THE DARK SECRET SAGA I
Legion of the Damned
8
La esperanza es una cosa triste
29 de julio, Distrito Forestal.
Hedgehogson y Oscar Wilde esperan en el auto, junto a Flash. El primero come maní, el segundo come bocadillos de pescado, y el último solo espera, con la parsimonia que caracteriza a su especie. Es el gran día.
—¿Qué tal vas, Una? —pregunta el erizo por un walkie-talkie— ¿Todo bien?
—Ve encendiendo el auto —le dice ella—. ya estamos listos, tendremos quince segundos antes de que nos descubran.
—Preferiría quince horas, pero está bien —bromea el erizo—. El conductor nos llevará a un lugar sin policías.
—Más te vale —le dice ella—. Recuerda que, si caemos, tú te caes primero, por mis propias manos.
—Querida, ¿Cómo te digo que jamás me atrevería a traicionarte? —bromea el erizo—. Eres valiosa para mí.
—No me hables como si fuéramos novios —dice ella, molesta—. Vamos hacia allá, que ese perezoso encienda el auto.
—Vale —dice riendo el erizo—. Flash, dicen que están listos. Mejor enciende el auto.
—En..., un..., segundo... —susurra el perezoso, con la lentitud característica de su especie—. Colóquense..., sus..., cinturones..., de..., seguridad.
—Bien, más vale que la policía no nos arrincone —dice Wilde preparando un subfusil—. No quiero dispararle a la policía.
—Tranquilo —bromea Hedgehogson—. No le vas a dar a tu novio si eso te preocupa.
Es sólo una broma, pero Oscar Wilde no se lo toma así. Lo contempla como si apenas pudiera contener su ira, y eso en vez de preocupar al erizo, contribuye a causarle más diversión aún. Las reacciones del zorro le parecen divertidas.
—No fue gracioso, erizo estúpido —dice el zorro—. No entiendes nada.
—Te equivocas —le dice el erizo, riendo un poco—. Creo que entiendo perfectamente. Creo que sospechas que ese zorro es tu hijo, o en realidad lo es.
—¡Cállate! —grita Oscar Wilde— ¡Tú no entiendes nada, Hedgehogson!
—Para mí todo está muy claro —dice alegre el erizo—. Estás pendiente de las noticias donde salga ese zorro.
—Los zorros tenemos un fuerte sentido de comunidad —dice molesto Oscar Wilde—. Él es un símbolo de esperanza para todos los zorros.
—Sí, seguro —bromea Hedgehogson—. Y la señora Frisby es la esperanza de Lovebat. No, espera, es el amor de la vida de ese puto murciélago.
—Vives atento de todo lo que hagamos —dice molesto el zorro rojo—. Mejor consíguete una vida.
—Ya tengo una, y muy interesante —el buen humor del erizo no hace sino aumentar—. Con una amiga que conocí, soy muy feliz.
Oscar Wilde gruñe molesto y espera a que lleguen Una y sus hermanos. No quiere que el erizo se inmiscuya en su vida privada, pero el mismo parece muy feliz con hacer eso. Hedgehogson enciende un cigarrillo y espera con confianza.
—¿Estás listo para huir de aquí? —pregunta el erizo a Flash—. Debemos pasar de Zootopia a Megakat City en menos de una hora.
—Allá..., estaremos..., en..., el..., tiempo..., requerido... —dice el perezoso—. No..., fumes..., en..., el..., auto.
—No dejas hacer nada divertido —ríe el erizo—. Déjame creer que estoy en una misión del GTA: San Animalias o en una película.
—Hazle caso, es el conductor —dice Oscar Wilde riendo—. Sin él, no vamos a ninguna parte.
Oscar Wilde gruñe y arroja lejos su cigarrillo, por la ventana del auto. Entonces, ve correr a los erizos, cargando los bolsos llenos de dinero en tamaño de roedor. Sonríe, aunque iba a ser difícil cambiar todo ese dinero a billetes tamaño común.
—Ahí viene tu novia y sus hermanos —dice el zorro—. Con nuestro valioso dinero.
—Lo invertiremos sabiamente en armas y equipo para la segunda parte del plan —dice Hedgehogson—. Ya sabes, eliminar a Bellwether.
—Edgar fue el que dio la idea, y ahora parece que va a retirarse —murmura Wilde—. Desde que conoció a esa madre soltera que no sale con nosotros.
—Está como Lovebat —bromea el erizo—. Aunque Lovebat lo tiene más jodido, su relación es ilegal.
—Si yo fuera Lovebat, mandaría a la mierda la legalidad, y me casaría con ella —dice el zorro—. Claro, en el supuesto de que yo sea un murciélago.
—Pues entonces prepárate para ir a la cárcel —dice riendo Hedgehogson—. Las relaciones entre especies no emparentadas se castigan con cadena perpetua y castración química.
—Eso es demasiado —gruñe Oscar Wilde—. Castigan más una puta relación amorosa que un asesinato o robo de banco.
—Sí, Lovebat está bien jodido —dice Hedgehogson viendo cómo sube Una y sus hermanos—. Por mi parte, no estoy rompiendo con la ley, al menos en el tema amoroso.
—No, tú estás rompiendo la ley de varios otros modos —dice Una buscando los asientos para roedores—. También te darían cadena perpetua.
Vivian Frisby regresa a la mansión Lovebat después de haber pasado a la comisaría. Está escoltada por el detective Basil, el agente bajo y gordo con el que estuvo el otro día, que se presentó como Dawson, y otros dos agentes. Se acercan al distrito a velocidad lenta.
—Ratigan está preparando un gran golpe, si no, no estaría tan activo —le dice Basil—. Debemos asegurar su casa.
—No debería molestarse —dice ella—. No creo que Ratigan intente matarme otra vez.
—No hay que arriesgarse —responde él—. De ser necesario la pondremos en el programa de protección de testigos.
—Eso debo pensarlo —dice seria. No le hace anda de gracia abandonar el trabajo que tanto le costó obtener, y dejar la mansión Lovebat donde la han tratado tan bien.
—Sea sincera, señora Frisby —dice el detective Dawson— ¿En esa casa hay armas?
Ella no quiere responder. No ha visto ningún arma en el tiempo que ha estado en la mansión, pero lo más probable es que tengan alguna escondida, pues después de todo tienen un estilo de vida riesgoso. Nota que ya se acercan a la casa.
—¿Sus hijos están con los depredadores? —pregunta Basil.
—No, ellos viven en uno de los cajones de la casa —responde Vivian, y no le gusta el tono de aquella pregunta.
—Interesante —dice tomando nota—. Pero usted confía en los demás habitantes de esa casa, ¡No?
—Sí, uno de ellos es el gato que me salvó —responde sin dudar.
—Perfecto —dice tomando nota.
Al acercarse, sin embargo, oyen un intenso ruido, que Vivian reconoce como la música favorita de Edgar, la banda KISS, y ve a las siluetas de los depredadores bailando por la ventana. No festejaban así desde el día que llegó.
—¡Yo quiero rock and roll toda la noche, y fiesta todo el día! —canta indudablemente, Edgar.
Ella se siente avergonzada por eso, y nota que varios agentes están sorprendidos, divertidos o incómodos ante los cantos del gato. A ella en realidad le sorprende que no hay roedores cubriendo la entrada, aunque si han dejado una multitud de notas y ofrendas florales frente. No sabe si a los ratones ya se les pasó el entusiasmo por su salvador, o que, por ser un día de semana, estarían ocupados en sus trabajos.
—No hacen eso todo el día —dice para defenderlos.
—Comprendo —dice Basil mirando con atención la fachada de la casa y hace anotaciones, como calculando todas las maneras en las que podría entrar a la casa.
Robert, el alce, les abre la puerta, y parece asombrado de ver a los agentes en la entrada. Y hay una gran sorpresa para Vivian: ve que Lovebat está tocando la batería. Para ser sincera, está tocando muy bien, y se pregunta por qué no lo vio tocar antes. Otra sorpresa es que hay animales que no conoce: un rinoceronte, grande incluso para ser un rinoceronte, vestido con un elegante traje negro, con corbata gris; un mapache gordo y que fuma en una pipa, vestido con pantalones color arena, un chaleco verde encima de una camisa amarilla y con una boina marrón; un jaguar que juega con su teléfono, vestido tan solo con pantalones militares y una camiseta blanca; y una osa marrón, que usa un vestido rosa, y que está ayudando a sus hijos con sus tareas escolares.. Al ver a Basil, Lovebat pierde el ritmo y una baqueta sale volando.
—Buenas tardes —saluda Robert, y el jaguar corre hacia el segundo piso.
Los niños corren emocionados a abrazar a Vivian. La osa sonríe, mientras que el mapache se aleja disimuladamente. Lynxbaud apaga la música, mientras Blaireau intenta limpiar rápidamente la mesa donde tienen sus bocadillos.
—Buenas tardes, Vivian, veo que trajiste invitados —dice riendo Edgar, quien tiene su traje nuevo bastante desordenado debido al baile que hacía.
—Señores, perdonen por llegar sin avisar —dice Basil—. Somos los detectives Basil y Dawson, vamos a colaborar en la protección de la señora Frisby.
—¿Protección? ¿Qué pasó? —pregunta la osa.
—Es que sospechan que ese tal Ratigan, vendrá a matarme —dice Vivian, pero de inmediato se arrepiente de decirlo, pues sus hijos se asustan y lloran preocupados. Intenta consolarlos como pueden.
—Eso no ocurrirá si no interfieren con nuestro trabajo —dice Basil, mirando de manera acusatoria a Lovebat, quien se siente avergonzado.
Lynxbaud sube al segundo piso, aunque no con la celeridad con la que subió el jaguar. Mientras que Vivian no sólo se siente mal por hacer llorar a sus hijos, sino que también por Lovebat, pues siente que no fue del todo su culpa aquella pelea. Basil comienza a revisar detalladamente la mansión, y Lovebat vuela a la cocina, lo cual entristece más a Vivian, pues el murciélago que tocaba la batería era totalmente distinto al murciélago asustadizo que vuela hacia la cocina de la mansión, y decide ir con él.
—No te sientas mal —le dice ella—. Es solo una revisión no estará mucho tiempo.
—No es eso —dice Lovebat triste—. Me siento estúpido por haber reaccionado así.
—Está bien, igual ahora no creo que él sea rencoroso —responde ella para animarlo—. Al menos yo no soy así.
—Lo sé, Vivian —dice él sonrojándose—. Tú eres muy agradable.
Ella le sonríe con calidez, y el murciélago se sonroja aún más. Después le pediría que volviera a tocar la batería, pues le gustaba no solo oírlo, sino también mirarlo. Cuando golpeaba los tambores y los platillos se veía tan distinto, tan seguro de sí mismo, tan..., valiente, exactamente igual que en el momento que decidió enfrentarse a Dragón, para salvarla a ella.
—No tienes nada de qué preocuparte —él sonríe y se sonroja otro poco.
"Ojalá yo fuera como ese ratón y pudiera protegerte" —piensa él.
"Desearía que todo esto acabara ya" —piensa ella, preocupada por Lovebat.
Vivian Frisby despierta en la madrugada de ese día. Pudo conocer a los inquilinos nuevos cuando los agentes se fueron: el rinoceronte De Rokha, el mapache Neruda, el jaguar Huidobro y la osa Mistral. Parecían buenos animales, excepto el jaguar, que parecía estar loco; pero todos en la mansión lo están en mayor o menor medida. Estuvo muy ocupada atendiendo a sus hijos, tanto que no pudo pedirle un pequeño concierto a Lovebat.
Baja para beber un poco de agua, pronto tendrá que arreglarse para irse a trabajar. Pero al bajar los escalones, ve que la luz de la cocina ya está encendida, y ve que Lovebat y Hedgehogson están ahí. Ella al principio no quiere molestarlos, pero luego la curiosidad la impulsa a acercarse.
—Y bien, ¿te gusta, no es así? —se ríe el erizo.
—No sigas molestándome con eso —dice avergonzado el murciélago.
"¿Qué?" —piensa ella, acercándose un poco más
—¿Cómo puedo no hacerlo? Cuando llegó ese ratón, el tal Basil, estabas que lo echabas de la casa —bromea Hedgehogson con su estilo coloquial.
—Confundes las cosas —dice avergonzado Lovebat.
—Sabes, no te preocupes por la ley que impide a animales de otras especies estar juntos —dice su amigo, dando suaves palmadas en su hombro—. Muchos no la respetan.
"¿De qué hablan?"
—Yo solo siento una gran amistad y agradecimiento por la señora Frisby —dice Lovebat, tartamudeando un poco—. Nada más.
—Es una mentira y lo sabes —dice riendo Hedgehogson— Sientes más que eso, tú quieres a la señora Frisby.
"¿Él está enamorado de mí?"
—Nada de lo que dices es cierto —dice Lovebat, y ella puede imaginar que está muy ruborizado. El murciélago tiene facilidad para sonrojarse.
—Bueno, mejor, porque no tienes ninguna posibilidad con ella —le dice el erizo con un tono demasiado serio—. Es atractiva, puede conseguir al ratón que desee, a uno con una casa que sí sea para roedores y con el que no pase problemas económicos.
—Tienes razón, la señora Frisby encontrará a un buen ratón que le de la vida que merece —dice Lovebat con una tristeza que deprime a la propia Vivian. Ella baja las orejas.
"Ahora me siento terrible, seguro está sufriendo por mi culpa".
—Ánimo, Lovebat, algún día dejarás de ser un amargado ultra republicano y alguna murciélaga se enamorará de ti —dice el erizo golpeando el hombro de su amigo con más fuerza—. O tal vez no enamores a nadie de todos modos.
"Él no es mala persona, pero la ley está en contra de lo que él desea" —piensa triste, recordando la ley que prohíbe a especies distintas casarse. Y se siente aún más deprimida, porque en el fondo también le gusta el murciélago.
—Siempre me subes el ánimo —dice algo molesto Lovebat.
—Sólo quiero que seas sincero contigo mismo —le dice él, yéndose de la cocina—. Mejor dejamos el tema, a esta hora la señora Frisby se levanta para ir al trabajo. ¿Le prepararás el desayuno como siempre?
—Lo haré porque es mi invitada y un buen un anfitrión debe otorgar comodidades a sus invitados —dice él volando—. No porque la ame.
Ella regresa con cuidado hacia las escaleras, para fingir que recién baja. El erizo toma un ejemplar de The Waterbrand para leer. Lovebat enciende una cocina a gas para roedores.
—Buenos días —saluda ella.
—Buenos días, señora Frisby —saluda el erizo con amabilidad.
—Señora Frisby, espero que haya dormido bien —dice Lovebat.
—Buenos días, y si lo deseas te quiero hacer el desayuno a ti —dice amable, haciendo que el murciélago se sonroje.
—No es necesario, señora Frisby —dice él, tartamudeando un poco—. Me encanta cocinarle el desayuno.
—Yo quiero retribuir le un poco su hospitalidad —dice con una sonrisa.
—Si eso desea, está bien —dice rojo como un tomate.
Ella sonríe encantada, porque sus reacciones le parecen adorables. En poco tiempo le cocina unos saltamontes con una omelette, con un olor tan delicioso, que hasta Hedgehogson se acerca, interesado. Lovebat la prueba, y parece que su rostro se ilumina.
—Señora Frisby, usted cocina muy bien —dice feliz.
—Gracias, que comamos más fruta que insectos ni quiere decir que no sepa cocinarlos —dice ella, sintiéndose muy feliz al ver que a él le gustó lo que preparó.
—No quise insinuar que cocinara mal —dice mirándola con cariño, se sonroja—. Usted posee muchas virtudes.
—Usted también —dice amable, y una vez más regresa a su mente la imagen del murciélago tocando la batería.
Él sonríe, aunque por dentro se siente mal. Y es que, aunque se esfuerce por negarlo, sí ama a la señora Frisby. Sueña con ella todas las noches y todo el día.
"Eres maravillosa, pero tienen razón, una relación conmigo no tendría futuro"
"Quisiera poder ayudarte" —piensa ella.
31 de julio, Little Rodentia.
Ellos van al pequeño distrito para comprar algunas cosas que necesitan, acompañados por Hedgehogson. A Vivian le molesta que los roedores no celebren tanto a Lovebat como celebran a Poe, pero el murciélago parece satisfecho con las cosas así. No le gusta la fama.
—Hoy tendremos que comprar para el mes completo —dice Lovebat.
—Me gustaría acercarme a mi vieja tienda, cuando era marino solía beber en un viejo bar de puerto y mi tienda me trae recuerdos así —dice Hedgehogson.
—Ve, nosotros nos encargaremos de lo demás —dice Lovebat, con una serenidad que reconforta a Vivian.
—Yo iré a comprar la comida —dice Vivian— ¿Qué hace falta?
—Pues sólo verduras e insectos para nosotros tres —dice él
—Creo que también compraré varias frutas para mis hijos —dice Vivian.
—Buena idea —dice Lovebat— ¿Timmy aún necesita medicinas?
—Ya está mejor, sólo debe llevar mascarilla una semana si hace frío.
—Bien, yo buscaré otras cosas, juntémonos en esa plaza —dice él.
—¿A qué hora? —pregunta mirando su reloj.
—Digamos que a las tres —dice Lovebat.
Ella asiente y va a comprar una gran cantidad de comida, para que no tenga que salir de compras por un largo tiempo. Él compra otras cosas, paga algunas cuentas, le compra una manta roja nueva como regalo, y unos juguetes para sus hijos. Se reúnen a la hora convenida.
—Te compré algo, no es muy elegante, pero te servirá cuando haga frío —dice ella sonriéndole, y le entrega una bufanda morada.
Él se sonroja, y la sostiene como si fuera el objeto más valioso del mundo. Le encanta: es de una tela suave, pero muy abrigadora, y se da cuenta que no volverá a resfriarse si la usa. Piensa que la usaría incluso en verano.
—Gracias, Vivian —dice feliz—. Yo igual te compré algo para abrigarte —dice entregándole la manta roja. Y le parece que ella siente lo mismo que él al ver la bufanda.
—No tenías que hacerlo —dice sonrojada—. Ya has hecho demasiado por mí.
—Sigo pensando que he hecho poco —dice él mirándola, se ruboriza otro poco.
—No digas eso, si lo has hecho —le dice ella con una sonrisa de alegría sincera—. Vámonos a casa.
Él sonríe un poco y se coloca la bufanda, con mucho cuidado. Es tan confortable como se imagina que son los brazos de Vivian. No puede evitar sonreír.
—¿Te sientes segura en mi casa? —pregunta el murciélago.
—Sí, no creo que Ratigan pase por allí con tres pandillas operando el Distrito Forestal.
—Igual tomaré otras medidas de seguridad —dice pesando en conseguir una pistola eléctrica, como las que usan los agentes de la Autoridad de Little Rodentia.
—Yo también pensé en eso, y por eso pensé que algunos agentes de la Autoridad patrullen la casa.
—Eres muy lista, Vivian —dice él, sin preocuparse porque está convencido de que Basil no realizaría labores tan serviles.
—Espero que no les moleste a los encargados del metro que tu amigo este ebrio —dice pensando que seguramente Hedgehogson se dedicaría a beber en la ciudad.
—No es la primera vez que él llega así —dice riendo un poco
Sin darse cuenta le ofrece su mano. Ella la toma sin dudarlo un poco. Lovebat se sonroja como nunca se había sonrojado antes.
"¿Lo nuestro tendrá futuro?" —se pregunta él.
"Por fin mi vida está mejorando" —piensa ella.
