-¿Hay alguna novedad?.- Preguntó Adrien estresado. Claude se giró hacia él, comprendía la ansiedad del joven Conde pero estaba haciendo lo mejor que podía y eso no lo entendía él.
-Unos grupos de guardias han ido a revisar por el teatro.
-¿Y abajo? ¿Ya han ido?
-Aún no, estamos esperando refuerzos.
-¿Refuerzos?.- Preguntó incrédulo.
-Sí, unos quince hombres más no estarían mal para ir a explorar las catacumbas.
-¡Es increíble!.- Exclamó sarcástico.- Con los primeros hombres pudimos explorar las catacumbas, eso ya lo habíamos acordado.
-Es peligroso allí abajo. ¿No ha escuchado de cuántas personas han muerto ahí? No sabemos a qué nos enfrentamos realmente.
-Por favor…es un hombre. ¿Qué más daño puede hacer? No creo que sea capaz de matar a tantos hombres en el primer intento.
Claude tenía que luchar con la necedad de Adrien, la histeria de Chloe y la baja autoestima de Kim. Ya comenzaba a dolerle la cabeza de escuchar tantas quejas.
-Esperaremos a mis hombres y se debe acatar lo que digo por su propia seguridad.
-Yo no puedo esperar tanto.- Dijo Adrien determinante.- Yo mismo iré a buscar a Marinette, ella es la que está en peligro con ese hombre.
Adrien dio media vuelta decidido a recorrer un camino solitario hasta las catacumbas pero, a los primeros metros, Claude lo detuvo tomándolo del brazo.
-Conde…si usted baja solo, aunque sea por el bien de la señorita…le aseguro que no regresará vivo.- Le advirtió el tono serio. Adrien lo miró sin respuesta alguna. Quería correr el riesgo porque él sabía que Marinette no estaba segura ahí abajo. Debía buscar una forma de ir por ella por su cuenta.
Félix se había colocado de nuevo su vestuario. Muy pronto podría tener invitados desagradables que estarían buscando a Marinette y debía impedirles el paso en el primer momento; debía estar preparado. Sin embargo, quería permanecer más tiempo con ella. Se giró hacia la cama y vio que Marinette seguía descansando. Félix parecía estar en un completo sueño, uno del que no querría despertar jamás. Marinette estaba con él y más de lo que él habría esperado. Además le había confesado que estaba enamorado de ella. Aunque ella no le respondió nada relacionado, no le importaba, con tenerla junto a él era suficiente.
Marinette se movió un poco sobre la cama y suspiró antes de abrir los ojos. En un principio había olvidado en dónde se encontraba y se levantó bruscamente. Félix se acercó a ella de inmediato para calmarla. Los ojos azules de la azabache lo miraron de repente y sintió alivio.
-Tranquila, no te espantes…estás aquí conmigo.- Le dijo Félix y se sentó sobre el borde de la cama.
-Discúlpame, había olvidado que estaba…aquí.- Dijo echando un vistazo por la habitación.- ¿Dormí mucho tiempo?
-No, sólo fueron como veinte minutos, no quise despertarte porque sé que estabas cansada.- Dijo con naturalidad. Marinette recordó lo recién sucedido con Félix y se sonrojó por el también comentario. Alzó las sábanas y trató de cubrir sus mejillas.- Podrías dormir otro rato más.
-No creo poder…
-No te preocupes, estaré cerca pero te dejaré espacio para que descanses mejor…no te interrumpiré.
-No es eso, sólo creo haber perdido la somnolencia.
-De eso no hay problema, yo te ayudaré a dormir.
-¿Cómo?.- Preguntó curiosa.
Félix infló los pulmones y poco a poco fue soltando el aire, con un hermoso cantar sólo utilizando la letra "A" en todo tipo de tonos suaves.
Marinette lo escuchó con atención, era hermoso escucharlo cantar para ella. Su voz era demasiado relajante. Su dulce voz suavizaba sus oídos y su mente. Félix la tomó de la mano sin dejar de cantar y la acariciaba con ternura para ayudar más a la relajación. Marinette no se podía resistir más y poco a poco fue cerrando los ojos, no quisiera dejar de escucharlo. Félix continuaría un poco más hasta que definitivamente quedara dormida.
Mientras tanto…
Los hombres de Claude habían llegado y sin perder más tiempo, fueron dirigidos por Kim hacia una entrada que seguramente los llevaría hasta las catacumbas. Kim fue el más adelantado y abrió la una puerta blanca y algo maltratada que estaba un poco retirada del escenario. Claude echó un rápido vistazo al interior y luego le indicó a sus hombres que debían entrar con cautela. Sus hombres poco a poco fueron ingresando con mecheros y con pistolas hasta que sólo quedó él y Kim quien se había puesto detrás de la puerta. Claude alzó la mirada.
-¿Usted no viene señor Lê Chiến?
-N-No…ese es su trabajo.- Dijo con la voz temblorosa y pronto asomó la cabeza.- Además, debo permanecer a lado de Chloe…
-Muy bien.- Dijo Claude indiferente y siguió a los guardias. Kim se asomó después de que los demás se alejaron y suspiró, de verdad no quería ir a acompañarlos.
Ahí adentro, Claude tomó la delantera hasta quedarse a la cabeza de los hombres y despacio fueron avanzando por el único camino que hasta ahora, era el único. Cada vez que se adentraban más, la iluminación de las antorchas adornadas perfectamente en la pared hacían que los mecheros que llevaban fueran ya innecesarios. Cuando todos creyeron que sería fácil dar con las catacumbas siguiendo sólo un camino, pronto sus ideas se vinieron abajo al ver dos caminos conectados…uno más oscuro que el otro y más estrecho.
-Sería conveniente separarnos ahora ¿no?.- Dijo uno de los hombres alzando su mechero.
-Sí…ustedes cinco vayan por ese camino.- Dijo Claude señalándoles el camino de su izquierda el cual era el más ancho.- Nosotros iremos por el otro, si ven algún tipo de problema, peligro o sospecha quiero que den un disparo y nos volveremos a reunir. ¿Está claro?
Todos asintieron y siguieron sus respectivos caminos. Claude, nuevamente tomando el liderazgo de su grupo, avanzó con valentía pero también su debida precaución. Más adelante, el camino fue cada vez más estrecho y habían unas escaleras que los conducirían hacia abajo. Claude analizó los escalones y estuvo por dar el primer paso hasta que escuchó una voz masculina cantando. Alzó el rostro desconcertado. Habían sido sólo algunos segundos que había logrado escucharlo.
-¿Ustedes escucharon eso?.- Les preguntó. Los demás estaban tan concentrados en no ser atacados por sorpresa o en revisar el lugar que ni siquiera sus oídos captaron el menor ruido ajeno.
-No. ¿Usted sí?
-Sí, me pareció…escuchar que alguien cantaba.- Dijo esperando un poco para verificar si volvía a escuchar ese canto.- Olvídenlo, debí haberme confundido.- Siguió avanzando y con un descuido, no se fijó que había algunas cajas de madera en los escalones y terminó tirándolas.
Sólo momento antes, Félix fue acomodando delicadamente la mano de Marinette a un costado de ella y la arropó con cuidado. Poco a poco fue disminuyendo la voz hasta dejar de cantar. Observó a Marinette unos segundos y luego se marchó de ahí para dejarla descansar. Félix, que gracias a la soledad con la que normalmente había vivido la mayor parte de su vida, había desarrollado muy bien su sentido auditivo…tanto, que escuchó que algo caía en alguna parte de las catacumbas. Sabía en donde era y qué querían así que tuvo que abandonar a Marinette e impedir que los intrusos siguieran explorando.
Claude había llegado a la conclusión, que aún eran muy pocos hombres para poder explorar todo. Había muchos pasadizos que habían encontrado y otros que posiblemente no vieron a simple vista. Era peligroso y lo mejor para él era la estrategia. Habían explorado una parte y eso era suficiente para él para dar un inicio más profesional para hallar al fantasma y por ende, a Marinette.
-Aquí hay muchos lados para mirar, necesitamos a más hombres aquí…debemos regresar.- Dijo Claude cuando regresaron al punto de partida donde se habían separado.- ¡Es hora de regresar!.- Exclamó fuerte para que el otro grupo escuchara y regresara también.- ¿Se habrán ido demasiado lejos?
-Posiblemente. ¿Quiere que vayamos a buscarlos?.- Propuso.
-No, esperemos a que vengan, deben habernos escuchado, de todos modos hay que gritar por más tiempo.- Dijo Claude con firmeza.
El segundo grupo estaba más nervioso pero no se detenían en su búsqueda. En el pasillo recorrido volvían a verse antorchas y más que eso, era más fácil visualizar las estatuas de mármol a lado de cada una de ellas y todas, sin excepción alguna, tenían cubierta la cara con un manto dorado.
-No tuviera idea de que esto se encontraba aquí.- Dijo tocando la tela de una de las estatuas.- ¿Por qué estarán cubiertas?
-No lo sé pero mejor hay que avanzar, entre más pronto salgamos de aquí mejor..- Comentó uno de ellos mientras seguía avanzando, ignorando las curiosas decoraciones.
-Miren, aquí hay algo.- Dijo otro que había encontrado una puerta secreta en la pared. La abrió con cuidado y se topó con algunas telarañas. Esa puerta no había sido usada en años pero definitivamente podía conducirlos a un lugar esperado.- Podemos caminar por aquí.- Dijo y los cinco entraron al lugar. A unos cuantos metros había unas escaleras de madera.
El lugar parecía una especie de bodega. Fueron alumbrando los alrededores y vieron que había un sinfín de cosas viejas y regadas. Estatuas rotas, telas dañadas, mesas de madera en malas condiciones y lo más curioso e inquietante era que había unas máscaras viejas acomodados en una de las mejores mesas del lugar. Su inspección había sido detenida al escuchar con más atención el llamado de Claude.
-Ya es hora de volver.- Dijo uno de ellos y nadie se negó a regresar. Subieron las escaleras y salieron pero se asustaron al escuchar que habían cerrado la puerta secreta a sus espaldas y que uno de los hombres había quedado encerrado. Este gritaba espantado y golpeaba la pared desde dentro. Sus compañeros trataban de abrir la puerta pero era inútil, parecía haber sido trancada con algo.- ¡Necesitamos ayuda!.- Gritó para alertar a Claude y los demás y solo un minuto después, los gritos de su compañero habían desaparecido.
Siguieron en su intento por abrir la puerta hasta que lo lograron. Sin detenimiento alguno, entraron de nuevo para hallar a su compañero quien no respondía a los llamados. Se profundizaron más en el lugar. Uno de los hombres alzó el mechero y vio que algo se movía, se acercó y lo alumbró más y, sus impresiones no se hicieron esperar. El compañero que había quedado encerrado ahora estaba siendo un adorno más de la bodega; estaba colgado con una soga en el cuello.
Momentos más tarde, Claude llegaba con el segundo grupo y miró con sus propios ojos como uno de sus hombres había sido asesinado. No tenía palabras ante aquella situación.
Marinette, de nuevo, no había logrado dormir mucho. Había vuelto a despertar y esta vez lo primero que hizo fue buscar con la mirada a Félix.
-¿Maestro?.- Preguntó débilmente sin recibir algún tipo de respuesta.- Maestro…¿Dónde está?.- Esta vez su pregunta fue más fuerte pero ni así escuchó una respuesta.
Marinette se levantó de la cama con la sábana enrollada en su cuerpo. Vio que su vestido estaba acomodado al otro lado de la cama, lo observó largamente y negó con la cabeza; n o quería usar ese vestido. Recordar los malos resultados que había tenido en el escenario era decepcionante así que, usar algo que le hiciera recordar más no era una buena idea. Casi por intuición, se giró hacia sus espaldas y cerca de donde estaba el vestido que Félix le regaló, había algo más cubierto. Caminó hasta ahí y levantó la tela, había uno más sencillo de color blanco. Se veía cómodo. Marinette no quería ser una confianzuda ni entrometida por querer usar ese vestido pero no usaría el que le regaló para andar en ese lugar; ese vestido merecía un buen uso. Tomó la prenda y la miró detalladamente, no parecía ser nuevo…eso no importaba, estaba decidida.
Marinette se terminó de colocar el vestido, estaba sorprendida por la talla ya que le quedaba perfectamente. Alisó la tela con sus manos y luego pasó sus dedos entre su cabello azabache. Quería hablar con Félix, tenía qué verlo…buscarlo antes que nada.
Félix caminaba por los pasillos. Estaba estresado, ya era una realidad inminente que había encontrado una entrada a las catacumbas pero bien sabía que no habían acertado en los pasadizos. No habían llegado a la parte más baja del lugar. Habría que poner una trampa para estar mejor asegurado pero antes…tenía que comprobar que sus sospechas eran ciertas.
-Félix…-Félix se detuvo al ser pronunciado su nombre. Se giró indiferente y se encontró con la figura de Gabriel.- Te he visto, sé que Marinette está contigo.
-¿Vienes a decirme sólo eso?.- Preguntó desganado.
-Vine a pedirte que la dejes ir…si no lo haces, buscarán la manera y vendrán a liberarla.- Advertía serio.- Y en el peor de los casos…te matarán.
-Lo dices tan fácil cuando las posibilidades son bajas.- Félix comenzó a sentirse molesto. Gabriel se estaba metiendo en algo que no le importaba.- Si vienen diez, veinte o cincuenta hombres no me importaría, ninguno de ellos podría atacarme desprevenido
-Deja esa seguridad por un momento, estamos hablando de algo serio…todo empeora ante la ausencia de la chica, el Conde…
-El Conde es quien menos me importa.- Dijo recio.- Ni siquiera él podría bajar aquí con seguridad, él correría más riesgo de morir que yo.
El comentario no fue del agrado de Gabriel, torció la boca e infló sus pulmones. Cada vez que se hablaba de Adrien despectivamente, lo alteraba.
-Si dejas que me la lleve, nada de malo pasará…todo volverá a la normalidad, acéptalo…no estás preparado para un contraataque.
-¡Tú eres quien debería aceptarlo!.- Exclamó furioso.- La mayor parte de mi vida o más bien, toda mi vida he estado en este lugar gracias a ti y eso me ayudó a hacer de este lugar mi fortaleza…estoy preparado y nadie conoce mejor que yo las catacumbas, ni siquiera tú.
-Precisamente, este lugar lo conoces más tú que nadie…incluso que Marinette…¿Planeas tenerla aquí a la fuerza?
-Ella quiere estar conmigo.- Dijo tranquilamente y alzando el mentón.- Ahora márchate.- Le ordenó antes de pasar a su lado pisando firme.
Gabriel se giró y lo veía alejarse, directamente hacia una de las balsas.
-Félix…en esta ocasión, no podrás salirte con la tuya.- Félix ignoró a Gabriel y fue sacando unos barriles vacíos de la balsa.- ¡Debes devolverla Félix!
-¡No me atrevería a pensarlo siquiera!.- Se volteó más furioso de lo que ya estaba. Se acercó nuevamente a Gabriel y plantó su dedo índice frente a su cara.- Entiende esto de una vez, ella estará mejor aquí que allá arriba el cual es el mismo infierno…intentaron hacerle daño hoy y no permitiré que vuelvan a hacerlo.
-¿Daño? Que haya cometido un error al cantar o que le hayan ganado los nervios no involucra a terceros.
-Por supuesto que sí, yo la he escuchado cantar y la culpa de que su presentación haya sido arruinada es de Chloe…estoy seguro y lo voy a averiguar.
-Te estás volviendo loco Félix.- Dijo frustrado mientras propia una mano en su sien.- Estás paranoico por un amor que jamás será correspondido.- Félix estuvo a punto de escupir palabras de ira pero se limitó a mirarlo penetrante y duramente. No iba a contarle nada de lo que pasó, no tenía por qué hacerlo. Gabriel nunca entendería.- Es la segunda vez que ocurre…y tú sabes cómo terminó la primera.
-Cállate…no es lo mismo.- Félix le dio la espalda y puso sus manos en la cintura haciendo su capa hacia atrás.
-Te haría bien recordarlo para que así la dejes ir.
-No puedo dejar ir a alguien que amo…no lo haré aunque eso signifique volverme tu enemigo.- Félix volvió a girarse. Estaba decidido y Gabriel pudo ver eso en sus orbes grises; ese amor que sentía por Marinette era su salvación y sería su perdición.- Marinette es diferente, ella está salvándome…y yo me enamoré de su voz y de su alma, y espero que con el tiempo ella sienta lo mismo por mí.
-Pero Félix…
-No…no quiero que sigas hablando.- Dijo el rubio y tomó una de las antorchas que estaba en la pared.- No quiero que vuelvas a bajar y si es posible, no quiero volver a verte si tu decisión es verme alejado de ella…Marinette es todo lo que yo necesito ahora.- Terminó de hablar y sin escuchar nada más de Gabriel, terminó yéndose y perdiéndose entre los estrechos pasillos de las catacumbas.
Gabriel resopló, Félix nunca le había dicho semejante locura. Esa decisión parecía extremadamente firme y espontánea…gracias a ese sentimiento maldito. Él se giró de nuevo y fijó su vista hacia donde se encontraría la habitación de Félix…ahí debía estar Marinette.
Marinette no caminó muy lejos de la habitación de Félix y llegó a otra con ayuda de un candelabro. La puerta estaba medio cerrada y llena de polvo. Invadida por la curiosidad, decidió entrar sabiendo que ahí era muy poco probable encontrar a Félix. La puerta rechinante se abrió y entró despacio, admirando la habitación la cual en su mayoría estaba cubierta de telas blancas y su peculiar polvo y telarañas. Había un mueble grande y claramente se sabía que se trataba de una cama. ¿Quién dormía ahí?
Marinette imaginó que debía tratarse de una mujer ya que cerca de ahí había un vestido azul completamente roto…desgarrado con crueldad. La tela era hermosa, tanto como para haber acabado así. Levantó un trozo de tela y le trató de quitar el polvo con sus dedos.
-¿Quién pudo haber hecho esto?.- Se preguntó. Con el candelabro alumbró la pared y vio a mayor detalle que había un cuadro grande…una pintura de una mujer de largos cabellos rubios, ojos grises y llevaba un hermoso vestido blanco.
Marinette frunció el ceño…ese vestido se parecía mucho al que ella llevaba puesto. Comparó el modelo del vestido y las características eran cada vez más acertadas. ¿Quién era esa hermosa mujer? Que ella recordara, no la había visto desde que llegó a París.
-Señorita…-Marinette abrió más sus ojos y apretó con su mano el candelabro.
-¿Maestro?.- Con una sonrisa, ella se giró a verlo y con ligera decepción vio a Gabriel tenso.- Es usted señor Agreste…
-Que bien que me recuerde aunque haya sido sólo una ocasión en la que nos conocimos.- Dijo algo apresurado y en voz baja. Cerró la puerta tras de sí.- Tiene que salir de aquí, corre peligro en este lugar.
-¿Peligro? No lo creo…no puede ser…-Dijo con notoria incredulidad.
-Sé que no me cree, tal vez si escuchara ciertas historias cambiará de opinión.
-¿Historias? ¿Qué historias?...¿Cómo es que usted sabe que estoy aquí?
-Fui a buscarla a la habitación de Félix, su hogar…pero al ir hacia allá vi que estaba esta puerta abierta completamente…nadie a entrado aquí desde hace tiempo.
-¿Félix?.- Detuvo su interés al escuchar ese nombre.- ¿Quién es Félix?
-Su maestro…el fantasma de la Opera, él la ha traído aquí, a su hogar…a las catacumbas.
Marinette abrió la boca sorprendida, por fin sabía el verdadero nombre de su maestro.
-Félix…así que así se llama…-Ella quiso sonreír pero al momento, quiso saber más de lo que Gabriel trataba de decirle.- Entonces estamos en las catacumbas…¿Usted sabe por qué me trajo aquí?
-Sí, lamentablemente…quiere retenerla aquí para siempre porque él está enamorado de usted.- Marinette agachó unos segundos la mirada y humedeció sus labios.
-Eso ya…lo sé.
-¿Lo sabe? ¿Se lo ha dicho?.- Marinette asintió.- Bien, entonces así comprenderá mejor el peligro que corre…debe irse cuanto antes, yo sé que en el fondo Félix se ha obsesionado con usted porque le recuerda a dos mujeres que representaron su pasado. ¿Recuerda que le mencioné a una mujer llamada Antonella?.- Gabriel fijó su vista en la pintura de la pared.- Es ella…es la madre de Félix.
Marinette abrió lo más que pudo sus ojos y vio también la pintura. Ahora que sabía esa información, estaba más que claro el parentesco que tenían. Ambos eran rubios y de ojos plateados.
-Su madre…¿Qué fue de ella?
-Murió cuando Félix era un niño, ella es la primer mujer que ha perturbado su vida…de cierta manera.- Gabriel respiró hondo.- Debe irse ya, él regresará pronto y será demasiado tarde.
-No puedo irme.- Negó con la cabeza y retrocedió un paso.- No puedo irme sin antes saber todo lo que quiere decirme…usted mencionó unas historias y tienen que ver con él y ahora conmigo…debe decirme la verdad señor Agreste, sólo así podré entender sobre el peligro del que me habla.
Era lo que Gabriel pretendía hacer pero no en ese lugar, sin embargo, sólo así podría convencer a Marinette de que no estaba a salvo y al fin conocería el pasado de Félix.
-Muy bien, te contaré brevemente antes de que él aparezca.- Dijo y puso sus manos detrás de su espaldas y se puso frente a la pintura.- Conocí a Antonella hace muchos años en un teatro parecido a este. Cuando la vi por primera vez era hermosa…en ese momento supe que ocuparía una parte importante en mi vida y creo que ella pensó lo mismo.
FLASHBACK
Antonella era considerada una mujer hermosa y con maravillosas cualidades artísticas en lo que a baile se refería. Había aprendido desde niña el ballet y se había enamorado de ello. Tenía veintidós años cuando conoció a Gabriel. Él era un administrador honorable y trabajaba junto a los directores de algunos teatros reconocidos en París. Esa tarde habían ido a inspeccionar ese teatro viejo y fue como él la vio bailando para pronto encontrarse con ese brillante mirada grisácea. Sus ojos eran los más puros que había conocido.
Tiempo después de que ellos dos decidieron conocerse empezaron una relación secreta a petición de Gabriel. Antonella estaba tan enamorada de él que no le molestaba que él quisiera mantener su romance lejos de todos. Tendría sus razones.
Una hermosa tarde, ellos dos habían ido a dar un paseo por el campo y se habían recostado en la fresca hierba color verde. Gabriel se había quedado dormido y al poco momento se despertó al escuchar un hermoso canto. Levantó la cabeza y vio que se trataba de Antonella. Quedó sorprendido, extasiado. Él siempre había tenido el presentimiento de que había algo más especial en ella y eso, definitivamente, era su voz. Ella estaba acomodándose el cabello cerca de un árbol de manzanas. Estiró uno de sus brazos y tomo una fruta roja. Se giró y vio que Gabriel ya estaba al tanto de su canto y aun así, continuó hasta que ya no hubo más palabras. Gabriel caminó más rápido hacia ella y la abrazó.
-Esta canción es para ti.- Susurró ella antes de separarse de sus brazos.
-Antonella, tienes una voz hermosa…nunca había escuchado algo igual. ¿Por qué no me lo dijiste?
-Porque no quería que nadie lo supiera, ahora sólo lo sabes tú y…quiero que guardes el secreto, por favor.- Dijo con voz melancólica y suplicante. La reacción de Gabriel no fue más que de confusión.- Cantar es muy preciado para mí y sólo lo puede saber la persona a la que yo ame.- Tomó el rostro de Gabriel con sus manos.
-Pero Antonella, si tú cantarás podrías ser la mejor de París. ¿Por qué ocultarlo?
Antonella no supo que más responder, ella consideraba que no era tan buena y pensar que alguien más podría oírla y burlarse le deprimía.
-Bailar es mi vida, no podría hacer algo más.
-Claro que sí, podrías demostrarle a todos lo buena que eres. Este hermoso don debes compartirlo no sólo conmigo, si no con todos.- Antonella no estaba muy convencida. Tenía claros sus ideales pero lo amaba tanto que podía acceder a cualquier cosa.- Preséntate a una audición con los directores. Yo los conozco y sé que los dejarás impresionados. ¿Podrías hacerlo?.- Gabriel tomó ahora el rostro de ella y le besó la frente. Ella levantó la mirada y le sonrió.
-Está bien, lo haré si eso es lo que deseas.
Dos días después, Gabriel la había llevado a hacer la audición. Antonella no estaba nerviosa y esa seguridad lo plasmó ante los primeros espectadores; los directores y Gabriel. Como él le había dicho antes, todos estaban impresionados. Una majestuosa voz nunca antes escuchada. Cuando Antonella dejó de cantar, los presentes se pusieron de pie y aplaudieron como nunca. Estaban frente a una futura estrella.
A sólo seis meses de darse a conocer a la nueva prima donna, Antonella ya era reconocida. Los boletos de las funciones se agotaban rápidamente sólo para escuchar cantar a un ángel. Ella estaba feliz por su éxito pero tenía un motivo más que no la dejaba dormir de felicidad.
Una tarde relajada, Gabriel fue a pescar y había acordado con Antonella verse en ese lugar. Ella había dicho que tenía algo que decirle, él suponía que se trataba de sus presentaciones. Antonella vio de lejos a Gabriel, sentado cerca del lago y fue inevitable no sonreír. Era el momento de decírselo. Fue hasta él y lo abrazó por detrás. Gabriel tomó una de sus manos y la besó sutilmente antes de levantarse ya abrazarla.
-Lamento si tarde.- Dijo ella.
-No te preocupes…ahora. ¿Qué es lo que querías decirme?
Antonella tomó las manos de Gabriel y miró sus ojos. No podía contener su alegría.
-Nuestro deseo se ha vuelto realidad Gabriel, una felicidad placentera está cerca.
-¿Cómo? ¿De qué hablas?
-De tener una familia, me has dicho que sueñas con poder tener un hijo y…-Antonella se llevó las manos al vientre con una enorme ilusión en su mirada.- Por fin podremos tenerlo Gabriel.- Ella tomó una de las manos de Gabriel y la puso en su vientre.- Nuestro hijo, el fruto de nuestro amor ya crece en mi vientre.
Gabriel abrió más sus ojos y su mano sólo quedó en el vientre por algunos segundos antes de quitarla como si se hubiera quemado. Antonella no entendió su reacción y más aún cuando él parecía angustiado con la noticia. Intentó ignorarlo, tal vez estaba alucinando.
-¿Estás segura Antonella? ¿No serán sólo suposiciones?
-No, es la realidad…al fin podremos casarnos y tener a nuestro hijo sin que sea tachado como bastardo.- Antonella se acercó a él y con sus dos manos, acunó la suya.- Ahora podremos planear una boda pequeña, no importa…yo sólo quiero estar contigo y con nuestro bebé.
Gabriel se volvió a separar de Antonella creando una enorme confusión en ella y también un dolor que yacía en el pecho.
-Antonella yo…no puedo casarme contigo.
La rubia mujer sintió un frío en la espalda y la garganta empezaba a carraspearle.
-¿Por qué dices eso? Podemos hacerlo, es lo que queríamos.
-Quiero que me escuches Antonella y por favor, espero que comprendas.- Antonella permaneció en silencio, siendo la principal testigo de la actitud de Gabriel.- Yo no puedo casarme contigo porque yo ya estoy casado.
No era necesario explicar lo que Antonella había sentido al momento de la confesión. Sus ojos se volvieron cristalinos y se rompieron al momento. Se llevó las manos a la boca, evitando que salieran sus desilusiones a base de sollozos. La habían lastimado de verdad. Gabriel lamentaba no haber sido honesto desde un comienzo pero jamás consideró que podría enamorarse de Antonella, ahora ya era demasiado tarde.
Antonella podía haberlo golpeado, gritado o lo que fuera que expresara el dolor que tenía…pero lejos de eso, sólo dio media vuelta y se marchó corriendo. Gabriel no tenía intenciones de detenerla, comprendía que quería estar sola y era lo mejor, sin embargo, no se imaginó que no volvería a verla hasta meses después.
FIN FLASHBACK
Marinette no podía creerse por completo lo que recién le había dicho Gabriel. No se lo había imaginado y la verdad, no había ninguna pista visible que indicara que ellos dos eran de la misma sangre.
-Entonces usted es…el padre de Félix…-Gabriel asintió con ligero pesar.
-Las cosas habrían sido diferentes si yo no estuviera casado…mi matrimonio fue planeado y nunca me enamoré de ella. Yo en verdad quería tener un hijo pero mi esposa no podía concebir y eso me hizo decepcionarme aún más, después conocí a Antonella y todo cambió, me enamoré de ella…pero no podía emitir un divorcio, era algo imposible…por eso es que no podía formar una familia con ella. Lo comprendió y terminó marchándose.
- ¿Qué fue de ella después?
-La volví a ver ocho meses después, aún estaba embarazada. La veía de lejos y ella cayó desmayada. Corrí a ayudarla y la llevé a un viejo teatro el cual yo estaba administrando. Despertó y hablamos, ella no podía creer que estuviera ahí y tan solo horas después, ella ya estaba en labor de parto…yo le ayudé a que el bebé naciera y todo salió muy bien. Félix nació sano y muy hermoso, se parecía tanto a ella…Antonella se enamoró de él desde el primer momento y no dejaba de cantarle.- Gabriel suspiró de resignación.- Fue difícil mi decisión pero le pedí que se quedara a vivir aquí, abajo del teatro hasta que pudiera comprarle una casa digna pero le dejé claro que no podría darle mi apellido a Félix. Ella terminó aceptándolo, yo ya no era su prioridad ni lo más importante…era Félix y aceptaría cualquier cosa para que él estuviera bien. Ella murió a los seis años siguientes de neumonía.
-Espere…¿Ellos dos vivieron aquí en este teatro? ¿Desde entonces Félix vive aquí?
-Sí, lo he cuidado desde entonces pero…él no sabe que yo soy su padre, en fin…la mayoría de lo que Félix sabe es gracias a Antonella, ella no sólo le enseñó a cantar sino que también a tocar el piano. Cuando Félix tenía dos años, yo llamé a un pintor a que retratara a Antonella en una pintura…y es esa.- Señaló el gran cuadro.
-Debió ser una gran mujer y Félix heredó su voz…entonces ese hermoso rasgo es de familia.
Gabriel veía a Marinette, ella hablaba tan pacíficamente y con afecto lo cual era amenazante.
-¿Se ha preguntado porque lleva siempre una máscara?
Marinette parpadeó simultáneamente. Era verdad, desde que conoció a Félix se había preguntado por qué usaba máscara y por qué no le dejaba verlo sin ella.
-Se lo he preguntado y se lo he pedido pero él se rehúsa, no quiere que lo vea sin ella.
-Y con toda la razón, se espantaría de ver lo que hay detrás de ella.- Marinette se inquietó por el comentario tan frío.
-Sinceramente no me importa, yo no juzgo la apariencia de nadie y además, he conocido más del alma de Félix y es lo que vale.
-No sabe lo que dice, cuando vea su rostro usted también sufrirá las mortales consecuencias.
-¿También? ¿A qué se refiere?
-Le dije que dos mujeres perturbaban la vida de Félix, una era su madre y la otra era una chica de la que él se enamoró.
Marinette se vio intrigada. ¿Félix había estado enamorado de alguien antes?
-¿Qué pasó con…ella?
-Seré breve…hace algún tiempo, cuando yo ya era el director de este lugar y Félix se había aficionado también de los diseños de los vestuarios, una chica llegó aquí con el sueño de demostrarle a todos que era muy buena pianista. Ella permaneció aquí durante cierto tiempo y ellos dos convivieron lo suficiente como para declararse enamorado…pero ese amor se volvió en obsesión y, desgraciadamente…él ya había tenido el accidente de su rostro y ella al verlo…gritó y quiso huir de él, un evento desafortunado sucedió entonces cuando él, en un acto de desesperación y coraje…acabó con la vida de la joven pianista.
-¿Joven…pianista?.- Marinette no pudo evitar recordar a su hermana. Ella se había alejado de su familia para cumplir su sueño de ser la mejor pianista en París. Su muerte accidental había sido un misterio. Una extraña sensación en la garganta le molestaba a Marinette.
-La declaración de la joven fue muerte accidental, no había pruebas de asesinato…ella cayó de un piso y murió rápido. Era muy linda.- Dijo él mirando fijamente a Marinette quien estaba cada vez más aturdida y pálida.- Y usted se parece mucho a ella…sólo que un poco más joven. Sus ojos, su cabello incluso su rostro es casi igual.
Marinette tragó saliva, iba a hacer una pregunta más, una que le dolería saber la verdad pero tenía que quitarse esa duda intensa que ahora se había creado. Había muchas coincidencias y dejar el tema de lado sería imposible. Comenzó a sudar frío.
-¿Cómo se llamaba esa joven?
-Bridgette.- Respondió Gabriel enseguida.- Bridgette Dupain-Cheng.
Notas finales:
Oh mi yisus! Félix esta cegado por el amor! Marinette esta descubriendo una cruda verdad y Gabriel… oh Gabriel me dueles XD intrigas locas viene a dejar su aporte del día muajajaja.
Espero les gustara el capitulo.
Dudas, preguntas, aclaraciones lo que sea todo es bienvenido.
Hasta la próxima actualización :D
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