Los personajes no me pertenecen, estos son parte del mundo fantástico creado por Toriyama, Dragon Ball. La trama en sí tampoco me pertenece, es parte de "En llamas" continuación de los Juegos del Hambre creados por la genia Suzanne Collins. Sin embargo, todo lo que no se pueda reconocer pertenece a mi autoria.
Summary: Los Juegos del Poder número 99 habían terminado, pero nunca terminarían para Chichi y Goku. Todo había sido parte del destino, desde el momento en el que ambos se ofrecieron como voluntarios, y aunque ellos no lo supieran eran una pieza fundamental del plan escrito en el momento en que ambos nacieron./ Continuación "Los juegos del poder" A.U
Word: 6,839 sin contar comentarios de autor.
PP: Chichi/Goku. PS: Bulma/Vegeta, Ten/Lunch, 18/Krillin.
UNIVERSO ALTERNO.
La Profecía.
Capítulo VIII: "Los centralinos"
Chichi debía admitir que nunca en su vida había sentido lo que en ese momento estaba sintiendo por Goku. Podía recordar el momento en el que su corazón comenzó a sentir amor por Mariem y los mellizos, también recordaba lo que se sentía amar de una manera profunda a su padre y cómo sintió amor por el pequeño Wallece en tan poco tiempo.
Sin embargo, ninguno de esos sentimientos de amor podían incluso parecerse a lo que estaba sintiendo por Goku.
Debía admitir también que sentía miedo, un miedo abrazador que se atascaba en la boca de su estómago y no la dejaba tranquila, era un miedo que no estaba segura de cómo interpretarlo, o de si de algún modo podía interpretarse.
Lo miró fijamente mientras él dormía, tuvo el impulso de erguirse y robar un beso de sus labios, pero se abstuvo. Decidió que lo mejor sería levantarse de la cama e irse a su propio cuarto.
Salió del cuarto de Goku con un ligero mal estar dentro de su pecho, no sabía si era porque lo dejaba durmiendo ahí o por lo ocurrido en el día anterior. No olvidaba nada de lo que pasó en la Segunda Región y al estar próxima a las Primera, sentía un miedo que parecía paralizarle cada una de sus fibras.
No quería cometer otro error, no quería que nadie muriese de la forma en que murió aquella niña a la cual siquiera conocía su nombre. No quería ser la culpable de ninguna caída más, no quería llevar el peso de más muertes sobre sus hombros.
Entró a su habitación y se encontró de lleno con Número 18, quien estaba dejando las toallas en la silla de siempre.
Ambas chicas se miraron fijamente y Chichi sintió como la voz se le atoraba en el medio de la garganta.
—Buenos días —saludó 18 como si nada.
Chichi la miró fijamente por un momento y luego, sin poder evitarlo preguntó de lleno.
—¿Qué es lo que escondes?
La rubia elevó sus ojos azules como el agua limpia de un río y enarcó ambas definidas y delgadas cejas, la pelinegra se sintió ligeramente intimidada ante tal mirada, sin embargo, no lo demostró sin correr en ningún momento su vista del rostro de la Androide.
—¿Qué te hace pensar en que escondo algo? —rebatió la pregunta.
La chica se encogió de hombros.
—Solo lo sé —susurró con suavidad.
—En tu caso —habló la Androide avanzando lentamente hacia la puerta, pasando por un lado de la Hado sin siquiera mirarla—, es mejor quedarse con las dudas a saber.
Salió de la habitación.
Chichi se quedó de pie sin saber muy bien qué decir. Ella tenía una duda sobre los Androides y sobre todo de 18 hace un tiempo atrás y con lo que dijo Goku el día anterior le quedó rondando en la cabeza.
¿Sería que los Androides, más que maquinas obedientes sea un ejército de Maki Gero?
Se estremeció sin poder evitarlo.
Luego de quedarse de pie por varios segundos pensando decidió que lo mejor era darse una larga ducha para luego ir a comer, de pronto, se sentía hambrienta.
*.*.*.*.*
—Algo te preocupa.
Los ojos celestes de Bulma se elevaron hasta toparse con la mirada seria de Vegeta.
Se encontraban ambos sentados solos en el salón comedor, desayunando. Ambos sabían que Antea, la mujer reptil, gustaba de comer todas sus comidas en su cuarto a solas, sabían de sobra que de ser por ella no compartiría ningún momento con ningún sujeto de aquel tren. Por otro lado Roshi se debía encontrar muy borracho o durmiendo intentando pasar la borrachera como para ir a comer. Y Goku y Chichi eran otra historia, no sabía bien a qué hora se despertaban, pero sabía que siempre llegaba primero la chica y luego él casi pisándole los talones pero de maneras separada, como si quisieran ocultar el hecho de que ambos dormían en la misma cama todas las noches, aquello todos lo sabían.
Era por eso que Bulma se había acostumbrado a la compañía de Vegeta para el desayuna y no sabía si él se había acostumbrado a ella, pero ya no parecía que el aire se hiciese más pesado cada vez que ambos se encontraban solos en la misma habitación.
Estaban teniendo una relación distantemente cortés.
Aun así a Bulma le sorprendió lo dicho por el chico de cabellos en punta, no sabía lo buen observador que era el chico, o lo mucho que se preocupaba por ella.
—No es nada —respondió desviando su mirada hacia su tasa media llena.
El hombre de estatura baja, gruñó.
—¿Se trata de que nos estamos acercando a la Región Central? —preguntó él.
La peliceleste suspiró. Sabía que Vegeta no se callaría hasta que ella le contará qué era lo que le preocupaba tanto.
—¿No crees que los de la Central estén pensando en una manera de mantenernos a raya? Quiero decir, Chichi ayer causó harto revuelo, más bien dicho, ha sido toda la gira un fiasco y estoy completamente segura que el presidente Gero no debe estar muy contento por como han resultado las cosas —soltó todo en un susurro tan bajo que de no ser porque ella se inclinó hacia Vegeta, este no la hubiese oído—. ¿Crees que estén preparando algo para cuando lleguemos a la Central?, ¿crees que ellos…?
No pude terminar la frase, sin embargo, Vegeta le entendió. Sus ojos demostraban demasiado miedo como para no darse cuenta con anterioridad. Él se recargó en su silla en una pose de reflexión, cruzó los brazos a la altura de su pecho y sacudió su cabeza negativamente.
—No tienes porqué asustarse, mujer —le dijo con una voz dura pero diferente al tono que usaba siempre, Bulma, de no conocerlo bien, creería incluso que él intentaba consolarla—. Gero no es un hombre estúpido y no haría nada de manera directa. Nadie que te importe morirá, no al menos durante esta gira.
—Pero… Chichi y Goku… Estoy segura que…
—No —le cortó Vegeta—, sé que Gero no es tan estúpido como para matar a uno de los dos. Crearía un mártir y una razón para ser juzgado o atacado por el resto de los regionalistas. Son muy pocos los radicales y sabe que mientras menos sean mejor, no estará dispuesto a darles una razón a los demás para que tengan que movilizarse para derrocarlo.
Bulma lo pensó varias veces para entender el punto de Vegeta, lo miró a los ojos fijamente y asintió.
—Gracias, Vegeta —manteniéndole la mirada le dio una ligera sonrisa, él le devolvió una fría mirada y corrió su vista algo asqueado, sin embargo, en los ojos de Bulma no se escapó el detalle de que las mejillas del hombre se habían sonrojado. Sonrió.
En ese momento entró Chichi con el cabello húmedo y una mirada cansada.
—Hola —saludó a ambos para luego sentarse y servirse café.
La peliceleste la miró fijamente y luego apoyando sus codos en la mesa dijo.
—¿Cómo está tu mano? —preguntó.
La pelinegra se tensó ligeramente y miró a Vegeta de reojos, asintió.
—Estoy bien —afirmó.
—Llegaremos en unas cuatro horas a la Primera, ¿estás lista?
Chichi asintió ligeramente.
Cuando llegó Goku a desayunar ya casi habían terminado, Vegeta les conversó a ambos que ya no habría más entrenamiento y Goku no demoró en demostrar su descontento ante aquello, el desayuno terminó en una sarta de discusiones por parte de ambos muchachos. Chichi terminó con dolor de cabeza y Bulma decidió que lo más sano era levantarse de la mesa y salir hacia su cuarto, no sin antes decirle a Chichi que debía estar lista pronto porque en veinte minutos más iría con Zumy a su cuarto para prepararla.
Se levantó de la mesa sintiendo que la cabeza le iba a explotar en cualquier momento y pensó seriamente en ir en busca de Bulma para que le regalara nuevamente aquella semilla milagrosa, pero, sin embargo, sabía que no había mucho suministro de aquello por lo dicho por la peliceleste la noche anterior.
Además de eso le parecía en extremo curioso aquella extraña semilla, ¿cómo era posible que curara de aquella manera los males? Estaba segura que en el momento en que se desmayó en la cámara de gravedad, su estilista también le había dado aquella pequeña maravilla y se preguntó cuántos más misterios tendría aquel tren.
En su cuarto se dejó caer en la cama y cerró los ojos.
Todo lo ocurrido el día de ayer pasó por su mente como si de una película casera se tratase. Sabía que muy dentro de ella, pero muy dentro, no se arrepentía de nada de lo que dijo, aun así no podía evitar sentirse egoísta, ya que, sabía que si no hubiese hecho nada, esa chiquilla aun seguiría con vida y ella no estaría torturándose asustada de dar un paso más en falso que pueda arrebatarle todo lo que le queda en su vida.
Una presión en su pecho le hizo abrir sus ojos.
Su mente había viajado muy lejos de aquel día, un día que parecía haber olvidado y que no había pasado hace mucho pero que sin embargo, había ocurrido, y que la había hecho por unos instantes inmensamente feliz.
El beso que se dio con Goku en el jardín de Bulma seguía quemándole los labios como si hubiese ocurrido hace apenas unos momentos.
Suspiró y se sentó en la cama.
¿Por qué no podría permitirse que algo le hiciese feliz en la vida? ¿Y qué si le decía a Goku sus sentimientos?, después de todo, ella estaba destinada a estar junto con él para toda su vida aunque ella no lo quisiese.
¿Por qué de todo lo malo no podía sacar algo bueno? ¿Por qué no iba a poder enamorarse?
¿Sería egoísta?
Sacudió su cabeza y se levantó.
Desde los juegos ha intentado pensar en todo el resto de la gente y pasar por alto a ella misma, todo lo que ella quiere. Ahora, si bien nunca podría ser plenamente feliz, siempre podrían estar algunos momentos que le hicieran sentir como aquel día en el invernadero. Y eso, solo podía dárselo Goku.
Caminó a la puerta y se disponía a salir de su cuarto cuando un fuerte remesón le hizo caer de bruces al suelo.
Un fuerte ruido metálico se escuchó por todos lados, era tan desagradable que si Chichi no hubiese estado completamente asustada y atontada se hubiese llevado ambas manos a los oídos, sin embargo, sus ojos estaban abiertos de la impresión, sus labios en una mueca extrañada y sus manos estaban tiritando. Sabía que algo estaba saliendo mal.
Pronto vinieron más remesones, como si estuviese temblando con fuerzas y luego de eso una alarma comenzó a sonar.
Se levantó del suelo apenas pudo volver en sí y se asomó por el pasillo.
—¡Chichi! —la voz de Goku le pudo traer algo de paz, sin embargo, el tren seguía temblando, la alarma seguía sonando y el ruido metálico seguía llenando el ambiente.
—¡¿Qué está pasando?! —preguntó apenas tocó con sus manos los brazos musculosos del muchacho.
—No lo sé… Yo… —pero sus palabras quedaron flotando en el aire.
Una fuerte explosión los hizo caer al suelo mientras un espeso humo negro inundaba lo que quedaba del tren, ya que, justo detrás de ambos había explotado algo tan fuerte que destruyó la parte del tren en donde estaba la cocina y el salón comedor.
Chichi abrió sus ojos y sintió incluso que se le podía salir de las cuencas.
Quería preguntar por Bulma, por Vegeta, por Roshi hasta por la mujer reptil, quería que Goku tuviese la respuesta, sin embargo, cuando lo miró a la cara con todas esas interrogantes en su cabeza supo, al ver su expresión, que él sabía lo mismo que ella.
Se levantaron a duras penas mientras el tren seguía andando, temblando y sonando de manera extraña. Sin embargo, nada les importó, se tomaron de la mano y corrieron por el largo pasillo hasta llegar a la puerta que conectaba con otro pasillo más largo y ancho.
—¡Chichi, Goku! —escucharon el grito desde atrás, era Roshi medio corriendo con el rostro completamente manchado—, debemos salir del tren —dijo apresurado apenas llegó frente a los chicos.
—¡Pero… ¿dónde están todos?! —preguntó Goku sin soltar la mano de la pelinegra en ningún momento.
El maestro Roshi se encogió de hombros.
—¡Auxilio! —la voz se oyó provenir desde el fondo del pasillo, en donde provenía el humo. Chichi estuvo seguro de reconocer esa voz, sin embargo, no sabía si estaba segura, ya que habían demasiados ruidos en ese momento que no le dejaban oír con claridad.
Sin pensárselo dos veces, tanto Goku como ella corrieron hacia donde provenían los gritos, tapándose la nariz por el humo cruzaron el pasillo y de no ser por la mano de Goku que la retuvo ella hubiese caído del tren hacia los rieles. El tren se había separado.
Abrió los ojos impresionada y vio a Zumy en el otro extremo del tren partido, en donde se veía fuego desde atrás. La pequeña niña lloraba amargamente y miraba cada segundo hacia atrás.
Goku a su lado parecía desesperado y Chichi fue hacia atrás intentando buscar algo que pudiera ayudarlos, sin embargo, incluso antes de encontrar algo, una fuerte explosión se oyó tirándola nuevamente al suelo.
—¡GOKU! —gritó desde el suelo tapando su cara con las manos.
El chico seguía de pie justo en el lugar donde el tren se había "quebrado" producto de la explosión, al otro lado, ya no quedaba más aparte de rojo. Todo consumido por el fuego.
Zumy había sin dudarlo muerto.
Sintió que sus piernas temblaban.
Se levantó con las piernas como gelatina y se acercó a Goku que parecía estar en shock mirando la otra parte del tren.
—Debemos salir de aquí —le dijo.
El tren siguió temblando y oyó otra explosión provenir quizás de qué parte.
Corrieron por el pasillo de vuelta, intentando encontrar nuevamente al maestro Roshi y a los demás, Chichi esperaba que nadie más hubiese estado en ese lado en aquel momento y sentía un pesar gigante implantarse en medio de su pecho al darse cuenta que el tren poco a poco se estaba desmoronando.
—¡Cuidado Chi!
No se había percatado que una lámpara de araña estaba cayendo, las manos de Goku se aferraron a su cuerpo y la empujó hacia el otro lado al tiempo que la lámpara caía y causaba otro ruido más molesto.
La pelinegra se largó a llorar en silencio al tiempo que se levantaba y continuaba corriendo junto con Goku.
El tren nuevamente se remeció completamente, tirando a ambos chicos al suelo, luego, resbalaron por el piso hasta chocar con una pared.
—¿Qué está pasando? —preguntó Goku mientras se llevaba una mano hacia su cabeza, donde segundos antes se había golpeado.
—Creo que el tren se está descarrilando —susurró Chichi—, debemos saltar de aquí, Goku.
Él asintió y ambos se levantaron nuevamente para continuar corriendo.
—¡GOKU, CHICHI! —el gritó del maestro Roshi les indicó que debían entrar por una de las puertas rotas, así lo hicieron topándose de lleno con Vegeta que intentaba volver a ingresar al tren.
Ahí había una salido del tren en donde podían saltar.
—¡¿Dónde está Bulma?! —fue la pregunta de Vegeta al verlos a ambos y furioso se giró hacia donde estaba el viejo Roshi—, dijiste que fueron a buscarla.
El anciano se encogió de hombros.
—Creí que era ella…
Pero Vegeta no se quedó a escuchar y se metió al tren.
Chichi iba a hacer lo mismo de no ser por la mano firme de Roshi aferrando su brazo.
—Él la encontrará —le dijo.
Goku miró a ambos y se mordió el labio.
—Iré con él, maestro, por favor —y sin decir nada más fue tras el chico de cabellos en punta metiéndose por el humo.
Chichi se removió con furia.
—¡Déjeme ir! —chilló pero Roshi la tenía firmemente agarrada.
—¡Solo serás un estorbo! —le gritó—, ven a ayudarme a derribar estas ventanas para luego saltar todos juntos.
Se sentía fatal y sabía que ya era muy tarde para ir detrás de ellos, decidió ayudarlo a regañadientes sabiendo que al menos si hacía algo útil su cabeza no iba a explotar debido a la incertidumbre que sentía en aquel momento y en el miedo que tenía.
Golpeando con fuerzas con unos palos que estaban tirados por ahí reventó los ventanales grandes que habían a un lado de la puerta abierta. Se dio cuenta entonces que el tren se iba arrastrando ya en esos momentos y que en cualquier momento se estrellarían y el tren explotaría.
Miró hacia el humo y esperó ver las siluetas de Goku y Vegeta, sin embargo, nada ocurría. Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Sabes que si no vienen debemos saltar —le dijo Roshi mirándola directamente a los ojos, ella sacudió su cabeza negativamente—. Debemos hacerlo, Chichi.
—No… Yo…
La primera lágrima cayó.
Unos ruidos se oyeron desde dentro, se giraron ambos y se dieron cuenta de las figuras que venían hacia ellos por entre el humo. Vegeta tenía en brazos a una inconsciente Bulma y Goku venía arrastrando un cuerpo junto con alguien más. Chichi vio con alivio que se trataba de 18 ayudando al muchacho a llevar a 17.
—¡Muy bien todos! —gritó entonces Roshi—, saltemos todos juntos a la cuenta de 3, ¿listos?
Nadie dijo nada.
—Uno… Dos…. ¡TRES!
La pelinegra cerró sus ojos.
Se alegraba de que estuviesen en pleno invierno, sabía que si el suelo no estuviese cubierto de nieve la historia terminaría con todos completamente rasmillados y adoloridos, sin embargo, al tirarse, la nieve aligeró un poco el golpe. Un poco.
Vegeta cayó de espalda aun aferrándose al cuerpo inconsciente de la peliceleste, 17 cayó en el suelo en un feo golpe con 18 a su lado y Goku aún aferrando su brazo. Chichi cayó de espalda y se golpeó ligeramente la cabeza con la nieve y Roshi junto a ella siguió resbalándose.
Nuevamente otra explosión se oyó tras de ellos y se tuvieron que cubrir la cabeza todos por los pedazos de tren que salieron disparados.
Cuando al fin terminó de resbalarse por la nieve se sentó a duras penas observando su alrededor, la respiración agitada y todo su cuerpo tiritón, parecía que aún sentía los temblores del tren.
Goku soltó el brazo de 17, mientras 18 comenzaba a revisar de manera mecánica una pierna del Androide, el pelinegro se acercó tambaleándose hacia Chichi y se arrodilló.
—¿Estás bien? —preguntó con suavidad mirándola directamente a los ojos.
Chichi asintió secándose una lágrima que había resbalado de su mejilla.
—Supongo que no solo somos los primeros Hados en haber ganado en conjunto, sino que además, somos los primeros Hados a quienes les ha explotado de manera misteriosa su propio tren en la gira —soltó en tono de broma, aunque ella sabía que era una pésima broma, no pudo evitarlo, egoístamente se sentía aliviada de haber sobrevivido junto con Goku.
—¿Y Antea? —preguntó Roshi luego de dejar de toser, mirándolos a todos—, ¿alguien la vio?
La pelinegra no había recordado a la mujer, debía admitir que nunca se llevó bien con ella y que tampoco había compartido tanto con Zumy, pero le dolía, le dolía llevar encima dos muertes más.
No hubo tiempo para lamentaciones, pronto recordó dónde se encontraban y que Bulma estaba aun inconsciente, junto con el pelinegro se acercó rápidamente en donde Vegeta aún se aferraba al cuerpo de Bulma.
—¿Qué tiene en el brazo? —preguntó ella al notar que la peliceleste se aferraba a un bulto grande.
—No tengo idea —musitó Vegeta.
Goku fue quien se atrevió a sacárselo del brazo, encontrando envuelto en una manta una mata de planta con ligeras semillas grandes en su tallo.
Frunció el ceño.
—¿Por qué Bulma…? —iba a preguntar el muchacho, sin embargo, su voz fue opacada por el grito sofocado de Chichi.
—¡La semilla!
Vegeta frunció el gesto molesto.
—¿Qué semilla? —gruñó.
La pelinegra rodó los ojos y sacó una semilla de la mata, la observó fijamente, rogando para que la memoria no le fallase, debía ser la misma semilla que había consumido ella y Goku con anterioridad.
Sin decir nada más se agachó hacia donde Bulma descansaba, le entre abrió los labios y le metió la semilla, movió su mandíbula, ayudándola a masticar y luego esperó, rogando para que hubiese funcionado.
En pocos segundos después una pequeña magulladura en la mejilla de la chica desapareció y pronto, con lentitud, se abrieron los ojos de la peliceleste.
—¡Bulma! —Chichi no pudo evitar decir feliz, si bien se sentía confundida y triste no podía evitar sentir alivio de que todos sus amigos estuviesen bien y con vida.
—¿Qué pasó? —preguntó la muchacha aun en brazos de Vegeta. Todos parecían obviar aquello.
—La Central —masculló Vegeta en voz baja, no queriendo llamar la atención de los Androides que estaban un poco más alejados que ellos—, ellos querían matarnos —escupió.
—Te equivocas, Vegeta —la voz del maestro Roshi llamó la atención de todos. Chichi frunció el ceño con molestia, ¿acaso Roshi creía que todo aquello había sido un accidente? —. Solo querían asustarnos, si hubiesen querido matarnos a todos, lo hubiesen hecho. Fue una advertencia.
—¿Una advertencia dices? —Goku se irguió, las aletillas de su nariz parecía dilatarse—. ¡Murió gente por este accidente!, ¡incluso murieron centralinos!, Zumy… Antea… Y otros Androides…
—Gente que a ellos nos les importa, Goku —gruñó Roshi—, tú, Chichi, Bulma, Vegeta y yo estamos con vida…
—Pero, ¿cómo sabrían que lo íbamos a conseguir? —preguntó Bulma irguiéndose completamente sonrojada, alejándose un poco del cuerpo de Vegeta.
Se encogió de hombros.
—No estoy seguro de si ellos creían que podíamos conseguirlo, solo que no se esmeraron tanto como para querer matarnos a todos —bufó y miró hacia la nada misma—. Pronto vendrán a buscarnos, manténganse preparados.
—¡¿Y qué quiere que digamos?! ¿Fue un accidente? —Goku no parecía muy dispuesto a aportar con nada, estaba furioso, él mismo había visto como la pequeña Zumy había muerto y de seguro que aquella imagen y el saber que no hizo nada por salvarla le estaba carcomiendo por dentro.
—¿Quieres hacer algo? —Roshi lo miró amenazante—. ¡Anda haz lo que quieras!, pero te lo juro, Goku, que hubieses deseado después de haberlo hecho que tú y sobre todo ella —con un movimiento de cabeza apuntó a Chichi—, hubiesen muerto en el tren.
Los nudillos de Goku se volvieron blancos al apretarlos con tantas fuerzas.
Todos se abrazaron a sí mismos —a excepción de 17 y 18 que se mantenían distantes y en silencio— debido al frío mientras esperaban que apareciera alguien para rescatarlos.
Goku estaba también distante y silencioso, Chichi hubiese querido ir hacia donde él estaba y consolarlo, aunque sabía que en esos momentos de nada serviría, sobre todo porque gran parte de la culpa era de ella. Sabía de sobras que si ella no estuviese incluida en toda esa ecuación Goku hace un tiempo hubiese hecho algo en contra de los centralinos, pero su existencia lo amarraba de manos y piernas.
Pasaron unos minutos y después, tal como lo dijo Roshi apareció una aeronave de la Central para rescatarlos.
Todos subieron en completo silencio, con las miradas perdidas y sucios. Bulma había escondido quizás en dónde la mata que había rescatado del tren, Chichi iba a su lado aferrada a su brazo, mientras Goku tenía una mirada mortalmente seria en su rostro. Le recordó a Vegeta y aquello le hizo tener más de un escalofrío en todo el camino.
—¿Qué sucedió? —un hombre sonriente preguntó, Chichi no podía evitar pensar en lo repulsivo que eran los Centralinos, se notaba que era algún tipo de periodista y parecía bastante contento por el accidente, obviando muertes y lo trágico de toda la situación.
—No sabemos con certeza —el maestro Roshi fue el encargado de entrar.
—"Un desperfecto técnico en la gira de la victoria hace que nuestros Hados ganadores deban saltar de un tren". ¿Qué les parece el titular? —preguntó entonces el hombre sin borrar su sonrisa, mirando a Goku y a Chichi aleatoriamente.
Chichi se mordió la lengua con fuerzas para no decir nada. Fue Goku quien respondió.
—¿Qué le parece mejor: "Diversos muertos deja trágico accidente en tren"? —su comentario fue mordaz y sarcástico, todos lo notaron, excepto el reportero.
—Oh, no, me gusta más el mío…
Roshi le dio una mirada significativa a Goku, él cerró la boca y se inmutó a mirar por la ventana hacia afuera.
*.*.*.*.*
Al bajar de la aeronave muchas cámaras, reporteros y personas se acercaron a ella. Agradeció mentalmente que 18 haya decidido hacer su trabajo en vez de ayudar a su hermano a bajar, los cubrió tanto a ella como a Goku y pasaron rápidamente al edificio Metropolitano.
Aquel edificio era en donde se hospedaban los ganadores luego de haber ganados los juegos y donde se hospedarían para la entrevista en la Central y para después asistir al gran baile en la mansión presidencial.
Entraron todos dejando a las cámaras y todo el revuelo fuera. Un hombre de porte alto con brillantinas en su cabello con una sonrisa fue a saludarlos.
—¡Qué bien que hayan llegado antes! —dijo el hombre estirando sus brazos, como si esperase que alguien se lanzase a él y lo abrazara.
—El tren explotó —dijo Roshi con voz seca, parecía que necesitase algo para la sed con urgencia.
—Oh, eso no es bonito —dijo el hombre pero su sonrisa seguía intacta—, el lado bueno es que adelantamos la llegada a la Región Central, será triste para la Primera Región ser saltada, pero agendaremos un día para ir a visitarlos, ¿bueno?
Chichi no había visto con anterioridad al tipo, sin embargo, se imaginaba que era él el organizador de la Gira y de la fiesta en la mansión presidencial, además de la entrevista que deberían darle a Marcel.
—Su suite es en el último piso —dijo y entregó unas llaves a la Androide 18—, tú anda a dejarles mientras Número 17 se queda aquí.
La rubia Androide miró al hombre fijamente sin ninguna expresión en su rostro, aunque Chichi pudo darse cuenta del ligero vacile en sus ojos, sin decir nada más los guió hacia los ascensores.
—¡Espero tengan una buena instancia en el hotel! —se despidió el hombre sonriente.
Todos subieron al ascensor en silencio, nadie parecía querer decir nada, nadie parecía tener la suficiente fuerza para hacer o decir algo. El accidente había sido hace poco tiempo y parecía que a nadie le importaba las vidas que se perdieron ahí.
¿Qué pasaba con la familia de Zumy? Después de todo aquella chiquilla no tenía más de 20 años seguro, ¿a nadie le importaba?
Y la mujer reptil, ¿acaso no tenía familia?, ¿algún marido, hijos? El corazón se le oprimió en el pecho.
Al llegar a la suite se sintió completamente miserable, lo cual le parecía contradictorio, jamás imaginó que estar en un lugar tan lujoso le provocaría tanto daño. 18 les dijo donde estaban las habitaciones para ellos y cada uno se metió a la suya sin decir nada.
Su cuarto era aún más grande que el cuarto que tenía en el tren, había una cama de dos plazas al medio de la habitación, un escritorio y una puerta que de seguro daba al baño, también había un gran closeth lleno de ropa, lo que hizo preguntarle cuándo llegó ahí todo aquello, aunque se alegraba de cierta manera, después de todo, ella había perdido todo en el tren y lo único que quería en ese momento era darse un baño y colocarse la pijama.
Se metió al baño y llenó la tina, se desnudó y se metió intentando relajar cada uno de sus músculos.
Si Roshi tenía razón, los centralinos estaban jugando con ella y con los demás. ¿Qué sería lo que buscaban? ¿Hacerlos vivir con miedo cada segundo de sus vidas? Porque si era así, en ella lo consiguieron desde que el presidente Gero pegó un pie en su casa en la Octava.
Al terminar de darse la ducha se salió y se vistió, luego se sentó en el escritorio y vio su reflejo en el espejo. Su rostro precía estar completamente demacrado, con grandes ojeras enmarcando su pálida piel y sus ojos oscuros como el ónix completamente apagados. Tomó el cepillo y comenzó a desenredar su cabello.
Dos suaves golpes en la puerta la hicieron sobresaltarse.
—Pase —dijo luego de carraspear, la voz le salió ronca y gracias a eso se pudo dar cuenta que no había hablado hace ya bastante tiempo.
La puerta se abrió para dar paso a una mujer de cabellera corta y rubia. Su mirada fría y sus facciones tensas le hicieron recordar que 18 también era una sobreviviente del accidente y que algo le pesaba, quizás sea el hecho de que la separaron de su hermano, o que se encontraba preocupada, eso le hizo pensar seriamente en que ella era distinta a todos los demás Androides.
—La cena está lista —habló, Chichi asintió y se le quedó mirando.
La Androide le devolvió la mirada y se volteó para salir, sin embargo, ella la detuvo.
—Espera —18 se giró y la miró nuevamente con mirada cansada—, ¿estás bien? —preguntó—, ¿no te hiciste daño en el tren?
La Androide sacudió su cabeza negativamente.
—Estoy bien —dijo con voz monótona—. Deberíais preocuparte por ti.
Sin decir nada más salió de la habitación.
Chichi no había notado lo hambrienta que estaba hasta que vio la comida servida en la mesa, ahí ya se encontraba Vegeta, Bulma y Goku, asumió de inmediato que Roshi prefirió quedarse en su habitación bebiendo.
Se sentó a un lado del pelinegro de cabellos revoltosos y tomó un vaso con zumo, lo bebió de inmediato. Estaba sedienta.
—Mañana es la entrevista —susurró Bulma en su puesto.
Chichi elevó su mirada y la pegó en la peliceleste. Parecía ser que lo único que la chica quería era hacer como si nada hubiese pasado.
Asintió.
—Hay vestidos en mi cuarto, supongo que…
—Mañana temprano los veremos —le acortó la chica mientras jugaba con su tenedor en su plato—, supongo que… —tragó aire y luego soltó con voz temblorosa—, supongo que mañana llegará una chica nueva para ayudarme con las telas y esas cosas, así que no te preocupes.
Goku en su puesto siguió comiendo de una manera distinta a como lo hacía siempre, se llevaba la comida a la boca y lo masticaba de manera rápida, no de la misma forma que siempre, parecía ser que lo único que hacía era mantener su boca cerrada con la comida.
—Como Roshi no está acá debemos dejar en claro lo que responderán para la entrevista, obviamente les preguntará por el accidente en el tren —volvió a decir Bulma, sus ojos se volvieron ligeramente llorosos—, digan que fue una fuga de gas, una imperfección del tren…
Goku apretó con tanta fuerza el tenedor que este se dobló hasta romperse por la mitad. Chichi lo miró impresionada.
Todos los miraron.
—Kakaroto —la voz de Vegeta sonó firme y dura, el chico de cabellos en punta se irguió hacia adelante y miró fijamente al Hado—, ¿crees que si fuera por mi dejaría que estos malditos hagan los que se les plazca?, ¿crees que eres el único furioso aquí?, ¡deja ya tu maldito egoísmo de lado!, todos estuvimos ahí, todos sabemos que destruyeron el tren porque de algún modo supieron que era de Corporación Capsula y porque nosotros estábamos en él. Si te comportas así estarás haciendo lo que ellos quieren conseguir, sacarnos de nuestras casillas y darles una razón para matarnos a todos, ¿eso quieres, insecto?
Goku lo miró con rabia en sus oscuros ojos, luego miró hacia el frente con una mueca de disconformidad y después sin decir nada siguió con su comida, sin siquiera abrir la boca para protestar.
Chichi tragó saliva en su puesto y miró su plato. De pronto ya no se sentía más hambrienta.
*.*.*.*.*
Creyó que se encontraba exhausta, tan cansada como para acostarse y dormirse de inmediato, sin pensar en que se encontraba sola en esa amplia cama, sin Goku a su lado.
Se equivocó.
Se dio vuelta tras vuelta sin poder conciliar el sueño, cerró sus ojos y los apretó con fuerzas intentando al menos así mantenerlos cerrados hasta que se aburriera y se durmiera, pero no pudo. Miraba el techo fijamente sin saber muy bien qué hacer.
Quería levantarse e irse al cuarto de Goku, quería disculparse y decirle que no quería ser una carga para él, quería decirle tantas cosas, quería que él le sacara toda la culpa que la estaba carcomiendo por dentro.
Quería también gritar.
Pero no podía hacerlo.
Y ya no sabía tampoco si quería dormir. Temía que nuevas pesadillas atormentara sus sueños.
Se levantó y se colocó su bata para capear el frío de la noche, salió de su cuarto en silencio y avanzó por el pasillo hasta llegar al comedor. Estaba todo limpio y se preguntó internamente si 18 se había encargado de todo, se sintió mal, pero ya se sentía mal por tantas cosas que una más a su lista no la mataría.
Se giró nuevamente para ver el pasillo, sabía de sobras cuál era la habitación de Goku, se había preocupado de saber cuál sería cuando 18 le dijo al muchacho. Se mordió el labio inferior y se encaminó hacia la puerta.
Si Goku estaba durmiendo entonces ella se acostaría a su lado en silencio y sigilosamente para que él no lo notase y muy temprano en la mañana se iría a su cuarto para no ser descubierta, si estaba despierto, pues, ahí inventaría algo para poder quedarse.
Avanzó con cautela sin hacer ruido hasta llegar a la habitación del chico.
No golpeó siquiera antes de abrir y tuvo que esperar que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad para ver la silueta del muchacho acostado en medio de la cama.
Avanzó hacia la habitación y cerró la puerta tras de sí.
No fue mucho el ruido, pero sin embargo, fue lo suficiente para despertarlo.
—¿Chichi?
Maldijo internamente.
—L-Lo siento, Goku —susurró con la cara pegada a la puerta recién cerrada, estaba avergonzada, había sido descubierta colándose en el cuarto del muchacho.
—¿Qué haces? —preguntó él, no parecía enfadado, solo curioso.
No tenía aún el suficiente valor para girarse y mirarlo, no sabía qué decir y pensó que quizás lo más sensato era salir corriendo a su habitación, después de todo, Bulma mañana la mantendría con toda la mañana ocupada y no vería al muchacho quizás hasta qué hora, de seguro con todo ese tiempo ella podría pensar en una muy buena excusa.
—Yo…Yo —la voz le salió tiritona, carraspeó y luego suspiró. Lo mejor sin dudarlo sería decirle la verdad—. No podía dormir.
Al no oír respuesta por parte del muchacho, se giró.
Él estaba sentado en la cama mirándola desde la oscuridad, Chichi podía jurar que Goku mantenía un gesto sereno pero una mirada entristecida en sus ojos. Se le estrujó el corazón.
—Tampoco yo —susurró él en voz tan baja que ella tuvo que agudizar su oído para oírlo.
—Lo siento —volvió a decir ella de pie en medio de la habitación, con las manos cayendo por ambos lados de su cuerpo y con la mirada pegada en sus pies, aunque no lograba verlos realmente.
—Está bien —dijo Goku—, no es tu culpa.
Chichi sacudió su cabeza.
—Sí lo es —levantó su vista, sentía su mirada nublosa, la primera lágrima cayó—, sé que si fuera por ti harías algo, sé que soy yo el porqué no has actuado en contra de los centralinos, que de ser por ti habrías hecho cualquier cosa ya para comenzar una rebelión como lo han intentado hacer algunos regionalistas subversivos, pero soy yo la que te mantiene con las manos amarradas y no te deja actuar. Lo siento. De verdad, siempre creí que eras tú el que debió haber salido de esa Arena con vida —sollozó.
Goku saltó de su cama casi como un resorte y se acercó a ella de manera firme pero a la vez vacilante, como si estuviese esperando que ella se corriese. Sin embargo, contra todo pronóstico, Chichi se lanzó a sus brazos, pegó su cabeza en el pecho desnudo del chiquillo y se dejó derrumbar, llorando a lágrima viva.
—Yo soy la cobarde —continuó hipando—. Pero… No soportaría, no lo soportaría, no quiero que te maten, Goku, no podría soportarlo, no quiero que te alejen de mí.
Sus brazos alrededor de ella eran firmes, Chichi no podía recordar otro momento en que sintió que unos brazos podían contenerla de manera tan firme, tan cálido.
—No es tu culpa —susurró Goku contra sus cabellos, acariciando su espalda con vagos círculos.
Ella no dijo nada, siguió llorando en su pecho como si no hubiese un mañana, soltando toda la angustia que mantenía firmemente en su pecho desde que comenzó la gira, dejando que todo saliera a la luz, sus miedos, sus debilidades, todo.
—Por favor —suplicó Chichi aún en su pecho, dejando que el aroma masculino del chico la embriagara—, no dejes que hagan daño, no les dé razón alguna para que te maten.
—No lo haré —aseguró el chico con suavidad—, lo prometo.
Aquella promesa fue lo que dejó tranquila Chichi, el llanto comenzó a disminuir. Ambos aún abrazados y de pie se mantuvieron en medio de la habitación sin decir nada al otro. Minutos después de aquello, ambos se encontraban abrazados, apretujados el uno con el otro acostados en la cama, con los ojos cerrados, sin dormir, solo, manteniéndose así. Era lo único que les quedaba.
*.*.*.*.*
—Bueno, al menos pude arreglarlo.
Bulma sin duda había hecho maravillas con aquel vestido.
Ninguno había sido realmente un agrado para Chichi, no era como si todos los vestidos que Bulma confeccionaba para ella le gustasen, de hecho, ella siempre prefirió sus trajes chinos de combate, eran más cómodos. Sin embargo, no podía negar que cada uno de los trajes era completamente maravillosos, la peliceleste sin duda era toda una maestra con cualquier tela.
—Me gusta —aseguró ella mirándose de frente en el espejo.
La chica le había hecho un traje más ajustado de color verde con un lindo moño amarillo justo en medio, aquel vestido era para la entrevista de aquella tarde antes de la gran fiesta en la mansión en donde se encontrarían con el presidente Maki Gero.
—Bueno, solo me falta el vestido para la fiesta —suspiró cansada—, desde anoche estoy intentando arreglar uno para que sea perfecto, pero, no sé si pueda hacerlo sin… —bajó la voz—, sin ayuda.
Chichi se giró y la miró fijamente a los ojos.
—Estoy segura que te traerán a alguien para ayudarte, Bulma —le sonrió con tristeza—, aunque nunca he creído que necesites real ayuda, tu sola puedes con todo esto y con más.
La peliceleste le sonrió agradecida.
—Te ves bien —le alagó.
—Te doy el crédito —bromeó.
Bulma sonrió ligeramente y se le acercó para tomar su cabello y soltárselo.
—Ahora sí, con el cabello suelto —le dijo alisándoselo con los dedos—, te hace ver más salvaje.
Chichi le sonrió con soltura y se giró para mirar a su amiga.
—Gracias —susurró con suavidad.
—Te irá bien en la entrevista, todos en la Central te aman y de seguro que estarán muy feliz de verte —le guiñó un ojo—, y sobre todo porque ahora no mentirás cuando cuentes sobre lo muy enamorada que estás de Goku.
La chica se sonrojó con violencia y miró fijo a su amiga.
—¿Tanto se me nota? —le preguntó en un murmullo bajito, casi como si tuviera miedo que alguien más pudiera oírla, aunque estuviesen solas en la habitación.
Bulma asintió.
—A miles de kilómetros —dijo—, a ambos y si antes los centralinos se derretían por su ternura, ahora los tendrás donde quieras, úsalo de buena manera.
Chichi no sabía muy bien lo que Bulma se refería, sin embargo, volvió a mirarse al espejo y pensó seriamente en cómo podría usarlo, ¿sería suficiente el amor que tenían por ella y él que podrían cambiar algo? Se rió en su fuero interno. Ni en un millón de años.
Estoy tan avergonzada! Perdón por el retraso y además vengo muy rápido a dejarles este nuevo capítulo! nuevamente no podré responder sus comentarios, pero prometo que en el próximo sin falta les comentaré todo lo que les debo! Espero no retrasarme con el próximo capítulo como me atrase con este pero es que realmente octubre se me ha hecho un mes completamente ocupadísimo, espero tener su comprensión.
Lamento la tardanza y el hecho de no responder sus comentarios. Los amé todo, muchas gracias a todas por comentar! Les responderé en el otro! Me han hecho muy feliz con cada una de sus palabras, hacen mis días! Se los agradezco un montón!
Espero les guste este nuevo capítulo que también tiene acción, estoy intentando apurar las cosas para que avance más rápido el fanfic pero tengo problemas por el hecho de ser tan detallista y no querer alargar muchos los capítulos, estoy intentando mejorar para ustedes, espero les guste.
Saludos y nos leemos en una próxima.
PD: Perdón por nno responder, lo haré apenas tenga tiempo! (Espero subir capítulo pronto) Saludos y abrazos virtuales.
