PARTE II
Capítulo 4: La propuesta
Notas: Bueno, a ver si esta vez se actualiza correctamente. Lo digo porque este fic está siendo problemático en cuanto a su actualización. Llevo dos días que al subir el capítulo simplemente se añade, pero no se actualiza el día y, por tanto, queda por ahí abajo en el listado de fanfics. El primer día que me pasó, tras borrar el capítulo y volverlo a subir, sí se actualizó la historia. Pero ayer no. Solamente se sumó el capítulo añadido, y sigue poniendo que mi última actualización fue el viernes cuando ayer subí el capítulo correspondiente. Además, tampoco me llegan las notificaciones de este fic, y puesto que estoy subiendo otro y ése no me está dando problemas, o es cosa de este fandom o del fic.
En fin, espero que ahora se actualice como es debido u_uº.
Os dejo con el último capítulo de la perspectiva de Victor. La tercera parte es conjunta. Espero que os guste :-D
Capítulo 4: La propuesta
Según el mapa, ése era el balneario que constaba en ese pueblo. Con suerte su búsqueda habría terminado.
Y lo hizo. La señora que le atendió resultó ser la madre de Yuri. Tenía suerte de ser un lugar turístico y que la mujer supiera inglés. Su conocimiento del japonés variaba entre escaso y nulo, así que fue de agradecer.
Por lo que le dijo, Yuri estaba durmiendo. No tenía intención de importunarle, así que le ofrecieron que se relajara en las termas mientras hacía tiempo hasta que Yuri despertara.
Le gustaba la decoración. Era un edificio típicamente japonés, con sus paredes de paneles y tatamis. Le dejaron un albornoz y se dirigió a los baños. Los había tanto cubiertos como al aire libre y, puesto que también en Japón estaba nevando, no había nadie fuera. Sin embargo, la temperatura que hacía en la calle no era comparable a la que estaba habituado en la ciudad de San Petersburgo. Así que, sin pensarlo mucho, se metió en el baño exterior.
El agua estaba a una temperatura muy agradable… y era un verdadero peligro. Con el cansancio que acumulaba del viaje y el cambio horario, podría acabar dormido ahí dentro. Cerró sus ojos e intentó relajarse, pero un brusco ruido en la puerta le hizo despejarse.
Por fin tenía a Yuri delante.
—¡Victor! —gritó incrédulo—. Pero ¿qué haces aquí?
Se había montado en su cabeza varias formas de darle la sorpresiva noticia: desde que directamente se lo dijera según le abriera la puerta hasta encontrarle de improviso en algún lugar y dejarle de piedra allí donde estuviera. Pero no se le había ocurrido que se lo diría metido en un baño termal a la intemperie.
Sin embargo, eso no iba a arruinar el momento de dejarle pasmado. Así que se levantó y con gestos grandilocuentes le dijo:
—Yuri, a partir de ahora seré tu entrenador. Voy a hacer que ganes la Final del Grand Prix.
Victor esperó por unos breves instantes a que reaccionara. Como bien había esperado, había conseguido sorprenderle. Adoraba generar esa emoción en la gente. Siempre había sido una fuente de motivación para él.
—¡¿Qué?! —cuestionó aturdido. Victor, en cambio, se rio.
—Conseguiré hacer de ti el mejor patinador del Grand Prix. —Victor salió del agua y se puso el albornoz. Yuri seguía sin mover un músculo—. Ya he comprobado que puedes hacer mis coreografías, así que podrás competir con ellas.
—¿Hacer tus coreografías? ¿Te refieres al vídeo de internet? —inquirió angustiado. Victor asintió, pero no consiguió hacer reaccionar a Yuri más allá de eso.
—No he comido apenas en el viaje. ¿Por qué no hablamos de mientras?
Sin embargo, apenas hablaron. Al parecer, se había pasado impresionando a Yuri, pues no lograba sacarle una conversación que pudiera despejar su propio sueño. Añadido a eso, le sirvieron algo de comer que sólo consiguió amodorrarle cuando empezó a hacer la digestión. Al final, acabó tumbándose en el suelo por comodidad y casi sin darse cuenta se quedó dormido.
—*—
El ruido de unas voces le despertó. No entendía lo que decían, pero eso le hizo recordar que había viajado a Japón. Necesitaba además comer algo con consistencia. Como deportista de élite, su cuerpo le pedía ingerir muchas calorías al día y eso no era precisamente lo que había hecho durante su largo viaje.
—Tengo hambre —dijo sin más.
—¿Aún tiene hambre? —cuestionó una mujer desconocida.
—¿Qué quieres comer? —se ofreció Yuri al momento.
Se lo pensó un poco, pero en realidad no estaba muy al tanto de la comida japonesa. Cuando había estado un par de semanas atrás en el mundial de Japón, al estar en un hotel de concentración con patinadores de otros países, el menú que sirvieron había sido muy diverso.
—Como voy a ser tu entrenador, me gustaría saber cosas de ti. ¿Cuál es tu plato favorito?
—¿El mío? Un tazón de carne de cerdo —contestó Yuri sin pensarlo. Victor asintió.
—Me parece bien, lo probaré.
Hiroko, la madre de Yuri, le trajo el tazón en un tiempo sorpresivamente corto. Apenas consiguió enterarse de que la mujer que acompañaba a Yuri se llamaba Minako y había sido su profesora de ballet desde que era un crío.
—Es nuestra especialidad: tazón de carne de cerdo extra-grande. —La señora se quedó esperando a que lo probara. Victor no le hizo el feo y lo probó. Estaba buenísimo. Miró el tazón impresionado y luego a Hiroko que le observaba expectante—. ¡Qué rico! ¡Está delicioso!
Hiroko se levantó feliz del sitio y volvió hacia la cocina dando pequeños saltos de júbilo por el halago, pero era bien merecido.
—No me extraña que sea tu plato favorito.
—Me alegra que te guste —dijo Yuri algo cohibido.
—Si quieres saber algo de él —empezó a decir Minako en tono malicioso—, Yuri tiende a engordar, así que sólo puede permitirse comerlo cuando gana una competición.
Victor apartó el tazón que estaba comiendo y escrutó a Yuri con cuidado. Siendo invierno, la cantidad de ropa que se solía llevar encima podía aparentar un aspecto físico falso. Pero sí había notado que Yuri había engordado desde la competición en que coincidieron. Eso era un problema, no tanto que hubiera subido cuatro o cinco kilos que con entrenamiento perdería, sino por el potencial indicador de que Yuri hubiera dejado el patinaje.
Puesto que estaba allí, no iba a dejarle abandonarlo. No había recorrido dos continentes para que su nueva fuente de inspiración se esfumara porque no se había repuesto del fracaso de la Final del Gran Prix.
—¿Y por casualidad has comido recientemente este plato? —preguntó con tono inocente.
Yuri se apresuró a contestar sin preocuparse de la intención de su pregunta.
—Sí, claro. ¡Me encanta! Lo como a menudo.
—¿Y por qué? Si no has ganado ninguna competición. —Yuri perdió todo el ánimo risueño cuando le asestó esa puñalada—. En tu estado actual, no tendría caso enseñarte nada. Tienes que perder ese cuerpo de cerdo y recuperar el estado físico que tenías durante la Final del Grand Prix. Si no, no te entrenaré. Así que nada de tazones de cerdo hasta entonces, ¿entendido, cerdito?
Yuri no sólo perdió su ánimo risueño con eso, sino también el color de su cara. Se quedó blanco mientras se levantaba tambaleante tapándose la cara.
—Me ha dicho algo ofensivo —se lamentó.
Pero no pudo decir más porque una empleada entró por la puerta para hacerles quitar su equipaje.
—Yuri —le llamó para que le prestara atención y dejara de estar en las nubes por sus anteriores palabras—, ¿me llevarías el equipaje a mi habitación?
—¿Tu habitación?
—Por supuesto, me hospedo aquí.
En el poco tiempo que llevaba en ese lugar, se había dado cuenta de que era fácil impresionar a Yuri. Además, se quedaba estupefacto un buen rato. Era eso, o estaba demasiado impactado aún por el hecho de que estuviera allí.
En el trayecto para llevar sus cajas hasta su habitación, supo que el balneario era estrictamente familiar. Trabajaban allí sus padres y su hermana, por lo que la chica anterior que les había dicho que quitaran las cajas de en medio era su hermana Mari.
La habitación era pequeña, muy al estilo de lo que tenía entendido que eran las habitaciones. Estaba por completo vacía. Lo único que había allí eran sus cajas con sus pertenencias. Al parecer, no estaba preparada para albergar huéspedes. Ni camas, ni sofás, aunque le comentó que le buscarían mobiliario para llevárselo allí.
—Lo siento, pero lo único que queda libre es la sala —le explicó con voz temblorosa—. En cuanto quede algo libre, te trasladaremos.
—No te preocupes… Y de todas formas, ¿por qué estás tan nervioso? —preguntó guiñándole un ojo. Miró a su alrededor inspeccionando la estancia. Por suerte, era una persona que se amoldaba a cualquier cosa—. Por cierto, ya me pagarás por entrenarte cuando tengas éxito. Te cobraré todo después.
Yuri se lo quedó mirando sin reacción aparente aunque al final optó por agradecerle sin mucha emoción. Aún no entendía muy bien por qué le trataba con el cuidado de quien tiene serpientes durmiendo a su alrededor. Entendía la sorpresa inicial, pero meses atrás no había tenido ningún problema en mostrarse extrovertido con él. Debería haber sobrepasado la fase de «primera impresión» por verle allí. Sin embargo, más que impresionado, poco a poco le daba la sensación de que le estaba intimidando.
Pero no podía ser eso. En ningún momento había hecho nada que le pusiera así. Además, no era como si fuese la primera vez que se trataran. Incluso él fue el primer sorprendido cuando en la fiesta se le echó encima.
Quizás simplemente se estaba mostrando respetuoso en compensación por la fiesta. Debía ser consciente de su comportamiento y por eso estaba tan cohibido. Pero desde su punto de vista, eso tendría fácil arreglo: si se mostraba tan cercano como él lo hizo en su día, cogería más confianza con él y estaría más cómodo en su presencia.
Se agachó y se acercó a él, hasta el punto de tocarle.
—¿Por qué no pasamos a lo importante? Cuéntame más cosas de ti —le dijo con voz melosa—. ¿En qué pista patinas? ¿Cómo es esta ciudad? ¿Hay alguna chica que te guste? Antes de entrenarte, tienes que contármelo todo para cimentar nuestra relación.
Yuri dio un respingo cuando le acarició el brazo y su cara se puso de un rojo furioso. Una reacción exagerada, en su opinión. Pero de un salto se alejó y se arrastró de espaldas hasta chocar con la pared.
—¿Pasa algo? —preguntó desconcertado—. ¿Por qué huyes?
—No, por nada —respondió con nerviosismo—. Voy abajo a ayudar.
Y tras eso desapareció. Victor se sentó en el suelo meditando sobre su reacción. Al parecer, no era tan descabellado lo que había pensado. Le intimidaba. Era algo que le pasaba a la gente normal cuando se acercaba a una celebridad. ¿A Yuri le ocurría eso también?, pensó preocupado. No había contado con ello.
Debía superar ese escollo si quería entrenarle. Imaginaba que en el fondo se le acabaría pasando, pero era necesario que lo hiciera rápido.
Desembaló algunas de sus pertenencias, pero era demasiado lío para ordenarlo a esas horas. Así que cogió las cobijas del futón que le habían dejado y se dirigió a la habitación de Yuri.
—Yuri, durmamos juntos —dijo desde la puerta—. Recuerda que como tu entrenador, tengo que saber todo de ti.
—¡Ni hablar! —oyó que decía desde dentro.
—Yuri, venga, abre. —Intentó abrir, pero sintió que él estaba haciendo fuerza para cerrarla—. Vamos, déjame entrar.
—Tienes tu propia habitación; no puedes entrar aquí.
—¡Yuri! —le siguió llamando mientras golpeaba la puerta—. Yuri.
Se hizo un corto silencio y, poco después, escuchó mucho movimiento dentro, como si recorrieran la habitación varias veces.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó con curiosidad.
—Nada, por favor, vete —le pidió con tono apremiante.
Victor suspiró resignado y accedió a su petición. Definitivamente, Yuri no estaba cómodo con él a su alrededor. Esperaba que al día siguiente se encontrara más receptivo a tenerle allí. Pero, de momento, tendría que hacerse un hueco entre las cajas para extender el futón y dormir.
Debía pensar en algo para tratar con él.
— * —
Fin de Capítulo 4 - Parte II
15 Octubre 2017
Notas: Como veis, ya se han cruzado las dos primeras partes. En la tercera voy a comentar un poco el inicio de este cruce de caminos, porque mi idea era indagar en cómo empezó todo. Y eso estoy haciendo.
¡Saludos!
