Para los que han llegado hasta aquí: ¡muchísimas gracias por leer! Espero que hayáis disfrutado la historia, y lo siento mucho por haber tardado tanto algunas veces en subir nuevos capítulos. Poco a poco pero hemos llegado al final. Muchas gracias por los favoritos y los que siguen la historia.

Y por supuesto muchas gracias a Crayolas en mi Nariz, ¡que hubiera sido de mi sin tus ánimos! Ya lo dije pero esta historia es para ti y solo para ti. Espero que disfrutes el final tanto como yo al escrbirlo. :)


I.

Yoshio Otori dejó de lado el cigarrillo, exhalando el humo antes de inclinarse suavemente sobre los planos de los tres nuevos hospitales que planeaba abrir al norte de Japón.

-Este me gusta. Y estos dos, ¿que opinas, Yuuichi? -su hijo se adelantó para ponerse al lado del Sr. Otori, observando el mar de papeles que había ante ellos.

-Son una buena elección, están muy bien diseñados -asintió Yuuichi, viendo algún plano más. No, los que había elegido su padre eran los mejores-. ¿Quieres que llame al arquitecto para decirle que compramos sus diseños?

-Si, reúnete con él -asintió Yoshio, volviendo a coger el cigarrillo y sentándose tras su escritorio. Algo en su espalda crujió, y los músculos de sus piernas agradecieron el descanso-. Y llama a empresas Shiraiwa, quiero ver qué nuevas ofertas tiene preparadas para nuestros hospitales.

-Si, padre.

II.

Inmerso en las cuentas de la empresa Otori, Yuuichi casi salta de su asiento cuando sonó el teléfono de su despacho. Respirando hondo, se lo llevó a la oreja.

-¿Si?

-Su cita de las 18.00, señor -respondió su secretaria desde el otro lado de la línea. Ah, el arquitecto.

-Hazle pasar en unos minutos.

-Si, señor Otori.

Colgando el teléfono, Yuuichi intentó poner algo de orden en su escritorio, pero al ver que era una tarea imposible, cogió los planos y se los llevó hacia una mesita de café que había al otro lado del despacho. Mientras los colocaba, la puerta se abrió tras él.

-El Sr. Fujioka, señor.

-Muchas gracias, Ami. Sr. Fujioka bienvenido a... -pero el resto de la frase se quedó en el aire.

Frente a él, estaba Kyoya Otori.

-Buenas tardes, Sr. Otori -dijo Kyoya, alargando su mano hacia él.

-¿Kyoya? ¿Pero qué...? ¿Qué estás haciendo? -dijo al fin Yuuichi. Era sin duda su hermano pequeño, con unos cuantos centímetros más de altura, pero habían pasado más de cinco años desde la última vez que lo vio- ¿Qué broma es ésta? Tú deberías estar en el hospital, ¿que es ésta tontería?

-No es ninguna tontería -dijo Kyoya, dejando caer la mano sin haberla estrechado con Yuuichi-. Y como ves no estoy en el hospital.

-¡Kyoya Otori! -estalló Yuuichi, los puños cerrados a los lados de su cuerpo, furioso- Exijo una explicación, ¿a quién has pagado para hacer todo esto? -dijo señalando los planos.

-En realidad, ahora es Kyoya Fujioka, como tu secretaria bien me ha presentado. Y no he pagado a nadie para hacer todo eso: estos seis años me han servido para aprender muchas cosas. Te lo puedo explicar todo, pero es una historia un poco larga, ¿nos sentamos y hablamos?

-No -respondió Yuuichi secamente-. Más te vale explicarte bien, o llamaré a padre y te llevará a rastras de vuelta al hospital. ¿Es que ahora te ha entrado la locura? ¿Tanto tiempo encerrado allí?

Kyoya rió, una carcajada que Yuuichi estaba seguro su secretaria escuchó desde fuera de la habitación.

-Te aseguro que no he estado tanto tiempo encerrado como tú crees -dijo el más joven con una chispa de diversión en los ojos-. Y todo lo que te diga ahora se lo tendrás que decir a padre. Se lo diría yo mismo, pero hoy en día es imposible tener una reunión con el presidente de la empresa Otori sin tener que esperar unos cuantos meses. Y ya estoy harto de esperar.

-Explícate.

-Estos seis años, como ya te he dicho, los he pasado aprendiendo muchas cosas. ¡He ido a la universidad! ¿Te lo puedes creer? -preguntó irónicamente Kyoya, que a pesar de las protestas de Yuuichi se acomodó en uno de los sillones del despacho-. Como prueba de ello aquí tienes mi último proyecto: los planos de los nuevos hospitales de la empresa Otori. He descubierto que la arquitectura es mi pasión, Yuuichi, y creo que no se me da nada mal cuando el gran Yoshio Otori ha escogido mis diseños.

-Entonces, ¿quién está en el hospital?

-¿En mi lugar? Nadie. Gracias a unos buenos amigos, conseguí convencer (aunque quizás debería decir sobornar) al director del hospital para que me dejara ir mientras le seguía mandando a Yoshio informes sobre mi estado. Una vez fuera, me cambié el nombre para poder matricularme en la universidad sin que mi apellido levantara las alarmas de Yoshio: ahora tengo una hermana abogada y un padre al que le gusta vestirse de mujer. Son de la clase media, pero no podría pedir nada mejor -en ese momento Kyoya hizo una pausa en su explicación, disfrutando de la cara de asombro de Yuuichi.

-Es imposible, padre tiene a gente vigilándote. No puedes haber...

-¡Oh! ¡Eso! La gente que me "vigilaba" -rió Kyoya-. En realidad a Anne-Sophie Grantaine, la mujer francesa del Sr. Suoh, ¿sabes quién es? Se le escapó en una de las fiestas de Yoshio que su hijo era amigo mío, con lo que puso a gente a vigilarme. Pero una vez me advirtió de que no me pasaría una escapada más y yo prometí quedarme dentro del hospital, retiró a toda esa gente. Solo fue una vigilancia temporal... vigilancia que en cuanto terminó me fui de ese edificio, como ya te he dicho.

Yuuichi empezó a andar de un lado a otro del despacho, mirando furioso a Kyoya que había cruzado las piernas y no paraba de sonreír desde su asiento.

-Eso es... no es imposible, pero... pensaba que lo hacías por madre, Kyoya. Que te quedabas encerrado allí por ella, ¿te cansaste y decidiste irte, sin preocuparte por ella?

-¿Sin preocuparme por ella? ¿Yo? Sois vosotros los que no os preocupáis por ella, padre y tú -acusó Kyoya-. Gracias a Akito pudo sobrevivir al accidente hace siete años, y gracias a Fuyumi y a mi ahora tiene libertad absoluta de verdad. ¿Crees que me iría del hospital sin preocuparme por ella? Cuando yo me fui a América a estudiar, me aseguré de que ella venía conmigo.

-No, no, no, no, no, no -negó Yuuichi-. Desde el accidente, madre está al cargo de Akito. Él se asegura de que esté donde debe estar, de que padre sea informado de cada movimiento que haga. No la dejaría ir así como así.

-Qué quieres que te diga -dijo Kyoya, encogiendo los hombros-. Creo que Akito es el único de los hijos de Yoshio que tiene corazón. Él también ha estado mandando informes falsos a padre durante los últimos seis años. Madre está viviendo la vida por Europa... ni siquiera yo mismo sé donde está exactamente.

-¡Estás loco! -gritó el hermano mayor, parando frente a Kyoya e inclinándose sobre él en un intento de ser amenazante- Padre la encontrará. La encontrará y la matará. ¡Y a ti también!

-Por eso estoy aquí -afirmó Kyoya, mirando a los ojos a Yuuichi-. Dile a padre que deje de espiarnos y controlarnos, hemos estado evitándole durante seis años enteros, y si yo no hubiera aparecido aquí podríamos haber seguido todo el tiempo necesario, pero que esto debe terminar ya. No vamos a decir nada del escándalo de hace unos años, yo voy a seguir siendo un Fujioka y voy a hacer mi vida como arquitecto. Fuyumi tiene hijos, y no va a decir nada para arriesgar su vida soñada. Y madre está con el hombre al que ama, no quiere volver a ser una Otori, ninguno queremos. Así que aquí acaba nuestra relación.

Durante un minuto interminable, los dos hombres mantuvieron la mirada fija uno en el otro. Hasta que Yuuichi dejó caer los hombros y se desplomó en el sillón frente al de Kyoya.

-¿Crees que padre aceptará eso?

-Si, lo creo -ante la mirada de sorpresa de Yuuichi, Kyoya se inclinó hacia él para explicarse-. He estado viendo a padre por la televisión y a través de fotos en los periódicos: se le ve mayor, cansado. Supongo que en la realidad estará igual o peor -Yuuichi asintió desde el otro sillón, pensando en el lento caminar de su padre de un lado a otro de su despacho-. Así que estará cansado de estar pendiente de nosotros, de si diremos su secreto a la prensa o no. Creo que aceptará lo que le propongo, solo por la tranquilidad que le aportará el no tener que preocuparse por nosotros más.

-De acuerdo -aceptó Yuuichi, levantándose-. Se lo diré a padre, y si tiene alguna duda intentaré por todos los medios convencerle. Pero que conste que lo hago por madre, no por ti.

Kyoya asintió, levantándose también.

-Gracias de todas formas -dijo Kyoya, ignorando la mueca de Yuuichi. Nunca habían sido hermanos, no desde mucho antes de nacer Kyoya-. Cuando tengas noticias comunícaselas a Fuyumi, ella me lo dirá.

III.

-Ah, y otra cosa.

-Estás tentando a tu suerte, Kyoya.

-Pero en realidad he venido aquí por eso, ¿compráis mis diseños para los hospitales o no? Ahora tengo que pagarme un piso y conseguir comida, ya sabes. La vida del joven independiente.

IV.

Las puertas del gran edificio de cristal se abrieron, saliendo Kyoya por ellas. Tamaki pagó el café que habían estado tomando y se levantaron para esperarle desde el otro lado de la calle.

-¿Creéis que lo ha conseguido? -preguntó Haruhi.

-La verdad, es que me esperaba que un agente de seguridad lo hubiera echado a patadas...

-... así que el haber salido por su propio pie ya es un logro -dijeron los gemelos Hitachiin, ganándose una mirada de odio por parte de Haruhi.

-¡Aquí viene, aquí viene! -exclamó Honey, tirando de la chaqueta de Mori- ¿Qué tal ha ido todo Kyoya?

-¿Que qué tal ha ido? -preguntó el joven, parándose frente al resto y mirándolos con una sonrisa traviesa- Te voy a invitar a una tarta de chocolate espectacular, Honey. Pagada gracias a los primeros diseños que ha vendido Kyoya Fujioka.

A Kyoya no le dio tiempo a decir nada más antes de que Tamaki y el resto de los antiguos miembros del Host Club se le tiraran encima en un abrazo aplastante.

V: FIN