Capítulo 7: Evento

Cuando Ártica abrió su ojo al día siguiente, se tomó unos momentos para repasar lo que había sucedido la noche anterior. Cada escena que pasaba por su mente le hacía sentir cada vez más incómoda. Tampoco ayudaba el saber que su cabeza estaba apoyada en el costado de su Dios Guerrero, mientras que el brazo de éste cruzaba tras su espalda y se anclaba en su cintura.

Muy lentamente se irguió en su posición, observando la reacción del otro. No fue hasta que se enderezó en su totalidad que el joven se movió. Apoyando la barbilla en su otra mano, abrió uno de sus ojos para devolverle la mirada a su Sombra. La acción duró unos eternos segundos hasta que uno de ellos habló. –B-buenos días- dijo ella en un hilo de voz.

-Buenos días- replicó Fenrir, tiritando un poco con el fin de despertar sus músculos. Su brazo derecho, sin embargo, no se movió.

-Yo…- comenzó Ártica, consciente de esto último. -¡Yo…! G-gracias…-
Un rubor carmín pintó ligeramente sus mejillas. El joven bufó con suavidad. –Como dije, en este caso es el Dios Guerrero quien ha tenido que proteger a su Sombra- y no fue hasta que dijo esto que desenroscó su mano de la cintura de la fémina. Se puso de pie y ayudó a la otra a hacer lo mismo. Seguidamente se dio media vuelta para ir a su propia habitación. Ártica intentó, no sabía por qué, detenerlo pero tropezó con la pesada cobija que yacía en el suelo. Recogió el objeto, miró la puerta del espejo, nuevamente la cobija y se preguntó por qué la menor de las princesas le vino a la mente.

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A la hora del desayuno, ambos miraron con curiosidad la organización de los demás en la mesa, con cada Dios Guerrero con su respectiva Sombra enfrente. Fenrir y Ártica tomaron asiento entre Zeta y Eta. Reydar se notaba ansiosa. Una vez todos reunidos, Hilda aclaró su garganta. –Estimados acompañantes, les de comunicar una noticia que llena mi corazón de gran goce-

A sus palabras, dos personas sonrieron como nunca en su vida. –Es un gran orgullo y honor para mí anunciar que la Princesa Flare contraerá nupcias con el Dios Guerrero Hagen de Merak Beta-

A todos menos Siegfried y los ya mencionados los agarró un poco por sorpresa, pero después de un corto silencio la estancia irrumpió en aplausos y celebraciones a la pareja. Cada uno pasó a dar sus felicitaciones personales. Incluso Fenrir, aunque se limitó a medio sonreír en su dirección mientras Ártica les dirigía unas palabras. La boda ocurriría en unos meses, ahí mismo en el Palacio y los novios expresaron su deseo de invitar a Saori y los Santos de Bronce. Hilda aprobó con alegría esta sugerencia y le pidió a sus guerreros que por favor fueran como enviados para entregar la invitación personalmente.

Syd se ofreció de inmediato y no dudó en asignar a su hermano como compañero de viaje. El otro elevó las cejas. -¿Yo? Bien podrías dejarme ir con alguien más…-

-Podría, pero creo que necesitas un poco de tiempo lejos de aquí. Míralo como unas pequeñas vacaciones, porque no dudo que quieras probar el clima cálido de Grecia o tal vez el templado de Japón (la verdad no sé dónde están ubicados ahora…)- recalcó su gemelo con una dulce sonrisa. Y Bud sabía que lo decía con las mejores intenciones del mundo, por lo que no refutó más. Eso sí, la noche antes de su pequeña excursión, fue a la habitación de Fenrir. Tocó con la suavidad suficiente como para que Ártica no pudiera escuchar el sonido y esperó a que le abrieran. El furtivo ojo de Fenrir se asomó por una hendija. -¿Qué quieres?-

El gemelo no pudo más que suspirar con una sonrisa. Ciertamente se había ganado tal hostilidad. –Sólo quiero decirte algo, pero me sentiría mejor si me dejaras pasar-

-No- dijo el otro al cerrar la puerta. Bud se sorprendió cuando al tocar por segunda vez, Fenrir le abrió. –Ya te dije que no, no insistas-

-Tengo qué, es algo importante- y aunque esto no convenció al joven lobo, lo dejó pasar. Fenrir se acostó en la cama con los brazos tras la cabeza y un amenazante Jin a su costado. –Habla rápido-

-Sí, sólo me tomará un minuto- dijo, cerrando la puerta tras de sí. –Sencillamente quería decirte que quiero que aproveches el tiempo que estaré de viaje-

-Oh, lo haré. Cualquier día que no te tengo que ver la cara es un día de gloria- le escupió el otro con simpático desagrado, de ese que solo sale cuando de verdad lo sientes.

Bud frunció el entrecejo y sonrió, esforzándose por no tirársele encima para ahorcarlo. –Lo digo principalmente porque cuando regrese, daré mi 120% para ganarme de manera definitiva el afecto de Ártica-

-Bla bla bla bla- replicó el joven de cabello plateado al girar los ojos en sus órbitas.

-Y te lo digo ahora- continuó el gemelo, ahora luchando con su deseo de sacarle los ojos. –Porque de ganármelo, significará que el afecto "de amigos" que ella te dedique a ti se verá bastante reducido. Eso es todo lo que quería decir- concluyó.

Fenrir elevó las cejas al verlo desearle buenas noches e irse de la habitación. –Jin… ¿es… es eso cierto?- preguntó con un fingido desinterés. El lobo dejó escapar un ligero gemido que sonó como un "hm" pensativo. Ambos se fueron a dormir con muchas cosas en qué pensar…

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Durante dos semanas (una más de lo esperado gracias a la buena voluntad de Saori y sus Santos), el Palacio Valhalla se vio sin la presencia de los Gemelos Zeta. Las Sombras se tomaron la molestia de darse vacaciones y no entrenar mientras Bud estaba fuera. Ártica, por ejemplo, gustaba de salir a cazar. Fenrir la acompañaba a regañadientes pues había concluido que Bud tenía razón y probablemente era mejor aprovechar el hecho de que alguien le prestara atención a dejarlo escaparse de sus manos. Sin embargo, todavía le era muy difícil compartir su tiempo con alguien. –Dispara más rápido o se va a ir volando-

-No es mi primer día, ¿sabes?- le contestó la otra, apuntando con paciencia a un ave cercana.

-Yo ya me la estaría comiendo-

-Fenrir por favor, déjame hacer esto a mi manera-

El joven de cabellos plateados giró los ojos en sus órbitas y se cruzó de brazos. Unos segundos más y la flecha atravesó al ave justo en el corazón. Fenrir elevó ligeramente las cejas pues le sorprendía la excelente puntería de su Sombra, pero era demasiado pedirle unas palabras de apreciación. -¿Ya?-

-Sí, ya- dijo la otra, algo cansada. Aseguró el arco en su espalda mientras recogía el premio del día. –Se ve bien rellena, de seguro sabrá delicioso-

-Tal vez, pero yo la veo pequeña. Sería más provechoso un ciervo-

-Sí, pero no me gusta cazar cosas grandes. Es muy tedioso llevarlo de vuelta por mi cuenta…-

-Bien, entonces la próxima vez tú vendrás conmigo, y aprenderás otros métodos de cacería-

La Sombra asintió, pero el recuerdo de la mañana después de la tormenta le erizó la piel y un rubor apenas perceptible pintó sus mejillas. –S-sí…-

Una vez de vuelta en el Palacio Valhalla, Ártica dejó su presa en la cocina. Su Dios Guerrero se había ido directamente a su habitación, así que se dispuso a hacer lo mismo, pero un siervo la detuvo. –Sombra de Alioth Epsilon, la Señorita Hilda le ha convocado a usted y a todos los demás guerreros a la Sala del Trono-

-Oh, iré de inmediato- respondió ella y se dirigió inmediatamente al lugar asignado. Ahí ya estaban congregadas las demás Sombras y pasó poco tiempo para que todos los Dioses Guerreros arribaran. Una vez completos, la Princesa de Asgard se puso de pie. –Queridos jóvenes, para mañana está programada la llegada de la señorita Saori Kido, Athena, a nuestras tierras. Con ella vendrán los Santos de Bronce para asistir a la boda. Por eso me gustaría pedirles algunas cosas-

Los presentes asintieron, atentos. –Baldur, Syd, por favor ayuden a Hagen en las preparaciones que tiene en mente. Estoy segura de que agradecerá su ayuda para esta fecha tan especial-

-Por supuesto, Señorita Hilda- contestaron ambos cuando se colocaron al lado de Merak Beta.

-Bjarna, Reynar, les encargo ayudarle a mi querida hermana Flare con sus propias preparaciones. No me sorprendería saber que ya tiene trabajo para ustedes- dijo, con una sonrisa. Las aludidas asintieron y se retiraron a la habitación de la menor de las princesas.

Uno por uno les fue asignando una tarea, hasta que finalmente sólo quedaron Fenrir, Siegfried, Bud y Ártica. –Ustedes, queridos jóvenes, serán los encargados de entretener a nuestros invitados y asegurar que se sientan como en casa-

Bud torció los labios tratando de ocultar una sonrisa. Se acercó a la Princesa y en voz muy baja le murmuró. –Señorita Hilda, ¿es Fenrir realmente la mejor opción para esto? Es decir, todos sabemos que socializar es algo a lo que no está muy acostumbrado…-

Hilda puso su mano en la mejilla de Alcor Zeta y sonrió. –Bueno, Bud, me temo que no va a mejorar si no lo echamos una mano. Además, por eso les dejo esta tarea a cuatro de ustedes, y no sólo a uno. Es necesario que trabajen en equipo con esto, Athena y los Santos de Bronce no serán los únicos que asistan a la boda- terminó, dio media vuelta y salió de la habitación tomada del brazo de Siegfried.

Fenrir se sentó con las piernas cruzadas en el piso, justo en frente del gran fuego azul que siempre ardía en la Sala del Trono. Ártica intercambió algunas palabras con él y luego partió a quién sabe dónde. A Bud no le importaba, pero para cuando se dio cuenta, le estaba preguntando a Fenrir qué estaba haciendo. El joven de ojos ambarinos lo miró de reojo apenas unos segundos antes de responder. –El fuego me reconforta- es todo lo que dijo, y se sumió en una intensa y silenciosa observación de la llama que ardía frente a él.

Más tarde, mientras leía el viejo libro que sus padres le enviaron, Ártica escuchó pasos en la habitación de junto. Apenas unos segundos después, Fenrir entró sin tocar y se acostó al otro lado de la cama con los brazos tras su cabeza. Jin no lo acompañaba. La Sombra apenas tuvo tiempo de reaccionar, así que mejor respiró profundamente y cerró su libro. -¿Te pasa algo?-

Alioth Epsilon se acostó de lado, dándole la espalda. -¿Por qué tengo que ser yo el que entretenga a esas personas?-

La joven ladeó la cabeza. -¿Y por qué no? Creo que demuestra la confianza que te tiene la Señorita Hilda…-

Fenrir levantó ligeramente la cabeza ante su respuesta, pero se volvió a acomodar de inmediato. –Yo no… Tengo un mal presentimiento sobre todo esto-

-Pues, no sé si sirve de algo… pero puedes contar conmigo para lo que necesites-

Su escucha no se movió, pero sintió como su interior se estrujaba un poco. Esa enfermedad de la que habló la Señorita Hilda parecía ser intermitente. Con todo y todo, se sentía un poco menos desanimado. –Léeme algo de ese libro. Tal vez cuando encuentran a la Reina del Hielo y la Tierra…-

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El día estaba despejado y la pálida luz de sol incluso alcanzaba a descongelar algo de la nieve. Afuera del Palacio aguardaba un carruaje con un cochero y cuatro caballos aparte, listos para partir. Los cuatro designados de la Princesa vestían las sencillas y holgadas pero elegantes ropas típicas de Asgard con un cinturón, debajo de un grueso manto caliente y protector. En el manto de cada joven estaba el escudo de armas de su familia (como las espadas entrecruzadas bajo las cabezas de lobo de Fenrir, o la desafiante cabeza de tigre vikingo de Bud), pero como Ártica no era de familia noble, la suya, blanca como la nieve que los rodeaba, mostraba el escudo de armas de la Familia Real.

Fenrir hubiera preferido ir caminando, considerando que la última vez que cabalgó fue en compañía de sus padres, pero el camino hasta la bahía y su pequeño puerto era muy largo y no lo que quedó más que montar su caballo. A medio camino, Bud cabalgó hasta el lado de Ártica y le murmuró algo. La otra volteó con una cara de incredulidad y presionó los costados de su animal con los tobillos. Inmediatamente comenzaron a galopar y pronto se perdieron entre los pinos nevados.

El joven de cabellos plateados volteó hacia Siegfried y lo vio sonriendo. -¿No vas a unirte a su estúpida carrera?-

El castaño le devolvió la mirada. –No, el punto de que cabalguemos en lugar de ir dentro del carruaje es para resguardarlo. No deberían andar correteando por ahí, pero supongo que de ida no es imperativo que estemos los cuatro aquí-

Fenrir volteó hacia el frente, pero siguió mirando a Siegfried de reojo. Sin duda su nombre que le calzaba como anillo al dedo. Valiente, honorable y de una lealtad sin igual, no era sorpresa que fuera el líder de los Dioses Guerreros. Si los rumores eran ciertos, los próximos en casarse serían él y la Princesa Hilda. Alioth Epsilon se rascó la barbilla perezosamente. Ojalá no fuera pronto; todo el ajetreo de la boda de Flare ya lo tenía agotado y ni siquiera se había llevado a cabo.

Justo fuera de las murallas del puerto, los esperaban las dos Sombras que hacía algún tiempo los habían abandonado. El carruaje y los caballos quedaron ahí mientras los cuatro iban a recibir a sus invitados a pie. De uno de los más grandes barcos que jamás habían visto bajó Saori Kido, la diosa Athena de esta era. Venía envuelta en los más gruesos abrigos imaginables, acompañada por tres hombres. Bud ladeó la cabeza. –Ésos no son los Santos de Bronce-

Siegfried y Fenrir asintieron antes su comentario. Los tres hombres no vestían abrigos ni ropa en general. Sus cuerpos estaban resguardados por tres armaduras de oro, cuya impecabilidad era tal, que los débiles rayos de sol reflejados en ellas se intensificaban cien veces. Saori bajó la capucha de su abrigo con una sonrisa. –Dioses Guerreros de Asgard, me es muy grato verlos de nuevo-

Los cuatro jóvenes del norte se arrodillaron frente a ella y Duphe Alpha besó suavemente su mano. –Es un honor para nuestro humilde país recibirla nuevamente, diosa Athena-

-De pie, valerosos guerreros- dijo, y ellos obedecieron. –Supongo se preguntarán quiénes son los tres que me acompañan, que no corresponden a los Santos de Bronce que esperaban. Este gran hombre, tanto en cuerpo como en corazón, es Aldebarán de Tauro-

Bud dio un ligerísimo respingo, porque a él si lo recordaba. Era muy difícil olvidar a un hombre de piel tostada por el sol con una presencia tan imponente. Y haberlo atacado por la espalda, claro…

-El protector de la Octava Casa, Milo de Escorpión- siguió, señalando a un hombre de cabellos azulados. –Y finalmente Aioria de Leo, hermano del legendario Aioros de Sagitario. Me han hecho el favor de acompañarme en este viaje, pues los Santos de Bronce necesitaban todavía unos días más para poder emprenderlo ellos. Llegarán en unos días, estoy segura-

Intimidantes, sin duda, aunque Fenrir no pudo evitar notar que el llamado Milo parecía estar ahí por deber y había algo de melancolía en sus distantes ojos azules. Le dio poco importancia y siguió al resto hacia el carruaje, precedidos por Athena caminando del brazo de Siegfried. Fenrir también notó que esa joven emanaba una reconfortante aura en cada paso que daba.

Una vez acomodados los invitados en el carruaje (con alguna dificultad para Aldebarán de Tauro), emprendieron el viaje de regreso. Bud se veía con ganas de hacer otra carrera, pero Siegfried lo reprendió al instante. – Bud, yo soy líder de los Dioses Guerreros y tú de nuestras valerosas Sombras. Me entristece tener que recordarte que debes dar el ejemplo y cumplir con tu deber, que en este caso es escoltar a nuestros invitados-

El gemelo se notó fastidiado, pero acató sin chistar y se colocó al frente del carruaje, en el flanco derecho. Siegfried se colocó en el izquierdo, mientras que Ártica y Fenrir cerraban la marcha en la parte posterior. Durante el viaje, la Sombra se acercó un poco a su Dios Guerrero. -¿Crees que sus armaduras realmente sean de oro?-

-Supongo…-

-Bud una vez me dijo que los Santos de Oro son los más poderosos de los guerreros de Athena-

Al llegar al Palacio, las Princesas estaban esperando el arribo del grupo y se deleitaron de ver a Saori Kido de vuelta en sus tierras. Saludaron cordialmente a los tres hombres que la escoltaban y los invitaron a acompañarlas a cenar. Ellos, Siegfried y Hagen se sentaron en la mesa principal, mientras que el resto de los Dioses Guerreros y sus Sombras en una secundaria.

-¿Ya viste a los acompañantes de la Señorita Saori?- murmuraba Reynar desde su asiento, mirando de reojo al castaño llamado Aioria. –Estos sureños son todo un deleite visual-

-Sin duda contrastan mucho con nosotros, todos tostaditos por el sol mientras que acá somos una pila de paliduchos- replicó Bjarna, más interesada en el más alto de los tres Santos.

-Espero podamos bailar con ellos durante la celebración…- agregó la Sombra de Benetasch Eta. –No te escucho opinando sobre ellos, Ártica-

A medio camino de un muslo del ave que cazó el día anterior, la aludida levantó la mirada. –Pues, está bien, supongo-

Reynar entrecerró sus ojos, exasperada. -¿Supones? ¿¡Los escoltaste hasta acá y apenas supones!-

Ártica se encogió de hombros y siguió comiendo, para deleite y confort de su líder Sombra y Dios Guerrero, respectivamente. Una vez finalizada la comida, los cuatro anfitriones designados guiaron a los invitados del Santuario hasta sus habitaciones. Saori Kido tendría una habitación cercana a las de las Princesas, y el Santo de Escorpión, apenas dos puertas más allá.

Ésos eran los encargados de las dos Sombras, así que se fueron del sector norte del Palacio juntos. Sin embargo, cuando debían partir sus caminos, uno para el este y la otra para el oeste, Bud tomó la muñeca de Ártica para evitar que se fuera. -¿Pasa algo?-

Alcor Zeta no estaba muy seguro de cómo explicárselo. –Ártica yo… eh… te traje algo del sur- logró decir al fin, sacando algo de su abrigo. Era una pequeña bolsa de terciopelo y en su interior había una delgada cadena con un pendiente en forma de ciervo. -¡Ohh…! ¡Muchas gracias, Bud, es muy hermoso!-

El gemelo le dedicó su mejor sonrisa. –Me alegra que te guste, me tomó mucho tiempo decidir cuál sería el que más te agradaría…-

-Ah, te haces problemas solo. Cualquier cosa hubiera estado más que bien-

-Tal vez, pero esto debía ser especial, porque es para una persona especial…-

Esto hizo que Ártica despegara la mirada del regalo y la clavara en Bud, no del todo segura de qué quiso decir con ello. No dijo nada, pero el ladeo de su cabeza hizo que el otro se pusiera más incómodo. Ahora definitivamente le estaba siendo imposible decir algo más. Ya que Bud no articulaba frase alguna, la Sombra de Alioth Epsilon tomó la palabra. –Bueno, buenas noches, Bud. Ha sido un día muy largo y…-

Pero no pudo terminar, porque el gemelo nuevamente tomó su muñeca. Sin embargo, fue un movimiento algo más fuerte que incluso los dejó uno frente a otro. Antes de que ella pudiera decir algo, Bud de Alcor Zeta estrujó su cuerpo contra el suyo y plantó sus labios sobre los de ella, con una pasión que, Ártica no dudaba, había estado ardiendo desde hace tiempo.

Escudos de Armas:

Syd/Bud: .

Fenrir: .

Hilda/Familia Real: .

Al menos soy constante en que la historia se acabe… aunque me tome años lograrlo XD