Halloween

o

El de la vuelta al orden natural


I

Nicole Williams había recibido una lechuza en su desayuno que la había dejado algo distraída durante el resto del día. Pese a que últimamente se centraba en los estudios, y en observar desde lejos la estrepitosa caída que estaba sufriendo Ciara O'Connor, se concentró por unos minutos en la carta que le había enviado su hermano, que quizás decía demasiadas cosas, expresadas con ansias y recelo, típico de Elliott Williams.

Pocas buenas, como que se estaba organizando una especie de grupo revolucionario para luchar contra Voldemort; algunas malas, como que su padre había sido despedido en el trabajo, y otras muy malas, como que él y los Prewett se habían unido a la causa anterior debido a las cosas horribles que se sucedían fuera de Hogwarts organizadas por Voldemor y sus seguidores mortífagos.

Su hermano específicamente le pedía que no hiciera nada absurdo, y que se andara con cuidado con algunos Slytherins que se contaban entre los seguidores de Voldemort, también le rogaba que advirtiera a Lily sobre ello.

Tras leer esa carta llena de tantas imágenes desagradables no pudo terminar su desayuno, y instintivamente se fue al baño devolviendo el resto que seguía en su cuerpo.

Lejos le quedaron ahora las preocupaciones por los exámenes siguientes, o el mismo baile de Halloween que se iba a celebrar esa misma noche.

Veía las caras de la gente a su alrededor y no podía evitar sentirse muy muerta, a pesar de que seguía viva, a pesar de que ella notaba el latir de su corazón, se sentía en una especie de escena dantesca, rodeada de miles de futuros esqueletos.

II

Sirius seguía fumando cuando notó la presencia de Ciara a su lado. Ella pasó rápida con su mano en la mejilla arrebatándole el cigarrillo, para pegarle ella una calada. A pesar de que últimamente habían discutido demasiado, también se había afianzado gratamente su relación. Él buscó esos otros labios que sabían a tabaco, y los aprisionó por minutos, en un espacio de saliva, conectando así con otra persona que no fuera él.

–Sirius, no quiero ir al baile esta noche –dijo ella en cuanto se separaron.

–Tengo que hablar con Regulus –dijo él, evitando su mirada.

Ciara frunció el ceño preocupada. Desde que Sirius le había contado que su hermano era mortífago le comprendía mucho más y lo apreciaba mucho más que antes. Desde luego, los meses que llevaban juntos, les había dado mucho más de lo que ambos jamás hubieran podido imaginar. No sólo era en el ámbito físico, sino también en el emocional, ya que ninguno de los dos se sentía capaz de confiar en alguien para hablar de cómo se sentían, pero habían encontrado en ellos, esa especie de depresión y desesperación mutua, que los mantenía unidos.

–Ya sabes lo que pasó la última vez –dijo ella, recordando como James le había dicho que Sirius estaba en la enfermería unas semanas atrás porque, al parecer, Avery y Mulciber lo habían encarado cuando los encontraron a él y a Regulus discutiendo fuertemente, pese a que Regulus esta vez, iba perdiendo.

–Por eso mismo debo ir. Y si tú no quieres, no voy a pedirte que me acompañes.

–Si tú vas, yo también.

–Sé arreglármelas solo, Ciara.

–Lo sé, sólo quiero acompañarte.

Y pestañeó varias veces antes de cazar sus labios, esta vez con otro tipo de beso, que él muy bien le había enseñado, en el que no se refugiaban, sino que se pedían algo más íntimamente.

III

Cuando Remus salió del gran comedor por la tarde se sentía exhausto. Jamás le desagradó ser prefecto, ni tampoco le importó hacer alguna que otra ronda por la noche, pero no soportaba que le hicieran trabajar para esas estúpidas convenciones en esos días "especiales".

No sabía cómo, pero siempre terminaba haciendo la parte de los demás prefectos, y usualmente esos trabajos los terminaba haciendo solo, o si tenía suerte, a la par de algún que otro prefecto, el cual solía ser Lily, o Rufus Sprout de Hufflepuff.

Desgraciadamente, hoy había sido uno de esos días de trabajar duro hasta deslomarse, pese a que había contado con los ya mencionados Sprout y Evans y algún que otro prefecto más.

Al salir del gran comedor, Peter lo esperaba sentado en las escaleras degustando un donut de calabaza. Parecía que era el único que no se daba cuenta de que todo el grupo que durante seis años se había estado gestando, se había ido a la mierda.

–¿Qué pasa Luántico? –dijo feliz.

El chico sólo se sentó a su lado, descansando las piernas, evitando cualquier tipo de contacto con el resto del planeta. A Peter, eso no pareció importarle.

Desde que se encontró con Sirius en aquel estado, supo que las cosas se habían ido de madre, que el silencio que se había establecido entre ellos jamás sería bueno, y que pese a que todos habían estado con Sirius, no podían hacer que él se abriera y les contara cuáles eran sus problemas, si él no quería.

El distanciamiento era evidente, y parecía que en el grupo sólo había quedado Remus. James también se había sucumbido en un mar de desolación del que no parecía salir, sin embargo, no era tan evidente como el de Sirius, pese a que el último había encontrado en quién refugiarse, cosa que James no había hecho.

–Lunático, emborracharemos el ponche como todos los años, ¿verdad? –dijo entonces Peter, que parecía haber devorado ya el bollo, y empezaba a comprender que nada era lo mismo de siempre.

Remus Lupin barajó aquella posibilidad de que se cumpliera de nuevo con la tradición, sin embargo no encontró ningún indicio de que fuera a pasar, ya que ni siquiera habían hablado entre ellos en las comidas. Pero la esperanza era lo único que no se perdía, se decía a sí mismo, como una vez le había dicho su madre.

–No lo sé, Peter.

IV

James observaba con detenimiento como Remus se miraba al espejo intentando atarse el nudo de la corbata. Por primera vez en semanas, soltaba una gran risotada que sólo se vio interrumpida por otra más estridente procedente de Peter. Remus se les unió en cuanto se dio cuenta de lo estúpida que resultaba su situación, y miró a James, que se encontraba en la cama jugueteando con la misma snitch de siempre, pidiéndole ayuda.

El chico se levantó y se acercó al rubio, y haciendo acopio de recuerdos de su madre atándole la corbata a su padre, consiguió hacerle el nudo.

–¿Sigues pensando en quedarte aquí? –le preguntó Remus, mientras volvía a mirarse en el espejo por enésima vez.

–Quizás baje a cenar –dijo James mirándole por última vez a través del espejo, para volverse a recostar sobre la cama.

Peter y Remus le miraron con nostalgia, pero ninguno de los dos se vio capaz de decirle que les acompañara, que sin él la fiesta no sería una fiesta, que le echaban de menos. Porque ellos eran los Merodeadores, y desde luego, no "echaban de menos". El problema radicaba en que después de todo, ya no lo eran, los Merodeadores, porque ellos estaban unidos, y ahora "se echaban de menos".

James les vio marcharse y también sintió la nostalgia de los tiempos pasados. No sabía cómo había llegado a esa situación, en la que se veía deprimido por todo lo que le faltaba, y las personas que no tenía a su lado. Y como siempre, la imagen de Sirius venía a su cabeza, recordándole que lo estaba pasando mal, y que no era capaz de hablar con él. ¡Era su jodido mejor amigo! ¿Cómo cojones no era capaz de decirle que estaba hecho una mierda? Se suponía que él tenía que estar ahí para esas cosas.

Le pegó una patada a un libro que había en el suelo, y de él salieron millones de hojas y pergaminos que se esparcieron por el suelo. Prestó atención a uno de ellos en el que se apreciaba un dibujo grotesco de la profesora McGonagall.

Volvió a sonreír por segunda vez en aquel día recordando el momento en que Sirius había pintado ese dibujo en la clase Transformaciones.

Y decidió que hoy sería la última vez que estaría en esa situación con Sirius, y el resto del mundo.

V

Lily salió a trompicones de su habitación. Se había quedado dormida en la cama, que durante tantos días la había estado llamando como hipnotizante, y se había perdido la cena. Bajó las escaleras aprisa, y pensando quizás en darse prisa, mientras recorría rápido la desierta Sala Común, intentó ponerse las bailarinas. Con el pie izquierdo todo fue bien, pero al ir a colocarse el derecho, supo que no había sido acertada su decisión anterior y se vio con la cara en el suelo.

Cerró los ojos y se maldijo mientras caía. Una mano la agarró del brazo por sorpresa y la salvó de esa caída que parecía no solo inminente, sino también dolorosa. Apretó los ojos de nuevo, y volvió a abrirlos al darse cuenta de que no era el suelo lo que recibía su mirada, sino la cara de James Potter.

–Tendrías que ir con más cuidado Lily –dijo él, sonriendo por tercera vez.

–Joder James, qué susto.

–Lo tomaré como un "gracias".

Lily le sonrió, y al segundo se enrojeció, dándose cuenta de que, de nuevo y como parecía ocurrir últimamente, su encuentro era a solas.

–¿No vas al baile? –le preguntó ella entonces.

–Hasta ahora no me había decidido, pero una fiesta sin mí no esa una fiesta.

–Claro –sonrieron ambos.

Bajaron juntos, al principio, ella algo cohibida, pero luego más suelta, hablando de cosas banales, sin mucha profundidad emocional; no, hasta que ya hubieron casi entrado por la puerta que daba al Gran Comedor.

–¿Qué tal está Sirius? –le preguntó ella parándose antes de adentrarse entre el gentío que se encontraba delante suyo.

James notó una punzada en el corazón, queriéndole contestar a esa pregunta, pero evidentemente, aun no podía dársela.

–Lo sabré esta noche. Nos vemos luego Lily, quizás te pida un baile más tarde –le contestó él con una sonrisa socarrona, yéndose por entre el gentío en busca de Sirius, dejando una leve quemazón por la espalda de la pelirroja, en el lugar dónde él había pasado la mano, casi sin darse cuenta, antes de irse.

Ella lo vio irse, como parecía ocurrirle últimamente, y después de que le diera ese escalofrío tan extraño, se fue en busca de sus amigas, aunque sólo encontró a una de ellas.

VI

Sirius había ido en busca de Regulus aquella noche, pero no lo había encontrado, o más bien, el último lo había rehuido y se había ocultado tras sus amigotes. Sin embargo, cuando a mitad de la noche Regulus, se encaminaba hacia su Sala Común, dando por finalizada para él la noche, Sirius le había seguido entre el gentío hasta la puerta, y cuando creía que por fin iba a poder dar con él, la mano de una rubia lo retuvo.

–Suéltame O'Connor –le dijo con una mirada de repulsión.

–Quiero hablar contigo.

–Yo no, estoy ocupado –dijo mientras se deshacía de su agarre y buscaba a su hermano con la mirada, sin encontrarlo, ya que éste había huido de él de nuevo, cómo cualquier otra serpiente, digno de Slytherin.

–Quiero que dejes a mi hermana –le soltó la gryffindor.

El chico la enfrentó con la mirada, y se rió en su cara con una estridente carcajada, olvidándose un momento de a quién buscaba.

–Porque tú me lo digas, claro.

–Es una cría... –dijo ella, poniéndose a la vez más nerviosa– ¡Joder! ¡Es mi hermana pequeña pedazo de imbécil!

–Porque tú y yo echáramos cuatro polvos el año pasado, no significa que tengas ningún mísero derecho sobre mí, Charlie –le dijo con mofa. Ella hirvió de rabia, sin poder evitar lo que dijo a continuación.

–¡Para mí no fueron cuatro polvos! –Chilló ella antes de añadir: ¡Me rompiste el corazón, capullo!

A Charlène le latió con fuerza el corazón, totalmente avergonzada. Se dio la vuelta intentando evitar la mirada de quién tenía delante, encontrándose con la de su hermana que los observaba atónita.

Los tres tardaron en moverse, aunque Ciara fue la que actuó primero. Sintió millones de sentimientos enredándose en su pecho, dirigidas a tantas diversas personas, pero sobretodo al chico que la hacía sentirse tan especial, y a la chica que era la única familia que de verdad le quedaba.

–Sois basura –les dijo a ambos, antes de salir huyendo escaleras arriba.

La siguiente en reaccionar fue Charlène, que dándose cuenta de las palabras de su hermana, susurró su nombre, antes de seguirla escaleras arriba, olvidándose del gryffindor que se había quedado con los pies pegados al suelo, incapaz de reaccionar, ya que se acababa de dar cuenta de que, con la marcha de esa chica lo había perdido todo.

Vio una cabellera negra que parecía engominada, aunque realmente solo estaba grasienta, salir del comedor.

–¡Quejicus! –gritó el chico, queriendo descargar su frustración en el slytherin. El chico se volvió en oír pronunciar su nombre, y justo en ese instante, mientras estaba a punto de dirigir su varita hacia el slytherin, otro hechizo le arrebató la misma de las manos.

–Eres un idiota Canuto –le dijo James con ambas varitas en la mano.

–Cornamenta –dijo él, olvidándose de nuevo de otro slytherin, y mirando a los ojos al que hasta no hacía demasiado, había considerado como su hermano–, lo he perdido todo. Soy imbécil.

–Creo que aun no –le dijo él abrazándole, y dejándose abrazar el otro.

Porque ese abrazo significaba muchas cosas, como por ejemplo, que tanto Sirius como James, se habían recuperado el uno al otro, y que ya no se iban a perder nunca más.


N/A: ¡Hola! Aquí de nuevo, y más temprano que otras veces, ¿no creéis? La verdad es que me he escabullido unos minutitos de mi estudio para subirlo, y así centrarme en los últimos exámenes que tengo estos días. Sobre el capítulo, ¿qué os ha parecido? ¿Más drama, más trama? Bueno, os recomiendo dejar review, según una chica a la que leía hace tiempo, decía que adelgazan, quién sabe. Nos veremos el próximo domingo. Viva la vida, Clara.