Disclaimer: Los personajes no son míos son de Stephenie Meyer y la historia es una adaptación de Shayla Black.
Capítulo 8
En el instante en que Bella le abrió la puerta, Edward se deslizó dentro de la pequeña casa y la abrazó bruscamente. Ella había estado en Miami sólo treinta y dos horas, pero se sintieron como cuarenta millones.
Él no podía dejar de cubrirle la boca roja y perfecta con la suya, abriéndose paso a empujones para conectarse con ella de cualquier forma que Bella le permitiera, para probar el sabor de su beso.
En lugar de eso él saboreó vino. Mierda.
Apartándole los rizos de las mejillas, le clavó la mirada en los ojos oscuros. Preocupados e inseguros. Su estómago se revolvió y cayó.
—Habla conmigo, corazón.
—Vulturi me ofreció el trabajo.
Edward trató de no entrar en pánico. En su lugar, cerró la puerta principal y la tomó de la mano llevándola hasta el sofá. Se sentó y la puso en su regazo.
—¡Soy demasiado pesada para ti! —trató de bajarse tímidamente.
Él se mantuvo firme.
—Eres perfecta. Quédate quieta.
El hecho de que le hubiesen ofrecido un trabajo a más de dos mil kilómetros de distancia lo perturbaba. ¿Las buenas noticias? Ella no se veía feliz.
—No es una sorpresa para ti—murmuró Edward, acariciándole el cabello—. El hombre ha estado tratando de engatusarte para que te alejes desde hace tiempo.
Bells asintió con la cabeza, con aspecto cansado y muy pálido.
—Me ofrece mucho dinero y libertad profesional.
—Jasper te daría lo mismo si lo quisieras.
Ella negó con la cabeza.
—No puede. En la oficina, la esposa de su socio principal lidera el equipo de asistentes legales, que es el trabajo que Vulturi me está ofreciendo. Jasper me ha dado todo lo que ha podido.
El estómago de Edward cayó en picado. Sabía que era mejor no ofrecerle lo que fuera que ella pensara que carecía económicamente. Bella siempre había sido ridículamente independiente. Quería hacerlo por sí misma.
—No conoces una maldita alma en Miami.
—No —dijo de manera miserable. Las lágrimas fluyeron y sus ojos enrojecidos le dijeron que no era la primera vez en el día de hoy que había llorado—. Mi familia, mis raíces, mis amigos están aquí. Pero este trabajo representa todo por lo que he luchado profesionalmente. Vulturi pudo haber sido más amable o estar más entusiasmado si yo le hubiera dicho qué hacer. Me presentó a todo el mundo en la oficina y francamente son maravillosos. Luego él y su esposa me invitaron a su casa a cenar. Le di mi visión de un gran equipo de asistentes y la aceptó por completo…
El desasosiego en las tripas de Edward se acercó al terror.
—No hagas nada apresurado, corazón. Te amo; lo sabes. Y no soy el único. —Por mucho que le doliera tener que admitirlo, haría o diría lo que fuera necesario para mantenerla en Austin—. Sabes que Emmett y Jasper también tienen fuertes sentimientos por ti.
—Sí, y yo os amo a todos vosotros. No quiero dejar a ninguno. —Se mordisqueó el labio—. Así que me siento como si tuviera que elegir entre mis aspiraciones y mi corazón. Duele. El domingo por la noche… —Sus pestañas se movieron trémulamente y la expresión en sus ojos de chocolate se veía tan ardiente—. No sé cómo os sentisteis al respecto, pero fue todo lo que yo siempre había esperado y más.
Edward respiró profundamente tratando de encauzar la avalancha de deseo y furia que le cayó de inmediato. Sí, él sabía que ella había estado emocionada por haber cumplido su fantasía, pero había sido más que una marca en su lista de tareas sexuales pendientes.
Cada vez que ella se arqueó, en cada jadeo y toque, Edward había percibido su amor por todos ellos. Observarla chupándosela a Emmett mientras él se enterraba profundamente dentro de ella, sentir el deslizamiento de la polla de Jasper al otro lado de la división delgada de su carne… ¡Maldita sea! Se restregó una mano por la cara.
No se podía negar que el simple recuerdo de aquella noche lo ponía más duro que el diablo. Quería llevar a Bella a la cama otra vez, pasar horas dentro de ella hasta que le entregase cada pedacito de sí misma a él… y a los otros tíos. El domingo por la noche se había desencadenado algo primitivo en él. Fuera de control. Nunca había estado tan malditamente excitado.
O cabreado. Otros dos hombres estaban tocando a la mujer que amaba, con la que quería casarse y llenarla de su semiente. Y en lugar de estar irrisoriamente celoso y enfrentarse a ellos por los derechos de exclusividad de Bella, se había permitido cada instinto hedonista que alguna vez hubiese reprimido y la folló con ellos.
¿Cuándo se había vuelto tan retorcido?
En su pequeña cocina el sábado por la tarde, cuando ellos por primera vez plantearon la posibilidad de hacerle el amor de manera colectiva, él tragó su sacudida inicial de deseo. Sólo había estado haciendo esto por Bella, para no perderla. Ella tenía que eliminar esta fantasía de su organismo antes de poder elegir al hombre con quien quería pasar el resto de su vida, ¿verdad? Se mintió a sí mismo que no le gustaría nada de eso.
Entonces ella besó a Emmett justo ante sus ojos. Algo dentro de él se rompió. La furia surgió, sí, pero el deseo mandó todo al diablo. Ver como la tocaban y la excitaban había hecho algo a su cerebro, a su sentido de lo correcto e incorrecto. De repente, ya no existía más. Sólo sabía que necesitaba conseguir estar desnudo con ella, observarla perder el control… y no necesariamente conducirla al orgasmo a solas.
Él la había agarrado, besado, poniéndose aún más caliente al observar a Jasper pellizcar sus pezones dulces y pequeños. Acariciar el otro pecho al mismo tiempo le había dado el tipo de emoción enferma a la que nunca hubiera imaginado que respondería. La vergüenza y la excitación eran una combinación terrible y adictiva.
En el momento en que su jefe le había puesto la boca en el coño, y ella se había arqueado y gemido, Edward supo que había encontrado una emoción nueva que nunca deseó tener. Pero una de la que nunca podría prescindir. Ver y sentir a Jasper abrirse paso en su culo y cautivarse con la respuesta de ella… no había manera de que pudiera privarse de eso.
Mierda.
Incluso ahora estaba tambaleante y excitado. Claro que le encantaría tenerla a solas. Hacer el amor a Bella fue una experiencia sublime. Verla disolverse en un charco de necesidad femenina entre los tres había sido la experiencia más alucinante de toda su vida.
Maldijo.
—Sé que la noche del domingo era tu fantasía. —Volvió a maldecir silenciosamente cuando su voz tembló.
—¿Tú la odiaste mucho?
¿Mentir o decir la verdad? ¿Cómo podía admitir que le encantó ver a otros hombres tocándola? Pero, ¿cuánto más rastrero sería si era deshonesto?
Antes de que pudiera esclarecer sus pensamientos, el teléfono móvil de Bella sonó. Ella lo sacó de su bolso.
—¿Hola?
—¿Regresaste de Miami, nena?
Emmett. Edward reconoció su voz a pesar de que Bella tenía el teléfono apretado en su oreja.
—Estoy aquí. Entré hace quince minutos.
—Te extrañé.
Ella le lanzó una mirada ansiosa.
—Yo también te extrañé.
—¿Te interesa algo de compañía? Quiero saber de tu viaje. Acabo de librarme del servicio y me di una ducha.
La polla de Edward se apretó. Bella titubeó.
—Um… —Se mordisqueaba el labio titubeante mientras lo miraba—. Edward está aquí.
—¿Sí? ¿Él te tocó ya? —Emmett sonaba igual de excitado por esa perspectiva como Edward.
Bella se lamió los labios. Su respiración se aceleró. Maldita sea, a ella también le gustaba.
Él apretó la mandíbula. Ninguno de los dos iba a ayudarlo a oponerse a lo que tan enfermiza y desesperadamente deseaba.
—No, acaba de llegar. —La voz de Bella había descendido, cobrado un tono ronco.
—¿Te gustaría que él te tocase, cariño? ¿Estás dolorida?
A través de su camisa, los pezones se endurecieron. Sus mejillas se sonrojaron. Sus pestañas se agitaron. Edward se puso duro imaginando con exactitud lo que podría hacerle… con ayuda del bombero.
La necesidad se retorcía en las tripas de Edward. Dios, iba a lamentar esto…
Deslizó una mano sobre su pecho tenso, manoseándole el pezón y agarró el teléfono de Bella.
—La estoy tocando ahora. Su pezón quema la palma de mi mano. Trae tu culo acá.
Edward terminó la llamada y tiró el teléfono encima del sofá cercano de la sala de estar. Luego volvió la mirada caliente nuevamente hacia ella.
Bella dejó caer la mandíbula.
—De los tres, pensé que tú lamentarías muchísimo la noche del domingo y rehusarías hacerlo de nuevo, pero… quieres que Emmett venga y…
—No me hagas decir una maldita palabra. —Apretó la mandíbula—. Sólo abre la cremallera de esa pequeña falda y deshazte de las bragas. Necesito poner mi boca sobre ti ahora.
Ella parpadeó unas pocas veces, pareciendo ligeramente aturdida y tan jodidamente sexy. Edwadr tragó, la paciencia menguando frente al deseo abrasador.
Al final, Bella extendió una mano detrás de ella. La cremallera chirrió en el silencio y ella la bajó. A continuación la prenda cayó de sus caderas, revelando las bragas de encaje negro. Todo el cuerpo de él se tensó, el corazón aporreando mientras caía de rodillas y se las quitaba de un tirón.
Pálida, rosada y desnuda excepto por unos pocos rizos sobre el montículo justo por encima del clítoris. Él extendió la carne con los pulgares, clavando la mirada. Deseando. Pero probar su sabor mientras ella estaba de pie… simplemente no iba a funcionar. Quería regodearse con ella y necesitaba tumbarla.
Edward le arrancó la blusa con un amplio movimiento, luego la levantó y la recostó en la alfombra de la sala de estar. Siguiéndola abajo, gateó entre sus muslos y los separó.
—Dime que quieres esto, Bells.
Ella sólo vaciló un instante, pero la espera casi lo mató.
Asintiendo con la cabeza, la voz ronca murmuró:
—Lo quiero. Muchísimo. Estoy encantada que estés bien con ello.
Edward tragó y subió la mirada por su cuerpo, a su rostro.
—Verte feliz y bien es el placer más grande en la vida. Quiero dártelo todos los días.
—Gracias. No puedo elegir…
Discutir parecía inútil. Sólo existía el deseo.
Él pasó la lengua a través de su hendidura y ella dejó de hablar. La satisfacción lo atravesó con fuerza y acarició el pequeño nudo de nervios, sintiéndolo ponerse duro bajo su toque.
—Maldita sea, sabes tan bien. —Tan adictiva y única que no pudo resistirse a otro lengüetazo… y no lo intentó. En lugar de eso, bajó la cabeza hacia ella, inhaló su aroma, las fosas nasales dilatadas. Luego fijó su boca sobre Bella una vez más, pasándole la lengua con una amplia lamida que la hizo retorcerse.
Ella le agarró puñados de pelo. El cuero cabelludo de Edward picaba ante la urgencia de Bella y él gimió.
—¡Dios, sí! Te amo, Edward.
Tanto su corazón como su polla se hincharon.
—Yo también te amo. Y adoro hacer que te corras.
Emmett entró de sopetón en la casa.
—¿Dónde está? —cuando echó un vistazo, se detuvo—. Jódeme, esto es caliente.
Dando un portazo, Emmett comenzó a acortar la distancia entre ellos. Edward volvió su total atención a Bella, pero el ruido de tela le dijo que Emmett se despojaba de la ropa con cada paso. El corpulento bombero rápidamente se dejó caer al lado de ella, tomándole la mano, viendo como Edward metía suavemente las manos debajo del culo de Bella y las ponía de nuevo sobre las caderas, arrastrándola aún más cerca de su boca expectante.
—Eso es, hombre —gimió Emmett—. ¿No es malditamente dulce?
Maldita sea, él no tenía idea… Y no iba a levantar la boca para contestar.
Emmett captó la indirecta o perdió la paciencia para esperar la respuesta. Entonces, tomó una mano de Bella entre las suyas y pasó rápidamente la otra sobre su abdomen, hasta su pecho desnudo.
—¿Eso se siente bien, nena? ¿Edward va a hacer que te corras?
Ella gimoteó, se tensó y Edward la sintió asentir con la cabeza. Con su toque, ella se calentaba. Bajo su lengua, se inflamaba. Su humedad se juntó, se acumuló. Él la lamía con avidez, queriendo todo lo que tenía para dar. Debajo de él, Bella clavaba los talones en la alfombra y levantaba las caderas. Él la mantenía firme en el suelo, haciéndola tomar un golpe de su lengua tras otro. La sangre de Edward ardió cuando su clítoris se endureció aún más.
Una sombra cayó sobre el cuerpo de Bella y él levantó la mirada para ver a Emmett rodear su cuello con una mano grande y besarle la boca roja con un hambre que quemaba la sangre. Los pezones apretados y la piel sonrojándose aún más.
Dios, no podía esperar para estar dentro de ella.
Edward le daba lengüetazos con renovado fervor, el cuerpo de ella diciéndole que estaba cerca. Él quería ordenar que Emmett le chupara los pezones, pero se negaba a quitar la boca de su dulzura. Dio gracias a Dios que el bombero leyó su mente y su boca bajó suavemente por el cuello, mordisqueando, luego devorando la piel suave, antes de que sus labios se cerraran alrededor de una punta respingona. Bella gritaba, arqueaba la espalda. Edward en verdad no estaba seguro de cuánto tiempo más podría soportar esta tortura.
Tenía que estar dentro de ella.
—¿Tienes alguna experiencia con el sexo anal? —le preguntó a Emmett.
El otro hombre levantó una ceja aleonada y sonrió.
—Lo adoro.
—Ponte a ello —ladró Edward.
Emmett se frotó las manos.
—Joder, sí. Enseguida vuelvo.
El bombero salió corriendo de la habitación y Edward se puso de pie, quitándose la camisa de un tirón impaciente.
—Espera —murmuró Bella, levantando las caderas de nuevo y bajando la mano para frotarse—. Estoy ardiendo. Por favor…
Bajándose la cremallera, la atravesó con una mirada ardiente.
—Oh, vamos a hacer que te corras, cariño. No lo dudes.
Edward no podía quitarse los pantalones lo suficientemente rápido. Los bajó de un tirón por las caderas hasta los tobillos y se los quitó de una patada. Un instante después, cubrió el cuerpo de Bella y aplastó su boca debajo de la de él, separándole los muslos con los suyos. Reprimió el impulso de hundirse en su sexo de un solo empujón. Se negaba a arriesgarse a lastimarla. En lugar de eso, guió su polla hacia la abertura mojada y empujó lentamente.
El cuerpo de Bella lo succionó, apretando, sujetando, quemando. Cada músculo de él se tensó y el deseo de correrse comenzó a arder en sus pelotas. Bella azotaba su autocontrol y envolvía su corazón. Todo en ella… suavidad, aroma, sensualidad… lo llamaba.
Retorciéndose contra él, trataba de tomarlo por completo. Edward sentía su cuerpo estirándose, abriéndose para él lentamente, como una cortina descorriéndose para revelar una obra de arte.
La impaciencia irritaba, pero él apretó los dientes y reprimió el deseo de apurarla. En cambio dejó que la tortura exquisita de su carne apretada lo rodeara, acribillando su columna vertebral al igual que un rayo.
Sobre todo, le gustaba estar desnudo dentro de ella. Era muy consciente del hecho de que nunca le había hecho el amor con un condón… y que ella no tomaba anticonceptivos. Estaba listo para lo que fuera que ocurriera y tenía que creer que ella también, o habría insistido en látex por todas partes.
—¿Talla apretada? —susurró Emmett cuando regresó a su lado con una botella de aceite para bebés en la mano, observando todos sus movimientos—. ¿Te sientes bien, nena?
—Él quema… —ella echó la cabeza hacia atrás, se arqueó, se levantó hacia él de nuevo.
El gemido de necesidad de Bella y sus mejillas de un rosado intenso lo excitaron como ninguna otra cosa... al igual que saber que Emmett los observaba con ojos hambrientos.
Bella arrojó los brazos alrededor del cuello de Edward y lo besó con desesperación y él no pudo contenerse. Se lanzó hacia adelante, deslizándose dentro por completo, ahora bañado por su calor y su crema, ahogándose en líquido deseo.
Con Emmett a punto de unírseles, las cosas iban a ponerse muchísimo más calientes. Maldito sea, él no iba a sobrevivir con su cordura intacta.
Rodando sobre su espalda, Edward llevó a Bella con él, las piernas de ella dobladas y sujetas cada lado de sus caderas. De pronto, ella estaba arriba y él se deslizó profundamente, frotando la punta de su polla en ese lugar que siempre la hacía tambalearse. Alejándose lentamente, Emmett abrió la botella pequeña, vertió algo del líquido claro en la palma de la mano, luego la aplicó en su pene, masajeándolo con golpes duros. Bella se extendió para envolver su pequeña mano alrededor de Emmett. Ante la vista, la polla de Edward pegó un salto. Empujó más fuerte.
Ella se quedó sin aliento, se tensó. Podría decir cuando ella le agarró los hombros, se mordisqueó el labio, gimió largo y bajo y luego se apretó insoportablemente, que Bella estaba al borde.
Emmett escapó del agarre y la acarició mientras rodeaba su cuerpo hasta que se ubicó detrás de su forma curvada. Él se encorvó, viendo como Edward se empujaba contra su cuerpo, una dura estocada detrás de otra.
—Fuiste creada para que nosotros te follemos, cariño. —El bombero le agarró las caderas para sujetarla.
Edward cerró los ojos con fuerza, luchando contra la dolorosa insatisfacción ardiendo en sus venas.
—Date prisa.
—No quiero lastimar a nuestra chica —lo regañó Emmett, conteniéndose, atormentándolos.
Permanecer inmóvil, sin hundirse en el ceñido calor de Bella, era un potro de tortura, desgarrándole mente y cuerpo.
Finalmente, sintió a Emmett avanzar suavemente dentro de ella, separar con fuerza su apretado anillo, luego deslizarse, más profundo. Debajo de él, los ojos oscuros de Bella se abrieron de par en par y ella dejó escapar un grito de lamento.
—¿Te hace daño, cariño? —Si la lastimaba, haría que Emmett se detuviera o lo molería a palos.
Entonces el otro hombre se hundió de lleno y tendiéndose sobre la espalda de Bella, le acarició los pechos. Sus pestañas se movieron trémulamente y entreabrió los labios. Su placer era la cosa más sexy que alguna vez había visto.
—No —susurró—. Increíble…
Por encima del hombro de Bella, llamó la atención de Emmett y el otro hombre asintió con la cabeza. Por tácito consentimiento comenzaron a llenarla lentamente, alternando estocadas. Al igual que la noche del domingo, el calor y la presión robaban el aire. Literalmente. Cuando él agarró las caderas de Bella y se movió, ella gritó, arañó y se tensó. Detrás de ella, Emmett le aplastó el cuerpo con el suyo, empujándola contra el pecho de Edward mientras se hundía. Edward le besó todo el recorrido del cuello hasta capturar la boca mientras los dedos de Emmett le rodeaban el clítoris, los labios sobre el hombro de Bella.
—Estás cerca, cariño.
—Muy cerca —suspiró ella.
Edward gemía mientras la besaba de nuevo, hundiéndole profundamente la lengua cuando su polla lo hacía. Estaba jodidamente cerca también.
—Más rápido —exigió Emmett.
Aumentaron la velocidad como los pistones de un motor, avanzaban y retrocedían en sincronía perfecta. Él se concentró en mantener el ritmo, para raspar su punto G con la punta de su pene, para tragarse todos sus grititos eróticos.
Luego Bella latió en torno a él, se apretó con fuerza, apartando bruscamente su boca con un grito. Su cara y su pecho resplandecían intensamente sonrosados, los pezones alcanzaron su punto máximo, su cara perdida en la pasión.
Contener el orgasmo se hizo imposible y Edward dejó ir su autocontrol con abandono, cediendo todo por Bella… su moral, su corazón, su alma. Si ella los necesitaba a los tres para estar satisfecha durante el resto de su vida, entonces él la complacería, feliz. En un segundo plano, sintió a Emmett agarrotarse y echar la cabeza hacia atrás con un grito mientras colapsaba también.
Un momento después, Bella se desplomó sobre el pecho de Edward, cerrando suavemente las pestañas.
—Gracias —susurró.
Edward la abrazó, y por encima de ella Emmett sonrió y se retiró.
Esto no era el vivieron-felices-para-siempre que había imaginado con Bella, pero en el lapso de unos pocos días se había dado cuenta que era algo que podría aceptar de buena gana… si podían mantenerse los cuatro juntos y evitar que ella se mudara a Miami.
Veinte minutos después, Edward besó los labios de Bella con ternura y salió a buscar una pizza. Emmett hizo lo mismo, prometiendo volver con refrescos y ensalada y la regañó por su despensa vacía.
Tan pronto como salieron, Bella se puso al tuntún los restos de la blusa y las bragas. En un minuto iba a sacar fuerzas para ponerse una bata, pero por ahora estaba saciada, besuqueada, acariciada y… completamente eufórica.
Excepto por el preocupante hecho de que no había sabido de Jasper desde la noche del domingo.
Frunciendo el ceño, se levantó en busca de su teléfono móvil. Acababa de inclinarse a por su bolso sobre la mesa pequeña en la sala de estar cuando la puerta se abrió. Ella se dio vuelta. La blusa resbaló, dejando al descubierto su pecho. La mirada de Jasper fue directamente a él, una bolsa apretada en el puño.
Tensó la mandíbula y ensanchó la nariz.
—Ya han estado aquí, te follaron.
La furia estaba estampada en el rostro de él. El estómago de ella pegó un salto con nerviosismo.
—Sí. Sabes que no puedo elegir entre vosotros y tú dijiste…
—No te di permiso para hablar.
La furia caliente se apoderó de Bella. Envaró la columna.
—Eso podría funcionar en el dormitorio y en la oficina, pero, por lo demás, tú no me dices a mí qué diablos hacer.
Jasper cerró de un portazo y se acercó con paso impetuoso.
—Eres mía. La noche del domingo fue un error. Nunca planeé compartirte de nuevo. Así que para que puedas follarlos…
—En primer lugar, nunca dije que era exclusivamente tuya. —Ella puso bruscamente las manos sobre las caderas—. En segundo lugar, yo elijo con quién me acuesto y cuándo. Y en tercer lugar, ellos no hicieron, como tú tan falto de elocuencia dijiste, follarme. Hicieron el amor conmigo. Me extrañaron. Así que, ¿cómo mierda… acabas de entrar en mi casa y comienzas a gritarme?
Él se detuvo, respiró hondo, luego inclinó respetuosamente la cabeza.
—Estoy tan acostumbrado a pensar en ti como mía. Te extrañé. Quería ser el primero… el único… en darte la bienvenida a casa.
—Todos acordasteis dejar los celos en la puerta.
Con una mueca de dolor, Jasper soltó el aliento en un siseo.
—Lo encuentro más duro de lo que esperaba.
Desde el principio, Bella había sabido que Jasper era posesivo, exigente y difícil, pero después del domingo tenía la esperanza de que hubiesen dirimido esta cuestión.
—Esa noche dirigiste una gran parte de la acción. Estabas tan excitado como yo. Tú…
—Pensé que era un acontecimiento único.
—Eso no es cierto. —Ella atizó su pecho con un dedo—. Os dije que no podía elegir. Todos prometisteis cooperar. Emmett y Edward lo hacen.
—Apuesto a que —dejó caer la bolsa, la agarró del codo y la acercó—. Edward se abrió camino directo de regreso a tu coño, ¿no? La tenencia presume propiedad, cariño. No creo que Edward no se imagine que eres sobre todo suya.
¿Estaba Edward contando con eso? Ella no lo creía pero…
—Él y Emmett compartieron de buen grado.
Jasper alzó la barbilla, la ira estampada en su rostro.
—Y yo apuesto que Emmett no estuvo satisfecho con otra mamada. ¿Folló ese culo bonito? ¿Mi culo?
—Dios, sencillamente no aprendes. Es mi culo y gustosamente se lo di.
De repente, Jasper enterró las manos en los rizos sueltos de Bella, se inclinó hacia ella, y aspiró su aroma en el cuello.
—No me gusta la idea de que te toquen. No me gusta no tener el derecho de conservarte sólo para mí. Me destroza el miedo de que nunca seas mía.
La rabia de Bella se desinfló.
—Soy tuya. Soy tan tuya como de ellos. Me gustaría poder cambiar lo que siento. ¡Dios, no sabes cuántas veces lo he deseado! Sería mucho más fácil si mi corazón pudiera elegir a uno… y si vuestros corazones no se hicieran pedazos si lo hiciera. Pero nada de eso es la realidad. Así que tenemos que llegar a un acuerdo. En conjunto.
—Sólo dame una oportunidad. —Su voz era sofocada, ronca mientras presionaba la frente en la de ella—. Ellos no entienden lo que tú deseas como yo lo hago. Te daré lo que necesitas.
Mientras ella tragaba, la inquietud hizo vacilar el corazón de Bella. Sí, él sabía una cosa que ella ansiaba ardientemente, tal como ella sabía que él podría darlo. Esa pizca de su dominación, hacía menos de una semana, provocó tanto palpitaciones como miedo en lo hondo de ella.
Se lamió los labios.
—Jasper…
—Shhh. —Su mejilla restregó la de ella, la barba de un día suavemente áspera, mientras se dirigía a la boca y la cubría con un beso seductor que presionó, atormentó e hizo el amor con ella.
En contra de su voluntad su enojo se deshacía, y cuando le acunó la nuca con la mano y se hundió más profundo en el beso, Bella sintió que su impecable autocontrol comenzaba a desaparecer.
Besando su recorrido por la mejilla, él movió suavemente la palma sobre la clavícula, hacia el hombro, tomando la blusa andrajosa, arrojándola al suelo.
—Sí, esa es mi chica hermosa. Los pechos bonitos y desnudos para mí.
Se inclinó y levantó la bolsa a sus pies encima del sofá y la abrió con una mano. Luego le chupó el pezón en la boca y acunó el pecho con la otra mano. La succión caliente la sacudió hasta los dedos del pie.
Había estado feliz, satisfecha, antes de la llegada de Jasper. Con un solo beso, la puso sensible, hambrienta, dolorida.
Sus dedos se cerraron sobre la camisa de él.
—Jasper…
—Lo sé, gatita. Voy a hacerlo mejor —prometió mientras chupaba el pezón de nuevo, mojándolo.
Levantó la mano hacia ella y puso algo sobre la punta dura. Con una sonrisa, lo regulaba y jugueteaba con ello. Ella no podía ver más allá de sus manos, pero podía sentirlo. Algo se apretaba poco a poco alrededor de su pezón, firme, entonces se puso tirante, apretando al punto del dolor. Ella jadeó.
—Magnífico —exhaló Jasper, luego besó la punta.
Cuando él se echó hacia atrás, Bella miró hacia abajo. Un anillo ajustable. Con pequeños pesos. La sensación de tirantez, pesadez, la golpeó.
Ella boqueó en busca de aire, luego lo miró en estado de shock.
—Impresionante, ¿no? Me encanta que te guste.
Oh, Dios, lo hacía.
Cuando se inclinó al otro pezón y repitió el proceso, otra oleada de placer la invadió. Dos veces más grande, el doble de potente. Ella se tambaleó, volviéndose para afirmarse en el respaldo del sofá.
—Mmm —canturreó él contra su oreja con satisfacción, mientras le rodeaba la cintura con los brazos, las palmas apoyadas contra el vientre—. Eres tan jodidamente sexy. Supe en el momento en que nos conocimos que eras todo lo que yo necesitaba. —Subió suavemente la mano por el torso y ella se arqueó contra él—. Eso es. Siénteme…
Con delicadeza, tiró de los anillos pequeños. Su clítoris tuvo una descarga eléctrica. Su coño se cerró con fuerza. Ella clavó las uñas en los cojines.
—Sí, te gusta esto. He traído más para darte.
Metió la mano en la bolsa otra vez y sacó algo tan rápidamente que ella no pudo ver qué. Hasta que le agarró uno de los brazos y se lo dobló detrás de la espalda… y algo frío y metálico chasqueó con fuerza alrededor de sus muñecas.
La estaba esposando.
—No, Jasper. No puedes…
—Shh. —Le acarició el brazo libre.
Bella estaba tensa, pero bajo el toque de Jasper, lentamente sus músculos se relajaron. La palma de la mano la tranquilizó, la apaciguó. Sus labios se movieron como plumas por el hombro de Bella, por la nuca, y le mordisqueó el lóbulo de la oreja. El deseo quemaba dentro de ella, Bella echó la cabeza hacia atrás, apoyándola en su pecho. Empujó su culo contra él, y él se apretó contra ella, duro como piedra.
—Te lo daré todo. —Jasper le rodeó la garganta con la mano y le susurró al oído—. Pero te haré suplicar antes de dártelo.
Bella no pudo encontrar las palabras para responder. Él le brindaba la dominación que ella secretamente anhelaba desde la primera toma de consciencia de su sexualidad. Y él no quería nada más que atarla y darle órdenes. Jasper entendía y trataba de satisfacer sus fantasías más prohibidas.
Ella lo amaba tanto. Siempre había sido posesivo y esperar que él perdiese toda la sensación de celos en unos pocos días no era muy realista. Un día a la vez…
Mientras tanto, la había hecho desear ardientemente esto… a él. Sólo él podría brindar el placer con un toque de dolor que ella anhelaba.
Así que cuando la palma de la mano de Jasper patinó por el brazo libre de Bella de nuevo y envolvió los cálidos dedos alrededor de él, llevándolo con suavidad hacia atrás de la espalda, ella no luchó.
Un segundo después, las esposas se cerraron herméticamente alrededor de su otra muñeca. Estaba bien y completamente atada.
—Maldita sea, esta es la cosa más erótica que alguna vez he visto, cariño, tú con mis esposas.
Su respiración era difícil ahora. Como la de ella.
Luego los labios de Jaasper cendieron por su cuello. Extendió la mano rodeándola para acunar su mejilla y le volvió la cabeza hacia él. Sus bocas se encontraron, la de él abierta, devoradora, implacable. El calor la invadió por todas partes y cuando él arrastró los dientes sobre el labio de abajo, ella gimió.
—Eso es… —alentó él en voz baja—. Sólo sométete.
Un momento después la tomó de los hombros y la guió para inclinarla sobre el respaldo del sofá. Con las manos esposadas a la espalda, ella no pudo hacer nada cuando él subió arrastrando la palma de la mano por su columna vertebral, luego coló los dedos en el cabello de Bella y agarró con fuerza. El deje de dolor en su cuero cabelludo hizo juego con la incomodidad de tener las manos atadas a la espalda, luego se mezcló con los pesos deliciosos y constrictivos colgando de sus pezones. Las sensaciones conflictivas la bombardearon, sobrecargando su cuerpo.
Él le pegó en el culo. Con fuerza.
Ella gritó fuerte. El escozor y el placer se esparcieron. Bella gimió.
—Conoces las reglas, Isabella. Callada a menos que te estés corriendo y sólo cuando yo te dé permiso.
Ella se mordió el labio con fuerza, asintiendo con la cabeza.
—Buena chica. Recompenso la obediencia. Intentémoslo de nuevo.
Otro azote. Esta vez en el otro cachete, más arriba. Ella se tensó, pero ahogó los sonidos apretando los labios.
—Muy bien —la alabó él, acunando su pecho y tirando con fuerza del anillo.
Bella respiró fuerte, pero no gritó.
—Pezones tan apretados y pequeños. No puedo esperar para chuparlos.
Maldición, ella se correría en el acto si lo hiciera. Todo entre sus piernas se había convertido en un dolor ardiente, el clítoris incluso latiendo al ritmo de los latidos del corazón. Su sangre estaba en llamas… y ella se sentía tan vacía sin él. Con sus muñecas esposadas, era incapaz de quitarse la camisa o las bragas o tocarlo. No se le permitía siquiera decir una palabra.
Totalmente a su merced. Bella mentalmente puso el grito en el cielo en contra de ello… aunque ardía por más.
—¿Estás tan excitada como tus pezones sugieren? —la punta de los dedos pasaron apenas rozando su abdomen en línea recta hasta sus rizos, luego se deslizaron en su abertura, para acariciarle el clítoris—. Ah, mira cuán mojada estás.
Levantó los dedos enfrente de la cara de Bella, confirmando lo que ella ya sabía: Estaba empapada.
—A ti te gusta cuando te doblego a mi voluntad —le dijo con voz rasposa en su oreja—. Y me pone malditamente duro hacerlo.
Bella respiraba erráticamente, muriendo por lo que fuere que Jasper hiciese a continuación. Necesitaba tanto correrse…
Una vez más, la mano se conectó con su culo, abrasándole la piel. Luego él repitió el azote en el otro cachete. Otra vez. Y otra. Y otra. Ella se retorcía, sin estar segura si se arqueaba lejos de la zurra… o cerca de ella. Cada vez que se movía, la fricción de sus pliegues mojados casi la hacía perder la cabeza. Su sangre se precipitó a su culo, a su coño, acumulándose, inundándola, excitándola.
La zurra no fue breve… ni suave. Con cada palmada, tomó intensidad y velocidad.
Ella echó la cabeza hacia atrás, se retorció, se arqueó. Pero la mano en su pelo aseguró que no se moviera mucho.
—Vas a correrte. —No era una pregunta.
Él conocía su cuerpo tan bien.
—Sí, señor.
—No hasta que te diga. —La zurra cesó, sus manos bajaron casi respetuosamente por su culo—. Apetitoso y encendido. Quiero ver tu culo así todos los días.
Oh, Dios mío. Su útero se apretó con fuerza, liberando más humedad. Ella estaba muy cerca del orgasmo.
De pronto, a Bella no le importaba qué castigo invocaba, siempre y cuando pusiera fin a este tormento.
—Ayúdame.
Guiándola para levantarse, la espalda en el pecho de él, le murmuró al oído.
—No debes hablar.
A continuación palmeó su cachete derecho otra vez.
La respiración de Bella vaciló en su pecho y el calor anegó su piel, deshaciendo su orgullo.
—Pero yo te necesito. Necesito…
—¿A mí para follarte? —gruñó él.
—Sí. Por favor, sí. Ahora.
—Hmm, implorando. Me encanta. Te perdonaré por hablar esta vez. Dime lo que quieres.
—¡Todo! —restregó el culo contra él, la abrasión de su piel sensible contra los pantalones casi la deshizo.
La risa baja retumbó en su oído.
—Quitemos estas bragas.
El aire acondicionado hizo efecto y el aire frío atacó sus pezones. Él pasó apenas rozando los nudillos a través de ellos y ella jadeó, apretando los puños impotente en la parte baja de su espalda.
Jasper enganchó las manos en la cintura de las bragas y las bajó hasta la mitad de los muslos… y las dejó allí. Antes de que ella pudiera protestar la giró, luego la levantó contra su pecho con una mano debajo del culo. Sus pezones se frotaron en la camisa almidonada, el sexo mojado contra la cremallera. Estaba a punto de volverse loca.
Dando la vuelta al sofá, Jasper la puso encima, abriéndose la cremallera de los pantalones mientras la miraba a la cara. Ella se inclinó para chupar los tentadores centímetros de acero duro en su boca, pero él se dejó caer en el sofá al lado de ella, agarrando con una mano la botella de aceite para bebé aún apoyada sobre la alfombra. Un segundo más tarde la abrió y se puso en las palmas, frotando el aceite con un puño duro sobre toda su polla.
El estómago de Bella se tensó.
Él levantó bruscamente la cabeza y le envió una mirada de rayo láser.
—¿Qué voy a hacerte?
Ella tragó con fuerza.
—Follar mi culo.
Él asintió con la cabeza.
—Y tú me quieres, ¿no?
—Sí —susurró ella.
Con una sonrisa ceñuda, Jasper la atrajo hacia él y la sostuvo contra el pecho con un brazo debajo de sus rodillas dobladas. La mano sosteniéndole la espalda desapareció por un momento, luego ella sintió la punta de la polla presionando en su entrada trasera.
En esa posición estaba completamente indefensa. Además de las manos esposadas, él ahora mantenía unidas sus piernas mientras lentamente se hundía en lo más profundo de su cuerpo. El hormigueo que se propagó sobre ella se sentía como si alguien le metiera electricidad pura, en cada centímetro de su cuerpo. Ella jadeó, se tensó, con la respiración temblorosa y entrecortada. Y todavía él presionó más adentro, más y más adentro.
Hasta que estuvo hundido hasta las pelotas y ella juraría que se iba a partir en dos. Jasper se sentía enorme en esa posición. Y con sus nalgas todavía en llamas por la zurra, la sensación la ahogó.
—Y ahora voy a follarte. Duro. Y tú vas a tomarme, a correrte para mí y sentir lo mucho que te deseo.
Bella no tuvo tiempo para hacer comentarios antes de que él la levantara con sus brazos fuertes y la bajara sobre su polla. La fricción aturdió su mente y sus sentidos mientras él se deslizaba apasionadamente dentro de ella.
Cada centímetro pareciendo penetrar más hondo que nunca, especialmente cuando las caderas de él subían para encontrarse con el cuerpo de Bella y se metía de golpe.
Ella echó la cabeza hacia atrás, casi al del borde del orgasmo.
—¡Por favor! ¡Oh… oh!
—Suplica dulcemente —le exigió él entre los dientes apretados—. ¿Qué quieres?
—Más fuerte —gimió ella—. Déjame correrme. Lo necesito…
—No puedo esperar más para ver que te deshaces por mí.
Él bajó la cabeza y se metió el pezón en la boca. Combinado con el pequeño anillo, la sensación era casi demasiado. Cuando él le soltó las rodillas y acarició todo el recorrido entre los muslos, los dedos rodearon el clítoris y Jasper apenas tuvo que tocarla antes de que ella explotara con un caleidoscopio de colores detrás de los ojos. Ella se sacudió, se agitó violentamente cuando el placer hizo erupción debajo de su piel. Gritó hasta que se lastimó la garganta, hasta que se quedó sin respiración, hasta que las lágrimas bajaron corriendo por sus ojos. Y todavía el éxtasis la ahogaba, dejándola en carne viva, temblorosa y jadeante.
En lugar de ir más despacio, Jasper la levantó y la sentó sobre las rodillas, la cara en el apoyabrazos. Una vez más, la agarró del pelo, metió profundamente la polla en su culo, luego descargó la palma de la mano sobre su culo una y otra vez hasta que ella gritó con otro orgasmo agónico y él se corrió con un gemido largo y duro.
—No más follar a Edward y a Emmett sin mi permiso. ¿A quién perteneces? —El puño apretado en el pelo—. Dime.
Bella abrió la boca para refutarle… en cierta forma. Nunca tuvo la oportunidad.
—No a ti, imbécil.
¡Edward!
De repente, Jasper fue apartado de un tirón de ella y Bella se dio la vuelta para ver a Edward estrellar su puño en la mandíbula de Jasper.
Holis! El otro día no pude hablarles mucho por que andaba corta de tiempo pero tenia que publicar porque si no iba a seguir demorandolo...
Bueno espero que les guste el cap. ya solo quedan 2 caps.! (sin epilogo).
Normalmente, estoy segura, publicare solo los sabados... Ojo puede que como hoy encuentre un tiempo libre y publique pero por ahora lo dejamos para los sabados (El lado bueno es que este sabado también cuenta :P) Bueno ahora al rato publico Es cosa de magia para quienes lo siguen. Gracias a todos por su apoyo, rewies, lo que me siguen... a todos GRACIAS :D Besos, Mara S.
