Descargo de responsabilidad: La historia no nos pertenece. Los personajes son de Stephenie Meyer y la historia es de Winddsinger, nosotras solo nos adjudicamos la traducción.

Link de la historia original: www. fanfiction s/ 4819806/ 1/ The-Red-Line

CAPÍTULO 8. ¡NO TE ENCARIÑES!

EDWARD.

De vuelta a casa, en el tren, empecé a discutir algunas ideas que tenía para mi primera vez con Bella. Estábamos sentados juntos y yo le susurraba en el oído, con mi mano acariciando su cintura.

"¿Esta noche?" Le pregunté.

"Sí". Contestó susurrando en mi oído.

"¿Estás segura?" Pregunté en voz muy baja, "puedo esperar todo el tiempo que quieras".

"¿PUEDO YO?" Ese era mi pene hablando una vez más. Cállate, Eddie. Vete a dormir.

"Estoy lista". Dijo sin ningún indicio de vacilación o miedo, "quiero estar contigo, Edward. No tengo miedo. No tienes que tratarme como si fuera tan frágil. No soy virgen y sé lo que quiero. Y eso eres tú. Te quiero, esta noche".

Me alegraba mucho de oír eso. Quiero tratar a Bella con suavidad y cuidado, ya que es nueva en todo esto, pero al mismo tiempo, también quiero seguir adelante y jugar con ella.

Cuando subimos los escalones del metro llovía fuera. Bella se paró, como si fuera a esperar que parara antes de salir, pero yo no podía esperar. La cogí, arrojándola sobre mi hombro derecho, y salí corriendo hacia las húmedas calles, comenzando el paseo de diez manzanas de vuelta su casa.

Estábamos empapados y Bella gritaba y pataleaba con bastante fuerza, pero yo no podía parar de reír. De algún modo, volvía a sentirme como un niño. Solo que más feliz y despreocupado de lo que nunca había sido. Estar con Bella es tan sencillo.

Cuando llegamos empezaba a oscurecer a causa de las oscuras y grises nubes de lluvia.

Dejaría que subiera las escaleras por sí misma, no sabía si tenía miedo a las alturas o algo así. Ella se alejaba de mí, chorreando agua y riendo mientras que la seguía lentamente detrás de ella, cogiendo su húmeda y fría camiseta. Me encanta ver los pezones a través de una camiseta mojada.

Me acerqué lo suficientemente a ella como para darle un intenso beso, medio áspero, sujetando su cabello entre mis puños, intentando controlar mi fuerza.

Ella gritó y volvió a caer a causa de la alfombra roja del pasillo, me puse encima de ella y la fijé debajo de mí, mi pelo mojado llovía sobre ella.

"Gran idea, Bella" gruñí, "lo haremos justo aquí, en las escaleras".

"Uhh, no". Se puso roja como el neón, apartándome un poco de ella, "no creo que a la señora Nevitz le gustara eso. Vamos, malvado".

Se alejó de mí corriendo por las escaleras mientras yo la perseguía gruñendo, igualando su velocidad. Gritó, riéndose mientras la cogía y arrojaba sobre mi hombro otra vez, como el cavernícola que soy.

Si estaba intentando escapar, se estaba portando mal y en este momento no tenía ningún problema de subir las escaleras con ella hasta su pequeña habitación en la torre.

Se agarró a la parte trasera de mi camiseta gritando algo como que no quería caerse.

"Supongo que puedo llegar a entender que estés tan nerviosa". Le dije con calma mientras subía las escaleras sujetándola con firmeza. Nunca se caería mientras yo la estuviera sujetando pero aún así le dije, "la perspectiva de caer por las escaleras desde esta altura no debe ser nada agradable. Pobre pequeña Bella."

"¡Edward!" Gritó pataleando mientras yo llegaba hasta su puerta.

Usé mi llave y pateé la puerta para abrirla y poder así llevar a mi chica dentro. Bueno, al menos había atravesado el umbral cargando con ella. ¿No es eso romántico?

De repente se oyó un trueno aunque ella no le prestó ninguna atención. Para mí era como si el demonio, ese al que todos llaman Dios, estuviera allí, cabreado, intentando advertirle a Bella cual era el castigo por tirarse a alguien como yo.

Pero desde que atravesamos la puerta no podíamos apartar las manos del otro. La fijé contra la pared de la cocina, besándola con fuerza, consiguiendo un beso ansioso como respuesta por su parte.

Deberíamos estar temblando de frío, estábamos empapados, pero calor… y todavía sentí más calor cuando noté las manos de Bella arrancándome la camiseta húmeda que se pegaba a mi pecho. Retrocedí un paso, dejándola que me la quitara, rompiendo nuestro beso por un segundo, aunque después mis labios la buscaron con más intensidad, golpeando una vez más su espalda contra la pared con un ruido sordo mientras ella se quejaba en voz alta.

Gimió mientras yo le devolvía el favor. Quería quitarle la camiseta aunque no quería separar mis labios de los suyos por lo que opté por romperla. Fue demasiado fácil. Ella gritó mientras tiraba la húmeda y destrozada camiseta al suelo y empezaba a buscar el broche de ese maldito sujetador. Lo juro, mañana revisaré todos sus cajones y le escondería todos los sujetadores.

"Por detrás". Jadeó entre besos. Rápidamente y sin ningún problema le quité esa cosa. Se lo arranqué mientras ella gemía y una vez más, sujeté su cabello con uno de mis puños mientras que con el otro le cogí el pecho, apretando y agarrando con pura necesidad.

Estábamos completamente a oscuras, solo iluminados por los destellos ocasionales de los relámpagos, la levanté un poco y rodeé mis caderas con sus piernas, sosteniéndola con ambas manos por su húmedo y dulce trasero, llevándola hasta la habitación mientras ella continuaba besándome con toda la pasión que le había acusado antes que tenía.

"No dejes de besarme…" murmuré en su hambrienta boca.

"Nunca…" jadeó una vez más, llenando mi boca con su lengua mientras hundía los dedos en mi cabello empapado que me caía en parte sobre el ojo izquierdo.

Llegué hasta la cama dejándonos caer a ambos, ella sobre su espalda y yo encima de ella. Sus piernas se abrieron y desabroché el botón de sus vaqueros bajándole la cremallera con rapidez, tirando hacia abajo del lado derecho mientras ella gemía y gritaba, sonidos rápidos que me convertían en un animal.

Era maravilloso pero no era como yo había planeado que fuera nuestra primera vez. Así que, por su bien, tuve que frenar las cosas un poco.

"Bella". Dije, aunque casi no había tiempo para hablar entre sus besos, "quiero que esta noche tú tomes el control."

"¿Hmmm?" Ella no me estaba escuchando mucho, con sus piernas apretadas alrededor de mis caderas y moviendo la pelvis de arriba abajo, empujando contra mi enhiesto pene.

"Esta noche es para ti". Dije, poniéndome de rodillas y quitándole el pantalón.

Estaba allí tumbada, sonriéndome mientras yo deslizaba las dos manos hacia arriba, hasta sus braguitas de algodón, acariciando su vello mientras ella emitía un maullido, para luego bajarlas y sacarlas por sus lindos pies.

Abrí mi pantalón y me lo quité, revelando mi ropa interior negra, su sonrisa se amplió .

También me los quité, tirándolos al suelo y volviendo con Bella.

La besé una vez más, con toda la energía que tenía antes de que su pierna volviera a enredarse en mi cintura.

"No, no". La reprendí suavemente, sonriendo, "chica mala. Ven aquí".

La moví de modo que era yo el que, en este momento, estaba sobre mi espalda, en el centro de la cama, y ella estaba encima de mí, sentada sobre mis caderas.

"Mis manos van a estar aquí todo el momento". Le informé, situándolas sobre la porcelana con un diseño de rosas y vides del cabecero, "tú tienes el control, Bella. Esta vez. Hazme lo que quieras."

Sabía que esto la haría feliz y no me equivoqué.

Estaba seguro de que su primera, el maratón de treinta y tres segundos, fue totalmente centrada en él situado sobre ella, golpeando y rebotando hasta que se corrió y la sacó, dejándola totalmente humillada e insatisfecha. Esta experiencia sería muy diferente para ella. Cerré los ojos, con una sonrisa agradable en los labios mientras esperaba el tacto de Bella.

Seguramente yo estaría al cargo y tendría el control total en nuestros próximos encuentros, así que era justo que esta primera vez, ella llevara las riendas. Esto también me diría mucho sobre ella, viendo como se desenvolvía.

Se movió un momento, aunque no se fue. Eché un vistazo y tenía mi camiseta roja plegada de forma rectangular. Sonriendo y agachándose, me besó con suavidad y luego puso la camiseta sobre mis ojos, sin atarla detrás de mi cabeza, solo dejándola allí, escondiéndola de mi vista.

"Esto me encanta." Compartí con alegría.

Algunas mujeres hacen que me cague de miedo cuando me vendan los ojos, abriendo y cerrando unas tijeras cerca de mi oído, encendiendo fósforos… Una vez, Raven afiló cuchillos cerca de mí mientras tenía los ojos vendados.

Pero confío en Bella. Con ella no tengo miedo.

Antes de hacer ninguna otra cosa, dejó caer pequeños y dulces besos sobre mis labios, en mi barbilla, en el hoyuelo de esta y en cada centímetro de mi rostro, incluida mi frente.

"Edward…" dijo mientras me besaba, "no eres un juguete… no eres una propiedad… eres un hombre maravilloso, hermoso… y no me estoy refiriendo a lo que se ve. Me refiero a ti. No te poseo aunque… esta noche… me perteneces. ¿Está claro?"

La sentí arrastrándose sobre mi pecho y luego sus piernas estaban a ambos lados de mi cabeza, un maravilloso aroma estaba sobre mí, muy cerca.

"Sí, Bella". Respondí, con voz profunda, sintiendo como las comisuras de mis labios se elevaban un poco. Espero que no pueda oír en mi voz lo mucho que me había gustado lo que acababa de decirme, aunque falso, me gustaría que fuera así.

Estaba esperando a que me dijera algo más, ojalá solo dijera "lame". O algo así, pero su pequeña lengua no le permitiría pronunciar ese tipo de palabras. Su voz solo decía palabras de amor y compresión.

Una vez más, se lo facilité, pero en el futuro no habría más indulgencia para ella. Aprendería a expresar sus deseos antes de que mi tiempo aquí se acabara.

Le di un pequeño lametón, burlándome de ella mientras exhaló una respiración aguda. Sentí un pequeño tirón en el cabezal y me imaginé sus manos sujetando la parte superior del mismo para apoyarse.

"Pórtate bien, Edward". Dijo con voz muy tranquila, "no querrás que te castigue, ¿verdad?" Su pequeña risa me hizo saber que ahora estaba jugando. ¡Sí!

Volví a lamer una vez más, para detenerme de nuevo, intentando aguantarme la risa.

"Está bien, Edward, eso es todo". Me advirtió por última vez, "mañana no podrás ver Bob Esponja".

"Mmm…" Hice un pequeño ruido de protesta y busqué con mi lengua, encontrando su piel blanda, cálida, húmeda, delicada, delgada y pulsante mientras movía mi boca y giraba mi lengua.

Niñita codiciosa. Supongo que siete orgasmos no habían sido suficientes. Creo que estoy creando un monstruo. Pero no podía enfadarme con ella. Estaba recibiendo lo que quería y estaba muy orgulloso de ella. Quería verla haciendo esto más a medida que pasaba el tiempo.

"¡Mmmm!" Gruñí y emití un zumbido mientras chupaba y mordía, haciendo sonidos mientras ella chillaba, gemía y me gritaba. Juntos hacíamos un hermoso dueto y no quería que terminara. Estaría lamiéndola toda la noche si es lo que quería.

"¡Ohhh, sí, EDWARD, SÍ!" gritó y exhaló como una tigresa herida, "¡NO PARES, JODER NO PARES EDWARD, POR FAVOR!"

Me encanta que las mujeres se pongan tan cachondas, maldicen como marineros. Especialmente cuando son tan inocentes que nunca hablan así en su vida diaria.

Mi Bella se estaba corriendo con fuerza y me alegré. Continué besando sus sensibles labios mientras ella empezaba a relajarse y descender. Gritó y se estremeció, alejándose, ahora era muy sensible a cualquier tipo de contacto.

Me quitó la venda de los ojos y sentí como me limpiaba la cara y la boca. Me sonrió y mantuvo un segundo la camiseta sobre mis labios.

"Mmmm". Murmuré por debajo de ella, de placer e indefensión a la vez, fijando mi nublada y pesada mirada en ella, deseándola pero siendo incapaz de rogar por ella en este momento.

"Tu turno". Sonrió y me volvió a vendar los ojos mientras descendía por mi cuerpo, besándolo, su pelo mojado creaba surcos de humedad a medida que bajaba.

Era como si hubiera necesitado cien años para llegar allí, pero aún así, esperé. Con los dedos apretados alrededor del duro borde del cabezal. Sentí como envolvía suavemente alrededor del tronco de mi pene y empezaba a moverla lentamente, arriba y abajo.

"¡Uuuhhh!" Gemí inmediatamente, arqueando mi cabeza mientras mi columna se elevaba un poco por su cuenta.

Jadeaba y me retorcía como una niña, intentando mantenerme calmado, pero fallando miserablemente.

"¿Te gusta despacio…?" preguntó suavemente, moviéndose más despacio mientras yo gemía un poco más, "¿o… rápido?"

Ahora subía y bajaba a un ritmo mucho más rápido, haciendo que quisiera gritar.

"BELLA". Hice una mueca, mis brazos temblaban, intentaba no soltar la cabecera.

"¿Entonces?", ahora su mano se movía más despacio, "¿cómo es?"

No podía decidirme. Ambas formas eran una maravilla. Y aunque sabía que no era lo que Bella quería oír, me gustaba como a ella le gustara. Tal vez tuviera razón en algo. Ya ni siquiera tengo opinión propia. Hmm.

"Quiero oír lo que quieres, Edward". Dijo, "si no me lo dices, pararé y volveremos a al tiempo de terapia2.

"¡No, no!" Gemí mientras intentaba decidir qué me gustaba más.

"Bueno, entonces dime". Me empujó, "tienes diez segundos".

Ahora iba más rápido y me estaba volviendo loco. Aunque más lento hará que aguante más y así ella, tal vez, podría chupármela.

"Cinco segundos…" Me advirtió.

"¡Más despacio, más despacio!" Decidí. Ahora me sentía algo caliente y sudoroso.

"Buen chico". Se movió más despacio mientras yo jadeaba y puso los labios justo en la punta de mi pene, chupando por un segundo, lamiendo una gota de humedad de la cabeza.

Gruñí con lujuria mientras ella decía "mmmmm", apreciando mi sabor.

Se movía arriba y abajo, con un movimiento lento, suave, y finalmente preguntó: "¿Quieres que te la chupe, Edward?"

No, en realidad no. Juguemos a las damas. ¡POR SUPUESTO QUE QUIERO QUE ME LA CHUPE!

"Sí, Bella… por favor…" lo necesitaba tanto como el aire para respirar.

Burlándose de mí, empezó a dar pequeños lametones en mi tronco, tal y como yo había hecho con ella. Había prestado atención, tenía que reconocerlo, y ahora estaba haciéndome exactamente lo mismo a mí, enseñándome lo mucho que le gustaba. Aprende rápido.

A pesar de llevarlos cubiertos por mi camiseta, cerré los ojos. Por favor, por favor, rezaba a Bella, mi diosa, por favor hazlo… estoy tan sensible, normalmente necesitaba mucho tiempo para ponerme tan tenso y nervioso. Pero Bella me había puesto así en unos momentos.

"Por favor… " susurré, gimiendo y apretando los dientes mientras ella me daba un gran lametón por todo el lateral, girando la lengua alrededor de la cabeza y chupándola con fuerza mientras gritaba, sin palabras, convirtiéndome en un ser sin mente, solo reaccionando ante los estímulos y la rugosidad de su lengua de terciopelo.

"Que grande…" dijo con suavidad, "espero poder hacer un buen trabajo".

Lo único que yo podía hacer era gruñir y gemir mientras ella seguía moviéndose de arriba abajo, lamiendo y chupando solamente la cabeza de momento. Me estaba matando de placer, la cabeza es súper sensible y ella estaba recreándose como el demonio.

Quería gritarle que me hiciera correrme en su boca, pero me mordí el labio inferior, y mantuve la boca cerrada.

"Supongo que voy a sacarte de la miseria, Edward". Dijo con cuidado, un segundo más tarde, su boca me rodeaba, mojada, caliente, apretada. Chupando, lamiendo y acariciando.

"¡MIERDA!" Gemí jadeando, mis ojos se abrieron contra mi voluntad, encontrándose con el rojo de mi camiseta frente a ellos.

"¡DIOS! ¡MALDITA SEA!" Jadeé mientras ella movía su boca y su lengua arriba y abajo, ahora un poco más rápido, mientras que al mismo tiempo continuaba bombeando con su mano. Entonces sentí como con su otra mano acunaba mis pelotas.

¡Me estaba matando y me encantaba! Creo que aquí, en esta área, Bella sabía lo que se hacía. Ves, siempre pasa con las silenciosas…

"¡BELLA! ¡Bella!" Dije entre dientes.

Me ignoró y continuó trabajando como una experta, subiendo y bajando cada vez más rápido, enterrándome completamente en su boca. La cruda sensación de mi pene golpeando con la parte trasera de su garganta me hacía gritar.

Y podía oír los sonidos que hacía mientras me daba placer, pequeñas arcadas, gemidos, mmmms, todos ellos me empujaban más al borde.

"Oh, joder, Bella, me voy a correr!" Le advertí por si quería apartarse antes de que pasara. A algunas mujeres no les importa tragárselo.

¡Esto la hizo ir más rápido y fuerte! Grité esperando… sintiendo como todo mi cuerpo convulsionaba con éxtasis y lujuria.

Sentí como explotaba con fuerza y me puse rígido, con la esperanza de que esto no disgustara a Bella. En cambio, sentí una avalancha de nuevo placer cuando su boca continuó chupando y sentí como se lo tragaba todo.

Y ahora estaba empezando a lamer y chupar la punta. ¡DIOS, NO! Ahora está jodidamente sensible para eso.

Me retorcí y sacudí mientras gruñía y Bella se rio una vez más, deteniéndose y recostándose junto a mis piernas, besando el hueco de mi pelvis.

"Dios..." Gemí, todavía me sentía debil, pero de una manera gloriosa.

"¿Yo... lo he hecho bien?" preguntó, tan inocente como un alumno de primaría. ¿A quién cree que está engañando?

"No, ha sido horrible". Bromeé, "Solo me he corrido así porque te tengo lástima."

Se rio y me pellizcó la cara interna del muslo.

Auch!" Me reí, a punto de soltar las manos del cabezal: "¡Estaba bromeando! ¡Bromeaba! Sí, lo has hecho bien. ¡JODIDAMENTE increíble, Bella! ¡No creo que nunca antes me haya corrido tan fuerte! ¡Jamás! De verdad"

"Bueno, te lo mereces." Respondió sin quitarme la venda, "Me gustaría poder darte otros seis como este, como hiciste tú por mí."

"Siete". La corregí: "Esta noche te he dado el octavo."

"Gracias, señor Llevo la cuenta." Dijo, acariciando mis piernas con una mano.

"No hay de qué, señora Chupona". Le dije bromeando, sonriendo y tratando de calmar mi respiración un poco más.

"¿Puedo tumbarme sobre ti?" Me preguntó.

"Siempre." Respondí.

Ella puso su cuerpo cálido y desnudo directamente sobre el mío, sus pechos eran dos círculos ardientes apretados contra el mío mientras acomodaba su cabeza debajo de mi mentón. Aún tenía el pelo húmedo y frío, pero se sentía contra mi piel ardiente y pude sentir sus pliegues húmedos contra mi satisfecho y dormido pene.

No tardaría mucho tiempo antes de volver a despertar, aunque no sabía cómo decírselo a Bella. Solo necesitaba unos minutos, a diferencia de muchos de los hombres que normalmente necesitan de quince a veinte minutos. Sí, soy un bicho raro. Franken-polla.

"Estoy empezando a entender por qué la gente siempre te mete cosas en la boca." Se burló mientras se relajaba sobre mí, "hablas mucho, igual que yo."

Sonreí, "Bueno, al menos yo no pregunto si necesitas ir al baño".

Nos reímos de un par de minutos y dijo: "Me gusta como gritas y ruges. Me has excitado tanto que me has hecho ir más rápido y más fuerte de lo que he ido nunca antes. Me has inspirado."

"Gracias... creo." Me gustaría poder abrazarla, pero todavía no me había liberado.

"Oh oh". Dijo Bella moviéndose un poco, "Alguien ha despertado."

Podía sentir mi pene nuevamente preparado, listo para más.

"Lo siento, Bella" Dije en voz baja: "Es solo que..."

"Shhhh". Puso su dedo sobre mis labios "deja de disculparte. No me gusta".

Ahora está robándome las frases. Menuda ladronzuela. Sonreí, sin poder evitarlo.

"Sí, Bella." Dije con voz profunda.

"Ahora voy a dejar que vuelvas a ver." Me informó, quitando la camiseta de mis ojos. La luz era tenue y suave y mis ojos no necesitaron mucho tiempo para adaptarse.

El cuerpo de Bella se veía tan hermoso ahí, encima de mí, tan perfecto.

"Puede que necesite tu ayuda, Edward." Susurró con timidez, sentándose a horcajadas sobre mí.

"¿Puedo usar mis manos, Bella?" Le pregunté, queriendo ayudarla con toda mi alma.

"Oh! sí" dijo confundida por un segundo.

Solté la cabecera y me senté un poco, "ven aquí.", le dije y volví a tomar sus labios con los míos, agradecido porque me hacía sentir tan condenadamente vivo. Cogí un puñado de su cabello y le di un largo y profundo beso lleno de emoción.

Cuando solté su cabello, abrió los ojos, parecía un poco mareada. Sonreí y pregunte: "¿Estás bien?"

Asintió, se sonrojó y me sonrió.

Me giré y me acerqué a la mesita de noche, donde había puesto mis condones. Arranqué la envoltura con los dientes y lo deslice con rapidez y sin problemas. Podría hacer esto dormido.

Victoria es la única mujer con la que nunca uso condón. No podía tener hijos y me había dicho que solo se acostaba conmigo y con Emmett. Podría haberlo discutido, pero era una de sus reglas. A Victoria no le gustaban los condones y si yo insistía en usar uno, estaba fuera. Y Victoria me había salvado la vida, no iba a darle mucho follón con este tema.

"Te deseo, Edward." Finalmente había dicho las palabaras, "ahora"

"Sí, Bella." Sonreí, estaba preparado para ser su maestro. "¿Alguna vez has estado encima?"

"No" dijo sin vergüenza.

"Está bien, es fácil." Le aseguré, "siéntate encima de mí."

Volvió a ruborizarse, mientras se sentaba, su entrada justo sobre mi erección.

"Muévete un poco hacia atrás." La guie, "colócate sobre mí."

Sostuve la base de mi pene y vi como se colocaba tímidamente en la posición correcta.

"Buena chica". Dije con aprobación, "déjame entrar en ti, lentamente… sumérgete en mí…"

Una de mis manos acariciaba la parte externa de su muslo mientras seguía mis instrucciones... moviéndose lentamente... abajo... abajo... uhhhhhh, la punta estaba dentro... penetrando... Sí... DIOS, ¡es estrecha! No mentía sobre eso.

Dejó escapar un pequeño gemido mientras me permitía empalarme en su caliente humedad. Sentía como mi pene estaba siendo estrujado cuando se movió hasta la base. Estoy dentro de ella... por completo. Paraíso.

"Espera". Tomé sus manos, quería sentirlo, solo por un momento, sin moverme, sin que nada me distrajera de esta maravillosa sensación. Encajábamos a la perfección. Fue el único pensamiento que cruzó mi cabeza en ese momento y no pude desmentirlo o alejarlo.

Ella emitía sonidos de placer, tal vez también estaba sintiéndolo.

"Muy bien, Bella." Solté sus manos, poniendo un beso en cada una, "sujétate en el cabezal y, al ritmo que quieras, comienza a moverte arriba y abajo."

Mis dedos tocaron su trasero desnudo mientras comenzaba a montarme, lentamente al principio, tomándose su tiempo para sentir y al mismo tiempo disfrutar sus propias sensaciones.

"Síííííí... Ohhhh..." rugí, haciéndole saber debajo de ella, en villa Edward, todo era felicidad y alegría, "ohhh, Bella."

"Edward...". Respiró, "¿lo estoy haciendo bien?"

"Perfectamente bien". Me estremecí, mordiéndome el labio, casi podía saborear mi sangre, "estás tan mojada y eres tan estrecha, me estás matando, Bella. Se siente tan bien. No te detengas."

Unos quince minutos después, me estaba montando muy fuerte y la penetraba, sujetando su trasero para ayudarla a moverse más profundo y más fuerte cuando sus rodillas empezaron a temblar.

"¡JODER BELLA, MIERDA!" Gritaba, levantando mis caderas y golpeando su trasero hacia arriba y abajo sobre mis testículos, los fuertes ruidos del colchón luchaban contra el chirrido del cabezal que Bella movía con las manos, sus pechos se balanceaban y su boca gritaba junto a la mía.

Treinta y tres segundos. No es un record muy difícil de romper.

"¡Ohhhh!" Bella aullaba y se impulsaba hacia abajo, "¡EDWARD! ¡OH DIOS, Edward!"

Los dos sudábamos. Generalmente podía aguantar unos quince minutos, pero, ella era tan estrecha que no podría aguantar mucho más tiempo.

"¡Zorrita caliente!" Me oí gruñir y aullé mientras me montaba con fuerza. Sí, yo también puedo maldecir como un marinero cuando estoy cachondo.

Ella estaba gritando de un modo tan estridente, sin palabras, que sospeché que, una vea más, estaba cerca. Yo también lo estaba.

"UUGGGHHHHHHH!" Rugí, sintiendo como mis fluidos se liberaban en ella, bueno, en realidad, en el condón. No pude moverme por un delirante minuto.

Estaba jadeando y exhalando como si fuera un animal que hubiera acabado de correr dieciséis kilómetros, mientras levantaba el culo de Bella, lentamente, apretando los ojos para salir de su interior.

Respiré hondo, con alivio y alegría absoluta mientras ella se tendía a mi lado, en el hueco de mi brazo, que se enroscó a su alrededor estrechándola, manteniéndola a salvo junto a mí, mientras tratábamos de respirar, sin palabras y sufriendo la más dulce tortura imaginable.

Éramos un par de desastres temblorosos, mojados y sudorosos, pero nos aferrábamos el uno al otro con desesperación, sin querer liberar al otro.

Unos diez minutos más tarde, después de haberme deshecho discretamente del condón usado, le pregunté: "¿Así que... estar encima... te ha gustado?"

"Dios, sí." Respiró, apartando su húmedo cabello de sus ojos, besando mi pezón y jugando con él con su dedo.

"Bien". Metí la mano en la mesita de noche: "Entonces creo que te has ganado una pequeña sorpresa. Recuéstate."

Me sonrió y frunció el ceño, confundida.

Pero hizo lo que le dije y le mostré una de mis cosas favoritas.

Parecía un huevo de plástico ovalado, aunque muy pequeño. Con un pequeño cable en un extremo conectado a una cajita blanca del tamaño de la palma de mi mano.

"Este es un nuevo juguete, Bella, y es solo para ti." Le dije, "No es hardcore, es muy pequeño y no da ningún miedo. ¿Ves? Es un objeto diminuto. ¿Quieres intentarlo?"

"Está bien." Parecía curiosa y separó un poco las piernas.

"Si no te gusta, simplemente dilo y se irá, ¿de acuerdo?" Pregunté, besando su boca tres veces.

"Está bien." Cerró los ojos y se relajó, confiando completamente en mí.

"Aunque sospecho que te gustará." Le aseguré: "Ahora, cuando lo encienda, zumbará un poco, pero no pasa nada."

"Edward, no es la primera vez que veo un vibrado." Bella abrió los ojos y me sonrió.

"Bien, cállate, antes de que meta algo en tu boca." Sonreí, girando el botón en mi mano en la posición más baja para comenzar.

Puse la punta del huevo ovalado en su lugar, justo encima de su clítoris ligeramente húmedo.

Comenzó a zumbar, y Bella reaccionó de inmediato. Le sonreí, mi pierna enroscada alrededor de una de las suyas, manteniéndolas un poco separadas, para que no pudiera escapar.

Gemía y jadeaba, me miró con incredulidad.

"Te he dicho que te gustaría." Le sonreí, y a continuación me concentré en dónde pondría el huevo después. Lo moví lentamente, encontrando diferentes puntos donde me detenía y lo dejaba ahí, zumbando y vibrando mientras los jadeos de Bella comenzaban a intensificarse.

A veces aumentaba la velocidad para después reducirla, haciéndola gritar mientras me reía para mí. La empujaba al orgasmo para después bajar la velocidad en el último momento.

Lo hice tres veces hasta que Bella me gritó. "¡NO!" gritó, "¡Edward, NO! ¡POR FAVOR!¡POR FAVOR!" Se aferró a mis brazos y la sujeté con fuerza.

"¡Compórtate pequeña zorra!" Puse una mano sobre su boca y sonreí para hacerle saber que estaba jugando con ella, "lo aguantarás y callarás o te pondré sobre mis rodillas. Y te correrás cuando diga que puedes hacerlo."

Después de un par de veces más dejé que se corriera, y vaya si se corrió. FUERTE. Una y otra y otra vez. No tardó en gritar como una banshee tras una hora de jugar con el pequeño vibrador. Después la sujeté del pelo y la levante, poniéndola de rodillas, girando su trasero hacia mis caderas.

"Hora de hacer realidad la fantasía de ser tomada por detrás." Le dije, su cabello le cubría media cara mientras me ponía un nuevo condón, la incliné y la penetré. Sus gritos eran música para mis oídos.

=:=TRL=:=

A la mañana siguiente, alrededor de las siete y media, le llevé a Bella el desayuno a la cama. La desperté con besos y caricias y, aunque parecía muy feliz y exhausta, también estaba muy hambrienta.

Nos sentamos en la cama, desnudos, y comimos como cerdos cerca de una hora hasta que dijo que tenía que ducharse y prepararse para ir a clase. Me dijo que volvería a casa alrededor de las cuatro.

Era perfecto, porque hoy, a las doce, tenía que entregarle unas pizzas a Paige.

Me sentía como un pedazo de mierda por ir, después de la noche con Bella. Deseaba poder deshacerme de estos trabajos durante las dos semanas que estaría con de Bella, pero Victoria me cortaría las pelotas si lo hiciera. Y había sufrido la ira de Victoria antes. No era agradable.

Victoria siempre se lleva un porcentaje de lo que gano, pero tiene más que ver con su reputación que con el dinero. Además, quería el control total sobre sus empleados. Si lo decía, teníamos que hacerlo. O estábamos despedidos. Y simplemente, no puede quedarme fuera. Necesito todo el dinero que pueda ganar. Trabajar en Red Lobster no va a pagar las cuentas del hospital.

Bueno, Bella siempre decía que podía hacer lo que quisiera mientras ella estaba en clase. Aunque me siento como si la estuviera engañando. Eso no me gusta. Estaba empezando a encariñarme.

Mi cerebro gritó, como un sargento. ¡NO te encariñes, CULLEN! ¡Haz tu trabajo y dejar de actuar como una nenaza!

¡ESTA BIEN! Me respondí a mí mismo mientras ella se vestía. Me senté en la cama, preguntándome si debía decírselo o no. Llevó muy bien lo de la despedida de soltera, pero esto era diferente.

"Hey". Sonrió mientras se ponía la camiseta, "¿estás bien?"

"Sí". Salí de mi estado de coma, sonriéndole, "yo... tengo otra cita hoy, a las doce. ¿Está bien si voy o quieres que me quede aquí?"

"No, ve." Me miró y caminó por el apartamento, guardando su cuaderno y varias cosas en su mochila, "deja de preguntarme todo el tiempo. Ya te lo he dicho, no soy tu dueña."

"Lo sé, pero…"

Se inclinó, besándome profundamente antes de que pudiera decir nada más. Arrodillándose sobre la cama, sujetó mi cabello y envolvió sus brazos alrededor de mi cuello. Me dio seis pequeños besos más y me miró con ojos amorosos.

"Anoche fue mágico... Edward." Sus ojos estaban nublados y, mientras hablaba, podía sentir como mis ojos se humedecían.

"Sabes, me has arruinado para nadie más." Me informó, besándome otra vez y sentí como mis brazos se apretaban alrededor de su cintura, mis manos frotando arriba y abajo su espalda, tocando las puntas de su cabello.

No sabía qué decir en respuesta, pero mi voz sonó casi rota cuando dije, "Bella..."

"No estoy enamorada de ti, no es lo que estoy diciendo." Me aseguró, mirando a otro lado por un segundo, luego besó la punta de mi nariz, "solo estoy diciendo que... has sido... ni siquiera puedo describirlo. Solo digo que, cuando sea vieja y con canas, y esté sentada al lado de mi calvo y gordo esposo viendo Hollywood Squares... estaré pensando en ti... soñando con anoche... con lo bien que te sentías... y cómo hiciste sentir..."

Sentí como mi garganta se encogía, silenciándome.

"No sé lo que estoy diciendo", sonrió Bella, jugando con mi pelo, "Sin duda alguna anoche me revolviste el cerebro y tengo que ir a clase e intentar PENSAR. No es justo."

"Bella, tengo que…" empecé, pero alguien tocó la puerta.

"Oh, ¡las chicas!" Se rio y retorció entre mis brazos y se lanzó a abrir la puerta. Cerré mis ojos. Me duele la cabeza. ¿Por qué? Bella sabe lo que soy, ¡ella me ha comprado! ¿Por qué me molesta esto ahora?

Estaba en ropa interior cuando las chicas entraron. Sentado sobre la colcha con las sábanas revueltas cuando cruzaron la puerta.

"Bella, ¿has estudiado para el examen de..." le estaba preguntando Alice cuando se detuvo y miró hacía la habitación dándose cuenta de mi presencia. Rosalie tampoco hablaba, aunque me sonreía con una ceja levantada cuando me di cuenta de que estaba siendo observado.

"Hola chicas". Me animé y les sonreí con cariño, sin molestarme en taparme ni ocultar nada.

"Hola... Edward." Rosalie estaba boquiabierta cuando Bella se precipitó sobre ellas y las cogió del brazo.

"¡Tenemos que darnos prisa, llegamos tarde!" gritó Bella, para que sus amigas quitaran sus ojos de mi cuerpo. Me puse de pie y las seguí, queriendo despedirme de Bella.

Alice se dio la vuelta y me vio de pie con mi pequeño bóxer blanco, su voz sonó cinco octavas más baja cuando exclamó: "¡OH POR DIOS!"

"Bella". Dije en voz baja, no podía quitarme esta sensación. Me sentía terrible.

"¡Esperadme fuera chicas, gracias!" dijo Bella, empujándolas y cerrando la puerta tras ellas.

"¿Qué pasa, Edward?" Se acercó y me abrazó, poniendo su cara en mi pecho desnudo, "¿Te sientes bien?"

"Sí". Le devolví el abrazo, "pero hay algo que debo decirte... sobre el día de hoy."

"¿Qué es?" parecía preocupada por mí.

"Vamos, Bella!" Rosalie golpeó la puerta y la miré molesto, "¡tenemos que estudiar un poco antes de la clase! ¡Y sé que TÚ no tuviste tiempo de estudiar anoche!"

Fruncí el ceño, mirándola, "¿tenías que estudiar y no lo hiciste?"

"No es gran cosa." Bella bajó la mirada, "es sólo un pequeño control."

"Bella..." le reñí, eso no me gustaba. "A partir de ahora esperaré. Si tienes cosas importantes que hacer, debes hacerlas primero y después podrás tenerme cuanto quieras. ¿De acuerdo?"

"Está bien." Me sonrió y yo hice lo mismo.

"Te echaré de menos." Me oí decirle y de inmediato me arrepentí.

Demasiado cariñoso. Tal vez sea bueno que tenga este asunto de la pizza hoy. Me ayudará a reenfocarme.

Tomaré un baño, volveré a mi rutina, y este sentimiento se irá.

"¿Lo harás?" Bella sonrió, y le devolví una sonrisa débil, "y también te echaré de menos."

"Debería irme, nos vemos a las cuatro, ¿de acuerdo?" Bella empezó a dirigirse a la puerta que las chicas seguían golpeando.

"Está bien." Le guiñé un ojo.

"Ah, y para esta noche..." Los ojos de Bella se iluminaron: "Tengo un pequeño plan. Te lo diré después de la cena, ¿de acuerdo?"

"Muy bien, Bella." Traté de sonreír más.

"Sé bueno. Hasta luego." Se despidió y abrió la puerta, dejándome.

A trabajar. Me ordené a mí mismo y fui a bañarme, quitando todos los maravillosos olores de Bella de mi cuerpo, sintiéndome más frío, a pesar del agua caliente.

=:=TRL=:=

Me paré en la puerta, sujetando la caja de la pizza. En mi gorra ponía " Johnnie ́s Pizza " y llevaba camiseta y vaqueros con ropa interior y zapatillas.

Respira. Toca el timbre.

Lo hice y esperé. Había estado aquí antes. Era una mansión, aunque muy fría y vacía.

Después de que el timbre sonó por tercera vez, la puerta se abrió bruscamente. Ahí estaba Paige, una mujer de cuarenta años, seguía siendo atractiva con tan solo una o dos líneas en las esquinas de los ojos. Cabello largo y rubio, maquillaje impecable, uñas perfectamente cuidadas, vestía una cara bata larga de seda de color negro. También llevaba un anillo de diamantes de gran tamaño y una alianza de matrimonio.

"Pizza." Sonreí, a punto de entregarle la caja cuando me abrió la puerta y se dio la vuelta, regresando a la enorme y cara casa.

Me quedé donde estaba, esperando que me pagara.

"Vamos chico, tengo que darte tu dinero." Dijo y entré, la puerta de madera se cerró por su cuenta una vez que hube entrado.

Estaba de pie en su cocina, con el bolso en la mano, buscando su cartera.

"¿Cuánto es?" preguntó, sonaba aburrida.

"Doce con cincuenta, señora." Respondí, esperando educadamente, colocando la pizza en la isla de madera del centro de la enorme cocina.

"Un robo si me lo preguntas." Murmuró, sacando su cartera, "Siempre está jodidamente fría cuando llega aquí."

"Lo siento, señora, la he traído directamente, debería estar caliente." Dije un poco nervioso.

"¿Qué quieres apostar..." se volvió hacia mí, con mirada molesta "que está fría una vez más?"

Fruncí el ceño y la miré confundido cuando abrió la caja. El queso no estaba fundido y ni remotamente caliente. Estaba fría.

"¿Lo ves?." Me desafió.

La miré y tragué, parecía más nervioso.

Con cuidado, puse un dedo en el borde de la misma. Hice una mueca.

"¿Fría?" enarcó una ceja con arrogancia.

"Sí señora". Miré hacia abajo, "Uh, la devolveré y le traeré una realmente caliente."

Comencé a caminar hacia la puerta, pero me agarró de la parte de atrás tirando de mí hacía la isla, arrojándome sobre la pizza mientras mis ojos se agrandaban.

"¿Qué está haciendo?" Traté de enderezarme, pero me agarró del pelo, metiendo mi cara en la pizza mientras yo gritaba y luchaba, un poco.

"¡Si esta pizza estuviera caliente, tu bonita cara se estaría quemando!" gritó, "¡pero esta tan fría que solo está hecha un desastre!"

"¡Señora, por favor!" dije intentado ponerme derecho, pero ella me estaba sujetando. Mi cara estaba muy cerca de la pizza, aunque sin tocarla. Llevaba

un poco de salsa en mi boca y en la mejilla "le he dicho que lo siento. Por favor, déjame traerle otra".

"¡Estoy harta de que me estafen!" siseó, cogiendo un cuchillo de un bloque de madera y poniéndolo a unos centímetros de mi cara. Cerca de mi mejilla y dijo: "Dame tus manos y si intentas huir, ¡te marco la cara!"

Coloqué mis manos detrás de mí, temblando un poco mientras abría un cajón cercano.

"Señora..." comencé, "por favor, no estoy intentando estafarla... Solo reparto las pizzas".

"¡Cállate!" gritó y sentí como rodeaba mis muñecas con cinta adhesiva, dando unas cinco vueltas, luego mordió la cinta y la rompió, sujetando mis brazos.

"¡Levántate!" tiró de mi pelo para levantarme y me estremecí mientras me lanzaba de espaldas contra la pared.

Cogió unas grandes tijeras y me sujetó la garganta con la mano.

"¿Qué es lo que haces en lugar de entregarme mi pizza a tiempo, muchacho, hmmm?" Movió la punta de las tijeras a lo largo de mi mandíbula, "¿qué haces, me observas mientras me baño? ¿Es eso?"

"¡No, señora, lo juro!" La miré con terror.

Abrió las tijeras y las colocó debajo de mis bolas mientras me gritaba. Apretó su mano sobre mi boca y me susurró: "Admítelo. Sé que me miras."

Quito su mano de mi boca y esperó.

"Está bien." Apreté los ojos: "Vi como se bañaba y la observé. ¡Toda la pared es de cristal!"

"Bueno, has tomado un bocado más grande de lo que puedes masticar, chico." Cogió las tijeras y empezó a cortar una línea recta en camiseta, arrancándome el resto mientras yo jadeaba y temblaba.

"¿Qué está haciendo?" Pregunté.

"Dándote lo que querías." Puso las tijeras en mi pecho, "no te muevas".

Clavó las tijeras en la isla de madera y se volvió hacia mí, desabrochando mis vaqueros. Cogió mi gorra y la tiró.

"Oh Dios, por favor, no..." me encogí, jadeando, "lo siento mucho, por favor..."

"¡Te he dicho que te calles!" Me ignoró y me bajó los pantalones hasta los tobillos, a continuación, tomó las tijeras, abriéndolas y haciendo un corte nítido en uno de los laterales de mi ropa interior, mientras yo exhalaba hondo.

Luego cortó el otro lado, cogiendo la prenda con la mano y sonriéndome mientras la miraba con miedo.

"Abre". Puso las tijeras bajo mi garganta.

Abrí la boca y empujó la ropa interior dentro, mientras hacía sonidos renuncia.

"Mira eso... duro como una roca." Agarró mi pene con su mano mientras yo gemía a través de la tela de algodón en mi boca.

"Quieto". Me miró con disgusto y volvió a coger la cinta adhesiva, arrancando una tira larga. Cerré los ojos mientras la pegaba sobre mi boca, mis labios completamente ocultos por debajo de la banda plateada, que también abarcaba mis mejillas.

"Mmmmm". Intenté hacer ruidos a través de mi mordaza. A Paige le gustaba eso. Parecía que estuviera suplicando que me soltara, con temor en mis ojos.

"Sí, suplica." Me miró a los ojos "Así es. Escucharé eso mientras te la chupo hasta secarte, pequeño pervertido."

"¡Mmmpphhhh!" Protesté cuando mordió mi endurecido pezón y cayó sobre sus rodillas, chupando salvajemente mi pene, incluso raspaba con sus dientes mientras me quedaba allí, con los ojos cerrados, soltando gritos amortiguados y sonidos de dolor y de protesta... y de súplica.

Después de un rato, me agarró del pene y me llevó fuera de la cocina. Yo soltaba quejidos sordos a través de mi mordaza mientras mis pies, atrapados por mi pantalón, sólo podían dar pequeños pasos detrás de ella mientras me arrastraba al comedor.

"Ven, sígueme, cariño." Susurró con dulzura, "shhhh, no tengas miedo. Te dejaré ir cuando termine contigo, te lo prometo."

"Mmmnnnn" dije, tirando de mi cara hacia un lado, tratando de luchar tanto como me fuera posible mientras me llevaba a la lujosa mesa de caoba.

Se desató la bata, quitándose el cinturón negro de seda y rodeando mi cuello con él, haciendo un nudo especial para que, cuando lo apretara, me ahogara un poco.

"Ahí... muy bonito." Movió su mano sobre mi rostro y mi pecho, y pellizcó mis pezones, di un pequeño grito ahogado y traté de apartar la mirada, resistiendo todavía un poco.

"Ahora..." abrió su bata y la dejó caer al suelo. Su cuerpo estaba firme, en forma, con cirugía plástica en los senos, definitivamente.

Se puso de espaldas sobre la mesa y tiró de mí hacia adelante, entre sus piernas abiertas, tirando del cinturón, ahogándome un poco y acercándome.

Recordó las reglas y se sentó, cogiendo un condón de la mesa y abriéndolo, lo deslizó sobre mi pene mientras yo intentaba rogar y suplicar otra vez a través de mi mordaza.

"No... ¡no!" Trataba de resistirme a través de la tela de algodón en mi boca y garganta.

"Me vas a follar ahora, chico de la pizza." Ordenó: "Si no puedo tener una pizza caliente, al menos sacaré algo de ti."

Ella tiró de mi correa y apretó con fuerza. "¡AHORA!" ordenó enojada.

Recorrí todo el camino entre sus piernas y me inserté en su clítoris mojado y dispuesto, cuando gimió yo ahogué un pequeño gemido.

"Vamos, eso es. Haz un buen trabajo por una vez y tal vez te deje ir." Levanto sus pies, poniéndolos sobre la mesa mientras me movía hacía atrás y hacia delante cada vez más rápido, mis manos detrás de mí todo el tiempo. Me alegraba de hacer deporte a diario y tener buenas caderas, de lo contrario esto sería casi imposible.

"¡Oh, SÍ! ¡SÍ, SÍ! " Gritaba recibiéndome con tanto entusiasmo como yo la penetraba "sí, fuerte, ¡MÁS FUERTE! ¡PENÉTRAME!... tú, caliente, MALDICIÓN ¡SÍ!"

Con Bella, correrme era natural y fácil. En este momento, era un poco más difícil. Pero eso eran buenas noticias para Paige, significaba que tenía que seguir follándomela hasta que me corriera. Fue una buena media hora de gritos y tirones de mi correa de seda hasta que, por fin, me sentí llegar.

Seguía pensando en la noche anterior con Bella y eso me estaba ayudando mucho. Me imaginaba que era ella en la mesa mientras la atravesaba una y otra vez, casi con rabia ahora, deseando simplemente correrme ya para poder salir de aquí.

Dejé escapar un ahogado grito cuando sentí que eyaculaba, y segundos después, los gritos de Paige disminuyeron y cesaron.

"Mmmmmhhhhh..." Gemí, saliendo de ella con un escalofrío, me sonrió, relajándose... sin moverse.

"Mmmm, chico pizza..." ronroneó, tocando sus pechos, sentándose lentamente, tirando de mi correa, acercándome. Envolvió sus brazos alrededor de mí y me besó en el pecho durante unos minutos. Me obligué a apoyar mi cabeza en la suya, acariciándola afectivamente un poco.

"Eres... tan dulce..." movió sus uñas a lo largo de mi torso, con cuidado ahora.

Me miró y sus dos manos acariciaron la cinta de mis mejillas.

"Una cara tan bonita." Empezó a apartar la cinta de mi piel, y agregó: "Un bonito... todo".

Y con un rápido tirón, arrancó la cinta adhesiva de mis labios. Mis ojos soltaron unas lágrimas cuando el dolor me alcanzó.

Sin una palabra de disculpa, sacó la húmeda ropa interior de mi boca.

"Ahí esta, cariño." Actuó como si hubiera hecho algo bueno por mí.

"Gracias, Paige". Me incliné y la besé en la boca, recibiendo su beso de vuelta.

Aún sin hacer ningún movimiento para desatar mis muñecas, me quitó el condón y se alejó para deshacerse de él. Me quedé allí, esperando que volviera, apretando un poco la mandíbula ahora que no estaba a la vista.

En un minuto, regresó con las tijeras en la mano.

"Date la vueltas, culito bonito." Sonrió mientras le daba la espalda y acarició mi trasero, dándome un par de nalgadas antes de soltarme.

"Ahí está." Dijo de nuevo, ayudándome a quitarme la cinta de mis muñecas.

Este es uno de los motivos por los que no me gusta tener mucho pelo en mi cuerpo.

"Gracias, Paige". Volví a decirle.

Empecé a subirme el pantalón mientras ella me miraba.

Me giré y me entregó un sobre. No necesitaba revisarlo. Llevo meses tratando con Paige. Es rica, casada y desatendida y, siempre paga bien.

"Te has ganado cada centavo, guapo". Me felicitó, "realmente parecías asustado y humillado. Eres muy bueno."

Apuesto a que ni siquiera conoce mi verdadero nombre. Nunca lo dice.

"Gracias." Sonreí y puse el sobre en mi bolsillo trasero.

"Ven, toma una ducha amor." Me tomó de la mano y me condujo por el pasillo hacia el baño principal.

"Sí, Paige". Le sonreí mientras envolvía mis dedos alrededor de los suyos.

Gracias por las alertas, los reviews y los favoritos, es una manera de saber que alguien nos lee y nos hace seguir adelante. Gracias en especial a Anastacia T. Crawford, Ericastelo, bbluelilas, loverobert13, anónimo, nicomartin, Shikara65. Quería especialmente agradecer a Ericastelo por sus mensajes haciéndome ver mis "dedazos" como ella los llamó. Muchas gracias. La historia mejorará gracias a tus observaciones. Nos leemos en la próxima actualización. Un saludo y espero hayáis pasado Feliz Navidad.