Sé que dije que iba a intentar actualizar entre viernes y sábado, pero bueno, escribir el capítulo me llevó más de lo esperado, además como me quedé momentáneamente sin internet, pensé esperar hasta hoy para poder ordenar bien mis ideas, descansar y volcarme a terminarlo. Espero que éste capítulo sea del agrado de ustedes, salió casi tan largo como el anterior, 12 páginas de word.

NOTA: Otra vez ocurrió el problema con las reviews de fanfiction, no se cargan. Algunas no me llegan las notificaciones al email, por tanto, no puedo leerlas. Esperemos que el problema se solucione pronto. Sino, pueden enviarmelas como mp.

Ahora, vamos a las reviews.

Marianne E: Muchas gracias por la review, Marianne. Ya habiendo respondido a tus preguntas pro mp, paso a lo referido a la historia en sí. Muchas gracias por lo de Leonzáles. De hecho, si bien tenía unos bocetos, tu comentario fue lo que me hizo avisparme que debía dar una fundamentación más sólida de la que había pensado inicialmente (la película es algo ambigua en ese sentido sobre el destino del león, al menos eso interpreté yo). Y lo de la personalidad, pues he tenido mi trato con funcionarios, más en una carrera tan política como es sociología, además de lo ya planteado en la película, así que tenía bastantes fuentes para retratar a éste personaje.

Como plantee en el punto de vista de Judy, La Corte es la que está alimentando constantemente el odio en una sociedad tan marcada por los prejuicios contra Zootopia, así que un ataque contra ellos era solo cuestión de tiempo. La prensa, o mejor dicho, el grupo oligopólico de mi país puede poner y deponer gobiernos, literalmente, así que ellos también han sido parte fundamental para inspirarme con esos hechos que sufren los personajes. Y veo que tú has intuido que algo estoy guardando bajo la manga. Me alegra saber eso. ¡Un saludo, querida!

Valentine: ¡Hola! Muchas gracias por pasarte a dejar una review. Al parecer hay un nuevo problema con Fanfiction y no carga aún en el fic las reviews, pero me llegan al correo al menos la mayoría. Un saludo. PD: ¿Hablas inglés? De ser así, serías mi primera lectora que comenta que no tiene al español como lengua natal.

Raven-Spiegelman: Me causó una mezcla de diversión y preocupación tu primer comentario. Pensé, "Rayos, ¡no te vayas!", pero me quedé tranquilo cuando dijiste que te ibas a poner al día para dejar después tu review. Sí, el capítulo fue intenso, ya estaba planeado que hubiera una reminiscencia a la pesadilla de Nick, como dije. Eso eventualmente lo iba a afectar. Espero que éste capítulo te guste, hay muchas emociones encontradas. ¡Un saludo!

Clau.99: ¡Muchas gracias darme el favorito! Espero que éste capítulo sea de tu agrado.

Jeinesz06: Subestimación, querida. Subestimación de los enemigos. Puede ser un error fatal a veces. Por suerte para nuestros héroes, no sucedió así. Las respuestas a tu pregunta estarán en éste capítulo. ¡Un saludo!

Darkness66: ¡Muchas gracias por tu comentario! Me agrada que pienses de esa forma respecto a la historia. Justamente en éste capítulo se retoma algo del tema Nuevo Génesis. ¡Nos leemos!

hxppss: ¡Aquí el nuevo capítulo! Este capítulo es un poco diferente, pero creo que será de tu agrado. Un saludo.

Alex Fox de Wilde: ¡Gracias! Intuyo que éste capítulo te va a gustar. Un saludo.

SirDaniSkywatcher304: ¡Muchas gracias! Bogo tiene participación en momentos clave en toda la historia, así que sigue esperando sus apariciones. Un saludo.


Capítulo 7: Convergencia

Quedan 105 horas para la noche más oscura

Judy veía con mucha curiosidad como sus compañeros de la ZPD revisaban cada esquina de la base de la Corte. Habían esposado a los primates que sedaron, llevándolos a la comisaría en un vehículo blindado, escoltado por dos patrullas más. Sabía que un despliegue de policías que se presenciaba en ésos momentos no iba a pasar desapercibido para nadie, así que se preguntaba cuánto tardaría la prensa en llegar para cubrir la historia.

Sintió como Nick la rodeaba con su brazo, acercándola a su cuerpo, dedicándole una intensa mirada en la que podía ver reflejadas muchas emociones: orgullo, miedo, alivio… amor. Ella se sonrojó ligeramente, moviendo inconscientemente su nariz, haciendo que el zorro sonriera. Sin embargo, tuvieron que romper su idilio cuando vieron al Jefe Bogo acercarse hasta ellos, separándose de inmediato para adoptar la posición de firmes.

–Han sido muy afortunados – exclamó el enorme búfalo –, subestimamos enormemente a estos animales: no solamente estaban armados con armas blancas… hace muchos años que no veo que alguien porte un arma de fuego – dijo con seriedad, refiriéndose al chimpancé que en esos momentos debería estar llegando a su celda en la comisaría, totalmente dopado –, deben agradecer que no tuviera buena puntería.

–Estoy segura que aún hay más miembros por atrapar – dijo Judy, dando un paso hacia adelante con decisión –, no podemos dormirnos en los laureles.

–Sin embargo, necesitamos unir las piezas con lo que podamos encontrar aquí –respondió el búfalo –, por lo que ustedes han dicho, ese chimpancé es el Juez Supremo, ¿correcto?

–Así es, Jefe – comentó Nick –, John Doe afirmó que la Corte tiene un sistema muy rígido de organización, lo que significaría que en estos momentos se encuentra acéfala.

–Contamos con eso, Wilde – afirmó el búfalo, como si se tratara de un mantra –. Lo que sea que hayan estado planeando, lo hemos retrasado, si es que no ha sido incapacitado –el búfalo escuchó por radio que Garraza le informaba que la prensa había arribado a la salida del edificio, así que decidió salir. Sin embargo, detuvo su marcha un momento y giró su cabeza hacia los oficiales –. Hopps, Wilde… buen trabajo.

Ambos policías sonrieron. Judy en particular se sentía más segura pensando que la Corte había sufrido un duro revés ahora que el Juez Supremo estaba atrapado. El hizo un gesto al zorro para que la acompañara a explorar el lugar, dirigiéndose concretamente hacia una puerta que se ubicaba hacia uno de los costados de los pilares centrales. Dirigió una rápida mirada hacia donde habían noqueado al primate y sintió un escalofrío recorrer su espalda cuando vio uno de los agujeros que el proyectil del revólver había dejado en la gruesa columna. Había estado tan cerca de impactarlos a ellos. Un agujero de ese tamaño había sido letal para cualquiera de los dos, pero dado su tamaño, ella hubiera resultado más dañada todavía. Sus pistolas tranquilizantes eran pequeñas, mucho de hecho. Cabían en la pata de un conejo. El revólver del Juez Supremo, como pudo comprobar cuando se acercó a su cuerpo, era demasiado grande para sus pequeñas patas. Conocía lo mínimo de las armas de fuego dado lo que leyó en la academia, pero estaba segura que aquello sería capaz de sacarle un hombro si lo llegaba a disparar. Un calibre para animales pequeños sería lo único a lo que podría aspirar a disparar, si es que alguna vez se daba esa oportunidad.

Los técnicos forenses estaban recogiendo huellas del picaporte de la gran puerta metálica, aunque por suerte para ellos ésta estaba abierta, así que podían pasar. Su respiración se cortó durante un momento cuando pasó el umbral. No sabría hasta después que el propio Nick se sintió un animalito pequeño en aquella estancia: al frente había una gran pantalla, de al menos dos metros, amurada a la fría pared. Uno de los técnicos informáticos estaba intentando romper el sistema de encriptación de la computara hacia la que estaba conectada. A la derecha de la sala había mesas con lo que pudo reconocer como distintos modelos de armas de fuego. Aquello le heló la sangre. Eran grandes, y largas, completamente diferentes al revolver que había visto, o lo que había podido leer: por lo que podía deducirse, esos peligrosos objetos debían cargarse con dos manos.

Notó como uno de los lobos cargaba una de aquellas armas, apoyando la culata en su hombro, y apuntaba hacia una pared. Estaba sin su cargador, así que eso la hacía sentir algo más segura. Lo último que quería es que alguien resultara muerto o herido a causa de un disparo imprudente de un compañero oficial.

–¿Alguna vez has disparado algo como eso? – preguntó Nick, sonriéndole con suspicacia al cánido.

–No –respondió éste, dejando el arma en la mesa –, pero tengo entendido que la división de asalto lleva modelos similares. Los llaman rifles de asalto.

–¿Rifles de asalto? – preguntó Judy, ladeando la cabeza –, ¿Cuántos de esos había?

–Hemos encontrado seis – dijo, sonriendo orgulloso –, así como también seis pistolas. Se parecen a las nuestras, sólo que en lugar de disparar un solo dardo, disparan 13 proyectiles. No eran muchos, pero aun así asombroso.

Sí. Era cierto, no eran muchos. Sin embargo, habiendo visto el poder destructivo que tenía un simple revólver, no podía compartir que aquellas armas eran algo asombroso. Más bien, eran aterradoras. Estaba segura que podían causar demasiado daño en las manos equivocadas. Y nada era peor que pensar en lo que podrían haber hecho con ellas los babuinos. De hecho, si los hubieran enfrentado con ellas, no estarían en esos momentos. ¿Acaso la policía debía armarse con armas como esas para poder enfrentar a delincuentes tan peligrosos? Era un pensamiento que en esos momentos comenzaba a cruzarse por su mente, y no la hacía nada feliz.

Pensó en las características de los primates: por lo que podía ver, ellos eran fuertes. Más que un zorro o un conejo. Sin embargo, ¿serían más fuertes que un tigre o un lobo? No tenían garras, y salvo los babuinos, no se veía que tuvieran grandes colmillos con los que pudieran haber causado grandes daño a sus presas en la edad de piedra. No conocía al resto de los miembros de la Corte que había nombrado John, pero supuso que tal vez las armas de fuego habían sigo su invención. Ellos eran las criaturas más evolucionadas, después de todo, ¿no era así? Tal vez su falta de armas naturales había sido compensada con inteligencia.

Dejó de lado sus disquisiciones filosóficas en cuanto notó que Nick no estaba a su lado. Volteó, y lo vio junto al gigantesco ordenador, observando al técnico con curiosidad. Al parecer había conseguido romper el sistema de seguridad. De hecho, el animal que estaba allí había sido uno de los que había conseguido desbloquear la memoria USB que les había dado John. Parecía que había aprendido cómo funcionaban después de haberse pasado horas intentando abrirla. Sonrió mientras se acercaba. Los primates no eran los únicos que aprendían rápido.

Levantó sus orejas para oír mejor lo que estaba diciéndole su zorro.

–¿Puedes hacer una copia de esto? – preguntó Nick, a lo que el técnico afirmó como única respuesta –, quiero todo lo que se encuentra en esta computadora.

–Demorará una hora, aproximadamente. Son seis terabytes de información, nunca había visto tantos archivos e información en un solo lugar –respondió el técnico, conectando varios discos duros para pasar los datos del ordenador.

–¿Puedes buscar todo lo relacionado con "John Doe" por mientras? –inquirió el zorro.

–Supongo –respondió únicamente el programador.

Minimizó las ventanas emergentes, y tecleó el comando solicitado. Se registraron u una carpeta asociado una vez que la búsqueda rápida finalizó. Abrió el archivo y lo primero que encontró fue un informe detallado sobre los sujetos Nicholas P. Wilde y Judy Hopps. Ninguno de los dos oficiales dijo nada, recordando con amargura que el bonobo había sido el encargado de espiarlos por orden de la Corte, como confesó. Escuchó a Nick decir que ellos revisarían eso en la comisaría. Lo siguiente que encontró fue una carpeta titulada Proyecto Nuevo Génesis. El técnico clickeo allí, encontrando una gran cantidad de archivos, fotos, informes, planos… pero lo que más llamó la atención fue una especie de aplicación titulada "génesis . exe".

La ejecutó, y lo siguiente que se oyó fue el sonido de una puerta abrirse. Ambos oficiales se dirigieron con presura hacia donde se abría un nuevo umbral, camuflado como si fuese parte de la pared.

Cruzaron la puerta y una voz femenina pregrabada los recibió:

–Bienvenido, John.

El lugar estaba en ruinas. Tubos de ensayo rotos, papeles quemados o rajados. Parecía que allí había pasado un tornado. Y en el centro de aquella estancia, se hallaba un tubo de mayor tamaño, con forma algo ovalada, con algo dentro de él, flotando en un líquido color ámbar. Se acercaron con cautela, contemplando aquella extraordinaria muestra de ingeniería: el cristal asemejaba a una especie de huevo, sujeto por la base conectada al piso, así como la parte superior, la cual conectaba con el techo. El tamaño de ese huevo era de aproximadamente un metro de largo, por setenta centímetros de ancho. Parecía haber resistido un ataque, pues estaba trizado. Judy reconoció la marca: era el impacto de un proyectil, el cual aún se encontraba incrustado en él.

Lo observó con curiosidad, mientras Nick se acercaba a leer algo del papeleo sobreviviente, intentando descubrir cada uno a su manera que era aquello. En el centro, flotando, se halla una cosa que ella sólo pudo interpretar como un… ¿feto? Lo observó con atención. Sí, era un feto. Lo sabía por los libros de biología que había leído en la escuela, sin embargo, ¿de qué? No podía identificarlo correctamente porque ni siquiera estaba del todo desarrollado. Podía ser de cualquier especie mamífera.

Giró la cabeza hacia la derecha al ver una pantalla titilante, que solicitaba que fuese presionada. Ella hizo caso, y tocó la tecla de la pantalla táctil. Allí pudo leer lo siguiente.

Estado: fallecido.

Notó que la estructura no estaba dañada. Lo que había matado al feto era que alguien había cortado los soportes vitales recientemente. Tal vez llevaría un día, o dos, cuanto mucho, como una forma de vida que no se alcanzó siquiera a desarrollar. Sintió algo de pena.

–Zanahorias –escuchó a Nick, volteando a verlo. Sostenía unos papeles rajados entre sus patas, con expresión de gran confusión –… eso que está allí es un…híbrido entre conejo y zorro.

Un gran nudo se formó en su estómago. ¿Un híbrido? Volteó a ver al feto, consternada, para luego volver a mirar a Nick. No tenía forma de conejo, ni de zorro, a causa de su poco desarrollo. ¿Qué significaba todo aquello?

–Según esto – comentó Nick, notando la sorpresa de su pareja –, John de alguna forma consiguió unir en forma estable genes incompatibles… usando nuestro ADN.

–¿Qué? – exclamó Judy, totalmente desorientada.

–Usó cabellos – dijo Nick, intentando sonar sereno, fallando miserablemente en el intento –, al parecer… de cuando nos estuvo siguiendo. Debe haber ingresado a nuestros hogares en algún momento.

Claro. Cada vez que se cepillaban el pelaje, o mudaban el mismo, las fibras más viejas quedaban en los peines. Por eso, tan sólo había tenido que tomar el suficiente ADN, pero aquello significaba que el feto…

Giró con lentitud a ver al ser inconcluso que se encontraba flotando en aquél líquido ámbar. Tal vez eso funcionaba como la placenta de un vientre mamífero real. Sin embargo, ya no existía. En realidad, nunca alcanzó a existir, porque no se le fue permitido. Fuese que hubiera tenido vida o no, más allá de cualquier debate, aquella forma de vida había sido impedida de desarrollarse. Un hijo de Nick y mío.

–¿Tenía nombre? – preguntó, con voz entrecortada.

–Zanahorias, no es necesario que… –intentó argumentar Nick, pero una mirada de ella le hizo intuir que era mejor cooperar –. Ada. Se llamaba Ada…

Y así fue como ella comprendió que la Corte se las había arreglado para seguir dañándolos. No podía sentir amor o algo por un ser que nunca conoció, más lo que le dolía en realidad era la posibilidad, una posibilidad que había sido negada. Aquella criatura hubiese sido una hija biológica de ambos. Pero ahora ya no iba a existir. La primera cría híbrida entre conejo y zorro. Suspiró, obligándose a serenarse. Ella era un animal muy emotivo, pero no quería que ésa situación la sobrepasase. Nick debía estar afectado, seguramente, al igual que ella. Sólo que no lo demostraba abiertamente. Su lema siempre había sido no dejar que vieran que lo habían herido, pero sabía que en el fondo aquello lo había golpeado tan duro como a ella.

–Ven, Zanahorias –dijo apoyando una pata sobre su hombro, y depositando un tierno beso en la frente de su compañera –, volvamos al trabajo.


Quedan 97 horas para la noche más oscura

Muchas cosas sucedieron en las ocho horas que siguieron a aquella ajetreada jornada. Tras horas de haber estado revisando los archivos que descargaron del ordenador central de la Corte, hicieron un descubrimiento escalofriante: había una lista de animales que estaban señalados como objetivos prioritarios. Funcionarios públicos, jefes sindicales, estudiantes, figuras mediáticas, empresarios. Todas estaban señaladas por alguna razón por la Corte. Y tanto Nick como Judy sabían que eso no podía significar nada bueno.

–Leonzáles… Gazelle… incluso el Jefe Bogo se encuentra aquí – exclamó Judy con consternación.

–Y no hemos encontrado a James Lowell, o su cuerpo –murmuró Nick, cansado.

–Debemos presentar esto al Jefe Bogo – afirmó la coneja.

Imprimieron la lista de nombres. En realidad, eran archivos detallados con nombres, fotografías, y descripciones completas de los objetivos que la Corte había elegido. Tenían domicilios, lugares frecuentes, inclusive datos tan personales como los animales con los que se relacionaban. Incluso Mister Big figuraba en aquella lista.

Sin embargo, con aquello en su poder, ahora la Corte estaba impedida. Al menos, eso era lo que Nick quería creer. Pero sorprendentemente, Bogo compartía su punto de vista. Afirmó con seguridad que su mejor carta ahora era que sabían con cierta seguridad cuáles eran los planes de la Corte, pero lo mejor de todo era que tenían ahora al chimpancé que funcionaba como cabeza de la organización. No había cooperado en nada. No solicitó abogado, no quiso responder a las preguntas. No habló nada, en definitiva, al igual que los babuinos. Parecían haber firmado un pacto tácito de silencio. No valieron tampoco las amenazas ni los juegos mentales. El dilema del prisionero falló miserablemente, porque lo único que obtuvieron como respuesta cuando les dijeron que habían sido delatados por sus compañeros fue una sonrisa burlona. Los bastardos sabían que ninguno hablaría, y esa era su mejor defensa en esos momentos.

–Tarde o temprano esos primates tendrán que hablar –dijo Bogo, más como un pensamiento en voz alta que dirigido a sus oficiales –, pueden retirarse. Mañana tómense el día libre.

–¿Qué? – preguntó Judy, con sorpresa – ¿Por qué?

–Han sido días duros. Los necesito totalmente repuestos para pasado mañana –respondió con serenidad –, con lo que han dejado podemos avanzar. Ahora, retírense.

Ambos oficiales salieron, ya era de noche. Nick sabía que Judy se había tomado el caso como algo personal en ésos momentos a causa de todo el daño que habían recibido a causa de la Corte. De hecho, aun lo seguía recibiendo: cuando llegaron a la salida, se encontraron con una gran cantidad de reporteros esperándolos para asaltarlos a preguntas. La mayoría, sin embargo, ni siquiera tenía algo que ver con la investigación, o eran dirigidas intencionalmente para relacionarlos con su competencia profesional a causa de su relación.

¿Qué puede decir del caso? ¿Es verdad que han sido despedidos? ¿Cómo afecta su relación al caso? ¿Han consultado a psicólogos? ¿Consideran que dos interespecie pueden sostener una investigación de éste calibre? ¿Acaso la ZPD no tiene oficiales mejor preparados?

Eso fue demasiado. Nick tomó a Judy de una pata y la arrastró fuera de allí. Fueron asistidos por Franscine y McCuerno, para su alivio. Los dos mamíferos gigantes se encargaron de despejarles el camino hasta el estacionamiento para poder irse en el vehículo de Judy.

Ya en su apartamento, estacionaron luego de comprobar que no había nadie esperando para asaltarlos a preguntas. Entraron arrastrando sus patas, agotados física y emocionalmente. Nick abrió la puerta de su habitación para colgar con cierta dejadez su uniforme. Contempló a Judy, quien jugaba con su celular en la mesa del comedor. Seguía vestida con la ropa de trabajo, así que allí fue cuando comprobó que las cosas no estaban bien.

Nick no era bueno con las palabras de aliento, de eso estaba seguro. Pero cuando llegaba el momento, generalmente sabía qué decir, o cómo acompañar a su Zanahorias. A veces, las palabras no eran necesarias. Con eso en mente, se acercó hasta ella y tomó asiento a su lado, rodeándola con sus brazos suavemente. Ella siguió con la vista clavada en el teléfono.

–Nick…–dijo ella, sin mirarlo a los ojos–, hay algo importante que debo decirte.

El zorro asintió, disimulando muy bien los nervios que ahora estaban recorriendo su espalda. Miles de pensamientos cruzaron por su mente. Oh, esa coneja, si supiera el poder que tenían sus palabras sobre los demás.

–Soy todo orejas, oídos –se dio cuenta que los nervios le habían jugado una mala pasada, había cambiado el orden de sus palabras–, quiero decir, ¡Soy todo oídos, Orejas!

Judy lo observó y lanzó una tímida risita. Eso le quitó un gran peso de encima. Al menos su torpeza había servido para romper un poco el hielo, así como también para disminuir la tensión. La coneja se recargó sobre su pecho.

–Nick… haber visto eso en la guarida de la Corte…–él sabía a qué se refería, aun cuando su mente había estado obligándose a reprimir ese recuerdo– me hizo pensar en muchas cosas… una de ellas, es que no hemos hablado con mis padres.

Era cierto. Judy le había pedido tiempo. En eso habían sido claros: debían respetar los tiempos de cada uno. Ahora sin embargo, ella parecía estar considerando seriamente el decírselo a los Hopps. Tácitamente, estaba pidiéndole su apoyo en esa empresa.

–¿Quieres hablarles ahora? – preguntó Nick, acariciándole las orejas.

Ella alzó la vista. Esos enormes ojos violetas reflejaban muchas emociones juntas. Pareció pensarlo. Finalmente contestó, con un tono más animado, y con su característica sonrisa.

–Mañana.

Aquella noche, unieron sus cuerpos nuevamente, sintiendo las mismas emociones que habían estado presentes en cada uno de sus encuentros. Cayeron rendidos y durmieron plácidamente, alejando sus mentes de las inclemencias del mundo exterior.


Quedan 84 horas para la noche más oscura.

–Estamos en vivo desde las afueras del departamento que los oficiales Judy Hopps y Nicholas Wilde, la polémica pareja de policías que lleva adelante la investigación del asesinato de la exalcaldesa Dawn Bellwether, comparten –un canguro, el reportero, transmitía para toda Zootopia–. Fuentes anónimas cercanas a la policía han confirmado que los oficiales no fueron hoy a trabajar. Se especula que podrían estar suspendidos de la fuerza a causa…

Judy apagó el televisor con molestia. Todo eso era una mierda, ya era un acoso descarado. Nick no dijo nada, seguramente compartía su opinión, pero en esos momentos parecía estar más concentrado en desayunar su café acompañado por unas deliciosas donas que Garraza les había traído antes de irse al trabajo. Es un poco de dulzura frente a tanta amargura, había dicho luego de recibirlas.

–¿Quieres que hablemos con tus padres? – preguntó, mientras daba su último sorbo a su bebida.

–Estaba esperando que me lo pidieras –contestó ella, con sincera alegría.

Ella sacó su celular, buscando el número de contacto. Suspiró, dándose valor a sí misma. Marcó… Ring…Ring…Ring…la imagen de Bonnie apareció en la pantalla.

–¿Judy? – preguntó su madre, al otro lado de la línea–, ¡Oh, Stu! ¡Es Judy!

–¿Judy-Dudy? –preguntó su padre, apareciendo también.

Escucho a Nick repetir el apodo que le decía su padre, y le dedicó una mirada homicida que sólo hizo sonreír todavía más si cabe al zorro. Recordó de pronto la vez en que él había escuchado ese apodo por primera vez y estuvo burlándose de ella por un mes entero.

–¡Hola! – respondió ella con una gran sonrisa, con sus orejas en alto, decidida a ignorar los comentarios inoportunos de su compañero – ¿Cómo están?

–Nosotros bien, querida –contestó Bonnie, con su tímida sonrisa–, ¿tú cómo estás?

Ya lo saben, se dijo a sí misma. Conocía muy bien a sus padres, y sabía cómo se comportaban cuando estaban ocultando algo. Bien, no era conveniente adelantar las cosas.

–Yo bien, ustedes saben. Lamento no haberlos llamado antes, han sido días muy ocupados con el caso que estamos enfrentando ahora –sonrió, mostrando todos sus dientes. No debía mostrar que estaba nerviosa.

–Algo de eso hemos visto en televisión –comentó Stu. Esperaba eso, así que se obligó a sí misma a seguir sonriendo–, ¿está…Nick por ahí?

Okay. Eso había sido inesperado. Ella dirigió una mirada de sorpresa a su compañero, quien se incorporó de inmediato de su silla. Se peinó con cierta prisa el pelo algo desaliñado de su frente. Era una imagen graciosa de ver. Judy deseaba haber podido grabarlo en esos momentos. Se acercó hasta ella, respirando profundamente para darse valor.

–Señor Hopps, Señora Hopps – dijo el zorro, mostrando su mejor y más compradora sonrisa, apareciendo detrás de Judy.

–Muchacho –dijo Bonnie–, ¿Qué tal?

–Bien…yo…uh…desayunábamos a su hi…qué digo, desayu… ¡desayunaba con Judy! Sí, eso – tartamudeó mucho, sintiendo un gran impulso de golpearse a sí mismo a causa de su nueva confusión con las palabras. Esperaba que ahora eso no fuese a hacerse una costumbre.

–Vamos a tener que tener una seria conversación tú y yo, muchacho –dijo Stu, con seriedad, señalándolo con uno de sus dedos. Viéndolo, en cierta forma ese conejo recordaba a un pequeño cachorro de oso dado su tamaño. Un cachorro de oso muy enojado–, ¿cuáles son tus intenciones con mi hija?

Eso fue extraño, pensó Nick. Esperaba un regaño, un insulto. Pero no eso.

–Las más serias, señor –respondió el, con sinceridad.

Notó como la mirada del conejo a través de la pantalla lo estudiaba de cabo a rabo, intentando descubrir algún signo de mentira en sus palabras, o en sus gestos. No los había, era cierto. Pero ahora tenía que convencer a su suegro de que en verdad era así. Stu dio un sonoro suspiro, y por fin se relajó.

–¿Afectará esto…su relación… a su trabajo? – preguntó Bonnie, con notable preocupación.

Esperemos que no – contestaron ambos al mismo tiempo, aunque Nick decidió agregar algo que había estado sopesando durante un tiempo –, pero en caso de que se pueda a llegar a dar eso, presentaré mi renuncia. No quiero que el sueño de Judy se vea afectado.

–¿Qué? – exclamó Judy, mirando con sorpresa al zorro.

–Lo he estado pensando, Zanah…Judy –se corrigió Nick–. No quiero que tu futuro se vea afectado por esto. Pero tampoco estoy dispuesto a renunciar a ti, así que si debo hacerlo, me haré a un lado, al menos en el trabajo.

–¡Eso no será necesario! –exclamó Judy, tomando la pata de Nick con fuerza, repitiendo la frase como un mantra – No lo será.

–Esperemos que así sea, Judy –depositó un suave beso sobre su frente, aunque después se dio cuenta que había hecho una demostración de afecto explícita delante de los padres de su compañera.

Los observó expectante, y ellos solo se limitaron a sonreír. Finalmente hablaron, con decisión.

–Nos alegra ver que quieres a nuestra hija de esa manera, Nick –afirmó Bonnie, poniendo una pata sobre el hombro de Stu–, en verdad esperamos que todo salga bien y ninguno de ustedes se vea afectado por ello. Cuentan con nuestro apoyo, ¿verdad, Stu?

–Así es –afirmó el conejo, aunque dirigió una firme mirada al zorro–, aunque esto no te salvará de la charla que tú y yo debemos tener, ¿me escuchaste, muchacho?

–Firme y claro –respondió Nick, con su mejor sonrisa.

–Bien, debemos dejarlos –dijo Bonnie–. Te mandamos muchos besos, Judy. Y un saludo a ti también, Nick.

–¡Los amo! –respondió Judy, visiblemente emocionada– ¡Nos vemos!

–Nos vemos– agregó Nick, despidiéndose.

La llamada finalizó. Ninguno de los dos podía creer que los padres conservadores de Judy se hubieran tomado tan bien la noticia. Se abrazaron con fuerza, riendo y dando vueltas por la habitación como dos cachorros que acababan de recibir la mejor noticia de sus vidas. Sintieron que alguien llamó a la puerta, haciéndoles salir de su ensoñación. De hecho, se escuchaba mucho tumulto allí afuera. Habían estado tan concentrados en su conversación que se habían olvidado del mundo exterior. Nick fue a abrir. Nunca esperó encontrarse con esa postal.

–Oficial Wilde – dijo el alcalde Leonzáles, con tono solemne–, oficial Hopps. Tengo que hacerles un anuncio, ¿puedo pasar?

–Claro – respondió el zorro, haciendo a un lado, mientras el gran león entraba a su departamento, acompañado por la tigresa que los había sacado de la alcaldía.

–Iré al grano –comentó el león, luego de tomar asiento en una de las sillas, dirigiendo una disimulada mirada por todo el departamento–. He hablado ayer en la noche con el Jefe Bogo sobre la decisión que he tomado respecto a ustedes.

Nick tomó la pata de Judy con delicadeza. Estaba listo para decirle a Leonzáles que iba a dejar la fuerza para que ella no se viese afectada, pero el león no lo dejó siquiera hablar.

–Ambos coincidimos en que una forma de mostrarles apoyo público sería anunciar su ascenso a detectives. En base a las últimas evidencias y detenciones que realizaron, tengo que reconocer que estuve equivocado, por eso le pedí a Bogo que les diera el día libre, así de esa forma podíamos tener esta charla.

–¿D…detectives? – preguntó Judy, sin poder salir de su asombro.

–Así es, detective Hopps – respondió el león con una sonrisa de político –, es un procedimiento algo inusual. Pero dado el historial de ustedes, el ascenso estaba ya programado. Éste último caso sólo ha… acelerado un poco las cosas. Estoy al tanto… de los descubrimientos que han realizado –dijo, cambiando por un semblante más serio–, una gran presencia de armamento de fuego no es una buena noticia para Zootopia.

–No, señor. No lo es –negó Judy–, suponemos que si bien la Corte puede estar acéfala en éstos momentos, sigue siendo peligrosa.

–No lo dudo, detective – dijo el alcalde, levantándose de su asiento y dirigiéndose a la salida–, mañana por la mañana podrán recibir sus nuevas placas. Ya no será necesario que usen su uniforme, pero eso quedará a gusto de ustedes. Ahora, me retiro. Haré el anuncio a la prensa.

El león salió, dejando a los dos policías con una expresión de sorpresa. ¿Es que acaso las sorpresas nunca se iban a terminar? Nick pensaba que éste caso los había llevado a una especie de montaña rusa que bajaba y subía sus ánimos. Instintivamente, prendió la televisión. Allí, a la salida de su departamento, Leonzáles se había dispuesto a dar su entrevista, rodeado de algunos de los oficiales de la ZPD.

–Y así es como, en base al excelente trabajo que los oficiales Nicholas Wilde y Judy Hopps, primera pareja de oficiales zorro y conejo que la iniciativa de inclusión de mamíferos ha dado–se estaba dando el crédito, como era su costumbre. Nick sonrió con suspicacia–, ambos han sido ascendidos al grado de detectives. No más preguntas.

El león fue filmado mientras se retiraba, mientras se escuchaba la sinfonía que los reporteros creaban, entre sus preguntas y los flashes de las cámaras. El presentador comentaba asombrado el inesperado giro en los acontecimientos. Fue interrumpido por el alce que presentaba las noticias de la ZNN, anunciando que Gazelle había decidido tomar posición también, en una entrevista en vivo.

–Zootopia es la ciudad del progreso, donde todos pueden ser lo que quieran –dijo con su característico acento latino–, por eso es que siempre he apoyado las causas justas. Y no hay causa más justa que la del amor, el amor que puede ser libre, libre de prejuicios y miedos. Por eso, declaro mi apoyo incondicional a la pareja de héroes –enfatizó esa última palabra, haciendo emocionar a ambos policías– que ésta hermosa ciudad ha dado. Porque lo que quiero es una Zootopia donde verdaderamente cada uno pueda elegir qué es lo que quiera ser, a quién amar. ¡Nuestro único límite debe ser la imaginación, y no los miedos ajenos!

Nick estaba seguro que si Garraza estaba viendo eso en ésos momentos, estaría llorando igual que lo hacía Judy, quien lo abrazaba, hundiendo su cara en su pecho.

–Conejos, son tan sentimentales – dijo Nick, con delicadeza, mientras acariciaba las orejas de su compañera.


El resto del día transcurrió con relativa naturalidad. Les llegaron felicitaciones vía mensaje de parte de sus compañeros de trabajo. Garraza fue uno de los más animados, sacándose una foto junto a la pantalla de la recepción, donde mostraban una repetición de la entrevista de Gazelle, quien anunciaba su apoyo a la pareja. El guepardo rechoncho salía sonriendo y haciendo una "v" con su pata derecha. Incluso Bogo les envió sus felicitaciones, muy a su manera.

Felicidades por el ascenso. Estarán despedidos si llegan tarde mañana.

Cayendo la noche, Judy sentía como sus ojos se cerraban solos a causa del cansancio, sin embargo se enfrascaba con una terquedad inaudita en pasar por los diferentes canales de televisión. Era ya más de medianoche, sin embargo estaba feliz. Sus padres habían aceptado la relación. Sabía que debía habérselos dicho ella misma antes de que se hubieran enterado de esa forma, por medio de las manipulaciones de La Corte, pero lo hecho, hecho estaba. Realmente no había sabido cómo encararlo, no cuando su familia era tan tradicional. Y menos cuando la propia Zootopia, el faro del progreso, estaba reaccionando en forma tan contrariada a lo que había esperado. Sí, sabía que se arriesgaban al rechazo, pero nunca pensó que alcanzaría tales cuotas de odio. Pero debía reconocer que nunca espero el grado de manipulación mediática en el que incurriría la organización a la que estaban intentando poner fin.

El apoyo que habían recibido de Gazelle la había hecho sentir muy aliviada. Una figura de su calibre no iba a poder ser ocultada de la vista tan fácilmente por los medios, mucho más cuando la declaración de la cantante fue algo que tomó a todos los reporteros desprevenidos. Sin embargo, notó que el eco en las noticias había sido relativamente tenue. Lo pasaban como un hecho aislado, fortuito. Algunos medios más ensañados que otros, citaban la opinión de expertos psiquiatras, para que todos los insultos que habían recibido tuvieran ahora un fundamento científicamente comprobado.

Suspiró. Ellos eran sólo dos detectives que tenían el apoyo de algunas figuras: el Jefe Bogo, Gazelle, indirectamente, de Leonzáles… y de nula relevancia mediática como Garraza, sus compañeros del trabajo, los padres de Judy; aun a la distancia, significaba mucho para ambos. Pero seguía siendo un apoyo centrado en la esfera privada o profesional, sin mucho que hacer frente al monstruo mediático que tenía La Corte a su favor.

Y hablando de ello, notó con extrañeza que apenas sí habíase pasado algo relacionado a la gran detención que habían realizado. Sabía que aún quedaban miembros por atrapar de La Corte, tal y como habían dicho, pero en verdad estaba confundida. ¿Es que acaso la Corte se estaba cubriendo con alguna clase de blindaje mediático?

Cambió nuevamente de canal, y vio un comercial de un programa infantil. Sintió deseos de dejarlo allí. En cuanto el zorro saliera a decirle que era hora de dormir, seguramente se burlaría de ella por haber sintonizado eso.

Escuchó la puerta de su dormitorio abrirse, haciéndola voltear a ver: allí estaba él, arqueando una ceja y sonriéndole con esa mueca, vestido con su pijama para dormir. Antes de que pudiera contestar siquiera, una extraña melodía la hizo girar a ver el comercial. Una madre antílope acunaba a su pequeño cachorro, cantándole.

Estrellita…brilla ya…
me pregunto quién serás….
Estrellita… brilla ya…
me pregunto qué serás...

Aquello cayó como un balde de agua fría sobre los dos. Nick tenía las orejas caídas, tanto como su biología se lo permitían, mientras que las de Judy estaban en alto, completamente alerta. El comercial terminó, y sintonizó otro canal, luego otro, luego otro, comenzando a hacer zaping llegado a un punto. En cada canal estaba sintonizándose comerciales similares, que retomaban diferentes estrofas de la canción, pero la melodía era imposible que no fuese reconocida.

Cuando el sol se haya ido ya,

Cuando nada brille ya…

Entonces, fue cuando lo supo: La Corte seguía operativa, y estaban haciéndoselos saber a todos sus enemigos… pero sobretodo, a ellos. El desafío era claro: no pueden detenernos.

–Mañana debemos ir a ver la reportera –dijo Judy, con decisión–, esto está lejos de terminar.

Quedan 69 horas para la noche más oscura.


Nota del autor: El título del capítulo alude a que varios de los hechos fundamentales se han descubierto ya. Estamos a pocas horas de la noche más oscura, y la Corte ha demostrado estar operativa aún, pese a todos los reveces que ha sufrido al enfrentarse a nuestros héroes. Sin embargo, aquí hay algo que falta, una pieza clave. Me gustaría que intentaran averiguarlo, dejando sus teorías y demás. La pista fundamental está en la forma de organización de la oligarquía de los primates, algo a lo que ya me he referenciado en varias ocasiones en el fic y en éste mismo capítulo. Veamos si pueden descubrirlo.

Un único adelanto que debo decir: el próximo capítulo, titulado "Eclipse", intentaré subirlo entre semana. La razón de esto es que rindo un examen final pesado, así que una vez que lo suba recién podré actualizar hasta después del 1 de junio que lo rinda. Les pediré paciencia por eso, pero la espera se verá recompensada. Un saludo a todos.