Disclaimer: Todos los personajes que este Fan Fiction se presentan son propiedad de CLAMP. A excepción de personajes terciarios y de paso.
Segundo Cantar
Los errores que cometemos siempre bailan a nuestro alrededor y avanzan con nosotros, pero no caen.
Desesperanza
Dame muerte en tus brazos
Que no importa cuanto sufra;
Que sea tus manos el arma
Y sea tu boca mi aliento.
III
La mañana le sorprendió tirado en el baño. Varios pedazos de vidrios estaban regados por todo el suelo, así que se levantó con cuidado de no irse a clavar alguno, se miró en el espejo y suspiró, realmente lucía patético. Se frotó el cuello con una mano mientras con la otra se sostenía del lavamanos y un nuevo mareo le sobrevino. Quizás era hora de ver a un doctor.
Se dirigió a su habitación y con un cansado gemido se derrumbó en su cama y ahí se volvió a quedar dormido. Si alguien lo notará se daría cuenta de lo mucho que pasaba durmiendo últimamente, de los repentinos bajones de actitud, pero ni él tenía la fuerza de darse cuenta. Dos horas después y con el sol entrando por la ventana con toda la fuerza, despertó. Mientras dormía se había acurrucado en forma fetal y a eso atribuía el dolor que ahora le acometía en la espalda. Se estiró cual gato buscando calmar el dolor, pero no lo logró. Resignado se metió a bañar. Hoy sería otro día más...
Aunque nadie sabe qué puede pasar en esos días.
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Durante el transcurso de la mañana el cielo se había tornado de un gris, consecuencia de las nubes amenazantes que llegaron del sur. Por primera vez no caminaba pensativo sino que intentando de todas las maneras posibles redimir un poco el dolor. Hace un poco más del cuarto de hora que había dejado el edificio de su escuela para dirigirse a su casa y descansar. Durante la sesión de deporte su espalda lo había hecho quedarse en la banca recostado.
Miro al cielo mientras se estiraba y encorvaba un poco hacia atrás, quizás era que la espalda le quería tronar. Suspiró y decidó pasar por algo a la tienda, para la comida. Pero nadie le deparaba lo que encontraría en el supermercado.
Ahí, frente a él, en el departamento de carnes, como si en el mundo fuera normal que existiera, como si nada hubiera pasado, tranquilo y con calma, haciendo las compras se encontraba aquel joven que tantos dolores de cabeza le había dado
Eriol Hiragisawa estaba en Japón.
Se quedó de piedra al momento en que el joven volteaba a mirarlo y le sonreía al momento en que se acercaba a él con la canasta llena de guarniciones y algo de despensa necesaria para la alacena que en casa estaba vacía.
-Joven Yukito ¿cómo ha estado?-
-Yo. Pues bien, gracias por preguntar. ¿Y qué es lo que te trae por aquí, a Japón?-
-Capricho mío. Tenía ganas de ver a la maestra de las cartas una vez más-
-"¿No estarás pensando dar problemas?" Me parece bien-
-¿Te gustaría acompañarme a comer? Así Sakura no llegará sola-
-¿También irá?-
-Sí, le he llamado temprano para informarle de mi llegada e invitarla. También he invitado a la joven Tomoyo-
-Entonces Sakura no llegará sola-
-Bueno, resulta que yo le dije que pasaría por ella y, bueno...- Eriol desvió la mirada mientras un ligero sonrojo se instalaba en sus mejillas.
-Entiendo. Estaremos ahí. Un placer verte- Hizo una mueca que pensó seria una sonrisa perfecta pero que sólo lució como un movimiento vacio. Segundos después se alejaba rumbo a los abarrotes en busca de algo.
Al salir del súper mercado se dirigió a casa para acomodar los alimentos y tratar de arreglarse para asistir a casa de la reencarnación de Clow. Se dio una última mirada en el espejo del recibidor y salió rumbo a la casa de los Kinomoto. Había salido de casa bastante mejor que otros días pero conforme se acercaba a la casa de la pequeña Sakura cayó en cuenta de que ahí también vivía Touya y que, probablemente lo encontraría allí. Era la hora de la comida, usualmente ellos comían juntos. Se detuvo justo enfrente de la reja que marcaba el inicio de la casa. Apretó sus puños y rogó por mantenerse sereno. Abrió la puerta y se acerco al umbral, toco tres veces y esperó.
-¿Quién?- Se escuchó del otro lado de la madera- Ah, eres tú, Yukito. Pero adelante pasa, no te quedes ahí- El Sr. Kinomoto le recibió como solía hacerlo siempre, con una gran sonrisa cálida que le hizo pensar que todo estaba bien y que lo pasado había sido solo una pesadilla. Un horrible sueño producto de su desesperación. Lamentablemente su esperanza se vio interrumpida.
-¿Qué haces aquí?- La voz grave de su "amigo" le asustó- Te hice una pregunta- Pero El peli-gris se mantuvo callado no sabiendo cómo hablar- Eres patético- Y se retiró.
-Vine por Sakura- soltó con un tono poco creíble. Estaba temblando y sus ojos querían ponerse a soltar lágrimas.
-Bonito pretexto ¿no crees?- Se escuchó desde la cocina.
-Touya yo-
-Basta. No necesito escuchar lo mismo. Ni siquiera ese que llamas Yue-
-Escúchame, por favor- Se acercó a la entrada del comedor desde donde podía observarlo hacer la comida.
-Dijiste que me amabas- Repitió con retintín- Eres tan predecible- Una mueca que semejaba una sonrisa burlona se dibujó en el rostro del moreno –No tengo nada que escuchar como se lo he dicho a ese pajarraco y a ti-
-¡Por favor! Te lo suplico. Déjame demostrarte que-
-Ya basta. Te dicen te quiero y ya quieres que te pongan casa-
-Pero tú...-
-Era lo que querías ¿no? Tú sueño dorado. Bien, ya está. Ahora déjame vivir. Ve y piérdete por ahí- Le hizo un ademan poco propio de él y paso a ignorarlo completamente.
-Estás mintiendo ¿verdad?- Sus manos estaban en puños apretados a ambos lados- sólo estás juga-
-¡Lo entendiste! Habrá que hacerte fiesta-
-Tú no puedes- Él mismo se calló. Estaba temblando de pies a cabeza. No sabía que sentir. Furia, vergüenza, dolor, tristeza, coraje. Varias emociones se mezclaban en su interior y quería golpearlo, hacerlo callar, pero no podía. No podía dañar lo que más amaba.
-Sí, sí puedo. Mira como lo hice. Sólo fuiste un juego para mí. Uno muy aburrido, por cierto-
-Hermano-Sakura acababa de bajar de su habitación y estaba parada detrás de Yukito sujetando con fuerza el saco que llevaría puesto por la noche. Le miraba desconcertada.
-La comida aún no está lista, monstro-
-No voy a comer aquí- susurró bajando la mirada- Le informé a papá en la mañana-
-¿Y eso?-
-Eriol llegó de Inglaterra ayer y nos invitó a comer a su casa- Tomo la mano de Yukito que tenía más cerca y le jaló para que la siguiera-Vamos Yukito o llegaremos tarde. Regreso después de que oscurezca-dijo mientras salían de la habitación y caminaban hacia la puerta. –Vamos Yukito- terminó mientras salían de la residencia.
-Sakura, creo que- No pudo terminar porque las lágrimas comenzaron a salir una a una y un gemido lastimero escapó de sus labios.
-Creo que mejor vamos volando ¿no? Yue, por favor- Sakura espero a que Yue se mostrará frente a ella- ¿Desde cuándo?- Preguntó indecisa.
-¿De qué hablas, Sakura?- Intentó no mirarla a los ojos mientras hablaba, pero la pequeña se dio cuenta de ese detalle.
-Yukito y mi hermano ¿desde cuándo están juntos?-
-Nunca lo estuvieron-
-Entonces ¿qué pasó?-
-No soy el que debería decírtelo- Sus labios temblaron un momento y sus ojos se cerraron mientras trataba de controlarse- Será mejor que partamos-
-Tienes razón, Yue. Vuelo.- Un par de alas brillantes nacieron de su espalda y alzo su cuerpo del piso mientras el viento le ayudaba a conservar el equilibrio. Poco después Yue la siguió por el cielo, siempre atrás de ella.
-Sakura.- Un pequeño muñeco que pareciera de felpa salió de su escondite en el gorro de la muchacha.
-Kero ¿Qué sucede?-
-Algo extraño pasa con Yue- Contestó mientras se posicionada en un hombro de su ama y se agarraba bien para no salir volando y quedarse atrás- Está volando diferente-
-¿Y eso que tiene de extraño?-
-Sólo míralo- Sakura se giro un poco y observo al peli largo. Se veía distraído y su vuelo era algo inestable. Su rostro mostraba que algo le molestaba o incluso le lastimaba. Se detuvo por completo y espero a que el otro estuviera a su altura para poder hablar más claramente con él, antes de llegar a la casa de Eriol.
-Yue, ¿Qué sucede?- Preguntó seria.
-¿Eh?- Se detuvo antes de chocar con la joven- No, nada, pequeña Sakura- Sonrió con gentileza antes de reanudar el vuelo.
-¿Seguro? Parece como si algo te lastimara- Yue se detuvo y giro a verla.
-Solo es un ligero dolor en la espalda, es todo- Volvió a sonreír- Será mejor que nos demos prisa-
-Sí- Ella también sonrió pero la quito inmediatamente- Nunca había visto a Yue sonreír-Susurró para sí misma.
-Algo extraño sucede con él- Sus alitas se abrieron y cruzo su brazos pensando- Sakura, me adelantaré. Quisiera hablar con Clow antes-
-Sí, claro. Es por-
-Sé cómo encontrar a Clow. –La interrumpió- No te preocupes. Hazlo por el de enfrente- Y señalo al ángel que les miraba un poco más allá.
-De acuerdo- Kero salió disparado hacia un lado mientras se alejaba- ¡Espérame Yue!- Gritó la mocosa mientras aceleraba el paso- Listo, marchemos- Habló cuando llego a su lado mientras sonreía con calidez.
Llegaron al departamento en el cual se estaba hospedando el joven Eriol. La castaña terminó el hechizo y sus alas desaparecieron. Yue se poso a su lado guardando también sus alas. Tocaron a la puerta y pronto un animalito parecido a Kero les abrió la puerta. Saludo y les invitó a pasar.
La estancia era acogedora en tonos pasteles predominando el color amarillo y crema. Los muebles de fina caoba oscura adornaban las paredes. Una alfombra en tono rojo granate ocupaba el piso. Suave y mullida. Uno que otro cuadro colgaba de la pared embelleciendo el lugar, si era posible. En la sala existían dos sillones de tres plazas y uno individual en color rojo, sobre el cual se encontraba el joven de anteojos sentado con Kero en un hombro y Spinel en el otro.
-¡Eriol! Que gusto volver a verte- Sakura se acercó mientras el joven se levantaba y se acercaba a saludarla.
-El placer es mío Sakura. Veo que has estado entrenando un poco me da-
-¡Sakura!- Un grito desde la derecha interrumpió a Eriol mientras una masa de cabello oscuro caía sobre la castaña.
-Tomoyo ¿qué sucede?-
-Nada. Quería verme efusiva ya que estamos de reencuentro. Pero Sakura, traje unos trajes que me encantaría vértelos puesto. Y como Eriol está aquí también podría medirle unos. He preparado unos diseños lindísimos. Y Resulta que en la escuela están diseñando una obra y quisiera que me ayudaras con los atuendos y-
-Pero Tomoyo, yo no estudio diseño-
-¿Y luego? Tu eres mi inspiración amiga- Sus ojos parecían dos estrellas estampadas en su rostro- Ah, qué emoción-
-Tomoyo, Eriol nos invito y no sería prudente dejarlo solo siendo sus-
-No te preocupes, Sakura- Eriol sonrió con un gesto de agradecimiento dibujado en su rostro- Ve con Tomoyo. Ella ya sabe donde están las habitaciones. Les llamaremos para comer-
-¿Estás seguro?-
-Claro- Terminó sin quitar la sonrisa de su cara.
-¡Kero! También tengo algo para ti. Tienes que probártelo. Te vas a ver divino. Perfecto con tus ojos-
-Voy- Todos rieron ante el levantamiento de ego de la pequeña cosita amarilla que se dirigía presto a la habitación- ¿Por qué se quedan ahí parados?- Gritó desde lejos.
-Será mejor que vayamos- Ambas jóvenes se sonrieron y marcharon de la habitación.
-Spinel. Por favor- La cosita oscura posada en su hombro voló y salió por la venta a buscar algo que hacer- Yue- Miro al último que quedaba en el lugar.
-Clow- Tembló un poco ante la atenta mirada del más joven.
-¿Qué está sucediendo?- Habló sin sentimiento mientras le invitaba a sentarse- Y más te vale hablar con la verdad. No te hará bien mentir. Lo sabes-
-No sucede nada. Un problema que tiene mi otra identidad- Seguía mirándolo y se estaba poniendo nervioso.
-No te hace bien mentir-
-No estoy mintiendo- Se defendió mientras se levantaba. Una sola mirada del otro y estaba de nuevo sentado.
-Sakura está preocupada por ti. Te nota diferente-
-Sabes que no puedo luchar siempre contra los sentimientos de Yukito. En cierta forma me están afectando-
-Kerberos me comentó que te duele la espalda. Aunque de esto se debería encargar Sakura-
-Estoy bien ¡Mira!- Yue se puso de pie y saco sus alas. Hizo un gesto de dolor, la izquierda no podía estirarla del todo.
-¿Qué sucede?-
-Duele-
-¿Seguro que sólo es problema de Yukito?-
-Si- Lanzó una mirada algo fría hacia Eriol pero el gusto no le duro. El joven se había acercado a él, había agarrado el ala lastimada y la estiraba de a poco. Un quejido escapó de sus labios mientras un fuerte dolor lo recorría del ala hasta la cadera.
-Este dolor no es de Yukito. Podrías dejar de mentir y decirme ¿qué sucede?-
-No estoy mintiendo- Contestó con los dientes apretados mientras otra ola de dolor le atravesaba- ¿Puedes dejar de jalarlas, por favor? ¡AH!-
-No las estoy tocando, Yue-
-¡ARGH!- Ya no eran olas era un marea de dolor lo que sentía. Al parecer se había instalado completamente alrededor del área donde nacían sus alas. ¿Qué era lo que estaba pasando? Apretó más los dientes cuando sintió como si le quisieran arrancar sus extremidades- Clow- Artículo pausadamente mientras se aferraba a sí mismo -¿Qué está sucediendo?-
Eriol se mantuvo en silencio recitando un ligero hechizo para disminuir el dolor pero lo único que logró fue que Yue realmente gritara de dolor. Sus alas estaban completamente abiertas, como si algo las estuviera jalando.
-¿Qué está pasando, Eriol?- Sakura llegaba acompañada de Tomoyo y más atrás venía Kero en su forma verdadera. Aquel gran león de rostro bonachón.
-¡Yue está sangrando!- exclamó escandalizada la peli negra mientras corría hasta el otro pero Eriol la detuvo en su andar- ¿pero...?-
-Sólo hay un motivo para que esto suceda- Hablo Eriol con voz calma y mirando fijamente al ángel mientras se retorcía de dolor- Y no hay nada que podamos hacer-
-¡¿A qué te refieres?! Debemos de hacer algo. Está sufriendo- Un nuevo quejido por parte de Yue les hizo voltear a verlo.
El traje del juez y guardián comenzaba a mancharse de sangre por la espalda. Un fino hilo goteaba por su cuello escapando hacia el suelo. Sus ojos estaban fuertemente cerrados mientras apretaba con fuerza la alfombra. Sus largos cabellos ocultaban buena parte de su rostro y se esparcían desparramados por el suelo.
Todos sabían que ese no era el momento para discutir que hacer. Para Eriol era difícil tener que ver en esta situación a una de las creaciones de su yo pasado. Para Sakura era ver morir a un ser amado. ¿Pero que importaba ya el dolor? Yue comenzaba a creer que era más fácil morir que aguantar tanto. Aunque por dentro rogaba que alguien le explicara qué es lo que estaba pasando, dudaba mucho que alguna palabra saliera de su boca o un sonido atravesara el zumbido que se había instalado en sus oídos. Sentía que de un momento a otro sus alas se desprenderían. ¿Por qué? Un nuevo golpe vino, más fuerte que antes el dolor llegó, gimió y la oscuridad por fin le alcanzó.
-Será mejor que lo recostemos, Kerberos ¿podrías?-
-¡No soy animal de carga!-
-Kero, por favor- Sakura junto sus manos y prácticamente le suplicó.
-De acuerdo. Súbanlo- El León se recostó sobre sus patas, momentos después se levantaba y comenzaba a recorrer el pasillo rumbo a otra habitación.
-Sakura ¿no hubiese sido mejor que usaras las cartas?- La pelinegra avanzaba por detrás de Sakura a un ritmo lento.
-Ah, este... ¡Ah! Lo olvide- Una gota recorrió su cabeza
Estando ya Yue reposando sobre una cama y ellos de nuevo sentados en lo sillones, la castaña de ojos verdes no soportó el silencio que se había instalado y con una voz preocupada y casi gritando le exigió a Eriol que hablara. Éste a pesar de estar preocupado se mantuvo silencioso, meditando. Nada estaba sucediendo como debería. Había ciertas cosas que el mismo dejó pasar en su anterior vida y ésa, al parecer, era una de ellas. Estaba seguro de que algo pensó en aquel entonces pero ¿qué era?
Diario del Ángel
Sin fecha, porque no tengo ni la más mínima de cuando lo terminé de escribir, de hecho aun estamos en proceso de terminar, pero en fin. Esta parte para mí es de lo más interesante Llegamos a la parte alocada XD
No recuerdo a You sonreír en el anime, así que… y lo dela gotita… no halle otra forma de expresarlo XD
