Capítulo 7 - Deseo.

Esa misma tarde Hanamichi y Sendoh entablaron una relación, la cual solo sabían, tiempo después, sus amigos y cercanos; Como el equipo de ambos y sus entrenadores. Estos son los principios de lo que se hizo en el silencio, y no se ha de creer. Luego se dio el paso a la comprensión, a la vez, a los que decidieron irse sin contar nada, ya que se han visto en una práctica. Pero solo eran días. Nada más.

Por otro lado, sus entornos se conocieron como buenos amigos que se hicieron extrañamente un día para otro, pero sin causar un menor escándalo. Aunque había sido en Hanamichi, se demostró que no se trataba de "malentendidos", mientras que Senseh se contenía porque pensaba que aún no era tiempo de mostrar al público. Se siente inseguro e incapaz de enfrentar el deseo de los demás. Todo lo contrario, un Hanamichi, lo que causaba algunas discusiones. Y así… paso el tiempo, exactamente tres meses.

Aquel día, Hanamichi en su entrenamiento no se deja de mostrar sus brillantes dientes. Era como si la sonrisa permanente de Sendoh se le hubiera pegado a él. Era irritante ya la vez reconfortante. Una cosa rara, ¿no? Al final de este entrenamiento, se escuchó una canción de los primeros para su cita con Sendoh, pero como buen amigo que era Ryota lo mando a limpiar junto a Rukawa. Quedando solos cada uno en una punta ignorándose mutuamente.

- Torpe, puedes dejar de sonreír. Me fastidias. - no aguanto Rukawa aquel silencioso estado. Desde aquel día en la azotea no se habla ni se hace tiempo para sus costumbres. El zorro odiaba ver a Sendoh junto con el pelirrojo. Me di cuenta de que me gustaría hacer lo que quisiera con Hanamichi y él solo podría mirar a la distancia quemando sus ojos. Deseaba tanto lo que cada noche como las estrellas de la pelirrojo girara su cabeza y posara sus ojos sobre él y viera cuan enamorado estaba de él. Que se fijara y dejara a ese estúpido Sendoh. Que corra a sus brazos y se quede por siempre junto a él. Como fue una vez bajo ese cerezo. Ese día se mantiene silencioso Todo aquel tiempo Hasta que llegara La hora de entrenar y Los estudiantes. Él sabe que su amor no es secreto, y que, al mismo tiempo, decidí dejarlo. Dejándolos bajo una mirada peligrosa de Yohei. Él sospechaba algo, sin embargo, no quería amargarse más la vida con ello. Bastante tenía con Sendoh. «Ese maldito y estúpido Sendoh», pensaba Rukawa.

- ¿Y a mí qué? - siguió con lo suyo tarareando una dulce canción.

- Aich, ya pareces niñita enamorada. - Rukawa no dio más. Sus puños ya estaban blancos por apretar el trapero.

- ¿Envidia de poder sentir amor? - Lo miro con una ceja levantada.

- No, eso ... si lo siento.

- ¿Qué bien y porque no estas con ella?

- ... no ... me corresponde.

- Vaya… alguien que no sea por el zorro nhajajaja Nunca creí llegar a ver eso.

- Torpe.

- ¡Maldito Rukawa! ¿Por esa razón me fastidias? ¿Envidioso de que yo pueda estar con esa persona que amo?

- … - dejo caer el trapero y apretó sus puños a un costado. Las crueles palabras de Hanamichi le ayudaron a taladrar en lo más profundo de su existencia. Bajo su cabeza mirando el piso brillante.

- Pero zorrito no te pongas así. Solo es una broma. - Se acercó y levanto con su mano aquel palido rostro para ver lo nunca antes visto. Un Rukawa con su cara compungida de dolor. Sus ojos aguados junto con sus cejas arrugadas y los labios apretados en una línea. Hanamichi en un impulso extendió su mano y la deslizó entre el flequillo de Rukawa para después deslizarse a un costado y mantenerse, un largo tiempo, en una mejilla sonrojada. Rukawa tembló ligeramente y dejo caer una lagrima solitaria. Dios sabia cuanto deseaba que lo tocara y eso lo hizo romperse. - zorro ...

- Hanamichi, no me digas esas cosas..., ¿quieres? me lastimas. - Rukawa puso su mano sobre el pelirrojo y torció su cuello a un lado para profundizar ese contacto. - Daría lo que fuera por esa persona, pero… - dejando caer otra lagrima, su voz tembló. -… no destruirá su felicidad por la mía.

- Rukawa… - Hanamichi no sabe por qué, pero siento una paz al mirar cada vez esos ojos y ahora verlos tan rojos y tristes lo agobia profundamente. Tomo a Rukawa por los hombros y tirándolo hacia él, lo abrazó. El afecto le costó reaccionar en un principio, sin embargo, al segundo después se dejó llevar por la magia de aquel abrazo. Hundió su cabeza en el cuello del pelirrojo y olio su esencia, amarrándolo más al pensar que solo por esa vez era suyo. Sin querer un gimoteo se le escapo, seguido de otro y otro. - Esta bien. Déjalo salir ... - y con eso libro su contención. Minutos más tarde dio cuenta final a su pena y se despojó de su deseo.

- Gracias… - estando avergonzado y, a la vez, agradecido bajo su mirada, pero su interlocutor no ha respondido. Alzo su mirar y… - ¡estas llorando! ¿Por qué? No me digas que por pena.

- No ... estúpido. Solo que… - Se limpió sus lágrimas con sus mangas. - Es muy profundo tu amor y, a la vez, triste. - decía, mientras refregaba sus mangas por sus ojos.

- Torpe… no sigas te quedara roja la cara. - Muy tarde. Ya tenía alrededor rojo. - Te la dejaste roja…

- ¿Y la tuya? No está muy lejos. Tus ojos parecen como si un Zancudo te hubiera picado. Ya ni los puedo ver.

- Torpe. - y rieron ligeramente. Luego se silenciaron y rieron otra vez.

- Ruka-

- Hanamichi así que aquí estabas - ambos miraron a Sendoh - ¿Por qué tienes los ojos rojos? ¿Qué le hiciste, Rukawa? - Se acercó y se dio cuenta de que ambos estaban iguales. - ¿Ambos lloraron? ¿Por qué?

- Un emotivo momento. - respondió Hanamichi.

- ¿Emotivo?

- Si. El zorro y yo ahora somos amigos jejeje - respaldar lo que se dice, pozo su brazo alrededor de los hombros de un zorro atónito.

- ¿Y eso te llevo a llorar?

- Sorprendente, ¿no crees?

- Si ... sorprendente. - No estaba nada contento con eso. Sabía lo que Rukawa ocultaba, pero no lo que decía un Hanamichi por miedo a perderlo.

- Bien, me baño y estoy listo.

- Bien ...

- Espérame aquí. Voy a hacerlo rápido. - Y con eso desapareció con un zorro pisándole a los talones.

- ¿Es verdad eso? - pregunto Rukawa en los camerinos.

- Claro. El genio no miente. - Lo observamos por un momento y se fue a bañar.

- Así que somos… amigos. - Broto una pequeña sonrisa.

- Que si, zorro. Créetelo de una vez. - Le grito desde la ducha.

- Que oídos tienes…

- ¿Vamos a empezar el juego del lobo? No sabía que te gustaban esos juegos Nhajajaja - ¡dios! Cómo escuchar el sonido, aunque fuera a la costa de él.

- Estúpido.

- Ey, que te oigo.

- Lo sé. Por eso lo dije.

- Arg… ¡Rukawa! - estaba por salir con ese insulto cuando escuché lo más dulce que haya dicho Rukawa.

- Gracias… por ser mi primer amigo.

- ... No hay agradezcas que me hagan sentir extraño. - La verdad no era esa. Sino que ese calorcito familiar volvió a sentirse y lo asusto. - Aunque ... quizás deberías, porque es un privilegio ser amigo de este genio.

- Torpe. - esta vez no se enfadó, ya que sabía que iba a hacer su llamado habitual de ahora en más.

Caminando hombro con hombro iban Hanamichi y Sendoh en dirección a la casa solitaria de este último. Sus padres esta vez no estaban por su celebración de aniversario y como románticos empedernidos que eran necesitaban de ese día a su absoluta disposición. Siendo también ese motivo por el cual aceptaron fácilmente su relación. Diciendo que el amor no está en los cuerpos, sino en el alma que uno lleva y necesita de entrelazarse con otra para su máxima felicidad. Esto también opinó Bonnie, aunque con diferentes palabras… menos profundas.

Al llegar, Hanamichi, se dispuso a preparar algo rápido para comer. Mientras Sendoh veía que poner de película. Una vez listo se sentaron abrazados en el gran sofá. Debes en cuando se daban de comer o jugaban a quitársela. Para Hanamichi cualquier cosa era motivo suficiente para jugar. Él hacía que su relación no fuera monótona, sorprendiendo siempre a Sendoh. Ya sea con sus arranques de juegos y risas o sus repentinos cambios de humor. Los cuales lo hacía pensar que Hanamichi podría padecer bipolaridad, pero él sabía que eran su enfermedad. El mismo Hanamichi se lo conto unas semanas después de que comenzaran su relación, pero claro que negando su condición. Mas, no comprendía porque no desaparecía ¿acaso él no era motivo suficiente para que se desvaneciera? Había veces en que lo creía cuando ellos discutían y a Hanamichi no lo podía estabilizar, siendo que siempre después tendría que ir a verlo y pedirle él disculpas, aunque no fuera la mayoría suya. Eso lo estaba desgastando al igual que su tranquilidad que lo caracterizaba.

Eso pensaba hasta que sintió, otra vez, sus manos traviesas viajar por su cuerpo. Los juegos de Hanamichi, como había dicho anteriormente, siempre lo sorprendían y aquí iba uno de ellos. Posiciono a Sendoh sobre su regazo para después quitarle su camisa. Este solo se dejaba hacer a la vez que él también participa en la acción de desnudarse mutuamente. Cuando quedaron solo en su ropa interior se levantaron y fueron entre tropiezos a la pieza de Sendoh. Una vez allí, Hanamichi tiro de un empujón a un excitado Sendoh sobre su cama. Tomo sus tobillos y los tiro hacia él para a continuación enrollar las piernas a su cintura. Sendoh ya con esa acción supo que él iba a ser el pasivo, ya que Hanamichi cuando actuaba de aquella manera tan… apasionante no le permitía tomar el control. Una vez lo quiso hacer y no tuvo la mejor respuesta. Tuvieron esa vez otra discusión por no dejar hacer lo que deseaba, pero eso no impedía que Sendoh fuera en pocas ocasiones el activo. En ocasiones era como tratar con un animal salvaje y otras a un dulce oso de peluche. Hoy Hanamichi era ese animal salvaje.

El pelirrojo se movía escurridizamente entre la boca, el cuello y el pecho de Sendoh. Haciendo al susodicho moverse inquietamente ante tanto placer. En un instante tomo el bóxer y casi rajándolo se lo quito al igual que a el mismo. Tomo su miembro y lo lamio con gula hasta tenerlo duro y recto a la vez que masajeaba con su otra mano sus testículos. Cuando vio que estaba a punto de llegar al orgasmo lo dejo de estimular, lo volcó y elevo su cadera. Posicionándolo a cuatro patas le hizo bajar su espalda, dejando expuesto su ano ante la mirada depredadora de Hanamichi. Este escupió en aquel orificio y con su dedo medio comenzó a estimularlo. Luego puso dos más. Excitado como estaba no espero mucho a que se adaptara provocándole un agudo dolor cuando lo penetro de una estocada.

- ¡Hanamichi! - aulló Sendoh, pero el pelirrojo lejanamente lo escucho. Siguiendo con su tarea agarra el pelo de Sendoh con su mano, empuñándola, la tironeo levemente hacia atrás, mientras que la otra mano se dejó caer en la cadera del peli-poncho. Marcando un ritmo constante fue como poco a poco subió el compás de sus caderas. Ya para ese minuto ambos gemían y daban gritos de placer. Llegando a su punto culmine con un sonoro orgasmo ronco. Hanamichi agotado se desplomo en la espalda de su amante. – dios... Hanamichi… casi… ¡me partes en dos! – le increpo luego de recuperar su respiración.

- Jejeje lo siento, me inspire.

- Siempre te inspiras. – se dio vuelta en la gran cama y lo miro sensualmente.

- Con un ejemplar como tú, quien no. – lo beso y se acomodaron bien en el lecho. Quedando Hanamichi acostado boca arriba y Sendoh de lado contemplándolo.

- Dios, Hanamichi… cada vez tienes más cicatrices. - lo miró angustiado al recorrer con su dedo todas las marcas del torso.

- ¿No te gustan?

- Claro que… - lo medito mejor. Es posible que si lo negara empezaran una pelea. destruyendo ese momento maravilloso. Así que respondió afirmativamente. Cometiendo otro más de sus sin fin de errores, qué, tiempo después, lamento prevenirlos por desear realizar un sueño en bases no sostenibles. En un falso bienestar.