Ranma 1/2 es una obra cuyos derechos pertenecen a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro y con el mero objetivo de divertir y entretener.

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Sueño de Verano — Toma 8

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"Bai" — pensó mientras comenzaba a correr tan rápido como le permitían sus piernas.

Por alguna razón, la cubierta superior del barco se le antojó inmensa, parecía que midiera más de un kilómetro. Bajó las estrechas escaleras dejando en el camino pasajeros airados por los empujones recibidos.

Todos sus sentidos se agudizaron, se centraron en un punto del horizonte, giró hacia la zona de las habitaciones con el corazón en un puño, angustiado ante el peligro que sabía que corría.

Debía de llegar antes que ellos, esos tipos eran asesinos profesionales, si la atrapaban a solas Bai estaba perdida. Moriría en sus manos sin que él pudiese hacer nada por impedirlo.

El enorme peso de la responsabilidad se cirnió sobre su conciencia, cientos de imágenes de sus años en la academia pasaron ante sus ojos, pero aquello era diferente, esta vez era real.

— ¡Bai! — gritó segundos antes de alcanzar la puerta del camarote, cuando tomó el pomo en la mano comprobó que giraba sin problemas, estaba abierta.

Abrió de golpe, no podía esperar un segundo más, ante él la visión de la joven china se le antojó completamente ficticia, más propia de una película. Bai apenas vestida con una toalla y con sus cabellos aún húmedos se mantenía en pie de forma precaria. Le miró perdida, débil, con lágrimas a punto de salir de nuevo despedidas de sus ojos rojizos.

A sus pies, un hombre inconsciente y visiblemente golpeado ocupaba gran parte del suelo de la estrecha habitación.

— ¿Que ha ocurrido? — preguntó Shouji patidifuso.

— Shouji... — murmuró ella antes de desmayarse entre sus brazos.

El ex policía la tomó al vuelo, analizando la situación a marchas forzadas. Llevó a la chica hasta la cama y la dejó ahí, acto seguido cargó al tipo a su espalda y comenzó a caminar con él por el estrecho pasillo. Debía meterle en algún sitio o les causaría más problemas.

Pensó en encerrarle en algún armario, pero tarde o temprano alguien le descubriría y volverían a tener el mismo problema. Salió hasta cubierta y saludó a unos cuantos pasajeros, alegando que su amigo había bebido demasiado.

Lo metió en una de las barcas de rescate que colgaban a los lados del navío. Habían zarpado hacía apenas unas horas, no estaban lejos de la costa, seguro que aquel tipo sabría arreglárselas.

Descolgó la barcaza que cayó al mar haciendo un terrible estruendo, pero quedó eclipsado por el chocar de las olas con el casco. Huyó del lugar antes de que le descubrieran y se deslizó de nuevo por el pasillo, hasta llegar al camarote.

Bai seguía tal y cómo la había dejado, tendida sobre la cama, con los ojos cerrados e inmóvil. Cerró la puerta tras de sí y echó el seguro. Suspiró y se dejó caer hasta el suelo.

No era normal, nada de aquello parecía tener sentido. ¿Cuántos hombres podían estar persiguiendo a la chica?¿cómo de importante era para que se tomaran tantas molestias?¿tan rica era su familia?. El dinero...siempre el dinero.

Él mismo no era más que una víctima de la avaricia de los poderosos, pero no al extremo de atentar contra su vida.

Se levantó del lugar y se sentó junto a ella en la cama, la golpeó ligeramente en la mejilla con el dorso de su mano.

— Eh, Bai, despierta.

La chica protestó en sueños y lentamente entreabrió los párpados, Shouji no pudo evitar el pensar que parecía mirarle a través de piedras preciosas, rubíes gigantescos.

— ¿Shouji? — preguntó débilmente.

— Bai, ¿qué es lo que ha ocurrido?¿ese hombre te atacó?

— Derribar la puerta y yo... yo... golpear — confesó mientras sus ojos volvían a llenarse de lágrimas — no saber que ocurrir.

— Tranquila — dijo el chico acercándose un poco más a ella y tomando una de sus manos — ya me he librado de él.

— Gracias — contestó con las mejillas sonrojadas.

Volvió a posar la mirada en su inocente expresión y entrecerró los ojos, ella no parecía tan fuerte como para derrotar a aquel hombre, aunque claro, la adrenalina podía obrar milagros. Aún así había algo que le preocupaba aún más de aquel asunto.

— Le escuché hablar por teléfono desde la cubierta superior, puede que haya más a bordo.

Ella se llevó ambas manos al pecho, angustiada.

— Dijo algo raro...algo sobre una joya, ¿tu sabes a qué se refería?

Hubiese jurado que vio un brillo extraño en la mirada de Bai, la chica suspiró y se puso en pie.

— No saber, Bai terminar ducha — dijo antes de cerrar la puerta a su espalda, dejando a Shouji con la palabra en la boca.

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El director Gosunkugi, que raramente decía algo, no parecía nada satisfecho con esa toma. Torció el gesto y pidió a los actores que la repitieran hasta al menos cinco veces, alegando que a Ranma le faltaba pasión en la mirada, que estaba distraído, que aquel momento era crucial en el film.

Cuando quisieron darse cuenta había anochecido. Shampoo estaba agotada, había tenido que echarse colirios varias veces para fingir las lágrimas, y por si fuera poco, pasarse el día con una toalla y completamente empapada no era demasiado cómodo.

Sin embargo la china no perdía la sonrisa, estaba especialmente espléndida y se daba cuenta de las disimuladas miradas que le dirigía gran parte de staff, para mortificación de Mousse, que cada vez que la escena se veía interrumpida se dirigía rápidamente hacia ella, con la excusa de ofrecerle ropa seca o un refresco.

Se anunció que continuarían al día siguiente, y el chico de la trenza abandonó el lugar de grabación veloz como el rayo. Llevaba todo el día lejos de ella, llevaba horas sin saber nada de Akane. ¿Cómo iba a cumplir así su promesa de protegerla?¿de quedarse a su lado?.

Corrió hacia las habitaciones, angustiado, con la culpabilidad del abandono flotando en su mente como una paranoia.

Ni siquiera se había quitado la ropa del rodaje, aún a pesar de que la noche comenzaba a refrescar el ambiente, el calor hizo que la camiseta se ajustase a su torso. Llamó de forma nerviosa a la puerta, sólo quería verla, sólo un segundo sería suficiente.

Nadie respondió, el frío miedo se agarró a su garganta.

— ¿Ranma? — se giró de golpe, la chica de cortos cabellos le miraba con curiosidad, llevaba una lata de refresco en una mano e inclinó la cabeza en una muda pregunta.

— Ah, yo... — no había motivo para no ser sincero, ¿verdad?¿qué tenía de malo admitir que estaba preocupado? — ...quería saber si te sigue doliendo, ya sabes, la herida.

Akane miró hacia el vendaje de su pierna antes de volver a posar sus ojos en los del chico.

— Apenas, es una herida pequeña, las he tenido mucho peores — pasó a su lado y abrió la puerta de su habitación, Ranma pudo apreciar que aún a pesar de su día de descanso había estado trabajando arduamente en los guiones, prueba de ello era la cantidad de papeles y libros amontonados por todas partes — ¿no vas a entrar?

— ¿Uh? — puso cara de estúpido antes de que sus mejillas se colorearan por el ofrecimiento. — C-claro — cerró la puerta tras sus pasos.

Solos. En su habitación.

Akane se sentó frente al escritorio y abrió su refresco, dándole un largo trago.

— O-Oye... — comenzó nervioso el chico de la trenza — ...sobre lo de ayer...

— Gracias por traerme — respondió Akane repentinamente tímida, completamente encantadora.

— No se trata de eso, quería saber si cuando tú... te caíste... — maldita sea, le costaba pronunciar aquella mentira — …¿viste a alguien por los alrededores?

Akane levantó la vista y enmarcó una ceja.

— Me caí, no había nadie.

El artista marcial rechinó los dientes, pero aún así insistió.

— ¿Estás segura?

— Ranma...¿es posible que mi hermana Nabiki haya comenzado a contarte tonterías? — él la miró fijamente, era demasiado perspicaz para lo que le convenía.

— Me dijo que estás mintiendo.

Akane cambió su expresión a una repentinamente dura, una máscara inalterable.

— Me caí.

— No es verdad, ni siquiera tú eres tan torpe.

— He dicho que me caí.

— ¿¡A quién estás intentando proteger!?¿o es por la propia película por lo que haces esto?

— ¡Tu no eres nadie, no te metas en mis asuntos!

— ¡Si estás poniendo tu vida en peligro me meteré una y mil veces en tus asuntos!

Se habían puesto en pie, cada uno en un extremo de la habitación, lo que había comenzado como una visita de cortesía había terminado como una nueva pelea.

— ¡Vete!¡no necesito otro hombre así en mi vida, vete de una vez!

Ranma estrechó la mirada sin poder creerse lo que estaba escuchando.

— ¿¡Pero cómo puedes ser tan cabezota y desagradecida!?

— ¡He dicho que te vayas! — exclamó ella, hiriente.

— ¡Pues claro que me voy!¡no pienso volver a preocuparme por una boba como tú!

El chico salió de la habitación dando un portazo, sin reparar siquiera en lo que le había dicho. No había significado nada, para ella lo de la noche anterior no había sido...especial.

De nuevo aquel familiar sentimiento de rabia e impotencia, le desconcertaba completamente. ¿Qué es lo que pasaba por la mente de Akane Tendô?¿por qué no podían más que pelear?.

Comenzó a bajar las escaleras cuando se encontró frente a frente con Ryoga, no le había visto en todo el día, suponía que debía de estar avergonzado y le había estado evitando durante el rodaje. Ranma se plantó en mitad de los escalones, con las piernas separadas y el gesto altivo, mirándole desde la altura.

— ¿Vas a ver a Akane? — preguntó sabiendo la respuesta.

— Sólo quiero disculparme — se excusó intentando continuar, pero el chico de la trenza se apoyó en la barandilla impidiéndole el paso.

— Te aviso de que no está de humor.

— No tengo ganas de discutir contigo — Ryoga parecía terriblemente sumiso.

Ranma bajó un escalón más y se pudo prácticamente a su altura.

— Esa chica es una cabezota, una terca, una marimacho nada femenina, pero... — las miradas de ambos chicos se cruzaron y los ojos de Ranma estallaron en chispas — ….pero si vuelves a acercarte a ella, si vuelves a ponerla en peligro... te destrozaré.

Pasó a su lado, frio como el viento invernal y el chico de la pañoleta no se atrevió ni a girarse. Por muy enfadado que estuviese con Akane en esos momentos, eso no cambiaba absolutamente nada de lo que sentía. Que complicado le comenzaba a resultar todo.

El artista marcial de detuvo una vez descendió las escaleras y miró con curiosidad hacia la puerta de la chica, Ryoga estaba allí plantado, dispuesto a ofrecerle un más que merecida disculpa.

Apretó los dientes, el hecho de que esos dos se alejasen un segundo de su vista, de que ambos estuviesen a solas en la misma habitación le hacía sentir incómodo. De nuevo aquella inquietud alojándose en su pecho, de nuevo aquel extraño sentimiento haciendo latir su corazón, susurrándole ideas extrañas al oído.

"Niña boba, a solas con un hombre en tu habitación...¿que van a decir de ti?" — pensó a pesar de que él mismo había estado en ese mismo lugar unos minutos antes.

Debía hacer algo, debía sacar a Ryoga de allí, pero después de su airada salida no podía simplemente plantarse en la puerta y fingir que no le importaban las palabras de Akane, que lo que se habían gritado no tenía importancia. Que aunque le hubiese pedido que no se metiese en su vida, eso a él le daba igual, iba a seguir haciéndolo de todas formas.

Subió las escaleras enfadado consigo mismo, con su poca convicción y entró en su habitación con sigilo. Se pegó a la pared intentando escuchar la conversación que se estaba dando al otro lado, pero hasta él sólo llegaban ecos amortiguados. Quién lo diría, que siendo un edificio tan viejo tendría tan buena insonorización.

Había otra alternativa, había otra forma, había algo que aún podía usar. Tomó un vaso de agua y tras un suspiro se lo echó por encima, su cuerpo se encogió, sus ropas le quedaron grandes, se sacudió el exceso de agua de sus rojos cabellos. No se sentía para nada orgulloso de lo que estaba a punto de hacer.

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— Realmente no se que lo que me ocurrió, no pensé que fueras a perderte, realmente no pensé demasiado, yo...

A Ryoga le estaba costando mucho encontrar las palabras adecuadas, estaba luchando contra su propia lengua por llegar a pronunciar aquello a lo que llevaba toda la noche dándole vueltas. Las grandes bolsas azuladas bajo sus ojos le delataban, su piel blancuzca y su expresión taciturna hablaban más de arrepentimiento que su boca.

Akane le sonreía conciliadora, ella no tenía nada que perdonarle, nada que reprochar, sus ojos marrones alumbraban una bondad sin angustias sin rencores, demasiado deslumbrante para el pobre chico. Hubiese preferido su furia y sus gritos a aquella sincera y pura muestra de amistad.

De pronto alguien golpeó la puerta con un par de tímidos toques en la madera, Akane se dirigió hacia allí y su mirada se iluminó de dicha en cuanto vio a la persona que había venido a visitarla.

— ¡Ranko! — exclamó feliz, la pelirroja le dedicó media sonrisa.

— Eh...hola.

— Ryoga, deja que te presente a mi amiga Ranko.

El chico del pañuelo agachó la cabeza como saludo, pero la pequeña chica ni siquiera se movió, más bien cambió su expresión a una de fastidio.

— Vaya Akane, veo que tienes visita, que lástima, ya volveré en otra ocasión — dijo la pelirroja mirando a Ryoga con intención, el chico se dio en seguida por aludido.

— Yo ya me iba, no os molestéis por mí — respondió él de forma nerviosa antes de despedirse de ambas y salir de la estancia. Ranma se felicitó internamente por su magnífica interpretación, sonrió antes de darse cuenta que la morena había vuelto a tomar asiento, y se tocaba con una expresión dolorida la zona de la herida.

— ¿Te encuentras bien? — volvió a preguntar por segunda vez en el día, aunque esta vez Akane parecía un poco más dispuesta a ser sincera en sus respuestas.

— Me molesta un poco, pero no es nada, gracias por venir a verme.

— B—Bueno, es lo menos que podía hacer...me enteré de que te caíste y de que ese chico...Ranma, te rescató — se le hacía raro tener que hablar de sí mismo en tercera persona, tragó saliva nervioso, ahora que estaba de nuevo en aquella habitación no sabía qué más decir.

Y repentinamente Akane bajó la mirada, agachó la cabeza y sus ojos se tornaron tristes. Ranma la miró contrariado antes de que volviese a levantar la vista y viese sus ojos marrones, brillantes por las lágrimas contenidas, en una mueca torturada.

— Ranko...¿tu crees que existe un tiempo para enamorarse?

— ¿Eh?

La miró perplejo, o tal vez más que eso, completamente aterrorizado. No quería estar allí, no quería oír aquello, no quería tener una conversación "de chicas" con Akane.

— ¿Crees que alguien se puede enamorar de otra persona sin más?¿simplemente compartiendo unos cuantos momentos?

— ¿Quieres decir...a primera vista?

El corazón de Ranma latía acelerado, Akane asintió lentamente con la cabeza a la espera de una respuesta.

— Yo.. .me enamoré a primera vista — respondió la pelirroja a su propia pregunta, con las mejillas teñidas de carmín, atreviéndose a confesar lo que de otra forma jamás hubiera dicho ni bajo tortura.

Akane sonrió ligeramente y suspiró.

— A lo mejor es lo que me ha ocurrido a mi... a lo mejor estoy comenzando a pensar en otra persona, pero si te lo digo te reirás de mi. — escondió el rostro entre las manos, nerviosa. — Ya sé que no tiene sentido, que hace apenas unos días estaba lamentándome por lo de Shinnosuke... es simplemente absurdo que haya podido fijarme en alguien como él...

"Shinnosuke", el nombre no le pasó desapercibido, era el mismo que había pronunciado Nabiki la noche anterior, ahora lo sabía, debía de tratarse del ex-novio de Akane.

— Entonces...

— Tengo miedo — confesó la morena, y una cristalina lágrima resbaló por su mejilla. — Estoy muy asustada de lo que me está pasando, yo jamás he sido así... jamás he sido una persona cruel, nunca he tratado a nadie con tanta dureza; simplemente no puedo dejar que se de cuenta, no puedo permitir que entre en mi vida, que vuelvan a destrozarme el corazón...

— Hablas de...

— ...de ese estúpido egocéntrico, del idiota de Ranma Saotome.

¿Era sólo su imaginación o el aire se había vuelto repentinamente denso?, como si la concentración de oxígeno hubiese descendido a lo equivalente a los 3000 metros. Aunque intentó respirar no lo consiguió, tan sólo boqueó de forma absurda antes de que sus piernas comenzasen a temblar incontrolables y cayera sentado al suelo.

¿De veras acababa de decir lo que pensaba que acababa de decir? porque si lo había dicho era la cosa más maravillosa que le hubiese pasado jamás...o quizás la más horrible, no lo tenía claro. Si aquellas mismas palabras las hubiera pronunciado delante de su "yo" masculino sin duda no se encontraría allí tirado, con cara de idiota, la morena le observó interrogante antes de que su propio sonrojo le delatase.

— ¿Te encuentras bien Ranko? — preguntó inocente aproximándose a la pelirroja.

Le tendió una mano y sus ojos conectaron apenas unos segundos, suficiente como para que la vergüenza invadiese al joven artista marcial y desviase la mirada. Simplemente no tenía palabras, no debería haber escuchado aquello, ¿que iba a hacer ahora?.

Porque si ella le correspondía, si sentía exactamente lo mismo, ¿qué demonios estaba esperando? se plantaría en su puerta y la besaría hasta perder la noción del tiempo, llegaría y... claro, que estaba el pequeño detalle de que ella no sabía que él sabía que a ella le gustaba. Vaya lío.

— Es tarde, ¡me voy! — la chica se levantó del suelo aún con las mejillas ardiendo y pensamientos nada claros nublando su buen juicio, salió a la carrera de la habitación de Akane y sin que miradas curiosas la viesen, se metió en la suya, cerró la puerta y volvió a dejarse caer hasta el suelo.

Y fue entonces cuando una traviesa sonrisa hizo acto de presencia en su expresión, no podía frenarla, simplemente salía sola. Se puso en pie y se dirigió veloz al baño en busca de agua caliente que se tiró sin cuidado sobre la cabeza.

Con su recién recuperada apariencia masculina se miró al espejo con nuevos ojos, poniendo cara de presumido.

— Se ha fijado en mí— le dijo a su imagen, fanfarrón, a la vez que de nuevo comenzaba a reír.

Aquella noche no podía haber ser más feliz sobre la faz de la tierra.

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— ¿No es muy temprano para estar con tanto papeleo? — dijo Nabiki a la vez que paseaba la vista por la destartalada habitación.

— Alguien tiene que hacer los guiones — respondió Akane, que miraba unos cuantos párrafos vestida tan sólo con un camisón azul semitransparente, consecuencia directa del cambio de equipaje de su hermana.

— ¿Y qué tal un poco de relax?

La menor de las Tendô levantó la vista de sus quehaceres, incrédula.

— ¿De verdad esperas terminar esa película?

— Vamos Akane, estamos en la playa y estás más pálida que un vampiro.

— Tengo que terminar el trabajo de mañana.

— Pues es una pena porque hoy se van a rodar sólo escenas de acción con extras, y los actores están libres...

La morena levantó una ceja.

— Sé perfectamente lo que estás insinuando, pero la exhibición de bikinis mejor déjala para todas esas chicas enfervorecidas, yo tengo que trabajar.

— Está bien, como quieras — levantó las manos en señal de rendición — entonces será a las malas.

— ¿Y qué piensas hacer para obligarme?

— ¿Recuerdas el juego de los pergaminos?

Akane suspiró.

— Como olvidarlo... — dijo señalando a su herida.

— Pues me temo que hubo algunas irregularidades en la adquisición del pergamino del amor, por lo que voy a organizar un nuevo juego para decidir quien se lo lleva finalmente.

— ¿Y eso debería importarme? — alegó a la vez que volvía a hundir la vista en los papeles.

— Tu sabrás, pero si no haces nada por evitarlo mucho me temo que alguna de las chicas tendrá una cita con Ranma.

— Me da igual lo que haga ese imbécil.

Nabiki sonrió de medio lado.

— Ya... claro.

Y sin mediar palabra salió de la habitación, a sabiendas de que su hermana menor acababa de partir por la mitad el lapicero que momentos antes tenía en la mano.

Apenas 10 minutos después Akane se encontraba en la playa con su traje de baño, se había puesto el bikini de color amarillo tal y como le había aconsejado Ranko. El sol se encontraba en lo más alto y comenzaba a quemar en la piel.

La chica de cortos cabellos suspiró y caminó hasta la orilla del mar, puso su toalla en la arena un poco retirada del resto de los veraneantes y comenzó a aplicarse crema protectora por todo el cuerpo, teniendo cuidado de salvar el vendaje de su pierna.

Cuando terminó su labor se caló una visera y sacó algunos guiones de su bolso, que estuviese tomando el sol no la excusaba de trabajar.

— ¡Akane! — levantó la vista con desgana para encontrarse con los ojos verdes de Ukyo, quien portaba una amable sonrisa, o al menos la fingía maravillosamente — ¿Que tal te encuentras?¿tú también te has tomado el día libre?.

— Ah, sí, está bien tomar un poco de sol de vez en cuando — contestó de manera cortés.

— ¡Ya lo creo!¡nos tuviste muy preocupados con tu desaparición!¿te sigue doliendo la herida? — se sentó a su lado, llevaba un bikini de color verde realmente diminuto.

— Oh, bueno, no es nada, sólo un arañazo.

— Me alegra oírlo — repuso la castaña de nuevo con una sonrisa, Akane la miró con cierta desconfianza pero sin poder evitar que su amabilidad la conmoviera, al fin y al cabo no parecía mala chica. — ¡Vamos! — sin previo aviso, Ukyo la tomó de la mano y tiró de ella, levantándola de la toalla y arrastrándola por la playa.

— ¡Ukyo!¿que haces? — protestó incrédula.

— ¿Pues qué más?¡necesito una pareja para el torneo de voleibol!¡esa Shampoo no me va a ganar ni muerta!

— ¿Torneo de voley? — preguntó a la vez que alzaba la vista y distinguía a su hermana Nabiki a lo lejos, sosteniendo una pelota y dando instrucciones a un atento público — ¿Es la competición por el pergamino? yo...¡yo no quiero participar!

La castaña se giró de golpe y la miró con ojos deslumbrantes antes de juntar las manos en un gesto de súplica.

— Ya sé que no estás interesada en tener una cita con Ranma, ¡por eso te estoy pidiendo a ti que me ayudes!, si juntas conseguimos derrotar a Shampoo y a Kodachi haré lo que quieras, ¡te maquillaré todos los días! — exclamó, como si estuviese ofreciendo el mejor trato de todos.

— No lo entiendo, ¿por qué no haces equipo con Shampoo? pensé que vosotras dos os entendíais bien...

— ¿Y hacer una cita las dos con Ranma? es mucho más fácil ganar contigo, así cuando nos llevemos el premio tú te retirarás y en lugar de una cita doble podremos estar él y yo a solas... — terminó soñadora, Akane la miró anonadada.

— Si tanto quieres salir con él, ¿por qué no vas y se lo pides?

Ukyo pestañeó.

— Eso no es tan fácil.

— Si, ya, cómo sea... — continuaron avanzando hasta que llegaron a la pista de voleibol, que para la ocasión habían marcado con profundas líneas en la arena. Gran parte del equipo de rodaje así como montones de veraneantes curiosos habían rodeado la zona, ansiosos por el espectáculo.

— Al final te has apuntado, hermanita — dijo Nabiki feliz, mirando a Akane a través de sus grandes gafas de sol, ella bajó la vista al suelo.

— ¡Injusto ser!¡Shampoo ganar pergamino!

— Es cierto que lo encontraste — repuso Nabiki. — Pero el juego era por parejas, así que técnicamente como regresaste sin tu pareja hiciste trampas.

La china resopló a la vez que se cruzaba de brazos y juntaba sus pechos, apenas sujetos por un bikini de triángulos rojo.

— A Shampoo no gustar juego por parejas... — murmuró frustrada.

— Las reglas son simples, la pareja ganadora obtendrá el pergamino del amor, lo cual les dará una cita con la persona que elijan. Jugaremos tres sets de 15 puntos cada uno.

— Es ridículo — Akane levantó la vista a la vez que buscaba nerviosa a una persona en concreto, no quería que se hiciera ideas raras, no quería que por nada del mundo Ranma llegase a pensar que estaba compitiendo...por él.

Suspiró aliviada cuando no le vio entre la multitud, al menos en eso tendría suerte. Ella era buena en casi todos los deportes, a veces un poco torpe, pero bastante hábil en líneas generales, aunque recordaba que Kodachi siempre había sido una terrible competidora en sus años de instituto.

Dirigió una mirada a la susodicha, quien parecía permanecer ajena a todo aquello, sentada tranquilamente sobre una toalla, contemplando la situación hasta que comenzara el juego. Llevaba un trikini negro que le daba un aspecto muy sensual.

Hasta en aquel momento se había molestado en ponerse su habitual carmín.

— Aunque nos falta un buen juez — apuntó Nabiki mirando a la concurrencia, aún sosteniendo la pelota en una mano — ¡Ranmaaaaaa! — gritó a la vez que agitaba una mano en el aire, a lo lejos el chico de la trenza miraba el mar con desazón, prácticamente escondido tras unas rocas. — Vamos Ranma, ¡no seas tímido!

Salió de su escondite con la cabeza baja y caminó a regañadientes hasta la orilla, se plantó en el campo de voleibol con unos pantalones cortos y una camiseta.

— ¿Uh?¿y tu bañador? — preguntó Nabiki, con una pizca de decepción en su voz.

— No voy a bañarme.

— Ah, sí, ya recuerdo — apuntó con una sonrisa socarrona. — Pero tu pequeño problema no impedirá que hagas de árbitro en este partido, ¿verdad?

El chico de la trenza le dirigió una fugaz mirada a Akane antes de que un ligero sonrojo apareciese en sus mejillas.

— No creo que sea adecuado.

— ¿Es que acaso... no sabes jugar?

— ¿¡Qué!?¡C-Claro que sé jugar!

— Lo sabía — dijo Nabiki haciéndole entrega de la pelota — suerte entonces, partido de dobles a tres sets, ¡comencemos!

El chico suspiró, parecía que quería estar en cualquier otro sitio que no fuera aquel, dirigió sendas miradas a las dos parejas de chicas y se aclaró la garganta.

— No... no os esforcéis demasiado, podríais haceros daño.

Akane en seguida supo que aquellas palabras iban por ella, resopló aún molesta por la discusión del día anterior. En el fondo sabía que él tan sólo se estaba preocupando por ella de una forma completamente sincera, casi adorable, pero ni siquiera eso le podía permitir, no si no quería terminar rendida en sus brazos como todas aquellas chicas, otra de sus patéticas conquistas.

Ukyo y ella se dirigieron a uno de los campos, se cruzó con Ranma una milésima de segundo, momento que aprovechó para susurrar algo que quería dejar bien claro.

— Ni pienses que hago esto por ti.

Él se giró sorprendido, mirándola embobado.

— Claro que no — contestó luciendo una diminuta sonrisa, que hizo que todo el vello del cuerpo de la chica se erizarse a pesar del calor.

Akane se dirigió de nuevo a su campo aún más furiosa consigo misma que hace unos momentos, era increíble el poder que había comenzado a ejercer sobre ella el joven Saotome, tanto que podía estremecer su cuerpo con un gesto tan simple. No lo iba a consentir, lucharía contra aquello con todas sus fuerzas.

Vio a Shampoo y a Kodachi desde el otro lado de la red, apartándose los cabellos y dejándolos caer de forma coqueta sobre su espalda. A su alrededor decenas de curiosos habían rodeado el campo, gritaban y jadeaban a las cuatro hermosas chicas, completamente fascinados por lo que estaba viendo.

— Vamos allá, sacamos nosotras — dijo Ukyo con la pelota en una mano, Akane la tomó de forma hábil y se dirigió al final del campo, volvió a fijarse en los ojos rojizos de Shampoo, la observaban rencorosos, ardían de furia ante el enfrentamiento.

"No pienso dejarme vencer" — pensó Akane antes de lanzar la pelota al aire y saltar, a la vez que la golpeaba con fuerza haciendo que traspasase la red como una flecha.

Nabiki silbó admirada y comenzó a recaudar dinero para una muy lucrativa apuesta, Ranma frunció el entrecejo desde uno de los laterales, preocupado. Se cruzó de brazos disgustado, sabía que ella se iba a hacer daño, era una irresponsable cabezota, demasiado competitiva.

Kodachi recibió la bola y Shampoo se apresuró a rematarla, Ukyo la devolvió con un perfecto tapón marcando el primer punto. Pegó un brinco de alegría y se giró para mirar a Akane, haciendo el gesto de la victoria.

— No presumir tanto, Ukyo y Akane no poder ganar. — le dijo Shampoo altiva, a la vez que se preparaba para el nuevo saque.

— ¿Quienes son esas chicas?¡son todas guapísimas! — Ranma miró a dos de los espectadores que se encontraban a su izquierda, conversando sin tapujos acerca de la escena.

— ¿Les pedimos salir después del partido? — dijo un segundo con pinta de ligón.

— Seguro que tienen novio.

— Tengan novio o no, yo me quedo con la del pelo morado.

— Matsu, no tienes ni idea de mujeres, ¡la mejor es la morena!

— ¿La del traje de baño negro?

— No, no, la del pelo corto.

— No me van las chicas con el pelo corto, además tiene menos pecho.

— ¿Pero la has mirado bien?¡tiene un cuerpo de infarto! se nota que hace ejercicio...

— Si, pero no se le ve mucho la cara con esa visera.

— ¡EH!

Ambos se giraron para ver al chico de la trenza, que rechinaba los dientes rojo de rabia.

— ¡Iros a chismorrear a otro sitio!

— ¿Qué ocurre, alguna de ellas es tu novia? — dijo el primero de ellos con tono burlón, aunque ante la imponente presencia física de Ranma trastabilló ligeramente.

— Me desconcentráis — repuso él cruzándose de brazos y volviendo a prestar atención al partido, Shampoo y Kodachi acababan de marcar dos puntos seguidos y les volvía a tocar sacar.

La china golpeó el balón con fuerza y Ukyo hizo una mala recepción, desviando la bola hacia el público. Ranma miró la escena confuso, antes de ver como Akane se lanzaba con los brazos estirados y golpeaba in extremis la bola que salía disparada hacia el campo contrario.

Lo que la morena no calculó fue el aterrizaje, cayó de bruces sobre los presentes, empujando al suelo junto con ella a uno de los chicos que justamente se encontraban parloteando momentos antes.

— Ah... — Akane se sobó la cabeza por el golpe, no debía de haberse precipitado de aquella manera, tarde se dio cuenta de que estaba completamente acostada sobre un desconocido, que la miraba con veneración. — ¡Lo-lo siento! — exclamó a la vez que sus ojos se encontraban con los del muchacho y este le sonreía completamente encantado con la situación.

— Yo no — repuso con intención, pero antes siquiera de que la chica hiciese el amago de levantarse, un fuerte brazo se enredó en su cintura, posó una mano sobre su vientre plano y la levantó del suelo con una facilidad increíble, atrayéndola hacia sí.

— ¡Idiota! — exclamó Ranma furioso, Akane le miró pasmada, con un extraño nudo en el estómago.— ¡No deberías estar aquí!¡no deberías estar haciendo esfuerzos!

— ¿Qué?

— ¡Y por su fuera poco te dedicas a coquetear con el primero que se te cruza!

— ¿¡Pero de qué estás hablando!?¡suéltame!

El chico de la trenza obedeció y la dejó libre, sin cambiar un ápice su expresión.

— ¿Estás mal de la cabeza?¡ya te he dicho que no quiero que te preocupes por mí!

— ¡Lo que yo haga o deje de hacer no es de tu incumbencia!

Akane pestañeó, confundida.

— ¿Que se supone que significa eso? — preguntó a la vez que se cruzaba de brazos.

— Eso mismo me pregunto yo, ¿porqué te cuesta tanto ser sincera?

— ¿Ah?¿y que se supone que he de decir para resultarte sincera?

— Ey... — Ukyo interrumpió la discusión, había recuperado la pelota y miraba a la pareja preocupada, ambos giraron la cabeza a un mismo tiempo para enfrentarla — ...el partido debería de seguir, ¿no?

Akane resopló volviendo a su posición y Ranma se plantó en uno de los laterales del campo, cruzado de brazos y con cara de pocos amigos. Le dirigió una furibunda mirada al chico sobre el que había aterrizado Akane, que se dedicaba a describir a su amigo con pelos y señales todo lo que había visto, con gestos bastante groseros.

Apretó los puños, no quería montar un espectáculo, no quería dejarse llevar por su acuciante sobreproteccionismo que le instaba a plantarle un buen puñetazo en plena mejilla, cuyo impacto le hiciese olvidar por completo el accidentado contacto corporal. Muy en su interior, una pequeña vocecita que cada vez hablaba más fuerte no dejaba de gritar: "Akane es mía, nadie más puede tocarla".

Se estaba volviendo posesivo, se estaba convirtiendo en una persona egoísta y celosa de sus ojos, de sus gestos, de su piel.

La pelota volvió a emprender el vuelo y el partido continuó, cada vez con más agresividad. Las chicas brincaban, golpeaban y recibían la pelota, desde luego no parecía algo propio de aficionadas, era competición a alto nivel.

El chico de la trenza sufría cada vez que veía como Akane corría y se lanzaba con tal de evitar un punto del rival, sin embargo no era estúpido, sabía que la herida le dolía.

En un momento dado, uno de los golpes de Kodachi impactó de lleno en su pierna y la morena cayó al suelo emitiendo un levísimo jadeo, iban perdiendo por un par de puntos y el partido apenas terminaba. Ranma no se lo pensó dos veces, pisó la arena del campo y se agachó junto a la guionista quien le miró con la furia de la competición presente en sus ojos. Ukyo también se había parado a su lado.

— Akane, ¿puedes continuar? — preguntó la maquilladora con un deje de preocupación en sus palabras.

— No me pasa nada... — dijo a la vez que intentaba ponerse en pie, pero para Ranma no pasó desapercibida la mancha oscura que empezaba a extenderse bajo el vendaje. ¡Estaba sangrando! maldita fuera mil veces, por culpa de aquel estúpido juego se había abierto la herida de nuevo.

— Se acabó, no puedes continuar en este estado — sentenció extremadamente serio, pero Akane no opinaba lo mismo.

— Voy a terminar el partido — declaró firmemente mientras se ponía en pie — Y tu no me lo vas a impedir.

— Claro que voy a hacerlo.

— ¡Já! me gustaría ver como lo intentas — le retó apretando los dientes, había que admitir que aquella chica era extremadamente tenaz. El artista marcial suspiró, aquello le iba a doler mucho más a él que a ella.

— Ganador el equipo de Shampoo y Kodachi — dijo en voz alta.

— ¡Eso es injusto! — exclamó Ukyo ultrajada, Akane simplemente palideció. A su espalda las otras dos chicas también le miraron sorprendidas.

— No puedes hacer eso.

— Ya lo he hecho.

— ¡Deshazlo!

— No — lo sabía, sabía que esa decisión le iba a pesar en la conciencia y no haría más que incentivar el rencor de Akane, pero no podía permitir que se siguiese haciendo daño a sí misma, así tuviese que aguantar cien citas con Shampoo y Kodachi.

Su cara enfadada, su pelo ligeramente revuelto, sus mejillas sonrojadas por el esfuerzo físico y sus rodillas llenas de arena, todo, absolutamente todo le gustaba. Le gustaba tanto que era impensable que no le gustase al resto de espectadores, que volvían a contemplarlos atónitos.

No se lo pensó demasiado, simplemente lo hizo, se agachó lo suficiente como para agarrar sus rodillas y con la facilidad de quien transporta una almohada tomó el delgado cuerpo de Akane y la cargó sobre su hombro, como si fuese un simple saco.

Ella comenzó a gritar, se revolvió mientras Ranma caminaba rumbo a los apartamentos.

— ¡Sueltame!¡déjame bajar ahora mismo!¡esto es humillante!

— ¡Deja de moverte o seguirás abriendo la herida!

— ¡Maldito seas Ranma Saotome! — exclamó mientras daba un par de fuertes golpes con los puños en su espalda, pero él ni siquiera se quejó — ¡Podría haber ganado!¿Es que acaso tantas ganas tenías de salir con Shampoo que has tenido que hacer trampas para conseguirlo?

Él detuvo el paso cuando llegaron hasta las escaleras de madera exteriores, que conducían a sus habitaciones, finalmente la dejó en el suelo sin demasiado cuidado.

— ¿Cómo puedes ser tan terca?

— ¿Acaso te duele que te digan la verdad?

— Entérate de una vez, ¡no quiero salir con Shampoo, con Ukyo, con Kodachi o con ninguna otra!

— ¿Entonces por qué demonios has detenido el partido?

— ¿¡Es que acaso no es obvio!? — el chico de la trenza la miró aún más enfadado de lo que estaba momentos antes, los gigantescos ojos marrones de Akane se veían completamente encantadores, nublados por una extraña confusión, como si le costase un soberano esfuerzo llegar a entender lo que estaba diciendo. No era tan tonta, ella misma sabía lo que estaba ocurriendo, pero su propio cerebro descartaba la idea mucho antes de que pudiese siquiera llegar a planteársela.

Ranma se revolvió los cabellos y resopló, cansado.

— Ve a descansar — le dijo a la vez que se daba la vuelta y volvía a la playa para arreglar aquel maldito asunto del pergamino de Nabiki.

A su espalda, una sonrojada Akane vio como se alejaba, bajó la mirada y posó ambas manos sobre su pecho intentando por todos los medios acallar sus latidos.

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¡Hola de nuevo!

Con este capítulo me tardé una eternidad, lo siento muchísimo. No fue falta de inspiración si no de tiempo real, tengo la impresión de que lo he escrito medio dormida, siempre con demasiado sueño por culpa de mi trabajo, de nuevo lamento la tardanza, intentaré tener el siguiente lo antes posible, no me gusta haceros esperar.

Un saludo a todos y muchas gracias por las reviews, me dan fuerzas para seguir escribiendo aún esté muerta de cansancio.