Investigación privada y la caja mediana de Afrodita.

A casi un mes de la llegada de su alumno, Milo aún no se había dado un momento para interrogarlo. La noche anterior todos habían estado reunidos en su templo y se dieron las tres de la mañana cuando se fueron, dejándola a solas con el chiquillo dormido en su sofá y noqueado por el efecto del alcohol que Kanon había echado en su vaso mientras ella fingía no ver nada. Despertó temprano después de patear ligeramente la pierna de Camus, que estaba echado a su lado boca abajo, él despertó cuando ella trató de pasarle por encima para salir de la cama y terminó con la espalda pegada a su pecho mientras era retenida por sus brazos. Camus siempre era así cuando estaba todavía medio dormido, lo cual nunca dejo de parecerle gracioso, y era un buen material a explotar cuando quería hacerle rabiar. Sin embargo, forcejeó un poco para salirse de la cama más que nada porque su vejiga estaba a punto de estallar.

Ahora, una hora después de que Camus se espabilara y se fuera a su templo, preparaba un desayuno compuesto por frutas, cereales y yogur. Ella solía desayunar pero desde que despertó en esta nueva vida, su apetito parecía haberse vuelto loco. Casi nunca tenía hambre y cuando sí tenía, no comía más que su fruta predilecta, las manzanas. Sabía que eso le pasaría factura en algún momento y procuraba con esfuerzo comer en los horarios habituales pero le costaba pasar casi cualquier alimento. Mika despertó trayendo consigo un aire de muerte y cansancio extremo, arrastró los pies hasta sentarse y no habló, algo que era inhabitual en él ya que siempre despertaba como si alguien le hubiese dado cuerda. Había ojeras en su rostro y sus ojos estaban idos.

Ese niño lo pensaría dos veces antes de aceptar algo de Kanon de Géminis otra vez.

—Te haré unas cuantas preguntas mientras comes, te sugiero que lleves todo a la sala de estar.

—No sé dónde está mi cerebro… — murmuró él, colocando en una bandeja todo lo que ella preparó, llevándose la carga que temblaba mientras él se tambaleaba en su arrastre de pies.

Él se acomodó en el suelo junto a una mesa baja en su sala privada, donde la noche anterior todos se acomodaron luego de cenar para hablar de tantas tonterías como se les ocurrió. Milo tomó su lugar en el sofá y puso la pequeña libreta y una pluma donde anotaría toda la información que pudiera recaudar de su alumno.

— ¿Por qué quieres interrogarme de esta manera?— casi refunfuñó mientras picoteaba el yogur con una cuchara demasiado pequeña.

—Solo necesito algunos datos para evitar que mueras en el entrenamiento—tomando su pluma, apuntó unas líneas en los primeros renglones y preguntó— ¿Fecha de nacimiento?

—Doce de Noviembre—contestó, bostezando y cambiando el yogur por una naranja que comenzó a pelar con sus uñas rasgadas.

— ¿Lugar de nacimiento?

—Isla Milos, al norte. Vivía en una casa en una colina con vista al mar. La casa tenía dos pisos y mamá solía bajar todos los días al mercado muy temprano para evitar quemarse con el sol en verano.

— ¿Has recibido educación antes de estar aquí?— interrumpió, dejando a su alumno con una mirada en blanco. No es que no le interesara su pasado pero ese momento no era para contar su vida. Quizás más adelante, cuando decidiera si él era o no apto para ser santo y eso solo ocurriría si lograba abrir la sala donde guardaba su armadura y Milo todavía no le había dicho cómo abrirla.

—Fui a la escuela del pueblo hasta que mi madre murió. Era bueno en matemáticas.

Milo no lo era.

— ¿Cuál es la raíz cuadrada de dos?

—Bueno… cualquier respuesta con cifras decimales es solo una aproximación cada vez más precisa a la raíz cuadrada de dos, pero la respuesta exacta tendría infinitas cifras decimales, porque el número raíz de dos es irracional. —dijo el niño, hablando como si hablara de la cosa más sencilla del mundo— Un número es irracional si no puede expresarse como el cociente de dos enteros y tiene siempre infinidad de cifras decimales. La cifra aproximada de la raíz cuadrada de dos es 1.4142135623730950488016887242097… lo siento, creo que me emocioné—se encogió de hombros y tomó de nuevo el cuenco con yogur.

Milo escribió en letra pequeña y rápida en el espacio al margen.

"¡Sabe la raíz cuadrada de dos! ¡Debo decírselo a Camus y a Mu!"

— ¿Tienes novia?— preguntó después y observó su infantil rostro poniéndose de cada tono de rojo que conocía y quizás uno o dos que no había visto.

—¡Eso es irrelevante!—Exclamó, apuntándola con su cuchara y temblando perceptiblemente—Además… no tengo. Mi único amor es mi hermana mayor.

Como si fuera posible, se sonrojó todavía más. Milo sonrió a medias, notando que él hablaba de su hermana en tiempo presente, lo cual quería decir que seguramente fueron separados y que ella estaba viva. Vaya suerte la del chiquillo.

— ¿Sabes cuánto pesas?

—Bueno… me pesaron en el orfanato. Tengo unos… treinta y tantos quilos.

—El peso ideal de un niño de tu edad es de treinta y ocho quilos. Tendremos que hacer algo con eso. ¿Sabes algún otro idioma además del griego?

Él se lo pensó un momento y negó con la cabeza.

— ¿Qué hay de tu familia? Hablaste de tu madre y hermana pero tu padre…— preguntó al final.

—Él no cuenta. Es una mala persona— replicó, afilando tanto su mirada que casi se vio peligroso por un segundo—Mi madre falleció hace cinco meses y he estado tratando de llegar aquí desde entonces. Mi hermana… bueno, hace mucho que no la veía y quise reunirme con ella pero no está resultando como pensé.

La forma en que sus hombros cayeron hizo que Milo se compadeciera un poco y acabara sin más con su cuestionario. Sin embargo, todavía había algo que llamó su atención desde el primer momento y antes de dejarlo libre, decidió indagar en el tema

—Sólo una cosa más. ¿Cómo desarrollaste la Aguja Escarlata?

— ¿Aguja Escarlata? ¿Así se llama? —Exclamó y Milo asintió —Mmm… bueno, eso fue hace dos meses. Desde que tenía seis mi madre me hablaba de algo llamado cosmos y me decía que yo debería tener la habilidad de utilizarlo más que las demás personas y me hacía practicar. Yo no entendía mucho de lo que decía pero me obligaba a concentrarme en "la energía que había en mi interior" a veces me pasaba horas haciendo eso— se encogió de hombros como si nada, restándole importancia.

—La Aguja Escarlata y Antares son las técnicas más poderosas y características del signo de Escorpio. Mi propio maestro que también pertenecía a este signo no fue capaz de hacerlo ni una vez en su vida. ¿Por qué tu madre te obligaba a practicar el uso de tu cosmos? ¿No sabía ella que podrías haber muerto por un uso irresponsable? Mejor aún, ¿Qué sabía ella acerca del cosmos?

—No sé qué sabía. Solo sé lo que digo. Me hacía practicar varias veces a la semana— continuó, desviando la vista y frunciendo el ceño. Sus ojos se movían como si estuviese recordando algo— siempre me decía que si lograba usar mi cosmos algún día sería capaz de ver a mi hermana mayor.

— ¿Qué sucedió hace dos meses?— preguntó Milo. No le interesaban sus asuntos familiares aunque el tema de la hermana estaba comenzando a despertar al bichito de la curiosidad.

—Mi amigo Zeth y yo estábamos jugando fuera tarde en la noche. En el orfanato nos obligaban a dormirnos a las nueve pero yo no tenía sueño así que nos escapamos. Fuimos a la playa—comenzó a relatar, sus mejillas se tiñeron de rojo intenso, como si le avergonzara lo que sea que estuviese a punto de decir—Nos quitamos los zapatos y fuimos a nadar, a Zeth le gusta el agua y quise sorprenderlo con una invitación. Nos divertimos mucho pero cuando salíamos del agua un escorpión pequeño me picó. Zeth quería irse para pedir ayuda pero estábamos algo lejos y le pedí que se quedara. Esa parte es algo confusa— puso nuevamente esa expresión de concentración que quitaba el aliento y llevó una mano a su barbilla—Sólo recuerdo que dolía mucho y que no podía moverme. Recordé que mi madre me había dicho que usando el cosmos se pueden curar heridas y decidí usar el mío para ello pero en su lugar, al encenderlo, pude ver en el cielo un patrón de puntos que formaban la constelación de Escorpión. Mi madre me hablaba de constelaciones y mi amigo Zeth también sabe mucho de eso.

— ¿Qué hiciste cuando viste los puntos de la constelación?

—Bueno… Zeth dijo que vio cómo mi mano brillaba mucho con un tono de color dorado y que mi uña se tiñó de rojo y luego se espantó porque comencé a pinchar diferentes puntos en mi cuerpo con la uña y a despedir mucha sangre, y dijo también que cuando pinché por quinceava vez, la sangre dejó de salir. No sentí nada de esa parte pero cuando volví en mí mismo y vi toda la sangre, me desmayé. Zeth me arrastró al agua para limpiarme hasta que ya no hubo sangre y luego, cuando volví a despertar regresamos al orfanato. Continué viendo los puntos de la constelación de Escorpio en mi mente toda la noche. Eso me animó aún más a venir aquí.

—Interesante historia. ¿Te desmayas ante la visión de la sangre?—replicó Milo y el niño asintió, volviéndose a sonrojar—Terminamos por hoy.

Lo envió a darse un baño con agua fresca y luego a la cama. La pequeña broma del menor de los Géminis había hecho que le doliera la cabeza y se mareara y definitivamente iría luego a contarle el chisme a Saga para que reprendiera a su hermano. Y si había algo que a Saga le gustaba hacer, era reprender a Kanon.

Pensó en lo inconsciente que fue el acto de la madre de ese niño al hacerle usar su cosmos sin supervisión de un experto y también en lo valiente que fue Mika al aplicarse las agujas hasta llegar a Antares. Ella había hecho lo mismo pero con la diferencia de que Milo ya dominaba su cosmos en ese entonces. Mientras pensaba, estaba en el proceso de juntar todo lo que no habían comido y Kiki, el alumno de Mu se apareció en la sala frente a ella, sonriendo como sólo ese pequeño diablillo sabía hacer y tras hacer una reverencia, se abalanzó sobre lo que quedaba del desayuno. Milo tuvo que carraspear fuerte para hacerse notar.

—La señorita Athena ha pedido verla en una hora en su recámara—dijo, hablando con la boca llena.

— ¿Dónde está tu maestro, Kiki?

—Reparando armaduras de algunos de los santos de plata que estuvieron de guardia anoche—comentó como si nada, sus pequeños dedos moviéndose rápidamente para tomar todo lo que podía de las frutas y cereales—al parecer la batalla fue importante y…

— ¿Cuál batalla?

—Ah… tengo que irme—dijo, retrocediendo y riendo como un poseso, sus ojos enormes y brillantes se notaban nerviosos— le diré a la señorita Athena que usted irá cuanto antes.

Y desapareció. Así como así.

Milo suspiró y continuó con lo que estaba haciendo. Luego de ordenar todo se dio un baño rápido y se puso su ropa habitual de entrenamiento, pantalones de licra de color oscuro con una blusa y de color rojo sin mangas. No necesitaba mucha ropa debajo de la armadura y nunca se preocupaba demasiado por cómo vestiría. Aún con su cabello húmedo y encrespándose en las puntas, vistió a Escorpio y se dirigió escaleras arribas, pensando en preguntarle a alguien sobre alguna batalla con los santos de plata, pero cuando llegó hasta Sagitario no encontró a nadie, así que simplemente pasó de largo. Capricornio estaba vacío al igual que Acuario y cuando pensó que Afrodita probablemente también se había ido, encontró al Santo en su jardín.

—Buenos días, Afrodita—saludó de manera cordial y siguiendo el protocolo, dijo— ¿Puedo pasar por aquí? Athena ha pedido verme en poco tiempo.

Piscis le dedicó una mirada evaluativa, viéndola de arriba hacia abajo dos veces hasta que sus filosos ojos se detuvieron en su cabello y suspiró, cerrando los suyos como si se sintiera derrotado.

—Ven un momento. Llevo años viéndote así y creo que moriré otra vez si no hago algo al respecto—murmuró más para sí mismo.

Milo miró extrañada al extravagante muchacho pero lo siguió. Se adentraron al templo inmaculado y pasaron a las instalaciones privadas, donde Afrodita la guio hasta una sala de estar amplia y que tenía vista a una parte de su jardín de rosas venenosas a través de un portal cuyas puertas dobles estaban abiertas para dejar pasar la luz natural. Mientras él se excusaba un momento para buscar algo, Milo se asomó con precaución a las flores para observarlas de cerca. Nunca había experimentado qué se sentía ser tocada por una pero intuía que lo pasaría muy mal. Solo de pensar en la forma en que aprendió a utilizar su propia técnica a veces le hacía estremecerse y se preguntó si Afrodita también tuvo que aplicarse veneno a sí mismo.

—Ven a sentarte y quítate la diadema—ordenó Afrodita, dejando en una mesa una caja mediana de la que sacó un espejo que le entregó a Milo.

Algo dudosa, siguió las instrucciones y dejando a un lado su diadema y tomando el espejo, se sentó en un sillón individual. Afrodita se paró detrás de ella con un frasco de vidrio cerrado y con un contenido transparente y de aspecto cremoso en su interior. Cuando abrió el frasco y untó sus dedos con esa cosa, Milo se levantó y apuntó al santo con su dedo índice de la mano derecha.

— ¿Qué es eso que tienes ahí?—replicó de inmediato. Debió suponer que Afrodita trataría de convertirla en una versión de sí mismo algún día y recordó que antes en muchas ocasiones le había dicho que se pasara por su templo porque tenía algunas cosas para darle.

—Si tengo que amarrarte lo haré— refutó el santo, viéndola como un objetivo en la mira y logrando que a ella se le erizara la piel—pero haré algo con ese cabello antes que lo arruines por completo. Siéntate ahí o me tomaré la libertad de llamar a Saga.

No tenía ni idea de por qué tendría él que llamar a Saga y le dedicó una expresión total de confusión a la que el santo respondió volteando los ojos exasperado. Esperó un momento y al final volvió a sentarse, tensándose un poco cuando Afrodita comenzó a meter sus dedos entre su cabello y a juntarlo y enrollarlo para luego frotarlo con esa crema. La esencia que tenía no le molestaba pero le hacía picar un poco la nariz. Milo no usaba muchos productos para cuidar su cabello o su aspecto en general; era una guerrera, santa de oro de Athena, la única mujer en la orden dorada y la más mortífera, tanto que ninguno de sus oponentes había sido capaz de esquivar nunca sus ataques…

—Veo que tu piel no necesita muchos cuidados y también que depilas tus cejas. —comentó Afrodita, que distraído y canturreando peinaba con sus dedos las ondas encrespadas de su cabello—al menos tienes esa decencia y he de confesar que es un alivio. No sé cómo lucen en general los rostros de las amazonas pero me imagino que no son ni mínimamente detallistas.

—Mis cejas no son gruesas—respondió Milo, mirando su reflejo en el pequeño espejo que sostenía a la altura de su cabeza y un poco inclinado para ver qué hacía Afrodita—Puedo arreglármelas con una pinza que me dio Marín.

Pensándolo bien, probablemente Marín sí se depilaba. Se preguntó si a Aioria le gustaba eso, o si lo notaba en lo absoluto, o si al menos la había visto sin máscara. Una mujer desnuda podría ponerse a bailar delante de su compañero, y él tendría problemas para comprender lo que estaba sucediendo. Suspiró pensando en la suerte de la pobre amazona de Águila.

—Tus labios son bonitos, deberías pintarlos—sugirió, apuntando con sus ojos a la caja donde algunos labiales estaban acomodados en una esquina.

Milo miró su boca pensando en los pros y los contras de utilizar un labial y cuando su mente viajó unos cuantos años atrás, se estremeció un poco, negó con la cabeza y miró a su compañero.

—No me gustan los labiales.

—Eres una batalla perdida en una guerra sin fin—refunfuñó él, dejando caer su cabello ya casi seco sobre sus hombros y acomodando su flequillo. —Al menos utiliza un perfume. Hueles a fruta.

— ¿A fruta?

—Todos tenemos un aroma natural que viene con nosotros desde el nacimiento. El tuyo es frutal… como manzanas. O tarta de manzana. Es dulce pero también es empalagoso.

Milo tomó un perfume de los tantos que había en la caja, frascos delgados y altos cuyos líquidos eran de diferentes tonalidades. Tomó uno de color dorado y lo destapó. Un fuerte olor a vainilla inundó el aire y ella lo volvió a tapar, dejando el frasco en la caja.

—Creo que paso—dijo tras toser tres veces.

—Corrección, eres la guerra perdida de una batalla que nunca se acaba. —Refutó el santo de Piscis y se acercó a la caja para sacar de ella un labial cuyo lápiz era de color blanco—Quédate quieta— ordenó y tomó con una mano la barbilla de Milo y con la otra mano apoyó el labial en su boca y lo pasó de un lado a otro.

Milo imaginó que tendría labios blancos pero no fue así. En cambio, se sintió como cuando acababa de cepillar sus dientes. La piel en sus labios estaba hidratada y tenía un brillo ligero. Era extraño pero le gustó.

—Creo que me quedaré con esto—dijo, quitándoselo de las manos y guardándolo en el bolsillo de su pantalón.

—Tengo algunas otras cosas pero no hay tiempo. La señorita Athena te espera. Dejaré esta caja en tu templo cuando baje a entrenar.

Milo asintió renuente y agradeció el gesto aunque fue algo invasivo. El santo de Piscis sonrió y dijo que su cabello se sentiría más ligero y sería más fácil de manejar y no se equivocaba pues Milo sentía su cabeza ligera y fresca. Estaba saliendo del templo y a punto de subir las escaleras ahora libres de las rosas cuando se volteó y miró a su compañero, que estaba a punto de cerrar las puertas.

— ¿Qué sabes acerca de una batalla con los santos de plata que estuvieron de guardia anoche?— preguntó.

— ¿Batalla?— preguntó Afrodita, frunciendo el ceño y desviando la vista de ella—No sé nada de eso.

Milo asintió pero mientras veía a su compañero perderse tras las puertas dobles de su sala de estar, pudo notar que su semblante se oscurecía un poco.

Él mentía.


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Nota al Margen:

Afrodita no venderá Avon, pero definitivamente está bien abastecido (?

Para serles sincera, no sé por qué escribí lo de Afrodita. Mi plan consiste en hacer partícipes activos a tantos dorados como pueda y no sólo los habituales -O en el caso de un MxC, a Camus- así que dije: Bien, pongamos a Piscis en foco y este fue el resultado. No loss culpo si se aburrieron porque cada vez que leo para hacer una corrección, este capítulo me resulta un poco pesado o interminable e incluso aunque traté de utilizar a Mika como recurso humorístico/tierno sigue pareciendome aburrido. Creo que esto es a lo que le llaman "capítulo de relleno"

Bueno, agradezco nuevamente que lean y comente, en verdad no saben lo importante que es para los que escribimos conocer las opiniones de los que leen.

¡En fin, disfruten el relleno y cuídense mucho!

Publicación del próximo capítulo: 12/12/15.