Hola!! Perdón por la demora para actualizar. El capítulo ya estaba listo, pero se me pasó el tiempo. Este capítulo es larguísimos (16 hojas de word), así que lo hemos dividido en dos partes. Esta es la primera. Muchísimas gracias por sus comentarios!!

Los dejo con la historia:


CAPÍTULO 8: RETORNOS – Parte 1

"lo único que conocía era el dolor… y esa era su única forma de mostrarse"

Yamato se detuvo al ver que Temari y Neji habían asumido sus posiciones de ataque, e hizo una seña a su séquito para que se acomodaran y se prepararan para cualquier eventualidad. Si bien los dos ANBU tenían un excelente plan, ellos no iban a arriesgarse a cruzar esa zona, hasta que todo estuviera controlado… o hasta que vieran que el plan se llevaba tal cual lo pensado. El director de la Facción Este alzó su diestra haciendo una seña de que estaban listos, y Neji la percibió en su adelantada posición, gracias a su byakugan.

- Están listos… -murmuró el castaño, acuclillado sobre la rama de un árbol, junto a Temari.

- De acuerdo… -respondió ella, también susurrando- ¡Vamos!

Sin esperar dos segundos, los dos saltaron de entre las ramas de los árboles del bosque, y cayeron sobre el guardia de la entrada del campamento ninja, al cual asesinaron asestándole un coordinado golpe en el cuello entre ambos, quebrándoselo antes de que pudiera dar la alerta. Luego, concentraron su chakra en las piernas y corrieron rápidamente hacia el centro del asentamiento, noqueando a los pocos ninjas que los divisaron en su camino, y se colocaron espalda contra espalda al detenerse.

Temari marcó rápidamente unos sellos para una técnica de tipo tierra, y Neji hizo lo propio para una de tipo agua. Ella se agachó levemente y asestó un fuerte golpe en el suelo que generó un pequeño terremoto, e inmediatamente la tierra alrededor del campamento comenzó a saltar hacia el cielo. En ese momento, un poderoso dragón de agua de cuerpo serpentino y con dos impresionantes alas rodeadas por azulados relámpagos, comenzó a volar sobre el polvo levantado, siguiendo las órdenes del Hyūga, y lo fue convirtiendo en una altísima valla de barro electrificado, que hacía imposible entrar o salir del lugar.

Muy pronto, los dos ANBU se encontraron encerrados en un diminuto campamento, rodeados de enemigos, con escasas cantidades de chakra y grandes heridas físicas, vendajes y golpes por todo su cuerpo. Él tenía el torso completamente rodeado de vendajes, al igual que sus brazos y el hombro izquierdo dislocado; por el otro lado, ella tenía las costillas del lado derecho quebradas y un corte profundo de la samehada, profundas incisuras a los lados del cuello, un fuerte golpe en la frente, y otros golpes varios. Los ninjas rebeldes comenzaron a reírse al ver a esos dos chicos de veinticuatro y veintidós años, pero sin embargo, ellos no se amedrentaron. Temari desenvainó sus dos kodachis y asumió postura de combate flexionando sus piernas, estiró la zurda con la espada sostenida tipo puñal de forma perpendicular al mismo, y con la diestra a la altura de su rostro, apuntó la kodachi hacia el frente. Detrás de ella, Neji separó sus piernas también flexionándolas con la izquierda más adelantada, y extendió sus brazos con las palmas abiertas, listo para luchar con los taijutsus del clan Hyūga, mientras activaba el byakugan de sus ojos con lo que aún le quedaba de chakra.

Desde fuera, Yamato y la primera parte de la Facción Este observaban anonadados la gran barrera que los dos ANBU habían creado, y el morocho no pudo evitar pensar que realmente eran un buen par a la hora de las peleas. El olor a sangre y el griterío del combate enzarzado surgió desde dentro del espacio cerrado, y muy pronto, el morocho de ojos negros hizo una señal, y todo el grupo rodeó el asentamiento y echó a correr por el bosque a máxima velocidad, dejando a Neji y a Temari detrás, enfrascados en una dura batalla, donde eran sólo ellos dos, contra más de ciento cincuenta hombres.

Era una noche tranquila y despejada, ya que el cielo límpido dejaba ver los miles de estrellas del firmamento, el cual también ostentaba una faja surcada en exceso por muchísimos puntos blancos y diminutos, que seguramente eran inmensos y lejanos soles. Nara Shikamaru bostezó acuclillado al lado de su compañera Matsuri, y observó una pequeña estrella fugaz que surcaba la bóveda celeste, haciendo que de inmediato -e inconscientemente- recordara que Asuma una vez le había dicho que en esos casos, debía pedir un deseo. Sin embargo, en ese momento no tenía nada que desear, salvo el pronto retorno de sus compañeros que hacía casi dos semanas no volvían, y la seguridad de Kiba y Sakura que habían ido a la boca del lobo para hacer escándalo y distraer la atención de Neji y Temari.

Más en ese momento, se escucharon pasos por el bosque.

Inmediatamente, los dos ninjas se escondieron y permanecieron en completo silencio listos para activar las trampas de la zona, hasta que sintieron un chakra muy familiar, pero no se movieron. No podían creer que fuera él. De entre las sombras apareció un hombre de edad cercana a los treinta, cabellos negros y ojos color azabache, que llevaba un protector en sus mejillas y frente con la placa de la antigua Konoha, vistiendo un largo sobretodo negro, que dejaba ver las dos cargas que tenia colgadas a las espaldas. Matsuri se sorprendió, pero Shikamaru habló en el idioma código especial que habían establecido ellos… mayor fue su sorpresa, cuando el morocho respondió, y les dejó sentir su chakra.

No había duda alguna.

- ¡Yamato-sensei! -dijo el Nara, saliendo a saludarlos, con Matsuri detrás de él, mientras observaba hacia atrás del recién llegado- Veo que Neji y Temari lograron su cometido…

- Nos dieron el mensaje, pero debimos separarnos… no sabemos nada de ellos dos desde hace tres días -fue la austera respuesta.

Inmediatamente tras una orden de Yamato, los demás miembros de ese grupo salieron de las sombras, mientras Matsuri llamaba a un ninja del interior, para que escoltara a los recién llegados hacia los Kages. Lee, Chouji y Sai se detuvieron detrás del morocho junto con un puñado de ninjas y kunoichis, mientras Shikamaru le sonreía a su mejor amigo, que volvía a ver luego de tanto tiempo. Matsuri volvió con tres shinobis diciendo que ya los había anunciado dentro, y siguió montando guardia mientras el primer grupo de la Facción Este entraba.

Dos escoltaron al grueso del grupo hacia el diminuto comedor del refugio, mientras Yamato continuaba caminando detrás de otro ninja, hacia la oficina principal. Su guía se detuvo frente a una puerta, la golpeó dos veces, e ingresó tras hacerle una seña para que esperara; segundos después volvió a salir indicándole que entrara, y cuando lo hizo, cerró la puerta tras de él.

La mentada oficina era una habitación pequeña, sin ventanas por tratarse de un subterráneo, que contenía varias estanterías, un pequeño sillón al lado de la puerta y un escritorio enfrentado a esta, un poco lejano. Divisó las dos figuras paradas delante del mueble y las estudió con calma. A la izquierda, Kakashi seguía tan alto como siempre, el cabello plateado y la bandana de Konoha inclinada sobre el ojo izquierdo, mientras que cubría su rostro hasta la nariz, con el cuello de su polera; iba vestido como si fuera un ninja medio, sin ningún distintivo que hiciera notar que era el Hokage. A su lado, Gaara del Desierto permanecía quieto, mucho más alto de lo que Yamato recordaba, vestido con las típicas sandalias ninja, un pantalón negro y una camiseta de red, que apenas se veía por el sobretodo bordó que tenía encima, prendido sólo hasta la mitad del toroso; el cabello pelirrojo parecía haber adquirido un tono más oxidado, y los ojos del recién llegado se detuvieron en el tatuaje del Kazekage, ese que él jamás comprendería.

- Hokage-sama, Kazekage-sama… -saludó él, haciendo una pequeña reverencia- He traído todo lo que ordenaron.

Sin decir más, se quitó los sujetadores que tenía en los hombros que a su vez se aseguraban sobre su pecho, y agachándose, depositó con cuidado dos vasijas en el suelo, envueltas cada una en una seda negra, las cuales removió. Gaara y Kakashi observaron las dos vasijas de color beige claro, una con dos sellos con símbolos de agua, la otra con un sello de símbolo de tierra.

- El Nibi, y el Shukaku… -explicó Yamato, señalando el contenedor con dos sellos y luego el de uno- Los encerramos temporalmente en vasijas de cerámica talladas en las montañas de fuego, y cada una tiene tantos sellos elementales, como colas tiene el animal encerrado dentro. No pudimos capturar más, ya que le dimos prioridad al Shukaku.

- ¡Excelente, Tenzô! Cuando ustedes desaparecieron, jamás pensamos que iban a comenzar a cazar a los bijuus… -exclamó Kakashi, acercándose e inclinándose sobre los contenedores.

- Nosotros tampoco… -respondió el morocho, mordiéndose el labio inferior, dado que odiaba que lo llamaran por su nombre real- Pero como vimos que los Akatsuki y los perros de Orochimaru nos consideraban muertos, pudimos actuar entre las sombras por casi un año.

- Eso no importa ahora -sentenció el Kazekage, que hasta ese entonces había permanecido en silencio- Debería proceder a sellar a ese nuevamente -concluyó señalando el contenedor del Shukaku- No hay tiempo que perder.

Kakashi volvió a su postura un tanto encorvada con las manos en los bolsillos, mientras el pelirrojo mantenía los brazos cruzados sobre su pecho con la espalda erguida, y Yamato intentaba estudiar las posturas de ambos. Un tenso silencio se hizo presente, y ninguno de los allí reunidos parecía tener intenciones de hablar. Finalmente, fue el director de la Facción Este quien rompió el silencio.

- Es muy peligroso, Gaara-sama… -comentó- Nosotros trajimos el Nibi para poder experimentar con él, antes de sellarle nuevamente el Shukaku en su cuerpo. Lo único, es que necesitamos una mujer para el Nibi.

- Entonces busca alguna de las tantas kunoichis, y úsala de ratón de experimentos…

La cruda respuesta de Gaara volvió a instaurar un profundo silencio, para nuevamente retomar la conversación, donde los juramentos y elevados tonos de voz, mantenían a los guardias lejos de la puerta de la oficina. De pronto, casi después de cuatro horas en las que los dos Kage habían continuado discutiendo con Yamato, un ninja que portaba en su cuello la bandana con la placa de Suna, llegó corriendo con nerviosismo, y golpeó la puerta esperando ser atendido. Inmediatamente, las voces callaron, y el joven de la Arena no pudo distinguir de quién fue la voz que le permitió adentrarse, y hacer una profunda inclinación que no ocultó en lo absoluto su nerviosismo.

- Kazekage-sama, Hokage-sama, Yamato-san -saludó, siguiendo el protocolo, y luego enderezó su espalda, dejando que se viera su ropa ligeramente manchada de una sangre ajena- Acaban de llegar al refugio Temari del Desierto y Hyūga Neji. Están en la enfermería en graves condiciones: ambos perdieron mucha sangre y chakra, y Temari-san permanece inconsciente. Permanecen en la enfermería, pero no hay ningún ninja médico que pueda atenderlos, y…

- ¿Para eso viniste? -interrumpió Gaara, fulminando con la mirada al shinobi- Esos dos son ANBU, están preparados para soportar ese maltrato. ¡Vete!

El ninja se quedó quieto sin saber qué hacer. Era consciente del desapego del Kazekage hacia los demás y de su lema de amarse sólo a sí mismo, pero uno de los heridos era su propia hermana. ¿Eso no acreditaba una mera preocupación? Sabiendo que si se quedaba ahí un segundo más el pelirrojo podía llegar a descargar toda su furia en él, hizo una reverencia y comenzó a caminar hacia atrás, cuando la voz de Kakashi lo detuvo.

- Yo voy contigo, llévame a la enfermería por favor -ordenó el Hokage, y volteó para enfrentar la sórdida mirada del pelirrojo- Hace tiempo copié algunos jutsus médicos con mi sharingan. Además -agregó, caminando hacia el ninja- No podemos perder a dos de nuestros mejores shinobis.

Ignorando la asesina mirada de Gaara, el Hokage salió de la habitación acompañado del shinobi, quien parecía bastante preocupado. Por el momento, Kakashi suspiro mientras volvía su rostro a su típico gesto adormilado, si bien su mente era un mar de preguntas. Debía llegar con Temari y hablar con ella a solas, para enterarse de los datos que Itachi le había confiado. Sin embargo, le preocupaba cuánto podrían mantener el secreto del contacto entre la rubia y el Uchiha, una vez que Gaara tuviera el Shukaku sellado nuevamente en su cuerpo, ya que eso potenciaría sus sentidos hasta permitirle escuchar de forma sobrehumana… como hacía antes.

Sus pensamientos se detuvieron al entrar en la primera sala de la enfermería; completamente pintada de blanco, tenía varias estanterías con algunos frascos de hierbas, y tres camas altas. Kakashi fijó su mirada en el chico que permanecía acostado en la cama del medio, luchando contra tres shinobis, que a duras penas podían intentar calmarlo. Neji estaba bastante malherido, vestido solamente con una calza negro de los ANBU y el cabello suelto, mientras pedía que atendieran primero a su compañera, y que le permitieran hablar con el Hokage. Los ojos blancos y opalinos del joven se fijaron en el peliblanco que se había detenido a su lado, observando las grandes heridas y golpes que tenía por todo el cuerpo, sin mencionar el labio partido y la mancha morada bajo el ojo izquierdo.

- Yo te curaré, pero cálmate… -anunció el peliblanco, haciendo un gesto para que los otros shinobis se fueran- ¿Qué pasó? No puedo creer que alguien te haya dejado en estas condiciones.

Inspeccionó que el hombro izquierdo y viendo que estaba salido, colocó la diestra sobre éste y moviéndolo con la zurda lo acomodó mientras masajeaba los cansados músculos. El castaño mordió su boca intentando refrenar un quejido, pero su rostro reflejó el dolor cuando Kakashi lo obligó a recostarse, mientras aplicaba un jutsu sanador en los golpes más importantes.

- En el camino de vuelta escoltando a la Facción Este, Temari y yo nos vimos obligados a quedarnos en un campamento enemigo para distraerlos y dejar a Yamato-san escapar, pero… -una fuerte tos congestionó su garganta, y luego continuó- Los encerramos con una técnica ANBU combinada entre los dos, pero en ese campamento, todos los shinobis eran resultado de un experimento de Orochimaru, y no importaba cuánto los golpeáramos, o cuánto cortáramos y desmembráramos sus cuerpos, ellos seguían levantándose…

El Hokage terminó rápidamente su labor, y se sorprendió al escuchar la explicación del Hyūga: si eso era cierto, entonces no iban a dar abasto para poder luchar. Si no los podían matar, si eran como zombies que se levantaban una y otra vez, estaban en una gran desventaja… y seriamente necesitaban de la ayuda de los dos bijuus, y no solamente del Shukaku.

- ¿Cómo los derrotaron? -inquirió, y el castaño abrió sus ojos nuevamente, enfocándolos en él.

- Otra técnica combinada que ya usamos varias veces -explicó- Con mi chakra de tipo rayo y el de tipo viento de Temari, creamos… -Neji tragó saliva con dificultad, y siguió hablando, casi susurrando- …una tormenta eléctrica, y quemamos todo hasta que no quedara nada. Pero… gastamos demasiadas energías y quedamos desprotegidos para los ladrones sin patria que nos cruzamos en el camino, y que acabamos con grandes dificultades.

- Entiendo, ahora descansa…

El Hyūga quedó casi inconsciente, y Kakashi giró sobre sus talones para enfocar a las dos kunoichis que solían ayudar a Sakura a tratar a los enfermos y heridos; acercándoseles, les ordenó que le transfirieran un poco de chakra a Neji para que éste sanara más rápido, y luego se dirigió a la segunda habitación, donde estaba Temari. Cerró la puerta tras entrar a una sala casi idéntica a la anterior; ella se encontraba acostada en la primera cama, con el brazo derecho cayendo de ésta, y la mitad del rostro cubierto por la sangre de una herida en la frente. El Hokage se acercó esperando que ella estuviera en condiciones, y cuando se acercó, Temari alzó rápidamente su diestra apretándole el brazo y manchando su ropa con más sangre, mientras sus ojos verdes quedaban fijos en los del mayor.

- Kakashi-san, hablé con él… -susurró, al punto que Kakashi se inclinó un poco sobre ella para escuchar, y aplicaba un jutsu médico para curarle las heridas y las costillas rotas- Akatsuki sabe la posición del refugio, y están planeando una ofensiva completa para destruirnos. Kisame nos descubrió, pero lo matamos…

Temari frunció el seño cerrando los ojos cuando el Hokage volvió a aplicar un jutsu sanador sobre sus costillas, sin poder curarlas del todo, y terminó deteniendo el sangrado en las heridas. Luego, desenganchó uno a uno los dedos de la chica de su brazo y lo acomodo en la camilla, mientras escuchaba lo que ella volvía a decirle.

- También me dijo que hay disputas internas entre Pein y… Orochimaru… -terminó, observando el preocupado rostro del peliblanco, y cerrando los ojos bastante cansada.

- Haz hecho bien. Mantén esto en silencio… -explicó- Después de que sellen el Shukaku en el cuerpo de tu hermano, deberemos ir con más cuidado para hablar de esto. Ahora descansa…

Giró hacia la puerta por donde había entrado, y volvió a ver a las dos kunoichis de antes, y les volvió a ordenar que esta vez buscaran a otros dos ninjas, y que le transfirieran un poco de chakra a la rubia, que estaba exhausta de energías. Sin más, y teniendo en mente la información que Temari había obtenido de Itachi, agradeció mentalmente que el Uchiha actuaba como su informante, y se encaminó hacia la oficina, donde media hora atrás, había dejado a Gaara con Yamato. Sin embargo, al volver, encontró que las dos vasijas estaban bajo vigilancia en la cámara de alta seguridad del refugio, y que el ambiente era demasiado tenso.

Nuevamente, y con la llegada del amanecer que no se percibía en esos subterráneos, la discusión en la oficina parecía ser aún más grande. A tal punto, era, que ni siquiera dejaron entrar a Shikamaru que se había acercado con la intención de anunciar la llegada de la segunda mitad de la Facción Este, entre quienes estaban Baki-san, Hyūga Hanabi y Kankurô del Desierto. Tras haber ordenado a dos ninjas que acomodaran al resto de los recién llegados, junto con las provisiones de armas y alimentos que traían, el Nara volvió a su puesto de vigilancia donde había dejado a su compañera y el jounin de Suna se quedó de pie, reposando su espalda contra la pared, frente a la oficina de los Kages.

En ese momento, dentro de la habitación, Gaara descruzó sus brazos furibundos manteniendo las manos apretadas como puños a los lados de su cuerpo, para después alzar la diestra mientras señalaba a Kakashi, con sus aguamarinas brillando de la ira que sentía.

- ¡Entonces si te empeñas en sellar primero el Nibi, usa un maldito conejo de indias, y prueba cualquier kunoichi! -lejos de gritar, sus palabras tenían un eco grave cargado de ironía y sarcasmo, acompañado del filoso brillo de sus asesinos ojos- Es más… -sentenció- Ya que Hyūga Hinata aún no se ha recuperado de su intento de suicidio, bien podrían aprovechar que aún está débil e inútil, y sellar en ella al gato de dos colas…

Al escuchar eso, Kakashi refregó sus dientes en un gesto por demás malhumorado, y que quedó cubierto por la máscara de su rostro; pero la mirada cruel y limitante del ojo derecho -el que no estaba cubierto por la bandana- observaba fijamente al pelirrojo delante de sí, que tampoco desclavaba las aguamarinas de él. Sin embargo, lo que más le molestaba, era el hecho de que había llamado débil e inútil a una de sus kunoichis. Kakashi sabía muy bien que necesitaban probar el ritual de sellado en alguien antes que arriesgar al Kazekage, pero la forma de la sugerencia lo había trastornado. Sí sólo pudiera encontrar una forma de herir a Gaara, algo como…

El Hokage sonrió.

- Ya que dices que podemos usar a una kunoichi medio muerta… ¿por qué no usamos entonces a Temari? Ella está en peores condiciones, perdió demasiada sangre y tiene tan poco chakra que no podría resistirse… -respondió con voz cargada de sorna, la cual sonaba extremadamente hiriente- Además, tú siempre dices que no la consideras tu hermana… así que no sería ninguna pérdida para ti, Gaara-kun…

Esa fue la gota que derramó el ánfora de la escasa paciencia del pelirrojo. De todo lo que había dicho, lo que más le molestaba era el diminutivo que el peliblanco utilizó con él, como si estuviera hablando con un niño, y no con el Kazekage. Eso se lo iba a cobrar; y aunque no lo dijera, porque no iba a permitir que sellaran un monstruo en la rubia. Apretó el puño derecho una vez más, casi enterrándose sus propias uñas en la blanquecina piel jamás quemada por el sol del abrumante desierto de Suna, y a su implícita orden, la arenisca del suelo se alzó furiosa ondeando a su lado como si se tratara de agua hirviente, mientras que una parte se dirigía hacia el Hokage frente a él, sosteniendo sus piernas ferozmente.

Kakashi se odió internamente por no poder copiar las técnicas barreras de sangre con su sharingan trasplantado. Jamás había entendido como el pelirrojo y sus dos hermanos, a pesar del lazo sanguíneo, habían heredado diferentes técnicas, cada uno de uno de los tres clanes principales de la Arena. Pero ese, no era el momento de pensar en eso. Ágilmente movió su mano izquierda llegando a la bandana en su rostro, y empujándola hacia la arriba, para dejar visible el sharingan de su ojos izquierdo. Muy pronto, las formas de las aspas comenzaron a cambiar, señalando que -mientras mantuviera el ojo derecho cerrado- estaba activando el magenkyo listo para atacarlo. A todo esto, Yamato permanecía tenso a un lado, intentando pensar cómo detener a esos dos.

- A ella no le vas a poner un dedo encima… -sugirió Gaara, mientras la arena que comandaba trepaba hacia el cuello de Kakashi, apretándolo amenazadoramente.

- Pues es un excelente conejo de indias… -finalizó recalcando esas palabras, mientras sonreía pensando en qué pasaría cuando el pelirrojo se enterara del informante secreto de Temari- ¿Me pregunto qué será más rápido? -continuó, perversamente- ¿Tú en asfixiarme con la arena, o yo en encerrarte en el tsukiyomi?

Ambos sonrieron maquiavélicamente, y Yamato supo que si no hacía algo pronto, eran capaces de matarse mutuamente, sólo porque se habían ofendido en cosas que ellos consideraban importantes. Sin embargo, si se ponía a pensar bien la situación, Hinata -aunque le doliera- era la opción más lógica para sellar al Nibi: por un lado, era mujer y tenía chakra de tipo agua que le permitiría sobreponerse al fuego del bijuu, además de un carácter que le permitiría aceptar bien al gato de dos colas… contrario a Temari, que estaba demasiado débil, los tipos de su chakra no eran compatibles, y cuyo carácter podía llegar a ser tan fiero como el de Gaara. Justo cuando ambos parecían disponerse a probar su velocidad de ataque, Yamato alzó sus manos hacia los lados llamando su atención, y aprovechó el momento para explicar todo lo que había pensado hacía unos instantes.

Inmediatamente después de hablar, los dos Kages relajaron sus posturas aún desconfiando mutuamente, pero pensando en lo que el morocho les había dicho. Finalmente, la arena esparcida alrededor del peliblanco se movió, y el sharingan de éste volvió a quedar oculto bajo la bandana.

- Hagan lo que quieran… -sentenció finalmente el pelirrojo- pero a Temari no se acercan.

Sin decir más nada, volteó hacia su izquierda y pasando al lado del morocho, tomó el pomo de la puerta con su diestra, lo giró y la abrió para salir al pasillo, percatándose del temor de los dos shinobis que custodiaban la oficina. Los ignoró soberanamente mientras cerraba la puerta, manteniendo sus ojos fijos en la figura que estaba frente a él, reposada contra la pared. Gaara permaneció inexpresivo con los ojos clavados en la silueta varonil, que llevaba una especie de turbante en la cabeza, el cual tenía un velo que tapaba la mitad izquierda del rostro. Baki recuperó la postura y descansó su peso totalmente sobre sus pies, manteniendo la mirada fija a su ex-alumno. Sin embargo, el Kage sin decir nada, giró hacia la derecha, camino a la enfermería, mientras Yamato salía de la habitación para buscar a Hinata y hablarle del Nibi.

Los pasos de Gaara retumbaban en los corredores, donde algunos ninjas estaban apoyados contra las paredes haciendo guardia, y otros se las arreglaban para acomodar los víveres y armas que la segunda mitad de la Facción Este había traído. Llegó hasta la puerta de la segunda habitación de la enfermería, y sin anunciarse, bajó el picaporte con su mano derecha y empujó hacia delante, abriéndose paso, para después cerrar tras de él.

Dentro de la habitación completamente blanca que tenía tres camas y varias estanterías, Temari se encontraba recostada en la más cercana a la puerta, con un vendaje en la frente y varios en el tórax, donde en el lado derecho podía observarse una pequeña mancha de sangre; estaba cubierta hasta la cintura con las blancas sábanas, y mantenía los ojos cerrados, con su ondeado cabello rubio suelto. Al lado de la camilla, una silueta varonil de altura mayor que la del pelirrojo, observaba a la chica, tratando de sentir su respiración entrecortada. El joven se giró al sentir la presencia de Gaara, y los ojos de éste volvieron a encontrarse con los de su hermano Kankurô, quien seguía manteniendo el cabello castaño bien corto y prolijo, pero ya no llevaba pintado el rostro como antes, y la bandana de Suna permanecía atada en su cuello. Se miraron unos segundos, pero luego los ojos del menor se desviaron hacia la chica que permanecía acostada, y Kankurô supo que debía irse, así que se dirigió hacia la puerta, y salió cerrando tras de sí.

Cuando estuvieron solos, Gaara caminó silenciosamente hacia la camilla, y se quedó de pie unos segundos con la vista fijada en la tortuosa respiración, y en el seño levemente fruncido, que le daba un gesto dolorido. Bajó instintivamente su vista por el delicado cuello, hacia el hombro derecho, y quedó prendido de las partes de piel quemada marcada profundamente por cicatrices, que él sabía que se expandían por la espalda hasta la cintura. Inconscientemente alargó la mano izquierda y rozó su índice y mayor sobre la suave piel del hombro, hasta que llegó a las cicatrices, donde la epidermis se sentía rugosa y áspera, producto de que había sido quemada con la ropa y las katanas que ella llevaba colgadas en aquel momento. Controló el enojo que sentía recordando el motivo de esa grave herida, y siguió subiendo sus dedos siguiendo las clavículas, el cuello, hasta que finalmente alcanzó la mejilla.

Giró su cuerpo manteniendo la mirada fija en la rubia, y se sentó en el borde de la cama, mientras continuaba observándola. Estiró su mano derecha sobre el cuerpo de la kunoichi, y apoyó la palma abierta al lado de su rostro, sintiendo como las suaves ondas de cabello dorado lo acariciaban cuando él movía sus dedos. Se inclinó hacia delante recargando su peso en la diestra, mientras bajaba la otra mano hacia el cuello de su hermana. Acercó su nariz hacia el pecho de ésta, inclinando su frente y dejando que algunos de sus lacios cabellos carmesí tocaran levemente la piel de ella, sintiendo el olor a sangre que aún permanecía en el cuerpo de Temari. Las heridas aún no habían cerrado completamente, y el olor alcalino y salado cubría sus sentidos, mientras él continuaba moviéndose siguiendo las curvas hasta llegar a la mandíbula, desviándose para que sus mejillas quedaran lado a lado, mientras la cercanía de ese momento le permitía sentir la respiración irregular de ella, acariciando su cuello. Alzó su cadera y flexionando su pierna derecha, apoyó la pantorrilla sobre la cama, donde antes había estado sentado, y se acomodó mejor para poder observar con detalle el rostro.

Las facciones delicadas, los labios partidos y resecos por la escasez de agua durante la misión, los ojos cerrados con fuerza y las cejas apretándose levemente, demostrando algo de lo que ella podía estar sintiendo. Gaara permaneció quieto en esa posición, sin moverse, hasta que sus ojos se abrieron un poco al percibir una honda respiración por parte de su hermana, que la hizo volver en sí. Temari abrió los ojos sin inquietarse por la cercanía del pelirrojo, y ablandando su propio gesto adolorido, fijó sus ojos verdes como antiguas praderas, en las perlas color aguamarina de su hermano. Permanecieron así unos segundos, hasta que él movió su siniestra rozando levemente la mejilla de la rubia, que ladeó su rostro para acompañar el movimiento, sin quitarle los ojos de encima.

Gaara deslizó su mano delineando los contornos del rostro, el cuello, el hombro derecho y su cicatriz, para después bajar más aún llegando hasta la parte donde ella se había quebrado las costillas y la samehada la había traspasado. En ningún momento dejó de mirarla a los ojos, ni siquiera cuando colocó mano entera sobre la herida apenas sanada, y presionó con fuerza, haciendo que Temari alzara sus manos instintivamente tomándolo por los hombros, arqueando su espalda y echando levemente su cabeza hacia atrás, intentando contener un quejido por el intenso dolor que sentía ante la presión en la herida. El rostro del pelirrojo por primera vez mostró una expresión distinta a la nulidad de pensamientos, y sus párpados se entrecerraron en un gesto de enojo mezclado con preocupación. Acercó su rostro nuevamente hacia la rubia que apretaba sus hombros con las manos, y se movió lenta y felinamente hasta llegar a los oídos, susurrándole muy quedo, y con sus labios rozándole la piel levemente.

- Yo soy el único que puede lastimarte…

Con poca delicadeza apretó nuevamente en la herida, sintiendo los vendajes húmedos por la sangre que volvía a escurrirse, mientras sentía como ella apretaba más las manos en sus hombros, al punto de rasguñar su piel con las uñas, cerrando los ojos con fuerza, y soltando un leve quejido. Él sabía que ese dolor no era nada para ella; pero en ese estado, con poco chakra, casi sin comer y sin energías… Gaara sonrió acercándosele más nuevamente, mordiéndole el lóbulo de la oreja, y susurrando de nuevo, sintiendo como la sangre del corte llegaba ahora a su mano.

- Soy el único que puede causarte dolor… y llegar a matarte…

Las manos de ella bajaron hacia la espalda de su hermano, sin perder la tensión de sus músculos, mientras abría lentamente los ojos para observar el rostro del pelirrojo, que la miraba fijamente con una expresión que ella jamás antes había visto. Aún en ese estado, lograba comprender las palabras de Gaara, y sabía que sólo era capaz de expresar lo que sentía, a través del dolor que podía llegar a causarle; así siempre había sido debido al Shukaku que antes tenía en su cuerpo, y al odio que había crecido con él, al ser despreciado por todos en su aldea, y temido cuando llegó a ser el Kazekage. Temari sonrió levemente, curvando sus labios hacia arriba, y él no lo comprendió. La kunoichi movió su mano izquierda y la llevó hasta la mejilla del pelirrojo, acariciándolo levemente, y sintiendo como él aflojaba la presión que aún ejercía en su costillar. Él ladeó su rostro casi inconscientemente, sintiendo los finos pero seguros dedos acariciando su piel, y antes de que pudiera hablar, Temari lo interrumpió, hablando en voz baja, pero sin dejar de sonreírle u observarlo directamente a los ojos.

- Así es, Gaara… así siempre fue…

Él permaneció inmóvil, sintiendo la calidez en su mejilla, y el líquido rojo que parecía haber dejado de salir, habiendo ya manchado su zurda. Había comprendido lo que ella le dijo… después de todo, ellos no habían sido criados como hermanos; pero en ese momento, alguien golpeó la puerta y la abrió sin esperar respuesta. El ninja recién llegado se quedó quieto observando la escena, sin saber qué hacer o decir; sus ojos se fijaron rápidamente en la sangre que traspasaba los vendajes y la sábana, y luego encontró los ojos verdes furiosos del Kazekage, que habiéndose incorporado y parado al lado de la cama, le exigía implícitamente una excelente excusa para haberlo interrumpido. El ninja bajó el rostro ensartando su mirada en un punto del piso cercano a sus propios pies, y comenzó a hablar.

- Hokage-sama me ordenó que le avisara que muy pronto comenzarán la ceremonia del sellado del Nibi en Hyūga Hinata, en la primera prisión del subsuelo… -se mordió los labios tragando saliva, y continuó- Con permiso…

Sin esperar la orden para retirarse, el ninja hizo unos pasos hacia atrás y salió de la habitación, esperando que olvidaran lo que él había visto. Dentro de la habitación, Gaara permanecía de pie frente a la cama aún observando la puerta, cuando los dedos de Temari rozaron su mano derecha, y él giró su rostro, observándola por encima del hombro. Se miraron nuevamente por un segundo, y después él abandonó la habitación, caminando con gracia y soberbia.