Detrás de las Apariencias

Los nuevos cambios

Luego de la llegada de Ayame, ni Kagome ni Inuyasha habían hablado más del tema acerca de su situación actual. Luego de unos minutos y unas cuantas llamadas para localizarlos, Sango y Miroku se habían vuelto a unir al grupo y todos comieron en un ambiente notoriamente más ameno y menos cargado gracias a la nueva actitud de nuestros protagonistas. En fin, entre chistes y bromas acabaron toda la comida.

- Quedé grandota. – Dijo Kagome entre risas palmeándose suavemente el estómago. – Así decía un niño que vivía cerca de mi apartamento cuando él quedaba totalmente lleno después de comer. – Se explicó ante la confusión visiblemente expresada en todos los demás.

- Ah… - Dijeron todos al unísono.

Kagome se rió nuevamente ante eso.

- A veces olvido que ustedes no están acostumbrados a muchas palabras que yo uso. – Continuó Kagome mientras se lo pensaba para levantarse de la silla.

- No te preocupes, así nos ilustras. – Dijo Sango en un tono burlón. – Si nos están insultando en ese vocabulario algún día, sabremos que lo están haciendo. – Agregó entre risas.

- Bueno… - Terció Ayame levantándose. – ¿Damos una última revisada a las tiendas? – Propuso para consternación de ambos hombres.

- En realidad… - Dijo Kagome mientras lograba pararse del asiento. – Preferiría que Sango fuese conmigo a la librería mientras que Ayame va y compra entradas para el cine junto con Inuyasha y Miroku.

- ¡Me parece excelente idea! – Contestó Ayame emocionada.

Miroku e Inuyasha se miraron entendiendo el mensaje entre ello- "Que no hayan películas ridículamente románticas de tres horas"

- Ah… - Exclamó Kagome recordando algo. – Y que no sean románticas. – Pidió ante la extrañeza de Inuyasha y Miroku que la miraron perplejos. – O que por lo menos si son románticas que sean una comedia también. Es que tan pasado de meloso no me llama mucho la atención – Acotó algo apenada.

- Ah, a mi tampoco me gustan tan así. – Concordó Ayame. – Pero mientras no sean de ciencia-ficción, soy feliz.

Inuyasha y Miroku se volvieron a mirar mostrando su claro hastío ante esa declaración.

- Y tampoco de pura acción, una cuerda de hombres matándose no me gusta ni porque me pongan la gloriosa imagen de Brad Pitt a cada momento. – Dijo Sango mientras se levantaba y se posaba a un lado de Kagome. – No les molesta, ¿verdad chicos?

- Para nada. – Se apresuró a responder Miroku con una sonrisa que no se la creía ni él mismo.

Inuyasha lo miró con enojo pero no dijo nada. Suspiró resignado y empezó a alejarse rumbo hacia el cine, por lo menos podría sentarse, comer palomitas de maíz y tener la esperanza de tratar de entretenerse con la película en vez de ver como tres mujeres realizaban un proceso de compra, algo muy poco emocionante para su gusto.

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Ya iba a ser de noche y ya habían llegado a la casa hace rato, Kagome efectivamente compró unos libros y vieron una película pasable para los gustos de todo- "Tres son multitud". Al estar en casa nuevamente, Ayame inmediatamente se había retirado para ir a chatear con su novio en la privacidad de su habitación mientras que Sango fue a probarse la ropa, Miroku simplemente quería acostarse y ver televisión, y Kagome se había ido a la biblioteca con un libro en mano, posiblemente para leer tranquilamente allí.

A diferencia de todos, Inuyasha no tenía nada que hacer, la costumbre de tener a Kagome cerca a toda hora y tener la posibilidad de pelear con ella y entretenerse con las expresiones de la chica parecía que se había vuelto un ritual diario demasiado extenso. Con ese pensamiento presente en su mente fue a la biblioteca, no quería molestar a Kagome, simplemente quería saber que estaba haciendo. Una vez al frente y antes de abrir la puerta sintió una carcajada de ella desde adentro. Se extrañó de eso y abrió finalmente la puerta con sigilo. Kagome ciertamente estaba leyendo, se encontraba en un mullido sofá al frente de la chimenea apagada y ni siquiera se percató de la presencia de Inuyasha.

Este con paso silencioso se fue acercando y cuando pudo leer la portada del libro se alarmó, pues decí- "Intimidades masculinas. Todo lo que una mujer debe saber acerca de los hombres"

Inuyasha inmediatamente mostró una expresión de enojo y le arrebató el libro de las manos a Kagome, la cual, al principio mostró asombro pues no sabía que él estaba allí pero luego frunció el ceño y sus mejillas se arrebolaron por la ira que le causó aquella acción por parte de su tutor.

- ¡Dame! – Ordenó mientras se levantaba de un salto y vanamente intentaba coger su libro, el cual, Inuyasha lo tenía en su mano estirada hacia arriba para que ella no lo alcanzara.

- ¿NO PODÍAS ESCOGER ALGO MÁS SANO? ¿EL KAMA-SUTRA TALVEZ? – Preguntaba irónico mientras esquivaba los movimientos de Kagome, aumentando la ira en la joven.

- ¡Pervertido! – Lo acusó Kagome mientras seguía peleando por el libro. - ¡Eso lo menos que habla es de sexo! – Continuó ante la risotada sardónica de Inuyasha.

- Sí claro. – Dijo mientras no paraba de moverse ágilmente en zigzag. Kagome cansada se detuvo y soltó un suspiro, haciendo que Inuyasha se detuviera también pero a una distancia prudente entre ellos.

- Mira... – Empezó Kagome más calmada. – Si quieres revisas el índice. De lo que te habla allí es de la psicología de los hombres, sus miedos, su forma de pensar, su trato con el sexo opuesto, en fin, todo lo que intento aprenderme a ver si me ayuda al estudiar mi carrera. Y... – En ese momento mostró una leve sonrisa como si recordase algo. – Además que los casos de ese psicólogo son muy cómicos. – En ese momento estalló en carcajadas ante la extrañeza de él.

Inuyasha abrió el libro con cierta reticencia y ubicó el índice. Efectivamente, deduciendo por los títulos, hablaba sobre la psicología masculina hasta que llegó a un título que le llamó la atención.

- ¿y esto de "El buen amante"? – La acusó señalándole la página del índice.

- Eso es sobre la parte del afecto en los hombres, sobre su dependencia hacia las mujeres, las diferentes patologías mentales que se dan y llegan a pasar desapercibidas por la misma influencia de la sociedad, etc. Si no me crees, puedes leerlo, yo lo hice una vez, cuando una amiga del liceo me lo prestó pero como no recordaba mucho, decidí comprarlo para mí, pero ya que soy un ser tan "malvado" y "sórdido" puedes comprobarlo por ti mismo. – Agregó sarcásticamente con los brazos cruzados.

Inuyasha mantenía su vista intermitente entre el libro y Kagome, por la actitud de ella, se notaba que decía la verdad pero una cosa no le cuadraba en todo eso...

- ¿Para qué lo compraste? – Preguntó mientras pasaba distraídamente las páginas.

- Porque quiero tratar de entenderte. – Aseguró Kagome simple y llanamente.

- ¿Cómo? – El rostro de Inuyasha denotaba confusión ante esa respuesta.

- Tú eres un tipo sumamente machista, eso es seguro. La sociedad ha hecho mello en ti. Por tanto, si me la quiero llevar bien contigo, debo saber manipularte. – Dijo con una sonrisa pícara. – Además que esos libros son entretenidos, Walter Riso es el mejor terapeuta del mundo. – Agregó riéndose mientras recordaba los casos tan cómicos que había leído.

- ¿Manipularme? – Repitió Inuyasha con una sonrisa incrédula. – Necesitarás más que libros de auto ayuda para saber manejarme. – Decretó seguro.

Kagome se encogió de hombros y lo miró risueña.

- ¿Me lo devuelves entonces? – Pidió amablemente mientras extendía su mano.

Inuyasha la miró con reticencia pero al final accedió. Sin embargo, cuando Kagome ya lo había tomado, él lo retuvo.

- Sólo con una condición... – Dijo haciendo que Kagome lo viese contrariada. – Léemelo.

- ¿Ahora? – Preguntó mientras agarraba por fin el libro y lo llevaba hasta su pecho.

- Aquí y ahora. – Dijo Inuyasha con un leve asentimiento. – Necesito saber que lee mi tutelada. – Agregó con un tono sarcástico.

- Muy bien. – Aceptó Kagome felizmente. Se dio media vuelta y se sentó en el sillón. Inuyasha la imitó y se sentó en el piso, recostando su cabeza en la parte de la pierna de Kagome que sobresalía del sofá. Ella empezó a revisar con la vista un fragmento del texto mientras Inuyasha le prestaba toda su atención. - ¿Qué te leo? ¿"El miedo al miedo"?

Inuyasha se encogió de hombros en señal de indiferencia y Kagome empezó a leer en voz alta.

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- ¿Se puede? – Preguntó Ayame con unos leves golpes en la puerta de la habitación de Sango.

- Sí. – Se escuchó desde adentro. Ayame tomó la cerradura y abrió. Al entrar, se encontró con una habitación similar a la de ella y a Sango vestida con un sencillo camisón rosa pálido sentada en la cama mientras doblaba algunas ropas.

- Oye… - Dijo avanzando un poco más y cerrando la puerta a sus espaldas. – Te tengo una noticia no muy agradable. – Anunció tomando toda la atención por parte de la pelinegra.

- ¿Cómo es eso? –Dijo dejando la prenda que tenía en sus manos a un lado de la cama y haciéndole un espacio a Ayame para que se sentara, la cual, luego de un leve asentimiento, así lo hizo.

- Tú sabes que yo me había conectado para chatear con Koga y en eso se conectó Rin.

- ¿Rin? – Repitió Sango algo confusa.

- Tú sabes, mi hermana, o sea, la otra prima de Inuyasha, ella me dijo que tanto ella, como Kikyo, Yura y Tsubaki venían para acá a "visitar a la familia"

- Ah, ajá… - Sango hizo una mueca de desagrado.

- Sí. – Dijo Ayame con una media sonrisa ante el gesto de su interlocutora. – En fin, ellas llegan mañana y vienen junto con Naraku y Kanna.

- ¿Naraku no es el tío de Inuyasha y Kanna la esposa de Naraku? – Preguntó Sango contrariada.

- Sí, entonces, específicamente no se tiraron ese viaje para saber si Sesshomaru e Inuyasha están bien de salud. – Comentó sarcásticamente. – Y bueno, nunca ha representado un problema su estadía acá… su odiosa estadía… - Repitió en un murmullo pero audible a Sango quien rió levemente ante esa última frase. – Como sea, ahora como Kagome está, creo que las cosas se le pueden poner más difíciles, ¿no crees?

- Sí… - Respondió Sango dubitativa. - ¿Pero qué podríamos hacer?

- No sé… - Dijo con un tono de frustración y la cabeza baja. – Al parecer esperan que Sesshomaru haga la fiesta de la boda de Tsubaki.

- ¿QUÉ? Eso es mucho dinero… - Respondió consternada.

- Ojalá podamos controlar la situación. – Dijo pesadamente.

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Inuyasha luego de unos días de paz con Kagome había recibido la noticia de la visita de sus primas y había ido al aeropuerto a buscarlas. Se encontraba esperando entre el gentío aguardando a que aparecieran sus dichosas familiares.

- No, no, no hay igual… - Kagome se movía levemente de un lado a otro mientras cantaba muy concentradamente la canción de Calle 13 y Nelly Furtado.

- ¿Quieres dejar de hacer eso? – Le espetó Inuyasha al ver que la gente ya la veía raro. Y que por cierto, al estar en un aeropuerto, había bastante gente.

- Y ya conozco tu valor… - Seguía Kagome como si nada. En ese momento, Inuyasha le jaló uno de los audífonos.

- Apaga esa cosa o escúchalo para ti sola. – Le ordenó malhumorado. Kagome le lanzó una mirada fulminante y luego le quitó el audífono a Inuyasha para volvérselo a poner en el oído.

- Tú me lo compraste, ¿quién te manda? – Le respondió en el mismo tono. – Bailando la toqué y ella se dejó y aprovecho y pam, pam, pam…- Empezó a cantar la canción de Wisin y Yandel luego de un rato haciendo encolerizar a Inuyasha más de lo que ya estaba.

- Te voy a… - Empezó a reclamar pero en eso anunciaron que el vuelo de sus familiares había llegado. Aún así, a pesar de que ya se había acostumbrado a la "cantante" de Kagome por un rato mientras esperaba a que la gente pasara, no veía a nadie conocido. - ¿Dónde demonios…? – Empezó a mascullar pero se detuvo al ver a una de ellas. - ¡Kikyo! ¡Hey, Kikyo! – La llamó alzando la mano.

En ese momento una sofisticada joven se detuvo y observó a su alrededor hasta ver a la persona que le llamaba. A paso neutro se acercó hasta él.

- Hola, Inuyasha. – Saludó sin mucha emoción.

- Hola Kikyo, ¿y las otras?

- Creo que andaban buscando una de las maletas de Yura que se perdió.

- Ah, ok. – Aceptó resignado pero en ese momento llegaron las aludidas.

- ¡INU-CHAN! – Exclamó Rin abrazando efusivamente a Inuyasha, el cual, casi cae para atrás.

- Hola Rin, ¿cómo está mi quinceañera? – Saludó recordando que hace poco había cumplido sus quinces.

- Ah, muy bien. – Dijo felizmente descolgándose de él.

- Hola Inuyasha. – Saludó Yura junto con Tsubaki.

- Hola muchachas, ¿y Naraku?

T: Están buscando su maleta todavía. – Explicó Tsubaki.

En ese momento, la pareja Miyamoto se unió al grupo mirando neutralmente a Inuyasha y luego minuciosamente a Kagome.

- ¿Y ella quién es? – Preguntó Yura mirando despectivamente a Kagome.

- Kagome Higurashi. – Respondió la aludida observando desafiante a Yura.

- Ella es mi tutelada. – Se explicó Inuyasha.

- ¿Disculpa? – Terció Naraku con el seño fruncido.

- Entiéndase como si fuese…ummm… una obra social. – Dijo para suavizar el golpe.

- Hola, soy Rin. – Se presentó la chica alegremente mientras le ofrecía su mano a Kagome, la cual, se la estrechó con gusto y sonrió.

- Mucho gusto, Rin. ¿Eres prima de Inuyasha? – Preguntó Kagome cordialmente ignorando a los demás presentes que la miraron indignados.

- Sí. Yo nací cuando Inu-chan tenía siete años. – Comentó alegremente.

- Vaya, está bien. – Contestó Kagome con una sonrisa.

- Y… ellas son Tsubaki, Yura y Kikyo. – Presentó Inuyasha señalándolas a cada una.

Las tres la saludaron con la mano. Kagome se dio cuenta que las primeras dos se veían como dos muchachas cualesquiera que no poseían la clase que intentaban mostrar. Sólo la última se veía que poseía mucho refinamiento.

- Hola Kagome. – La saludó Kikyo neutralmente pero con una educación intachable a pesar de que el saludo era informal.

- Mucho gusto. – Le contestó Kagome afablemente.

- Y ellos son Naraku y Kanna. – Terminó Inuyasha por nombrar.

- Mucho gusto. – Les dijo Kagome al recibir un casi saludo por parte de los susodichos.

- ¿Qué estás escuchando, Kagome? – Preguntó Rin viendo el Mp3 en las manos de Kagome.

- Reggeaton, no creo que te guste. – Le dijo Kagome llanamente.

- Sí me gusta. Depende de quien cante. ¿A quién oyes? – Siguió preguntando una vez que todos se dispusieran a ir al carro.

- Wisin y Yandel. – Contestó algo extrañada por tanto entusiasmo por parte de Rin.

- Préstame. – Chilló ella alegremente. Kagome la miró divertida y le pasó su Mp3.

Yura y Tsubaki bufaron molestas por los gustos de su prima. Kagome las miró ceñuda pero prefirió ahorrarse el comentario.

Cuando llegaron hasta la camioneta Traild Blazer de Inuyasha, todos subieron manteniendo un ambiente levemente cargado en donde Rin y Kagome se aislaron del mundo mientras escuchaban música felizmente. Aunque esta situación no podría durar mucho tiempo.

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Bueno, según votos acá, sin ningún tipo de trampa o cambio, este es el fic que me han pedido continuar junto con el de "Ángeles Desesperados" que ese lo pondré ya para después. Espero que me puedan dar su opinión al respecto si sigo este o cambian de opinión o ya veremos que pasa. Espero que el capítulo les haya gustado, pues, me costó como que agarrarle el hilo otra vez, jeje. Entonces, sayonara.