Capítulo 8: De amor y otros demonios.

"El amor es un sentimiento contra natura,

Que condenaba a dos desconocidos

A una dependencia mezquina e insalubre,

Tanta más efímera, cuanto más intensas".

(P. 194. "De amor y otros demonios") Gabriel García Márquez"

Cuando Isabelle Sophia Lightwood aceptó casarse, jamás imaginó que terminaría más sufriendo que gozando del matrimonio. El sentir el grito de Clary, le puso los pelos de puntas, dejando atrás todo lo demás y saltar rauda por el balcón.

Ahí estaba su parabatai, chillando enloquecida intentando revivir a Simon Lewis. El vampiro diurno estaba herido tirado en el suelo, sin dar señales de sobrevivencia, la cazadora de sombras corrió lo más veloz que pudo y se arrodilló a su lado, implorando al ángel Raziel que le regresará a su marido.

No quería creerlo, ni siquiera las iratzes podrían ayudarlo porque él no era un cazador de sombras.

Simon… Simon. ¡Simon, por favor! — Isabelle lo zamarreaba para que reaccionara mientras Clary intentaba moverlo. — ¡Por el Ángel, Simon vuelve! ¡VUELVE A MÍ! ¡SIMON!

Simon Lewis no respiraba, ni su corazón latía. Era un vampiro, un muerto en vida e Isabelle estaba más insegura de saber cómo distinguir sus signos de regreso a sus brazos.

Los ojos de Simon se abrieron lentamente y su boca se abrió intentando decir algo, visualizando sus colmillos. Clary se dio cuenta de lo que le hacía falta y tomó una daga de su chaqueta, para colocarla en su brazo. Simon la miraba con los ojos entrecerrados, miraba de Clary a su brazo y la daga…. "no hagas tonterías" quería decirle, pero solo salían unas extrañas gárgaras… y sonidos inaudibles.

— Necesitas sangre, Simon — Anunció Clary, intentando buscar una daga para ponerla en su muñeca — Bebe…

— ¡CLARY, NO! — Era Jace Herondale, quien la tomó de la cintura alejándola del vampiro mientras la pelirroja le daba golpes para que lo soltara.

— ¡Es mi amigo, tú no lo entiendes! ¡Debo salvarlo! ¡Necesita sangre y se la daré…!

— Clary, no te dejaré.

La muchacha se alejó de él y gruñó.

— No eres quien para tomar decisiones por mí, Jace. — La voz de la chica sonaba dura, estaba siendo muy cruel con él. Pero incluso así, estaba siendo cruel consigo misma.

— Estás embarazada — Le replicó Jace. — No voy a permitir que arriesgues tu vida y la de nuestro hijo.

Isabelle que estaba sosteniendo a un Simon convaleciente, quedo pasmada al escuchar la noticia, no era algo que ella esperara. Era evidente que ella de todos modos ayudaría a Jace, para que Clary no pudiera hacer nada. Clary por dentro estaba furiosa.

— No puedes perder sangre, ni pasar malos momentos. — Prosiguió la morena — Tienes que estar sana para cuidar de tu… bebé.

Clary no estaba convencida, Simon era su amigo. Ella debía estar ahí para él. Mientras tanto el vampiro diurno daba alaridos y arcadas. Intentaba balbucear algo pero no conseguía nada.

— Yo lo haré. — Dijo Jace acercándose a Simon, se puso de rodillas y con la daga se hizo un pequeño corte en la muñeca. — Vamos vampiro, bebe.

Simon apenas consigue absorber unos pocos borbotones de la sangre de Jace, Clary está expectante a la respuesta de su amigo.

— Vamos Simon — Musitó la pelirroja. Mirando como un hilillo de la sangre de Jace corría por la pálida boca del vampiro diurno.

Ella e Isabelle estaban atentas a todos los movimientos de Simon, pues esperaban a que sobreviviera al ataque del demonio.

— Agh. — El vampiro se incorpora e intenta limpiarse la sangre de su boca — Pésimas ideas se te ocurre, rubio.

Con sólo esa pequeña frase, a Isabelle le vuelve el alma al cuerpo. Simon continúa vivo y continúa detestando cada pequeñito detalle de Jace.

— No me vengas con arcadas, sigue bebiendo mi sangre.

Simon hizo un gesto como los niños que no quieren comerse un plato de rábanos y espinacas al almuerzo.

— Bebe o juro por el ángel que…

— Ya sabes lo que tu sangre me provoca.

— Deja tus gilipolladas. — Gruñó Jace acercando su brazo a los colmillos de Simon — Es tu vida la que está en juego.

La sangre de Jace corría cercana a la boca de Simon. El vampiro se incorporó raudamente y tiró de Jace al suelo, tomando esa muñeca sangrante y dándole un mordisco para beber su sangre, como hace unos años en el bote de Valentine Morgenstern.

— Argh, no quiero volver a hacer esto.

Isabelle ya lo había rodeado en un fuerte abrazo, aplicándole leves besos en su cabello rizado y castaño, mientras Simon replicaba que no quería beber la sangre de Jace otra vez, su mujer le tranquilizaba con frase como "sólo quería salvar tu vida", "Jace te ha salvado" y otras cosas por el estilo.

— No reclames, otros vampiros darían lo que fueran por beber mi magnifica sangre. — Dijo Jace rompiendo parte de su camiseta y poniéndola como venda en su muñeca.

Simon rodó los ojos.

— Extrañaba tus comentarios narcisistas a tu persona.

— También te extrañé, draculín. — Dijo Jace entre tierno y sarcástico, con una sonrisa irritante.

— No digas eso, te juro que te morderé otra vez.

— ¿Lo ves? No puedes resistirte a esta sangre angelical.

— Sólo cállate, Herondale.

— No le doy de beber mi sangre a cualquiera. Tenía que salvarte reverendo idiota, te sacrificaste por ella, salvaste a Clary. No tenías que hacerlo…

— Lo haría mil veces porque es mi mejor amiga. Jamás dejaría que alguien le hiciese daño

— Te agradezco por ello, además no podría soportar ver a Isabelle sufrir porque no tiene a su escuálido vampirucho a su lado.

— ¡Jace! — Exclamó Isabelle con una leve sonrisa, y porque después de muchos días, la cazadora de sombras volvía a sonreír.

A Simon siempre le gustó ver a la gente sonreír. Se sentía bien consigo mismo cuando observaba a su hermana o a su madre sonreír por sus logros académicos o cuando simplemente él les daba un beso en la mejilla. Adoraba cuando Jocelyn le sonreía cada vez él iba a visitar a su hija después de clases y sobre todo amaba la sonrisa de Clary cada vez que él hacía algo estúpido.

Cuando conoció a Isabelle Lightwood y tuvo la valentía de sacarla a bailar en la fiesta de Magnus Bane el día en que se convirtió en rata, la había hecho sonreír por primera vez. Le gustaba Isabelle, era extremadamente bella, muy atractiva, liberal y fuerte. Había ganado su atención contándole cosas idiotas y bailando de forma robótica, Simon era un nerd empedernido y como tal, no tenía ni la más jodida idea de cómo impresionar a una chica bailando.

Le había invitado solo por conseguir los celos de Clary que jamás consiguió, cuando intentó dejar de lado sus sentimientos por ella llegó Maia Roberts, quien se convirtió en su gran amiga y compañera, eran tan parecidos y siempre que compartían juntos reían de cosas idiotas de los videos juegos.

Isabelle era diferente, siempre ha sido diferente. Una cazadora de sombras fuerte y poderosa, decidida, que no se achicaba ante el peligro y que jamás demostraba miedo, además de siempre lucir atractiva y de una confianza adictiva. Isabelle era la clase de súper heroína de los comics de la liga de la justicia que leía Simon, ella era como la "mujer maravilla" manejando su látigo a diestra y siniestra luchando contra el mal, a diferencia de Clary, que apenas solía asemejarse a Mary Jane Watson, la chica de Spiderman.

No quería menospreciar a Clary, pero Isabelle era eclipsante, era la estrella brillante del oscuro firmamento que opacaba otras clases de cuerpos celestes.

Isabelle sonreía mientras le corrían lágrimas de felicidad al saber que Simon aún estaba con vida, le aterraba la idea de perderlo para siempre.

— No vuelvas a arriesgar tu vida de esa manera, subterráneo idiota. O juro por el ángel que…

Simon sonrió y un hilillo de sangre salió de su boca

— Ya estoy advertido, Iz.

Ella se acercó a él y le besó, le besó como si hubiese pasado mil años sin verse, como si la muerte hubiese querido separarlos y no lo hubiese conseguido.

— Necesitas descansar.

— Ya lo sé — Dijo Simon incorporándose — Pero… ¿Por qué un demonio entraría al departamento de Magnus? ¿Dónde está Magnus?

— Con Alec — Aseguró Jace — Magnus ha perdido mucha fuerza ahí adentro y Alec le está dando de la suya, tampoco se esperaba este ataque.

— ¿Jace, por qué…? — Preguntó Isabelle mientras le hacía una iratze a este — ¿Por qué un ataque?

— Por Clary —

Los cuatro, fijaron sus ojos en Jocelyn, quien había terminado de liquidar al demonio pulpo con su cuchillo serafín. Caminaba hacia ellos con mucha seguridad.

— ¿Estás bien Simon?

— Sí, Sra. Fra… digo Jocelyn. — Aun le costaba dirigirse a ella de otra forma que no fuese "Sra. Fray" o la "Madre de Clary"

— Ese demonio fue enviado por un cazador de sombras oscuro, estoy segura. Vino por Clary, ella y Sia Carstairs estaban siendo custodiadas acá para evitar que fueran atacadas.

— ¿Ataques?

— Sí Iz. — Dijo Jace — Los ataques de demonio comenzaron a surgir justo después de tu boda con Simon.

— ¿Por qué?

— Eso intentamos averiguar "dientes de sable" — Dijo Jace vendándole un brazo a Clary — Bueno, Tessa y Magnus lo hicieron.

— No me digas así, y ¿Qué demonios está pasando con estos ataques? ¿A qué se debe? ¿Ha habido más?

— Sí — Jocelyn agregó — Han matado a los Blackwell, Ironstone y los Deepmaiden que quedaban en Alicante. Intentaron pelear con Jace, Clary y Alec hace unos días en la calle Waverly. Luke, Magnus y Tessa han averiguado por distintos lados los motivos de ataque.

— ¿Y qué tiene que ver Clary con todo esto? — Preguntó Simon — ¿Quieren sacrificar a la hija de Valentine, es eso?

— No. — Dijo Clary — No… es eso

— ¿Entonces…?

— Clary está embarazada.

El cerebro de Simon hizo un fuerte cortocircuito, luego de esta noticia comenzó a entender toda esta similitud. Clary estaba actuando de forma muy rara días previos a su boda, iba al baño cada dos segundos, vomitaba y luego andaba con demasiado sueño, además de comer cosas como enchiladas, frutillas con crema chantillí y mezclar truchas saltarinas, con macarrones con queso y pan rallado.

— Esta no es la clase de noticias de las que uno quiere enterarse, de parte de su mejor amiga, después de regresar de mi luna de miel.

— Simon… ni yo lo esperaba — Dijo Clary — Cuando me enteré, pensé que era muy precipitado pues esperaba ir despacio con Jace, estábamos comprometidos ni siquiera casados. No quise esperar más a dar la noticia a todos porque amaba la idea, y quería hacer feliz a Jace. Sin embargo… mi embarazo no trajo buenas noticias.

— Pero Clary… serás madre. ¿Eso no puede ser…malo? — Luego miró a Jace enojado — ¿Acaso no quieres ser padre? ¡¿Le dijiste algo malo?!

Jace le reprochó con la mirada.

— Jace si se enfureció — Dijo Jocelyn — Pero no fue porque no quisiera al bebé o a Clary, si no que su hijo corre riesgo de vida.

— Y Clary también.

— No logramos entender. — Dijo Isabelle — ¿Acaso…? Oh. Los demonios venían porque sabían que Clary estaba embarazada. Querían matarlos a ambos.

— Hay…. Una maldición que dijo Marbas, un demonio mayor. — dijo Jocelyn — Que dijo que matarían a los últimos miembros de cada familia, desde los últimos hasta los más antiguos que sean sobrevivientes, a fin de acabar con ellos.

— ¿Qué?

Isabelle no quería creerlo.

— Van a matarnos Izzy — Dijo Jace — A ti y a Alec por los Lightwood, a Clary por ser la última Fairchild, y a mi hijo por ser el último Herondale. Eso incluye a Sia por ser hija de Jem Carstairs, porque… ya mataron a Emma.

— ¡¿Ah?! ¿Emma muerta? ¿Emma Carstairs, la chica rubia, pariente de…?

— La mataron los demonios — Dijo Clary — Su plan está resultando.

— Es por eso que estaba enojado — Dijo Jace — No quiero que ni Clary ni mi hijo salgan lastimados.

— Ay rayos… esto es peor de lo que pensé. Creí que con el funeral de mi suegro ya fu suficiente.

Ahora Jocelyn se puso en alerta.

— ¿Robert? ¿muerto?

Isabelle y Simon asintieron al unísono.

Jocelyn se sintió devastada por Maryse, ella había conocido a los Lightwood y se había llevado muy bien con ellos, les apoyó con lo de Max y después de la muerte de J.C. Morgenstern, Maryse se había vuelto cercana a Jocelyn.

— Chicos, tenemos que hablar adentro — Dijo Magnus un poco mñas compuesto y afirmándose en Alec, quien intentaba cuidarlo como quien cuida a una figurita de porcelana — Tenemos que tomar otras medidas de precaución, Jace, Clary, Jocelyn, Isabelle y tú también Serghi.

— Me llamo Simon. — Bufó — ¿Cuándo se aprenderá mi nombre?

— Podrán pasar cien años y jamás será merecedor de aprenderse tu nombre — Le sonrió Clary. Se sentía aliviada de tener a su amigo de regreso, aunque no de la manera que ella esperaba.

El pasar con los Blackthorn era algo que a Tessa le gustaba mucho, verlos a ellos era como visitar a Jace, le recordaba el cómo sus hijos habían formado a aquella familia y como ella con Will habían dejado a tal descendencia.

Arthur Blackthorn conocía la historia de Tessa e incluso le parecía extraño verla, pero sabía que a sus hijos les agradaba su compañía así que por eso se quedaban con ella.

Los recuerdos de Lucie Blackthorn le llovían a la cabeza de Tessa cuando se sentaba a leer junto a la pequeña Ariadne, pero la más parecida a su hija era Drusilla y Livia, ambas tenían su cabello y sus ojos, pero era Drusilla la más aficionada a escribir como lo era su hija. Le sorprendía como los ojos de Jesse, su yerno se reflejaban por generaciones.

Tessa todavía se acordaba de sus nietos, de la mirada de Owen Herondale, el hijo de Jamie y Cordelia, corriendo por el instituto junto con Phineas y Janis Blackthorn, los hijos de Lucie y Jesse.

Se preguntó si viviría lo mismo con Sia, si los demonios no estuvieran tras ella.

Le costaría años quizás, no se sabría decir con exactitud cuántos para responderse a aquella pregunta. Pero en el futuro se veían otros dos nuevos niños corriendo a su alrededor y a otra pequeña chicuela bastante entrometida. Tessa sonrió pensando en construir su propia historia.

Con Jem.

Esa noche se había quedado con su esposo e hija, en el Instituto de Los Ángeles. Mientras su hija dormía junto a Drusilla y la pequeña Ariadne Blackthorn, Jem y ella tenían una habitación para ellos solos, en donde aprovechando que el ruido no escapaba de más allá de esas cuatro paredes, se dispusieron a hacer el amor, como no lo habían hecho en mucho tiempo.

Le gustaba hacerlo con él. Jem era delicado y muy cuidadoso con sus caricias, pero a la vez era seguro con sus movimientos y embestidas. Adoraba sus besos y su espalda, le fascinaba. Y le fascinaba más cuando cada mañana, después de hacerlo, Jem se despertaba desayunar cantando variadas canciones de amor.

Él siempre le dedicaba canciones, y nunca faltaba la excepción a su repertorio.

Esta mañana, mientras Tessa tomaba una taza de café descafeinado en el comedor del Instituto, Jem bajó cantando un nuevo tema "She's got a smile that it seems to me. Reminds me of childhood memories… Where everything. Was as fresh as the bright blue sky…"

Luego la rodeaba de la cintura y le besaba el cuello, como en aquella mañana y seguía tarareando canciones, ahora estaba metido con "Sweet Child O`Mine" de Guns N` Roses. "Now and then when I see her face. She takes me away to that special place, And if I stared too long. I'd probably break down and cry…
Oohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…. Sweet child o' mine
Sweet love of mine…"

— ¿Qué pasa? — Preguntó Jem, al ver como Tessa dejaba de observarlo y se quedaba mirando a la nada, como pérdida en otro mundo, de miedos y preocupaciones.

— Nada, solo pensaba… en Sia. A veces pienso que… sólo me preocupa que le puedan hacer daño.

— Tranquila. — Jem la tomó por los hombros — Le enseñaré a defenderse.

Tessa le sonrió con dulzura. Jem era un buen hombre con ella y un padre maravilloso, tanto que a veces ella no se lo merecía. Ella intentó imaginar a Jem al lado de otra mujer, abrazándola, besándola y teniendo una vida con esa otra. Tessa sintió otra vez los celos, como aquel momento en que una muchacha de una tienda se acercó a Jem para decirle que una chaqueta de cuero, le asentarían con sus ojos porque era guapo. O en aquella noche hace unos años fueron a un bar y cuando Tessa regresó del tocador, había dos mundanas hablando con su entonces novio.

Jem era demasiado ingenuo en ese aspecto, él solo les hablaba con amabilidad con esas chicas. Pero aun así Tessa seguía celosa, estaba claro que no era justo, pues Jem tuvo que verla casada y viviendo al lado de Will por casi toda su vida.

Pero después de aquellos celos de adolescente, Jem siempre se acercaba a ella y la besaba en público. Si bien el cazador de sombras era tímido, le gustaba dejar en claro que ella era en cierto modo, suya. Su novia, su esposa, su todo.

Para luego recitarle poemas en el oído:

Yo te he nombrado reina.
Hay más altas que tú, más altas.
Hay más puras que tú, más puras.
Hay más bellas que tú, hay más bellas.

Pero tú eres la reina.

Cuando vas por las calles
nadie te reconoce.
Nadie ve tu corona de cristal, nadie mira
La alfombra de oro rojo
que pisas donde pasas,
la alfombra que no existe.

Y cuando asomas
suenan todos los ríos
de mi cuerpo, sacuden
el cielo las campanas,
y un himno llena el mundo.

Sólo tú y yo,
sólo tú y yo, amor mío,
lo escuchamos.

Y entonces Tessa reía y le replicaba: "Pero estás diciéndome poemas, tú no haces eso. No te gusta la literatura" y él le respondería en un abrazo: "Soy capaz de hacer lo que sea por ti, aun si eso implica leer poesía, y eso incluye a Pablo Neruda, que de todos es mi favorito" Y ella le besaba con intensidad, lo llevaba con cuidado a la habitación y hacían el amor.

— ¿Sucede algo? — Preguntó Jem acercando su frente contra la suya — ¿Te preocupa Sia?

— Sí. Ya le han quitado la vida a Emma, tu "sobrina", la última descendiente que quedaba de Elías Carstairs. Siento que… quieren destruir nuestra familia, si fueron por ella, irán por Sia y luego por ti….

— Nadie tocará nuestra familia, Tessa. — Habló Jem — No dejaré que nadie lastime a nuestra hija.

— Creo que es mejor que nos vayamos… a otro lado… quizás… en Londres, pero con mundanos. Si vivimos como mundanos, no nos atacaran.

— ¿Y qué pasa con Clary su hijo, Tess? No podemos dejarlos, no podemos dejar que el último descendiente de Will quede a su suerte. Ni tú ni yo queremos que eso pase. El hijo de Clary es parte de nuestra familia también, tanto como lo es nuestra hija. No dejaré que los lastimen a los dos. Si nos vamos los tres a Londres ¿Qué será de Clary y su bebé?

— Vendrá con nosotros, hablaré con Jocelyn. Entenderá que es por el bien de su hija y de su nieto.

— Desearía que esto no estuviera pasando — Musitó Jem — Es peor de lo que creía, quieren extinguirnos a medida de liquidar a nuestros niños. Debe ser obra de Jonathan Morgenstern

— Pero él está muerto, Jem.

— Alguien tiene que seguir sus ideales ¿no? Uno de sus leales oscuros, alguien que quizás pudo escapar, que la Clave no pudo encarcelar.

Jem tenía razón. Cuando Jonathan murió, la Clave empezó una búsqueda exhaustiva de los Cazadores de Sombras Oscuros para dejarlos capturados en la Ciudad de Hueso. Sólo hubo un caso que dejaron pasar, porque pensaron que podía recuperarse, fue intercedido por el representante del consejo de los hombres lobos y les rogó a los hermanos que ayudaran la única liberada del clan de prisioneros.

— ¡Por el ángel! — Exclamó Tessa — Jem, ¿Crees que fue Amatis Graymark, la hermana de Luke?

— No lo sé, no puedo estar seguro. Pero podría caber en mis sospechas. — Jem luego miró su reloj pulsera y miró a Tessa — Hay que buscar a Sia para irnos a casa, de seguro de estar con Ty.

Tessa sonrió, le agradaba Tiberius Blackthorn, a pesar del resto lo considerara un "bicho raro".

— Iré yo a buscarla — Tessa sonaba animosa y un poco despreocupada — Si vas tú, te sobornará para que la dejes dormir en la misma habitación que Ty.

— Mi pequeña no me soborna.

— Al menos me aseguraré de que esos dos jovencitos no hagan cosas indebidas.

— ¿Cómo besarse en pijama en plena noche a luz de la luna sobre la cama? — Jem levantó las cejas con picardía hacia Tessa, ella río. Ninguno de los dos olvidaba aquella noche, en que ella había entrado a verlo y él estaba tocando afiebrado su violín, y lo que sucedió después entre ellos fue lo suficientemente erótico para que ambos se sonrojaran tras más de ciento treinta y algo años.

— Juro que los detendré a tiempo — Dijo Tessa — Y nos iremos los tres a casa.

— Las estaré esperando. — Dijo Jem y la besó.

¿Cómo se puede ser feliz y ser aceptado, siendo uno mismo? La gente usualmente dice "Sé tú mismo", pero cuando le muestras tal como y como tú eres te rechazan.

Quizás por eso Tiberius se aislaba en su habitación a realizar sus colecciones y experimentos. El muchacho de dieciséis años las pasaba solo en esta habitación cuando no estaba entrenando, o cuando no estaba con Sia, su mejor amiga, la responsable de su pérdida de tiempo profunda.

Mientras observaba como uno de sus experimentos hacía ebullición surgía efecto, se imaginaba a sí mismo como un gran cazador de sombras. Él no era un gran guerrero, no como Mark, ni como Julian, ni menos como lo fue Emma, era solo Tiberius, un muchachito extraño, inquieto y buen lanzador de cuchillos.

A veces él estaba en "su mundo" como decían sus hermanos, él era el que hacía los deberes, leía los libros y realizaba las investigaciones. Los demás peleaban, entrenaban, salían con sus amigos, etc.

— Hey Einstein, no te encierres en tu laboratorio ¡Hay vida allá fuera!

Sonó un estruendo estrepitoso, varios frascos que el muchacho tenía cayeron al suelo y soltó sorpresivamente algunos apuntes que tenía. Detestaba que lo interrumpieran.

— ¡Por el ángel! Sia me asustaste

La pequeña sonrió.

— Sia. No puedo concentrarme con música — Exclamó el muchacho apagando el aparato y volviéndose a sus estudios.

— Vamos Tibs, no es cualquier música. ¡Son "Los Beatles"! Tus experimentos con aquellos gusanillos serán mejor con algo de "Here comes the sun" o "We can work it out"

— Tú y tus extraños gustos.

— Tengo un buen oído musical. — Sonrió la muchacha, entonces tomó su reproductor de música y con un cablecillo que los mundanos llaman "USB" lo enchufó en la radio que ella le había regalado a Ty para cuando este cumplió los doce años.

Tiberius ignoró todo intento que su amiga hacía por captar su atención. Hacía semanas que quería investigar, además del sistema de reproducción de gusanillos, una fórmula que permitiría acabar rápido con los demonios usando los restos de ropa quemada de Jace Herondale con el mítico fuego celestial. Intentaba explicarse, que sucedía si aplicaba algunas mezclas en su vaso precipitado y conseguía reavivar el fuego. ¿Se podría reavivar el fuego celestial? Él esperaba que sí.

Las hipótesis e investigaciones eran como un juego de niños para Tiberius, le entretenía, al igual que los libros de Sherlock Holmes y su amigo Watson. Después de que Emma, a quien consideraba como su hermana muriera, hacía que necesitara casi como una droga el investigar y encerrarse en su habitación "laboratorio de científico loco" cualquier cosa, por muy insignificante que fuese.

Mark solía decirle que era un niño friki empedernido que jamás conseguiría encontrar una chica con quien salir, e incluso tener amigos, a veces Drusilla lo comparaba con uno de los nerds de la serie mundana de tv "The Big Bang Theory", pero a Tiberius no le importaba y menos le importaba cuando Helen le decía a Sia que "menos mal que te convertiste en su amiga, es tan extraño a veces, papá creía que sus únicos amigos eran esos bicharracos que estudiaba"

Pero a él no le importaba. Sabía que era lo suficientemente diferente para no encajar entre sus hermanos, o los otros niños cazadores de sombras. Cuando Sia le habló por primera vez cuando una tarde Jem y Tessa le llevaron a conocer a Emma al Instituto de Los Ángeles, fue como si Raziel se apiadara de su soledad y le mandará uno de sus pequeños ángeles a hacerle compañía. Porque cuando la conoció, Tiberius pensó que Sia era un pequeño ángel.

Ella le había saludado y sentado a su lado para preguntarle que estaba leyendo, fue entonces cuando Sia conoció el primer tomo de los libros de Holmes, él le contaba que deseaba ser tan buen detective como el protagonista de los libros y ella sonrió. Solo sonrió y en la cabeza de Ty sonaba Till there was you de los mismos Beatles que Sia escuchaba con frecuencia. Ella sonreía y hablaba de que amaba la música y sobre todo los melódicos sonidos del violín, mientras "there was music and wonderful roses. They tell me in sweet fragrant meadows of dawn and dew. There was love all around. But I never heard it singing, No I never heard it at all till there was you…"

El leve recuerdo del cómo conoció a su mejor amiga, le hizo sonrojarse hasta las orejas e incluso descuartizar a un pobre gusanillo.

Había sonado hace unos minutos "I wanna hold your hand" con una Sia Carstairs canturreando y bailando como una loquilla. Pero a Tiberius le agradaba, era una de las pocas cosas que le hacía sonreír, porque ella era increíble, era maravillosa, Sia era una pequeña esferita de luz que brillaba en la oscuridad en mundo lleno de sombras.

"Oh! Darling, please believe. I`ll never do you no harm…"

El reproductor cambió de canción tan rápidamente que Sia no consiguió darse cuenta que jamás había escuchado canción como aquella. Era lenta, bailable en pareja bajo la luz de la luna y las estrellas por los balcones de la Sala de Los Acuerdos de Idris, excepto tal vez, que en Idris no escuchaban a grupos tan mundanos como Los Beatles.

"Believe me when I tell you. I`ll never do you no harm. Oh! Darling, if you leave me. I`ll never make it alone. Believe me when I beg you… don`t ever leave me alone"

La muchacha comenzó a tararear la canción para acercarse a Tiberius Blackthorn y molestarle, a Sia siempre le agradaba fastidiarlo, su ceño se fruncía y su boca pálida se curvaba de una manera divertida que a Sia le causaba mucha gracia.

— ¿Qué haces? — Sia le había arrebatado las gafas a Tiberius, mientras canturreaba lentamente "Oh! Darling" un millar de veces. — Necesito mis gafas, mi experimento, Sia… no… Sia basta… Sia que no.

"Sia esto, Sia aquello, Sia no, Sia no es buena idea, Sia basta ya" Sia nunca iba a escucharle, ella a diferencia de él, iba a seguir lo que le dictaba su corazón y como su corazón era puro, ella elegiría lo correcto.

— ¡Sia, por el ángel!

— Sólo baila un segundo conmigo.

"When you told me you didn`t need me anymore. Well you know I nearly broke down and cried. When you told me you didn´t need me anymore. Well you know I nearly broke dowm and died"

Sia le tomó de la mano. No era la primera vez que le tomaba la mano desde que le conocía, pero esa vez, Tiberius sintió una potente descarga eléctrica que le encendió el cuerpo, caminó hacia ella y se puso a bailar, lento, inseguro, pero bailaba.

"Oh! Darling, if you leave me. I'll never make it alone. Believe me when I tell you. I'll never do you no harm…" De seguro a John Lennon y a Paul McCartney cuando niños les hubiese gustado salir a bailar en la escuela con alguien como Sia, que cantara con energía sus alocadas canciones y gritara por ellos para hacerles barra antes de ser Los Beatles. Quizás sería objetivo de inspiración de las canciones de Lennon, de las letras de George Harrison o de la compañía de Ringo, pensaba Tiberius mientras bailaba con su amiga, en medio de su habitación, de forma lenta, como los lentos de la década de los 80`S, le tomó la cintura y ella cuidadosamente apoyó su cabeza en su hombro. Tiberius aspiró el aroma de su cabello, olía a césped recién cortado y dulces de chocolate de menta como el shampoo que ella solía usar.

"When you told me you didn't need me anymore. Well you know I nearly broke down and cried. When you told me you didn't need me anymore. Well you know I nearly broke down and died…"

¿Cómo sería la vida sin ella? ¿Cómo podría hacerla su parabatai sabiendo que en cualquier momento podría perderla?

"Oh! Darling, please believe me. I'll never let you down. Believe me when I tell you. I'll never do you no harm…"

La música los guiaba, los transportaba a un tiempo y espacio donde no había demonios, no existía la muerte ni el dolor, el color no era blanco y negro, estaban ellos dos, solos, bailando juntos en medio de una extraña habitación en Los Ángeles en medio de la tarde, en el año 2015. Cualquiera que viera aquella escena se daría cuenta de que amistades como aquellas no son peculiares, claro que no.

Tiberius tardaría en darse cuenta, quizás unos meses más, cuando sienta que sin ella está vacío por dentro, ella en cambio, tardaría quizás un par de años para cuando se funda en sus brazos y le ruegue jamás la deje, que no puede vivir sin él.

Se demoraran en darse cuenta, ahora no lo saben. Porque crecieron siendo amigos desde que tienen uso de razón y eso son ahora, simplemente amigos, un par de a amigos cazadores de sombras que leen, se toman de las manos, oyen música y bailan juntos en la tarde.

La historia en unos años dirá, cómo sus miradas se hacen una y como sus sonrisas y sus risas se unen en medio de la oscuridad, cuando ya sus maneras de acompañarse sean diferentes a como lo fueron antes. Y entonces ella dirá "Al menos, dejaste de lado tus experimentos con lagartijas y gusanos" y él le responderá "Gracias a esas horas de ñoñería he contribuido a la humanidad" Y ambos volverían a reír. Y reirían por mucho tiempo más, y habrán reído, llorado, gritado y sufrido, todo junto, porque juraron permanecer juntos hasta el fin de sus días.

— Sia — Tessa había abierto la puerta de la habitación de Tiberius — Hija, tenemos que irnos. Despídete de los Blackthorn. ¿Qué… estaban haciendo?

Ya para ese momento, Sia y Tiberius ya se había separado. A una distancia razonable.

— Nada. — Dijo Sia sin despejar su mirada de los ojos gris tormenta de su amigo — Sólo hablábamos, ya me iba mamá.

— Vamos, iremos con Magnus y Clary. — Anunció Tessa esperando en la puerta a su hija, Sia se alejó de Tiberius y comenzó a caminar para irse.

El muchacho se adelantó, le tomó de la mano y la giró para susurrarle algo en el oído, algo que a ella le hizo revolverse el estómago como quien se subiera a la montaña rusa quinientas veces.

— Prométeme que no me dejarás, que si te vas algún día… — La voz de Ty sonó apagada. — Volverás a mí.

Sia se volvió hacía él, se puso de puntillas y le besó la frente.

Mizpah. — Dijo. Y Tiberius parpadeó aturdido ante sus ojos, y ante los ojos de Tessa que ha llamado a su hija a marcharse.

— ¿Qué…. Ha sido eso?

— Es una especie de decir adiós sin decir adiós. — Dijo Sia. — Eso significa. Es una referencia a un pasaje de la Biblia. Y Mizpah por cuanto dijo "Vigilé, Señor entre tú y yo cuando nos apartemos el uno del otro"

Sia Carstairs salió por aquella puerta al lado de su madre, mientras Tiberius Blackthorn la observó partir expulsando un leve suspiro.