Notas del capítulo:

He vuelto para terminar con su sufrimiento xD Ok no…

Aquí les traigo un nuevo capítulo, las cosas se complican y Jean se debate entre sus decisiones

A leersh!

Un saludote para Blue Lafrenze! Que siempre deja sus bellos reviews y me debe un anillo xD


Capítulo 8

Jean pasó toda la tarde encerrado en su cuarto. No tenía ganas de nada y aprovechó que ese día estaban las actividades suspendidas ya que la Legión se estaba reorganizando por el asunto de Eren.

Un suspiro escapó de su boca seca, deslizó la lengua por sus labios aún salados por las lágrimas. Miraba por la ventana el día claro y bello, el sol relucía y aquello le parecía una broma de mal gusto, una puta ironía.

Sus ojos divisaron a Eren, que caminaba hacia su caballo, para luego salir a galope tras el Capitán Levi y su escuadrón. Los ojos le ardían, pero ya no podía llorar más, no tenía fuerzas para eso. Con un suspiro se giró para luego dejarse caer sobre la cama. Su cuerpo revotó contra el colchón y cerró sus ojos, dejando que el agotamiento lo consumiera lentamente.

Se sentía adolorido y muy cansado, le dolía todo. También se sentía confundido, ¿cómo es que no se dio cuenta antes de lo que sentía por Marco? Quizás en otras circunstancias lo de ellos pudo haber cambiado. Pero entonces recordó que Marco le dijo que había confundido su miedo a perderlo, claro, Jean había estado a punto de ser devorado por aquel titán cuando su equipo falló.

Frunció el ceño con una mueca de llanto, pero las lágrimas no salieron. Comprendió que nunca hubo un sentimiento de su parte, que todo fue un puto mal entendido y fue en ese preciso instante que deseó con todas sus fuerzas poder retroceder el tiempo y que Marco nunca le hubiera dicho que le gustaba. Deseó nunca haberse dado cuenta de que él lo amaba.

Escuchó a lo lejos el tocar de su puerta, frunció los labios intentando abrir los ojos. El ardor se hizo presente mientras intentaba enfocar. Estaba medio inconsciente, se levantó rumbo a la puerta y la abrió casi de manera mecánica, topándose con los azules ojos de Armin.

— ¿Jean? —La voz del rubio sonó preocupada y él supo que debería verse fatal—. ¿Estás bien?

— No.

Fue todo lo que respondió. Armin comprendió que no seguiría hablando y llevándose el puño a la boca, tosió para aclararse la garganta.

— El Líder de la Legión te manda a llamar —dice Armin con una sonrisa, pero de todos modos Jean frunció el ceño preguntándose para qué lo querría—. Te espera en su despacho, ven, te llevaré.

Jean asintió y salió siguiendo a Armin. El rubio guardó silencio todo el camino y él agradeció que así fuese, porque si Conny hubiese sido el mandado, ya estaría golpeándolo por el millar de preguntas que le estaría haciendo por el rostro que tenía.

Se talló los ojos para tratar de ver mejor, cuando Armin se detuvo frente a una puerta y le indicó que esa era la oficina. Jean le agradeció y el rubio se retiró casi de inmediato. Tocó un par de veces y escuchó que lo invitaban a pasar desde el otro lado.

Cuando entró vio el lugar totalmente ordenado, con altas estanterías de libros y una amplia mesa con planos, que Irvin no tardó en quitar para hacer más espacio.

— Tú debes ser Jean Kirschtein —dijo el mayor con una sonrisa.

— Sí, señor. Es un placer —contestó haciendo el saludo militar.

— Adelante, toma asiento.

Jean se relajó mientras corría la silla de madera hacia atrás y se sentaba frente al Líder. Irvin cerró una carpeta y la dejó a su lado, para luego mirarlo de una manera que a Jean le pareció extraña, con interés. Como cuando ves una nueva arma, algo que puedes usar a tu favor.

— Supe que un cadete llamado Marco Bodt apareció hace poco, cuando lo habían dado por muerto.

Frunció el ceño dando un respingo. No sabía que tenía que ver Marco con él, o porqué le estaría tocando el tema. Pasó saliva e intentó calmarse, quizás el rechazo de Marco lo tenía a la defensiva y estaba exagerando otra vez.

Irvin lo observó atentamente, pero al ver que no respondía se inclinó sobre la mesa y colocó las manos frente a su rostro para agregar:

— Tú eres muy amigo de él ¿no? Su mejor amigo.

Eso no había sido una pregunta, eso fue una afirmación. Jean se removió en el asiento incómodo, sintió el ácido en la boca del estómago cuando el mal presentimiento lo asaltó de pronto. No sabía qué contestar, se sentía nervioso, y no sabía a qué temer. Se suponía que él no había hecho nada.

— Dime, Kirschtein —continúo Irvin sin despegar sus ojos celestes del chico—, ¿no crees que volver de la muerte es un poder muy extraño?

— Él no murió, señor —la voz de Jean tembló sólo un poco, se sentía presionado y todo se le hacía demasiado extraño—. Tuvo problemas con su equipo y cayó…

— Quedando casi inconsciente, pero se refugió en un sótano, donde perdió el conocimiento —interrumpió Irvin enderezándose en el respaldo de su silla, para luego soltar un suspiro—. Me parece demasiado conveniente.

Algo se atoró en la garganta de Jean y por más que intentó tragar, aquella sensación no se iba. El sudor comenzó a acumularse en su frente, abrió sus ojos cuando su mente comenzó a trabajar de manera veloz.

¿Acaso el Líder de la Legión estaba sospechando de Marco? ¿Pero por qué? El pecoso no era más que un cadete, miembro de los diez mejores, pero nada más. Jean no podía pensar con claridad, aún estaba shockeado por el rechazo de Marco y ahora lo estaban haciendo dudar. ¿Pero de qué estaba dudando exactamente?

— Dime cadete —habló Irvin, su voz ronca lo hizo dar un respingo cuando esos fríos ojos se posaron en él—. ¿De qué lado estás?

— ¿Señor?

Pero el rubio no volvió a responder, siguió observándolo con atención y Jean tragó duro. Sabía su respuesta, pero no sabía por qué debía decir algo tan obvio.

— Del de la humanidad, por sobre todo. Por ser libres.

Irvin sonrió complacido y Jean volvió a respirar ante eso. No sabía qué carajo estaba pasando, pero presentía que había algo que él estaba ignorando por completo. Había algo que estaba frente a él, pero no podía verlo, como si se encontrara en un punto ciego.

— Eso es todo, cadete. Puede retirarse.

Volvió sus celestes ojos a los papeles frente a él, como si nada hubiese pasado. Jean se sintió repentinamente incómodo, se levantó haciendo una reverencia y caminó hacia la puerta con rapidez, quería salir de allí lo antes posible.

Cuando su mano tocó el pomo de la puerta y el click resonó por el despacho, la voz de Irvin llegó hasta él, clavándose en su cabeza.

— Mantenga sus ojos bien abiertos soldado —dijo el mayor y Jean tembló sin querer girarse—. Sólo vemos lo que queremos ver.

Dicho aquello, Jean salió del lugar y se fue directo al baño. Se mojó la cara, respirando con irregularidad. ¿Qué mierda había sido todo aquello? ¿De qué lado estaba? ¡¿Acaso había otro bando que no fuera el de la humanidad y el de los titanes?!

Y ahí estaba su respuesta. Pero Jean no lo notó… porque vemos lo que queremos ver.

El ocaso formaba sombras altas por la cuidad. Jean respiró con fuerza, habían pasado dos días desde su reunión con Irvin y la misión para probar el poder de titán de Eren fuera de los muros se estaba llevando a cabo. Se estremeció aferrando las cuerdas de su caballo cuando el muro de Rose se alzó frente a sus ojos.

Galoparon por el camino que aún quedaba de entre las ruinas de María, así que allí habían crecido Mikasa, Eren y Armin. Seguramente en aquellos tiempos era más lindo, ahora estaba hecha pedazos y el olor a sangre aún impregnaba el espeso aire.

De pronto un titán de 10 metros apareció desde la izquierda, pero el Equipo de apoyo se hizo cargo con rapidez. Jean realmente estaba impresionado, pero su vista no estaba puesta en aquel enorme ser, sino en el moreno que galopaba unos metros frente a él.

No se había hablado con Marco desde que éste le dijera que todo había sido una confusión. El pecoso había intentado acercarse después de eso, pero Jean simplemente lo ignoraba, él había sido muy claro, no podían volver a ser amigos.

Pero eso no evitaba que estuviera preocupado, ya había saboreado la amargura corrosiva de su muerte, no quería repetir aquello nunca más.

El brazo de Irvin se extendió hacia la izquierda rasgando el aire. Todos llevaron su vista hacia él para escuchar sus órdenes.

— ¡Asuman formación de combate a gran escala! —ordenó haciendo que la formación comenzara a separarse.

Reiner se alejó despidiéndose de Armin, Marco fue con él y Jean lo observó alejarse. Sus ojos hicieron contacto y se estremeció al recibir aquella dulce sonrisa. Le correspondió, porque puede que Marco no muriera, que en cambio fuera él y por eso, no quería que sus últimos momentos fuesen enojados.

Cuando se alejaron, Jean vio a Armin a su lado, cabalgaba con su mirada clavada en el frente, muy concentrado en lo que se estaba haciendo y Jean admiraba eso.

— Si ves a un titán… ¡Más vale que no te orines encima! —Así fue como se despidió.

— ¡Sí! Lo mismo Jean.

Porque el rubio sabía que esa era la forma en que Jean deseaba suerte. Y sabía que todos allí la necesitarían.

Se dispersaron según la formación que Irvin había creado, formando flancos para cubrir las zonas de los costados y así mantener a salvo a los que se encontraban en el centro. Además así podrían ser ataques más eficaces y escapes organizados que los podrían mantener con vida en caso de que los titanes aparecieran.

Pero al poco tiempo apareció un titán anormal, arrasando con el flanco donde se encontraba Jean, el castaño alcanzó a huir por poco, siguiendo el rastro de aquel gigante. Eso había sido un exterminio, porque los otros titanes también seguían a aquel ser. Pronto divisó a Armin y Reiner, que también galopaban tras la titán. Notó que ninguno daba la alarma, así que cargó su arma y disparó llamando la atención de los otros dos.

Se acercó a ellos notando la bala de humo proveniente del flanco derecho.

— Parece que las Tropas del flanco derecho fueron arrasadas —dijo Jean al llegar al lado de sus caballos—, por docenas de titanes. No sé por qué, pero hay muchos y muy rápidos. Por ahora estamos resistiendo, pero ya no es posible reconocer más terreno —Jean apretó la mandíbula, haciéndole caso a su instinto sabía que estaban en peligro—. Hemos perdido mucho, ¡nos devoraran si nos descuidamos!

— Ése titán vino de aquel lado.

Armin cabalgaba con el ceño fruncido, estaba sopesando todas las posibilidades y la información de Jean le estaba llevando a encontrar respuestas.

— No puede ser… ¡¿Ella estaba guiando a los otros?

— ¿Ella? —Preguntó Jean volviendo su vista al frente, donde la titán seguía corriendo—. ¿Cómo es que hay un titán aquí? ¿Es un anormal?

— No, no lo es… Ella es un humano en un cuerpo de titán —dijo Armin haciendo que Jean se inquietara—. Tiene la misma habilidad que Eren.

— ¿Cómo?

Jean estaba confundido. Si se trataba de un humano, ¿cómo es que los estaba atacando? ¿Acaso había un traidor? Pero Armin se estaba refiriendo a ese ser como "Ella" y si la miraba mejor, realmente parecía una chica.

— Armin —lo llamó Reiner sacando a Jean de sus pensamientos—. ¿Por qué piensas eso?

— Los titanes sólo comen gente —contestó mirando nuevamente a la titán—. Nos matan como consecuencia, no es ése realmente su objetivo. Pero cuando Sys trató de darle a su punto débil, lo atrapó y lo azotó contra el suelo. No lo mató para comerlo… sólo lo asesinó. Su naturaleza es diferente a la de los otros.

Aquellas palabras provocaron que Jean se estremeciera. Entonces aquel ser era como Eren, pero no tenía las mismas intenciones que él. Ella no estaba del lado de la humanidad.

— Cuando el Acorazado y el Supremo destruyeron los muros, éstos debieron haber traído a los demás ¡Su meta siempre ha sido la aniquilación de la humanidad! —En ese preciso momento una idea cruzó por la mente de Armin—. No, tal vez no… Ella parecía estar buscando a alguien.

Eso se estaba tornando peligroso, Jean pudo sentir la tensión emanando del cuerpo de Armin. Algo estaba sucediendo, algo muy grande.

— ¡¿Será Eren?!

— ¿Eren? —Preguntó Reiner confundido por aquella teoría—. Eres está con el pelotón de Levi, quién está a cargo del flanco derecho.

Ambos miraron al rubio en cuanto esas palabras salieron de su boca. No, esa información era errónea.

— ¿El derecho? —Preguntó Jean confundido—. Los datos de la estrategia que me dieron a mí decían que estaba del lado izquierdo.

— Los míos decían que estaría a la derecha, cerca del centro —dijo Armin concentrándose en qué significaba aquello—. Pero no es posible que estén al frente.

— Entonces, ¿Dónde están? —Reiner estaba desorientado y eso no le gustaba en nada.

Pero Armin lo sabía, siempre lo supo y ahora todo calzaba perfectamente. Todo aquello había sido planeado desde un principio.

— En la posición más segura de la formación —dijo el chico por fin—, lo que significa que es la retaguardia en el lugar de centro.

Todo aquello era extraño, extraño y peligroso. Jean sentía su estómago tenso, sopesando el significado de todo aquello. Ahora comprendía las palabras de Irvin, había un traidor, aunque no le calzaba qué tenía que ver con Marco.

Marco… sólo esperaba que estuviera bien.

— ¡Armin! —Lo llamó Jean y esos ojos azules se toparon con los suyos—. Ahora no hay tiempo para pensar. ¡Los disparos de humo no pueden informar la magnitud de la amenaza! Si ella sigue así… arrasará con el Líder. La formación se derrumbará y todo se habrá terminado.

— ¿Qué estás proponiendo? —Preguntó Reiner.

— Lo que quiero decir es que a ésta distancia, quizás podamos llamar su atención. Tal vez podamos ganar tiempo para retirarnos. Tal vez… así…

— Pero es muy inteligente —dijo Armin mirando a Jean con incredulidad—. No somos más que insectos para ella. Nos aplastará…

— ¿En serio? Eso da miedo…

Jean lo sabía, tenía muy claro que esa titán no era más que una asesina. Una que estaba dispuesta a aplastarlos si interferían en su camino. Pero… él ya había tomado su decisión hace mucho. Él sería un buen líder.

— Tú… ¿eres Jean en verdad? —Soltó Reiner asombrado por el actuar de su compañero—. El Jean que yo conozco sólo piensa en sí mismo.

— No seas tan duro, oye… —Jean alzó las cejas cerrando los ojos, realmente esa decisión lo estaba haciendo cambiar en cuanto a su pensamiento y eso era importante para él—. ¡Sólo no quiero que se decepcionen de mí! Y-yo… ¡Yo sé lo que debo hacer ahora! ¡Y éste es el trabajo que he elegido! ¡Ayúdenme!

— La muerte de Marco realmente te afectó, ¿no, Jean?

Su garganta se apretó con el recuerdo. Pues claro que lo había afectado y aunque ahora el moreno estuviera de vuelta, eso no cambiaba su decisión. Porque Marco tenía razón, él siempre sabía lo que debía hacer.

Armin tomó su capucha y se cubrió la cabeza, para luego mirar a Jean.

— ¡Ponte la capucha! —Le ordenó con el rostro serio—. Bien abajo… tratemos de esconder nuestros rostros. ¡No creo que nos mate hasta saber quiénes somos!

— Ya veo… —Reiner lo imitó, dejando que una sonrisa se abriera paso entre sus labios—. ¿Crees que si piensa que somos Eren no nos matará? Me hace sentir un poco mejor, ¡roguemos que tenga mala vista!

— Armin —lo llamó Jean con una clara mueca de incredulidad en el rostro—. Siempre me pareció aterradora la forma en qué dependías de Eren. Pero también pensé que tenías agallas.

Jean sonrió, girando el rostro y subiendo su capucha. Armin realmente le agradaba, porque era un chico muy hábil, que no se quedaba atrás, porque aunque no poseyera una gran capacidad atlética, era muy inteligente. Y eso era lo que los sacaría de allí.

— Eh… Ah, gracias… —murmuró Armin ante aquello—. Pero decir "aterrador" es cruel…

A la señal de Armin, los tres se separaron para comenzar a alcanzarla. El rubio notó que la titán iba más lento que antes, quizás se estaba cansando. Pero no tenían tiempo para descubrirlo, si aceleraba como antes, realmente estarían perdidos.

Jean la observó desde el lado izquierdo. La situación daba escalofríos, pero su determinación permanecía intacta. El plan consistía en atraer su atención lo más posible para que la formación pudiera retirarse. Debían mantenerla allí todo lo que pudieran. Observaba si anatomía con atención, si lograban cortar su talón de Aquiles, sería suficiente. Pero eso sería todo, no debían hacer nada estúpido, no podían tratar de matarla.

Ella sabe que su punto débil es el cuello, por eso sería imposible matarla. O al menos no lo lograría una persona normal.

Era el momento.

Jean alzó su espada y besó el mango, allí donde Marco le había tallado una "J" el día en que les entregaron los Equipos. Dijo que sería para la suerte y Jean la necesitaba más que nunca.

Saltó hacia arriba de su montura y en ese instante Armin vio esos enormes ojos celestes mirarlo. El engranaje de Jean fue disparado, pero ella levantó el pie para esquivarlo haciendo que Jean aterrizara en el suelo. La titán se giró agitando su brazo en la dirección de él, con la ráfaga de viento su capucha fue retirada y con ellos quedó su rostro al descubierto.

Armin la vio girarse hacia él y golpear su caballo con fuerza, haciéndolo volar por los aires. Rebotó por el suelo hasta quedar boca abajo y su Equipo se desarmó por el impacto. Sintió su cabeza doler, la sangre no tardó el comenzar a salir, pero el rubio ya no podía abrir sus ojos.

Jean comenzó a correr hacia él cuando la titán se puso de cuclillas a su lado. Saltó gritando su nombre y enganchó su engranaje en el omóplato de ella para impulsarse. Pero la gigante lo sintió y se giró hacia él.

Maldita.

Sus movimientos son muy precisos.

La titán se giró apoyando una pierna en la tierra y alzando el brazo. Seguía de cuclillas y Jean soltó su engranaje para enganchar el otro más abajo.

Maldición… lo he… ¡Lo he subestimado!

La enorme mano se fue hacia él, pero alcanzó a esquivarlo al descender. Volvió a lazarse pero esos ojos no lo perdían de vista y justo cuando enganchó su engranaje a su espalda, ella se llevó la mano a la nuca para protegerse.

Su equipo lo hizo girar y por más que miraba no podía hacer más movimientos.

No puedo alejarme… ¡Me matará?

¡Cuando agarre mi cable, moriré!

Jean sintió el terror congelar su cuerpo, sentía el aire ser rasgado por él cuando aún se encontraba en el aire. Moriría. Su garganta se secó pero a pesar del miedo, sólo podía pensar en Marco. Por lo menos la vida le había dado la oportunidad de decirle cuánto lo amaba.

El enorme brazo se giró hacia él y apretando la mandíbula esperó aquel fatídico impacto.

— ¡Jean! —Gritó Armin arrodillado, sintiendo la espesa sangre caer por su rostro—. ¡Le diré a Marco que éste es el maldito que te asesinó!

Entonces la mano de la titán se detuvo a medio camino. Jean sintió un estremecimiento y el asombro se hizo presente. Armin había detenido sus movimientos.

— ¡Le diré que te vengue! ¡Porque Marco jamás podría perdonar a tu asesino!

Jean patinó en la tierra al aterrizar, oyendo aquellos gritos de Armin, que alzó sus azules ojos brillando en contraste con la sangre. No entendía que estaba pasando, ¿acaso se había vuelto loco? No tenía por qué sacar a Marco en algo así.

¿Qué carajos estaba haciendo Armin?

Entonces supo que algo estaba ocurriendo. Porque el nombre de su amado, había detenido a aquel ser.

This revelation is the death of ignorance

Esta revelación! es la muerte de la ignorancia

Tangled in a state of suffocation

Enredada en un estado de sofocación

Slave to self righteousness

Esclavo de la santurronería

Damnation is on your lips

La condenación está en tus labios

"My Last Serenade"- Killswitch Engage.


Notas finales:

Sé que todas se preguntan en cierto modo qué carajos está pasando xD Y digo cierto modo porque todos sabemos quién es la titán hembra…

Pero eso no aclara todo, pero, ya nos acercamos a la verdad *-* (según yo, verdad xD Porque si esto hubiera pasado yo sería la fujoshi más feliz de la vida )

¿Qué tiene que ver Marco con Annie?

Nada amoroso… o quizás si? Muajajaja Annie x todos! Como amo a esa rubia! (y si es que fuera verdad que mato a Marco, carajo, no podría odiarla *-*)

Espero sus reviews con ansias salvajemente locas!

Saludos y besos pegosos