En el capítulo anterior...

...L consigue detener a la docena de cazadores en su misión de matar a Kira, algunos mueren, algunos consiguen sobrevivir. El recuento de puntos de la fallida misión va a dar comienzo, así como algo mucho más importante.

Capítulo VIII: Fracaso total

La transferencia dio inicio; todos regresaron a la misma habitación donde volvieron a nacer. Cada micro partícula era restaurada, así como los abatidos por L recuperaron los miembros amputados por el mismo. L, Maki, y ocho más; diez cazadores o gantzers en total.

—Mi, mi brazo, y también... estoy vivo, y sin heridas...

—Tú, fuiste tú quién me ató, ¿verdad? —el francotirador se aproximaba a L enfurismado, mientras el segundo permanecía totalmente tranquilo.

—Déjale, Kota. Él nos derrotó en un instante, y además mató a Kuno y los otros.

—¿Ése pequeño bastardo ha matado a...? —su compañero le detuvo agarrándole por el brazo, añadiendo un gesto negativo con la cabeza. Kota tan sólo se limitó a presionar los puños con fuerza y bajar la mirada.

—L, ¿no dijiste que por muy heridos que estuviesen volverían sanos y salvos? ¿Así pues, por qué...?

—Pues es muy fácil. Los otros debieron desangrarse antes del viaje de vuelta —Maki retrocedió un paso hacia atrás, con la mirada perdida—. Te lo dije, esto no es ningún juego.

De la esfera negra provino un familiar sonido, y tal y cómo indicaba; empezó el recuento de puntos.

Bicho raro, menos 86 puntos. Menos atacar compañeros, más acatar órdenes.

100 más y eres libre.

Bola de billar, 0 puntos. Menos gatillo fácil y más apuntar. 100 más y eres libre.

Putita de Bicho raro, 0 puntos. Sin él no eres nada. De hecho, no eres nada. 100 más y eres libre.

—«Sí, tiene razón. Sin L no soy nadie. En verdad, solo soy un fragmento más de la enorme sombra que emana.»

—Ahora ya lo veis —empezó L, atrayendo la atención de todos—. Sin un líder, no sois nadie. Una unidad necesita alguien capaz de tomar decisiones y también quién las lleve a cabo, cooperando con los compañeros en todo momento —mientras hablaba, el detective empezó a desnudarse delante de todos, aumentando el grado de sorpresa entre los presentes.

—Oye, oye, ¿de verdad un pervertido como tú pretende liderarnos? —las risas invadieron la habitación. L se acercó a la esfera negra, totalmente desnudo, ahuyentando la gente a su paso.

—No, yo no tengo aptitudes ni ganas de liderar a una panda como vosotros —recogió una maleta que llevaba su nombre, y dentro halló el traje especial el cuál no demoró en ponerse—. Sólo hay uno aquí presente que entre en la descripción previamente descrita —el detective terminó de vestirse con el negro traje, e incorporándose tanto como pudo, miró fijamente a uno de los presentes—. Y ése, eres tú, Maki —tras esas palabras, desapareció como la oscuridad ante el amanecer.

—«¿Yo? Pero, L... qué es todo esto...»

—¿Ése mocoso pretende liderarnos? —las risas llenaban de nuevo la sala, esta vez mucho más disimuladamente.

—Eh, eh, ¿acaso estás ciego, Jiro? Ese tío ha desaparecido como si nada, ¡eso no es normal!

—Sois todos unos idiotas. Nada de lo que pasa aquí es normal. Estamos alucinando, eso es todo. ¿Acaso no os acordáis de lo último que hacíamos antes de llegar aquí?

—¡Claro! Estábamos celebrando nuestra primera victoria, seguramente ese sake llevaba algo raro, es evidente.

—Menudo ese Kuno, ¿no fue él el que trajo la bebida? Y ahora tiene las pencas de hacerse el muerto, debe estar pasándoselo en grande con los demás bromistas —los ocho se dirigieron a la puerta de la habitación, dispuestos a salir.

—Antes esta puerta no se abría, ¿recordáis? —uno de ellos hizo girar el pomo, consiguiendo acceder a la calle.

—¿Lo veis? Esos cabrones deben de habernos drogado y lo más seguro estaremos por Internet haciendo el paria —dos de ellos se alzaron del suelo medio metro aproximadamente. Se giraron, y vieron al supuesto líder Maki vestido con el mismo traje que el de L antes de desaparecer, siendo él quién les había levantado fácilmente.

—¿Qué cojones? —Maki arrojó a ambos por los aires, adornando el suelo de las vísceras de los ingenuos cazadores. Sus ojos, llenos de lágrimas e impotencia hablaban por sí solos.

—Decidme. ¿Cuántos más? —los seis restantes estaban estupefactos tras presenciar la escena—. Os estoy preguntando cuantos más tienen que morir para que os deis cuenta de la puta realidad. Sois muy valientes evitando la realidad, ¿y os creéis que ése es el modo de afrontar la situación?

—Tíos, tíos, esto va en serio. Tanaka y Jiro acaban de palmarla, ¿no creéis que aquí pasa algo raro?

—Despertad de una jodida vez. Vuestros amigos no están esperándoos para gastaros una broma, ¡están muertos! I si no reaccionáis de una vez, acabaréis como ese par de abajo, con los sesos en la puta calle, ¿queda entendido? Ahora ir a dormid, venga.

—Cla-claro, entendido, jefe, líder... Venga, vámonos.

Tras un largo rato, Maki era el único que permanecía en la habitación; llorando, tumbado a la pared del lado de la puerta.

—Lo has hecho muy bien —la invisibilidad de L se desvaneció enfrente del chico.

—¿Bien? He matado, L. He quitado vidas. ¿A eso le llamas tú "hacer lo correcto"?

—Les has dado una lección a esa panda de ineptos. Si no hubieras matado a ese par, seguramente en la siguiente misión, en una misión real, hubieran muerto todos. Al menos ahora les has dado una oportunidad.

—¿Misión real? ¿Y qué se supone que ha sido esto, un paseo?

—Más o menos. Yo más bien diría que ha sido un entretenido juego.

—¿Juego has dicho? ¿Ha sido para ti un juego?

—Sí, no ha estado mal. Quizás lo comprendas mejor cuándo aclare lo siguiente: Yo soy Kira, y gracias a ti he conseguido desviar la atención de esas molestias. Toma, coge el arma. Pulsa ambos gatillos, y acaba con mi maligna existencia, ¡vamos, dispárame!

—«¿L es Kira? ¿Ha estado fingiendo? No, no puedo ser... debe, debe haber algo. Lo hay, algo no encaja. Para qué decírmelo justo ahora, para qué necesitaba mi pobre ayuda alguien que despachó a esos tipos como si nada.» —el detective apuntó con el dedo índice al joven.

¡Bang! Has fallado. Nunca dudes. Debiste disparar, o sencillamente devolverme el arma, pero nunca dudar como has hecho. No soy Kira, evidentemente. Puedes devolverme el arma, o dispararme si desconfías de mí. Esto solo ha sido una prueba para conocerte mejor, ahora se que confías pero no plenamente, te mantienes en una cuerda que puede ser fácilmente tambaleada. Si de veras quieres ayudarme en esta lucha, debes confiar ciegamente en mí. Siento decirte que yo no puedo ser así contigo, no al menos hasta dentro de un tiempo y me hayas demostrado tu total fidelidad hacia mí.

—¿Por qué todo esto? ¿Para qué llegar tan lejos?

—¿Lejos? ¿Lejos has dicho? Esto es solo el principio de la odisea. He visto a humanos siendo engañados por alienígenas y traicionando a sus propios compañeros, algunos han sido mentalmente manipulados gracias a su frágil estado emocional. Si de verdad quieres que vayamos juntos en esto, debemos llegar a conocernos mejor de lo que nos conocemos nosotros mismos —el detective extendió la mano a modo de servirle de apoyo para levantarse. Se frotó las lágrimas, y salieron juntos de la habitación—. Sería todo un honor si vinieras a mi apartamento, de hecho supongo que tú tampoco tienes donde ir. Acostumbrado a la buena vida, después de perecer me costó retomar mi propio camino sin levantar sospechas, pero... bueno, supongo que todos morimos algún día. Ahora que lo recuerdo, eso mismo me dije cuando vi mi cadáver. Qué curioso —añadió llevándose el pulgar a los labios.

—No digas estas cosas, que no se si alegrarme o asustarme. Y, L... el honor será mío, créeme.

—Voy a enseñarte a usar las armas, los caminos de la supervivencia llevados al extremo, y todo lo que he descubierto sobre él, mi enemigo; nuestro enemigo. Y sobretodo... no te olvides nunca el traje, sino quieres morir.

—Pero L, tú no lo llevabas durante la misión.

—Oh, qué observador. Simplemente me lo dejé en la maleta dentro de la esfera, eso es todo.

—«¿Es que quiere morir?» Oye, no estarás pensando en...

—¿En qué? Oh, ya entiendo. No, en absoluto. Sólo me siento más cómodo con mi ropa habitual, eh aquí la resolución al gran misterio.

—«Sí, parece que vivir o morir no le importa mucho...»

1981, Portland, Oregón

—Oye Tano, dicen que hay una máquina recreativa muy rara en un bar cerca de aquí.

—Otra vez quieres llevarme para verme jugar, ¿eh, Misako? —la joven adolescente sonrió al chico de unos diecisiete años, dos años mayor que ella. Le agarra el brazo y lo arrastra con ella al bar del que hablaba. Dentro había una máquina totalmente negra, donde se asomaba una larga cola de jóvenes para jugar con ella.

—¡Ta-chan! Esto es Polybius, el juego del momento. Nadie ha sido capaz de completar el videojuego, a ti que tanto te gustan los retos deberías estar temblando de emoción para probarla.

—«Algo no me gusta. Ésta sensación, y tanta gente haciendo cola para jugar a eso. Sólo son navecitas, y sin embargo, empiezo a notar una atracción para jugar. Además, todos parecen padecer la misma sensación, o aún mayor; todos están deseosos para jugar al tal Polybius. Solo me queda... comprobarlo por mí mismo.» Sí, Misako. No me iré de aquí sin echar una a este juego.

Tras una espera de varias horas, por fin a Tano le había llegado el turno de jugar. Introdujo una moneda de cien yenes, y el juego empezó. Era curioso su sistema de juego, pues no era el movimiento de la nave lo que dominabas, sino la rotación de la pantalla. Los efectos poligonales del videojuego eran de estética luminosa y sobretodo, rápidos. Serán simples imaginaciones, pero las explosiones causadas por la destrucción de las naves enemigas parecen tomar forma de letras y números, sin aparente significado alguno. Cada vez más rápido, más secuencias numerológicas y alfabéticas aparecen sin cesar. Los sonidos del juego resultan a veces confusos. Parece que casualmente, los sonidos se intercalen erróneamente y distorsionan las sinfonías. «¿Por qué me haces daño?» «¿Misako?» Desliza la mirada sobre su compañera, que permanece sonriente como un inocente ángel en el seno del infierno. Los sonidos son más fuertes, y los oídos le retumban sumidos en un sinfín de temblores y orgías auditivas indiferenciables. La mirada de aquellos que desean tomar su lugar para jugar con la máquina le pesan sobre los hombros, cansados, como sus pupilas, y su mente le pide apagar y marcharse.

—No debías haberme llevado aquí —exclama tras apartarse de los controles de la máquina repentinamente—. Una vez que nos vamos de vacaciones y me traes por esta bazofia de bares a jugar por tus dichosas maquinitas —la chica dejó de sonreír, retraída por las represalias de su compañero, con la mirada entelada.

—«Solo quería verte jugar» —pensó, incapaz de pronunciar una sola palabra.

«Soy yo. Estoy en un centro comercial, junto a Misako. Ella está tan sonriente y cariñosa como siempre, a veces pienso que no conoce la tristeza. "No tenemos dinero", me dice con su tierna expresión en el rostro. "No pasa nada, ya iremos otro día", le contesto, pero parece ser otro el problema: se lo ha gastado todo, la herencia de mi madre, cuyo dinero no podía ni tocar hasta que cumpliera los veinte años, los ahorros para la universidad; todo derrochado en un instante. "Tiraremos adelante, no te preocupes", añado mientras me abraza fuerte, hasta que siento la humedad de sus lágrimas en mi pecho. Ahora estamos en una discoteca. Misako permanece inclinada hacia delante con los brazos extendidos, donde un hombre la agarra fuerte por cada lado. Le están haciendo daño a la inocente e irresponsable Misako, puesto varios hombres adultos, uno tras otro, la violan sin consideración alguna. Un hombre vestido con un traje negro se acerca con una espada japonesa, le levanta la cabeza tirándola del cabello bruscamente y le rebana la cabeza. Los hombres la siguen tomando, sin importarles nada su inerte cuerpo. Ese hombre... soy yo, ahora me veo claramente. Ahora lo veo todo claramente.»

Próximo capítulo: El primer gantzer