Capitulo 8

-¿A dónde vamos?
-A Old Town en Alexandría. ¿Lo conoces?- Damon sabía la respuesta pero sintió que debía hacer la pregunta, después de todo Elena se lo había contado al cuervo no a él.
-No, nunca he salido de Mystic Falls, ni siquiera he ido a Richmond.
-Creo que te gustará. Podemos hacer el paseo en tranvía por King Street, ir al paseo marítimo. O visitar algún museo si te gusta.
Damon se comportaba exactamente como Elena lo había imaginado, era divertido y atento y el viaje se iba rápido a pesar de la oscura nube que la chica sentía sobre su cabeza.
-Creí que este viaje tenía algo que ver con tu hermano.
-Sí, su amiga Lexi tiene un pequeño bar allí, iremos a verla luego.
Elena se quedó con la primera frase, iban a ver a la amiga de Stefan, ella seguramente sabía lo ocurrido, se lo diría a Damon y todo el acto de la pareja feliz se acabaría.
Justo cuando pensaba que podía enamorarse de él, que podría sentir eso de lo que todos hablaban aunque fuera una vez antes de morir, y todo terminaría prácticamente antes de empezar.
-¿Podemos ir a verla en la tarde? Tal vez podamos aprovechar el día y regresar a casa en la noche.
-No regresaremos hoy. Si Lexi no puede ayudarme a dar con Stefan, tengo que ir a ver a un par de personas en New York. Le daremos una mordida a la gran manzana.- Terminó haciendo un guiño.
-Sigo pensando que tal vez era mejor que no viniera…-Su voz se apagó, una oleada de culpa parecía querer ocupar toda su garganta y no dejar lugar para nada más.
-Pensé que preferirías venir a pasar los días encerrada en la mansión. Además estoy seguro que no eres la peor compañía del mundo.- Le regaló su mejor sonrisa y acarició un segundo su mejilla. No sería fácil pero intentaría que ella se relajara se divirtiera y no pensara en después.

El viaje duró poco más de dos horas pero luego de esa conversación Elena no vio lo que pasaba frente a sus ojos. Cuando Damon se detuvo en un estacionamiento, la ayudó a bajar y sacó unas maletas de la cajuela, la chica funcionaba de forma automática. El vampiro paró un segundo y abrazándola por la cintura le dio un beso en la sien.
-Deja de pensar, mientras estemos fuera de Mystics Falls, deja atrás todo lo que hay allá. ¿Puedes hacerlo? ¿Por mí?
Ella pareció despertar y fijar la vista de nuevo, para encontrarse con unos hermosos ojos azules que la miraban expectantes.
-Sí.
Su cerebro comenzó a interpretar las imágenes que le llegaban, y se halló caminando frente a un edificio de ladrillos, cruzó la pequeña reja negra de la mano de su novio y se dirigieron a la entrada. Dos escaleras que rodeaban una pequeña fuente, llevaban a la puerta.
-¿Qué es esto?
-Morrison House, nos quedaremos aquí.
En cuanto llegaron a lo alto de la escalera un botones vestido de gris les abrió la puerta y los ayudó con las maletas. Frente a la recepción una pequeña mesa con un hermoso arreglo de flores llamó la atención de Elena y se acercó a olerlas, cuando levantó la vista vio en el espejo que ocupaba toda la pared, la imagen de Damon que la miraba sonriendo de lado.
Se giró para preguntarle a que se debía su mirada, porque no podía descifrarla, pero no pudo hacerlo porque el vampiro se enfrascó en una discusión con el chico que lo atendía y se apartó de ella.
Un par de minutos después se aburrió y comenzó a mirar a su alrededor, las paredes pintadas de un color entre terracota y naranja hasta la mitad, y la parte inferior de un tono mostaza, todo decorado con molduras blancas y elegantes, las luminarias que imitaban candelabros con velas encendidas, y las distintas puertas dobles blancas que llevaban a otras habitaciones, todo distaba mucho de cómo se imaginaba ella un hotel. Caminó hasta una de las puertas abiertas y se encontró con una biblioteca, revestida totalmente en madera y con hermosos muebles antiguos.

-Hola.- Un joven de cabellos castaños y ojos verdes la miraba sonriendo desde uno de los sofás.
-Princesa, la habitación está lista.- Damon la tomó por la cintura y girándola, dejó un pequeño beso en sus labios. Su gesto no podía ser interpretado de dos maneras, estaba diciéndole al chico que regresara a su libro, que no había nada más allí para él.
Elena no pudo evitar sonreír, tal vez debería enojarse porque su novio fuera tan posesivo, pero le gustaba que se comportara así, le gustaba verlo celoso como cualquier chico inseguro de 23 años con su novia. Algo tan distinto al Damon que todos conocían.
-Tenemos una King Deluxe, pero sólo quedaba una.- Puso carita de inocente pero sus ojos brillaban con una picardía que lo contradecía totalmente.

Subieron a la habitación 405 y cuando entraron la chica soltó un gritito. Lo primero que vio fue la enorme cama de cuatro postes altísima. En una esquina había una especie de escalerilla de dos escalones y como una niña pequeña, la subió y saltó a la cama.
Damon rió y se acercó a ella, la tomó de los tobillos y la atrajo hacia él. Elena quedó sentada y él parado entre sus piernas, la cama tenía la altura perfecta y sus rostros quedaron enfrentados, sus miradas enganchadas, sus labios a pocos centímetros de distancia. Acarició con dos dedos su frente y bajó delineando el contorno de su rostro, hasta tomar su barbilla entre su pulgar y su índice. Sus ojos que habían seguido el movimiento de sus dedos regresaron a la mirada color chocolate, se sumergieron en su dulzura, en su inocencia y en ese fuego que podía ver tras su miedo. Escuchó su corazón acelerarse en anticipación y su respiración agitarse levemente.
Ella le rodeó el cuello con sus brazos y dejó que su cuerpo hablara por ella, que sus reacciones respondieran al deseo que veía en los hermosos ojos del vampiro. Y él no la hizo esperar, unió sus labios lentamente, besándola como si quisiera aprender cada detalle de su boca, acariciando sus labios con la lengua le pidió que lo dejara explorarla y ella lo aceptó gustosa.
Soltó su barbilla y bajó las manos a su cintura, para acercarla y pegarla a su cuerpo, sintiendo cada curva de su cuerpo pegarse a él.
Sintiendo su calor, su perfume, saboreándola, entendió que no importaba que hubieran pasado 500 años, ella tenía razón, una parte de él seguía siendo un hombre de 23 años capaz de amarla con el alma completa.

-¿Qué me estás haciendo?- Susurró contra su boca, tan bajito que ella no llegó a entenderlo.
-¿Qué has dicho?- Recuperando el aire le acarició los cabellos con un gesto que sólo Elena era capaz de tener con él, porque Damon Salvatore no hubiese permitido que nadie más lo hiciera.
-Nada.-Apoyó su frente contra la de ella.- Si seguimos así, pasaremos hasta el solsticio aquí adentro y nos meteremos en problemas.- La apretó más contra él y ella sintió una corriente recorrer su cuerpo en cada lugar donde la rozaba, su piel parecía hipersensible al contacto, mientras la bajaba deslizándola contra él.
-Vamos.- El vampiro enganchó las manos de ambos y le indicó la puerta.- Hagamos esto así luego podemos divertirnos.
La joven lo siguió, tratando de adivinar que pasaría si él se enteraba de lo ocurrido, como lo venía haciendo desde el desayuno.
-¿Me contarás tu historia con tu hermano?- Preguntó mientras esperaban el ascensor, si esto iba a destruir su pequeña oportunidad de felicidad, quería saber a que se debía.-¿Por qué estaban tan distanciados?
El vampiro rodó los ojos, bufó, suspiró y prácticamente hizo un berrinche de niño chico mientras entraban al pequeño espacio. Pero cuando la miró a los ojos seguramente encontró algo en su mirada que lo llevó a hablarle.
-Hagamos algo, vamos a tomar un café antes de ver a Lexi.

Al salir del hotel eran casi las 10 de la mañana, se veían muchas parejas de turistas que salían a desayunar y ellos pasaban por una más.
-Cuando cumplí los veintidós años el reino de Nápoles estaba en una situación muy difícil, el reinado de Fernando primero…-El rostro de Elena le dijo que no tenía idea de que hablaba.- Veo que la historia europea no es tu fuerte.- Se rió unos segundos y pasó su brazo por lo hombros de la chica haciéndole un gesto con la cabeza, indicando hacia dónde quería ir.- Conocí a una hermosa mujer, Sage, esposa de un noble. En ese tiempo el matrimonio no tenía nada que ver con el amor, era una transacción comercial, celebrada entre el padre de la mujer y el futuro esposo, la gente se casaba para acrecentar fortunas, para unir feudos, para lograr poder. La mujer dejaba de estar bajo la tutela de su padre para estar bajo la de su marido, que era el encargado de manejar el dinero y las propiedades de ambos. Sin embargo si la mujer enviudaba, lograba un cierto grado de independencia, manejaba su dinero e incluso podía elegir un segundo esposo sin necesitar la aprobación de su padre.

Mientras él hablaba habían llegado a una pequeña cafetería y entraron para sentarse junto a una ventana, lo suficientemente apartados como para que nadie los escuchara. Elena fue a sentarse frente a él, pero Damon negó con una sonrisa y la hizo sentarse a su lado.
-Me enamoré de ella completamente, cada célula de mi cuerpo reaccionaba a su mirada, a su cercanía, mi corazón saltaba y a mis ojos era un ángel, bella, pura y delicada. Por varios meses la cortejé con regalos y poemas a los que ella sólo correspondía con una sonrisa. Esperaba que si su esposo Leopoldo no regresaba, Sage finalmente me aceptaría. Cuando él regresó de la guerra supe que nuestro tiempo se había terminado. Esa última tarde cuando nos vimos a la hora de cenar ella me besó en la mejilla, ese era el gesto que indicaba que finalmente había aceptado mi amor y que esa noche podía visitarla.- Se interrumpió cuando les trajeron el café y los bollos que habían ordenado.
-¿Y qué tiene que ver tu hermano?- Cuestionó la chica cuando notó que no reanudaba su relato.
-Ya llego a esa parte.- Le tocó la punta de la nariz con la suya tratando de aligerar el ambiente pero la tristeza se podía ver en su mirada y escuchar en su voz tan clara como la luz que atravesaba el ventanal.
Suspiró y continuó.- Mi hermano no sabía lo que ocurría, se había enamorado de ella pero no había tenido el valor de cortejarla mientras estaba aún casada. La fortuna de su esposo había caído considerablemente por los diversos problemas de la corte y Stefan planeaba proponerle un trato al hombre para que la liberara.-Negó con la cabeza como si aún no entendiera lo que había hecho su hermano.- Habló con él y Leopoldo decidió ir a ver a su esposa, para saber que opinaba de la propuesta. Me encontró con ella y digamos que no estaba en la situación más honorable. El mayor problema fue que Sage me acusó de forzarla y que su esposo había vuelto con los colmillos más largos. Me atacó y me dejó gravemente herido, para que nadie lo acusara Sage le dijo que no debía dejar ningún testigo vivo en la casa.-Soltó una especie de gruñido, entre dolor y desprecio.- Al parecer ver la nueva faceta de su esposo la hizo reconsiderar su amor y le pidió que la convirtiera y pasaran la eternidad juntos.
Los ojos de Elena se habían ido agrandando.
-¿Y como te convertiste?
-El esposo de Sage fue convertido por el mayor enemigo de Klaus, su padre Mikael. En ese momento estaba creando un ejército, convirtiendo soldados experimentados en vampiros para enfrentar a los hermanos originales. Klaus y Rebekah habían seguido a Leopoldo hasta nuestra casa y cuando comenzó la matanza lograron que una de las doncellas los invitara a entrar. Luego de detener a la pareja nos encontraron. Klaus me dijo que podía salvarme y yo le pedí que salvara a mi hermano, me dijo que su hermana se encargaría de eso. Me ofreció el poder para vengar a mi familia y para que nunca nada volviera a dañarme. Me ofreció la vida eterna sin volver a sentir el dolor que Sage me causó. En ese momento tenía tanto miedo a morir que le dije que sí, creo que no escuché ni la mitrad de lo que me dijo, sólo quería sobrevivir. Y así los hermanos Salvatore nos convertimos en parte de la familia original, nos enseñaron a ser vampiros, viajamos por el mundo y lo único que Klaus me pidió a cambio fue ayudarlo a romper la maldición que lo tortura cada luna llena.
-¿Qué pasó con Sage y su esposo?
-Yo maté a su esposo, fue lo primero que hice luego de convertirme, mi primera muerte fue para vengar a mi familia. A ella no pude matarla, ni siquiera quise saber quien lo hizo, no tuve el valor de volver a ver su rostro.
-¿Y de que viene la pelea con Stefan? ¿Por ella?
Damon rió.
-Por todo en realidad. Él se queja de que yo estuviese con Sage y yo de que quisiera comprarla. Él se queja de que pidiera que lo salvaran y yo de que no aprendiera a vivir como vampiro. Él se queja de que yo no lo ayudé en la rehabilitación y yo de que no ayudó a buscar a Katherina. Pero todo empieza porque ninguno de los dos le dijo al otro lo que sentíamos por ella.
-¿Tú pediste que lo convirtieran?
-No, Stefan no estaba tan mal, Rebekah le dio su sangre y seguramente se hubiese salvado. Pero a la Barbie le gustó y lo convenció de convertirse.
-Entonces no entiendo porqué están peleados.
-A ella no le parecía ue lo ocurrido fuera culpa de ninguno de ellos dos.
-Cuando eres un vampiro todo lo que sientes se intensifica, lo bueno y lo malo. Yo apagué mi humanidad a los pocos días de convertirme, el dolor de lo que había pasado era más de lo que quería sentir, Stefan lo hizo y digamos que no lo llevó muy bien. Tuvimos que convencerlo para que la encendiera nuevamente, así que todos los problemas que tuvimos para él eran mucho más importantes y difíciles de superar. Luego se peleó con Rebekah y de alguna forma también me culpó de eso y yo lo culpé cuando casi me matan en la guerra civil.-Hizo un gesto con la mano.- Pasaron muchas cosas en 500 años, pero siempre será mi hermano.

Terminaron el café en silencio, Damon volviendo a enterrar todo eso que había recordado, Elena intentando procesar lo que había aprendido de él.
El vampiro, no había entrado en muchos detalles pero le había contado cosas que seguramente muy poca gente sabía, estaba segura que ni siquiera Katherine sabía toda la historia. Y a cambio de su sinceridad ella le seguía ocultando lo que sabía, sentía que él se abría a alguien que no lo merecía.

Salieron comentando lo rico de las cosas que habían probado, y Damon le contó como había aprendido a cocinar por una apuesta que había hecho con Kol en Paris en el siglo XVII. El original le había dicho que era capaz de esconderse bajo el vestido de una de las mujeres de la corte durante una hora sin que el marido se diera cuenta, la mujer había caminado por el salón y nadie había notado nada raro, cuando la hora terminó Kol comenzó a hacer de las suyas y la dama fingió un ataque de asma para disimular los gemidos que no podía contener.
-Nunca debí apostar en su contra en algo como eso. Klaus nos sacó de Francia luego de eso y no volvimos hasta que Rebekah quiso ir a la inauguración de la torre Eiffel en 1889.- Damon se detuvo en la puerta de un pequeño local.- Es aquí.
Elena respiró hondo, trató de que su corazón no la traicionara, quiso calmarse pero Damon podía sentir cada una de sus reacciones.
-¿Qué ocurre?
-Soy la doble Damon, me han criado para odiar a los vampiros y para saber que su único objetivo es comerme o matarme. Cada fibra de mi ser me dice que entrar allí no es buena idea.-Una mentira a medias, pero una mentira al fin, ya no se conformaba con ocultarle cosas, le estaba mintiendo en la cara y se sentía terrible por hacerlo.
-Está bien, espérame en esa banca aquí afuera. Sólo me tomará un minuto.
Con un pequeño beso en la sien la dejó allí y entró.

-Hola rubia.-Saludó Damon con una sonrisa, apoyando un codo en la barra.- Ponme un Bourbon.
-Bourbon antes del mediodía, hay cosas que nunca cambian. Apuesto que es tú desayuno.-Rió la vampira mientras servía la copa.
-No lo es, porque eso implicaría que he dormido.- Amplió la sonrisa, sabiendo que Lexi tenía la misma imagen de él que la mayoría.- Vengo a preguntarte por Stefan.

Elena lo observó mientras pedía su trago pero cuando empezó a hablar con la vampira que lo atendía se giró, creyendo que la decepción, la traición y el dolor llenarían los ojos azules y que no soportaría que él la odiara.
-Hola Elena.-La voz de Katherine la sacó de su momento de autocompasión.- ¿Cómo estás?
-Damon está aquí, saldrá en cualquier momento.-Respondió sin siquiera saludarla.
-Lo sé. Sólo quería que sepas que estamos trabajando en el hechizo, en unos días serás libre.
-Pero cómo…
-Jeremy se puso en contacto conmigo, por suerte es lo suficientemente terco y decidido cuando se trata de ti. Debemos romperlo antes de que regresen a Mystic Falls. Debo irme, pero en poco tiempo te llevaré conmigo.

Se adelantó, le dio un beso en la frente y se fue.
Elena se giró justo cuando Damon terminaba su trago y se despedía de su amiga para salir del Bar. Cerró los ojos un momento, si no se había enterado de lo de Stefan, tendría algo más de tiempo para estar con él. Pero ya no cabía ninguna duda, sus días junto al vampiro del que se enamoró estaban por terminar.


He vuelto!

Espero que les guste ;)

Gracias por leer y por los comentarios que siempre dan ganas de seguir, besos