DISCLAIMER: Esta historia pertenece a Elenya_CS del foro de Crepusculo-es, los personajes, a la saga de Crepusculo de Stephenie Meyer. Yo solo me dedico a haceros llegar esta fantástica historia.


El alumno de intercambio

Capitulo 7: La fiesta


Jake se me quedó mirando como ido. Repetí su nombre varias veces, mientras le sacudía un poco el hombro. Me apartó la mano de un zarpazo y me miró, con el ceño fruncido y vi en sus ojos que le había herido.

- Sabía que esto iba a pasar, fui un estúpido por conservar aún esperanzas.

- Jake, no es mi culpa. Me hubiese gustado que mi elección fuese otra…pero ¿Qué iba a hacer? ¡Le quiero!

- ¿Y a mí no? ¡No puede ser que en una semana lo que sentías por mí haya desaparecido! Eso si llegaste a sentir algo…

- ¡Claro que te amé, eso nunca lo dudes! –le espeté con lágrimas en los ojos- pero ahora he conocido a alguien que me gusta más, eso es todo.

- ¿Y que va a pasar cuando él se vaya? ¿Te has parado a pensar en eso?

- Eso es justo lo que no puedo quitarme de la cabeza –confesé, cogiéndome la cabeza con ambas manos y sentándome en uno de los bancos.

Habíamos quedado en el parque de siempre. Cuando llegué, Jake ya estaba allí. Aunque en un principio había creído que sería fácil, ahora veía lo equivocada que estaba.

Jacob se sentó a mi lado, con un resoplido.

- Deberías renunciar a él. Bella, vas a sufrir mucho cuando se vaya.

- Pero si no estoy con él me siento…-sacudí la cabeza y con lágrimas derramándose por mi rostro, proseguí- lo único que deseo es estar a su lado, Jake. Le quiero y él me quiere.

- Yo también te quiero –susurró, con la vista fija en algunas piedritas que había en el suelo.

- Por favor, no me lo hagas más difícil…

- ¿Y qué quieres que haga? ¡Me acabas de dejar por un chico que has conocido hace tan solo una semana…!

- Dos –puntualicé, pero él me ignoró.

- ¡¿Cómo quieres que me sienta? ¿Qué habrías hecho tú hace un mes si te habría dejado por alguien que terminara de conocer?

Le miré, mordiéndome el labio inferior. Él me pasó un brazo por los hombros y me atrajo hacia su pecho, donde empecé a llorar.

- Bells, no te estoy recriminando nada, pero solo quiero que pienses lo absurdo que es esto. ¡Apenas le conoces!

- Pero sé lo que siento por él, y lo que él siente por mí.

- ¿Seguro que solo no te has encaprichado con él? Es guapo y te ha dicho que te quiere. Dudo mucho que alguna chica pueda resistirse.

Me separé de él y me levanté, enfadada.

- ¡No le quiero por su físico! Puede que lo conozca de poco tiempo, pero lo conozco como si lo hiciese de toda la vida. Y no siento un simple capricho, estoy enamorada de él, ¿de acuerdo?

Aprecié una cierta palidez en el rostro, al pronunciar la última frase.

- Y él me quiere también a mí, de eso estoy segura -proseguí.

- Bella, dices que sientes que le conoces. Pero eso no significa que de verdad lo hagas.

- Jake…

- No, Bella, déjame terminar. ¿Qué pasaría si para él solo significases un capricho?

No respondí.

No, Edward no era así, él me quería.

Jacob se levantó lentamente, para después decir, con voz quebrada:

- Es imposible hacerte entrar en razón ahora…pero –me miró a los ojos, con una triste medio sonrisa en los labios- cuando recuerdes mis palabras, no dudes en llamarme, ¿vale?

No creía que eso fuese a ocurrir nunca, pero al ver como se preocupaba Jake por mí, no pude hacer más que abrazarle. Sabía que Edward no era así, él era un buen chico y me quería de verdad. Aún así, me alegraba el consejo de Jake. Al menos, él continuaría estando ahí, como mi mejor amigo.

Insistió en acompañarme a casa, ya que yo había asistido a la cita sin coche. Cuando llegamos, me dio un beso en la coronilla, y después me sonrió, aunque le salió mas bien una mueca.

- Recuerda lo que te he dicho, ¿vale?

- Tranquilo, Jake.

Le guiñé un ojo y salí del coche, corriendo hacía casa. Tenía ganas de ver a Edward y abrazarle, sobretodo porque solo sentía ganas de llorar, por lo que me había dicho Jake. Quería que me negara aquellas palabras, que no podía quitarme de la cabeza.

Entré en casa como un remolino, pero cuando le llamé, nadie respondió. Edward aún no había regresado de hablar con Tanya. Pensé que Tanya posiblemente también se habría puesto pesada.

¿Qué pasaría si para él solo significases un capricho?

Sacudí la cabeza para despejar las dudas y subí las escaleras corriendo, para encerrarme en mi habitación. Debía aprovechar ahora que necesitaba dejar de pensar en mis problemas para terminar de hacer los deberes de Trigonometría. Se me daba fatal esa materia, y la sacaba por los pelos.

De los cinco ejercicios que nos había mandado el profesor, tres de ellos pude hacerlos como pude, pero al llegar al cuarto me atasqué de mala manera. Pasé al cinco, que pude hacerlo, aunque con complicaciones. Volví al cuarto, y tan concentrada estaba por descubrir la solución, que ni me percaté de que Edward había llegado y había entrado en mi habitación.

- ¿Te ayudo? No es demasiado difícil –me susurró al oído, lo que hizo que me sobresaltase.

- ¡No vuelvas a hacer eso! –le exigí, mirándole con los ojos entrecerrados.

Él soltó una carcajada.

- Perdona –me dio un beso en la mejilla, y luego, cogiéndome de las manos, me guió hasta mi cama, donde me hizo sentar a su lado- ¿Cómo ha ido con Jacob?

- Bien, creo –suspiré, aún sin creerme la actitud que había tomado Jake, impropia de él- demasiado para mi gusto.

- Igual ha pasado con Tanya –dijo incrédulo- ¡incluso ha dicho que no le sorprendía y que lo aceptaba!

Torcí mi gesto en una mueca. De Jake aún llegaba a creérmelo, pero de Tanya si que no. La conocía muy bien, tanto, que me era imposible creer que aceptase así de bien que el chico en el que se había fijado eligiese a otra, aunque esa otra fuese su mejor amiga.

- ¿De verdad? No me lo creo.

Edward rió de nuevo.

- Ya te he dicho que sí. Te lo juro por lo más sagrado. Me ha sonreído y me ha deseado que nos fuera muy bien. Eso sí, me ha pedido que ha cambio del desengaño, que la ayudase en los deberes de Trigonometría –me guiñó un ojo y añadió- así que ya me sé todas las respuestas.

Fue a besarme, pero con una sonrisa le puse un dedo en los labios y me aparté un poco.

- Pero si me dices la respuesta no tiene gracia, así que me vas a dejar que lo haga yo solita.

- Vale, como quieras –dibujó la sonrisa torcida que a mí tanto me gustaba y dijo- pero después no me preguntes las respuestas, que no te las diré.

Esta vez reí yo, y sin previo aviso se inclinó y me besó. Le pasé los brazos alrededor de la nuca, y él me empujó levemente para tumbarme sobre la cama. Se tumbó a mi lado, y empezó a acariciarme la mejilla. Vi tristeza en sus ojos y le pregunté el motivo, confusa.

- Soy inmensamente feliz ahora, no sabes cuánto, pero no puedo evitar sentirme culpable –me confesó- siento como si te hubiera destrozado la vida.

- ¡De eso nada! –exclamé, con los ojos abiertos como platos- ¿Cómo ibas a destrozarme la vida si lo único que siento ahora es felicidad?

Edward sonrió y me besó en la frente, mientras me atraía hacía su pecho.

- No sabes cuanto te quiero.

Sonreí ante esto y cerré los ojos, disfrutando del momento.

- ¡Me quería! Lo sabía. No tenía porque dudar de él.

En aquel momento nos apetecía bien poco separarnos, pero al escuchar el sonido de la puerta principal abrirse y escuchar a mi madre gritar He vuelto no tuvimos otra opción.

Me senté rápidamente en mi escritorio y Edward cogió una silla que había en el otro lado de la habitación y se sentó a mi lado.

- ¿Qué haces? –le pregunté.

- Hacer los deberes contigo –respondió, inocentemente.

Enarqué una ceja, y entonces la puerta se abrió, dejando entrar a mi madre.

- ¡Hola chicos! ¿Aún estáis estudiando?

- No mamá, solo estamos leyendo este libro tan divertido, ¿tú que crees?

Edward rió por lo bajo, pero mi madre estalló en una carcajada. Ese día estaba de buen humor.

- Claro cariño, ha sido una pregunta un tanto tonta, bueno, ¿Qué queréis para cenar?

- Lo que tú quieras –le sonreí.

Edward se encogió de hombros, también sonriendo. Mi madre, aún más animada, salió de la habitación, casi dando saltitos.

- ¿Le pasa muy a menudo? –me preguntó Edward, una vez salió mi madre por al puerta.

Los jueves sobretodo, cuando mi padre después de cenar la lleva a algún sitio. Es una costumbre. De nuevo, su preciosa sonrisa torcida ocupó su rostro.

- ¿Está noche nos quedamos solos?

- Empecé a reírme, un poco nerviosa.

- Eso creo.

Dos horas después, cuando nos aseguramos de que mis padres habían doblado la esquina, pudimos respirar tranquilos. Edward me rodeó la cintura con sus fuertes brazos, atrayéndome hacia él.

- Ahora tenemos la casa para nosotros solos –me susurró al oído, antes de darme un suave beso en el lóbulo de la oreja, cosa que me hizo estremecer.

- Sí, pero primero tenemos que limpiar la cena.

- Como usted mande, señorita.

Después de recoger y lavar los platos, fuimos a ver la televisión. No hacían nada interesante, y aunque así fuese, no nos dimos cuenta. Habíamos estado abrazados todo el tiempo, pero de pronto Edward empezó a besarme la mejilla y así fue descendiendo hasta mis labios. Empezamos a besarnos, hasta notar como nuestra temperatura corporal aumentaba. Nos separamos jadeantes. Apagamos el televisor y nos dirigimos a mi habitación. Edward se ausentó apenas unos minutos. Cuando regresó, ya lleva puesto su pijama: unos pantalones de chándal gastados, dejando su escultural torso al descubierto.

Me ruboricé hasta las orejas, y desviando la mirada, terminé de ponerme bien la camisa de mi pijama.

Nos tumbamos sobre mi cama y yo me acurruqué junto a él, mientras me pasaba un brazo por los hombros e iba besando mi cuello. Después, mis labios se encontraron con los suyos, mientras mis manos recorrían su pecho y él iba bajando las suyas hasta el borde de mi camisa. Me estremecí ligeramente cuando noté sus manos empezaron a acariciarme por debajo de mi camisa. No estaba preparada aún para dar ese paso, aunque sentía un gran placer cuando sus manos rozaban con suavidad mi piel. Fueron ascendiendo, y no sé si me alegré por llevar puesto el sostén, algo inusual en mi, ya que nunca dormía con él puesto.

- Hay algo que me molesta –me susurró Edward, riendo entre dientes.

- Creo que ahí está muy bien –sentencié, con una traviesa sonrisa.

- ¿Ah, sí?

Me abrazó, y de nuevo empezó a besarme. Como siempre pasaba cuando notaba sus labios en mi piel, me sumergía en una nebulosa y no me enteraba de nada. Solo me di cuenta de su intención hasta que escuché un "clic".

- Eh…

- ¿Qué pasa? –me bajó el tirante de la camiseta que llevaba, para poder besar mi hombro.

- No…-enrojecí, para su diversión y le di una palmada- ¡Para de reírte!

- Es que estás tan mona…

Me besó de nuevo, ahora con más intensidad. Iba quitándome la camiseta poco a poco, pero ya no me importaba tanto como antes. Estaba completamente entregada a aquel beso, y poco me importaba todo lo demás.

Edward casi había conseguido su objetivo, cuando escuchamos el motor de un coche que terminaba de llegar. Nos separamos, yo a regañadientes y él con un resoplido, frustrado por no haber terminado lo que había empezado, y tras darnos un último beso, Edward se levantó de un salto de mi cama y regresó a su habitación, cerrando tras de sí la puerta.

Le seguí con la mirada y después dejé caer mi cabeza sobre el mullido almohadón, con un suspiro y arreglándome bien la camisa y quitándome el sostén que dejé rápidamente junto a mi otra ropa en el armario.

Me tapé con las sábanas, y no respiré tranquila hasta que escuché la puerta de la habitación de mis padres cerrarse.

Al dia siguiente, cuando bajé a desayunar a toda prisa porque se hacía tarde me encontré con mi madre, que me sonrió al igual que Edward, pero bien pude apreciar la diferencia entre las dos sonrisas. Mientras que la de mi madre era a modo de saludo, la de mi novio era claramente pícara, seguramente recordando la noche anterior.

Me ruboricé, provocando que riese de nuevo entre dientes y le di una patada por lo bajo. Después de desayunar, salimos a la carrera de casa y subimos al Chevrolet.

- Podríamos ir al cine o algo así –comentó él, sonriendo, mientras mi coche arrancaba.

- ¿Cuándo? ¿Mañana?

- No, ahora. No vamos a llegar a tiempo al instituto con la Chatarra.

- ¡Edward Cullen, deja de llamar así a mi coche! –le ordené, con una mirada furibunda.

- Como usted mande –dijo, haciéndose el asustado.

Llegamos al instituto y corrimos hacía clase, y como siempre, tuvimos la suerte de adelantar al profesor por unos escasos segundos.

El resto del día creí pasarlo en una nube.

Edward estuvo muy atento conmigo, y me sorprendió enormemente la actitud de Tanya. Cuando, entre clase y clase, aprovechando que Edward iba delante hablando con Rose, hablé con ella, me dijo que estaba muy contenta por nosotros con una sonrisa, hizo que frunciese el ceño.

- Tanya…

- ¿Qué?

- Esto no es normal en ti.

Se encogió de hombros y añadió:

- Hay que aprender a perder –dijo, suspirando mientras miraba a Edward, que reía junto a Rose.

Después de las clases, Angela y Alice reclamaron mi atención.

Tanto Edward como yo nos mostrábamos reacios a separarnos, sabiendo que si volvíamos en aquellos instantes a casa, podríamos continuar con lo interrumpido la noche anterior, ya que mis padres no volverían hasta tarde. Sin embargo, tuve que irme con mis amigas. Hacía días que no salía con ellas, y no quería dejarlas de lado.

- ¡¿Pero que ha pasado? ¡Cuéntanoslo todo! –me exigió Alice, cuando subimos al coche de Angela.

Le había dejado mis llaves del Chevrolet a Edward, para escucharle refunfuñar algo sobre mi estupendo coche, alias "La Chatarra" como él le llamaba. Durante todo el camino, me dispuse a relatar mi funesta semana, en la que había tenido que debatir si seguir con Jake o empezar una relación con Edward.

Alice gritó de alegría cuando llegué a la parte en que le dije que sí a su hermano, y Angela hizo una mueca.

- No es que no me alegre por ti, Bells –dijo, mientras conducía- pero sabes que conozco mejor a Jake y…

- Lo entiendo, Angie –la calmé, con una sonrisa.

- ¡Sigue! –Alice me fulminaba con la mirada, y tuve que seguir, sin parar ni para coger aire.

Al terminar, sus ojos brillaban de emoción.

- ¡Ojalá Jazz me dijera algún día que me ama y fuera tan feliz como vosotros!

No pude hacer más que reír, al igual que Angela. En aquel momento ya estábamos pasando el umbral de la casa de mi amiga.

- Bella, de verdad, nunca había visto a mi hermano así. Ni cuando estaba con April.

- April es su…

- Su antigua novia, sí –asintió Alice.

- Me contó algo al respecto…lo tuvo que pasar muy mal.

- Sí, la tía esa rompió con él porque –e imitando la supuesta voz de la chica en cuestión, con un toque agudo que nos hizo sonreír a Angela y a mí, añadió- "las relaciones a distancia nunca funcionan"

Sentí una punzada en el pecho y desvié la mirada. Alice se dio cuenta de mi gesto y se apresuró a decir:

- ¡Pero eso no es verdad! ¡A vosotros no os separará ni la distancia, créeme, Edward lucha por lo que quiere!

- Eso es verdad –reí.

- ¡Chicas vamos a arreglarnos! –anunció Angela, intentando calmar un poco la tensión que terminaba de establecerse.

Le sonreí y también a Alice, que me abrazó, cuando Angela subió por las escaleras y nosotras nos quedamos unos segundos abajo.

- Lo siento mucho Bella, no lo he dicho a propósito.

- Lo sé –le di un beso en la mejilla y ella se separó de mi y me cogió la mano- ¡Ahora eres mi cuñada!

- ¡Y mi nueva hermana!

Las dos reímos y subimos corriendo a la habitación de Angela, que ya estaba sacando ropa por doquier. Después de ayudarlas a arreglarse, me acompañaron a casa, donde rápidamente me vestí y me maquillé. Estando en el baño, Edward llamó a la puerta, pidiéndome que terminase rápido. Fui a toda prisa, y cuando abrí la puerta él me sonrió.

- Ya puedes entrar –le dije.

- No hace falta –rió y añadió- solo quería que te dieses prisa.

Le pegué con el neceser que tenía en la mano, pero solo hizo que él riese aún más fuerte. Sin hacerle caso, me dirigí a mi habitación y terminé de arreglarme y luego bajé. Edward me estaba esperando abajo. Como siempre, iba espléndido, pero no quise quedarme como una tonta mirándole. Él no se percató de mi aturdimiento ya que cuando me vio aplaudió.

- ¡Ya era hora! –exclamó, aguantando la risa.

Le saqué la lengua, como una niña pequeña, y él se acercó y me cogió por la cintura, pegándome contra su cuerpo.

- Estás preciosa –me susurró al oído, cosa que hizo que me sonrojara.

- Tú también estás muy guapo –murmuré, muerta de vergüenza.

- ¿Qué? No te he oído –dijo, con una traviesa sonrisa.

- ¡Que estás muy guapo! –le grité, totalmente ruborizada.

Él rió e inclinándose, frotó su nariz contra la mía.

- ¿Ves? No era tan difícil –me apretó más contra él y me dio un tierno beso, antes de añadir- Te quiero.

Mi corazón dio un vuelco, lleno de alegría. Nunca me cansaba de escucharlo.

Me puse de puntillas, para volver a sentir sus labios contra los míos. Me hubiese quedado así toda la vida, pero Edward se separó, con una sonrisa.

- Tenemos que ir a cierta fiesta.

- ¿Por qué? Podemos decir que se nos averió el coche…

- Si, esa es una excusa perfecta –rió, besándome en la frente- la Ch…

- Ni se te ocurra decirlo –me separé de él, quedándome solo con una de sus manos- anda, vamos.

Me miró con las cejas alzadas.

- ¿A dónde?

- A la fiesta.

- ¿No preferías quedarte?

Estaba arrastrándolo hacía la puerta, a duras penas, ya que él hacía algo de fuerza para retenerme.

- Sí, pero has roto todo el encanto.

Él solo se limitó a reír.

Subimos al Chevrolet, y después de tres intentos de arrancar, el coche se puso en marcha. Edward hizo un comentario de los suyos sobre mi coche, esos que me sacaban de quicio. Esta vez dijo que dentro de aquel horrible coche iba a ensuciarse, y tuve que darle un manotazo en el brazo. ¡Mi coche estaba siempre limpio!

Llegamos a casa de Ben y solo aparqué en la acera de delante en la que había un sitio libre, Edward se bajó rápidamente y vino corriendo para abrirme la puerta y tenderme la mano, que cogí encantada.

- Que caballeroso –reí.

Edward me dio otro beso en los labios y cogiéndome de la cintura, me guió hasta la casa.

- Siempre soy caballeroso.

- ¡Ja! –repliqué.

Entramos y nos encontramos con un montón de gente. Divisamos a Alice y a Rose, que estaban en el sofá. Nos dirigimos hacía ellas y nos sentamos a su lado.

- ¡Edward! –exclamó Alice, con una gran sonrisa- ¡¿A qué no sabes quién me ha llamado antes!

Entre tanto alboroto, era casi imposible escucharla.

- ¿Nuestra prima hermana Tina?

- ¡No tenemos ninguna prima hermana! –Rose y yo reímos, ya que Alice estaba tan alterada que no había captado la broma- ¡Me ha llamado Jasper!

- Oh, vaya, a mí también. ¿Te ha dicho que Emmett no le apetecía llamar?

- Aparte de eso, me ha dicho que me echa de menos. ¡Tú lo conoces! ¿Crees que tengo alguna posibilidad con él?

- Alice, eso lo hemos hablado muchas veces.

- Pero admite que puede ser. ¡Jasper no trata así a las demás chicas!

- Eso es verdad.

Estuvieron hablando un rato más sobre ese tema. Mientras bebíamos algunas copas que Rose se encargó de traer. No bebimos mucho, era más la sed que otra cosa. Me lo estaba pasando bien, ya que de vez en cuando se acercaban algunos compañeros de clase que charlaban un rato con nosotros. Iba todo bien, hasta que llegó Tanya, algo ebria.

- ¡Hola! –nos dio dos besos en las mejillas a cada uno, en especial a Edward, a quien intentó dar tres, pero él cortésmente se apartó- ¿Bailarías conmigo?

- Primero me gustaría bailar con Bella.

- ¡¿Bailar? ¿Yo? Eso era una locura. Si salía a bailar posiblemente alguien saldría muy malherido. Puede que peor de lo que podría pasarle a un sobón que se pasara con Rosalie. No, no era una buena idea.

- ¡Pero si Bella no sabe bailar! –insistió Tanya- ¡Venga ven a bailar conmigo!

Sacó a mi novio a rastras hasta la pista de baile, y a punto estuve de levantarme a impedirlo, pero no quise parecer la típica novia celosa. Rose y Alice intentaron entretenerme hablando de temas triviales, para que no centrase mi atención en Tanya y Edward, que estaban muy apegados.

Pasaron varias canciones, y cada vez estaban más cerca el uno del otro. Me repetí a mi misma que aquello no significaba nada. Me olvidé de ellos durante un rato, charlando como estaba con Alice y Rose, y cuando volví a mirar, sentí que todo empezaba a dar vueltas de una manera desorbitada.

- ¡Bella, ¿Qué ocurre? –gritó Rose, al percatarse de mi expresión, para luego seguir mi mirada, y descubrir lo que estaba ocurriendo.

Tanya y Edward se estaban besando.

¿Qué pasaría si para él solo significases un capricho?, había dicho Jake.

Me levanté, a trompicones.

- ¡Voy a decirle cuatro cosas bien dichas a ese que se hace llamar mi hermano! –gritó Alice, realmente enfadada.

- Déjalo –dije, con voz apenas audible.

- Bella… -repitió Rosalie.

Sacudí la cabeza y con lágrimas en los ojos, salí corriendo de aquella estúpida fiesta. Ya en la calle, algunos invitados que estaban fuera se me quedaron mirando, pero no les presté atención. Una vez dentro de mi coche, recordé las palabras de mi mejor amigo. Decidida, saqué el móvil y marqué su número. Al segundo pitido, me contestó.

- ¿Bells?

- ¿Jake? ¿Podemos vernos ahora?

Os ha sorprendido el capitulo? En el foro nos hizo sufrir mucho…pero otros aun mas xDD si hay peores jajajaja esta historia es larga, y hay muchos líos de por medio ^^ pero mejor así no? Mas interesante es, según mi opinión.


Por capis como este, entendereis que a la autora, Elenya, la llamamos Cruella de Vil jajajajaja

Bueno, solo digo lo que dijo Elenya después de publicar el capitulo: No os odieis mucho a Eddie, que después os arrepentiréis xDDD

Ah! y porsupuesto, un monton de gracias por los reviews L0kii, Mauge, lorenamtz, Lore Cyrus, FAYRES12, JIMENA L, Alejita Masen, karin cullen, andreiitah, Caamy-Roce, liebende Lesung y Bella masen! :3 y bienvenidas las nuevas!

una cosilla, si os abrevio los nombres no pasa nada no? ^^ es que asi es mas comodo jeje

bueno, yo me despido hasta el proximo capi :D

un beso!

Aliena.G! ;)