Transcurrió exactamente un año. Liz Forbes había vivido varios meses más de los que le habían pronosticado y lo había hecho dignamente. Caroline la había cuidado con una devoción inusitada y Stefan la había acompañado hasta el final.
Había comenzado en una navidad y había terminado en otra. El ciclo se había completado.
Stefan había pasado todo el tiempo que le había sido posible durante aquel año al lado de aquellas dos mujeres. Había podido disfrutar de los últimos meses de vida de una Liz llena de amor y gracias a ella había aprendido a conocer a Caroline aún más. Y durante ese tiempo nada entre ellos pasó. Nada más que la restauración de su fracturada amistad, convirtiéndose nuevamente en algo sólido y entrañable. Una armadura forjada con los más resistentes metales. Un fruto dorado, una manzana brillante que no podría descomponerse. Algo fuerte y lleno de esperanza. Algo que nunca más volvería a romperse, pasara lo que pasara.
Stefan había estado allí para ella cuando más lo había necesitado y ahora sabía que él nunca más la abandonaría.
