Transmisión Reestablecida…
-¡Ah! – exclamó por lo bajo Kuki.
No veía nada… Las luces se habían apagado, y eso indicaba, obviamente, que tenía pocos minutos para llegar al segundo piso… antes de que fuera muy tarde para todo el equipo.
Sin embargo, Número Cuatro estaba afuera, y las cosas no iban nada bien… escuchaba fuertes golpes, y algo parecido a gemidos de dolor. No podía distinguir si él estaba bien, o en cambio…
Entonces, oyó cómo alguien caía fuertemente al piso. Se sobresaltó, y comenzó a desesperarse. ¡¿Y si era Wally? ¿Si le hicieron daño? Sus ojos se cristalizaron, y empezó a llorar. ¿Qué podía hacer? Sentía urgentemente que tenía que salir y ayudar a Cuatro, pero él le ordenó que no saliera. ¡Oh, estaba tan preocupada…!
"¡No es momento para llorar!" Le dijo una femenina voz. Se oía lejana, y a la vez muy cerca. Como si fuera producto de su imaginación. Se levantó, alerta. ¿Alguien la había descubierto?
-¿Quién eres? – Preguntó la japonesa, con un extraño tono amenazador en su voz.
"¡Rápido, rápido, no tienes mucho tiempo…!" La voz parecía disminuir el volumen, hasta llegar a un susurro que finalmente se desvaneció: "…tu amigo está bien…"
Esperó unos segundos más.
Nada. Silencio.
Pensó en lo que le dijo esa voz, y se maldijo a sí misma. Había perdido mucho tiempo. Apretó las llaves contra su pecho, y siguiendo su instinto, salió rápidamente de aquel baño, para cumplir con su misión.
Había mucho alboroto dentro de la mansión, nadie veía nada. Tan sólo unos guardias trataban de tranquilizar a los jóvenes allí presentes con sus grandes lámparas. Ella, sigilosamente, se acercó a las grandes escaleras de caracol. A lo lejos, en la sala principal, vio como una luz se hacía cada vez más grande… alguien se acercaba a ella; seguramente sería un guardia.
Al verlo, se apuró a subir. Lo hacía rápidamente, cómo si corriera, pero procurando no hacer ruido. Sin dar golpazos a las escaleras. Era fácil para ella, era delgada y ágil. Subió, subió… A pesar de que era tan sólo un piso el que tenía que subir, admitió que era una gran altura, como si no tuviera fin… Corría, y seguía viendo los escalones, y más y más escalones…
Seguramente estaba perdiendo la cabeza de los nervios, pensó. Su frente estaba empezando a sudar… Finalmente, llegó.
"Un cuarto… que no tiene ventanas…" recordó lo que le dijo Uno. Trató de atar cabos. Por lógica, ese cuarto tenía que estar arriba de donde Número Cuatro se encontraba, y aún lado de ese cuarto, debía estar Dos. Caminó por el silencioso pasillo, palpando las paredes, ya que su visión no era muy buena…
Entonces, algo llamó su atención. Era como una lucecita roja proveniente de un cuarto, era muy débil. Se extrañó, ya que se supone que no había luz. Se asomó discretamente…
Reprimió un grito con sus manos.
Era Cree. Estaba encima de Memo, acorralándolo. Lo apuntaba con una especie de arma, del que salía la extraña luz rojiza. Ella le daba la espalda, y él, tirando en el suelo, parecía suplicar. Dio un paso adelante… su amigo la necesitaba…
Él la vio. Y con un discreto movimiento, sin que Cree lo viera, le hizo una señal con la mano, como queriendo decir: "Vete" Lo hacía con esfuerzo, ya que la mano izquierda de ella apretaba su brazo. Tragó saliva, y asintió.
Si ese era el cuarto donde estaba Número Dos, entonces seguramente… giró la cabeza.
Allí.
Con trabajo pudo distinguir una extraña puerta. Era del mismo estilo que las demás, pero mucho más gruesa. Se acercó… Sacó de su bolso una pequeña lamparita, que no había usado antes por miedo a que la descubrieran más fácilmente. Hay que recordar que su ropa era negra, lo que la hacía menos visible a los demás. Pero ya no había tiempo de ser discretos.
Tomó las llaves, y mientras lo hacía sudaba. ¡Eran cerca de veinte, incluso treinta! Intentó con las primeras cinco que tomó, pero ninguna cuadraba.
"Tranquilízate..." pensó ella. Tomó aire, y observó con mayor atención la cerradura.
A comparación de la puerta, era muy pequeña. A pesar de que la mayoría de las llaves eran pequeñas, no parecían caber allí. Por lo que tenía que ser más pequeña…
Analizó el puño de llaves. Su mirada saltaba de una llave a otra, de una a otra…
-¡La tengo! – susurró. Era una pequeña llave, al parecer de un color dorado.
Su mano temblaba cuando la tomó. Su corazón se aceleró, y sudaba más de lo que ya había hecho. Incrustó la llave… cerró sus ojos, y la giró… oyó el "crack" de que la puerta se había abierto, y los volvió a abrir.
Con esfuerzo, empujó la puerta…
-¡Oh, Dios! – susurró, con los ojos abiertos como platos.
…
La chica oyó cómo se abría bruscamente la puerta, y se asustó. ¡Los descubrirían!
Entonces, unas cálidas manos le taparon la boca, y la obligó a tirarse al suelo.
-Shh – Le indicó Número Uno, haciendo también la señal con su dedo.
Abby asintió, nerviosa. La luz de la luna alumbraba un poco, y vieron la silueta de dos sujetos robustos.
-Parece que alguien bajó el interruptor – comentó una voz grave, proveniente de uno de los sujetos.
-Como sea, tenemos que arreglar esto antes que los invitados enloquezcan. – respondió el otro. –Ya ves cómo se ponen si su fiesta no sale como lo planeado… - tragó saliva. Hablaba con mucho miedo.
-¿¡Cómo sea, cómo sea? – unas voces chillonas habían hablado al mismo tiempo, sarcásticas. Los sujetos se sobresaltaron. -¡Alguien entró a este cuarto, hizo esta tontería y apuesto a que no es sólo para fastidiar nuestra fiesta! – Se quejaron, alzando la voz. -¡Deberían hacer algo al respecto!
Abigail abrió mucho los ojos. Estaba segura que aquellas voces eran de Los de La Otra Cuadra. Miró a su compañero, él parecía igual de impresionado. A pesar de que lamentablemente, en tiempos pasados escucharon esas fastidiosas voces centenas de veces, ahora eso parecía muy lejano. Hacía años que no sabían de ellos…
-Les…pedimos disculpas… -tartamudeó uno de ellos. – Ahora mismo arreglamos la luz…
-¡No queremos que arreglen la luz! ¡Vayan a revisar ese cuarto! – Estaban muy enojados, alteradísimos.
-Pero… de eso se está encargando la gente de Cree…
-¡TODOS SON UNOS TONTOS! –estallaron - ¡Los de Cree están concentrados en un bobo que está en el patio!
"¡Número Cuatro!" Pensó Nigel, altamente preocupado. Él era sólo uno. ¿Cuántos ayudantes podría tener Cree? Además, eso significaba que ella había descubierto los movimientos del Sector. En otras palabras; tanto Cuatro como Dos estaban en peligro seguro.
Se dio cuenta que por la cabeza de Cinco pasaban los mismos pensamientos, ya que su mirada reflejaba infinita preocupación. Ella estuvo a punto de pararse en ese mismo instante, darles su merecido a esos tontos de La Otra Cuadra, y rescatar a su amigo, de no haber sido por Uno, que le sostuvo el brazo.
-Y… ¿qué hacemos con la luz? – preguntó.
-¡BAH! – Ardiendo en llamas, el grupo de chicos se fue, dando zancadas. -¡Tenemos que hacer todo nosotros!
El chico pálido se maldijo por lo bajo. ¡Sabía que no tenía que permitir que Número Tres se fuera sola! Ahora, ella estaría en más peligro, y era sólo una niña.
Lo pensó mejor. No, para nada. Kuki ya no era una niña. Seguro podía defenderse muy bien. Pero aún así, tenían que hacer algo. Matarían dos pájaros de un tiro; cumplir con la misión y rescatar a sus amigos, si todo salía bien.
-Vayamos al rescate – le dijo en el oído a Abby. Ella sonrió, agradecida.
-Bueno…¿prendemos la luz o no? – cuestionó uno.
El otro se encogió de hombros.
-Tal vez, deb… -No logró terminar la frase, algo le había picado el trasero, y sus párpados se cerraban, también perdía fuerzas.
-Hey, ¿Estás bien? ¡Pedro! – El otro guardia había caído al suelo, inmóvil.
En esos instantes, volteó la cabeza, y vio, gracias a la luz de la luna, a dos chicos que lo apuntaban con un arma.
Quiso gritar, pero no pudo hacer mucho; en cuanto los vio, cayó en un sueño profundo.
-Vayamos – indicó el líder.
…
"Puedo con todos ellos" Aseguró.
Aunque, la verdad es que estaba muy cansado. Había calculado mal, primero pensó que eran tres personas, o sea, cosa fácil. Pero eran cinco… y eso era un poco más complicado.
Además, estaban muy bien entrenados, y usaban armas muy sofisticadas. Rara vez usaban su propio cuerpo. Cosa que Wally consideraba tonta. "¡Deberían ser un verdadero macho y utilizar sus puños, no esas estúpidas armas!" pensó él. Examinó la situación. Había derribado a tres, pero estaba cansado y ya no daba para más. Seguro que los dos sobrantes lo acabarían…
Uno se le acercó demasiado, con algo que parecería ser una navaja un tanto… ¿extraña? Sí, el mango tenía varios botones, por lo que él deducía que si presionaba uno, el arma cambiaría. Así pasó también con un sujeto que traía una pistola, con los mismos botones. Cuando lo tuvo en frente, Número Cuatro intentó esquivar sus ataques, pero el filo de la navaja rozó su rostro, causándole una herida un tanto profunda.
"¡Demonios!" El chico estaba enojado consigo mismo. Ya se había lastimado su muñeca derecha cuando derribó al sujeto anterior, por lo que sólo contaba con la izquierda, y ahora tenía esa molestia en el cachete.
Retrocedió, protegiéndose con sus brazos. El de la navaja se acercaba hacia él, y el otro faltante de igual manera pero a su costado. Terminarían por acorralarlo.
Observando los movimientos de los sujetos, tropezó con una raíz que salía del suelo húmedo. Cayó con brusquedad.
Soltó un ligero gemido de dolor. Sintió como si algo se le hubiera enterrado.
-Vaya, vaya. – El que lo había lastimado se acercó a él. Ahora lo vio mejor. Era alto, un poco robusto, y muy moreno. -¿Qué dices ahora, niño tonto? ¿Irás con tu mami?
-Cállate. – Soltó él, incapaz de pararse ya, el otro sujeto lo sostenía. Tan sólo le quedaba dedicarle una mirada de furia.
-¿Tienes miedo? No te culpo.
Entonces, su cuerpo pareció desarmarse. Sí, desarmarse. Rodeándolo, y desapareciendo por detrás de su espalda. Dando lugar a otra figura.
Ahora era un joven de alrededor diecinueve años. Alto, y rubio; mostraba una mirada fría, parecida al hielo. Por alguna extraña razón, Wally se sintió identificado con él.
Sin embargo, estos pensamientos no duraron mucho. Lo reconoció.
-¡Chad!
-Efectivamente. -Se hincó, sin apartar la vista de Wallabee.
-¿Qué? ¿Me matarás? – Dijo él con ironía.
-No dudes que puedo hacerlo. – Contestó Chad. – Sin embargo, esta vez quiero ofrecerte algo.
Número Cuatro alzó las cejas, interesado.
-Habla.
-Tienes grandes habilidades con los puños. Por no mencionar que también das patadas muy fuertes. Nos hace falta gente como tú. –Dijo sin rodeos.
-¿Me estás diciendo que quieres que me una a ustedes? – Casi se ríe. -¿Por qué crees que lo haría?
Él sonrió.
-Porque sé que no soportas los juegos de niños. Porque ya te cansaste de servir al KND. Porque somos como tú.
El chico quedó pasmado unos instantes, sumido en sus pensamientos.
"Juegos de niños…" Sí, le hartaba eso. Y siempre fue así… trabajando en un equipo de niños, haciendo cosas de niños, sin acción. Nunca nada de lo que hizo lo llenó. Todo era tan sencillo…
"Servir al KND…" ¿Cuántos años estuvo en esa organización? Ya no lo recordaba. Siempre era lo mismo, recibir órdenes de una mandona niña, intentar cumplirlas, y echarlo a perder. Sólo combatían adultos idiotas. ¿Qué le podía ofrecer Chad?
"Porque somos como tú." Eso fue lo que más le sorprendió, considerar que él… se puede parecer a Chad. Aquel chico fuerte, brusco e insensible.
Sí… si era todo eso… si era insensible…
No tenía por qué sufrir.
El otro chico parecía leer sus pensamientos. Volvió a sonreír, y le tendió la mano…
Parpadeó un par de veces. Y, con un sentimiento extraño en el pecho, extendió la mano hacia él, por toda respuesta.
Ya no le importaba nada. Ya no quería hacerse el héroe, porque bien sabía que no lo era. Estaba cansado de dar todo su esfuerzo, y no recibir nada a cambio. Que los demás no comprendieran nada. De quienes se hacían llamar sus "amigos" que lo dejaron abandonado con su soledad y dolor cuando más lo necesitaba. De esa niña que también le dio la espalda, yéndose al otro lado del mundo…
De eso, y mucho más; ya estaba harto.
Se tendieron la mano, en muestra de complicidad, y él iba a ayudarlo a levantarse…
Pero entonces, algo tan rápido que él no pudo ver, causó que el otro guardia cayera inconsciente sobre el pasto.
-¿Qué demonios? – Murmuró Chad, mirando de un lado a otro los robustos árboles, tratando de buscar la razón de aquel accidente.
Vio que algo se movió en unos arbustos. Se acercó, sacó la navaja…
Y un fuerte golpe en la frente hizo que perdiera el conocimiento.
Wally estaba shockeado. Todo fue muy rápido, pero más le sorprendía el hecho de que… ¿Iba a aceptar la oferta de Chad? ¿En qué estaba pensando? Sacudió la cabeza fuertemente, confuso.
Un ruido lo volvió a normalidad. Alguien había salido de los arbustos…
El rubio entrecerró los ojos, agudizando la vista. Se le hacía ligeramente familiar… pero, ¿de dónde?
-¿Qué? – le dijo él, al notar su mirada, mientras enrollaba el hilo de un yo-yo.
Número Cuatro buscaba en lo hondo de su memoria.
"Haber…" analizó. "Un chico bajito...Bueno; no tanto. De unos trece años, tal vez. Blanco, nariz fina, quizá un poco redondeada…¿Qué es eso que tapa la mitad de su rostro? ¿Un gorro, un paliacate? Un yo-yo…"
Por más que lo veía, no lograba recordarlo. Pero ¡lo tenía en la punta de su lengua!
-Deberías agradecerme por salvarte…
-¡Tú no me salvaste de nada! –reclamó el güero. –Lo tenía bajo control.
El chico suspiró.
-Estabas a punto de irte al otro bando.
Wally se sonrojó.
-¡Eso suena…extraño!
El misterioso chico lo miró, con cierto aire de fastidio.
-Como sea. Nos vemos. – Le dio la espalda, listo para irse.
-¡Hey, espera! – Él lo alcanzó, y lo retuvo del brazo.
-¿Qué?
-Hum… ¿Te conozco?
-Sí.
-Oh.
-…
-Vaya…
-¿Me dejas ya?
-¡Demonios! ¡Deberías recordarme quién eres! ¡Di algo más!
-¿Para qué?
-¡Porque es lo normal!
-Tú eres el que tiene una mente atrofiada.
-¡Oye, tú…! –le hervía la sangre, de coraje y vergüenza.
-Mira, tengo prisa. Así que…
-¡Lo tengo!
Sí, lo tenía. Entre tanta discusión, se le vino a la mente la imagen de un niño chaparro, que siempre iba acompañado de una niñita, llegó a colaborar con el odioso hermano de 362, y que el hermano de Memo lo consideraba su amigo.
Vio su yo-yo…
"¡Hey, aleja tu yo-yo de mi compañero!"(*) Recordó la voz de Número Cinco, que había dicho eso años atrás.
No había duda.
-¡Número 84!(*)
-Eres muy listo. – Dijo ¿sarcásticamente? - Pero ya no me llames así.
Wally lo soltó.
-¿Y eso?
84 lo miró, casi con pena.
-Vamos, calcula…Ya tengo trece.
Oh. Ah. Eso significa que ya era adolescente, y por tanto, había sido destituido…
Destituido…
-¿Por qué no te borraron la memoria? – Wally dudaba que en los últimos años el KND hiciera un buen trabajo. ¿Cuántos iban ya que se habían escapado de la destitución? ¿Seis? ¿Tal vez más?
-Por favor, tengo prisa.
-¿Prisa de qué?
El recién llegado cerró los ojos, parecía que le dolía la cabeza. ¡Tenía que apurarse, sino… sino nuca podría lograr lo que tanto anhelaba… Por ello, debía entrar a la mansión.
-Te lo explicaré luego…tengo que encontrar algo…
-Si te refieres a la chica encerrada, ya nos estamos encargando de eso…
Él se sorprendió ligeramente.
-¿Chica encerrada?
-¿No venías por eso? – el otro negó con la cabeza. – Oh, pues vaya…
-Gracias por la información. Ahora, adiós. – Nuevamente, le dio la espalda, y corrió, dispuesto a encontrar lo que andaba buscando.
-¡84! – gritó Cuatro.
Él se paró en seco, irritado.
-¿¡Ahora qué?
-Es que…estamos en una misión, así que… no entres. Espera, sólo un poco.
"¿Está bromeando? " pensó. "Él no entiende, no, no lo entiende."
-No puedo esperar. –contestó.
Sorpresivamente, se escuchó una explosión en la mansión, que los sobresaltó a ambos.
…
Estaba sorprendida; sí. Pero tenía que dejar eso aún lado. ¡Ella estaba herida! Tenía que ayudarla, y sacarla de allí.
Se acercó rápidamente a ella. Estaba recostada en el centro de la habitación, tenía atadas las manos y de igual forma los pies. Una cinta canela cubría su boca. Sin embargo, se veía perfectamente sus tristes ojos cafés. Ojos que expresaban sufrimiento y agonía. Sin embargo, se esforzaba por mantenerse serna y firme. Como siempre.
-La sacaremos de aquí… - aseguró Kuki, hincándose aún lado de ella. –Esto dolerá un poco… - Tomó la cinta canela que cubría su boca, y rápidamente, la quitó.
-¡Agg! – se quejó un poco ella, tocándose la zona afectada, que ahora estaba ligeramente roja.
La chica japonesa prosiguió con quitar la cuerda que amarraba sus muñecas, y al hacerlo, la otra chica se quitó la de los pies. Se paró rápidamente.
-¡Vámonos de aquí! – ordenó. Se notaba que estaba cansada de aquél lugar.
-Pero…pero… Todavía no; tenemos que esperar a que…
-Número Tres; no hay tiempo. Esos tontos volverán. – Le dijo ella, con un tono amenazador en su voz.
-¿Tontos, quiénes? ¿Los de La Otra Cuadra? – al ver que ella asintió, sonrió. - ¡No te preocupes! Estaremos bien.
-Mira, Kuki, si lograron atraparme a mí, cuando estaba en mejores condiciones: ¿No crees que podrían atraparte a ti y a mí en este estado?
Kuki la miró detenidamente, aceptando la realidad. Ellos, por milagro o quién sabe por qué, habían logrado capturar a quien fue la líder oficial de toda la organización; a esa chica fuerte y decidida, la que nunca hacía las cosas mal.
A 362. (*)
-Puede que sí…-admitió ella. – Pero tengo que obedecer a mi líder de Sector… él dio sus órdenes.
-Pues yo te estoy dando otras.
Con un suspiro de resignación, asintió.
Pero detrás de ella, sintió otras presencias… se giró. Muy tarde.
-Cuánto tiempo; Kuki Sanban. – dijeron a coro. - ¿Qué pensabas hacer con nuestra rehén?
-¡Lo pagarán caro! – gritó 362, dando un paso al frente, y colocándose en frente de Tres.
Ella se sintió pequeña. Había estudiado artes marciales en su estadía en Japón, y lo hacía muy bien. Pero comparada con aquella chica… no era nada. Era débil y frágil. Y ya no quería serlo…
-Tú no estás en condiciones de hacer nada – dijeron los chicos, notando como cojeaba al caminar. – Ya hicimos mucho contigo.
362 les lanzó una mirada asesina.
-¡Bastardos! – Les gritó, mientras lanzaba un golpe, que uno de los chicos, el más alto, retuvo muy bien.
-No te esfuerces de más. Aún te necesitamos, no hemos terminado contigo.
Sus ojos se dilataron, recordando lo que había vivido los últimos días. Comenzó a temblar, y sus ojos amenazaban con llorar. Por lo que finalmente se lanzó al suelo, sosteniendo su cabeza con sus brazos.
-¡No, por favor, no más! – suplicó.
Kuki quedó impresionada con el comportamiento de ella. ¿Qué le habían hecho? ¿Tan terribles se habían convertido?
"¡Qué va! ¡Has algo, ya!" pensó. Y sorpresivamente, lanzó una patada hacia Los de La Otra Cuadra, quienes no se lo esperaban.
Logró lastimar a la chica morena, que estaba en el costado.
-¿¡Qué demonios te pasa? – Gritaron a coro.
El chico que antes tenía un casco, y que ahora reemplazaba con una gorra, la tomó del cuello, y la levantó. Causándole dolor.
-Dé…jenme… -ordenó con esfuerzo.
-Eres una inútil, Kuki Sanban. Debes desaparecer del mapa, ¿no crees? – comentaron, mientras el chico apretaba más su puño. La chica lanzó un gemido.
¡Le estaba faltando el aliento! Sentía como sus pulmones pedían a gritos aire, y empezó a ver borroso…
Podía sentir los dedos del chico cerrarse. Y su mente se llenó de recuerdos maravillosos. Comenzaba a creer que moriría… Resignada, cerró los ojos…para disfrutar de esos dulces momentos que pasaban por su mente.
Los chicos rieron. Esa típica risa enfadosa de siempre, con un toque de maldad.
-¡Número Tres! –gritó entonces una chica.
Los de La Otra Cuadra se volvieron, para ver a Uno, Dos y Cinco en la entrada.
Abby sostenía a Memo, que estaba un poco herido. Nigel, al ver la situación, se maldijo por centésima vez en el día, y de la nada sacó una pequeña canica.
-¡Chicos del Barrio, vámonos! – gritó, mientras lanzaba con fuerza la canica al suelo, ocasionando una fuerte explosión.
Todo el Sector conocía esa arma. Cuando era lanzada, esparcía un humo venenoso, que también ayudaba con las retiradas. Así no se vería nada. Por lo que, tanto 362, como Kuki, captaron la idea de no respirar por unos segundos… Aunque la chica japonesa con trabajos y podía hacerlo.
-¡Aaaaahh! – Los de La Otra Cuadra, instintivamente, soltaron a la chica, intentando cubrir sus bocas. Cosa inútil, ya que el veneno ya había entrado a sus pulmones.
Rápidamente, Uno sostuvo a 362 y a Tres con ambos brazos. Le hizo una señal a Abby, que seguía con Dos, y salieron de allí.
Transmisión Interrumpida…
Comentarios de la autora:
(*) En OPERATION: INTERVIEWS, Abby dice un comentario parecido… no recuerdo muy bien 8D
(*) Su nombre es Lee, a.k.a Numbuh 84. Su primera aparición fue en OPERATION: TRAINING. Su táctica es "Especialista en yo-yo"
(*) Creo que su nombre real es Rachel. A.k.a 362. Líder suprema del KND, quién residía en la Base Lunar. Primera aparición: OPERATION: FUGITIVE.
Asdfasdf… creo que este cap es un poco más largo que los demás^^; Y no estoy del todo convencida con él, creo que todo lo hice muy apresuradamente. En especial la escena donde sale 84. Pero es que ya me había artado de tantos párrafos, quería más conversación, jejeje. Y es que amo a 84! Ya quería que apareciera n.n
Bueno, si es muy confuso, resumiré el cap:
Tres rescató a 362, quien estaba prisionera por los de la Otra Cuadra. En una escena que no escribí, Abby y Nigel también ayudan a Memo, y Cinco se encargó de Cree. (Sabremos los detalles más adelante) Mientras, Chad le ofreció a Cuatro que trabajara con él, y estuvo a punto de aceptar, de no ser por la repentina aparición de 84.
Listo xD AH! Otra cosa, ¿Se dan cuenta que para mencionar al Sector V escribo sus números con letras? ¿Y de otros, como Rachel o Lee no? Bueno, es que me da flojera escribirlos con letra, sería raro… O sea, "Trescientos sesenta y dos" "Ochenta y cuatro" No, no, es más fácil con números xD Sólo al Sector V los nombraré como : "Uno, Dos, Tres, Cuatro y Cinco."
Phantom Lady: Awww, ¡eres una lindura! Eres la única que al parecer sigue y está al tanto de mi fic :'D Este fic va dedicado para ti!^^
