Ale, no haré más fanfics con capítulos, ¡os lo juro! XD Gracias por el apoyo y leer mis idas de olla sin pies ni cabeza (menudas caras se les debieron quedar a los que leyeron Bajo la Cascada). Ojo, subí hace nada el capítulo 7, a lo mejor ni lo habéis leído y es importante (y corto, sumamente corto). ¿Os gustan los saltos temporales de este fanfic? Pues en este capítulo lo vais a flipar XD Espero no dejarme nada por el camino porque es una trama cerrada.
Demencia; Capítulo 8: La triste realidad
Sostenía con sus manos el cuerpo inerte de la mujer que amaba. El cuello fue agarrado con la fuerza de un sayán y se había roto violentamente. Las lágrimas aún caían de los ojos de Rina, a pesar de estar muerta. A escasos metros estaba Vegeta, herido de gravedad, que estaba esperando el golpe final de su hijo. Un golpe final que no llegó pues la rubia se había interpuesto entre ambos tratando de enmendar su error. Pero la mente de Trunks hacía tiempo que no era suya. Él pensaba que era el príncipe sayano. Un príncipe que debía luchar por su pueblo y contra la amenaza de los terrícolas y de los rebeldes sayanos.
Los trufur que habían torturado a Rina estaban en el suelo sobre un charco de su propia sangre. Su creación, el joven hipnotizado, se había rebelado en un acto de desconfianza fruto de su demencia. Trunks ya no diferenciaba quienes eran sus aliados y quienes sus enemigos.
Gohan, que había acudido al aumento de Ki de los guerreros Brief, estaba inconsciente entre los brazos de su hija, la cual estaba llena de magulladuras. Trunks hizo gala de un gran potencial que, bajo otras circunstancias, habría enorgullecido a su frío padre.
Una de las lágrimas de la chica fue deslizándose por su piel empalidecida hasta caer sobre la mano de su asesino haciéndole volver a la realidad. Sus ojos se abrieron como platos al ver a su enamorada. La soltó por la sorpresa pero pronto la sujetaría entre sus musculosos brazos mientras la llamaba asustado. Vegeta se levantó sin bajar la guardia y retrocedió hasta la posición de su esposa y de su hija.
Le pasó la mano por su pelo y acarició su rostro. Sus ojos empezaron a nublarse y el joven comenzó a llorar como nunca antes lo había hecho. La abrazó con fuerza mientras todo su cuerpo empezaba a temblar.
La luz empezó a bañar la escena. Había amanecido y el tímido sol entraba por el techo y las paredes destrozadas de la nave industrial.
El tumulto de seguidores tsufur se acercaba embravecido amenazando al grupo. Humanos contagiados por tsufur y que habían estado detrás de la farsa. Con un Vegeta y Gohan fuera de juego, la amenaza era real y preocupante.
Los astillados huesos de Pan serían un impedimento para que ésta volase con su querido padre. Trunks la había golpeado minutos antes con brutalidad y la había hecho chocar contra su propio progenitor. Se sentía culpable por no poder hacer nada y ni tan siquiera sabía qué decirle a su madre de todo aquéllo, ¡ni tan siquiera sabía que estaba ocurriendo en ese mismo instante! Ni tan siquiera sabía quién era realmente Rina.
Y Trunks seguía llorando contra ella.
- Trunks, levántate -oyó decirle a su padre-. Tenemos que ir al templo celestial para que curen a esa gente.
- ¿Esa gente? -se preguntó confuso antes de levantar el rostro y ver a su alrededor.
- ¡Vamos! -le gritó su hermana.
- ¿Papá? ¿Qué te ha pasado? -pregunta confuso- ¿¡Gohan!?
- Ayuda a esos dos -dijo su padre refiriéndose a los Son.- Nos vamos de aquí.
Sucedieron semanas después de la trágica muerte de Rina y del final de la amenaza tsufur. Un roto y destrozado Trunks volvía a su puesto de trabajo después de una baja médica.
- ¡Has vuelto! -le decía su hermana, que empezaba a trabajar en la oficina.
- Sí, algo así -dijo impasible. Había cambiado desde que él mismo asesinó a su querida.
- Mamá está loca de ganas de volver a casa y no volver a trabajar aquí. Dice que ya está muy vieja, ja, ja, ja.
Se sentó en su cómoda silla de Presidente y pronto recordaría las visitas de aquella joven rubia que lo volvía loco. El dulce olor inundaba sus fosas nasales llevándolo a un doloroso éxtasis. Recordaba el olor de aquella joven rubia que, aún después de muerta, lo volvía loco.
- Trunks... aún no estás bien, ¿verdad? -preguntaba una preocupada Bra.
- Nunca podré estar bien, Bra. Maldito el día que te la encontraste.
- Habrá un día que dirás lo mismo de otra mujer.
- No, sabes que no. ¿Y si la persona que más amas desaparece? ¿serías capaz de re-emplazarla?
- No lo sé -y ella empezó a pensar en su padre, al que tanto amor profesaba.- No lo haría, pero tampoco me condenaría al sufrimiento.
- A veces sabes decir cosas muy profundas.
- Cierto, tendré que decir una idiotez para contrarrestarlo -bromeó ella.
- Empieza -le retó sonriendo por primera vez en mucho tiempo.
- Si Pinocho dice "me crecerá la nariz", ¿qué le ocurrirá?
Trunks empezó a reírse.
- Pan también ha recibido el alta médica. Tenía los huesos hechos trizas -anuncia la peliazul.
- Por mi culpa -se entristeció.
- Sabes que no. Si no fuera porque estabas hipnotizado jamás lo harías. Nadie te guarda rencor salvo tú mismo.
- Me debes una idiotez, sigues diciendo cosas demasiado sabias para venir de ti.
- Allá va la idiotez, ¿qué dirías si me siento atraída por papá?
- Muy buena Bra -responde entre carcajadas mientras ella sonríe con picardía.
- Oye, ¿crees que quedarán más tsufur en la tierra?
- No lo sé, pero aún así los prefiero a otros enemigos contra los que he luchado -explica.
- ¿Sí?
- Y a pesar de haberme arrebatado lo más preciado que tenía -susurra.
