Derechos: No son míos.

Escenas cotidianas II

Regina despertó como siempre, sobre las 6 de la mañana. Continuaba en la misma postura, dándole la espalda a Emma y a Henry y mirando hacia su balcón. A través de la ventana Regina pudo comprobar que amanecía un día gris y una espesa niebla se había extendido a los alrededores del pueblo. Hoy era sábado y el grupo había quedado para buscar de nuevo a la Evil Queen, pero la morena dudaba que pudieran hacerlo si la niebla no se levantaba.

Se incorporó suavemente, sin atreverse a mirar a su derecha. Tomó algunas cosas y se fue al baño lo más ligera que pudo, todavía incomoda con la presencia de Emma en su cama y sin poder quitarse de la mente lo acontecido la noche anterior.

Estuvo más de diez minutos bajo el chorro de agua caliente, solo relajando la tensión acumulada. Había intentado dejar la mente en blanco, pero la voz de Emma la distrajo de su intento.

-Regina, voy a entrar.- Anunció al otro lado de la puerta.

-Estoy en la ducha Emma, si lo necesitas hay un baño junto a la…

-Lo siento.- Interrumpió abriendo la puerta y entrando sin más. – No voy a mirar.- Mintió.- Solo hago lo que tengo que hacer y me voy.

- ¡Swan! ¿Es que no puede aguantar?.- Chilló irritada parando la ducha. Estaba cubierta por la mampara, pero se intuían las formas a través del turbio cristal.

- Efectivamente, no podía aguantar.- Y Emma suspiró sentándose en el váter.- Ohhhh, que gustito.

- Es usted tan vulgar.- Murmuró Regina irritada, volviendo a encender la ducha y actuando con indiferencia.

Emma miró, y no una de esas miradas rápidas poco interesadas, no. Se detuvo en contemplar sus curvas y ese trasero respingón que la noche anterior Regina había frotado contra ella. Se quedó pensativa dándose cuenta por primera vez de que la morena había actuado como si realmente lo deseara. ¿Si no te gustara la persona, te frotarías contra ella?

-Señorita Swan.- Llamó Regina con los ojos cerrados.-¿No estará mirando, verdad?.- Inquirió con desconfianza.

- ¿Qué le hace pensar eso?.- La voz de Emma era gutural y se oía más cerca. Nerviosa, Regina evitó buscarla y siguió lavándose el pelo.

-No oigo la puerta.- Justificó Regina, su corazón palpitaba tan rápido que temió que le diera un sincope. ¿Qué demonios quería Emma?.

La propia Emma era incapaz de razonar, pero sabía perfectamente lo que deseaba y era a ella. En su mente solo se sucedían imágenes de aquellas partes de la anatomía de Regina que había alcanzado a ver en los días anteriores. Quería verla bien, con aquella luz de la mañana, ver todo su cuerpo húmedo. El deseo la había llevado muy cerca de Regina, sabía que no podría detenerse. Aunque el tema del hechizo pasó por su cabeza, su deseo egoísta lo desechó. Siempre podía quedarse en un secreto.

-¿Vas a tardar mucho?.- Oyó que Emma preguntaba, mucho más cerca ahora.

- ¿Es que no puede una tomarse una ducha tranquila en su propia casa?.- Murmuró la morena en voz baja.- No.- Sentenció. – ¡Y ahora vete!.

-Es que… necesito hablar contigo de algo importante.- Se adelantó a justificar Emma.

- ¿Puedes esperar diez minutos?.- Preguntó irritada, mientras enjuagaba su pelo.

- Creo que no.- Oyó esas palabras casi pegadas en su oído y cerró los ojos pensando que solo eran imaginaciones suyas. Pero poco después sintió la calidez de otro cuerpo adherida a su espalda. Tragó sonoramente saliva y quiso darse la vuelta mientras con una mano intentaba quitarse el jabón de los ojos. Sin embargo Emma no se lo permitió, la acorralo contra la pared de la ducha con un empujón suave y pegó aun más su cuerpo al de la morena. El aliento de Emma rozaba su oreja, sus pechos subían y bajaban en su espalda con cada respiración, el frío había endurecido sus pezones y Regina casi se desmaya tan solo al sentirlos rozar la parte baja de su espalda.

- ¿Emma, qué haces?.- Su voz era la de una persona débil. Sentía pánico, el abismo era cada vez más grande y ella caía empicada. Quiso apartarse cuando la lengua de Emma besó la parte baja de su espalda juguetona.- Para, ¿qué… dios!.- Gimió aturdida cuando Emma mordió una de sus nalgas con delicadeza.

- Regina, no puedo soportarlo… es superior a mi.- Volvió a morder la otra nalga un poco más fuerte.

- Pero Emma, nada de esto es verdad…yo… oh, dios…- Dejó de hablar cuando sintió la lengua de Emma introducirse entre sus dos nalgas.

- Pues nunca… lo he sentido tan real.- Sentenció Emma volviendo a enterrar su cara entre las perfectas nalgas.

Regina gimió una y otra vez, el agua seguía corriendo y amortiguaba los gemidos, porque no había olvidado que Henry dormía en la habitación. Emma apretaba su trasero y seguía con lánguidos lengüetazos que arrebataban el sentido a la alcaldesa.

Regina sostuvo su cabeza un momento y cerró el agua. Le había parecido escuchar golpes.

-¿Mamá?.- La voz d Henry hizo que ambas contuvieran el aliento. Regina terminó por empujar a Emma provocando que esta diera con su trasero en la placa de ducha y golpeara con su mano la mampara.- ¿pasa algo? ¿Estás bien?.- La voz de Henry estaba llena de pánico.

-Ya… ya voy, Henry. Tranquilo, solo he resbalado- Grito nerviosa mientras observaba con los ojos de par en par a Emma, allí desnuda y empapada, con las piernas encogidas. Regina no se detuvo mucho a observarla, pues se aligero a salir de la ducha y se tapó con una toalla cuando fue consciente de su propia desnudez.

Mientras Emma parecía no sentirse demasiado incomoda, ella no estaba acostumbrada a que una mujer la viera como su madre la trajo al mundo. Regina iba a abrir la puerta cuando se dio cuenta de que Emma todavía estaba en su ducha, desnuda. Si Henry la veía… bueno… no imaginaba cual sería su reacción.

Se agachó junto a ella, intentado solo mirarla a los ojos, lo que en aquella situación resultaba muy incomodo. Iba a decir algo cuando sin querer sus ojos se desviaron hacia la entrepierna de la rubia. El hecho de que Emma tuviese las piernas encogidas le evitaba ver más allá de unos simples vellos pelirrojos encima del monte de Venus de la Sheriff. En el silencio del aquel baño, con el temor patente de que Henry pudiese entrar, ambas se comieron con la mirada. Emma se abalanzó hacia ella, una vez más pero Regina la detuvo tomando su cara suavemente. Emma volvió a intentarlo, pero Regina solo le permitió acercarse hasta casi rozar sus labios. Emma le sostuvo la mirada, desafiante, sabiendo que la morena no tardaría en ceder. Sacó su lengua, y rozó su labio inferior, y aquel simple contacto hizo que Regina temblara.

-¿Mamá, donde está Emma?. Voy a entrar.- Anunció como poco antes había hecho su madre, pero él chico sonaba terriblemente preocupado.

- ¡No!.- Chillo la morena. Regina le dio un sensual beso a Emma, introduciendo su lengua entre sus labios, segundos antes de hacerla desaparecer.

Cuando Henry al fin entró, su cara estaba pálida, pero se relajó al ver a su madre en toalla en medio del baño.

-Me has asustado.- Se excusó Henry con la mirada en el suelo. - ¿Sabes dónde está Emma?. ¿Se ha marchado?.- Sus ojos se entristecieron repentinamente.

-Ehhh…-Las mejillas de Regina enrojecieron de repente.-La mandé al otro baño. – Murmuró saliendo por la puerta y dejando a un Henry mucho más contento.

- ¡Genial, es sábado, podríamos pasar el día los tres juntos!.- Propuso sonriente.

- Henry, tenemos que encontrar a la Reina Malvada, ya has visto lo que es capaz de hacer. Si la niebla se disipa, iremos a buscarla. – Explicó mientras se secaba el pelo con una toalla.

-¿Puedo ir yo?.- Increpó esperanzado.

- Ni hablar chico.- La voz de Emma interrumpió la charla de ambos. La rubia estaba apoyada sobre el marco de la puerta de la habitación, también con una toalla atada a su cuerpo.- Ejem, olvidé mi ropa.- Alzo las cejas mirando a Regina con reproche.

- Henry, cielo, ve a ducharte y cuando bajes estará preparado el desayuno y hablaremos de lo que vamos a hacer, ¿te parece?.

Henry salió por la puerta raudo, en dirección a su habitación. Emma aprovechó para cerrar la puerta.

-Emma.- Comenzó a hablar Regina, paseándose aun en toalla por la habitación. – Se que estás bajo ese hechizo y que te resulta imposible contenerte… tal vez no te pase solo conmigo… tal vez si buscases la compañía de Hook…

La rubia, en la otra punta de la habitación se mantuvo seria, temiblemente silenciosa. Miraba a Regina y la veían mover los labios, pero no podía concentrarse en entender lo que decía. Cuando comprobó qué Regina la observaba con una mano en la cintura y el ceño fruncido, se vio obligada a hablar.

-Perdón, ¿qué decías?.- Emma la miró con inocencia.

-Ojjj, actúas como un animal en celo. No sé qué pasa contigo…- Se quejó Regina, aunque en el fondo la situación le halagaba y eso que sabía que los sentimientos de la sheriff no eran reales.

- No parece que te disguste demasiado… y eso que tú no estás bajo ningún hechizo. – Emma se fue acercando a ella lentamente, sin quitarle ojo a la toalla de Regina.

La alcaldesa se removió incomoda. Su orgullo le impedía ceder, pues Emma ya había visto que cedía con facilidad.

-No quiero herirte.- Se justifico Regina cruzándose de brazos.

- Admítelo Regina, yo te gusto.- Dijo seductora y con mucha seguridad, casi con una sonrisa de convicción.

Continuara…