Antes que nada gracias por darle al click y pensar en leer este fic, cualquier critica constructiva es aceptable siempre y cuando sea con el debido respeto y si tengo suerte con este fanfic y me dan reviews contestaré de inmediato, ¡espero les guste tanto como a mi me gustó escribirlo!.
CRÉDITOS: Shingeki no Kyojin y sus personajes no me pertenecen, si no a Hajime Isayama, creador del TAN ROMPE KOKOROS CAPÍTULO 77 DEL MANGA. (No al spoiler, pero si a la libertad de expresión, por ello diré que...Es injusto, pero razonable)
NOTA: No es que me crea gran cosa pero se de casos en los que te plagian el fic, así que agradecería que no lo atribuyan como suyo y si lo usan me den crédito, muchas gracias...Mi saludos y disfruten.
Si ahora un director de películas estuviera buscando el paisaje ideal para un rodaje, podría alquilar su estancia por algunas horas. Era una belleza, donde el ocaso atrapaba la mirada de cualquiera que allí estuviese. No era de extrañar que esos ojos verdes observaran con mas entusiasmo que el de una persona normal tan bella puesta de sol. Lo admitía, ese cuadro de ensueño que formaba parte de casi el dia a dia, seguía promoviendo su magia a todas partes del mundo. Ese suicidio temporal de la enorme estrella frente a ellos era un espectaculo que nunca pasaría de moda, que brindaba con naturalidad casi mística una calma temporal, porque vendría la noche, el tiempo de descanso, ese íntimo momento en donde los ojos se rendían y el mundo de los sueños te acurrucaba entre sus mantas. Si, sería muy calmo, pero aquel mocoso siempre debía hablar, nunca podría dejar su lengua en paz, o simplemente admirar aquella escena en total silencio. Tenía que romperlo, tenía que desquebrajar la armonía con algún ápice de su voz. Pero no lo juzgaba, después de todo puede que esas interrupciones, o el animo entusiasta al hablar, sea su dinámica de distracción.
-¿Sabes quien mas ama los atardeceres?- Preguntó a modo de juego misterioso de adivinanzas, mientras sus pies colgaban y jugaban a balancearse libremente. El castaño amaba charlar junto a sus amados ocasos.
No respondió, no había tiempo. Bueno, si...Pero ¿Acaso apartar una hora a solas con la llegada de la noche no era una mejor opción?, su agenda estaba apretada en aquel momento, pero tampoco iba a callarlo, no había necesidad de ser tan tosco con alguien que aun conservaba su niño interior y esperanzas. Exacto, no había que matar a esas esperanzas de seguir empeñandose en colocar una sonrisa aun con una enfermedad terminal a cuestas. El sabía de enfermedades terminales, te consumian, te deboraban cada ápice de humanidad, hasta degradarte en un simple cascaron vacio con la única salida de partir, irse lejos, perderse en dolor y pensamientos sombríos. Claro, mas tarde pudo comprender, que al igual que su madre, el se apoyo en el amor que le tenia a sus tesoros, a sus personas especiales, de allí, con fuerza, con arraigo, sacó las fuerzas y coraje para luchar con garras de acero por su vida, por una vida digna.
-Mi hermana, Mikasa los ama. Igual...Nunca lo va a admitir.- Rió con cierta rendición. -Al igual que no va a admitir muchas otras cosas.
Tomó una gran cantidad de aire. Era molesto pensar que sus pies, debido a su corta altura, podrían colgar mas que los del mocoso. Entrecerró los ojos y reflexionó. El tampoco podría admitir que ama los atardeceres, como muchas otras cosas mas. ¿No era eso común en los humanos?
-Ella es especial.- Declaró con orgullo. Su sonrisa se ensanchó, y los pies se volvieron mas eufóricos, parecía querer volar a base de patadas alegres.
-¿Especial?- Preguntó sin pensar.
-¿Sabes?, estoy en esa inevitable etapa en la que vuelvo a reflexionar sobre todo, justo al final de mi vida. Ella es una de esos factores...Y cuando vuelvo a pensar, noto que ella es especial.
Eso no respondía a su pregunta. Bufó por dentro, por empezar, realmente no sabía el porque preguntar tal estupidez. ¿Que le importaba si esa tal muchacha llamada Mikasa era especial? ¿Que podría tener de excepcional?, todos obviamente iba a admitir, tenían un talento, pero resulta que aquel talento pueden tenerlo cientos mas. Si no poseias poderes mágicos, que no tenia nadie en el mundo, entonces seguías siendo un mediocre. Un mediocre de cinco estrellas, quizá uno que resaltaba un poco de entre el resto, con un poco de color de entre todo el gris, pero al fin de cuentas en eso estaba: La mediocridad de siempre.
-Ella ha soportado tanto...- Dijo en un suspiro, continuando con lo que ya parecía un monólogo. -Es fuerte.
-¿Dime a que viene todo esto?- Preguntó al borde de la molestia.
La sonrisa del contrario a pesar de la acidez que usó en su pregunta, lo descolocó. Esos ojos verdes esta vez lo miraron de forma directa, y con una felicidad resignada que le parecía patética.
-La culpa...A eso viene.
-Mocoso, vas a morir, ¿Tiene sentido pensar en ello?
-No.- Sentenció mientras sonreía ya acostumbrado a los crueles y toscos comentarios del contrario.
No respondió, no había nada que responder.
-Mikasa algún día va a llorar.
-¿Que?
-Si Levi, ella va a llorar.
-Enserio que no entiendo tus conversaciones enredadas.
-Ponte en su lugar, Levi.- Pidió. -Perdiste todo y entonces...Pierdes algo mas, ¿La tercera es la vencida con cosas tan importantes como los seres queridos?, claro que no. Yo debería de decirle lo que me pasa, pero...
-Pero nada.- Cortó. -En vez de lamentarte, levanta el trasero y ve, díselo.
-No va a llorar delante mio.
Levi percibió cierta sorpresa en si mismo.
-En realidad, no va a llorar ni estando sola, sus duelos son...Peculiares.
Algo lo hizo rememorarse en esas tantas situaciones en las que debió ser una persona normal y arrojar algunas lagrimas, mas nunca lo hizo. Quizas si ese castaño no mentía, tal mujer era una persona a conocer, en alguna ocasión de la vida tal vez, porque alguien que pintaba a ser tan igual a el, era un montículo de curiosidad llamando a ser descubierta.
-Es terca, tan terca. Debe sentirse incomprendida, ya sabes, así como tu.
-Tch, ¿Como yo, dices?
-Si, parecieran cortados por la misma tijera.- Se bajó de las cercas que delimitaban el campo de la estancia. Sus pies hicieron un agradable sonido al pisar el seco pastizal amarillento que con los tonos regalados por el sol, parecían ser pequeños vástagos de oro. Luego, contradiciendo a sus ojos cautelosos, su cuerpo se arrojó con confianza a abrazar aquel cuerpo aun sentado en la valla.
-¿Porque te empeñas en compararme con tu hermana?
-Jajajaja...- Rió de forma pícara. -Quien sabe, ¿Quizá porque son exactamente iguales?
-No lo creo.
-Mmmm...- Se colocó con un semblante pensativo frente a su pareja conseguida por lástima. -No va a llorar.- Repitió. -No al menos por un largo tiempo.
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-¿Mikasa?- Preguntó desde el otro lado de la puerta. -¿Mikasa?
Había sido un día complicado, desde aquel momento en que dijo "Iré a limpiar la habitación de Eren", el único lugar que no había sido despojado aún de todos los objetos que pudieran traerle recuerdos del castaño. Con pensar que ya solo esas cuatro paredes de algún color le recordarían todo, y que aún vaciandolas de cosas que estarían seguramente colgadas en ellas, sentía las memorias agolparse como yunques, estaba algo...Inquieto. Golpeó otra vez la puerta, de donde provino todo el estruendo. Pareciera un búnker de la Segunda Guerra Mundial a punto de explotar. Identificó el sonido de la madera siendo estrellada, luego los tan conocidos vidrios romperse. Claro, o estaba haciendo percusión con las cosas, o le había dado un evidente ataque de furia.
Aún recordaba como había de iniciado bien la mañana. Bueno, para el le bastaba con que no hallan cosas nuevas, para decir que era un buen inicio del día. Porque habían platicado normalmente, trenzandose en alguna que otra amena conversación, de esas que comenzaban a obtener luego de su pacto de tregua. Parecía todo marchar bien, pero el destino, o lo que mierda sea, quería con claras intenciones jugarle en contra.
-Te lastimarás.- Aseguró.
Suspiró, no sabía el porque, pero se sentía absolutamente molesto, se excusó a si mismo diciendose que el motivo debían ser los ruidos molestos, o la increíble suciedad que estaba haciendo seguramente en una habitación de la casa que el ahora habitaba. No era así. Otro "crash", se sintió, esta vez contra la puerta en donde el estaba apoyando ideando planes para calmarla.
-Te lastimarás.- Repitió, para luego agregar. -Más de lo que ya estás.
Y no, no se refería físicamente.
El ruido se detuvo, e intentó abrir la puerta, a sabiendas de que algo podría estrellarse con ira de manera inminente contra su cabeza en un abrir y cerrar de ojos. Bloqueada. Si, la puerta estaba completamente cerrada. Forcejeó, hasta que su propia ira iba en aumento cuando la manija de la puerta le inhabilitaba aún mas el acceso al interior. La pateó, una simple patada de él bastaba para abrir cualquier cosa.
-Mika- Las palabras se le quedaron en la boca.
Inusual. Así describía a sus propias sensaciones.
Todo sucio, gran motivo de enojo. Todo destruido, gran motivo de frustración. Todo desperdiciado, gran motivo para dar un sermón de aquellos. Gran tristeza, una que llegaba a algún rincón desconocido de el mismo que no sabia explicar, gran motivo de reprimir todos los sentimientos anteriores.
-Es un mentiroso.- Dijo por primera vez en lo que llevaba de destrucción personal. -Lo es.
-Vámonos de aquí, debo limpiar todo este desastre.
-¡LEVI!- Gritó ella, de espaldas a él, parecía no querer darle la cara y por ahora el estaba decidido a respetar eso.
Hicieron silencio, la vió tomar otra cosa, una silla que con gran fuerza, una sorprendente y en otro momento hasta admirable fuerza, la rompió contra la pared en millones de astillas.
-¡AMO A UN MENTIROSO!- Exclamó. -¡Se acostó contigo!, ¡Hace dos años viene luchando contra el cáncer!, ¡Carla tambien ha muerto de eso!, ¡Era hereditario y nunca me lo dijo!, ¿Como puede tener el descaro de...- Hizo una pausa, con la voz al punto de quiebre. -¿De escribir esas cosas...Tan bochornosas?
-Acaso tu...
-¿¡Y qué!? ¿Que hay de malo en leer el diario de un muerto, eh?
-Mocosa, conmigo deberías aprender a calmarte.
-¡Entonces vete!, ¿Quien mierda te ha dicho que entres?
Cerró la boca. De la rabia, el corazón le latía en el pecho a mil por hora. Miró de cerca la destrucción, la evidente lectura del diario intimo no hacia mas que confirmarse, mas al ver ese pedazo de tapa roja y candado violado sobre la mesa caoba que aun por extraña suerte incierta, estaba intacta y sin ni un solo rasguño.
-Me rompió.- Confesó luego de lo que fue un enorme silencio.
-¿Y llorarás por eso?- Preguntó recordando aquellos tiempos, en los que ese mocoso castaño y de mirada esperanzada hablaba de la fortaleza y terquedad de su hermana.
Ella volteó a verlo.
El no hizo nada.
¿Que iba a realizar ante una mirada tan vacía?, de repente un negro tan profundo lo ahogaba en la oscuridad.
-Claro que no.- Puntualizó en lo que era una rotunda decisión. -Simplemente...Este es mi berrinche personal, en el que no deberías meterte. Después de todo eres otro mentiroso.
-¿De que hablas?
-Lo obvio, que le has echo creer a mi hermano que estaban en una relación, que nunca existió.
-No es mentir.
-¿Qué?- Preguntó indignada.
-Que eso no es mentir, mira mocosa, las explicaciones se las debo dar a alguien que está ya muerto, no a ti...Pero supongamos que haré una pequeña excepción para que entre en esa cabeza tuya.
Ella quedó de una pieza, y la vio tomar el borde de la enorme mesa caoba. Estaba consciente de que en cualquier momento se la tiraría, su mirada lo decía en cada parpadeo: Los minutos para intentar destrozarlo como una fiera estaban contados. Por supuesto, no tuvo miedo, pero admitió muy secretamente, que esa imagen, esa fuerza e ira incontrolable, eran hasta algo cautivadoras, una sensación de querer domar a la bestia, porque en el fondo, esa criatura era un fiel reflejo suyo, ¿Cuantas veces ha destrozado alguna que otra cosa en la intimidad de su estancia?
-Le deje en claro que no lo amaba, le he dicho en cientas de ocasiones la lástima que sentía por él, e incluso tu sabes mas de mi pasado que ese mocoso.
-¡Mierda!- Exclamó furiosa soltando la mesa que en un segundo había levantado sobre su hombro. -No puedo culpar a nadie, pero puedo seguir perdiendo cosas, mientras tu pareces ganarlo todo.
¿Ganarlo todo?
Se preguntó internamente a que se refería la morocha con aquella frase.
-Obtienes una herencia que te salvará, el amor de Eren debe seguir vivo por ti incluso desde su tumba, tan...Puro...
-Yo creo mas bien que era una especie de obsesión por la admiración que me tenía, si no has sabido salir del papel de hermana no llores los platos rotos ante mi.
-Hijo de puta...- Se acercó con los dientes rechinando entre si, tomándolo de la camisa, intentando levantarlo hasta dejarlo colgando de su mano.
-Atrévete.- Incitó. -Simplemente hazlo.
-Ganas no me faltan.
No era la primera vez que la violencia parecía asomarse. En una ocasión ya relatada, habían hasta roto platos. Parecía que luego de ese echo tan significativo, harían un acuerdo de paz. Bendita la hora en que esa morocha había decidido entrar a aquella habitación del demonio. Ahora la violencia ya no se asomaba, era palpable. La observó con detenimiento, el cuello de su camisa estaba siendo jalado hacia arriba y a su vez, el se sentía cada vez mas en ascenso. Lo admitía, ver esa fuerza en una mujer, era una excentricidad de admirar. Sus ojos, rasgados por esos toques asiáticos, eran dagas a punto de cometer asesinato. Era el demonio, o algo totalmente similar a esa banal descripción. La ropa, ceñida a su cuerpo por la transpiración, parecía toda desacomodada, brindando la perfecta vista a un escote pálido como la porcelana. Los cabellos no hacían mas que denotar con puntualidad esa salvajidad de haber realizado una tarea estresante. Y entonces no hubo mucho que pensar.
No golpearía a una mujer. No a una que no hacia mas que denotar a pesar de musculos marcados y una fuerza de hombre, que era una fémina de bastante belleza. Pero había que calmarla.
-Ya que.- Dijo fingiendo rendición. -¿Logras algo destrozando todo?
-Armin inclusive sabia todo.- Su mano tembló en el cuello de su camisa. -Todos...T-todos...
-Bájame.- Pidió en lo que parecía ser mas una orden.
Podría bajarse solo, tumbarla y darle tal golpe que la dejaría inconsciente. Pero ante esos ojos, no, no era capaz. Poco a poco se sintió mas y mas apoyado en el suelo, de un tirón, había sido arrodillado junto a ella que se arrojó por voluntad propia, en la bella alfombra verde mientras esos finos dedos que dirigian su camino, temblaban mas y mas.
-Realmente te odio.- Su voz ya era un claro hilo que se iba perdiendo y el no supo porque, el no supo el porque no le creyó a su declaración de enemistad.
-Tu te has buscado esto, ¿Que necesidad de leer ese maldito diario?
"Es terca, tan terca. Debe sentirse incomprendida, ya sabes, así como tu."
-Yo solo quería conocerlo mas.
-Tu solo estas obsesionada.
-¿Eh?- Preguntó totalmente descolocada.
-Vamos, despierta.- Susurró, casi parecía no ser el.
Estaba intentando comprenderla, en un afán de sentirse bien el mismo, sentir que hacia una obra de bien, que ya no haya gente incomprendida.
Quizás era la primera y ultima oportunidad para intentar un cambio positivo respecto a el mismo.
-No se de que estas hablando realmente.
-Te confundes, no lo amas, no de esa manera, Mikasa.
La notó tensarse ante la mención de su nombre, parecido a un suave y cálido silbido.
-Demuéstralo.- Lo miró desafiante. -Hazlo...Ayúdame si crees poder hacerlo.
Agachados, el sol yéndose, a algún lugar que en ese preciso momento no interesaba. Recordó la preocupación de su "hermano" por ella. Luego, volvió a la perdición de observar a esa dichosa mujer detenidamente. Era una puta trampa, era un jodido magnetismo materializado bajo el disfraz de una persona llamada Mikasa.
Su negación lo incitaba a seguir reprimiendose de lo que habría echo alguna vez con semejante mujer si no estuvieran en las circunstancias que estaban, con ese hilo del destino que tenia un nombre trágico: Eren.
Parecía una molesta atadura, ese rostro angelical a punto de derrumbarse en lágrimas y a su vez sensual como el infierno, queriendo destruir todo a su paso y ofreciendo un paraíso de tentaciones.
No lo pensó dos veces, y cayó, en aquel desafío inminente, en la misión mas complicada que había tomado en aquel tiempo y quizás en la mayor estupidez que cometería por lo que sería al menos el...¿Resto de su vida?
-Maldita mocosa.
Y entonces ya no hubo vuelta atrás.
Tomó el camino sin retorno.
AUTORA: MigLi-Chan
Corto, pero intenso...Así creo que me inspiré para este capítulo...Bueno, no se si agradará, pero me ha surgido desde los abismos de mi aburrimiento e inspiración, así que no me arrepiento de naah'.
¿Reviews?
PD: No tengo internet, puede que tarde por eso en actualizar (Mas de lo que tardo habitualmente cuando Srta. Inspiración se va sin avisar).
Sayo~
