Buscando "Un Árbol y tres Bambalinas"
Contest FFAD: Una Navidad Perfecta
Edward Claus
Escrito por: Rosie Rodríguez (Osbelys)
Disclamer: Los personajes no son míos, la historia es de Edward Claus.
Esta Historia Contiene: Escenas Fuertes, sexuales y lenguaje soez, si no te gusta, abstente de leerla.
Beteado por Monz Pollen. Beta FFAD (www. facebook groups / betasffaddiction/)
—Capítulo 8—
Si la cuenta no fallaba habían pasado alrededor de cinco años desde El tiempo transcurre, los segundos se convierten en minutos; los minutos en horas; las horas en días; los días en semanas; las semanas en meses y los meses en años.
Hace un año específicamente que Edward y Bella se volvieron a ver y ellos en ese momento pensaron que permanecerían juntos, pero los seres humanos no tenemos un destino marcado y ellos no eran la excepción. Porque, aunque parecía estaban destinados a estar juntos, no podían estarlo; aunque se amaran, porque se dice que todos debemos hacernos cargo de nuestros actos y Edward y Bella lo estaban haciendo. Se estaban haciendo responsables de sus actos, pero no con la felicidad que esto merecía, más que por hacerlo porque ellos así lo deseaban, lo hacían por obligación. Ambos estaban con diferentes personas, cada uno había tomado un rumbo diferente y es que Bella no tenía pensado salir embarazada de Garrett, pero fue un accidente y a pesar de que ella amaba a Edward no era posible mantener una relación estable con él ¿Por qué? La respuesta es sencilla, el destino les había jugado sucio y ahora él sorprendentemente estaba esperando un hijo de Tanya.
En la sala de la casa de Isabella Swan, se encontraba una chica en una mecedora acunando su pequeño vientre entre sus manos y mirando hacia la nada. Hoy era 24 de Noviembre y él se estaba por casar, era su obligación y aunque muchos no entiendan la relación era muy sencillo, ella no amaba a Garrett, él no amaba a Tanya, pero ambos tenían una obligación y esa obligación eran sus hijos. Edward nunca dejaría abandonado al hijo que esperaba Tanya, y Bella nunca dejaría que su hijo creciera sin su padre, era algo imposible, irreal.
Los dos se morían por dentro, pero era su única opción.
En ese instante Bella recordó una frase del su libro favorito la cual rezaba de la siguiente manera:
"Todos deseamos un final feliz, pero no todos lo tenemos".
Y era la realidad, ella no había tenido su :"felices por siempre", ni una casa con un perro, o tan siquiera un boda donde ella estuviera vestida de blanco, solo había tenido un amor, el cual, por cierto, duró poco, pero lo que duró fue hermoso, o al menos esos eran los pensamientos de ella.
― ¿Qué tanto piensas, bebé? ―le preguntó Garrett a Bella, quien se encontraba con su cabeza en el regazo de novia.
―En que a veces no obtenemos todo lo que deseamos ―respondió ella viéndolo, para sonreír con tristeza.
―Pero tú me tienes a mí, y a nuestra hija ―repuso él con una sonrisa cegadora. Y Bella no contestó eso, Garrett no merecía la mierda que ella era, en esos momentos, por dentro.
Ella lo que necesitaba era desahogarse, llorar un poco, comer helado de chocolate e impedir esa boda, pero no podía, aunque quisiera.
Garrett al ver que ella no respondió se hincó en sus rodillas y le dio un ligero beso en los labios.
―Te amo, Bella ―él posicionó sus manos sobre las rodillas de su amada esperando una respuestas.
―Yo también―escupió casi ella desviando su mirada del padre de su hija.
Unas lágrimas traicioneras se acumularon en los ojos achocolatados de Bella y estas se desbordaron sin pedir permiso.
― ¿Por qué lloras preciosa? ―le inquirió.
―Son solo las hormonas ―y con eso Garrett la abrazó, su respiración chocaba contra el cabello de Isabella y sus brazos la envolvieron en un abrazo lleno de amor y cariño, pero Bella deseaba con todas sus fuerzas que esos brazos fueran de otra persona, y que su hijo fuera de él, pero no era así y se tenía que resignar.
Mientras que en Forks, en una casa de tres plantas Edward se veía en el espejo confirmando que su traje estuviera pulcro, perfecto, sin ningún defecto, su pajarita era de un color rojo pasión, su cabello estaba aplacado gracias al bendito gel y sus ojos…sus ojos eran la viva expresión de una persona muerta en vida.
Edward suspiró profundo y se sentó en la cama, colocó su cabeza entre sus manos y se permitió llorar por última vez, tal vez estaría a punto de casarse, pero no estaba feliz, no estaba como se suponía que debería de estar.
Existe el mito de que cuando una persona está próxima a contraer matrimonio esta rebosante de felicidad y con una sonrisa de enamorado en su boca, pero en el caso de Edward…su caso era completamente diferente, él podía sentir como 10 toneladas eran puestas sobre sus hombros, porque sí, él estaba llevando una carga al casarse con una persona que no quería, pero lo hacía por su hijo, solo por esa personita que venía en camino.
A su cabeza se vino la imagen de Bella así que se levantó de donde estaba y buscó la foto que él tenía de ellos dos juntos.
Era de la última vez que se habían visto, los dos estaban sobre la fría nieve, haciendo unos ángeles sobre esta misma, sus manos unidas fuertemente, sus bocas embozando una sonrisa deslumbrante y sus ojos gritando amor por todas partes era lo que se podía apreciar en esa fotografía. Edward suspiró con resignación y guardó su foto dentro de la chaqueta de su traje, decidió que era hora de ir a la iglesia y afrontar su destino y así lo hizo.
En la misma casa, pero en una habitación diferente Tanya, una chica de ojos color avellana, cuerpo despampanante, pero ahora por el precoz embarazo un tanto deforme, se encontraba con su madre y unas amigas alistándose para casarse con el amor de su vida, en este caso era Edward Cullen. Ella sabía muy bien que él no la amaba, pero para ella eso no importaba, porque ella sabía su historia, la historia de la navidad como el mismo Edward le decía a su pasado con Bella, y para serles honesta ella no estaba celosa, no en el sentido de ser una psicópata y ser capaz de arrancarles los pelos a Bella, al contrario, ella estaba celosa de la manera en como ambos se querían, porque Tanya muy en el fondo sabía que nunca la amarían de ese modo, por lo menos Edward no.
― ¿Estás segura de lo que haces? ―le increpó Carmen a su hija.
―Sí, mami ―contestó ella sonriéndolo de manera tranquilizadora.
―Él no te ama…
―Pero yo sí ―la interrumpió Tanya de manera cortante ―, eso es lo que importa. Ahora apúrate, llegaré tarde ―le ordenó viéndola a través del espejo. Su madre se encogió de hombros y asintió, ella más que nadie sabía que era casarse sin ser correspondida, la historia que estaba viviendo su hija, había sido vivida por ella ya y no se la deseaba a nadie, porque Rafaela había tenido todo, pero lo más importante siempre le faltó y esa cosa era el amor.
―Ya es hora ―dijo el padre de Tanya entrando a la habitación éste al ver a su hija sonrió ―. Estás hermosa, nena ―ella le correspondió con una sonrisa cegadora y se encaminó hacia él.
Al Tanya bajar las escaleras se encontró con Alice y Rosalie, a pesar de que ellas eran amigas de Bella, se encontraban allí apoyando a Edward, su otro amigo, porque como consecuencia de la relación y no relación entre ese par, en el proceso tanto Alice como Rose se habían hecho amigas muy cercanas de Edward y este de cierta manera las necesitaba con él allí, porque ellas le hacían recordar a su Bella y eso era lo que necesitaba, sentir la presencia de ella antes de decir el : "sí, acepto"
Ambas chicas le sonrieron con pesar y luego desaparecieron para ir con Edward, él las necesitaba.
Media hora después, luego de Edward componer una sonrisa en su boca, ensayada con anterioridad y de fingir delante de muchos familiares amigos llegaba la hora que tanto el temía, buscó con su mirada a Rosalie y Alice y cerró los ojos buscando coraje de donde no lo había.
―Edward Cullen, ¿acepta por esposa a Tanya Denali para amarla, respetarla, en la salud y en la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza hasta que la muerte los separe? ―el aludido miró a su novia y luego el vientre de esta misma, el cual estaba un poco disimulado por el diseño del vestido y respondió:
―Sí, acepto ―y en ese momento él se sintió desfallecer.
Bella por su parte en New York veía las manecillas del reloj moverse y cuando esta marcó las 6 de la tarde pidió un deseo y ese fue: "Que Edward sea feliz, así no sea conmigo".
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5 meses después.
―Bella, mi amor ya no queda nada, hazlo por Antonieta ―le daba ánimos a Bella y esta solo respiraba muy agitada y repitió continuamente: "No puedo, me duele, no puedo"
Bella dejó caer su cabeza en la almohada y profirió un grito de dolor.
―Bella una solo vez más, su cabeza está afuera, trae a esa princesa al mundo ―le ordenó, prácticamente, su doctora de cabeza y así la joven morena lo hizo.
Segundos después de eso, un llanto infantil se escuchó por la habitación de la clínica.
― ¡Felicidades, papis! ―exclamó la doctora sonriendo, a la vez que le pedía a Garrett que se acercará para que cortará el cordón umbilical.
Antonieta por su parte seguía llorando, se podía decir que tenía buenos pulmones, su cuerpo pequeño, frágil y lleno de líquido amniótico la cubría por completo.
La doctora le dio el bebé a la enfermera y ésta al pediatra, el cual la revisó de cabo a rabo, Isabella se sentía exhausta, pero no quería dormir.
―Hiciste un excelente trabajo, Bella. Solo te limpio y podrás descansar un rato, antes de que te traigan a tu beba y la debas alimentar ¿está bien? ―Bella solo asintió con su cabeza, sintiendo que no estaba en la capacidad de decir más nada. Garrett se secaba unas cuantas lágrimas y se acercó para darle un beso en la frente a su esposa, si, ellos se habían casado exactamente hace 3 meses atrás.
―Nosotros nos llevamos a esta pequeña, y usted descanse, necesitará energías para alimentarla ―ya para cuando la enfermera estaba informando eso Bella se dejaba llevar por la inconsciencia.
Tres horas después de que Bella se había sumido en el profundo sueño unos cuchilleos la despertaron, eran nada más y nada menos que Alice y Rosalie.
― ¡Despertaste, felicidades! ―gritaron ambas al unísono acercándose a Bella quien estaba un poco desorientada.
― ¿Mi bebé? ―preguntó con voz rasposa.
―Garrett la está buscando es una cuchitura, Bella ―repuso Alice dándole un beso en la mejilla.
―Sí ―afirmó ella sonriendo.
― ¡Antes de que se me olvide! ―dijo Rosalie tendiéndole una obsequio―. Es de parte de Edward ―Bella abrió sus ojos como platos y tomó el regalo para abrirlo sutilmente. Dentro había un mono vestido color rosa con detalles de lazos y muñecos raros, pero era lindo, encima de todo eso una nota se hacía ver, Bella la tomó con manos temblorosas y leyó:
Primero que todo Bella ¡Felicidades! Ya eres mamá ¿Qué se siente? Bueno no sé, pero pronto yo lo sabré, sé que te casaste con él, Rose y Alice me lo dijeron, espero seas feliz de todo corazón.
Sé que te preguntarás cómo estoy y la verdad no estoy ni bien, pero tampoco mal, yo creo que Anthony, mi hijo es el que aún me mantiene en pie, ¿Sabes? Nace el mes que viene, nuestros hijos solo se llevan un mes de diferencia, que coincidencia ¿no?
Espero pronto verte y también a tu nena, sé que es igual o más hermosa que tú.
La vida nos ofreció algo así que tratemos de aprovecharlo.
Te amo y siempre te amaré a pesar de que estemos con otro.
Recuerda navidad como yo lo hago, mi versión femenina del Grinch.
Te ama, Edward.
Bella terminó de leer la carta y sonrió con nostalgia.
―Fue algo lindo de su parte…
―Bella ―la interrumpió Alice llamándola, pero en ese momento Garrett venía entrando con un pequeño bulto entre sus brazos. Éste se acercó a su esposa y le sonrió con amor.
―Aquí te presento a nuestra hija, Bella ―susurró Garrett tendiéndole a Antonieta, quien mantenía sus ojos cerrados y parecía apacible dentro de esas cobijas.
―Hola, preciosa ―musitó Bella conteniendo las lágrimas ―. ¿Sabes algo? ―le inquirió ella en plan confidente, Rosalie suspiraba de ternura y Alice lloraba, ella estaba embarazada por segunda vez. ―Mami te ama mucho, hasta el infinito ―le terminó de susurrar.
Ella levantó su vista y observó sus amigas y dijo:
―Mándale saludos y dile que aún recuerdo la navidad. Que también siento lo mismo que él siente por mí ― a ella no le importó que Garrett estuviera allí, total él no sabía de quién hablaba.
Las chicas asintieron sin decir nada, solo la acompañaron, eran lo único que podían hacer.
―Ya su hija nació ―murmuró Edward para sí mismo, observando como su esposa se revolvía en la cama inquieta.
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8 meses después.
Bella se encontraba en Forks, pasando las navidades allí y aunque ella en un pasado la odiaba ahora la amaba, porque le recordaba a él, se encontraba en la librería donde todo comenzó observando unos libros, estaba de pasada pues Garrett junto con Anto lo esperaban en la casa de las chicas…
Tantos libros le daban nostalgia, aún tenía guardado en un lugar indescifrable, el libro que le dejó… tenia marcadas las páginas e incluso anotó en un cuaderno todas las frases resaltadas…
Se sobresaltó cuando aquel empleado, el mismo que le dio el recado de Edward le entregaba ahora un sobre azul, frunció el ceño.
―Señorita, aquel señor le manda esto ―comentó con mirada cómplice, bella no sabía qué hacer, por una parte quería abrir el sobre, por la otra tenía miedo de lo que pudiese contener.
Pero lo tomo rápidamente, olvidándose de las consecuencias, lo tiro en su bolso y prácticamente salió corriendo de aquel lugar que le traía tantos recuerdos, buenos como malos.
Todo el mundo la observaba, estaba corriendo por las calles de forks, llorando, ¿Pero que más le quedaba? Llorar.
Esa era su única opción, el único escape de la realidad.
En estos momentos, eran los únicos en que se permitía llorar y renegar por su suerte, ¿Cuánto se puede amar a una persona?, eso era lo que se preguntaba, su amor por Edward sobrepasaba cualquier medida registrada por el hombre.
Lo amaba tanto que estaba dispuesta a todo.
Incluso a observar desde lejos su felicidad.
Entonces en un ataque de furia contenida rasgo el sobre, y se sorprendió con su contenido.
Había una hoja de color lavanda escrita con aquella caligrafía perfectamente delineada…
¿Acaso las cartas se habían vuelto costumbre entre ellos ya?
Amor mío.
Vuelves a llorar, ¿Por qué lo haces?, no quiero ser el causante de tus lágrimas, porque no las merezco.
Te extraño…
¿Lo haces tú también?
No puedo sonreír.
No desde nuestro adiós.
¿Él te hace sonreír como yo lo hacía?
No tengo derecho a reclamarte pero los celos me carcomen el alma… me consume verte a su lado.
¿Cómo está tu hija? ¿Antonieta?, hermoso nombre.
Como tú.
Esto es una locura.
Todo nuestro amor ha sido una locura.
Pero, no me arrepiento de nada.
Porque no puedo evitar añorar aquellos días repletos de risas y felicidad.
Te propongo algo descabellado.
No te culparé si decides insultarme y romper esta carta.
Pero…
¿Quieres pasar esta noche conmigo?, escápate de tu casa…
Te esperare a las 12.00 pm, en tu antiguo departamento.
Lo compre hace años… no quería ver a nadie más viviendo allí que no fueses tú.
Si aceptas esta proposición.
Estarías aceptando una promesa.
Un pacto.
Un año de soledad y tristeza, y una sola noche de pasión a mi lado.
¿Aceptas?
Él estaba demente, pero era suyo, ella nunca podría tenerlo por completo, nadie nunca podría tenerlo por completo.
Porque Edward Cullen siempre fue suyo.
Y estaba loca.
Profundamente herida y enamorada.
Por eso aceptaba aquella carta.
Aceptaba aquella promesa.
Aceptaba el pacto.
Una noche… solo una noche bastaría.
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Todos dormían, mañana era noche buena, Garrett estaba tan exhausto que incluso le daba pena hacerle esto. Pero tenía que hacerlo, era la única oportunidad…
Se había puesto un vestido palabra de honor color rojo, unos tacones de la misma tonalidad y se puso un abrigo negro encima de manera que nadie más pudiese ver aquello, se hizo un moño delicado y pinto sus labios de rojo carmín. Tomó su bolso y salió por la puerta trasera de la nueva casa de Rosalie.
Tomó un taxi, que la dejaría en su destino.
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Edward la esperaba en el departamento, nervioso, asustado, vestido elegante, ¿Llegaría? ¿Acaso no vendría?...
Pero todos aquellos pensamientos fueron interrumpidos cuando tocaron el timbre.
Él casi corre a abrirlo.
Y al hacerlo todas las preguntas se esfumaron.
Solo existía ella y el vestido rojo.
Solo existía bella.
Su eterno amor.
Su recuerdo.
Su navidad.
No hicieron falta las palabras, ni las explicaciones…
Solo era un beso lo que faltaba.
Y fue devastador, como un huracán, que se llevaba todo a su paso, fue rápido y fogoso, lleno de necesidad.
Lleno de anhelo.
La puerta se cerró de una patada, y mientras caminaban, tambaleándose por la oscuridad, la ropa iba desapareciendo.
De pronto, el baja el cierre de su vestido, y este cae al suelo grácilmente, ella queda desnuda, no había ropa interior, tampoco hacía falta. Él la aprisiona contra la pared, el deseo crecía y solo hacía falta un empujón. Ella lo rodeó con sus piernas, mientras sus manos desesperadas intentaban quitarle aquella molestosa camisa de seda.
Jadeos.
Fuego.
Calor.
Era más que sexo, eran dos almas necesitadas. No fue tierno, no fue lento, era solo un huracán.
La camisa salió volando hacia el sofá, al igual que sus tacones, entre tropiezos y movimientos torpes lograron llegar salvos a la cama.
Cayeron como dos rocas.
Rebotando.
Eran fuego y hielo.
Bella los volteó de manera que ella quedara encima y con un jadeo le quito el pantalón, dejando su miembro erecto afuera, ambos gimieron y ella comenzó a restregarse, él con un gruñido la volteó.
Él quería dominar.
Esta vez fue suave.
Un beso lento y acompasado.
Sin apuro.
Sus manos curiosas buscaban algún cambio en sus cuerpos.
Pero todo seguía igual.
Como lo recordaban
Sus mentes estaban sumidas en caos.
En un huracán.
Él comenzó a acariciar sus senos, más grandes y redondos, besaba todo lo que su boca le permitía mientras escuchaba aquellos jadeos que le animaban a continuar. Fue bajando poco a poco, hasta que llego a su feminidad .Era hermosa, más de lo que recordaba. Comenzó a profundizar sus besos y ella comenzó a gritar, delirando de deseo. Él la estimulaba lentamente, primero introdujo un dedo, luego otro y comenzó a bombearla.
— ¡Edward por favor te necesito! —sus palabras fueron una súplica, estaban llenas de promesas guardadas.
Y el obedeció. Sustituyo sus dedos con su miembro en segundos. Fue entrando lentamente, ella lo rodeaba de nuevo con sus piernas, sus uñas clavadas en su espalda, sus jadeos en su cuello, pero toda la suavidad se fue a la mierda cuando el huracán los hizo presos de nuevo.
Entró rápido y el vaivén comenzaba.
Ella necesitaba más de él.
Necesitaba todo lo que pudiese ofrecerle.
Y él estaba dispuesto a dárselo.
Todo…
Todo mientras durara esta noche.
Eran tantos sentimientos.
Tantas lágrimas.
Y cuando estaban al borde del abismo, cuando estaban a punto de caer y dejarse arrastrar por el huracán el recito una frase del libro "Buscando un árbol y tres bambalinas"
—"Y el amor, se une con la lujuria, sofocándose hasta morir" —solo eso basto para que el huracán los absorbiese en su orgasmo.
Y todo lo demás dejo de importar.
Nada podía dañar este momento.
Bella sabía que tenía que marcharse pronto.
Él sabía que tenía que hacerlo de igual manera.
Era solo una noche.
Una sola noche convertida en promesa.
La navidad.
Bella se fue poco después, entre lágrimas recogió su ropa y se marchó a su realidad, Edward dormía plácidamente… ella no tuvo el valor de despedirse de nuevo…
Quizás el destino nunca quiso juntarlos de forma absoluta, pero ellos estaban hecho el uno para el otro, más lo separaban muchas cosas, el tiempo había corrido, eran demasiados años, era el pasado y el presente, pero nunca juntos.
Aunque en el fondo ambos sabían una cosa, La navidad nunca fue la misma desde que se conocieron, una simple fecha ahora era una promesa, una noche al año se reencontrarían a pasar las penas y a coser las heridas, una sola noche llena de amor desenfrenado, de deseo y pasión, una noche bastaba, al menos... Por ahora
