Saludos a todas y muchas gracias por sus mensajes de apoyo. En gratitud a eso les traigo la continuación para que puedan disfrutar de esta historia.


7.- LUCHAR POR UN OBJETIVO

¿Por qué ya no te veo? ¿Por qué ya no me oyes?

¿Quién me ha quitado la luz? Amor… amor

¿Dónde estás? Siento que te pierdo y…

Poco… a… poco… la oscuridad se cierne en mi.

Con el pasar de los días, Sakuno era más consiente que la vida no era color de rosas como una vez cuando niña hubiese imaginado. Si alguna vez pensó que su vida era difícil junto a su padre, no sabía de lo que estaba hablando. El día a día en el Tokio actual era una completa odisea. Y que decir de la última semana, había tenido que lidiar con muchas situaciones para las que no estaba preparada.

La calma que una vez gobernó su vida se había transformado en un constante torbellino. Sin ir muy lejos, la presencia de Atobe era comparable a un día de lluvia tropical… inesperada, impredecible e incontrolable. Si creyó que la otra vez fue una mera casualidad, la aparición de Atobe la tarde pasada derribó cualquier mito de accidente.

Inesperadamente se presentó en la floristería a la hora de almuerzo, una tarde hace cuatro días. De manera imprevista y mucho antes que pudiera comprender sus intenciones se hallaba sentada en el lujoso carro con dirección desconocida. Y luego sin poder controlar su elección se vio dirigida a un lujoso restaurant del centro de Shibuya. Atobe no le entregó la menor posibilidad para desentenderse.

A pesar de todo, no podía decir que lamentaba aquel almuerzo. Atobe se había comportado como el perfecto caballero que mostraba ser. Siempre atento y dispuesto a llevar el peso de la conversación. Sakuno agradeció aquel gesto. Eso sí, había conseguido distinguir que Atobe era un hombre acostumbrado a ser la guinda de la torta, aunque podría ser una agradable compañía, existía algo en él, que Sakuno prefirió tomar cautela y darse un tiempo antes de juzgarlo.

-Es por eso que te digo que tengas cuidado – decía Ann, mientras servía el desayuno a base de arroz y pescado.

-Lo sé – musitó Sakuno con tono mimado.

-Ese sujeto es peligroso si le permites actuar como quiera – rezongó Ann – sería mejor que no lo volvieras a ver.

-No puedo hacer eso – se inquieto Sakuno – él es un cliente preferencial.

-Lo sé, lo sé. Pero aún así creo que no debes fiarte de eso – se volteó para dar comienzo al desayuno – Es que estoy preocupada y… si mis sueños no se mantuvieran en silencio, podría hallar ayuda.

-Ann, ya me has ayudado bastante – dijo con voz conciliadora.

Aquello era cierto, pero Ann creía que le faltaba ser más eficiente en su misión. El no tener control de sus sueños le hacía sentirse incómoda e insegura. Desde que Sakuno cayó en su vida, estos habían dejado de presentarse y eso le hacía estar más a la defensiva que nunca.

-Sakuno, debes comprender una cosa – expresó con solemnidad – hombres como Atobe no se fijan en mujeres como nosotras ¿Comprendes?

-¿Qué quieres decir? – cuestionó confusa.

-Para que entiendas – emitió - en tu época estaban los nobles y terratenientes ricos, el pueblo y los sirvientes ¿cierto? – Sakuno afirmó con suavidad – y esos grupos no se mezclaban entre sí. Las clases altas nunca se unirían a los de menor rango. Hoy es más o menos lo mismo.

-Nosotras seriamos el pueblo – mencionó en tono de pregunta.

-Asimismo. El arrogante de Atobe sería casi un noble.

-Si eso es así. Entonces por qué Atobe-san querría salir conmigo.

-No lo sé – pronunció con pesar – aunque solo se me ocurre una alternativa.

Sakuno la miró interesada y esperó hasta que Ann se dignara a comentarle sus ideas.

-Para lo único que un hombre como ese buscaría a una mujer como tú – afirmó con desprecio y tono obvio.

Ann observó la cara de "no entiendo" que tenía Sakuno y suspiró con resignación. Había ocasiones en que se olvidaba lo inocente que podría llegar a ser esa chica.

-Sakuno recuerdas lo que te hable sobre las relaciones entre hombres y mujeres.

Esperó unos segundos mientras su amiga cavilaba entre todas las conversaciones que habían mantenido. Cuando el rostro de Sakuno se tornó de un pálido a púrpura, supo que ya recordaba el tema en cuestión.

-Y de cómo, hoy en día, las cosas son muy distintas a como las conoces. Que no es necesario un compromiso formal para hacer ciertas cosas.

-Sí – murmuró con el rostro casi enterrado en su cuenco de arroz.

-Ahora comprendes lo que quiero decirte con las intenciones de ese sujeto.

-Te refieres… a eso que sucede en una… c-cama – tartamudeó con las mejillas a un paso de estallar de vergüenza – e-es… eso lo que… quiere de… mi.

-Eso mismo – respondió intentando no reírse de la desesperación de Sakuno.

-Me quieres decir que Atobe-san… ¡NO! – dio un grito ahogado y se levanto de un salto, botando la silla.

-Cálmate, que nada a sucedido y es solo una entre muchas posibilidades. Lo único que tienes que hacer es no dejarte engañar por ese tipo.

Ann estaba preocupada por su amiga. Sabía que Sakuno no estaba preparada para hacer frente a sujetos como Atobe o Ryoga. Al menos este último no había vuelvo a venir. Quería ayudarla, pero existían asuntos que eran imposibles enseñar con solo teoría.

Una vez el desayuno hubo terminado, Sakuno se encargó de limpiar y ordenar todo. Hacía el mayor esfuerzo por ser útil en el departamento. Mientras no dominara el arte culinaria, seguiría trabajando en otras labores domésticas que no requiriesen mayores talentos o peligros como incendiar la cocina.

Sakuno secó los platillos que ocuparon y luego los guardó con suma precaución. Fue todo un logro que nada se rompiera en el trayecto. Al voltear se quedó observando el mesón divisor de la cocina y la sala. Sus mejillas enrojecieron al instante al sentir una lluvia de indiscretos recuerdos, de unas noches atrás.

El día había sido de lo más calmado, sin muchos pedidos o clientes a los que atender. Junto a la señora Akagi estuvieron ordenando la florería y dejando listos algunos arreglos para la mañana siguiente. Fue un gran alivio que la conversación estuviera centrada en el próximo evento del centro comunitario, así su vida quedaba relegada a un punto distante.

-Este mes el grupo de Misaki-san se encargará de la comida – había dicho la anciana con recelo – espero que no se le ocurra traer esos insípidos pasteles de la otra vez. Sería una desgracia. Y todo por que es la pastelería de su nieto.

-¿Por qué dice eso? – se había interesado Sakuno, cuando levantaba un balde de agua para llevarlo hacía las flores que debía regar –. Tan malos son.

-Esa vieja hipócrita solo trae pasteles sin un gramo de azúcar, mientras ella se guarda los mejores – reclamó furiosa.

-¡Sin azúcar! ¿Por qué haría algo como eso? – cuestionó confusa antes una idea moderna que nada tenía que ver con ella.

-¿Por qué, dices? – expresó airada – Por que asume que todos somos unos viejos diabéticos. Cuando te aseguro que solo hay unos cuantos y aún así, ellos prefieren darse un gusto antes de tragar algo con sabor a tierra mojada.

Aunque para Sakuno aquello era algo que no tuviera sentido, no quiso entrar en más detalle y prefirió guardarse sus dudas. Ya investigaría por su cuenta. Así pasó todo el día, entre la limpieza y los reclamos de la anciana que cada tanto se acordaba de los pormenores de otros eventos. Cómo pensó en un principio, un día de lo más tranquilo. Hasta ahora.

-Sakuno-san, creo que mejor te vas yendo – había anunciando la anciana un poco antes que la oscuridad cayera sobre la ciudad – esos nubarrones no auguran nada bueno.

-Parece que va a llover – había expresado al mirar por la ventana.

-Lo mismo pienso. Deja eso allí y cerremos la tienda, ya no vendrá nadie.

Unos veinte minutos después Sakuno cerraba con llave la puerta de la florería. La oscuridad ya era completa y las primeras gotas se dejaban notar. Sakuno tomó sus largas trenzas para envolverla dentro de la boina que traía, un precario refugio para el vendaval que se esperaba. Pero, al menos, le serviría si corría rápidamente a su casa.

Un enorme estruendo pareció rasgar los cielos y al instante lo siguió un cegador resplandor. Se desató una tormenta descomunal que en poco segundos humedeció cada recoveco existente. Sakuno todavía estaba refugiada bajo el alero de la tienda. Resignada a lo inevitable, tomo una bocanada de aire y se alistó para correr.

Alcanzó a recorrer un par de metros cuando el traicionero pavimento la hizo trastabillar. Consiguió agarrarse a un farol que agradeció estaba a un costado, pero se dio cuenta que nada la salvaría de quedar completamente empapada. Así que mejor era caminar con calma y precaución. Decidido aquello avanzó con cuidado y como por un milagro la lluvia dejo de caer sobre ella. Con lentitud fue levantando su vista hasta enfocar un paraguas negro sobre su persona.

Sin mirar a su dueño, supo de quien se trataba por el acelerado palpitar de su corazón o quizás solo fue su instinto. A quien engañaba eran sus inmensos deseos. Añoraba verlo desde hace días y rogaba a los dioses que le otorgaran ese regalo. Un nuevo trueno retumbó sobre ellos, pero Sakuno solo escuchaba el sonoro Bum Bum de su pecho.

Miró a Ryoma y le agradeció con una cálida sonrisa. Aquella mirada gatuna se tornó un tanto más oscura ante ese gesto, fue la expresión de una emoción que Sakuno no pudo descifrar y al segundo le hizo un gesto con la cabeza para que avanzara. Como saliendo de un trance ella lo siguió con timidez, debido a las circunstancias iban demasiado próximos el uno del otro.

Los cielos volvieron a estremecerse y un gran destello iluminó la oscura noche. El efecto de la luz fue como un detonante que crujió dentro de la cabeza de Sakuno y una idea se aferró a ella. Deseaba y necesitaba conocer al hombre que caminaba a su lado, su corazón se lo exigía. Aunque no tenía ningún argumento creíble para eso. Solo era una corazonada.

De soslayo miró a Ryoma con detenimiento, para descubrir alguna apertura en esa insondable presencia. Respiró profundamente para obligarse a iniciar lo que debería ser una conversación sencilla. Sopesó varias opciones de preguntas y se decantó por la más obvia posible. Al tiempo que se propinaba coraje para hablar con coherencia.

-Eh… Hoy… - "vamos Sakuno deja de tartamudear, se reprendió" - ¿Hoy tuvo qué entrenar? – consiguió esbozar con fluidez y su habitual formalismo.

-Sí – escueta respuesta para quien deseaba iniciar una conversación. La primera capa de esperanza fue barrida de golpe.

Nuevamente, el silencio se cernió sobre ellos como un muro de piedra de difícil acceso, pero no indestructible, al menos no por ahora. Sakuno continuaba barajando preguntas adecuadas, mientras seguían avanzando en ese clima lluvioso.

-¿Q-qué… tipo de entre-namiento? – expresó con esperanza de sacarle una respuesta más explícita.

-Tenis – contestó de manera llana.

"¿Y que significaba eso?" Fue la pregunta no formulada de Sakuno. Su instinto le advertía que era mejor averiguarlo por sí sola, era preferible eso antes de pasar por tonta e ignorante. Tras un nuevo resplandor en el cielo, Sakuno intentó pensar en otro tema que requiriera más palabras… quizás su familia… se retractó al recordar que a Ryoma parecía no gustarle su hermano. Entonces…

-Siempre… quiso ser bo… bombero – emitió con nerviosismo y rogaba a los dioses que esta vez la conversación dejara de ser unidireccional.

-Sí – así, sin más. Sin siquiera cambiar ese tono apático tan propio de él y con cero intención de explayarse.

Por primera vez en su vida, Sakuno tuvo deseos de estrangular a otro ser humano. Acaso era tan complicado ser un poco más comunicativo… o quizás era una clara señal para darse por vencida y sobre todo para olvidarse de las emociones que sentía al estar a su lado. Dejó caer los hombros derrotados y un gran estruendo la hizo saltar. ¡No! Aún no era tiempo de darse por derrotada.

-¿Por qué… decidió ser bombero? – Sí, con esto no había manera que contestara con una simple palabra.

-Ryuzaki – dijo con voz cansina y Sakuno estuvo a punto de lanzar una exclamación de triunfo - ¿Siempre hablas tanto?

Esta vez el retumbar ensordecedor que se escuchó sobre sus cabezas, logró apaciguar el gritito rabioso de Sakuno ante tan desconsiderada respuesta. Ahora lograba ver, en todo su esplendor, aquella naturaleza insensible que le había escuchado decir a Ann. Tuvo que reprimir el dolor que le causaron esas gélidas palabras y reconocer que había perdido el juego. Game over, para Ryuzaki.

El resto del trayecto lo hicieron con el más absoluto de los silencios, solo el repiquetear de la lluvia al chocar contra los objetos marcaban sus pasos. Al igual que las veces anteriores, Ryoma la acompañó hasta la puerta del departamento y sin más palabras que un "Adiós" se despidieron. ¿Qué la impulsó a pronunciar las siguientes palabras? No lo supo, pero se atrevió a lanzar la última carta. Siempre se puede comenzar a jugar de nuevo.

-¡E-espera! – expresó con tono urgente, logrando que Ryoma volteara – Puedo… preparar té.

Ryoma se quedó observándola por unos segundos y a pesar de que Sakuno no logró argumentar más. El aludido se giró para entrar en el departamento dando por aceptada la invitación. A Sakuno le costo reaccionar ante el inesperado triunfo, pero se recuperó y entró detrás con una sonrisa exultante que le fue difícil ocultar.

Ryoma no podía afirmar que el té era su bebida favorita, pero tampoco podía decir que lo odiara. Era solo un brebaje de hierbas, al fin y al cabo. Ni siquiera quiso oír esa voz insidiosa que le preguntaba con voz burlona "Desde cuándo tomas té". Entonces ¿Qué hacía sentado en esa silla a la espera de ser servido? Como era habitual cuando se trataba de esa chica, las posibles respuestas nunca eran lógicas.

Todavía no se explicaba por que había estado parado frente a la florería largos minutos, cuando el entrenamiento hace mucho que había terminado y el frío calaba los huesos. Ni tampoco por qué su corazón había estado latiendo a un ritmo extraño desde que ella apareció ante sus ojos. Ni mucho menos lo agradable y hasta placentero que había resultado la caminata hasta el departamento. Hasta el esfuerzo de ella por entablar una conversación lo había hallado divertido.

Y la diversión habría seguido sin dificultad, si su estúpida actitud de "nada me importa" no se hubiera interpuesto. Estaba tan acostumbrado a comportarse de manera insensible e indiferente, que lograr ser amable con alguien era casi tan probable como que nevara en el Caribe. Al menos, Ryuzaki parecía tener una armadura contra su insensatez y le había otorgado otra oportunidad para acercarse a ella.

¡Stop! Por qué estaba tan aliviado que Ryuzaki perdonara su necedad. Ante tan inesperada situación, estuvo a punto de salir arrancando cuando lo dejó esperando en la sala, mientras ella se cambiaba la humedecida ropa. Con solo pensar en ese hecho sintió fluir con mayor rapidez la sangre por sus venas y de manera gradual aumentar su temperatura corporal.

Ryoma se debatía entre quedarse o marcharse, cuando la torturadora de su vida hizo aparición con una postura tan fresca que le provocó sequedad en la boca. Los cabellos rojizos humedecidos estaban solo afirmados con una cinta y esos labios de Merlot se habían tornado más oscuros por el frío. ¡Demonios! Tendría que haberse ido antes de enfrentarse a esa peligrosa tentación.

-P-puede… sentarse ahí – señaló un banco frente al mesón divisor – yo preparé… el té.

Mientras Sakuno se dirigía al lado contrario del mesón. Ryoma se acomodaba en el banco de madera con la cautela de un animal herido. Tenía todos sus sentidos alertas y estaba dispuesto a ignorar aquellas sensaciones que podrían hacerle perder el control. Ryoma podía tener buenas intenciones, el problema era que Sakuno parecía tener mucho más poder del que él pudiera manejar.

La atmósfera entre ellos había cambiado drásticamente en el momento en que Sakuno tomo control de la cocina. Ryoma quedo impresionado cuando notó como aquella chica que parecía ser siempre tan torpe, ahora parecía otra persona por entero distinta. La gracia con la que movía esas finas manos era destacable, sus dedos tenían la agilidad de un profesional y la elegancia de una mujer.

Sakuno preparaba la infusión como una verdadera dama japonesa lo haría. Ryoma supo que era así, por que conocía la ceremonia del té a través de Ann y de su madre, quien creció para ser una mujer de la alta sociedad. Eso hasta que abandonó todo para fugarse con su estúpido padre. Pero esa era otra historia y algo incomprensible para cualquier mortal.

Los sutiles movimientos capturaron toda la atención de Ryoma. Sentía que no podía apartar sus ojos de esa belleza y su corazón danzaba a un ritmo sinfónico desconocido para él. Toda esta escena lo perturbaba sobremanera y las luces de alerta de su interior comenzaron a parpadear "peligro, peligro". Era como estar caminado en un sendero en medio de la selva, en cualquier instante algo inesperado podría acabar con su vida.

Los minutos de la preparación no fueron muy extensos, pero Ryoma prefirió haber estado en pleno incendio a seguir sentado observando a esa chica, que con su inocencia natural lo tenía completamente hipnotizado. De no ser por que huir sería vergonzoso e inexplicable, quizás hubiese tomado ese camino.

-Ya está listo – emitió Sakuno con un cierto tono de orgullo.

Con cuidado puso dos tazones sin asa sobre una pequeña bandeja y bordeo el mesón para sentarse frente a él. Ryoma se percató que la calma que había mostrado Sakuno en la preparación ya había sido agotada. Notaba que cada parte de ella temblaba y sus manos sostenían la bandeja con más presión de la necesitada. Aquella escena le hizo recuperar un poco el control de sí, al ser de nuevo el más seguro de los dos.

-T-tome – murmuró ella con timidez, siempre con ese tono tan formal que la caracterizaba.

-Gracias.

Ryoma no tenía la intención real de beber ese brebaje, nunca lo hacía ni siquiera cuando Ann intentaba obligarlo a eso. El dilema se le presentó cuando miró esos ojos de rubíes que lo observaban expectantes, tenían un brillo infantil al igual cuando un niño espera el permiso para ir a jugar. La opresión en el pecho le hizo tragar con dificultad. Miró el tazón que tenía en sus manos y accedió a probar el contenido.

"Qué rápido que te controlan, Echizen" la voz de su conciencia que tenía la impertinencia de burlarse de él. Dejando a un lado esa incomodidad de estar haciendo algo de forma obligada, bebió aquel té humeante. Se dio un tiempo para saborear la mezcla un tanto amarga, que solo quienes han bebido un tiempo pueden disfrutar y encontrar sabrosa. Luego de unos cuantos sorbos, inclinó su rostro en señal de agrado.

El deleite en esos ojos rubíes y la resplandeciente sonrisa le causó un estremecimiento. Fue como sentir que de improviso le hubiesen quitado la silla. Tuvo que desviar la vista para no quedar en evidencia y comenzar a babear como un imberbe. Ryoma se hallaba en un estado que lo desconcertaba, al punto que ya se había bebido casi todo el té, sin darse por enterado.

Sintió el sutil movimiento de Sakuno, al mirarla notó como un mechón de cabello se apegaba a su mejilla debido a la humedad. Los dedos de Ryoma cosquillaron por enredar esa hebra carmín en un coqueto espiral. Sus latidos estaban retumbando al igual que los martilleos de un herrero al fuego vivo. Y los ojos ámbar envolvieron esa tentadora figura femenina con abrasador entusiasmo.

Cuando se deja a un gato cuidado de la pescadería, no se puede esperar que el felino ignore su alimento preferido.

El cuerpo de Ryoma se movió casi sin darse cuenta. El deseo de comerse el pescado era superior a su sentido común. Dejó que uno de sus dedos enrollara esa delicada hebra carmín, que se adhirió con precisión a su dedo índice. La boca se le secó cuando las mejillas de Ryuzaki se convirtieron en dos adorables aureolas rojas. Ryoma supo que estaba perdido, que nada lo detendría de volver a capturar esa deliciosa boca.

Ryoma se sentía como en un trance y permitió que su otra mano acariciara el rubor de ella. Las sensaciones que estaban bullendo en su interior con ese inocente contacto lo sorprendieron. Estaba obteniendo un placer indescriptible de algo tan sencillo, que por un momento se asustó de la capacidad que tenía esa mujer para seducirlo. Aquello provocó que se pusiera en guardia.

Tenía todos sus sentidos alertas. Una colosal batalla entre el sentido común y la insensatez que permitía a la lujuria tomar el control de sus pensamientos. ¿Cómo actuar con cordura, cuando la tentación danza como experta odalisca frente a sus ojos? Si Sakuno no se hubiese sonrojado de manera tan deliciosa y humedecido el labio inferior con tal nerviosismo. Ryoma habría logrado salir indemne.

Un sonido quebradizo retumbó en su cabeza y cualquier vestigio de sentido común se esfumó al igual que la bruma matinal. Tal cual un felino hambriento se acercó con sigilo a su presa. El mismo aire pareció percibir el acecho animal. Ryoma solo oía un eco posesivo en su cabeza "Mía".

El mechón rebelde que aún sostenía en sus dedos, lo acomodó tras la suave curvatura de la oreja de Sakuno. Solo un imperceptible brinco de ella, le indicó a Ryoma su reacción al contacto, todavía permanecía con la vista baja con elocuente timidez. Como Ryoma habría encerrado la razón en los sótanos de su mente, permitió que su otra mano se deslizara con ternura por la sonrosada mejilla de porcelana.

La presa no tenía escapatoria, se encontraba cercada por el banco donde permanecía sentada y por la imponente presencia de su depredador. Fue un instante etéreo que los encerró en una burbuja sin tiempo, solo la existencia de sus respiraciones constantes indicaba que la vida seguía. Ryoma suprimió cualquier sentimiento que no pudiera comprender y que no quisiera escuchar.

Ese momento solo importaba tenerla en sus brazos.

¿Qué mal podía ocurrir con algo tan simple?

No interesaba. "Es mía" repitió su interior con voz autoritaria.

Entonces tomo su delicada barbilla y la besó. Esta vez disfrutó cada roce, cada sensación, sin premura ni preocupaciones, solo ellos dos. Ryoma fue saboreando el contorno de esos labios de Merlot, humedeciendo suavemente la entrada al lugar que por ese momento deseaba remarcar como suyo. Necesitaba que la invasión fuese recibida con agrado, su instinto le advertía que ese era el camino correcto.

Cuando al fin percibió que Sakuno le entregaba la llave de la entrada, la envolvió en sus brazos con posesión. Deslizó sus manos a través de la angosta cintura y con delicadeza fue recorriendo la largura de la femenina espalda. La sintió temblar y estuvo a punto de gritar de júbilo. Aunque su instinto masculino gritaba por posesión completa, Ryoma como nunca imaginó, acalló a esas ideas.

La deseaba. O sí que la deseaba. No existía lógica ni definición para ese arrollador sentimiento. Lo único claro, era que necesitaba de una manera incomprensible convertir a esa chica en su mujer. Y por la misma razón, no podía tomarla como lo haría con cualquier otra. Así como no se escala el Himalayas como se haría con el Monte Fuji. Para el primero no solo se requiere mayor experiencia, sino también mucho más tiempo y paciencia.

No era una simple excursión sino un hecho que podría convertirse en lo más importante de su vida. ¡Dramático! Totalmente. Impropio de él, sin duda. Pero sabía de manera absoluta que debía actuar así. Aunque su sentido común le advertía que estaba comportándose como un estúpido enamorado. Eso era un asunto aún más bizarro. Era mejor ni cuestionarse problemas de esa índole en momentos como ese.

Claro está. Que una cosa es lo que se piensa y otra muy distinta lo que su cuerpo anhelaba en cada una de sus células vivas. Para desgracia de Ryoma, su cuerpo se rebelaba al comportamiento caballeresco con violencia. Cada átomo masculino ardía igual que lava incandescente y mantener bajo control semejante poder era una quimera.

La razón comenzaba a nublarse. El beso se fue tornando más fogoso y pasional. Lo peor de todo, era notar como Sakuno reaccionaba a su embate. Con la misma intensidad que él y eso le estaba haciendo perder la poca sensatez que aún manejaba. Los suspiros inocentes ya se escuchaban como experimentados gemidos. Y en su cabeza un eco constante de "Es mía" barría todo lo demás.

Ryoma sintió que perdía la batalla al permitir que sus manos vagaran con entera libertad. El contorno de la cintura de ninfa, era una delicia para sus firmes dedos. La curva baja de esos redondeados senos, era un postre que deseaba degustar con tiempo. Y la forma tentadora de las caderas, era la sentencia para un santo. Ryoma por su parte no era ningún santo y ya estaba perdido.

Aquellos labios masculinos marcaban la piel sensible del cuello de Sakuno, que respondía con acuciantes suspiros. Ryoma tuvo que agradecer el escote en triángulo invertido de la blusa blanca, por que así sus hambrientos labios degustaban la exquisita piel de sirena. Suave, perfumada al punto de embriagar.

Cuando estuvo seguro que Sakuno tenía la mente obnubilada por la pasión, capturó uno de los senos en su mano para al fin descifrar el misterio que sus diestros ojos no lograban. Plenos, firmes y maravillosamente suyos. Cada vez se sorprendía más de su actitud tan posesiva, a penas y la conocía, pero a aquel sentimiento crecía en intensidad al paso de cada minuto.

Si en algún instante tuvo temor a que Sakuno se alejara, este se evaporó al sentir como se apegaba con urgencia a él. Afirmándose con fuerza a su cuello, dejando que sus delicados dedos revolvieran sus oscuros cabellos. Ni el alcohol tenía la capacidad para hacerle sentir tan embelesado y transportado a un mundo donde a penas sabía su nombre.

Tap… Tap… Tap… A la distancia el repiquetear de unos pasos alertó a Ryoma. Se negaba a escuchar, no deseaba romper este innegable disfrute y lo que había avanzado. El crujir de unas llaves… el momento mágico se quebró y la realidad arrasó de golpe. La puerta se abrió. Ryoma dio un paso atrás y Sakuno se irguió a su lado, alcanzando a reponerse un poco antes de que Ann los viera. Ambos se veían como si estuviesen esperando el veredicto final.

-¡Ryoma! – hubo exclamado Ann sorprendida al verlo, dejando pasar su investigadora mirada por toda la escena. Y se detuvo en las "dos" tazas con te. Parpadeó dudosa de si aquello era lo que realmente creía.

Como Ryoma no tenía intenciones de otorgar ninguna clase de explicación. A penas y lanzó una mirada a Sakuno con un mensaje que no comprendió. Para luego pasar junto a su amiga e inclinar la cabeza a modo de despedida. Ann quien no alcanzaba a entender del todo lo sucedido, buscó a Sakuno. Pero ésta ya se había esfumada. Las sospechas se hicieron más evidentes y los culpables habían huido.

-Sakuno – dijo Ann para volverla al presente – te aviso que hoy llegaré una hora más tarde. Deje algo avanzada la cena. Si quieres podrías picar las verduras y cocerlas como te enseñe.

-¡¿Yo?! – se espantó ante la idea.

-No te preocupes. Solo pones en agua las verduras, con un poco de sal y la vigilas mientras hierve unos minutos. Debes estar atenta para que no pierdan el color y punto.

-B-bueno – expresó no muy convencida, pero sabía que debía aprender tarde o temprano.

Cuando Ann se hubo marchado, prosiguió con sus labores domesticas. Y nuevamente, dejó que sus pensamientos viajaran con libertad al pasado. Todavía no se convencía que lo sucedido con Ryoma fuera real y que ella se hubiese comportado de manera tan bochornosa. Si su abuela la hubiese visto, la habría reprendido hasta que se supiera de memoria el discurso.

"Nunca permitas que un hombre desconocido te bese"

"Nunca permitas que un hombre, que no sea tu marido, se propase contigo"

"Nunca…" así podía seguir la interminable lista de Ryuzaki Sumire.

Lista que Sakuno olvidaba a penas la presencia de Ryoma tocaba la suya. Cada vez que lo tenía en frente, ella amablemente le daba vacaciones a su prudencia y sentido común. Y lo más horrible era, que deseaba con toda el alma que la noche pasada volviera a repetirse. Existía algo más allá de esos besos, que Sakuno tenía curiosidad por sentir. Aunque Ann le había explicado el funcionamiento, las emociones eran difíciles de enseñar.

En fin, para apartar la frustración que sentía al recordar lo que pudo suceder y no transcurrió. Recordó que aquello no fue el único suceso anormal de su vida. Aunque lo otro no se podía calificar como extremadamente maravilloso e inolvidable. Dependiendo de cómo se viera, podía decirse que era preocupante o al menos de cuidado. Sakuno se debatía en eso una y otra vez. Es que existían muchos temas que le eran casi imposibles llevar.

Todavía podía escuchar a Ann, primero gritar furiosa y luego pasar a un estado maternal para hacerla comprender los peligros de la vida. Esa actitud le hacía sentirse como en casa, debido al parecido de personalidades con su abuela. Pero tenía razón, debía que hacer algo al respecto. Si no terminaría convirtiéndose en una muñeca en manos incorrectas.

Luego de haber almorzado con Atobe unos días atrás, este volvió a presentarse de forma imprevista. Solo que esta vez la esperaba a la entrada del edificio, muy cómodo y llamativo apoyado en su Audi negro. No podía negar que era un hombre imponente y de cierta manera atractivo. Si no fuera por que Sakuno no se sentía interesada, habría estado encantada con su atención. Ya le era imposible no comparar a cualquier hombre con Ryoma.

-Me han dicho que preparas un excelente te – había dicho a modo de saludo, con ese tipo de pose que te obliga a invitarlo.

Una escena similar a la de la noche anterior con Ryoma. Pero, sencillamente, no cabían las mismas emociones y su interés era por completo opuesto. Atobe le transmitía inseguridad, como si supiera cuales eran las piezas que debía manejar para obtener el control de su persona. Sakuno temía que sin darse cuenta terminaría actuando al gusto de Atobe, por que él así lo quería. Y a pesar de eso, no conocía las defensas para evitarlo.

Mientras había hecho la preparación del te, la conversación fue variando por temas triviales del tiempo, los negocios y la vida diaria. Hasta que derivó en un tema conflictivo y fue el motivo por lo que Ann había explotado fuego contra Atobe. Lo sorprendente fue que no lo hubiera matado de verdad.

Sakuno había quedado perpleja cuando asimiló la diatriba de Atobe sobre el bajo nivel de vida que se notaba allí. Por supuesto, las palabras utilizadas fueron diplomáticamente escogidas y dichas, de tal manera, que en un principio no se podía discernir con exactitud si eran un elogio o un insulto. Con la cabeza fría eran sin temor a dudas una completa humillación.

Una vez que hubo enumerado con precisión las desventajas de ese nivel de vida y ese "acogedor lugar". Atobe se encargó de mencionar lo desentonada que se veía Sakuno en un mundo inferior a ella. Aquello era aún más difícil de tragar. ¿Cómo podía saber él, que ella no pertenecía a esa vida? Aunque para nada concordaba con esas palabras, pues por primera vez se sentía cómoda en donde estaba.

Sakuno no le hubiera contado todo eso a Ann, sino hubiese sido por lo último que agregó Atobe, en su intento de hacerla entrar en razón. Con total ceremonia y absoluta seriedad, le había ofrecido un lugar mejor para vivir. Algo había dicho que su familia era dueña de unos edificios en un barrio exclusivo y que si ella aceptaba "sin compromiso alguno, obviamente" podía facilitarle un departamento. Sakuno se alegró de ser capaz de mantener la boca cerrada. ¿Esas cosas pasaban en el siglo XXI?

La aparición de Ann fue un regalo de los dioses, para respirar y dar una contestación pensada. Ya que se dio cuenta que Atobe esperaba una respuesta inmediata y lo peor parecía que no estaba dispuesto a recibir una negativa. Más horrible era saber que ella no tenía ni la más mínima idea de cómo rechazar algo así. Todavía estaba absorta por la proposición.

Al ver a su amiga como testigo, Atobe prefirió marcharse con la promesa de volver a verla y por ende, recibir la respuesta deseada. Cuando Ann se enteró de la oferta, hasta un dragón milenario se habría visto empequeñecido con el fuego que ella lanzó. Sakuno hubiese creído que Ann exageraba mucho al imaginar tanta maldad. Si la señora Akagi no le hubiese dicho algo similar.

-Debes tener cuidado – le advirtió la anciana aquella tarde, poco antes de irse – Un hombre no hace muchas concesiones a una mujer, sin pedir nada a cambio. Sobre todo si no existe un compromiso de por medio.

-Lo mismo me dijo Ann – respondió al recordar las palabras de su amiga, aunque esta no fue tan sutil.

-Es que tiene razón. Keigo no es un filántropo que se dedique a obras benéficas. Se parece mucho a su abuelo. Cada paso que dan es tan calculado como el ataque de una víbora frente a su comida. Ante todo, primero el bien propio.

Que difícil era ser una mujer en este siglo. Si hubiera estado en su época solo se habría casado con el hombre que su padre designara y punto. Y en el caso que todo hubiese resultado mal, la culpa no sería suya. Y si eso era mejor… ¡No! Su abuela tenía razón, nunca habría sido feliz en una vida como esa. Mucho menos ahora que conocía a un hombre como Ryoma.

¡Ryoma! Repetía en su cabeza incesantemente, al tiempo que su corazón danzaba al ritmo de ese nombre. Debido a que sus pensamientos viajaban por el mundo de la felicidad y fantasía, se atrevió a cocer las verduras que Ann le hubo encargado, convencida que esta vez todo saldría perfecto.

0o0o0o0o0o0o

Sakuno no era la única que soñaba despierta. En otro lugar existía una persona que no lograba dejar a sus ideas fuera de la realidad. Ryoma no conseguía apartar por un segundo el beso que casi le quita algo más que la cordura y subyuga su voluntad. Aquella mujer, lo estaba desquiciado de forma peligrosa. Lo mejor era, que esta semana le tocaba el turno de noche, así que las probabilidades de verla eran mínimas. Eso habría sido perfecto de no ser por el vacío que sentía al no tenerla cerca.

-¿Tienes hambre y no puedes comer? – la insidiosa voz de Syusuke lo saco de su estado embobado.

Ryoma le dedicó una mirada asesina al identificar el doble sentido de esas palabras. De ser otra persona habría corrido por su vida. Pero era Fuji, la mente más retorcida que conocía. Por eso era de esperarse que este le dedicara una intensa sonrisa de satisfacción, como si hubiese sido capaz de leer sus turbadores pensamientos.

-¿Qué pasa, Echizen? – insistió Fuji con mirada penetrante - ¿Estás a dieta de… féminas? – expresó con tono divertido.

-¿Quién está a dieta de mujeres? – apareció Eiji por el tubo deslizador que se utiliza para bajar en una emergencia, pero éste lo usaba como escalera.

-Echizen. Al parecer lleva un tiempo sin alimentarse - ¿Qué son, acaso vampiros?

-¡Eh! O'chibi – gritó Eije con temor - Estás enfermo, ya no te funciona. Hay que ver a un médico. ¡Sadaharu! – alzó la voz urgente – quizás él tenga un remedio que te sirva. No te preocupes, yo estaré a tu lado.

La mirada diabólica que Ryoma le mandó a Fuji podría haber masacrado a un batallón. Y como era de esperarse el atacado sonreía con un toque de maldad e intriga.

-¡EMERGENCIA! ¡EMERGENCIA! – resonó la voz chillona de Tomoka por todo el cuartel – Un incendio en la calle 10 del distrito 4.

Todo el personal presente corrió para alistarse y partir raudo a su misión, al son de la inconfundible voz de Tomoka que dictaba las instrucciones. Para Ryoma fue un alivio poder huir del asedio de Fuji y de la exageración de Eiji. Además, de los torturantes pensamientos con respecto a Sakuno.

-¡Ryoma y Momoshiro! – gritó Oishi al subir al carro – ustedes serán el equipo de apoyo.

-Entendido – respondieron ambos.

-¡Eiji y Fuji! – volvió a decir – tomaran el control del agua principal y escalera. El incendio esta en el 4º piso, así que prepárate Eiji.

-¡Yahoo! Siempre listo, Oishi – dijo al igual que haría un niño en la montaña rusa.

-Kawamura. Toma la pista central y a toda velocidad.

Al doblar por la calle 10, a nadie le cupo duda que era el edificio donde vivía Ryoma. El fuego afloraba implacable por una ventana del 4º piso y al parecer era reciente, pues no existía rastro de que se estuviera expandiéndose hacia los demás departamentos. Aún así una gran cantidad de personas salía despavorida por la entrada principal.

Policías y bomberos intentaban hacer su trabajo en medio del caos. Los chicos que estaban habituados al descontrol humano, lograron moverse con rapidez y empezar a calmar a esas llamas de destrucción. Sin demora Eiji subía por la escalera mecánica para alcanzar el foco del incendio y se alistó para quebrar la ventana, sabiendo que al hacerlo las llamas cobrarían mayor potencia debido al oxígeno.

Fuji por su parte sostenía la manguera principal para alcanzársela a Eiji a penas este cumpliera su parte. Los demás buscaban maneras de controlar cualquier otro foco peligroso que pudiera despertar. Al tiempo que Ryoma y Momoshiro preparaban los equipos de rescate y protección, por si habían atrapados.

-¿Estoy preocupado por Ann? – musitó Momo mientras ajustaba un tanque de oxígeno.

-No hay nadie en el departamento – contestó Ryoma indiferente. A pesar que él había tenido la misma inquietud con respecto a Ryuzaki.

-Ya lo sé – expresó tenso. Ya que al llegar estuvo a punto de correr escaleras arriba para verificar si Ann estaba en peligro, pero según todos, el lugar estaba desocupado.

Ryoma había tenido el mismo impulso al notar las llamas y de no ser por que iba sentado en medio, seguro habría corrido sin precaución alguna para… dejó vagar esas palabras antes de que tomaran forma. Era absurdo tener tan fuertes sentimientos por una mujer que a penas y sabía quien era. El que despertara un deseo abrasador como el mismo incendio, no significaba nada.

-¡Abran más las bombas! – gritó Kawamura al pie de la escalera mecánica y apuntando con otra manguera hacia una ventana a un costado de Eiji – el fuego parece querer consumir hasta el último espacio.

-¡Listo! – anunció Momo, quien estaba preparado para cualquier orden.

El fuego seguía cobrando vida, por mucho que los chicos intentarán apaciguarlo. Era una lucha incansable contra una bestia demoniaca que no deseaba morir. Más extraño era notar que esta bestia solo devoraba un departamento, era un alivio, pero demasiado anormal como para no cuestionárselo después.

-¡Momo! – una voz femenina, que gritaba entre la multitud, atrajo su atención.

-¡Ann! – mustió éste con claro alivio de verla bien – estamos haciendo lo posible para apagarlo – dijo con tono suave para calmarla.

-¡¿S-sakuno?! – logró esbozar con un nudo en la garganta.

-No te preocupes. No hay nadie en el interior.

-N-no… ella está allí – rebatió Ann con angustia.

-Imposible. El edificio fue evacuado.

-Hablé con ella hace 20 minutos y estaba cocinando. Sé que no ha salido.

-Eso es imposible, seguro salió.

-¡No!

Ryoma no siguió escuchando ninguna palabra más. Una fuerza superior a él le instó a correr hacia el peligro sin la más debida precaución. Tenía que salvarla, más allá de cualquier razonamiento, él debía asegurarse que Ryuzaki estuviera bien. Ya después tendría tiempo de objetar sus imprudentes decisiones.

-¡Espera, Echizen! ¿A dónde crees que vas? – gritó Oishi al verlo internarse al interior del edificio.

-¡Maldita sea! – profesó Momo – Yo me encargo.

Y tomó un equipo de oxígeno y otros utensilios para ir en apoyo de su estúpido compañero, que se comportaba de una manera irracional. De no ser por la urgencia de las circunstancias, se abría dado el tiempo de preguntar que bicho extraño le había picado a Ryoma para hacerlo actuar así.

Obviamente, ni el mismo Ryoma podía hallar una respuesta convincente a su actuar tan precipitado. Su cerebro se había votado a huelga, mientras la insensatez y la locura gobernaran en su vida. En ese instante lo único que merecía ser tomado en cuenta, era la seguridad de Ryuzaki.

-¡Impresionante! – se escuchó en una oscura habitación – veo que mi equipo esta vez se ha esmerado por complacerme.

-Eso es seguro, Zero-sama – dijo Dai-ichi al contarle las noticias del incendio – todo está saliendo como se esperaba.

-Pero deben asegurarse que no queden rastros de nuestras acciones.

-No se preocupes. Dai-ni esta a cargo y sabe que debe hacer.

-Espero que vuelvan con buenas noticias. ¿Ya habrá terminado todo?

-Según Dai-san tardarán un poco – no quiso decirle que otra vez una fuerza misteriosa estaba interfiriendo contra ello.

-Buenos, estoy seguro que en esta ocasión saldremos triunfadores – esbozó con una sonrisa maquiavélica – trae algo para tomar y brindemos por estas nuevas noticias –. El subordinado solo acató órdenes. Si algo no resultaba bien, ya tendrían tiempo de calmar la furia de Zero-sama. Pero tenía la confianza que al fin, esa tonta alma se alejaría de su gemela. No había duda que ahora ese problema quedaba resuelto.

Continuará...


Bueno no tengo mucho que aporta por hoy. Solo que seguiré esforzándome para avanzar y terminar esta historia. Cuídense, nos leemos pronto.