Los personajes de la película no son de mi propiedad, son de DreamWorks y/o Cressida Cowell, yo solo he alterado algunas cosas para escribir mis locuras. Los OCs y la rara historia son míos.

Disfruten :3

o~O~o

Sinopsis del capítulo: si Nina Haddock podía ser descrita en una o dos palabras, la mayoría diría cosas como apasionada, solidaria, buena hermana, olvidadiza, vivaz. Pero si se lo preguntan a sus hermanos, la respuesta será tan simple como: maldita manipuladora.

o~O~o

El orgullo ante todo

Nock nock nock

Silencio.

Nock nock nock

Silencio. No se oía nada más que la ducha encendida….

Nock nock nock

…y alguien cantando de forma desastrosamente desafinada.

Nock nock nock

Sabía que no debía molestarlo si se estaba bañando, pero simplemente no quería que se le olvidara. Después de todo, Nina era una persona muy olvidadiza, cosa que a veces ponía de los pelos a su familia.

Nock nock nock

Tocó más insistente.

-Asleif, si eres tú, ¡tírate a un pozo!- se escuchó desde el interior. La muchacha solo puso los ojos en blanco y tocó otra vez, al tiempo que escuchaba cómo el agua dejaba de fluir.

En cuestión de menos de un minuto, un Egil con el pelo goteando, secado a medias y con una toalla envuelta flojamente en la cintura, la cual sostenía con una mano, le abrió la puerta. En su rostro estaba esa mueca mañanera que parecía gritar "Más vale que sea importante"; los ojos entrecerrados como con sueño, una castaña ceja ligeramente alzada y la boca torcida levemente hacia un costado.

-¿Qué sucede, Nina?- preguntó.

Como única respuesta recibió un abrazo por el torso y una sonrisa de oreja a oreja de su hermana menor. Se tensó un momento, confundido, con los ojos más abiertos y la ceja por los cielos. Atinó a posar la mano libre su espalda y darle unas palmaditas tímidas.

-Hm…esto….

-Feliz día del hermano, Gil.- dijo con voz alegre, estrujándolo un poco más entre sus brazos para finalmente soltarlo.

-Oh…hm, gracias, Nina. E igualmente.- contestó, primero dubitativo y luego sonriente.

Justo en ese momento, Asleif pasaba por detrás de la menor- con su cotorra verde caminando torpemente tras ella-, con el cabello envuelto en una toalla y completamente vestida para la escuela con unos jeans clásicos, una camiseta negra con una inscripción en blanco- "Time is now"- y zapatillas de tela oscuras.

-¿Y tú qué?- dijo el castaño con un gesto de cabeza, haciendo que la aludida se volviera confundida.

-¿Y yo qué?

-¿No me dices nada?-

La rubia lo escaneó de arriba abajo, todavía confusa por ese comentario. ¿Qué se suponía que debía decirle? ¿Buenos días? Las cortesías entre ellos casi no existían, bastaba con una revuelta de cabello, un empujón, un puñetazo amistoso o hasta un insulto. Cuando volvió a posar los ojos en su rostro tan parecido al propio, con todo el pelo parado pero el flequillo curiosamente en su lugar y chorreando agua por todo su rostro, sonrió de lado y exclamó.

-¡Oh, sí, claro! Lo siento. ¡Te felicito, hermanito, por fin aprendiste cómo usar una ducha!- y continuó con su camino hacia las escaleras, con Storm retomando la marcha del lorito a sus espaldas.

-Si será…- masculló.

-Déjala, solo te está provocando, sabe tan bien como nosotros dos qué día es hoy.- mintió la castaña con una risita y voz encendida. Posteriormente salió corriendo a su cuarto para cambiarse el pijama y bajar a desayunar.

. . .

El desayuno fue como todas las mañanas, con solo 4 sillas ocupadas, una pequeña variedad de cosas para acompañar el café o jugo de naranja, y una Asleif que le daba parte de sus tostadas a la cotorra Storm que le gustaba posarse sobre la cabeza de Nina. Lo único diferente era la tensión suspendida en el aire que poco a poco se fue haciendo notar, cuando los gemelos se miraban de soslayo, fruncían el entrecejo, alzaban una ceja o resoplaban. Sobre todo el chico.

-Está bien, ¿qué les pasa a ustedes dos?- terminó por decir Astrid.

-Nada.- dijo simplemente Egil, dándole un trago a su vaso de jugo.

-¿Yo qué sé? Él se levantó del lado equivocado de la cama hoy, no yo.- contestó la rubia menor a la defensiva.

-Ese tono, Asleif.- regañó una divertida Nina, sacándole una risa disimulada a su hermano mayor quien todavía tenía los labios pegados al vidrio.

No se dijo más hasta que Asleif subió a su cuarto y luego volvió a bajar, con el pelo, ahora por la mitad de la espalda, seco y peinado y con la bincha negra que nunca olvidaba. Antes de irse, mientras Egil sacaba la moto del garaje, Nina se le acercó por la espalda a su hermana mayor y le picó ambos costados. La rubia se despegó del suelo varios centímetros, hecho que hizo que la menor se carcajeara estruendosamente.

-¡No vuelvas a hacer eso!- masculló Asleif, sobándose los costados y levantando su mochila del suelo, la cual había dejado caer por el susto.

-Lo siento.- se disculpó todavía riendo por lo bajo.- Solo quería decirte que…¡feliz día de la hermana!- y acto seguido le dio un abrazo corto.

-Oh, gracias. Igualmente, morochita.- dijo pasándole la mano con un poco de violencia por el pelo.- Tal vez por eso el indeseable está tan…indeseable.- murmuró para sí, sin embargo Nina la escuchó.

-Tal vez, pero no lo creo. Lo saludé esta mañana cuando ni siquiera se había despertado, puede que esté de mal humor por eso.- mintió. Asleif solo asintió, recogió los cascos de la moto del sillón y gritando un vago "Nos vemos más tarde" salió.

Ya con ambos cascos puesto y subidos a la moto, ambos hermanos mayores partieron a la cárc...hm, escuela. Asleif se decidió por no decirle nada a su hermano por el día que era, solo para poder hacerlo a la tarde y refregarle en la cara el mal hermano que era por haberlo olvidado, así que el día pasó con normalidad. O algo parecido a la normalidad, dado que Egil no dejaba de lanzar miradas envenenadas a su melliza cada vez que tenía la oportunidad.

-¿Qué tiene Gil hoy?- preguntó Vidgis a la rubia mientras salían del salón para asistir a la otra clase.

-Creo que está enfadado porque Nina lo despertó muy temprano o yo-qué-sé.- restó importancia.

-Vaya, así sí se nota que son hermanos.- ironizó y entró a un curso a su derecha, dejando a Asleif con el ceño ligeramente fruncido y una sonrisa de diversión por el golpe bajo, sin saber si enfadarse o reír. La chica de ojos oscuros podía aparentar mucha tranquilidad y gentileza, pero tenía sus facetas, como cualquiera.

La muchacha, por su lado, siguió caminando hasta el final del pasillo intransitado y entró a otro salón a su izquierda. Ya todos estaban ubicados en sus sitios y el maestro, de espalda a los bancos dobles, escribía algo en el pizarrón fatigosamente. Se metió sigilosamente en el curso y caminó al único lugar libre junto a su gemelo.

-¿Me perdí de algo?- murmuró, mientras se acomodaba y sacaba los útiles con rapidez. Sin embargo, no recibió ninguna respuesta. Miró hacia el lado y se encontró con un serio Egil mirando hacia abajo, apuntando algo que no llegaba a ver en un cuaderno.- ¿Gil?-

Nada.

-¿Gil? Oye, Gil.- comenzó a codearlo.

-¿Qué?- suspiró y la miró con pereza.

-¿Qué es lo que tienes? Te pregunté si…

-No, no te perdiste de nada. Ahora, ¿podrías por favor dejarme hacer mis cosas?- la cortó ásperamente, y bajó la mirada a sus apuntes nuevamente.

Ella alzó una ceja hasta que se perdió entre los mechones dorados de su flequillo, y torció la boca en una expresión de fastidio que bien podría asustar a cualquiera. Pero antes de poder agregar algo, el profesor se dio vuelta, dejando ver el título "Las Leyes de Newton", para dar inicio a la clase. Se tragó los comentarios y descansó el rostro en una mano, dispuesta a prestar la suficiente atención como para que algunos conceptos se le metieran en la mente y no tuviera que tomar apuntes.

"Este idiota está más idiota que lo común", pensó.

. . .

-¿Qué pasó? ¿Problemas en el paraíso?- preguntó divertido el pelirrojo, al tiempo que alternaba miradas entre los gemelos que habían decidido ignorarse.

-¿De qué paraíso hablas, imbécil?- escupieron ambos al mismo tiempo.- ¿Qué te he dicho? ¡No hables al mismo tiempo que yo! ¡YA BASTA!- exclamaron al mismo tiempo.

-Sí, mejor cállense, antes de que yo los calle.- intervino Goi. Como única respuesta, los gemelos se miraron ceñudos otra vez y se dieron la espalda.

Para al final de la clase de Física, Asleif ya tenía claro que su hermano no quería nada con ella. No reaccionaba de ninguna manera cuando hacía algún comentario durante la explicación, no contestaba cuando preguntaba cosas como "¿Crees que si salto por esa ventana me haré mucho daño?", ni tampoco le dejaba espiar de sus anotaciones. Durante esos tediosos 80 minutos, Egil solo se había limitado a apuntar la clase y atender al profesor. ¡Atender al profesor! O el chico estaba enfermo o alguien lo había poseído, porque Egil Haddock preferiría masticar vidrio antes de tener una clase de Física.

Cuando salieron, la rubia ya se había dado por vencida, y su único pensamiento en mente era "Dos pueden jugar este juego, maldito traidor". Así que recogieron sus cosas en silencio, salieron del salón y se dirigieron a los casilleros, todo juntos, pero en silencio. Y ese mismo ambiente de tensión se mantuvo durante el resto de los recesos, hasta el punto que sus amigos se incomodaron tanto que trataron de intervenir…penosamente.

-¡Que él/ella se calle!- dijeron, otra vez, en coro.

Pronto comenzó otra pelea, así que los 4 compañeros tuvieron que meterse antes de que llegaran a la violencia y los mandaran a su casa, cosa que casi pasó una vez durante una clase de deportes.

-Está bien, tú te vienes con nosotras, y ustedes se encargan de arreglarlo a él. No quiero terminar el día trapeando sangre.- sentenció Goi, y acto seguido sujetó a Asleif de un brazo y se la llevó a la otra punta del patio junto con Vidgis, al tiempo que Egil se quedaba con los varones.

Se sentaron en el suelo de modo tal que las 3 pudieran verse las caras. El siempre inmutable rostro de Vidgis, con una sonrisa involuntaria y bondadosos ojos oscuros; la cara más rígida y despreocupada de Goi, de ojos marrones maliciosos y calculadores, pero siempre llenos de despreocupación y firmeza en partes iguales; y luego el casi siempre desafiante y sarcástico rostro de Asleif, de ojos verdes muy expresivos que funcionaban como un espejo para sus sentimientos, ahora reflejando fastidio e indiferencia en una confusa mezcla.

-Ahora habla, ¿qué está pasando entre ustedes dos?- dijo la castaña oscura.

-¿Yo qué sé? Egil se ha estado comportando extraño todo el día. Según Nina es porque lo despertó muy temprano esta mañana, pero yo no lo creo…- contestó tajante, encorvando la espalda y cruzando los brazos en una posición desganada.

-¿Entonces por qué crees que puede estar así?- intervino la calma voz de la otra castaña.

-Tal vez el muy nenita está ofendido porque no le he deseado feliz tonto día del hermano. Y conociéndolo, él no me lo dirá a mí. Así que su mal humor mañanero más la ofensa lo vuelven completamente insoportable.

(Del otro lado del patio)

-Estás más insoportable hoy, ¿qué es lo que tienes?- interrogó el pelirrojo, recibiendo como única respuesta una mirada verde y envenenada.- Vamos, no te enojes conmigo también. ¿Qué pasó, Gil?

-Escuchen, no traten de hacerse los psicólogos conmigo porque no les funcionará. Ahora, si quieren dejarme a mí y a mis problemas en paz…-

Pero los otros dos no cedieron, y le obligaron a escupir todo lo que tuviera para decir. Egil no quería compartir nada, después de todo era una persona seria y sarcástica, que prefería quedarse al margen y cerrarse a los demás. No pensaba que eso fuera algo bueno, pero se sentía cómodo así, por lo que sus amigos tuvieron que sacarle con pinzas la información, cosa que fue alterando más los fastidiosos nervios del castaño.

-Entonces, redondeando, ¿estás ofendido porque Asleif no te dijo nada respecto al día del hermano?- habló pausadamente Ivar.

-Creo que ofendido no es el término.- intervino el otro castaño.

-Ay, ¡está bien! Miren, yo no estoy ofendido con nadie, ¿entienden? Solo no voy a decirle nada.- estalló.

-Eso se llama orgullo.- susurró el pelirrojo en el oído de Zick.

-Te escuché.

. . .

Luego de la última gloriosa clase de Literatura, los gemelos Haddock literalmente saltaron sobre el asiento de la moto y salieron de allí a todo lo que daba. Prueba uno de que la escuela no era para ellos. Sí, ambos tenían sus ideas con respecto a qué hacer en un futuro, qué carrera seguir y todo eso, solo que ambos pensaban que "el resto de las materias solo son relleno de una mañana insufrible".

Entraron a la casa con un estruendo, y casi al mismo tiempo se quitaron el casco y lanzaron las mochilas sobre el sofá. La rubia se adelantó y dio un salto de espaldas, aterrizando en el respectivo sillón y con un brazo sobre los ojos.

-¿¡Cuándo acabará la tortura!?- gimoteó a la nada. Al no recibir respuesta, se quitó el brazo de la cara, para ver a su hermano caminando hacia las escaleras.- Oh, cierto. Olvidé que no me hablabas.- ironizó, incorporándose.

Egil solo la ignoró y continuó su camino, provocando una nueva mirada de toxicidad. La rubia se le quedó mirando hasta que se perdió de vista y se cercioró de que no se volteara, solo entonces volvió a recostar la cabeza contra el apoyabrazos. No podría aguantar mucho más tiempo el juego del silencio. Le desesperaba no tener nadie con quien hablar, le desesperaba que él ni siquiera la mirara, le desesperaba que se hubiera puesto tan….desesperante.

Pero sus reflexiones desesperantes se vieron interrumpidas por el golpe de algo suave sobre su rostro medio cubierto con su brazo. Se quedó sin moverse por unos momentos, hasta que finalmente se decidió por retirar la extremidad y quitarse la tela que le había caído sobre la cara. Era una prenda. Su jersey marrón.

-Póntelo, te has estado helando todo el día. No sé cómo pude darme cuanta a través de tu discreción.- dijo Egil en tono burlesco. Estaba parado junto al sofá, como siempre; con la misma expresión sarcástica y burlona, pero con distintos pantalones.

-No me dices qué hacer. Y tampoco te metas en mi habitación si permiso.- replicó ella con veneno, sin embargo, se puso el abrigo gastado. El desesperante sabía leerla muy bien.

-No me dices qué hacer.- replicó él con sorna y se metió en la cocina. Volvió en cuestión de unos minutos, llevando una bandeja con media pizza recalentada, un bol lleno de papas fritas de bolsa y dos vasos de plástico con lo que parecía jugo.

"Si yo llevara todo eso, ya estaría desparramado en el suelo", pensó ella, al tiempo que el gemelo depositaba la comida en la mesita de café delante del sillón y le tendía un vaso.

Asleif no hizo ningún movimiento, más que alzar una ceja y recibir el recipiente que le ofrecía, por lo que el muchacho tuvo que levantarle bruscamente las piernas- no sin recibir algunas exclamaciones, obviamente- y hacerse un lugar para sentarse. Ella, entrecerrando los ojos, volvió a posar las piernas donde las tenía antes por más de que el regazo de Egil se lo impidiera. Bueno, "posar" era una expresión demasiado delicada.

No se dijeron más palabras. El castaño encendió la televisión y se relajó contra el respaldo mientras ambos masticaban la comida indiferentemente.

-Y ahora vamos con los datos del clima con…- decía un demasiado feliz periodista del otro lado de la pantalla.

-Argh no, cámbiale.- gruñeron los gemelos al mismo tiempo. Al momento comenzaron a buscar el mando a distancia (más que buscar fue como sentirle el aura), pero finalmente no lo encontraron por lo que tuvieron que tragarse el cuarto de hora que todavía le quedaba a las noticias.

-Y también quisiera desearle feliz día del hermano a mi hermano mayor Williams, en Toronto…- pronunció el hombre, momentos antes de que la cámara se alejara de él y el programa diera fin para dar comienzo a otro.

Los dos pares de ojos verdes intercambiaron miradas de soslayo entre sí, significativas, resentidas, acusadoras y muy culpables miradas. Ninguno de los dos se atrevía a abrir la boca. Despegaron los ojos del otro y la rubia aprovechó la tensión para meterse otro puñado de papas a la boca, las cuales crujieron al ser trituradas contra sus dientes.

Un sonoro "clack" inundó la habitación y entonces todas las luces junto con el televisor se apagaron. Se había cortado la corriente. Sin embargo, las cortinas corridas de los ventanales del frente dejaban entrar suficiente luz solar, por lo que no parecía que estuvieran "a oscuras".

El silencio siguió reinando. Nada más que el sonido de otro pobre puñado de frituras siendo destruido por la rubia. La tensión era tanta y tan palpable que el silencio no hacía más que empeorar las cosas. Ambos suspiraron sonoramente al mismo tiempo, dejando caer los hombros en un acto de fatiga, y se incorporaron. Egil despegó y enderezó la espalda fuera del respaldo, mientras que Asleif contrajo las piernas contra su pecho y se sentó de frente a él.

-Siento si te ofendí.- dijeron al mismo tiempo. Se miraron con los ojos abiertos un poco más de lo normal y las cejas ligeramente alzadas, en un acto de demasiada sorpresa dado que el habla en coro era algo ya cotidiano para ellos. Sonrieron con desdén.

-En serio, lamento no haberte dicho nada hoy y haberte ofendido de alguna manera…- dijo la rubia mirando hacía sus manos, tragándose un nudo en la garganta que se le hacía cada vez que su orgullo se veía pisoteado.

-No. Yo lamento mucho haberme comportado como un imbécil por algo tan tonto como lo es un saludo insignificante de un día insignificante.- le interrumpió, también mirando hacia abajo.

Se hizo silencio otra vez. Ninguno dijo nada, pero no hacían falta palabras para saber que todo había quedado perdonado. Eso era lo bueno de tener un gemelo, algunas cosas ni siquiera necesitaban decirse para darse por hechas. Cuando la luz volvió y el microondas emitió un fuerte pitido indicando que estaba listo para volver a utilizarse, ninguno hizo nada. El tele continuó apagado, y las luces innecesariamente encendidas. Ya no había tanta tensión flotando entre ellos, pero de todos modos la situación continuaba siendo atípica.

La muchacha se dejó caer hacia atrás, quedando recostada nuevamente pero ahora con las piernas dobladas sin molestar a su hermano. Él, por su lado, volvió a relajarse contra el respaldo y metió la mano nuevamente en el bol ya casi vacío.

-He estado pensando…- rompió finalmente el silencio la rubia-…que, bueno, eres mi hermano…

-Qué observadora.- murmuró Egil, mas lo ignoró.

-…pero que más allá de eso…Digo, hay muchas cosas que no sé de ti por más de que hemos vivido juntos durante unos…18 años…-

No supo qué contestar a eso. Es decir, nunca había escuchado que dijera eso. Estaba a punto de replicar con algún comentario sarcástico cuando se replanteó la frase. Ciertamente, habían muchas cosas de su hermana que desconocía y que nunca había preguntado porque…bueno, no era necesario. ¿O sí?

-Yo tampoco.- murmuró otra vez.

Luego de algunos otros minutos de frustrante y reflexivo silencio- ¡no conozco a mi propia hermana!-, Asleif se decidió por romperlo…otra vez…

-Está bien, ¿color favorito?

-No puedes estar hablando en serio.- replicó con desdén y sorpresa en partes iguales. La gemela se incorporó, sentándose otra vez como hacía unos momentos, con las cejas alzadas en expresión expectante.

-No, pero quiero que me lo confirmes.

Meditó un par de segundos antes de contestar:

-Rojo. ¿El tuyo?

-Marrón.

-Qué alegre.

-¿Entonces por qué preguntas?

-Tú comenzaste el juego.

-Touché. Siguiente pregunta…-

Y así continuaron haciéndose preguntas sencillas, hasta ridículas, pero que vergonzosamente no conocían su respuesta. Entre interrogante e interrogante siempre había un momento incómodamente penoso, en el que se meditaba la respuesta o la misma pregunta, donde se pateaban internamente por conocer tan poco a su propio gemelo, momento incómodamente penoso en el que las mejillas se coloreaban dado a la simpleza del cuestionamiento, dado a la falta de conocimientos sobre el otro.

-¿Materia preferida?- preguntaron al mismo tiempo- Oye, ¡era mi turno! Ya deja de hablar al mismo tiempo que yo. ¡Basta!

-Está bien, seamos maduros.- interrumpió Asleif la casi inminente pelea.

-Está bien.

-Deportes.- contestaron al mismo tiempo. Se miraron y comenzaron a reír como en preguntas anteriores en las que también habían coincidido, irónicamente. Como con la comida favorita ("pizza, duh"), la película más triste que hubieran visto ("Titanic es la cosa más corta-venas del mundo, incluso lloré cuando nadie miraba. No me mires así, Asleif. He visto Titanic y, sí, tengo sentimientos"), o la golosina favorita ("CHOCOLATE Y GOMITAS").

-¿Segunda materia favorita?- preguntó la rubia. Egil lo meditó un momento, era difícil separar tanta basura.

-Creo que…Química.- dudó- ¿La tuya?

-Biología.- contestó automáticamente. No fue sorpresa, después de todo, la chica quería seguir biología marina- ¿Materia que más odies en todo el mundo?

-Ugh, Física.- se estremeció, sacándole una risa a su hermana. Ya se había vuelto una especie de juego de interés común por parte de ambos- ¿Tú?

-Prefiero tirarme de un puente antes de tener Álgebra.-

Y las preguntas continuaron volando. Pero a medida que el juego fue avanzando, los momentos de vacilación y pena se fueron acortando, hasta que la confianza de siempre se volvió a instalar entre ellos, ahora más fuerte que nunca. Y cuando parecía que ya ambos se habían quedado sin ideas, Asleif tocó un tema que Egil nunca antes había hablado con nadie.

-¿Sabes que el flequillo te queda horrible?- fue más que nada para provocarle, no podía imaginarse a su hermano sin flequillo. Era como un Chimuelo de pelaje blanco, una Nina de 1.70 o un Ivar con cabello negro.

-Golpe bajo.- frunció el entrecejo.

-Solo bromeaba. Pero ahora, en serio, siempre te estás quejando que te da calor en la frente, ¿por qué no te cortas esas mechas fuera de la cara?- se puso más seria.

"Maldición, es buena en esto de hacer preguntas"

-Hm….paso.- pronunció pausadamente.

-¿Qué?- se incorporó bruscamente- ¡No! No se vale, ¡contesta nenita!- para extrañeza de la rubia, el muchacho tragó algo de saliva. ¿Qué demonios era tan…dramático?

-Está bien, ¿nunca te has preguntado por qué tú tienes tantas pecas y yo no?

-¿A qué viene la pregunta?

-Todas las pecas que tienes salpicadas por la cara, los brazos, las piernas, y por dónde más sea, yo no las tengo. Todas deben de haber hecho una especie de acuerdo conspirativo en contra mía para reunirse en un solo lugar antes de nacer…- extrañamente bajó la voz una octava más de lo normal para soltar toda esa frase.

Los engranajes en la cabeza de Asleif comenzaron a girar a toda velocidad, antes de poder reaccionar otra vez.

-No me digas que…-

Como única respuesta, Egil suspiró y se metió una mano bajo el flequillo para levantarlo. Allí, en la frente que nunca antes había visto al descubierto, se podían apreciar cientos de millones de puntitos castaños, algunos tan cerca unos de otros que a penas y dejaban entrever la piel clara del otro lado. Casi parecía una exageración, pero de verdad parecía que todas las pecas que ella tenía en el cuerpo estaban en su frente.

Contuvo una carcajada ante esa revelación. Por eso nunca se lo había cortado más allá del calor, por eso siempre que salía del agua cuando estaba en un piscina lo tenía curiosamente en su lugar, y por eso le daba manotazos cada vez que le decía que debía peinárselo para atrás en los eventos importantes.

-Anda, ríete.- frunció el ceño dejó caer la corta cortina castaña otra vez en su lugar.

-Lo siento es que…Esto de verdad es una sorpresa.- dijo tragándose la risa.

-Antes no eran tantas. Me fueron saliendo con los años, ahora mi frente parece….un universo de hormigas, o yo qué sé.- en esta última frase había una pequeña nota de diversión que le quitó la poca seriedad a la situación.

. . .

-¡Ya sé! Tengo otra pregunta.- exclamó de pronto la rubia, quitando la mirada de la pantalla del televisor. Contrajo violentamente las piernas de arriba del regazo de Egil, lo que provocó una maldición por parte de su casi dormido hermano.

-El juego terminó hace casi una hora, ¿qué pasó?- se quejó, abriendo un solo ojo para mirarle significativamente.

-Si dices que Nina te saludó esta mañana por el día del hermano…- comenzó a decir pausadamente, como si estuviera dividiendo parte por parte de un ejercicio de Matemáticas.

-¿Sí…?- contestó él dudoso, ahora con ambos ojos abiertos y una ceja fuera de lugar.

-….y a mí me saludó antes de irnos…

-¿Sí?

-…y nos dijo que ambos estábamos enterados pero queríamos provocarnos…

-¿Sí?- ahora se incorporó más y le miró con las dos cejas alzadas.

Intercambiaron miradas de estupor durante largos segundos. Ahora las cosas encajaban, los engranajes se habían unido pero todavía no giraban, porque no sabían hacia dónde girar. Era obvio que toda esa movida había sido apropósito, ideada por su hermana menor, pero…¿por qué?

-¿Nina nos puso el uno contra el otro?- interrogaron retórica y coordinadamente, con un signo de pregunta enorme sobre la coronilla.

¿Por qué la pequeña castaña, de ojos cálidos y carácter tan…risueño, habría de poner a sus dos hermanos mayores el uno contra el otro? Lo peor es que estaba condenadamente bien planeado. Los conocía demasiado bien, y había sabido dónde pinchar: el orgullo. Defecto fatídico de ambos. Siempre el orgullo iba primero, y se defendía con garras y dientes, ese parecía ser algo así como el lema de los gemelos Haddock. Y lo que fuera que Nina hubiera planeado le había salido a la perfección, pero la pregunta continuaba siendo por qué.

Luego de tratar de llegar a una conclusión, proponiendo "posibles" causas que no encajaban con nada, se decidieron por preguntarle cuando llegara. Así, se levantaron de donde habían estado recostados por más tiempo del que pensaron y se dispusieron a terminar o al menos adelantar un poco de tareas. Se pasaron apuntes mutuamente, maldijeron, y dibujaron tanto las orillas de las hojas que parecían un mural callejero. Nadie dijo que su definición de "adelantar las tareas" fuera el estereotipo, pero por lo menos lo hacían; se tomaban su tiempo, pero lo hacían.

Finalmente, mientras el castaño ya había recostado la cabeza entre los brazos y babeaba sobre sus deberes, y la rubia terminaba un ensayo de 3 páginas sobre la revolución rusa, la puerta se abrió de pronto y entró la pequeña figura que habían estado esperando. Asleif dio un respingo y pateó la pantorrilla de su hermano, que se levantó de un salto- de haber podido mover las orejas, las estaría disparando hacia todas direcciones-.

-¿Qué pasó? ¿Qué…?- pero se interrumpió cuando miró a la castaña persona que entraba dando zancadas a la casa.

-Tú.- murmuraron los mellizos al mismo tiempo y se lanzaron hacia adelante.

Nina se sobresaltó por esas verdes miradas acusadoras, y por el hecho de que sus dos hermanos mayores que le sacaban menos de medio cuerpo se habían adelantado tanto que casi la golpeaban. Cuatro ojos la miraban desde arriba, expectantes y acusadores.

-¿Qué les…?- comenzó a murmurar.

-Nosotros hacemos las preguntas aquí, niña.- interrumpió el castaño. Las dos chicas le miraron alzando una ceja pero permaneció inmutable.

-¿Al menos puedo dejar mis…?

-Callada, preciosa.

-Ay ya deja de hablar así.- le golpeó la cabeza Asleif.

-Está bien, está bien. Deja tus cosas y luego baja. Tenemos cosas que hablar.- cedió, hablando otra vez con su tono de voz normal.

La castaña se alejó por las escaleras, con una ceja alzada y lanzando miradas de confusión a su hermano, como si de pronto se hubiera puesto a hablar en hebreo o algo así. A los pocos momentos, Asleif le siguió, cargada con libros y cuadernos y respondiendo sobre el hombro "No, sube tus porquerías" a las réplicas de Egil.

. . .

-Está bien, queremos algunas respuestas.

-Sí, y no aceptaremos un no como respuesta. Rubia, ¿primera pregunta?

-¿Dónde está mamá?

-No puedes hablar en serio.- se golpeó la frente con una mano.

Una vez todo había sido puesto en su lugar, Nina se sentó en el sofá frente a sus hermanos mayores. Estos la miraban desde arriba tan acusadoramente como antes, y ella les devolvió la mirada de confusión más grande que podía reflejar. Algo estaba pasando y ella no estaba enterada, ¿de qué querrían hablar con tanta….seriedad?

-Se fue a comprar unos medicamentos para Egil. El del salpullido del…

-¡No, no, para ahí!- la interrumpió el castaño.

-¿Tienes salpullido en…?- se extrañó Asleif.

-Me toca a mí.- volvió a interrumpir, mirando frenéticamente hacia todos lados, esperando que la cara no se le hubiera coloreado.- ¿Sabes qué día es hoy?

-¿Martes?

-Fecha.

-¿4 de Marzo?

-¿Y qué se celebra hoy?- intervino la rubia.

Nina no contestó. Miró hacia abajo y comenzó a martillear con los dedos sobre sus rodillas, murmurando cosas inteligibles y apartándose el rostro de la cara repetidamente. Sus ojos de agua se movieron hacia todos lados pero evitaron subir hacia los gemelos. Solo llegaba a verles la cintura a ambos, pero sabía que tenían los brazos cruzados sobre el pecho y miradas exigentes.

-Yo…esto…ustedes lo saben.- terminó por decir.

-Sí, tienes razón, lo sabemos.- afirmó Asleif.

-Lo sabemos desde esta mañana, cuando nos lo dijiste.- continuó Egil.

-Antes de que yo me entrara a bañar.

-Y antes de que yo me despertara, ¿no?-

Volvió a bajar la mirada, sintiendo como sus tripas se revolvían. Sabía que lo que estaba haciendo estaba mal, que no debía hacerlo, pero lo hizo de todos modos. Tenía que hacerlo, además le pareció que sería algo divertido, pero nunca pensó en las consecuencias. No tenía idea de que se pondrían en ese plan; tan serios y….adultos. Pensó que se lanzarían hacia ella gritándole improperios, o que ni siquiera se darían cuenta de que había entrado por la puerta porque estarían muy ocupados discutiendo entre sí.

"Tal parece que están madurando", susurró su mente, pero de pronto se recompuso y le exclamó e los oídos: "Pero eso no importa, ¡no debiste haberlo hecho! Eres una tonta, Haddock"

El labio inferior amenazó con comenzar a moverse, pero se contuvo. Cerró los ojos y respiró profundamente, antes de volver a mirarlos.

-Yo…

-Está bien que nos lo hayas dicho pero no había porque mentirnos, Nina.- interrumpió la chica.

-Yo…- ahora ya no pudo controlarlo y el labio comenzó a moverse sutilmente, al tiempo que volvía a posar sus ojos claros en sus inquietas manos.

-No nos hablamos en todo el día, fue horrible.- agregó Egil.

-Es que…

-Los chicos tuvieron que hablarnos a solas porque nos encontraron raros. Más que lo común.

-¡Tuve que tomar apuntes en Física!

-Me tragué una clase de Literatura sin reírme.-

Por más estúpidas que fueran algunas acusaciones, a Nina la tocaban, la tocaban mucho. Volvió a cerrar los ojos, pensando en el enorme error que había cometido, y cuando los volvió a abrir los tenía más brillantes que lo común.

-¡Yo de verdad lo siento!- exclamó con voz quebrada.- Lo siento tanto, sabía que no debía hacerlo pero ya me había comprometido. De igual manera no debería haberlo hecho, pude haber arruinado su relación, por más torpe e inmaduro que haya sido el motivo. Lo siento mucho.- y finalmente escondió el rostro en las manos y dejó que todo saliera.

Entonces, algo en la cabeza de los gemelos hizo "click" y ambos perdieron sus semblantes serios. Asleif fue la primera en arrodillarse delante del sofá y pasarle un brazo por los hombros a la menor, al tiempo que decía cosas como "Ay no, por favor no llores. No queríamos lograr esto"; mientras Egil se demoró un poco más, pero finalmente terminó pasándole una mano por el cabello que sobresalía de su gorrito de lana gris y sentándose a su lado, murmurando un tenue "Vamos, pequeña. No nos hagas esto, sabes que me pongo mal".

-Vamos, Nina, detente. No quería herir tus sentimientos, ya sabes el poco tacto que Egil puede llegar a tener.- trató de consolarle la rubia.

-¡Hey!- exclamó él de vuelta. A la menor se le escapó una risita entre el gimoteo y los mellizos decidieron no ir más lejos con la discusión, para no romperla otra vez.

-Está bien…está bien. Ya…ya estoy bien. Pregunten.- dijo entre suspiros ahogados que trataban de desenredar los restos del gran nudo.

-¿Por qué nos hiciste creer que nos estábamos provocando mutuamente?- comenzó Asleif pausadamente, como si estuviera caminando por un campo minado. Una mina ya había explotado a sus pies, no quería otra.

Nina tomó una profunda respiración, tan profunda que los hermanos se alejaron de ella para no agobiarle. Acto seguido lo soltó todo y se dispuso a continuar.

-En la escuela estamos viendo emociones humanas. Ya saben, amor, felicidad, tristeza, ira, orgullo…- hizo una pausa, esperando tal vez que alguno dijera algo, probablemente un comentario sarcástico, pero como no pasó prosiguió-. A cada uno se le asignó una o más emociones para investigar a fondo, y bueno yo…A mí me tocó el…orgullo…-

Bosque y lima se encontraron otra vez, interrogantes, pero el primero con una floreciente comprensión. Volvieron a mirar a la castaña y ésta ya no tenía los ojos acuosos ni lo surcos en las mejillas, solo una leve hinchazón e irritación que resaltaba la claridad de las pupilas.

-Y dije "Hey, debo hacer un trabajo del orgullo. Yo tengo hermanos súper orgullosos, ¿por qué no los analizo a ellos?". Le pregunté a la profesora, estuvo de acuerdo, y….¡por favor no me maten!- se interrumpió a sí misma cuando volvió la cabeza hacia Egil y lo descubrió con la mandíbula casi desencajada.

-¿Nos utilizaste como conejillos de indias?- interrogó con la voz una octava más aguda, de lo que las otras dos se hubieran reído de no ser por la seriedad de la situación.

-La intención no era tan cruda, Gil. Lo único que quería hacer era crear una situación que pudiera ponerlos orgullosos y apuntar las reacciones, nada más. Entiendo que estén enojados, pero yo lo estoy más: podría haber causado un daño terrible.- se defendió y terminó por bajar la cabeza.

Se hizo el silencio por un par de segundos y luego Asleif se puso de pie y le tendió una mano a su hermana. Ella la aceptó dubitativa y también se levantó, seguida de Egil.

-Ahora todo tiene sentido. Tranquila, no fue la gran cosa.- se encogió de hombros la mayor.

-Pero…pero...- suspiró derrotada frente a la mirada de la rubia-…está bien, me callo. Pero ahora, me toca preguntar a mí…-

Los gemelos alzaron una ceja y la muchacha hizo un gesto con la cabeza.

-¿Me salió bien?

-Aww, esa es mi hermanita manipuladora.- dijo una sonriente Asleif, abrazándola por la cintura y levantándola del suelo con exagerada ternura. La castaña comenzó a reír.- Sí, te salió bien, pero de todos modos…hace falta algo mucho peor para arruinar mi relación con el amargo.

-Aww, esas son mis dos hermanitas odiosas.- reaccionó Egil, y acto seguido abrazó a su gemela por la cintura y la levantó, de modo que parecían algo así como un tótem. El problema era que el techo no era lo suficientemente alto, por lo que Nina terminó por golpearse la cabeza. Su gorrito de lana gris cayó al suelo al tiempo que ella se quejaba por el dolor.

-Vaya, se abrazan, ¿qué es lo pasó?- se escuchó una voz proveniente de la puerta. Astrid entraba cargando un par de bolsas de papel, y les miraba con una ceja alzada.

Una vez todos estuvieron con los pies firmemente apoyados en el suelo, y el gorro otra vez en la cabeza de su dueña, los gemelos se dignaron por contestar.

-Que Nina es una maldita manipuladora.

¿Quién murió? ¿Quién volvió? ¿Quién escribió el peor y más largo capítulo de todos? Fuck yeah, finalyyyyyyy!

Primero, ¡HOLA! ¿Cómo están? Ha pasado mucho tiempo y de verdad, perdón. No saben cómo me tienen en la escuela, por lo que no he tenido casi huecos para prender la computadora y terminar el maldito capítulo.

Pero finalmente pude terminarlo, no quedó como me hubiera gustado y estoy bastante disconforme, pero bueno, es lo que salió. Pero de todos modos conseguí lo que quería, que era meterme más en los personajes y sacar algunas cosas más a relucir, sobre todo de Egil que es quien más huecos y cosas por desear deja.

Debido a todo este tiempo de inactividad no me merezco ni medio comentario, pero de igual forma me encantaría que dejaran uno porque no me siento bien respecto a este capítulo…¿7? Wow, esto va rápido, podía jurar que era el 5 XD

Bueno, como ya saben, cometí un error que solo yo entiendo en el capítulo anterior, por eso me vi en la situación de eliminarlo y subir la edición. Espero que también les haya gustado y que más adelante puedan comprenderme. Y…bueno, ¡contesto!

Chicasinmiedo: jajaja, no lo pensé XD XD Dentro de algunos capítulos sabrás lo que pasa con él ;) Me alegro que te haya gustado y quieras saber más, espero que este capítulo no haya quedado tan desastroso y también guste ;) XD Nos leemos!

Arksodia: primero…hay que hacer un topic que se llame masterchef fanfic en el que los personajes de dragons cocinen (?) Okno, no sos la única que delira XD Segundo…obviamente va a tener continuación, nos esperan muchas cosas más adelante, y espero poder subirlas rápido ;) Tercero…no sé XD Jaja, algo que se te ocurre en el momento y bueno, yolo XD Muchas gracias, me alegro de verdad que te haya gustado, y espero que esto no haya tirado abajo tanta esperanza por el modern days :/ Nos leemos!

Y eso ha sido todo, mis lectores. No puedo decirles nada sobre el siguiente capítulo porque ni siquiera sé de qué va a ir (si sigo así, tal vez alguno de Egil), pero espero tener más tiempo para escribirlo y subirlo pronto. Gracias por el aguante y la espera; voy a tratar de que no pase tanto tiempo otra vez ;3

Nos leemos!

PD: no revisé, así que avisen cualquier error!