Bueno, se me cae la cara de vergüenza porque he tardado tanto en actualizar, pero aunque mis excusas son muy pobres, pero muy validas, creo que en este momento no interesan... espero sepan perdonarme y creerme cuando digo que no lo volveré a hacer. Sin mas por el momento, disfruten.
Saludos a mis hermanas que las he tenido bien abandonadas... lo siento!
Disclaimer: Nada es mio, solo la historia... ya quisiera yo...
Vivan los Sly!
Enjoy!
EL PRECIO DE UN ERROR
Pansy se detuvo apenas de mandar la maldición cuando, en un movimiento completamente inesperado, la mano de Daphne se posó sobre su brazo, cambiando el objetivo. Le lanzo una mirada enfurecida, pero, puesto que estaba hablando con la reina del hielo en persona, no tuvo ningún efecto.
-¿Por qué me detuviste?-
-Porque así no vas a ganar nada, al contrario, lo único que vas a tener es un boleto directo a alguna celda de lujo en Azkaban-
Pansy suspiró, calmándose.-Tienes razón… es solo que esas tipas me sacan de quicio-
-Te entiendo… pero mejor tranquilízate y ven, vamos a ver qué es lo que están tramando esas dos-
Caminaron sigilosamente hasta adentrarse en la pequeña cafetería frente a donde ambas hablaban, buscando una de las mesas que estaban mejor disimuladas. Detrás de Chang, un pequeño muro falso disimulaba una mesa de dos plazas, donde ambas se sentaron, refugiándose detrás de las cartas de menú, atentas a lo que ambas decían.
-…acabo de recoger los exámenes, pero aún no he hablado con él, entiende que no es fácil decir algo así, sobre todo porque habíamos quedado en que había sido solo un encuentro casual, pero ahora… tu sabes la situación en la que estoy, y por supuesto no puedo cargar con esta responsabilidad yo sola…-
-Te entiendo querida, y no te reprocho nada, solo quisiera que me hicieras saber cuándo podré dar la grandiosa noticia… esto es algo que mis lectores definitivamente querrán saber…-
-Solo estoy esperando que conteste al mensaje que le he mandado, y en cuanto le diga la noticia, te contare cual fue su reacción…-
-Ya verás que será algo muy bueno, después de todo, los Weasley son conocidos por su aprecio hacia la familia, no querrán que uno de ellos ande rodando indefenso por ahí, sin contar que será traído al mundo fuera del matrimonio…serán lo que sea, pero recuerda que siguen siendo Sangre Pura-
-Así es… gracias por comprenderme, querida, yo sabía que tu si ibas a apoyarme…-
-Es lo menos que puedo hacer por una amiga…-
Las voces fueron perdiéndose en la distancia, mientras ambas mujeres se alejaban del café. Mientras tanto, dentro del mismo, Pansy y Daphne no dejaban de mirarse a los ojos, ambas habiendo atado cabos de inmediato, sabiendo a lo que se referían ambas mujeres.
-Está embarazada del Weasley…-dijo Daphne aun en shock.
-Si… bueno, esto lo cambia todo…-
-¿Debemos decirle a Millie?-
-Absolutamente… tiene que saberlo antes de que la noticia el tome por sorpresa… tenemos que estar ahí para apoyarla, esto la destrozara completamente…-
Daphne la miro fijamente, suspirando de pena, sabiendo que Millicent iba a sufrir por culpa de una mujer sin escrúpulos. Pero como en el pasado, cuando todo había estado en su contra, las tres iban a erigir un muro a su alrededor para que nadie pudiera dañarla nuevamente.
Pansy le sonrió, sabiendo lo que pensaba, sabiendo que, pasara lo que pasara, Millicent no iba estar sola. Dándole un apretón de mano, comenzaron a idear su próxima jugada, mientras degustaban el té de la tarde…
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La lechuza que llego hasta su ventana esa tarde le produjo una extraña sensación en el vientre, un horrible presentimiento abriéndose paso por su mente. Un poco más de una semana había pasado, pero las palabras de George se reprodujeron nuevamente en su cabeza. La carta le quemo los dedos, y el corazón se paró dentro de su pecho cuando leyó su contenido.
Cho le pedía una cita para hablar con él.
Y ya se imaginaba de lo que se trataría.
Quiso negarse, esconderse debajo de su cama como cuando era pequeño y no quería hacer algo que le desagradaba, pero ya no era un niño y tenía que comportarse como el hombre que aparentaba ser.
Quería creer que lo que estaba a punto de serle revelado sería una burda mentira para sacarle dinero, y estaba dispuesto a darle lo que pidiera, pero algo dentro de su ser, esa voz que al final lograba llevarle algo de razón a su dura cabeza, le dijo que si fuera cierto, no podría simplemente hacerse a un lado. El corazón le dolió al pensar en los hermosos ojos chocolate cubiertos de tristeza que lo habían mirado alguna vez, maldiciéndose por ser tan loco e impulsivo.
Esta vez, su dura cabeza le había hecho una mala pasada, y si sus sospechas resultaban ciertas, acababa de condenarse para siempre a una vida de completa insatisfacción y desamor.
Eso sin contar en lo que diría su madre en cuanto lo supiera.
Eso le daba más miedo que cualquier cosa que hubiera enfrentado en su vida.
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Las manos le temblaron un poco, los ojos se le humedecieron sin darse cuenta, las lágrimas bañando sus rosadas mejillas. Se sintió como entumecida, como si estuviera muerta en vida. Tal vez era la poción calmante, tal vez era que estaba demasiado acostumbrada a los golpes que le daba la vida que no le parecía una locura el recibir uno más.
A su espalda, Daphne y Pansy aguardaban su reacción, ambas mirándose entre sí con estupefacción cuando lo único que obtuvieron fue un doloroso y cansado suspiro.
-Algo así esperaba-musito sin fuerzas, sentándose en el banquillo frente al tocador, mirando a las dos mujeres que habían sido sus amigas desde que había aprendido a lanzar pequeños hechizos con su varita de entrenamiento.
Ambas la miraron en silencio, en ese silencio que todo lo dice pero nada revela, ese que acompaña y consuela, ese que solo sabe dar otro Slytherin.
-Les agradezco que me lo hayan contado antes de que se haga público, no quisiera haberme enterado por otra fuente y haber hecho algo inapropiado frente a Everett o alguien de su familia… no sería correcto-
Pansy se la quedo viendo, mirándola fijamente, viendo a la chiquilla que había sido, la niña gordita y pequeña que Blaise, Vince y Greg molestaban, la niña que había estallado en dolorosos sollozos, tirada en el suelo, mientras que los tres hacia una ronda a su alrededor, burlándose de ella. Draco y Theodore mirándola desde afuera, sin participar pero sin ayudarla. Como entonces, la sangre Parkinson se había encendido en sus venas y había querido patear a Chang y a Weasley como hace muchos años había pateado a esos tres, poniéndose frente a ella de pie, dispuesta a defenderla.
Solo que ahora entendía que la misma Millicent tenía que ponerse de pie por ella misma. Apretó con fuerza sus puños hasta que las uñas se le clavaron en las manos, hasta que los nudillos se pusieron tan blancos y crujieron, sonando fuertemente en el espantoso silencio. No se había dado cuenta de que había cerrado los ojos hasta que una mano gentil la tomo de las muñecas, abriéndole las manos para mirar el daño.
-No se puede hacer nada ya-dijo, mientras pasaba un paño impregnado por las pequeñas heridas-Si es verdad…-
-Millicent…-
-Si es verdad, y es su hijo, él se hará cargo, se casara con ella y le dará su nombre al pequeño. Como debe ser… como un Weasley lo haría-
-Después de todo, la familia es primero…-murmuro Daphne, mirando por la ventana al ocaso, el sol escondiéndose en el horizonte.
Millicent se secó las lágrimas, recomponiendo su semblante, mientras se miraba en el espejo.
-Everett vendrá a cenar… ¿Se quedaran?-
-Si… creo que hay un interrogatorio aún pendiente, ¿no Pansy?-
-Solo le aviso a Blaisie y las alcanzo-dijo la bruja morena, mientras ella misma se secaba la humedad de sus ojos.
Dio un último vistazo a su alrededor y siguió a las dos mujeres hacia el comedor.
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George se quedó observando a la bruja que salía por la entrada de la tienda, caminando como si tuviera su vida resuelta. No necesito saber nada más para darse cuenta de que sus temores se habían hecho realidad, y que, tal como le había dicho un día a Fred, la mujer había ido a buscar las ganancias de lo que había sembrado.
Suspiro negando apesadumbrado.
Fred se había hecho la cama así mismo.
Del otro lado del enorme piso de ventas, Angelina lo miro fijamente, sus labios apretados en un rictus de enfado tal, que estaba seguro que solamente se había contenido de cruciar a la bruja oriental porque no quería perjudicar al negocio.
-¿Lo hizo, no?-
George asintió desganadamente. No necesitaba haber estado en la habitación para saber lo que ahí se había hablado. Después de todo, solo era semántica. El ya sabía que Fred se haría responsable por el niño, y en respuesta a la enorme sonrisa con la que la mujer había salido del local, también iba a casarse con ella.
Maldijo por lo bajo, concentrándose en la figura que bajaba lentamente las escaleras, como un condenado que va a su ejecución. Basto solo con mirar sus azules ojos, completamente apagados, para saber que tenía razón. En su mano izquierda, un pergamino manoseado gritaba al mundo que un nuevo Weasley venía en camino. Se sintió tan triste al saber que la noticia que debió ser una felicidad para todos ellos, le había destrozado la vida a su hermano.
Lo tomo entre sus brazos, sintiéndole derrumbarse en cuanto el cerco se cerró a su alrededor, sollozando como hace mucho no lo hacía. Clavo sus ojos en Angelina, diciéndole con la mirada que se fuera a casa, porque eso iba para largo. Su mujer lo miro con la angustia en los ojos, caminando hacia ellos mientras se ponía el abrigo, cubriendo su enorme vientre en el proceso. Le dio un apretón en el hombro a su cuñado y salió de la tienda rumbo a su hogar.
Dentro, Fred se aferró más fuerte a su hermano, mientras George pensaba en que hacer a continuación. Por el momento nada importaba, solamente recoger los pedazos de su otra mitad…
