Disclaimer: Crepúsculo ni sus personajes me pertenecen. Lo único que es mio, es la trama y la historia, Así que evite el plagio y sea original.

Enjoy!


Perfectamente Imperfecta

Capitulo 8 Espejos Rotos

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Había pasado un mes desde el famoso "Desastre del festival" como lo habían catalogado en la preparatoria y no era de esperarse menos, yo había querido que fueses así y así había sido.

Me reí sin ganas de la ironía que eso representaba.

Las redes sociales hicieron su trabajo tal y como lo pensé. Félix había faltado a clases durante los primeros días, pero luego llegó del brazo de Heidi, campante como siempre, desafiándome con su mirada llena de veneno. No paso desapercibido para nadie el espectáculo que monto luego en los pasillos, era como si estuviera teniendo sexo desenfrenado con ropa con Heidi con la preparatoria entera como testigo de su virilidad.

Las personas tienen un concepto tan errado de lo que es ser un hombre, un hombre de verdad. Y eso no tiene nada que ver con la cantidad de mujeres que le abren las piernas.

Los comentarios nos e hicieron esperar, los demás…me veían con lastima. "La cambiaron, no es tan linda, no era gay". En ningún momento recordaron lo que había pasado hacia un mes, estaba segura que Félix se había encargado de difundir el temor entre quienes se atrevieran a nombrarlo. Nadie podía olvidar al chico que salió con la cara magullada luego que se burlara de él durante uno de los descansos.

Miedosos. La única que no bajaba la mirada cuando el bastardo pasaba era yo. No me dejaría amedrentar y sabía que esto quizás me costaría caro y ahora no tenía a nadie que me cuidara.

¿Alguna vez tuve a alguien, de todas formas?

Edward y Alice habían desaparecido luego del festival. No lo había visto, no había sabido de ellos…y no me atrevía a llamarlos. Quizás ellos también me dejaron de lado cuando se dieron cuenta de quien era verdaderamente y no lo que ellos creían que podía ser. No fui nunca al prado otra vez, el prado donde siempre estaba Alice junto a Jasper. Por un lado estaba avergonzada por las palabras de Edward, estaba avergonzada de haber utilizado a la pequeña Alice y estaba avergonzada de las consecuencias que eso podría adquirir a nuestra amistad. Si aún se le podría llamar así. Si aún existía algo como eso.

Ahora estaba sola y todo el mundo, todas las personas que consideraba parte de mi mundo perfecto pensaban que la única tonta aquí había sido la ex- perfecta Isabella Swan, nadie más.

Quería vomitar ¿No se supone que esto debía pasar rápido?

Todos los que antes me admiraban ahora me tenían pena… una lástima que me rompía los huesos y me hacía despreciarme a tal grado de no mirar mi reflejo. Los que en el pasado me decían que me amaban ahora se reían a mis espaldas. Lo sabía. Estando en los pasillos yo era una chica fuerte, con la mirada en alto y la barbilla alzada. No me importaba…

Pero por dentro, cuando nadie podía verme…

Me mataba el que nadie se girara a verme, que nadie se percatara de mi presencia como antes, que fuera menos valiosa que el aire que respiraban o la luz que los rodeaba…ahora cuando solo giraban me regalaban una mirada de pena y volvían a lo que hacían antes.

Me estaba matando lentamente, tanto que podía sentir la sangre deslizarse por mi pecho con cada desprecio.

Sin embargo mi corazón pertenecía intacto, esperando a volver a verlo, a él…algún día, aunque ahora mismo me mintiera diciendo que no quería hacerlo, que no quería verlo.

Antes había dicho que estaba avergonzada pero no arrepentida…pues creo que ahora el arrepentimiento esta llegando lentamente a mi corazón.

Antes pensaba que había valido la pena, humillar y destrozar por simple orgullo. Antes pensaba que los demás eran leales a tu persona, que cuando decían que eras genial y que eras lo mejor que habían conocido hablaban sinceramente…pero me había equivocado.

Antes todo era perfecto porque simplemente no quería ver la realidad.

La única lealtad que vale la pena es la que no se grita, sino la que se demuestra.

A penas terminaban las clases partía corriendo a mi casa, ya no habían motivos para quedarme en el mismo lugar que Felix y Heidi. Ya no había motivos para exponerme más, mi reputación, mi imagen estaba destrozada y yo misma lo había provocado. Lloraba cada día, cada hora en la soledad de mi habitación.

Ningún cambio de mis padres, ellos solo hacían lo que hacían siempre…ignorarme.

Hace unos días habían empezado a llegar las cartas de aceptación a las universidades a las que había postulado. Ellos ni siquiera se percataban de aquello, dejaban las cartas en el buzón como si fueran simple basura.

En estos momentos el simple papel, era mi salvación. Todas decían "aceptada" Pero todas eran en el país y yo quería irme lo más lejos posible. Las tenia guardadas todas en una caja bajo mi cama, decidiría después, cuando me llegara la carta que más estaba esperando…la carta que me llevaría a Europa en un viaje de no retorno.

Deje la cajita en su lugar en las sombras bajo mi cama cuando me di cuenta que estaba mirándola sin sentido durante más de 5 minutos. Me levanté de la cama. Eran a penas las 5:30 de la tarde y yo ya estaba acostada.

Ya no comía, solo tenía ganas de dormir… no tenia ganas de nada hacia las cosas que tenía que hacer por inercia y aún así seguía con la fachada en la preparatoria.

Era una estúpida.

Me dirigí al espejo con desgana sin saber el real motivo de la acción.

El reflejo que me dio el espejo me dejaba aturdida. Era yo en el estado mas puro de la palabra, vestía solo el pijama de pantalones cortos y una polera de tirantes. Mis ojos estaban apagados luego de tanto llorar, y mi boca no daba más que una mueca horrenda cuando intentaba sonreír buscando algo de la perfección de la siempre me jacte.

"¿Que ves cuando te miras al espejo?"

El espejo no miente, me decía. Pero la verdad es que el espejo siempre lo hace , nos muestra lo que queremos ver. La ropa que usamos, los accesorios, el maquillaje. Al final ¿Quién se observa apenas se levanta en un espejo? ¿Quién se mira solo por hacerlo? ¿Quién se dice que esta bonita cuando no ha dormido o cuando no se ha peinado? Nosotros mismos nos mentimos cada día.

Nos engañamos, primero nosotros y luego al resto.

Me acerqué al espejo de cuerpo entero que adornaba mi habitación a paso lento. Coloqué mis dedos y acaricie su superficie lisa y suave del cristal. Subí mis ojos y me observé por quinta vez en lo que llevaba frente a este objeto.

Sonreí amargamente.

"Puedo apostar mis dedos a que vez lo que quieres ver de ti"

Comencé a tocar mi cuerpo con delicadeza mientras recordaba la calidez que las palabras de Edward cuando las evocaba. Él tenía tanta razón… Mi rostro estaba demacrado por el dolor, tenía ojeras, mi pelo se encontraba desordenado, mi cuello largo y suave, mis hombros, mi pecho. Me saque la polera de tirantes con rabia y me volví a observar.

Estaba tratando de buscar algo de lo que creí tener alguna vez.

Mis senos …redondos y adornados con unas cumbres rosadas, mi abdomen liso y firme, mis caderas formadas.

Mis piernas eran largas y cremosas. Gire y observe mi trasero sobre la tela de mi pijama; firme y delicado y luego…luego vi lo que estaba retrasando ver…

"Odias cada imperfección que descubres Como la cicatriz en tu espalda"

La enorme y fea cicatriz que adornaba mi espalda, lo único real en mi. Lo único que era parte de Bella, la débil, la tonta, la indeseada…

Lo único que Edward apreciaba porque era lo único verdadero que me quedaba.

Semidesnuda frente al espejo, volví a llorar. Me arrodillé en desesperación y confusión a los pies del espejo. A estas alturas cientos de estudiantes estarían disfrutando de sus vidas sin acordarse de lo que alguna vez fue la gran Isabella Swan, acompañados de las personas que las querían, olvidando todo por lo que inútilmente había trabajado… y yo estaba aquí; sola y deprimida.

El karma es así. Todo se devuelve ¿Verdad? creí que ganando el respeto de los demás me respetaba a mi misma ¿Es eso cierto? ¿Es eso valido? Creí que vengándome de Félix seria más feliz ¿Estoy feliz ahora?

¿Hay alguien a mi lado preguntándome porque lloro? ¿Porque no fui al baile? ¿Hay alguien que me quiera? Edward y Alice estuvieron ahí cuando los necesite aún sin saberlo…y yo los utilice.

Los use como quien usa un objeto, entendía que ellos no quisieran verme, no era lo mejor. Yo al final no valía nada.

Al final mis padres tenían razón.

Siempre la tuvieron.

El pensamiento me dejo atontada por un momento, me levante, vestí y observé mi rostro… reflejaba desesperación.

Esa no era yo, yo no era lo que mis padres siempre creyeron, yo no era una mala persona, yo amaba a mi hermana, ¡Yo no soy una asesina!

Alargue mi mano desesperada golpeando la imagen que me devolvía el cristal, no medí la fuerza y es que no era consiente de mi misma, ni de mis brazos.

El gran espejo hizo un ruido sordo al quebrarse, logrando que millones de pequeños pedazos de cristal chocaran contra mi piel y la cortaran. Mis manos, brazos y pies. Observaba todo como si estuviera en las gradas de un estadio viendo como una cinta pasaba frente a mis ojos.

Esta no era yo.

La puerta se abrió con rudeza y mi padre entró enfurecido al ver que el gran espejo estaba en el suelo y yo aún con mi mano estirada.

-¡Que has hecho niña tonta! – gruño acercándose más y más. No reaccionaba, sabia que estaba en peligro pero mi cuerpo no recibía ni acataba ordenes de ningún tipo.

¿Dónde estaba mi sentido de la supervivencia?

Un calor repentino y doloroso surco por mi mejilla, cuando me di cuenta que me había abofeteado.

-¿No sabes que esa era una reliquia familiar? ¡Por Dios! ¿Qué dirá tu madre? –

-Yo…- un murmullo penoso salió de mis labios, ni siquiera permitiéndome terminar la frase. ¿Yo que?

Mi padre ni siquiera se percató que yo sangraba, ni siquiera se digno a ver si estaba bien, ni siquiera pregunto el porque se había roto, el porque lo había roto.

Retrocedí lentamente, tomé de la silla del escritorio una chaqueta y mis zapatillas que estaban cerca de la puerta.

-¡Eso! ¡Vete! Y espero que no vuelvas hasta que estés arrepentida de lo que haz hecho –

Corrí, corrí sin mirar a donde me dirigía. Supongo que no importaba, nadie me esperaba en ningún lado. Todo lo que creía tener no era mas que una ilusión ¿Qué conseguía con seguir luchando con algo que no era real?

Soy un monstruo, marcado y destruido tanto por dentro como por fuera ¿Verdad?

Un risa ahogada salió de mi garganta y ahí me di cuenta que aún seguía llorando. Mis pies me ardían, así como mis manos y mis brazos. Empezaba a tener frio en las piernas.

Me hubiera gustado limpiarme los cortes que me hizo el espejo en mi cuerpo, no eran profundos pero dolían.

Pronto levante mi vista y me di cuenta del lugar en donde estaba.

El prado.

¿Cómo es que había llegado aquí?

Con el dolor que te dan las heridas superficiales, me arrodille en la hierba fresca. Era agradable la sensación y no solo porque refrescaba el ardor de mis piernas y brazos sino también porque me sentía libre, tranquila por primera vez en mucho tiempo.

Estar aquí significaba que mi subconsciente sabia no estaba solo, que hubo alguien alguna vez que quiso mi compañía, que me quiso por quien era.

Pero como todo en mi vida, eso no duraba para siempre. Yo me había encargado de alejarlos a ambos.

Mi corazón se contrajo y las lágrimas cobraron vida de nuevo.

-Edward, Alice- sollocé involuntariamente, era como si mi propio corazón estuviera realizando una catarsis profunda sin que yo pudiera evitarlo.

"Perdón" pensé. "Perdón"

El cielo estaba oscuro y las estrellas de veían en todo su esplendor. Con recelo me limpie las ultimas lagrimas de la noche, no regresaría a casa hasta el amanecer.

Como pude me levante y camine por el prado, mirando sin mirar. Sintiendo sin sentir, estaba perdida en mi cabeza y mis emociones.

-¿Bella? ¡Dios, me había asustado pensando que era otra persona! ¿Qué diablos haces aquí, a estas horas?- gire mi rostro y mi cuerpo hacia el origen de la voz.

Ahogue un gemido al darme cuenta de quien se trataba. No lo había visto en un mes y aun así, aun así mi cuerpo lo reconocía con desesperación.

"Perdón, Edward, perdón" Quise decir pero de mi boca no salían mas que sollozos.

Se acercó sigiloso como midiendo mi reacción hacia él, yo lo miraba sin entusiasmo ya no me quedaban ganas de nada, pero por dentro estaba eufórica.

-¿Qué te ha pasado? – me preguntó cuando me observo con más detenimiento. No estaba segura que la luz de luna le permitía ver el brillo que las lagrimas dejaron en mis mejillas o quizás la hinchazón de la mejilla o los rasgúñanos de las piernas. No podía estar segura.

¡Rayos! Estaba destrozada. me recordó mi vanidad, quise reír ante el pensamiento pero no pude. ¿Qué importaba que me viera así? Me había visto mucho peor, muchísimo mas horrenda que ahora. Quizás pensara que la imagen que proyectaba ahora era la que había ocultado por mucho tiempo.

La verdadera Isabella.

Sentí su mano acariciar mi mejilla golpeada e hice una mueca de dolor que no paso desapercibida para él.

-¿Quién te ha hecho esto, Bella? – intentó de nuevo y solo pude cerrar mis ojos y sufrir en silencio.

Sus brazos me rodearon con miedo al rechazo. Sin embargo yo no hice amago de alejarlo, lo necesitaba tanto. Un abrazo nunca significo tanto para mi, lo había echado tanto de menos este mes. Su sola presencia antes me daba esperanzas de que no todo en mi estaba perdido. Pues desde antes sabia que había algo mas que la perfecta Isabella, y él se había encargado de hacérmelo saber en cada ocasión que podía.

Cuando su calor me rodeo por completo y su respiración se acoplo a la mía ,me sentí tranquila por primera vez en la noche. Segura…completa. Se separó con delicadeza y tomo mi mano.

-Vamos – susurró mirándome y por primera vez lo observe.

Vestía una camisa de cuadros sobre una camisa de algodón blanca. Unos jeans oscuros y sus infaltables zapatillas. No pude evitar sentirme culpable por la mancha oscura de su camisa de algodón, mis lagrimas lo habían mojado pero a él no parecía importarle.

Fruncí mi ceño al percatarme de sus palabras. Él no tenia que llevarme a ningún lado. Además ni siquiera sabia si era un espejismo de mi atormentada mente, que deseaba verlo con desesperación.

¿No podía estar tan desquiciada o si?

-¿Por qué estas aquí? – pregunte con desconfianza – No has estado por un mes ¡Un mes completo! Y ahora…-

-Vine a pensar. Acabamos de llegar de Chicago – explicó acariciando con su dedo pulgar el dorso de mi mano.

Recordé la ultima vez que lo había visto, cuando se alejo preguntándome si era suficiente para mi, para la perfecta Isabella.

Claro que si, claro que lo era.

Isabella la perfecta ya no existía, nunca existió más allá que la mentira.

-Vamos necesitas abrigarte y limpiarte esas heridas –

-No – dije y el sonrió.

Se dio la vuelta y capturó mi rostro con sus manos besándome dulcemente, como si temiera lastimarme.

-Extrañe tu testarudez– murmuro cuando separo sus labios de los míos y luego siguió su camino arrastrándome por el prado hasta un auto estacionado a un costado. Me acomodo en el asiento de copiloto sin que opusiera resistencia.

Mis labios aun cosquilleaban, quería sonreír bobamente pero algo me lo impedía. Nuestra última conversación hace un mes aun rondaba en mi cabeza.

¿Es que alguien me puede querer por como soy en realidad?

Edward nunca me ha dicho que me quiere ¿Cómo podría estar segura? ¿Cómo podría arriesgarme cuando no se si me van a lastimar? ¿Cuándo no se si el solo lo hace por compasión hacia la chica que no sabe quien realmente es? ¿La chica que le rogo un poco de afecto la primera vez que cruzaron palabras?

-Alice a estado muy preocupada por ti este tiempo, pero no le he permitido llamarte –

-¿Qué?- lo mire con incredulidad.

-No debía distraerse – respondió mirando la carretera.

Por un momento la rabia me traspaso pero luego la razón dio conmigo. Tampoco me merecía que me llamaran, la había utilizado y a él también. ¿Cómo podía esperar que me quisieran si yo no permitía que nadie lo hiciera?

-¿Y tú? – pregunte con timidez.

Me miro sorprendido por un momento y luego se volvió a concentrar en la carretera. No habíamos avanzado mucho.

-Quería que tuvieras tiempo de pensar las cosas – dijo secamente y ahí tuve mi respuesta.

Pensar.

¿Qué tenia que pensar? ¿Si era suficiente para mí?¿Si todo lo que hice valió la pena? Eso no tenía que pensarlo ahora.

Estaciono el auto y me ayudo a bajar. La verdad no sabía que hora era, ni si todavía era viernes o sábado. De un momento a otro recordé que tenía que ir al trabajo, que tendría que volver a esa casa a buscar ropa.

-No quiero molestar, debe ser tarde – le exigí cuando me sostenía de la cadera, sin necesidad. Podía caminar sola.

-No es tan tarde, Bella. Son apenas las 10 de la noche – respondió secándome las lágrimas que aun persistían en mis mejillas.

-¿Por qué haces esto por mi, Edward? - le pregunté con reparo cuando trataba de arreglar mi cabello del desastre en el que se encontraba.

-No lo sé – respondió con sinceridad – Se supone que ya no me inmiscuirá mas en tu vida, se supone que tendría que dejar que tomaras tus propias decisiones –

-Lo sé –

Saco la llave de su chaqueta y abrió la puerta sin soltarme.

-Pero no podía dejarte así. Tienes que contarme quien te ha hecho esto y porque razón – Su mandíbula se endureció cuando me encamino a la sala y me dejo sentada en un cómodo sillón de cuero. Trate de impedírselo, no quería ensuciar el lujoso mueble, pero el no me dejo.

-Además no es mi culpa que siempre nos encontremos – continuó sonriendo de repente.- Espera un momento aquí, iré por el botiquín –

Me quede mirando el vacio, sin pensar en nada. Sabía que no había otro lugar en donde quisiera estar en estos momentos, solo aquí. Solo con él.

Este mes sin su presencia en mi vida, sin sus suaves caricias, ni sus frustrantes palabras me hicieron darme cuenta de algo, algo que se reforzó y volvió a la vida cuando lo vi de nuevo esta noche.

Me había enamorado de él, cuál estúpida.

Sonreí sin proponérmelo y por primera vez sentí que la sonrisa fue real. ¡Que extraño se sentía! Como si no fuera yo quien lo hiciese.

Cuando regreso, sentí mis mejillas arder. ¿Se daría cuenta?

Sin embargo no venia solo, del brazo traía a Alice temblorosa y débil. Me sorprendió verla así, especialmente por las vendas que rodeaban su rostro y me impedían ver gran parte de el. Me levanté como un resorte y como pude camine a su lado.

Aun me ardían los cortes y el golpe en la mejilla comenzaba a hinchara. No quería imaginar el color que tendría a estas alturas, pero no me importaba. Por primera vez desde el accidente de Vanessa que me importaba alguien mas que yo misma.

-¿Alice? –

-¿Bella? ¿Era tú, Bella? – La pequeña estiro sus brazos como buscándome y me se acerqué para que me reconociera.

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NDLA: Hola! aqui estoy con otro capitulo, y mientras deberia estar escribiendo mi tesis de grado, la inspiracion vino a mi tal musa desesperada y me hizo escribir dos capitulos. Sí, dos. Pero el otro lo subire el miercoles, creo porque aun no lo edito. Perdon por eso, pero sera mas pronto que los ultimos ¿no? Gracias a todas por sus reviews! me encantaria responderlos todos , pero no me da el tiempo con la tesis y la practica. Tambien a las que en su emocionalidad del momento me dejaron hermosos, hermosos review en el epilogo de mia!.

Gracias por la paciencia señoritas y por ello les dejo un avance del siguiente capituo

Capitulo 9

Mas que suficiente

-Ahora me dirás la verdad – me interrumpió Edward cuando terminaba de limpiar y aplicar una crema en mi mejilla.

Alice se tenso en su asiento pero no dijo nada, esperando. Edward se sentó a mi lado y me miro intensamente, parecía enojado pero condescendiente. Estiro una mano y me sostuvo por mi espalda, tocando mi cicatriz sobre la tela. Eso me desmorono, me deje caer sobre su hombro y lloré sin proponérmelo.

-Esta bien Bella, ya estas bien – susurraba y pronto sentí otro abrazo rodearme. Alice se había acercado también.

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-¡No debí! ¡No debí haberlo hecho!¡Es mi maldita culpa!- Edward se levantó y salió de la habitación.

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-¿Qué haces aquí? –

-Vine por ti – respondí suavemente.

-Vuelve –

-No – sonrió de lado, pero no me miro.

-Ahora sé porque siempre trataste de ayudarme, porque no te atemorizo mi cicatriz – le dije sentándome a su lado. Las heridas me molestaban menos.- No tengas miedo de llorar Edward, Llora conmigo – diciendo esto el cubrió su rostro y lloro a mi lado.

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. Eso es todo por hoy amigos! nos vemos el miercoles, con un capitulo candente, bueno no tanto creo que he perdido el toque T_T..mentira! XD Abrazos de oso!

Enichepi