Este es un COPY-PASTE, los personajes de SCC pertenecen a CLAMP.

Pesadilla de Verano

CAPITULO 7

Era demasiado temprano a la mañana siguiente, cuando Kaho golpeó la puerta de mi habitación. Algo así como, ocho en punto de la mañana. Me levanté de la cama, sintiéndome claramente criminal, y trastabillé al atravesar la habitación.

—¿Si? —dije, abriendo la puerta un poco.

—¿Quieres desayunar? —preguntó, mostrando todos sus perfectos dientes mientras sonreía. Me imaginé como se vería si le saltara algunos de ellos con un puño.

Ya estaba vestida con un traje azul marino y unos tacones súper altos. Por un segundo me quedé confundida acerca del por qué. Entonces recordé que ella debía tener trabajo, lo que significaba que era lunes. El verano siempre me había liado con eso.

—Estoy bien —contesté, ya empezando a cerrar la puerta.

Metió la punta de su zapato, obligándome a mantener la puerta abierta.

—¿Tienes planes para hoy? —preguntó.

—Um, si. Dormir.

Ella se echó a reír.

Eso no había sido una broma.

—Bueno, hay algo de dinero sobre el mostrador en caso de que decidas que quieres salir —dijo—. No hay mucho que hacer en Hodogaya, lo sé, pero hay un centro comercial y una sala de cine en el condado vecino a unos veinte minutos de aquí. Estoy segura de que tú o Shaoran podrían buscar la dirección en el ordenador. Y hay un montón de comida en la nevera para cuando tengas hambre. Tu padre estará en casa alrededor del mediodía, pero puedes llamarme al móvil si necesitas algo. El número está en el mostrador.

—Tengo dieciocho años —dije—. Sé cómo cuidar de mi misma.

Levantó una ceja hacia mí.

—Sé que lo sabes. Sólo estoy... tratando de ayudar.

—Bueno, gracias, pero estaré bien.

—Muy bien —dijo Kaho, mirándome durante un segundo más. Lentamente, deslizó un pie fuera de la abertura de la puerta—. Entonces creo que me voy a trabajar. Es mi primer día en la nueva empresa, así que deséame suerte. Tomoyo y Shaoran están abajo viendo la televisión.

¿En serio estaban despiertos a esta hora? Querido Dios, debo vivir con alienígenas.

—Nos vemos esta noche —agregó, yendo hacia el pasillo—. ¡Que tengas un buen día!

—Lo que sea.

Un segundo más tarde, los tacones estaban resonando por las escaleras mientras cantaba una vieja canción de Donna Summerlo en voz baja. Ahora sabía de dónde lo había heredado Shaoran.

Cerré la puerta y me zambullí de nuevo en mi cómoda cama de huéspedes, enterrando la cara en la almohada y tapándome con las mantas hasta el cuello. Mis ojos estaban firmemente cerrados mientras trataba de que el sueño volviera a mí de nuevo. No era mediodía todavía. Todavía debería estar soñando. Soñar con cosas mucho mejores que este verano.

Pero estaba completamente despierta y el sueño simplemente no quería llegar.

Después de veinte minutos, me di por vencida. Me levanté de la cama y me acerqué a mi bolsa de lona, rebuscando entre el lio de ropa que ponerme. Sin embargo, en cuestión de segundos, agarré mi traje de baño, revuelto entre los pantalones cortos, la camiseta y los calcetines enrollados, y decidí exactamente lo iba a hacer ese día.

Me quité el pijama y me puse el bikini rosa de triángulo que había empacado. Lo único que cubría era lo requerido por la ley. Tal vez habría algún chico guapo que viviera al lado que me observaría a través de la cerca. O tal vez Kaho tuviera el dinero suficiente como para contratar a un chico sexy para encargarse de la piscina con el que pudiera coquetear. Después del tropiezo con Harrison, necesitaba algo que me acariciara un poco el ego.

Cogí mi iPod y bajé las escaleras, sin molestarme en ponerme una camiseta o cualquier otra cosa para cubrirme. No tiene sentido ensuciar algo más, después de todo.

Shaoran estaba preparándose un tazón de cereales en el mostrador cuando entré a la cocina. Llevaba un par de pantalones cortos deportivos negros con una camiseta descolorida de color naranja (¿cómo le podría gustar a Harrison cuando iba tan mal vestido?), y tuvo que retirarse su cabello desordenado de los ojos. No me perdí la forma en que esos ojos se abrieron cuando levantó la mirada y me vio. La forma en que sus mejillas se sonrojaron y su boca se separó un poco era todo lo que necesitaba para reanimar mi ego. Al parecer, no tenía que estar borracho para encontrarme atractiva. Bueno saberlo.

—Um... ey. —Se aclaró la garganta dos veces—. ¿Vas... vas a nadar?

—No, sólo voy a tumbarme fuera —dije, tomando una Coca-Cola light de la nevera.

—Oh. Genial. —Se dio la vuelta, centrándose en sus manos dando una fuerza mayor de la que se requiere para verter la leche en un tazón de cereal.

Fue interesante ver la al Shaoran tranquilo y sereno pareciendo un poco agitado.

Mientras yo me había estado mordiendo la lengua para no gritar en la cena de cada noche y tragarme el tequila sola en mi habitación para mantener mi mente fuera de la incomodidad y la frustración, Shaoran había parecido completamente tranquilo. Llámame cruel, pero quería verlo retorciéndose un poco.

—¿Oye, Shaoran? —Él levantó la mirada de su tazón de cereales, y sonreí tan inocentemente como pude—. ¿Sabes si a alguien le importaría que tomara el sol en topless? ¿Los vecinos podrían verme?

Y yo que pensaba que su sonrojo no podría ser más profundo.

—Porque —continué, sosteniendo la lata de Coca-Cola Light en una mano y pasándome la cuerda que sujetaba mi iPod alrededor de mi cuello con la otra—, es sólo que el bronceado se ve mucho más... suave.

Shaoran inhaló fuertemente y lo dejó escapar lentamente antes de contestar.

—Hay una posibilidad de que la gente de al lado puede ser que se ofenda.

—Oh. —Suspiré. Podía ver los ojos de Shaoran siguiendo el progreso de mi mano mientras me metía los audífonos en mis oídos, dejando que mi dedos se deslizaran a través de mi cuello, sólo un poco—. Está bien. Creo que tendré que aguantarme con las líneas del bronceado. Gracias de todos modos, Shaoran.

—Si... no hay problema.

Con una sonrisa, me di la vuelta y salí por la puerta corrediza de cristal.

Por lo que pude ver, no había chico guapo en la piscina, lo que era una especie de fastidio, más o menos. La mirada en el rostro de Shaoran me tendría que servir por un rato. Me deslicé en una hamaca, levantando los pies descalzos y comprobando mi iPod. Estaba de humor para un poco de Madonna. No de su nuevo material, sino de Madonna de la vieja escuela. Volviendo a antes de la Cabalá y de la actuación en los MTV con Britney Spears. Así que hojeé mi lista de reproducción hasta que encontré "Like a Prayer", entonces cerré los ojos, dejando que el sonido y el sol cayeran sobre mí.

Me quedé allí durante un rato, escuchando una mezcla lenta en mi iPod. Como regla general, no le hacía caso a todo lo publicado después de 1999, así que cada canción que era posterior era bastante impresionante. A mitad del coro de "Smells Like Teen spirit" tuve la impresión de que alguien me estaba observando.

Preguntándome si tal vez un chico guapo realmente vivía al lado, abrí los ojos.

Grandioso.

Alguien de la casa de al lado me observaba a través de los huecos de la cerca, pero no era guapo, ni remotamente cercano a la infancia. Este tipo viejo de pelo gris me estaba totalmente comiendo con los ojos. Cuando me vio que lo estaba mirando fijamente, de inmediato, volvió a ponerse a arrancar la mala hierba de su patético y diminuto jardín. Supongo que su esposa se negaba a hacerlo. Bien por ella. Si su hombre estaba violando con los ojos a adolescentes, debería estar haciendo el trabajo duro. Pervertido.

Me levanté y moví la hamaca para que quedara de frente a la otra dirección, así el pervertido no podría mirarme. Cualquier sentimiento de entusiasmo que hubiera sentido anteriormente por broncearme prácticamente había desaparecido. Tener a Shaoran desnudándome mentalmente era una cosa. Quiero decir, supongo que era técnicamente un poco extraño, ya que íbamos a ser hermanastros, pero al menos tenía mi edad, y sexy y... en el caso de Shaoran, yo quería que él lo hiciera. Este dinosaurio era un decrépito.

Me senté en la silla y puse algo de Joan Jett. Ella siempre me ayudaba a superar mi ira. Tenía la sensación de que si nos encontráramos en la vida real, Joan me habría amado. Éramos almas gemelas. Si alguien podía hacerme sentir mejor, era ella.

Hacía un calor abrasador. Estaba apenas vestida y todavía se sentía como si me hubieran puesto en un horno para cocer al horno. Cerré mis ojos firmemente una vez más, decidiendo pensar en otra cosa. Si quería un bronceado decente, tendría que lidiar con eso.

No podía dejar de pensar en el lugar donde debería haber estado bronceándome.

Un gran lago con la luz del sol brillante en la superficie. Una toalla de playa de rayas tendida sobre la arena caliente. Seguramente había viejos verdes acechando por ahí, también, pero nunca les había sorprendido espiándome.

Todo en este lugar era erróneo, como una atracción de la casa de los espejos distorsionando la reflexión de lo que mi verano se suponía que era.

En la superficie, algunas partes tenían el mismo aspecto; estaba todavía con papá, de la forma en que quería. Pero los detalles estaban alterados más allá del reconocimiento.

La gente, la ubicación, incluso esta maldita piscina, nada de eso parecía correcto.

Gemí y me puse boca abajo, colocando mi iPod junto a mí en la hamaca. La siguiente canción en mi lista era el "Cruel Summer" de Bananarama. Qué apropiado. Sin embargo, este verano era más que cruel. Era una pesadilla. Y sólo quería despertarme.

Sak… Sak despierta.

Si sólo fuera así de fácil. Si sólo alguien se apiadara de mí un poco. Quería abrir los ojos y estar de vuelta en el apartamento, en la antigua cama, con el armazón rechinante, rodeada por las luces de neón de color verde y naranja que papá me compró el primer verano que pasamos allí, el olor a carbón de la parrilla flotando a través de mi ventana del dormitorio.

Una mano en mi hombro, me llevó de vuelta allí, devolviéndome a este verano, a este mal sueño.

Durante un momento de aturdimiento, fue como si Dios hubiera escuchado mis oraciones. Sentí una palma fría contra mi espalda desnuda, empujándome suavemente.

Pasó un minuto hasta que la realidad me sacudió, y mi primer pensamiento coherente fue que el viejo había saltado la valla y estaba tratando de molestarme o algo así. Así que me giré sobre mi costado, golpeando a mi atacante con el dorso de mi mano.

—¡Aah! Mierda —gimió, cuando sentí que mi solitario* chocaba con alguna parte de su rostro.

—Te lo mereces —murmuré.

—¿Por qué?

Hice una pausa por un segundo, y luego rodé sobre la espalda. No era para nada el tío espeluznante.

—¿Shaoran? ¿Qué diablos estabas haciendo?

—Tratar de despertarte— dijo, apretándose con la mano su mejilla—. Te quedaste dormida. Has estado aquí durante algo así como dos horas, y estabas quemándote por el sol.

—¿Qué?

Giré mi cabeza para mirar la parte trasera de los hombros. Roja. Muy roja. Presioné un dedo en mi piel y vi cómo se puso blanca bajo la presión. Ouch. Estaba seriamente quemada, y sólo en mi espalda, así que ni siquiera tenía ese repulsivo rojo por todo mi cuerpo.

Las quemaduras de sol son malas, pero las quemaduras solares irregulares son las peores.

—Maldita sea.

—Vamos. Tenemos algo de aloe vera en la casa. Parece que lo necesitas. Pareces una langosta.

—Cállate —espeté. Me quité los auriculares y me dirigí dando pisadas fuertes hacia la puerta trasera con Shaoran por detrás de mí. Se reía en voz baja, y pensé en golpearlo de nuevo.

—Sígueme —me indicó, poniéndose delante de mí y liderando el camino por el pasillo. Tomoyo estaba sentada en el sofá viendo el Disney Channel. ¿A los trece años, no era demasiado mayor para eso? Ella lo apagó rápidamente cuando se dio cuenta de que nos acercábamos, y entonces se dio la vuelta en el sofá y me miró, sus ojos completamente abierto. Pero antes de que pudiera decir nada, Shaoran sonrió.

—Sak se echó una pequeña siesta afuera. ¿No es el rojo su color?

—¡Sakura! —grité.

Tomoyo trató de ocultar su risa, pero fracasó.

—¿Estás bien? —preguntó.

—No —gruñí—. En absoluto.

Seguí a Shaoran hacia el cuarto de baño y esperé mientras abría la parte inferior del armario.

—Creo que mamá la pone aquí. —Después de un segundo encontró la botella de gel verde—. Aquí tienes —dijo, sosteniéndola hacia mí.

—¿Puedes ponerme en la espalda? —Me giré, retirándome el pelo de mi hombro.

—Uh...

Le miré por encima del hombro. Me estaba mirando con inquietud, sus mejillas adquiriendo un leve matiz de color rosa claro.

—Oh, por favor, Señor Frio y Tranquilo. Ahora no te pongas todo incómodo conmigo. No te estoy tratando de seducir ni nada por el estilo, no puedo llegar ahí por mí misma, y no es que sea algo que no hayas tocado antes.

Me lanzó una mirada de advertencia.

—Cierto —dije—. Se me olvidó. Eso nunca sucedió. Lo que sea.

Shaoran suspiró y abrió la botella. Giré mi cabeza y oí cómo dejaba caer sobre su mano chorros de gel. Al instante, un escalofrió me recorrió la espina dorsal cuando sus dedos cubiertos de aloe tocaron mi hombro.

—Dios, está frio —jadeé.

—Lo siento.

Todo mi cuerpo se puso tenso, mientras la palma de su mano bajaba hacia la parte posterior de mi brazo. El escalofrió comenzó en la superficie, pero parecía internarse más profundamente. Invadiendo mi cuerpo entero.

Se volvió peor cuando me frotó el gel entre los omóplatos, y por mi espalda. Las manos de Shaoran eran callosas, pero no demasiado ásperas. Su piel pasando sobre la mía dejó una extraña sensación de hormigueo. Como un fuego helado extendiéndose a través de mi espalda y filtrándose en mis venas. Incluso mis dedos temblaban un poco, y los apreté en puños para detener el temblor.

—¿Estás bien? —preguntó.

—Bien —murmuré, pero estaba al borde de la convulsión.

Cada segundo que las manos de Shaoran estaban sobre mí, otro recuerdo de la noche de la graduación inundaba de nuevo mi memoria. La forma en que sus dedos habían presionado mis caderas. La forma en que prácticamente lo había arrojado sobre la cama. La forma en que me besó, más pasionalmente de lo que nadie hubiera hecho. Recordé la sensación de casi locura cuando él se tomó su tiempo para besarme, tocarme, susurrándome cosas al oído.

La mayoría de los chicos se aprovechan de las chicas borrachas. Ellos hacen que el sexo gire todo en torno a ellos y a su propio placer. Pero esa noche con Shaoran había sido diferente. Había sido lenta y dulce. Toda en torno a mí. Había sido increíble.

De repente, me di cuenta de que los escalofríos que me atravesaban no eran sólo por el aloe vera. Peor aún, estaba ruborizándome. Sentí el repentino impulso de revivir esos recuerdos casi olvidados, mientras las palmas de sus manos se movían por mi espalda. Una parte de mi quería que desatara la parte superior de mi bikini. Su pulgar se deslizó lentamente por la espalda de una manera que hizo que mi aliento se quedara entrecortado en mi pecho y mi latido del corazón se acelerara. Palpitando cada vez más rápido y más rápido. Estaba atrapada en algún lugar entre desearle y querer esconderme, sintiéndome de pronto avergonzada y un poco tímida.

Shaoran se detuvo. Sus manos estaban justo por encima de mi cintura. Contuve la respiración, porque no quería moverme, rompiendo el hechizo. Esperando ver qué iba a hacer.

—Puedes echarte en el resto —dijo, alejando sus manos lejos de mi piel tan rápido que se podría haber pensado que lo había quemado. Sé que oí como su voz se volvía un poco ronca cuando habló—. Serás capaz de llegar a las piernas, ¿no?

—Um, s... si —balbuceé, sin hacer contacto visual mientras me entregaba el frasco de aloe.

Shaoran no dijo ni una palabra. Se escabulló dentro del cuarto de baño, cerrando la puerta detrás de él.

Había sido divertido empujarlo esta mañana en la cocina, pero que se hubieran cambiado las cosas apestaba. Todo este asunto del hermanastro se había vuelto infinitamente peor.

* Solitario: Anillo destacado por una piedra en el centro.