarle o menospreciarle, especialmente cuando se dio cuenta de que Astérix era un amigo generoso, bueno y sobretodo leal.

Hubo múltiples ocasiones en las que el galo más bajo se enfrentó literalmente al resto de la clase sólo para defender a Obélix, quien por su parte era demasiado tímido para contestar o plantar cara a los demás niños. Para el bardo ver este tipo de acciones del galo rubio, fue una verdadera muestra acerca de en qué consistía la auténtica amistad… sin duda, estos debían ser momentos muy difíciles para Obélix. Pensar que su mejor amigo se había visto envuelto en semejante problema… y si lo que decía Panorámix era cierto, entonces la situación era aún más delicada, pues al menos cuando Obélix se convirtió de nuevo en un niño, conservó todos sus recuerdos de cuando era hombre, pero en el caso de Astérix, él pensaba que era un niño, y por tanto, era lógico suponer que creía que todos los que ahora eran hombres adultos, debían ser también niños como él.

Ahora que pensaba en ello, sí Panorámix no era capaz de hacer que Astérix recobrara su edad real, Tutatis no lo quiera, quizás, sólo quizás, el joven galo debería asistir de nuevo a la escuela, aunque para que Astérix tuviera que ir a la escuela de nuevo, debían pasar todavía algunos años, pues les dijeron que según parecía Astérix tenía solamente tres años. Aún era pequeño para asistir a clase.

"¡Asurancetúrix!"

El bardo se sorprendió al escuchar su nombre y de inmediato buscó el origen de este, el cual encontró en la mujer de Esauomátix.

"Vamos Asurancetúrix, es la hora"

"Sí, enseguida voy"

Este curso, entre Panorámix y él habían acordado que sería el druida el que impartiría las clases ese año, pero dados los acontecimientos del día anterior con el guerrero de la aldea, se sugirió que fuera el bardo el que impartiera las clases hasta que todo el asunto se solucionara, o al menos alcanzara un punto de normalidad razonable. Aunque a decir verdad, el bardo dudaba que tal punto de normalidad llegara a alcanzarse. No mientras Astérix tuviera tres años.

El bardo cogió todo lo que consideró necesario para las clases y bajó de lo alto de su cabaña. Al llegar al suelo, se encontró con la señora Edadepiédrix quien iba al parecer en dirección a la cabaña de Astérix.

"Buenos días señora Edadepiédrix, ¿puedo preguntarle adónde va?"

"Voy a darle su ropa a Astérix. He ido hace un rato a tomarle las medidas y ahora voy a probársela a ver qué tal le sienta" explicó ella, y añadió "Es un niño encantador"

Fue entonces cuando el bardo notó lo que llevaba la mujer en sus manos, ropa sin duda. Realmente la señora Edadepiédrix era una mujer muy eficiente en lo que a trabajos de labores se refería.

"En mi opinión, debemos hacer todo lo posible para que Astérix se sienta cómodo, es por eso que he ido tan rápido como he podido para hacerle esta ropa" prosiguió la mujer de pelo castaño.

"No podría estar más de acuerdo" respondió Asurancetúrix.

Tras esta breve conversación, los dos aldeanos se despidieron y cada uno tomo su propio camino.

El bardo se encaminó hacia la puerta de la escuela en la que ya había la mayoría de niños en fila esperando para entrar. El bardo se dirigió a ellos con una sonrisa y a continuación les permitió entrar en el recinto siendo él el último en entrar, sólo para asegurarse que ninguno de los pequeños galos intentaba hacer novillos.

Justo antes de entrar, tomó la decisión de ir a ver al guerrero galo en cuando terminaran las clases. Lo más probable era que el joven galo no le reconociera, pero al igual que el resto de aldeanos, estaba preocupado por su seguridad y bienestar, por lo que en su opinión, un visita, no estaba de más.


"Esa es una muy mala idea, es más, ¡Por Júpiter! ¡Es una locura!" dijo Caius Marsupialus mientras se paseaba por la tienda en la que Lucius Flordelotus le había hecho entrar.

"¿Perdona?" protestó el enviado del César mientras le seguía con la mirada "¿Me está diciendo que te niega a cumplir una orden directa?"

El dirigente del campamento se detuvo en seco y miró al hombre que tenía delante. Él conocía muy bien los riesgos del plan que le estaba proponiendo el senador de Roma, pero al parecer, el otro hombre no parecía entenderlo.

"Con el debido respeto, cumpliré esa orden en el momento en el que sea usted el que marche al frente de las tropas para hacer lo que me dice" protestó el centurión.

"¿Dónde está el problema? Lo único que digo es que capturéis al druida de ese pueblo, no es tan difícil, ¡Por Neptuno!" dijo nuevamente Lucius Flordelotus indignado por el comportamiento del dirigente del campamento.

"¿El problema? El problema está en que esto es una misión suicida, y no estoy dispuesto a exponer a mis hombres ante semejante peligro" replicó nuevamente Caius Marsupialus.

"¿Capturar un druida es una misión suicida?" preguntó el enviado del César.

"No, puede que esa parte no, pero lo siguiente sí. No esperará enserio que envíe a todos mis hombres a atacar al pueblo mientras aun esté allí el galo gordo y loco ¿verdad? Además, quizás tendremos al druida, pero debería saber que ese hombre es muy precavido y mis fuentes me han dicho que suele dejar una marmita de repuesto llena de poción mágica por si pasara algo" prosiguió explicando el Centurión.

"¿Entonces qué sugiere que haga? ¿Que renuncie a ese galo y a la posibilidad de entregarle esa aldea al César de una vez por todas?" preguntó nuevamente Lucius Flordelotus.

"Yo no estoy diciendo eso, sólo digo que no pienso seguir adelante con ese plan" respondió Caius Marsupiales.

"Está bien. Dígame lo qué propone usted qué debemos hacer en este caso"

"Si quiere conocer mi opinión, por ahora no haría ningún movimiento precipitado. Los galos están tan perdidos o incluso más que nosotros con esta situación. Es de suponer que es improbable que hagan algún movimiento, al menos por ahora. Mi consejo, si quiere seguirlo, es mantenernos a la espera y vigilantes, pero no entrar en acción." habló de nuevo el dirigente del campamento.

"¿Y qué sucede si mientras nos mantenemos a la espera, el druida da con la forma de revertir los efectos?" preguntó Lucius Flordelotus con un aire de genuino interés.

Caius Marsupiales abrió la boca para responder, pero casi al instante la cerró nuevamente al darse cuenta de que no tenía una respuesta para esa pregunta.

Por su parte, el senador romano sonrió al ver que había dado un argumento irrefutable en su conversación que le permitía nuevamente decantar la balanza a su favor. El Centurión por su parte miró al enviado del César con un ligero toque de ira. Sabía que el hombre tenía razón, pero no le gustaba admitirlo.

"Bien ya que todo ha quedado claro, dígales a sus hombres cuál es el plan y qué deben hacer" concluyó el senador con una sonrisa maliciosa en su rostro.

Pronto, muy pronto, ese niño galo estaría de nuevo en su poder y con él lograría acabar de una vez y para siempre con esa raza de salvajes bigotudos.

"Senador, hay otro pequeño punto… del que me gustaría hablar"

"¿De qué se trata ahora Centurión?" preguntó Lucius Flordelotus indignado por qué le hubieran cortado el momento de imaginación de sus triunfos.

"Es… respecto a la marmita de poción mágica de repuesto que le he comentado. Mientras los galos la tengan… serán todos muy peligrosos" explicó Caius Marsupialus.

"Ya nos ocuparemos de ello cuando llegue el momento. Por ahora nuestra prioridad es capturar al druida para que los galos no tengan más abastecimiento de poción mágica del que ya tienen y tampoco la posibilidad de recuperar a su pequeño guerrero, y ¿Quién sabe? Puede que cuando cojamos a ese niño nuevamente, los envíe a ambos ante el César. Sin duda siempre son dos mejor que uno, y así, el emperador me cubrirá de honores y de gloria y seré el hombre más respetado del Imperio ¿no lo cree así Centurión?"

Caius Marsupialus miró al enviado de Roma sin saber muy bien qué responder, la verdad, le asustaba la mente retorcida y maquiavélica que parecía poseer el senador, además de esas aspiraciones de grandeza y de poder. Si todos los senadores eran como él… a lo mejor el César no podía estar lo que se dice… muy seguro.

No, era muy difícil para el Centurión compartir las mismas aspiraciones que Lucius Florsdelotus. A decir verdad, Caius Marsupialus se conformaba con muy poco, apenas unos pocos acres de tierra en los que poder construir una villa modesta pero bien bonita y poder de este modo instalarse en ella con su familia, sus esclavos, poder invitar a sus amigos… en definitiva, un lugar en el que vivir en paz y apartado del ruido y bullicio de la ciudad, pasar desapercibido. Algo completamente distinto e incluso contrario a lo que pretendía el senador con el que hablaba.

Dejando de lado sus propios pensamientos, el dirigente del campamento se despidió del senador con el típico saludo romano y acto seguido salió de la tienda para cumplir las órdenes que le habían sido dadas.


En la cabaña del pequeño Astérix, los tres galos ya habían terminado su desayuno. Nada más terminar, Astérix se levantó corriendo para jugar con Ideáfix. Mientras tanto, Obélix se ofreció nuevamente para lavarlo todo, y le pidió a Panorámix que se encargara él de vigilar al galo rubio, aunque señaló que mientras estuviera con su mascota, a Astérix no le pasaría nada.

Panorámix sonrió divertido ante la declaración del repartidor de menhires. Era realmente admirable ver el aprecio y la confianza que Obélix sentía por el pequeño perro, aunque también era cierto que Ideáfix había demostrado en diversas ocasiones ser digno merecedor de esa confianza, al viejo druida enseguida le vino a la mente el momento en el que fueron a Egipto a ayudar a un amigo suyo, el arquitecto alejandrino Numerobis para que no acabara entre las fauces de los cocodrilos... ¡por Tutatis! ¡Qué nariz tiene Cleopatra!

En esa ocasión, acabaron perdidos entre los laberínticos pasillos de una de las pirámides, y si no hubiera sido por el pequeño perrito, los tres habrían perecido en ese lugar. De eso no había ninguna duda.

Panorámix se sentó en un taburete mientras observaba a Astérix jugar con Ideáfix. Para el viejo druida era difícil hacer frente a esta situación. Astérix era uno de los aldeanos con quien más había tratado, al que consideraba uno de sus amigos más cercanos, el guerrero del pueblo siempre había recurrido al druida cuando tenía alguna dificultad o por el contrario había acudido a ayudarle en caso de que Panorámix lo necesitara. Pero ahora este amigo, un galo al que había conocido desde el mismo día en el que nació, estaba atrapado en el aspecto y la mentalidad de un niño por culpa de su falta de competencia en su proceder. Si no hubiera sido tan negligente, Astérix estaría bien, entre ellos, con su verdadera edad y todo sería como si nada hubiera pasado. ¿Cómo pudo ser tan imprudente como para permitir que algo así sucediera?

"Panorámix, Panorámix, ¿quieres jugar con nosotros?" preguntó Astérix mientras se levantaba del suelo donde había estado jugando con Ideáfix.

"Me temo que no pequeño, yo ya soy un poco mayor para este tipo de juegos" respondió el hombre mayor.

"Ooooh, pero yo también quiero jugar contigo Panorámix" dijo Astérix intentando sonar lo más triste posible. Inmediatamente después, usó la técnica de poner ojos de cachorro, en un último intento de conseguir que el druida del pueblo jugara con él y con Ideáfix.

Panorámix sonrió nuevamente divertido por la actitud del pequeño. La verdad, costaba de creer que hacía apenas dos días, el niño era en realidad un adulto serio y con la única preocupación de velar por la seguridad de su pueblo… solo pensar en eso, hizo que Panorámix tomara la determinación, más firme que nunca, de no descansar hasta que lograra curar al galo rubio.

Viendo que su estrategia no había funcionado con el viejo druida, Astérix decidió probar suerte con Obélix, que ya había acabado de limpiarlo todo y ahora se acercaba al resto de ocupantes de la cabaña. Cuando estuvo ya a su lado, Astérix abrió la boca para hablar, pero un ruido desde la puerta de entrada le frenó en seco.

"Hola de nuevo, ya he terminado la ropa" anunció la señora Edadepiédrix con voz alegre.

"Vaya sí que se ha dado prisa, mi buena señora" dijo Panorámix, admirado por la velocidad con la que la mujer había hecho su trabajo de costura.

"Naturalmente Panorámix, Astérix debe sentirse cómodo ¿no? Es por eso que he ido tan rápido como he podido. Ahora bien, necesito que se lo pruebe por si hiciera falta hacer algún arreglo" explicó la mujer de pelo castaño.

"Pero yo quiero seguir jugando con Ideáfix" protestó el galo más joven.

"Podrás jugar con él cuando te hayas cambiado, te lo prometo" dijo Obélix en esta ocasión. Y después añadió:

"Además te será más fácil jugar con él si llevas ropa que no te vaya demasiado grande"

Astérix frunció el ceño, todos estaban en su contra, no era justo, la vida de un niño no es fácil. Miró uno a uno a cada adulto y cuando se dio cuenta de que no lograría convencerles de lo contrario, suspiró admitiendo la derrota. Entonces levantó los ojos hacia la señora Edadepiédrix y dijo:

"Está bien, pero me cambio solo"

"¿Estás seguro de ello Astérix?" preguntó Panorámix que como los demás, estaba sorprendido de la decisión del niño.

"Sí, yo solo" dijo de nuevo el pequeño galo con la voz más convincente que pudo sacar.

La señora Edadepiédrix miró sorprendida primero a Astérix y después a Panorámix. Cuando el druida la miró, primero se encogió de hombros y después asintió indicándole que le diera la ropa al chico. Ella de inmediato le entregó las prendas recién hechas y Astérix corrió al instante hacia las escaleras para subir al piso superior. Su ropa nueva era idéntica a la que llevaba habitualmente pero adaptada a su nuevo tamaño corporal, naturalmente.

Al cabo de un rato, el pequeño galo volvió a bajar con la ropa ya puesta, todos se sorprendieron al ver que se la había puesto correctamente. Fue tal el asombro que lo único que pudo decir la señora Edadepiédrix fue:

"Hay que ver lo listo que es este chico"

Panorámix y Obélix sólo pudieron asentir ante esta afirmación. Ciertamente, Astérix estaba demostrando ser un chico muy curioso y muy listo. Tenía algunos arrebatos o poco interés en lo que se le mandaba, pero eso era normal teniendo en cuenta que en verdad era un niño de tres años. Era algo totalmente impensable exigirle que actuara como un adulto.

La señora Edadepiédrix fue la primera en salir de su estupor, al darse cuenta de que el pequeño niño les miraba con cara extrañada, ella le dijo:

"Bueno, vamos a ver cómo te sienta"

Entonces se adelantó y se arrodilló frente a Astérix y comenzó a inspeccionarlo. Al principio el galo rubio se ruborizó por la acción de la mujer, pero cuando la señora Edadepiédrix le hizo darse la vuelta para ver cómo le quedaba la ropa por la espalda, se tranquilizó ligeramente, aunque su rostro seguía tan rojo como el de un tomate.

"Bien debo decir que la ropa te queda como anillo al dedo y que no hace falta modificar nada, por lo que puedo decir que mi trabajo aquí a finalizado" dijo la mujer con aire de satisfacción.

"Bueno, ya que todo está perfecto, me voy, cuídate mucho Astérix, y vosotros también Obélix, Panorámix e Ideáfix" se despidió la señora Edadepiédrix.

"Adiós mi buena señora, y muchas gracias por su trabajo" contestó Panorámix.

"Adiós y gracias por la ropa" dijo Astérix justo después de su druida.

Cuando la mujer de pelo castaño se fue, Astérix corrió hacia donde se hallaba el repartidor de menhires y con voz alegre le preguntó:

"¿Quieres venir a jugar con Ideáfix y conmigo? Por favor, por favor, por favor"

Obélix miró al pequeño galo primero sorprendido pero poco después una sonrisa se formó en su rostro. Se agachó el nivel de Astérix y poniendo ambas manos sobre sus hombros le dijo:

"Está bien, por Tutatis ¿A qué quieres jugas?"

"¿Podemos jugar al escondite?" preguntó el joven galo con emoción evidente en su voz.

Obélix abrió los ojos como platos, pues sabía que jugar a ese juego suponía un gran riesgo… sobre todo porqué, aunque Panorámix no se lo había contado, sabía muy bien que Astérix era un experto en salir de la aldea sin que nadie le viera, es más, puede que el cómo lo hacía para salir del pueblo sin que le vieran sea el único secreto que el joven galo jamás ha compartido con su mejor amigo. A decir verdad, Obélix recordaba sorprenderse cada vez que Astérix había regresado a su casa, sucio, lleno de barro y con pequeños moretones y cortes por todo el cuerpo. No entendía qué era lo que su amigo hacía para acabar en semejante estado, y el galo rubio jamás dijo una palabra respeto al tema, simplemente de vez en cuando desaparecía un rato y luego regresaba como si nada hubiera pasado, siempre del mismo modo.

El repartidor de menhires miró con preocupación evidente a Panorámix, sabiendo el peligro que corría Astérix, lo mejor era no perderle de vista, pero por otro lado, ¿cómo decírselo al pequeño sin herir sus sentimientos?

Panorámix por su parte también se había sorprendido, y compartía la preocupación del galo pelirrojo con respeto a lo de dejar a Astérix sin vigilancia, así que cuando Obélix le miró con esa expresión clara de estar pidiendo ayuda, el viejo druida se acercó a los dos galos y llamando la atención del galo rubio dijo:

"Astérix, no creo que sea una buena idea, verás… si estás con Ideáfix, Obélix te encontrará enseguida"

"¿Eh? ¿Cómo es eso posible Panorámix?"

"Ideáfix y yo tenemos una fuerte conexión, soy incluso capaz de entender lo que me dice, así que si estás con él, os encontraré enseguida y el juego ya no será divertido. Además Ideáfix tiene muy buen olfato, así que si es él el que busca también te encontraría enseguida" explicó Obélix intentando sonar lo más convincente posible y añadió:

"Además, si eres tú el que la lleva, me encontrarías enseguida" dijo moviendo los brazos para mostrar su cuerpo. "Es difícil para alguien que está un poco rellenito esconderse" finalizó el gran galo.

"En resumen, si jugáis a este juego, pronto te aburrirás, es mejor que juguéis a otra cosa" concluyó el druida acariciándose la barba.

Astérix frunció el ceño y parecía estar enfadado. Miró a Obélix de forma sospechosa y dijo:

"No me creo que tengas esta… conexión con Ideáfix, eso es imposible y ¿Qué puedes hablar con él? Eso es aún más imposible"

El galo pelirrojo sonrió ligeramente, había muchos aspectos, muchos pequeños detalles que Astérix conservaba en su persona, a pesar de ser solamente un niño. El repartidor de menhires se levantó y con voz suave se lo explicó todo al galo rubio:

"No es tan difícil de entender, hace aproximadamente un año, encontré a Ideáfix que en ese momento era un cachorro recién nacido. Si no le hubiera ayudado, lo más probable era que hubiese muerto. Lo cuidé tan bien como supe, pero nunca olvidé el resto del pueblo, por si eso te preocupa… para abreviar, supongo que como me tomé muy enserio lo de cuidar a Ideáfix, eso hizo que entre los dos naciera un vínculo muy fuerte que se ha mantenido hasta ahora ¿lo entiendes?"

Astérix miró a Obélix aún un poco escéptico por lo que acababa de escuchar, pero sabiendo las ganas que siempre había tenido su mejor amigo de tener un perro, al menos cuando todavía tenían la misma edad, le hizo pensar que el gran galo le estaba diciendo la verdad… pero aun así, Astérix no alcanzaba a comprender por qué no querían que jugara al escondite. ¿Eran esas las verdaderas razones o había algo más que no querían contarle? No podía decirlo con certeza. A decir verdad, el pequeño galo no entendía por qué desde que se habían levantado, estaban los dos adultos pendientes de todo lo que hacía. Era como si fueran sus sombras y el galo rubio estaba empezando a impacientarse por este hecho.

En realidad lo de jugar al escondite era en parte para jugar, obviamente y en parte para poder descansar un poco de la vigilancia intensiva que estaba sufriendo desde que fue rescatado. Solo quería un poco de tiempo para él mismo y el tiempo para cambiarse no era suficiente, pero estaba bastante claro que ni Panorámix ni Obélix estaban dispuestos a concedérselo… tendría que hallar otro método para evadirles.


Bien, espero que os haya gustado, y una vez más, siento el retraso en la actualización. Me gustaría decir que intentaré actualizar más a menudo, pero por desgracia, no creo que sea posible pues he empezado las clases en la universidad y tengo menos tiempo que antes.

Mientras tanto, si queréis dejar un comentario, siempre ayuda saber lo que opina la gente y además anima a seguir adelante.

Hasta pronto.