Capitulo 8:
Riza se llevo una mano al cuello y luego dejo escapar un gemido de alivio.
-Tucker!-exclamo. Shou Tucker había ayudado en el entierro de Michael. La hermana de Tucker, Dante, era el ama de llaves de Roy, y todos se habían portado de maravillas con ella tras la muerte de Michael.
Riza fue hacia al puerta y le ofreció la mano. El pobre no tenía buen aspecto, pensó con lastima. Parecía enfermo y agotado, como si ya no fuera de este mundo.
-¡Así que ha vuelta, niña!
-Ahora me dedico a trabajar para mi abuelo, Tucker. Por ese motivo he venido.
-¿Dónde esta el niño?
-¿El niño? ¡Ah, mi hijo! ¿Cómo lo sabe?
-Siempre lo he sabido, muchacha. Siempre- dijo, y le guiño un ojo.
Riza sonrió. Había estado observándola cuando ella había ido a buscar las cosas al coche. La había visto y había visto también a Mike.
-¡Mike!- llamo Riza, pero cuando se dio la vuelta descubrió que Mike estaba justo detrás de ella. Ojala fuera amable con Tucker, rogó. Los niños solían asustarse con facilidad.
Sin embargo, Mike dio un paso adelante con el mismo entusiasmo que había mostrado ante todo desde su llegada al Este.
-Hola, soy Mike. Michael Patrick McHennessy. ¿Conoce a mi madre?
-Claro que la conozco.
Mike miro a su madre con parte de la admiración que mostraba hacia el hombre.
-¡Se acuerda de ti, mamá!- volvió a mirar a Tucker-. Es como si volvieras a casa, ¿verdad?
Las palabras del niño despertaron en ella cierta incomodidad, pero, sin dejar de sonreír, intento salir al paso.
-Es muy amable de tu parte acordarte de mi, Tucker. No me quede aquí tanto tiempo.
-Siempre ha sabido que volvería con el niño. Siempre.
Ese cometario termino de ponerle los nervios de punta. Claro que, se suponía que también estaba nerviosa por el viaje. Empezó a preguntarse como librarse de el.
-¡Tucker! ¡Tucker!, ¿estas ahí? ¿Qué haces?
El dueño de aquella voz apareció por fin en lo alto de la escalera. Riza tuvo que parpadear varias veces, pero por fin reconoció a Vato Falman.
-¡Pero… si es usted!- murmuro el, sorprendido, reconociéndola al mismo tiempo que ella. Riza asintió con la cabeza. Falman también había cambiado con el paso de los años. El era sobrina de Dante y algunos años mayor que Riza… solo que a los diecisiete, a ella las circunstancias la habían obligado a asumir una madures que Falman no necesitaba aparentar en ese entonces.
-¡Vato Falman!- se rió.
-¡La señorita Hawkeye!- el rió también-. Lo siento, no pretendía ser grosero- agarro de Tucker del brazo-. Ni Tucker tampoco, estoy seguro- bajo la voz, como si de esa voz el hombre no pudiera oírlo-. Tucker… ha empeorado últimamente.
-Esta bastante bien- aseguro Riza, aunque no estaba muy segura. Puso una mano en el hombro de Mike-. Me alegro de volver a verlos a los dos. Mike, este es…
-Vato Falman. Y… ¿Puedo saber como es que no vas a la escuela, chico?
-Es que estoy de viaje con mi madre- Mike hizo una mueca-, pero me va a poner un tutor.
- Si te quedas aquí, no hará falta- guiño un ojo a Riza-. Soy maestro en el pueblo. Podrías empezar a venir a clases desde el lunes.
-¿Maestro?- pregunto Riza, sorprendida-. Que estupendo, Falman. Pero Mike y yo no vamos a quedarnos más que un par de días.
-Una pena- esa vez, Falman guiño un ojo a Mike-. Tendremos que convencerla para que se queden, ¿eh, Mike?
-¡Si!
Riza sonrió, pero estaba tensa.
-Tengo que trabajar, Mike. Sabes muy bien que no podemos quedarnos en un solo lugar.
Tucker intervino entonces en la conversación.
-No hay mejor lugar que esta bendita tierra para trabajar, muchacha. No hay mejor lugar.
- Bueno, Tucker y yo nos marchamos ya, señorita Hawkeye, para que terminen de instalarse. Sin embargo espero que, antes de marcharse, pueda dedicarme un rato.
- No faltaba mas- murmuro Riza.
-Vamos, Tucker.
Falman dio la media vuelta con el otro hombre y le dedico a Riza una sonrisa antes de empezar a bajar las escaleras.
Riza cerro la puerta… e hizo girar la llave en la cerradura.
-¡Se acordaban de ti, mamá!- exclamo Mike que la miraba con un respeto nuevo en el.
- Si, han sido muy agradables- dijo Riza con cierta impaciencia. Pensaba que aquel lugar estaba lo bastante lejos de ciudad del Este, pero se había equivocado. De repente, deseaba que se marcharan de allí. De no ser por Mike, lo habría hecho.
- Oye, cielo- dijo con voz un poco débil-, termina de sacar tus cosas si quieres que te lleve al cementerio. Aquí anochece muy pronto.
El se apresuro a obedecer. Riza deshizo mecánicamente el resto del equipaje y se cepillo rápidamente el cabello. Antes de que hubiera terminado, Mike ya estaba sentado en su cama, esperándola.
Al cabo de unos minutos, se hallaban de nuevo en el camino hacia cuidad del Este.
- Mi padre quería que lo enterraran aquí, ¿verdad?- dijo Michael.
-No lo se- respondió ella sin apartar los ojos de la carretera. Su desasosiego aumentaba por minutos. Había sido un error, un gran error ir allí-. Pero a Michael le encantaba este lugar, así que… dije que lo enterraran aquí.
-Porque te parecía bien-añadió Mike alegremente.
-Si.
Un momento después llegaron a su destino. Tuvieron que dejar en coche en la base de una colina y a ella le costa varios minutos recordar en que punto de aquel viejo cementerio cubierto de vegetación habían dado sepultura a Michael McHennessy.
-Por aquí, Mike- murmuro por fin, y empezó a subir la colina.
El la siguió, curioseando alrededor de varias lapidas.
-¡Mamá! Mira, puedo leer la fecha de esta. Uno, seis, nueve… Bueno, casi. ¡Uf, es viejísimo!
-Si, es verdad- murmuro Riza. Se detuvo un instante para recuperar el aliento. En Central andaba bastante, pero no había cuestas. Miro a su alrededor y vio la estatua de un ángel de piedra, desgastada por el tiempo y los elementos, coronado una tumba. Michael estaba cerca del ángel, se acordaba.
Empezó a mirar los nombres escritos en las lapidas. Pensaba que la de Michael seria más fácil de encontrar, pero en ocho años había quedado tan deslucida como el resto. Encontró una bastante nueva, pero no era la de Michael. Luego reviso otras y pensó que debía de andar cerca.
Mike daba vueltas por allí, fascinado con esas viejas tumbas. Estuvo a punto de llamarlo para que se acercara, pero luego pensó que nada malo podía pasarle en la verde colina.
Cerró los ojos un instante y recordó el día del funeral. Todos los pueblerinos iban vestidos de negro. El ataúd de Michael era sencillo, de madera, y ella había contemplado como lo bajaban hasta colocarlo dentro del agujero y luego, cuando ya se marchaba, volvió la cabeza y vio a un hombre echando paladas de tierra encima.
Roy Mustang la acompañaba y la consolaba. Ella era un mar de lágrimas.
Michael había muerto tan joven…
Por fin la encontró. Cayó de rodillas. La piedra de la lapida estaba medio cubierta por la hierba y la maleza. Las arranco con frenesí; se rompió un uña, pero no le importo. Michael Padraic McHennessy. Reposa en la paz del Señor.
-¡Mike!
No hubo respuesta y ella levanto la vista.
Estaba en el otro extremo de la colina, hablando con un hombre. Ella frunció el ceño. Debía desconfiar de los desconocidos. Solo por que no estuviera en Central…
Se puso de pie, se sacudió las briznas de hierba de las rodillas del pantalón y camino con paso rápido hacia donde estaban. Tropezó en una piedra oculta entre la maleza y soltó una maldición antes de seguir.
El hombre estaba de espaldas a ella. Tenía la cabeza ligeramente inclinada hacia su hijo. Era alto, de cabello oscuro y llevaba una chaqueta negra. Ella apretó el paso y oyó la voz de Mike.
- Soy de Central, pero mi madre vivió aquí un tiempo. Y mi padre esta enterrado aquí. Por eso hemos venido.
Riza oyó que el hombre se reía y el corazón se le subió a la garganta. Antes de que se volviera, había comprendido de quien se trataba.
-¡Ahí esta mamá!
El hombre se dio la vuelta. A Riza le pareció que se movió despacio, pero no era así. Lo que ocurría era que su mente iba demasiado deprisa.
El la miro. Ella quiso decir algo, pero no le salían las palabras.
Se quedo mirándola un rato, examinándola desapasionadamente. Era como si supiera que iba a encontrarla allí.
El apenas había cambiado. Claro esta que sus rasgos ya no eran los de un joven pero tenia el mismo cabello oscuro y algo desordenado de años tras. O seria efecto del viento, que se lo echaba hacia la frente. Tenía los ojos entrecerrados y una ceja levemente arqueada. Apretaba los labios con fuerza, con severidad y sus ojos negros centelleaban con furia.
Riza trago saliva. Verlo allí le recordaba a su primer encuentro: ella corriendo por los prados en la oscuridad y llamando a Michael. Era muy joven entonces, y estaba muy asustada. Todavía se acordaba de cómo había aparecido de repente ante ella esa noche, alto y tan imponente. La había tomado de la mano y le había prometido ayudarla. Nadie le había dicho entonces que se trataba de Roy Mustang, lo único que ella sabia era que parecía fuerte y capas de protegerla. Después de que Michael expirara en sus brazos, se la había llevado de allí. Había estado a su lado en todo momento. Inexplicablemente a ella la enfurecía su importancia, aunque necesitaba su fortaleza. Y muy en contra de su voluntad y su moral, el la fascinaba.
Empezó a temblar. Ocho años era mucho tiempo. Suficiente para olvidar y, sin embrago, ella no lo había olvidado. Riza noto como la miraba y de pronto sintió mucho calor, como si el ardiera la sangre. Y eso, a pesar de que el no había dicho siquiera una palabra.
-¿Michael McHennessy, muchacho?
Su voz hizo temblar de nuevo a Riza.
-Elizabeth- dijo luego y la miro con furia. Ella no podía entender de donde venia tanto enfado.
-Roy- trato de sonar natural, relajada, pero le fallo la voz. Se enfado consigo misma. Ya no tenía diecisiete años. Tal ves fuera un hombre importante en ese sitio, pero no tenia ningun poder sobre ella.
-Riza- intervino Mike con inocencia-. Los amigos la llaman Riza.
-¿A, si?- replico Roy. Sus ojos la recorrieron de nuevo de la cabeza a los pies, una mirada cruda y negligente.
Muy a su pesar, ella se ruborizo. Para horror suyo, recordaba a Roy perfectamente… desnudo junto a ella. No recordaba al Roy que la había consolado y animado en los momentos difíciles, no. Se acordaba de el tal y como lo había visto la ultima vez. La imagen la puso histérica, pero allí estaba, quisiera o no. Recordaba sus propias manso sobre el pecho desnudo d el. Recordaba así mismo las sensaciones que las manos y los besos de Roy habían despertado en su cuerpo, los brazos abrasándola…
Riza quería que se la tragara la tierra, desaparecer, cualquier cosa con tal de escapar de Roy Mustang.
Porque el también lo recordaba todo, estaba convencida: lo leía en sus ojos. Vio su expresión burlona.
-Sabias… sabias que estaba aquí- dijo ella con voz áspera.
-Evidentemente- respondió el suavemente-. Soy Roy Mustang, ¿lo recuerdas?
Sin pronunciar una palabra más, dio media vuelta y descendió colina bajo.
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Ya chicas, fin del chap de esta semana y espero les haya gustado. Se que esta historia es mas densa que el resto a las que están acostumbradas pero pensé que vendría bien un cambio. Gracias a las que leen y por supuesto a las que dejan su opinión, nos leemos el lunes, ciao.
