Chicos, a veces me asusto de lo que escribo. Me fascinó este capítulo, así que espero que también les guste. Díganme qué les pareció y si creen que necesito terapia. Hasta la próxima, bebés :*

LA PANTERA

Capítulo 8: Copycat.

La música era ensordecedora y las luces de neón iluminaban el espacio de manera extraña. Los rostros se desdibujaban, y las drogas ingeridas no ayudaban demasiado. Bazz se sujetó la cabeza con ambas manos y se puso de pie, tambaleante.

-¿Qué haces? –preguntó Bambietta entre risas.

-Me largo de aquí –respondió Bazz con voz áspera.

-¿Tan pronto? Ni siquiera son las nueve.

-Llevo así todo el día. Estoy harto.

-Bien, como quieras. Eres un perdedor de todas formas.

Bazz murmuró algo ininteligible antes de dirigirse a la salida a base de empujones entre el gentío. El frío aire le dio en la cara y lo espabiló un poco. El callejón estaba casi desierto, pobremente iluminado por un farol a unos veinte metros de distancia. Bazz cerró la puerta tras él y se recargó en el muro. La música llegaba con un sonido ahogado. Vio a lo lejos alejarse a unas personas en dirección al barrio chino. Apoyó la cabeza en la pared y cerró los ojos, tratando de calmar su mente. Una risa conocida proveniente del otro lado del contenedor lo distrajo. Se acercó lentamente y distinguió dos siluetas.

-¿Candice? –llamó.

La chica rubia se separó del tipo con el que estaba y observó a Bazz, un poco sorprendida de encontrarlo ahí.

-¿Lo conoces? –preguntó su acompañante viendo a Bazz de pies a cabeza con un poco de desconfianza.

-Sí –respondió la chica-, bueno, solíamos ir juntos al instituto.

-¿Quieres…hablar con él?

Candice pensó bien su respuesta. No quería tener nada que ver con Bazz, el chico que la acosaba durante sus años de estudio y la había invitado a salir un sinfín de veces, pero tampoco quería comportarse grosera con él.

Sólo será un momento, pensó.

-Eh, sí. Te veré adentro.

El chico asintió y le dio un beso en los labios antes de entrar por la puerta. Candice sonrió de manera incómoda ante la mirada penetrante de Bazz. Se veía distinto de como lo recordaba. Usaba un corte de cabello estilo mohicano y se había perforado las orejas. Por lo demás, se veía casi igual, a excepción de los ojos enrojecidos, y por supuesto, había perdido algo de peso.

-Es…extraño verte por aquí –comenzó Bazz.

-Lo mismo digo, no te he visto en meses. Mi novio quería salir, pero estaba harta de los lugares de siempre.

-Tu novio…

Candice suspiró pesadamente. Bazz soltó una risita y se acercó más a Candice.

-Ya veo. Supongo que uno de los dos tenía que seguir con su vida después de que lo nuestro no funcionara.

-¿Lo nuestro? –Candice rió nerviosa- No sé de qué mierda hablas.

-Es difícil, lo sé. Teníamos química, estaba seguro que también te gustaba, pero nunca quisiste salir conmigo.

-Creo que estás muy confundido. Te dejé muy en claro desde el principio que no quería nada contigo. Mucho menos después de que te metiste en las drogas. Eras un buen chico, no entiendo qué fue lo que pasó.

-¿Era un buen chico? ¿Eso crees? Entonces ¿por qué no me diste una oportunidad?

Bazz estaba ahora frente a ella, acorralándola contra la pared. Candice se pegó al muro lo más que pudo, tratando de huir del aura amenazante del peli rosa. Levantó una mano en defensa y la puso sobre su pecho, tratando de alejarlo. Bazz le quitó la mano de un golpe.

-Oye, relájate –exclamó la rubia.

-Creo que no tienes idea de lo que puedo hacer.

-¿De qué estás hablando? Estás drogado, Bazz, vete a casa.

Dio un paso hacia un lado pero Bazz la jaló del brazo y la estampó contra la pared, provocando que soltara un grito ahogado. Acto seguido sacó una navaja del bolsillo del pantalón y se la acercó al rostro.

-En serio, no tienes idea de lo que puedo hacer.

-¿Qué crees que estás haciendo, maldito fenómeno? ¿Tratas de parecer rudo? Será mejor que me sueltes o pagarás las consecuencias.

-Ah, ahí está el insulto que esperaba. No crees que soy lo suficientemente bueno para ti, ¿verdad? Eres una maldita engreída –le estaba apretando el brazo con demasiada fuerza.

Candice luchó por zafarse.

-Si no me sueltas voy a gritar.

Bazz soltó una carcajada y la jaló del cabello hasta el otro lado del contenedor. La puso de rodillas y se posicionó detrás de ella. En un abrir y cerrar de ojos, le pasó la navaja por el cuello, pero al parecer no tenía suficiente filo. Candice soltó un gorjeo ahogado, retorciéndose en su lugar mientras Bazz enterraba la navaja con un poco más de fuerza y desgarraba su piel en el proceso.

Todo estaba borroso. Soltó el cuerpo de la chica, que se desplomó hacia un lado en un charco de sangre. Cuando cayó en la cuenta de lo que había hecho, se miró las manos horrorizado. La cabeza le palpitaba dolorosamente y le dieron ganas de vomitar. Observó el cadáver frente a él y retrocedió hasta la pared. Miró a uno y otro lado del callejón para ver si había alguien. Arrojó la navaja hacia un lado y salió corriendo lo más rápido que le permitieron sus piernas.


El teléfono de Orihime sonó casi al finalizar la película. Apenada, salió de la sala en silencio para contestar. Era el capitán Kurosaki, no tenía idea de por qué la estaba llamando. Estaba segura que le había avisado que iría al cine con Ichigo y los demás. Además, los patrullajes se habían suspendido, por lo que no podía estar llamándola por eso.

-¿Sí?

-Detective, necesito que vengan inmediatamente a la estación de policía.

-¿Qué sucede? –no le gustó el tono de voz que había empleado.

-La Pantera mató a otra chica.

Orihime se quedó estática en su lugar. Sus manos se helaron al momento.

No, no puede ser cierto. Se suponía que atacaría hasta el viernes.

Soy una idiota por creerle.

Maldijo en voz baja.

-Vamos de camino, capitán.


Las patrullas estaban estacionadas con las torretas encendidas. Todo el lugar estaba cercado con cinta de seguridad y algunos policías interrogaban al público que estaba presente. Los forenses ya estaban en el lugar, tomando muestras de aquí y de allá, alrededor de un bulto en el piso cubierto con una lona negra.

Orihime e Ichigo mostraron sus placas de detective para que los dejaran pasar. Ichigo se acercó a Isshin, que hablaba con un oficial de policía y el dueño del club. El dueño del club se encogía de hombros mientras hablaban. Claramente no tenía idea de qué había sucedido.

Orihime se acercó a los forenses, tratando de mantener la compostura. Una parte de ella se estaba haciendo cargo de la situación, como una profesional, pero la otra era una niña pequeña que deseaba ser abrazada hasta que toda aquella masacre terminara.

Se arrodilló frente al cadáver y le quitó la lona de encima, descubriendo desde su cabeza hasta la estrecha cintura. La garganta presentaba un corte irregular de lado a lado, y la sangre viscosa empapaba toda su piel hecha jirones. Contuvo la respiración mientras analizaba el rostro en busca de indicios de violencia. No había nada. La boca estaba entreabierta y los dientes manchados de sangre.

Algo en la escena no encajaba. El MO era distinto. El asesino solía secuestrar a la víctima, matarla en otro lado y arrojar el cadáver al día siguiente. Esa era claramente la escena del crimen. La chica no tenía marcas de sogas en las muñecas o los tobillos, y no tenía más de dos horas muerta.

¿Habrá cambiado su MO? Es posible, pero no probable.

Se estremeció al notar lo bien que parecía conocer la manera de actuar del asesino, como si pudiera leerle la mente. Todo era un caos, desde la garganta cortada de aquella forma hasta la sangre esparciéndose por todos lados. Era caótico, desordenado, improvisado. Orihime temió que estuvieran enfrentándose a un imitador. Otro asesino suelto era lo último que necesitaban cuando no habían podido ni siquiera capturar al original.

La víctima tenía los ojos abiertos, y Orihime falló en el intento de cerrárselos, debido al rigor post mortem. Quiso meterse en sus pupilas y ver desde su perspectiva la manera en que todo había ocurrido. Se imaginó por un momento que la imagen de La Pantera, o quien sea que hubiese cometido el asesinato, había quedado grabada en los ojos sin vida de la chica. Era casi como si deseara fundirse para obtener un retrato de él.

Suspiró pesadamente al pensar que eso era precisamente lo último que había visto la chica antes de desangrarse hasta morir, y Orihime no podía hacer nada más que especular sobre la identidad del asesino.

¿Quién eres?, se preguntó.


Grimmjow regresó a su departamento después de la cena. Se sentía extraño, como si hubiera traicionado todo aquello que se empeñaba en representar. Tatsuki era una buena mujer, y eso era justamente lo que lo ponía de malas. Ahora que se había involucrado físicamente con ella, sería más difícil matarla. Incluso rió varias veces durante la cena. Era fácil hablar con Tatsuki, tenía carácter y era muy inteligente.

Se tumbó boca abajo en la cama y miró el reloj. Eran pasadas las diez. Observó el papel con la segunda pista que le daría a la detective y buscó el teléfono. Esperó en la línea un momento.


Todas las salas de interrogación estaban llenas. Era la primera vez que había detenidos en un asesinato de La Pantera, las veces anteriores únicamente habían escoltado a la estación de policía a la persona que encontraba el cuerpo y a los posibles testigos. Entre los detenidos se encontraban el dueño del club y el novio de la chica. Éste último estaba hecho un desastre, lloraba desconsoladamente pero al mismo tiempo parecía que no tenía idea de lo que estaba pasando.

Renji llegó con Isshin a la oficina y le entregó unas notas.

-El dueño del club no sabe nada, jefe. Al parecer estuvo adentro todo el tiempo. Ni siquiera los guardias lograron ver algo.

-¿Qué hay del novio de la chica?

-Apenas voy a interrogarlo, pero creo que los resultados serán los mismos.

Isshin se puso de pie.

-No podemos saberlo con certeza. Yo mismo lo interrogaré. Andando –añadió dirigiéndose a Ichigo, Uryuu y Orihime.

Los tres se apresuraron a bajar junto con el capitán para interrogar al resto de los detenidos. El bolso de Orihime vibró y se detuvo al pie de las escaleras. Ichigo se dio cuenta y la esperó.

-¿Vienes? –le preguntó.

Orihime observó la pantalla del teléfono. Era el asesino.

-Sí, en un momento los alcanzo –respondió y se metió a la oficina cerrando la puerta tras ella.

-Detective, qué alegría escuchar su voz –exclamó Grimmjow con voz mecánica.

Orihime frunció el ceño. Era increíble el cinismo de aquel hombre.

-Me encantaría poder decir lo mismo de la suya.

-¿Eso que noto en su voz es resentimiento? Entiendo que no jugamos del mismo lado del tablero, pero no sabía que se lo había tomado tan personal. Como sea, ¿está lista para la siguiente pista?

-¿Me habla de juegos y pistas? Jódase –Orihime estaba a punto de terminar la llamada pero se detuvo.

-Si cuelga será el mayor error de su vida, no me gusta que me dejen hablando solo.

-Y a mí no me gusta que me mientan.

-¿Es así? No tengo idea de lo que está hablando.

-Dígame una cosa: ¿disfrutó matando a esa chica?

-Me temo que tendrá que ser más específica.

-Sabe bien de quién hablo. Me refiero a la chica rubia afuera del club. Hace aproximadamente una hora. Seguro en este momento está deshaciéndose de sus ropas manchadas de sangre. La escena era un caos. Lo creí más cuidadoso.

-De acuerdo, esto dejó de ser divertido.

-Me dice que me relaje y me tome el día, me asegura que no atacará hasta el viernes y prácticamente me sugiere que retiremos las patrullas de las calles. En el momento en que bajo la guardia usted ataca a otra chica inocente. Pero lo entiendo perfectamente, no se puede confiar en escoria como usted.

Grimmjow estaba furioso. Su mandíbula estaba tan tensa que parecía que se iba a romper de un momento a otro. La detective estaba hablándole de un asesinato del que no tenía ni idea. No podía probarle que él no lo había cometido porque su coartada involucraba a Tatsuki.

Entonces cayó en la cuenta, alguien más se estaba haciendo pasar por él. Soltó una pequeña carcajada, pese a que se encontraba en el ojo del huracán.

-Ya entiendo. No sirve de mucho decirle que yo no maté a esa chica de la que me habla, puesto que no creerá nada de lo que le digo, pero si dice que la escena era un caos, piénselo un momento.

-No tengo por qué seguir hablando con usted.

-Escoja sus palabras con cuidado, detective. Dígame una cosa, ¿alguna vez he sido descuidado? ¿Por qué no me habla de los detalles de la escena del crimen?

-Eso es información confidencial.

-Si está tan segura de que yo la maté, entonces no tiene nada que perder puesto que estaría asegurando que conozco esos detalles –contrarrestó Grimmjow.

Orihime soltó un largo suspiro y se sentó en la silla de Isshin. Sacó una copia del expediente de la chica y leyó:

-Candice Catnipp, veintidós años, fue encontrada esta noche afuera del club Sternritter. El cuerpo está en la morgue, todavía no lo han analizado. Causa de muerte: un corte en la garganta, se desangró hasta morir. No presentaba marcas de golpes o ataduras. Murió ahí mismo.

-Y ahora le pido que recuerde uno de mis asesinatos. El que sea. ¿Qué le parece...Isane? La chica de la cafetería.

-No tengo el expediente –respondió Orihime revolviendo los papeles del escritorio.

-No hace falta, la escena está muy vívida en mi memoria. Isane Kotetsu, veintidós años, cabello corto, crespo y plateado; alta, cuerpo y cara de diosa griega. La secuestré un jueves mientras salía de trabajar. Siempre tomaba la misma calle solitaria de regreso. Amordazada y atada de pies y manos, no hubo necesidad de violencia. A excepción de los tres cortes que le hice en la garganta, su cuerpo estaba intacto. La abandoné en una primaria al día siguiente. Ahora dígame, ¿qué diferencias encuentra?

Orihime se puso nerviosa de repente. El que recordara a la perfección cada uno de sus asesinatos la hizo estremecer.

-N-No lo sé, yo... –tartamudeó.

-Piense.

-La muerte de Isane fue planeada, usted la observó por un tiempo antes de hacer un movimiento. La secuestró el jueves, la amarró y cortó su garganta tres veces con precisión. El cuerpo fue encontrado en otro lado al día siguiente. La muerte de Candice fue improvisada. Murió en el mismo lugar en el que fue encontrada. No hay pruebas de que fue amarrada o golpeada, había mucha sangre y el corte de la garganta era irregular, como si hubiera sido hecho con una navaja sin filo.

Hubo una pausa.

-Ahí lo tiene –exclamó Grimmjow. Le gustaba la agilidad de la detective para relacionar las cosas.

-Si usted no lo hizo, ¿entonces quién?

-Créame, estoy tan interesado en averiguarlo como usted. Tenemos a un imitador, o un fanático impulsivo. No sé cuál de los dos es peor.

-Analizarán el cuerpo de Candice en cualquier momento, espero encontrar alguna pista.

-¿Qué hará mientras tanto? ¿Sentarse a esperar?

-¿Qué más puedo hacer? No hay nada en las cámaras de seguridad de la policía ni del club.

Grimmjow sonrió. Si no fuera por lo extraño de la situación, parecería que le estaba pidiendo un consejo.

-Le diré lo que yo haré. La voy a ayudar a atrapar al imitador. Trabajaremos juntos.

Orihime soltó una carcajada irónica que a Grimmjow le molestó.

-Esto sí que es bueno. El asesino y la detective trabajando juntos. ¿Qué provecho podría sacar usted de todo esto?

-Hay un tipo allá afuera matando personas, lo cual no me interesa en lo absoluto, pero la policía y los medios creen que se trata de mí. Esta persona es descuidada, no permitiré que manche el nombre que tanto trabajo me ha costado conseguir. Estoy consciente de las limitaciones de la policía. Ese es el trato que le ofrezco. Mientras tanto, no mataré a ninguna chica. Es más, olvídese del plan del viernes, puedo esperar.

Orihime sabía que tenía intenciones ocultas, pero no se le ocurría ninguna otra solución.

-Todo eso está muy bien, pero no me ha dicho el precio que tendremos que pagar.

Grimmjow pensó que era en verdad muy astuta. Sabía de antemano que su ayuda no era gratis.

-No lo vea como un "precio". En realidad es muy sencillo, no requiere ningún esfuerzo. Mientras la ayudo a capturar al imitador, ni usted ni nadie de sus amigos agentes va a ponerme un solo dedo encima.

-Eso no es posible.

-¿No lo es? Le pido que lo reconsidere. Soy su única alternativa. Yo, mejor que nadie, conozco la zona y la manera en que funciona la mente de un asesino. ¿Quién estará dispuesto a hablar con la policía cuando su gente no hace más que hundir en la miseria a la mía? Admiro su destreza para resolver crímenes, pero sería mejor que dejara atrás toda esa vanidad y comenzara a vivir en el mundo real por primera vez.

Orihime meditó un momento lo que le decía. Sabía que era verdad que no tenía otra alternativa, pero sentía que estaba dándole la espalda a la ley al pasar por alto que persona como él se saliera con la suya. Una y otra vez se repetía que no debía confiar en él ni dejar que la manipulara.

-¿No hay respuesta? Tic-tac, tic-tac, el reloj sigue avanzando. Le daré hasta medianoche para que lo piense. Tenga en cuenta que mientras más se demore, el asesino podría atacar a otra víctima. Hasta entonces, detective Inoue.

La comunicación se cortó. Orihime guardó el teléfono en su bolso y bajó a encontrarse con el resto del grupo.


Isshin estaba dentro de la sala de interrogación con el novio de la chica. Ichigo, Uryuu y Renji observaban todo desde la ventanilla unilateral. Orihime se aproximó a ellos y esperó a que el capitán le sacara información.

-Necesito saber qué fue lo que pasó en el club –exclamó Isshin.

Cang Du miraba hacia la nada. Había estado así durante los últimos veinte minutos. De vez en cuando jugueteaba con sus dedos y se mordía las uñas.

-¿Quién más estaba ahí esa noche? –prosiguió Isshin, sin obtener respuesta.

Orihime bufó molesta y entró a la sala. Lo último que necesitaba era un tipo que se guardara toda la información importante que pudieran necesitar. Isshin se sorprendió por la interrupción. Cang Du pareció reaccionar al verla entrar.

-¿Quién es usted? –preguntó con voz ronca.

-Soy la detective Inoue –le mostró rápidamente su placa-. Será mejor que empieces a hablar. Los cargos por asesinato son muy serios.

-¡Detective! ¿Qué cree que está haciendo? –Exclamó Isshin-. Este chico es inocente.

-Lo siento mucho, capitán, pero hasta no tener pruebas no podemos demostrarlo –se giró de nuevo al chico-. ¿Por qué mataste a Candice?

-Yo no la maté –el chico empezó a alterarse-. No sé de qué me está hablando.

-Tus huellas estaban por toda la escena del crimen. Dime algo, Cang Du, ¿fue por celos? Candice era muy bonita, tal vez no te gustaba que los chicos se le quedaran viendo.

-Yo no...

-O tal vez estaba harta de ti y te dejó. No pudiste soportarlo y a la primera oportunidad le rebanaste el cuello.

-¡Cierre la boca! Eso no...

-Tal vez la corte pueda llegar a un acuerdo. Si colaboras con nosotros te puedo ofrecer veinticinco años. Sales en veinte si te comportas. Todavía podrías reintegrarte en la sociedad y conseguir un empleo decente.

-Es suficiente –exclamó furioso-. No diré una palabra más sin un abogado.

-¿Quieres jugar en las ligas mayores? Bien, me aseguraré de que no salgas en menos de treinta años. Podría colgarte los asesinatos de las otras seis chicas. ¿Eres bueno en matemáticas? No saldrás de la cárcel hasta tu tercera vida.

Orihime se dio media vuelta y caminó hacia la puerta. Isshin la observaba con la boca abierta.

-¡Espere! Por favor, espere. Tienen que creerme, yo no asesiné a Candice. Yo la amaba, todavía lo hago.

Orihime lo vio con lástima por encima del hombro, pero no podía doblegarse.

-Dile eso al juez. Si le caes bien te mandará a una prisión segura.

-Había otro chico afuera del club –se relajó un poco y su memoria comenzó a revocar las escenas de lo sucedido. Estaba saliendo del bloqueo.

Cang Du se recargó en la mesa y enterró la cabeza en las manos.

-Candice, ella...ella dijo que lo conocía. Del instituto. Él, no sé su nombre, en ningún momento se lo dijo, ni se me ocurrió preguntárselo. Los dejé solos para que hablaran. Él parecía tener muchas ganas de decirle algo.

-¿Qué más recuerdas? –prosiguió Isshin, animándolo a seguir hablando.

-Yo.., no lo sé, le di un beso a Candice y luego entré al club para esperarla adentro. Afuera no había nadie más, sólo nosotros tres.

-¿Recuerdas si llevaba un arma? Tal vez una navaja, cúter o algo similar.

Cang Du negó con la cabeza.

-No, él se veía...como...como si estuviera en problemas.

-¿Qué clase de problemas?

-No lo sé, maldición. Se veía un poco alterado, pero supuse que había bebido un poco. No es que ese club tenga muy buena fama. Candice fue la que lo propuso, era mi primera vez ahí.

-Háblame más de este chico. ¿Cómo era?

-Joven, de tez blanca. Su cabello era rosado o rojizo, no se veía muy bien por la luz del callejón. Lo llevaba al estilo mohicano. Era delgado, más o menos de mi estatura.

-¿Qué ropa estaba usando?

-Un pantalón negro y chaqueta blanca. Creo que tenía una argolla en la oreja.

-¿Cómo fue que encontraste a Candice? –preguntó Orihime recargada en la puerta.

-No supe cuánto tiempo había pasado tal vez diez o veinte minutos. Me acerqué a la barra y pedí una cerveza para esperar a Candice. Se tardó más de lo que pensé y salí a buscarla. Encontré el cuerpo al lado del contenedor –se le quebró la voz antes de seguir-. Había…mucha sangre alrededor. Por un momento pensé que estaba bajo los efectos del alcohol, tal vez todo aquello era una alucinación. Pero fue tan real. Salí corriendo de regreso al club. Llamé a los guardias y ellos se encargaron de marcar a la policía. La gente empezó a salir al escuchar lo sucedido. El resto ya lo sabe. Me detuvieron a mí por ser el único testigo y quien había encontrado el cuerpo. Le estoy diciendo la verdad. Yo no maté a Candice.

Orihime supuso que el chico tenía razón. La verdad, ella tampoco creía que la hubiera asesinado, pero tenía que desquitar esa impotencia que sentía hacia el verdadero asesino. Salió del cuarto sin decir una palabra más a Cang Du o al capitán. Ichigo la detuvo del brazo cuando la vio salir. Habían escuchado toda la conversación.

-Oye, eso fue asombroso. La manera en que ese tipo empezó a hablar…

-¿Encontraron el arma homicida? –lo interrumpió Orihime. No estaba de ánimos para hablar con él, mucho menos para que le hiciera cumplidos.

-Sí, Akon está analizándola en busca de huellas. Nadie del cuerpo policíaco puede creer que el asesino haya dejado el arma en la escena del crimen. Una simple navaja suiza, ¿puedes creerlo?

-Escucha, Ichigo, la verdad no creo que haya sido el asesino de antes.

-¿Qué? ¿Por qué lo dices? La chica tenía el mismo corte en la garganta.

-Sí, pero piénsalo bien. Era sólo un corte, y en las anteriores eran tres. Además, no suele dejar el cuerpo en la misma escena del crimen. La chica ni siquiera fue secuestrada.

-Eso es justo lo que el asesino quiere que pienses. Está cambiando su forma de actuar para desconcertarnos. Este bastardo es astuto, no dudará en llegar a tales extremos con tal de salir impune.

Orihime quería decirle que se callara, que no tenía ni idea de cómo funcionaba la mente del verdadero asesino. A diferencia de todos ellos, ella era la única que había tenido un encuentro real con La Pantera y había vivido para contarlo. Qué rayos, iba a trabajar codo a codo con él. Si con eso no llegaba a conocerlo mejor, entonces no sabía cómo.

Pero, por supuesto, no dijo nada al respecto.

-Sólo digo que debemos confirmarlo antes de hacer un movimiento. Esperaremos hasta que Akon tenga las huellas de la navaja.

-¿A qué viene todo eso? De repente te noto diferente –la cuestionó Ichigo.

-No tengo nada, es sólo que quiero hacer bien las cosas –se dio media vuelta y se dirigió a las escaleras.

-De acuerdo, te llamaré cuando tengamos los resultados. Si quieres puedes irte a casa.

-Esperaré en la oficina.


Grimmjow marcó pasada la media noche. No sabía si era insomnio, ansiedad o unas ganas irrefrenables de hablar con la detective. En el fondo ya sabía la respuesta que le daría, pero prefería escucharlo de su boca.

Orihime se encontraba en la azotea con el teléfono en la mano. A diferencia de las dos veces anteriores, no se inmutó cuando vio la pantalla. A decir verdad, se había demorado más de lo que pensaba.

-¿Qué ha decidido? –preguntó Grimmjow.

-De acuerdo, acepto el trato –respondió Orihime sin lugar a pausas o contemplaciones.

Grimmjow no estaba sorprendido por la respuesta. Sabía que tarde o temprano accedería a sus términos. Se paseó por la habitación con el teléfono en altavoz.

-Hay algo más que necesito.

-De ninguna manera. Creo que voy a ser demasiado liberal al permitirle trabajar con la policía.

-No, detective, no con la policía, únicamente con usted. De igual forma, lo que necesito es muy simple. La noticia del asesinato de Candice no puede salir al nombre de La Pantera.

-Eso no depende de mí, los medios de comunicación hacen su trabajo.

-No me malinterprete, las personas como yo nos debemos a los medios. Pero se le olvida que yo no cometí ese asesinato.

Orihime creyó que traería consecuencias desastrosas si no cumplía con lo que le estaba pidiendo, pero aun así sentía que si no ponía un límite respecto al poder que tenía sobre ella, tarde o temprano no habría vuelta atrás. Se sentía a su merced, por más que tratara de organizar su mente.

-Bien, veré qué puedo hacer –respondió con voz queda.

-Confío en que lo hará. Mientras tanto, tenemos que idear un plan para cazar al imitador.

Orihime se sentó en el piso con la espalda pegada a la pared.

-De acuerdo, ¿qué sugiere que hagamos?

-Detective, por más que me gusta escuchar su voz, prefiero verla en persona. Reúnase conmigo a las diez en el mismo edificio donde fue nuestro primer encuentro. Venga sola, y no se le ocurra traer armas –exclamó Grimmjow. Después colgó sin esperar una respuesta.

Continuará…

OMG había tanto para escribir en este capítulo xD Eso fue todo por hoy ;) espero que les haya gustado. Nos leemos la próxima semana. Mil gracias a los que dejaron review :3 los amo por siempre, me suben el ánimo para seguir escribiendo.