BNHA le pertenece a Horikoshi-sensei

Espero y sea de su agrado~

MY BROKEN HERO

The side story of Ground Zero

[Capítulo 6]

Plan de Contingencia

Mientras los dos viejos amigos héroes se volvían a reencontrar de una forma no muy convencional, Murderface paseaba por las calles del distrito de Saitama, con una pechera y una correa que tiraba de él, la que tiraba de aquella correa era una adolescente de ojos y piel color chocolate, morena y con el cabello esponjado, los rizos le caían a sus hombros, burbujeantes al movimiento del viento polvorientas de las calles.

Erika, aquella adolescente que inoportuna u oportunamente aparecía siempre en el camino de Bakugou, había sido testigo del robo que sufrió el antiguó héroe, cuando lo vio ir a los baños públicos en aquel parque. Erika había decidido acercarse y saludar, pero al momento que daba un paso adelante, el viejo vagabundo se fugó con las cosas de Bakugou y éste lo siguió ignorando su presencia a unos pasos de distancia, sin percatarse que dejaba atrás a su perro salchicha atado a la bicicleta. Erika sonrió divertida, cuidaría la bicicleta y el perro por él. O eso pretendió, pues a los cinco minutos de espera, la adolescente se desesperó y tomando la correa para desatarla de la bicicleta y así tomar el manubrio para encaminar hacia el destino.

Con la correa de Murderface en una mano y la otro en el manubrio, Erika fue en dirección hacia donde Bakugou había ido, pero cuando se desvió en una calle que Bakugou no había transitado, Erika perdió toda pista del exhéroe, pero al perder la pista del rubio, el viejo vagabundo y ladrón apareció en el callejón, alegre de haber perdido al rubio. Sin embargo, su suerte no le duraría por mucho tiempo.

Erika frunció el entrecejo y desatando la correa de Murderface, el perro salchicha se lanzó colérico contra el anciano que olía a Bakugou pero que no era su querido dueño, sólo olía de aquella manera por la mochila que el mismo perro vio cómo fue usurpada.

Segundos después, tanto Erika, Murderface, las cosas del rubio, se dirigieron a la búsqueda del rubio. Ahora él era el extraviado.

No obstante, dirigir una búsqueda es cansado y más si se tiene el estómago vacío, así que se tomaron un descanso, comprando soba de un vendedor callejero para después devorarlo en cuestión de segundos. Murderface, que tenía estrictamente prohibido probar comida humana, se atascó con los fideos, fascinado por el sabor. Erika se limitó en acariciar al perro, observando cómo éste se olvidaba de que su dueño estaba desaparecido.

—¿En dónde estará? —se cuestionó aburrida, sentada en una banca cualquiera, la ciudad de Tokio es innegablemente enorme y hay millones de personas con las que él se puede topar, y conociéndolo, lo mejor era estar en un lugar donde esas personas no lo volviesen en un fuego volátil. Aunque eso sería muy guay de ver.

—Murderface, ¿tu amo estará buscándote? —preguntó con la mano en la barbilla, recargada de la banca, viendo al perro que lamía el suelo que aun guardaban el sabor de la soba. No hubo respuesta por parte del perro.

—Murderface, ¿tu amo seguirá con las muñecas sueltas o con esposas?

¡Woof!— respondió el can, como si la última opción fuese la más probable.

—Creo que piensas lo mismo que yo. —dijo entre pequeñas risillas, entre divertida y preocupada por su héroe favorito.

Pero siendo totalmente francos, Bakugou no estaba para nada divertido, pues aun si las risas pudiesen salir de su pecho –que actualmente ya estaba contra el suelo– sólo sería por la ironía y la frustración pura de la situación en la que se encontraba.

Estaba con el pecho contra el suelo, su mejilla izquierda se embarraba en el asfalto, ensuciándose y rasgándose por los escombros, sus manos eran sometidas por una poderosa llave mientras que alguien le colocaba las esposas, y sus piernas eran apresadas con el peso de un hombre que poseía una fuerza de diamante bruto.

Era sometido por su –ahora ex– mejor amigo.

Aciago y muy jodido día.

Los policías le apuntaban con aquellas armas de electrochoque, o de fuego, otros policías se aglutinaban para rescatar a los rehenes que por miedo o por conocimiento de cómo actuar en situaciones como estás se habían quedado en el local.

¿Pero cómo llegamos a esto?

Bien, todo comenzó cuando Bakugou tuvo la grandiosa idea de salir corriendo como aquel vagabundo de hace unas horas atrás.

Kirishima tuvo que responder a su deber. Involucrar su pasado en un caso en el que poca información se tenía no era una acción que un héroe profesional haría, sino más bien actuaría según los protocolos establecidos por la Asociación dado que la situación lo ameritaba: Uno simplemente no puede dejar ir a un sospechoso lejos de la escena, ¡joder! ¡Eso lo hace mucho más sospechoso!

Kirishima no tuvo opción. Se mordía la lengua, consternado.

¿Qué tanto había cambiado Bakugou en estos tres años? ¿Seguiría siendo el mismo con el que se juntaba todos los viernes después del trabajo para cenar?

Eijirou supo que su viejo amigo había cambiado cuando sus miradas se cruzaron por primera vez en estos tres años, se enteró de lo mucho que su volátil y explosivo amigo había cambiado. Se enteró que tres años son suficientes para hacer que la mirada del hombre más orgulloso se vuelva en algo estrambótico y ansiosa, en una mirada que por fin se había dado cuenta cómo operaban los espectáculos heroicos y que su papel había sido cambiado o remplazado por otro. Su amigo ya no estaba con el papel del héroe, encarnación de la Justicia, sino que ahora era el infame héroe o confundido villano.

Kirishima, mejor dicho, Red Riot se había percatado que su apreciado amigo había cambiado lo suficiente como para no evitar una confrontación de miradas entre él y los policías que le seguían todos sus movimientos.

Bakugou había estado consciente que estar rodeado de al menos cuatro patrullas, más de 12 efectivos del cuerpo policiaco de la zona bien armados y preparados para la afrenta junto a un héroe –que daba la casualidad de que una vez fue, probablemente, su único amigo en el cual pudo depositar su entera confianza– no era una grata situación que todo exconvicto deseara estar; estaba más que seguro que éstas no eran buenas noticias, ni para él ni para su triste perro que seguía "extraviado". Por Buda que las cosas no pintaron para bien.

Katsuki dejó caer lentamente a los heridos al suelo, y trató de no ser brusco al subir las manos a la altura de la cabeza, mismo movimiento que provocó en los miembros policiacos desenfundar sus armas de fuego, apuntando sin dudar a la cabeza del rubio. Bakugou, decepcionado, sólo frunció el entrecejo, torció la boca y llevó la mirada al suelo, evitando hacer cualquier contacto visual con aquel viejo amigo, amigo que esbozó una pequeña sonrisa, casi imperceptible. Para Kirishima esta no era la manera en la que le hubiese gustado volverse a encontrar con su viejo amigo, amigo que por tres años se había negado a recibirlo en su casa, rehuyendo de todo contacto de su vieja vida como héroe. Lo entendía muy bien, no podía forzar las cosas con Bakugou, él siempre fue así de incompetente en cuestión de hablar con los demás de sus problemas íntimos, bien podía decirle al mundo lo que disgustaba y detestaba, bien podía ser totalmente franco y evidenciar la hipocresía, resistirse y mostrarse disruptivo, pero pocas veces lo vio hablar de todo aquello que retraían, su tristeza y sus decepciones siempre eran para sí, y Kirishima lo único que podía hacer como amigo era brindarle una sosa compañía y una que otra sonrisa estúpida. Prestarle su endurecido cuerpo para descargara toda la ira y la frustración contenida, aliviándolo con un exhaustivo entrenamiento cual compañeros y amigos: tenderle una mano, era lo único que podía hacer por él.

Pero, por más que quisiese haber sido de ayuda años atrás y en estos precisos momentos, Kirishima no podía forzar las cosas, no podía desatenderse de su labor. Se había relajado, confiado de que Katsuki no haría ningún movimiento brusco que activara los protocolos de coacción anti-criminal. O eso pensó, pues cuando Katsuki subió la mirada hacia los policías, dos nuevas patrullas llegaron a la escena y de una de éstas bajó un agente policiaco de alto rango, tanto que impuso un cierto orden y control al resto de los efectivos, haciéndolos bajar las armas.

El nombre de aquel agente era totalmente desconocido para Katsuki, pero ese rostro, aquel mustio y totalmente desequilibrado rostro acompañado de una pastosa sonrisa le resultaba tan fácil de recordar y unas súbitas remembranzas lo hicieron temblar.

Llegó a su punto de quiebre cuando los ojos de aquel agente lo embistieron de frente. Mirándolo acusatoriamente.

Bakugou comenzó a transpirar abundantemente, su cuerpo rígido sintió el peso de las latas robadas en sus anchos bolsillos, el ruido, la alarma rota de anti-robos de la tienda de auto-servicios más las sirenas que lastimaban su sensible oído derecho y que penetraban fuertemente en sus recuerdos que revivían los días de sus tempestuosos juicios.

Aquel agente era el principal encargado –uno de muchos– de la revisión del caso de Kento. Principal efectivo de la tribuna, por parte del Departamento de Control de Peculiaridades, en buscarlo como culpable. Sinvergüenza ante los infames y vil desgraciado, su sonrisa le llegaba hasta las orejas y Katsuki al verlo de frente entró en el mismo pánico de tres atrás cuando lo juzgaron culpable en el famosísimo caso de Kento.

El miedo suele ser una respuesta natural al peligro, pero el pánico es algo mucho más vicioso y desbordante, y muchas veces no necesita de una sólida razón para ser provocado. Sólo necesita una vaga imagen o unas simples palabras para que se desate incontrolable.

Katsuki no pudo evitarlo, ni siquiera lo pensó una vez, el impulso fue de tal manera que su cuerpo se convulsionaba en una misteriosa efervescencia de desapego a toda la escena, a todo lo que lo rodeaba, a todos los que lo veían y se amontonaban al compás como si fueran perros de caza con una traílla amarrada a sus cuellos, arremetiendo con sus armas a la altura de sus pechos, buscando en dar caza al dócil lobo que comenzó un frenético y agitado escape.

La fuerza de sus pies lo impulsaron veloz a cualquier salida, su cabeza ofuscada por el pánico y las luces de gas de las patrullas lo atontaban como siervo en carretera, se había inhibido todo racionamiento inteligente. Algo totalmente inusual en él.

Kirishima titubeó, pero antes de que esto se volviera en algo peor para Katsuki decidió ser él mismo quien lo detuviese. Se deslizó en el suelo y dando grandes zancadas, Red Riot alcanzó al rubio y tomando sus brazos e imprimiendo una fuerza, lo contrajo al suelo. Sometiéndolo fácilmente. Tan fácil que Kirishima sintió la hiel en su boca, consciente que un Bakugou de tres años atrás hubiera dado una completa resistencia.

Kirishima observó angustiado, sintiéndose como cualquier desgraciado al enfrentar a un hombre que poca resistencia puede ofrecer. Por ello mismo, trató de aflojar el agarre y hacerlo menos doloroso, pero las muñecas de Bakugou se tensaban, el cuerpo de éste respondía siguiendo su indómita naturaleza, recordaba que estas posturas no podían ser ejercidas sobre él, su cuerpo involuntariamente respondía tensándose sobre el suelo, buscando un punto de apoyo para soltarse de la llave que el pelirrojo usaba.

—¡Bakugou! —llamó Kirishima para así tranquilizarlo.

Katsuki, aun ofreciendo ineficiente resistencia, alzó la mirada para reencontrarse con su amigo. No quería verlo a los ojos, no de esta manera, no así.

Sus miradas chocaron en un inusual encuentro.

Todo lo que pudieron haber pasado en sus años escolares, en sus años como héroes de la novatada y como profesionales se difuminó en una breve y esquiva mirada de colores carmines. Eijirou dejó escapar un ligero respingo, abatido.

La mirada de su rubio amigo no era era mirada acostumbrada de sincero odio e incauta vanidad. A tres años, los ojos de Katsuki proyectaban una profunda soledad, el pánico latente por querer escapar y el desalentador desprecio hacia todos se combinaba con la inmensa tristeza que sus pupilas delataban en las contracciones al cerrar y abrir los parpados.

Kirishima lo entendió de inmediato. La fuerza y la natural resistencia salvaje de Bakugou se habían esfumado en estos tres años.

Sin duda algo se había roto aquel día en la que su mejor amigo había perdido el apoyo de su público, la confianza de sus compañeros de trabajo, la ayuda que podían ofrecerle sus pocos amigos, maestros y familiares, la bondad de una ley que se mostró igual de salvaje contra Bakugou. Culpándolo sin piedad de quebrantar el juramento de un héroe a su gente e instituciones, firmas, etc.

Aquel amigo que le había aconsejado el jamás romperse en una pelea, se había quebrado. Sus partes caían sobre el suelo y Kirishima las pisaba.

Eijirou había seguido tan tozudamente ese consejo que no podía pensar en qué decirle a Katsuki.

—Baku–… —intentó agregar, pero unos gritos impidieron que prosiguiese. Sorprendido, llevó la mirada hacia quien había proferido aquellos gritos que cuando se escuchaban con más atención eran quejas llenas de indignación. Se trataba de los clientes del local que habían salido por cuenta propia cuando la ayuda tardaba en tomar acción con los heridos. Uno de ellos era la mujer que Katsuki había tirado al suelo cuando el ataque había iniciado.

Ilesa, cubierta de polvo, con un tic nervioso en el ojo y, sobre todo, enojada, la mujer de unos 40-50 años aproximadamente junto con otros tres clientes, salieron del local torpemente por suelo destrozado lleno de cristales rotos, rechazaron la ayuda cuando los policías intentaron ayudarlos, apartándolos con furiosas miradas. No sólo estaban indignados por la lenta respuesta de la policía ante casos como estos, sino que también estaban enojadísimos al ver al rubio que detuvo a los criminales siendo sometido por un héroe, sea quien sea.

—¡Soltadle! —exigió la mujer, encaminándose al quien parecía ser el superior de los efectivos. El superior miró sin ninguna mutación en su rostro a la mujer.

—Las ambulancias vienen en camino, no se preocupe. —comentó mecánico, ignorando la petición tajantemente.

—¡Bien! ¡Ya era hora! Pero ahora suelten al muchacho. —dijo aun conmocionada la mujer, pero con algo muy claro, el joven rubio no merecía ser apresado por la policía.

—Díganle a ese héroe que lo deje en paz. —se unió en la exigencia otro hombre que tenía el brazo manchado de sangre, su sangre, un vidrio le había rasgado superficialmente la piel. —¿O temen darle órdenes a un héroe, cobardes? ¡Todos ustedes trabajan para nosotros, los ciudadanos! —el señor estaba claramente exaltado, pero la rabia al ver cómo el rubio era sometido podía más que el shock que lo hacía flaquear, como un borracho.

—Si las víctimas dicen la verdad de que aquel hombre que yace sobre el pavimento con un héroe encima ayudó a detener el violento asalto; el cuerpo policiaco y el héroe mismo están infringiendo la ley. —habló una figura que salió de la segunda patrulla que había llegado a la escena. Se trataba del Oficial Monoma.

Con una apacible sonrisa en el rostro y un temple seguro en cada uno de sus pasos, Monoma se acercó al Agente del Departamento de Control encargado. Su superior.

—Oficial Monoma. — dijo el agente en claro desagrado.

—Agente Kitani. —respondió descarado.

—¿Qué haces aquí? Esta no es tu zona designada.

—Estaba patrullando como suelo hacerlo todas las tardes a esta hora cuando en la radio escuché que el oficial de esta zona pedía refuerzos. —Mintió. Claramente seguía a Bakugou y vino corriendo cuando, siguiendo la dirección que brindaba el GPS daba con el mismo punto en el que requerían la ayuda. El brazalete no había dado indicaciones que Bakugou había usado su quirk, pero los estallidos y los comunicados de ayuda hicieron que Monoma escupiera su café en el escritorio y se subiera como un loco a la patrulla, emocionado, en busca del rubio problemático.

—¿Dónde están tus hombres?

—Conmigo basta. —sonrió con más descaro. —No por nada soy su efectivo más eficiente de todo Tokio, Agente Kitani.

—Bien, me alegra el verte aquí. Me llevaré a Katsuki Bakugou a mis instalaciones, revisaré el caso exhaustivamente y tan pronto se demuestre que el joven Bakugou no está relacionado con la banda criminal, no ha usado su quirk y actuó en defensa propia le dejaremos en libertad. Por el momento, su conducta sospechosa no debe pasarse por alto.

—Concuerdo totalmente con Usted, Agente, pero no sé si ya le han informado que he tomado el caso de Bakugou bajo mi administración. —ambos se miraron a los ojos, desafiantes. —Sino le han informado, personalmente le notifico que el caso AK047q con el folio 001031d ha sido tomado bajo la administración de la sección 09 del departamento de Akibahara, a cargo del Oficial en Jefe Monoma Neito, señor. —sacando la placa policiaca y quitándose el gorro de plato negro, Monoma impuso su dominio en este caso, es decir, el sujeto del folio 001031d, Katsuki Bakugou.

Monoma amaba su trabajo siempre y cuando éste resultase divertido e hilarante.

El sistema de policía estaba igual de podrido que el de Héroes. Sólo que aquí, hay más campo para poder jugar a los intereses personales.

Monoma no era un santo.

El agente Kitani mordió su labio, ocultando perfectamente su rabia, pues su cara seguía dura ante la declarativa tan cínica del oficial Neito. Exhalando, se encaminó hacia el héroe Red Riot y el exhéroe Ground Zero, seguido por sus hombres, el agente Kitani ordenó que liberará al exhéroe. Kirishima volvió la mirada confundido y quiso preguntar por una razón, pero tan rápido que el pelirrojo se distrajo, Katsuki lo empujó con toda su fuerza, haciendo que la llave se rompiera y se pudiese liberar del agarre aun con las manos esposadas. Sin embargo, detuvo la premisa cuando los ojos irritados del agente Kitani se dedicaban a observarle con cuidado, buscando cualquier error que cometiese.

Katsuki no parpadeó ni un segundo, halló la forma de poder sostenerle la mirada mientras se reincorporaba al lado de Kirishima que confundido veía el cómo el Agente ampliaba su sonrisa, mostrando sus amarillentos dientes, fatigados por los litros de café bebidos por los extenuantes casos que tanto disfrutaba atender.

Ante aquella sonrisa, Bakugou tuvo que esquivar la mirada hacia cualquier punto, seguro que esta noche Murderface dormiría en la calle.

Monoma se acercó y posó su mano en el hombro, alegre de tenerlo a su cargo. Susurrándole unas palabras al oído, le indicó que lo siguiera y obedeciera sólo por hoy, sino sería puesto a cargo de la administración del agente Kitani, así que, sin ofrecer más resistencia, Bakugou aceptó con pesadez, pero antes de que diera un paso adelante, el agente Kitani dejó escapar una exclamación de sorpresa. Todos volvieron la mirada hacia él, incluso Kirishima que poco o nada entendía de la situación frágil en la que pasaban dos departamentos por un caso –Bakugou–.

—Esas latas, me pregunto si las habrá pagado. —soltó con seriedad, al aire para ser escuchado por los presentes. Al instante, Monoma vio en los bolsillos de Bakugou y notó el bulto de las latas. Suficiente, poco le había durado esta victoria, pues al intentar en encontrar una inteligente respuesta, Bakugou retrocedió y con pesadez precipitó sus esposadas manos en dirección al Agente Kitani. Las cámaras de seguridad habían grabado todo, no estaba seguro de que sigan en funcionamiento, pero ante la duda era mejor entregarse por cuenta propia. Nunca ha tenido las de ganar cuando se trata de trámites legales.

—Dado que el robo fue efectuado en el distrito 05, de la prefectura de Saitama, me llevaré al occiso a dichas instalaciones.

—¡Tsk! —chasqueó irritado Monoma al ver cómo Bakugou era introducido con cierta brusquedad a la patrulla, extrañamente callado con la mirada taciturna. Cabizbajo, no se atrevía a levantar la frente para encarar al viejo amigo que le tomaba del hombro, brindándole un tipo de apoyo que nunca requirió. Un apoyo que estaba seguro no querer.

Era fácil aceptar la ayuda interesada de Monoma, porque eso era, la bondad falsa de Monoma era motivada por intereses igual de egoístas, pero al momento que sentía las pesadas y grandes manos de Kirishima que a día de hoy le sacaba dos cabezas de altura y se parecía mucho más al antiquísimo ídolo Crimson Riot, Bakugou se apartó bruscamente del tacto del pelirrojo. Sintiéndose como cualquier desgraciado, no quería lástima del quien antes era su igual.

Siendo empujado dentro de la cabina de la patrulla, Monoma se precipitó a su patrulla para seguir al bastardo agente del departamento de Control de Peculiaridades. Sin embargo, este día no dejaba de darle sorpresa a los más desafortunados.

Bakugou, quien se había resignado a esperar fatigantes sesiones de investigación y entrevistas, y aunque la ansiedad hacía que sus manos le temblaran y sudaran, lo único que ocupaba sus pensamientos era aquel perro que había dejado atrás, perro y fiel amigo que podía escucharlo ladrar aun cuando el bullicio de las sirenas lo dejaban casi sordo. Si no estuviera tan agitado y ansioso, podría jurar que aquel canino amigo estaba ladrando a los pies de la calle, eufórico perro que al ver a su dueño ser rodeado por policías deseaba lanzarse contra los uniformados y darles un buen mordisco en las caras.

La puerta se cerró violentamente y elevando los ojos para ver a la calle antes de que la patrulla iniciara el viaje hacia las instalaciones del Agente, miró por el rabillo del ojo fugazmente, divisando todo el complejo obstruido de policías y a los curiosos que observaban entretenidos la escena, pasó su veloz mirada entre los morbosos que miraban, y entre ellos, una niña de piel negra y hermoso cabello rizado con un perro tirando de la correa.

Un perro salchicha y una adolescente que le sangraba a chorros la nariz, lo miraban directamente a los ojos, entre la multitud, en un día caluroso y con el cielo azul despejado sobre sus cabezas.

La niña no sólo dejaba salir las gotas de sangre de su nariz, sino las lágrimas que caían por sus mejillas por igual, enojada de verlo ahí. Otra vez así.

Un brinco en su pecho lo hizo perder el aliento.

Murderface y aquella mocosa –su fan número uno– lo estaban viendo. Hasta su bicicleta estaba ahí.

En un veloz parpadeo, Bakugou dejó escapar una larga maldición hacia sí mismo, mientras que aquella adolescente de escasos 16 años, se precipitaba a la escena, dejando caer la bicicleta y las pesadas mochilas, burlaba a los policías que impedían el paso, acercándose a la patrulla que estaba lista por acelerar y llevarlo a algún lugar en la que no debería volver a pisar. Con las lágrimas cayéndole de las mejillas y la sangre fluyendo de su nariz, el resto de los policías presentes miraban sorprendidos a la adolescente correr desesperada aunando de que el sonido de las alarmas, las sirenas, los teléfonos celulares y cámaras de seguridad fueron interferidas por unos segundos, apagándose y prendiéndose. Algo hizo fluctuar el transcurso de la señal en un rango de 1 km.

Y Bakugou, pateando tan fuerte la puerta de la patrulla que terminó por romper, salió disparado afuera, lleno de energía y mucha rabia: revitalizado. El agente vio estupefacto la escena, imposibilitado de tomar acción, limitado a ver con gran desprecio al joven rubio que con una fuerza descomunal rompía la cadena de las esposas, profiriendo un gran alarido al cielo y dejando a los observadores boquiabiertos, y a su vez logrando que la joven morena súbitamente detuviera la carrera y sonriera complacida, desfalleciendo cansada en los brazos de Bakugou que la alcanzaron a tiempo. Murderface estaba ahí también, la había seguido y protegido, lamiéndole ahora el rostro.

Sosteniéndola entre sus brazos, Erika sonrió orgullosa de sí misma, pues los ojos de Bakugou que la miraban directamente emanaban esa fuerza que la inspiraba a seguir adelante, esa mirada taciturna y lastimera ya no estaban en esos ojos carmines.

Shishō, he manipulado los videos de seguridad… —susurró orgullosa. Estrechando su nariz sucia de sangre contra el brazo de Bakugou. —todos ellos se pueden ir al carajo.

Bakugou no pudo evitar esbozar una gran sonrisa. Esta niña tenía pelotas. Digna de ser su aprendiz, digno él de tener una alumna tan tozuda como ella. Cargándola entre sus brazos y empujando a los policías que intentaban tomarlo preso, se aproximó a la patrulla de Neito que, dándose cuenta de la intención del rubio, abrió la puerta para depositar dentro a la adolescente, que había manipulado con su increíble quirk todas las cámaras de seguridad y las alarmas, para después ingresar por cuenta propia a la patrulla, así como Murderface que le siguió obediente.

—Los perros no pueden subir. —advirtió Monoma.

—Este perro es diferente, así que lo hará. —respondió ahora engreído. Alegre de tener en su regazo nuevamente a su fiel amigo.

Neito crispó las cejas, sin entender qué había pasado, pero lo único importante es que esta noche podría regodearse de su pequeño triunfo contra el Agente del Departamento de Control. Así que, sin darle más importancia, encendió las sirenas y apretó el acelerador. Maniobrando con excepcional talento, tomó el teléfono móvil del radio GSM, comunicando que se apartarán del camino y no estorbarán en medio del orden público, advirtiéndole a todos los atrevidos que este caso era suyo.

El agente Kitani tendría que esperar.

Una vez en las calles, Monoma vio por el retrovisor, observando tanto a Bakugou, a la adolescente y al perro en los asientos traseros. La adolescente seguía delirando contra los policías y todo el mundo en general, molesta por todo y nada, contenta de poder salvarle el trasero a su héroe que no dejaba de pincharle con el dedo la mejilla, divertido de molestarla aun en dicho estado.

—Dime, ¿fue ella la que provocó la interferencia en los aparatos? —preguntó curioso, a lo que Bakugou tuvo que afirmar con un movimiento de cabeza.

—Llévala a la casa de sus padres. Alguien como ella no debe estar en las calles, sola. —Estaba consciente de que sí debía contar con el apoyo de Monoma, lo mejor era ser claro con él. No quería involucrarla más de lo que había hecho por él en esta tarde.

—¿Huyó de casa? —cuestionó interesado, ignorando rotundamente la petición. —Déjame adivinar, se llama Erika Todokoro, ¿no es así?

—¿Cómo lo sabes?

—Bueno, su billonario padre la ha reportado desaparecida desde hace unas semanas atrás. Tiene a todos los departamentos buscándola. —vio a la menor por el retrovisor, con un plan en mente. —¿Devolverla a casa? Já, Bakugou, ¿quién te crees para decidir por ella? Si ella quisiera regresar a casa lo haría por voluntad propia, pues, al fin y al cabo, ¿no estás haciendo lo mismo que ella? Huyendo de una casa, de unos padres que te brindan seguridad desinteresada, comida y estabilidad, ¿por qué huir?

—Porque quiero.

—Oh, eso es cómico.

—Es mi respuesta, es la única manera en la que puedo contestar. —volviéndose contra el respaldo del asiento, sus dedos pasaban lentamente por las orejas de su perro salchicha, acariciándolo tiernamente, como nunca lo había hecho con otro ser vivo, mientras veía pasar las luces estroboscópicas del puente de luces de la patrulla policiaca mientras que Erika por fin conciliado el sueño apoyada en el brazo derecho de él, roncando quedamente, agotada pero quieta. —Roto y sucio, jugaré a sus jueguitos.

—¿Puedo preguntar por tu plan? —preguntó con cierta hilaridad. Si iba a formar parte de esto era mejor saber a qué se atenía.

—Tenía un plan de reserva, pero ahora el plan de contingencia es el siguiente. —hizo una pausa, exasperando al rubio que torcía la boca por la impaciencia. —Hacer mierda al agente Kitani.

—Me gusta el plan, por no decir que me encanta. —respondió sincero y con una maliciosa sonrisa sobre la faz. —Pero, ¿cómo? Es cierto que el agente Kitani tiene fama por ser el agente del departamento de control de peculiaridades más despiadado y corrupto, pero a la fecha nadie ha podido probar nada, lo único que sabemos con certeza es que él tuvo mucho que ver con tu caso. Las irregularidades no son una mera casualidad.

—Y ahí es donde tú entras, ¿no? Desprestigiar todo un departamento es algo que un policía ambicioso como tú haría.

—Sólo hago justicia a mi manera. —soltó divertido. —Entonces, ¿el plan?

—¿Has escuchado que es más barato encontrar un perro y resolver casos?

—No jodas…

—Ya tengo al perro.

—¡¿Ese es tu plan?! —detuvo en brusco la patrulla, haciendo que la inercia hiciera lo suyo con los pasajeros de la parte trasera. —¿Tu gran plan es jugar al detective con una carismática mascota y un policía de poca confianza por no decir cínico?

—El primer caso que tomaré será el mío.

—Bájate de mi patrulla.

—Oficial Neito, cuide de mí. —dijo con una media sonrisa.

Neito buscaba diversión, ¿no? Pues bien, Bakugou no lo decepcionaría aun cuando el plan de contingencia era inspirado en las viejas novelas inglesas que inspiran un sinfín de clichés hoy en día. Inspirado por la burbujeante pasión juvenil de una de sus más raras fans y el drama policiaco que podría hacer doblegar el poderío del Sistema de héroes, idea tan nefasta y rencorosa hacían que Bakugou pensara en otra forma de responder al sometimiento que ha recibido estos tres años. Sus fuerzas habían sido doblegadas, su licencia y sus permisivas para el contrataque eran ilegales, ahora sólo tocaba jugar las mismas reglas del juego y buscar ventajas de éstas.

Una agencia privada. Resolver casos que la policía y los mismos héroes no pueden resolver y no por ello es ilegal. Un detective, saliéndose de lo permitido, pero actuando en lo permitido, es un ejemplo claro de cómo se puede responder a los abusos. Romper las reglas sin romperlas. Él ya era alguien roto. Un héroe roto con una misión auto-infligida.

Él ya no era el héroe de tres años atrás. Era el héroe de los desgraciados que de alguna forma encuentran una manera para seguir jodiendo en respuesta a los que lo han humillado, porque es bien sabido por todos que mientras más humillado sea el héroe, más cercano es a los dioses. Humillado, débil y hecho pedazos, les mostraría el cómo se responde desde el suelo para alcanzar los cielos. Contestatario sin necesidad del quirk que tanto lo enorgullecía. Rebelde e infame, un héroe roto sin licencia puede aún repartir una justicia desligada de todo manual. Leer manuales es para nerds.

—Me esperaba algo más peligroso y polémico, pero no me quejo. —resopló su flequillo dorado, indignado. —Pero antes, iremos a la oficina de mi zona, hacemos el papeleo para después ir a la Comisión de la Seguridad Pública de Héroes. Un viejo compañero de está interesado en el caso.

—¿De quién se trata?

—Lo has de recordar, su nombre de héroe es Dr. Commando.

—…no.

—¿Shinsou Hitoshi, clase B?

—Nunca presté atención a los personajes de relleno.

—Controla el cerebro humano por medio de su voz.

—Ni puta idea.

Fin del cap.


Así es, Katsuki debe entender que no todo lo puede manejar, ese era el riesgo al salirse de la rutina, pero como este fic no planea constar más de 12 caps. (más el prefacio, el cap.0 y el epilogo) pasó en el primer día, la historia se moldea por sí misma, yo sólo me dejo fluir con el transcurso que ésta misma toma (cofcofexcusaseverywherecof)…

Notas:

1) Bakugou padece del trastorno por estrés postraumático (TEPT). Sé que muchos no estarán de acuerdo, pero siendo honestos, la situación por la que pasó es totalmente traumática: El juicio tan mediatizado en la que se vio envuelto, el sometimiento a terapias inútiles y al aislamiento en la prisión no sólo dejó heridas físicas, sino también emocionales. Psicológicamente deja huellas profundas, no importa que tan 'duro' sea. Ha ido por etapas, desde los síntomas de revivir el suceso traumático a síntomas de abstinencia, etc. (no es de sorprenderse que cuando uno sufre un trauma en el hospital se muestre renuente a visitar uno de nuevo, lo mismo pasa para los que han tenido amargas experiencias en las instalaciones de Justicia). En cualquier caso, estoy abierta a críticas y opiniones, escuchar sus opiniones enriquece la escritura.

2) Agente Kitani, ¡aparece el malo malísimo en turno! Y se trata de un agente del departamento de Control, un corrupto hdp. De este modo, tanto Monoma y Bakugou pueden unirse con un interés en común, mientras que Bakugou buscará limpiar su nombre y evidenciar los atropellos que fue víctima por el sistema de Justicia de héroes, Monoma buscará reposicionar al Departamento policiaco en el lugar que el departamento de héroes les quitó. Vamos, nuestros muchachones son unos egoístas interesados no por el bien público sino por algo más personal, y el malo malísimo por igual. Ahondaré más adelante acerca del Agente Kitani.

3) Shinsou Hitoshi hará una aparición especial en el cap.7 Estuve debatiéndome por los posibles nombres de héroe de Shinsou: 1) Dr. Commando; 2) Inspector Voice; 3) MindVoice, 4)Dictator-Boss. Al final, el primero me convenció, pero el segundo estuvo a casi nada de ganar.

4) Shishou* es Maestro/master.

Bueno, demasiadas notas, sólo me queda agradecer a todos los que pacientes esperan por la actualización, me brindan su apoyo, sus útiles consejos y tiempo para escribirme. Espero que este fic los entretenga y divierta tanto como a mi me divierte escribirlo.

Nos vemos~