Moshi moshi gente :D bueno aquí esta el nuevo capi, que me emocioné haciendo
Bueno, después de ocho largos capítulos, decidí poner un poquito de rosa en todo este negro fic, en lo referente a Sebas y Ellie hehehe espero les guste y me den su opinión. Emm bueno, quizas este cepitulo les paresca un poco corto o lento, pero es para crear una base sobre lo que va a pasar…
De cualquier modo les prometo un capi largo para la próxima :D tengo muy buenas expectativas para esta obra!
Ahora, sin mas que decir, los dejo con el capi! :D
Tuturururuuuu!
Al fic!
Capitulo VIII
Ese mayordomo, rocío de medianoche
"¿Alguna vez amaste a alguien tanto que apenas puedes respirar
cuando estas con él?
Lo conoces y ninguno de los dos sabe que los golpeo,
Tienes ese sentimiento raro y caliente"
Love the way you lie, part 1.
o.o.o.o
-¿Aun esta molesta, señorita? –me preguntó Sebastian como por… ¡no sé! Había perdido la cuenta desde que salimos de la escuela.
Me golpeé la cabeza contra el cristal del auto adrede y él, a un lado de mi, sonrió burlón.
-¿Tu que crees? –pregunté con un sarcasmo que hasta el mas idiota hubiera notado. Pero no, Sebastian fingió demencia y me ignoró olímpicamente, mirando por la ventana. Me incorporé en el asiento, pues ya estábamos llegando a la mansión y apenas el motor del auto se apagó, abrí la puerta tan rápido como mis torpes dedos me lo permitían y bajé del auto, alejándome por el jardín y rodeando la casona, dirigiéndome hacia la piscina.
Sé que en cierto modo yo era responsable de todo eso… pero, ¡rayos! ¿Por qué ese torpe no me había dicho nada? Entonces recordé que Sebastian había estado acudiendo al colegio varios días antes de que yo comenzara a ir nuevamente, ya que tenia que hacer algunos tramites y ponerse al día en cuanto a sus materias. Debió ser en esos días… quizás Angelina se lo pidió… aunque es capaz de haber ido a solicitarlo él mismo.
Apreté los puños y miré el agua que resplandecía bajo el sol de la tarde. No se me apetecía entrar en la alberca, de modo que caminé, siguiendo un camino empedrado que daba a otro patio, a unos cuatros metros tras del sitio de la alberca, donde había un jardín estilo japonés.
Se trataba de un estanque artificial, rodeado de arbustos y lámparas de piedras en el medio del agua fresca, bajo la sombra de enormes arboles de cerezo. El camino empedrado guiaba hacia un kiosco en el medio del estanque, ideal para tomar el té o simplemente relajarse después de un dia agitado.
En realidad, no sabia porque me hacia sentir tan perturbada el hecho de que Sebastian formara parte del casting. No lograba comprender porque prefería no haber ido a tener que actuar al lado de mi odioso mayordomo. Por otro lado, creo que igual me preocupaba el hecho de que el profesor Faustus fuera a ser el Oogie Boogie. Yo no lo conocía mucho, pero siempre que nos encontrábamos me miraba como si fuera comida, como si fuera a devorarme viva y no me refiero a un sentido sexual o algo asi. Sino que haría como Hannibal Lecter; que me serviría en una bandeja de plata y se deleitaría comiéndome pedazo por pedazo.
Aquello me causó un temblor por todo el cuerpo. Subí las escaleritas de piedra y llegué al kiosco, donde me desplomé en el sofá- mecedor que había allí y mientras observaba los arboles, volvió a mi la imagen de esa chica de cabello negro que nos había atacado en el patio de las Licenciaturas. Me pregunté si Sebastian sabría algo, pero en ese momento no quería hablar con él de nada.
-¿Joven ama? -… aunque quizás él si quisiera hablar conmigo.
-¿Ahora que quiere este idiota? –pensé, gruñendo y restregándome el rostro con las manos. Me senté perezosamente, hasta quedar totalmente con la espalda contra el respaldo y miré con desdén hacia donde provenía la voz de Sebastian, al pie de las escalinatas.
-¿Qué quieres? Estaba descansando –expuse, bastante enojada. Pero él no se veía divertido, sino serio.
-Es solo que me tomé la libertad de averiguar algunas cosas sobre esa chica –respondí, severamente. Abrí un poco los ojos y miré hacia una de sus manos, donde había un grueso volumen empastado. Lo estiró hacia mí y lo tomé rápidamente, pasando mis manos por la cubierta y el lomo ligeramente gastados-. Después de ir al teatro, fui a la biblioteca a revisar en los anuarios.
-¿Generación 2006, Secundaria? –pregunté, un poco confundida. Aquella generación era en la que yo había estudiado, pero yo no recordaba muy bien si esa chica había estudiado conmigo.
-Así es –dijo, muy seguro de lo que decía-, la bibliotecaria me ayudó a revisarlos, hasta que di con lo que buscaba. Usted me dijo que la recordaba un poco, pero que no sabía donde la había visto. Y como tenia el uniforme del mismo colegio al que acude, tuve el presentimiento de que quizás podría haber estudiado allí.
Abrí el volumen, buscándola en los recuadros, pasando de grupo en grupo, ya que eran ocho los que estudiaron la secundaria en mi generación. Finalmente, después de pasar muchas paginas, di con el grupo "Tercero 'E´" y, al fin, di con una foto donde se veía una chica indudablemente idéntica a la que habíamos visto. Me sorprendí al verla, porque ahora me daba cuenta de donde la había visto.
-"Rachel Collins" –susurré, leyendo las letras oscuras bajo la foto de ella sonriendo. Por eso no la recordaba bien; porque ella solo había estudiado un año y medio con nosotros.
-Entonces, ¿ese es su nombre? –interrogó Sebastian, pero ye seguía mirando la foto. Ella había sido la chica que en primer año de secundaria se había ganado el amor de Edward y en segundo años había vuelto. Claro, ¿Por qué no la recordaba bien entonces? Y la respuesta llegó a mi enseguida me formulé esa pregunta.
-Era… -respondí, tragando saliva. Volví mi rostro hacia Sebastian y cerré el volumen, dejándolo a un lado del sofá-. Esta muerta, como me dijiste. Desapareció hace tres años y nunca se le volvió a ver.
-La secuestraron, así que debe estar muerta –dijo él, casi leyéndome la mente.
-¿Cómo estas tan seguro?
-Porque con lo que nos encontramos hoy, joven ama –comenzó a decir, con seguridad-, no era una persona ni estaba vivo; era nada más y nada menos que un poltergeist.
-¿Un poltergeist? –pregunté, aun sin entender mucho. La única imagen que se me venia a la cabeza al escuchar esa palabra era a una niñita rubia parada frente aun televisor sin señal- ¿Qué se supone que es eso?
-Un poltergeist no es mas que energía oscura, un alma poseída, llena de impulsos de naturaleza tan oscura que podrían ser demonios –respondió, haciendo una pausa antes de la palabra "oscura".
Pero yo seguía confundida.
-¿Un alma? Pero si es un alma, entonces, ¿Qué hace ella aquí? –Pregunté, aun sin entender nada- ¿Por qué aparece justo ahora?
-No apareció justo ahora, señorita –respondí él, haciéndome quedarme estática.
-¿a que te refieres con eso? –pregunté, totalmente anonadada.
-Esa chica debe de haber estado allí desde hace mucho tiempo, mi lady –respondí el demonio, muy serio-. Probablemente sea usted la primera con la que ha entablado conversación…
Entonces llegó una idea a mi cabeza y abrí aun más los ojos.
-Tu… tu si podías verla antes, ¿verdad? –asintió con la cabeza-, ¿y porque yo no podía hacerlo?
-Probablemente porque no tenia un contrato directo conmigo –respondió él-. Los demonios podemos estar al tanto de todo lo sobrenatural en este mundo; los Shinigami, los fantasmas, los espíritus y demás entes espirituales y demoniacos. Nuestros amos también pueden verlos y algunas personas íntimamente relacionadas a los contratistas también pueden hacerlo.
Ahora estaba un poco mas claro, pero aun tenia dudas que necesitaba responder.
-Pero, me estas diciendo que ella es una alma –comencé nuevamente-, ¿no se supone que los Shinigami recogen las almas de los muertos? ¿Por qué no viene ese estúpido de Grell y hace su trabajo como debe?
Él suspiró, cansinamente.
-Lo ignoró, mi ama. Hay muchas reglas alrededor de la absorción de almas, y demasiadas consecuencias de cuando no son tomadas debidamente o cuando el proceso no es completado.
Me llevé una mano a la cabeza, mientras el viento me despeinaba. En cierto modo, podía ser que él tuviera razón.
-Entiendo –bueno, al menos ya no estaba tan confundida. Sin embargo, aun tenía muchas preguntas. Me acomodé el cabello tras la oreja y el viento sopló, haciendo caer algunos pétalos del cerezo en flor. Comencé a sentirme somnolienta, el sonido del aire entre las hojas de los arboles sonaba como una canción de cuna.
-Hay algo mas, señorita –interrumpió la voz de Sebastian, y lo miré rápidamente, un poco irritada, pero por su expresión, supe que era algo serio. Fruncía los labios de una forma extraña y sus ojos carmesí parecían muy fríos cuando me llamó.
-¿Qué sucede? –pregunté.
-Los secuestradores que mantenía contacto con los padres de la chica… -comenzó y yo supuse que diría a continuación. El corazón se me detuvo y la sangre se me heló en las venas-… era parte del mismo grupo que secuestro a la señorita Michelle.
Bajé la vista, totalmente confundida… dos chicas ricas, de la misma escuela; coincidencias… pero… había algo extraño en todo esto. No sabia que era, pero tenía la corazonada de que, tras esos secuestros, había algo realmente malo.
Volví la mirada a Sebastian, que seguía de pie a mi lado.
-Entonces… creo que realmente, tendré que buscar la forma de hablar con esa chica…
-Los poltergeist son entes muy difíciles de contactar –dijo Sebastian-, deberá tener mucho cuidado cuando traté de entablar una conversación con ella.
Lo miré, con autosuficiencia. Sabía a lo que se refería con tener cuidado y claro que lo tendría. Pero era un tanto incomodo que estuviera recordándomelo cada minuto. Por primera vez en mucho tiempo, me sentí capaz de hacer algo por mi misma. Sin embargo, necesitaría de Sebastian para lograr mi cometido y sabia que no seria fácil. No era que esa chica que hubiera agradado mucho en vida, pero era la única pista que tenia hasta ese entonces para averiguar que era lo que había pasado realmente y porque Michelle había sido secuestrada.
-Sebastian, esta es una orden –dije con calma y él tomó un semblante satisfecho, sin sonreír, pero podía ver que estaba satisfecho-; quiero que investigues sobre Rachel Collins; sobre su familia y todo lo que pueda darme una pista…
-¿Qué espera encontrar, mi lady? –preguntó, sonriendo un poco, como era su costumbre.
Atraída por el sonido de algo chapoteando suavemente en el agua, me levanté, adelantándome hacia la orilla del kiosco, donde se podía ver la superficie del estanque. Allí, una araña había caído al agua; era una gran araña café, de patas largas y flacuchas, que luchaba por su vida, mientras una rana la vigilaba desde un nenúfar. Me quedé esperando a que la rana se la comiera, pero no lo hizo, solamente observo al insecto retorcerse en el agua. Justo cuando pensé que la rana no haría nada, esta dio un salto al frente y estirando la lengua, tan rápido como un rayo, se tragó la araña y por algun extraño motivo, esto me causó gracia.
-Si fue el mismo grupo que secuestro a Michelle, entonces deben tener algo en común, algo que quizás sus padres escondían, cosas que nadie quiere que sepan… -dije, dándome la media vuelta, hacia Sebastian, que seguía tan quieto como siempre-. Igualmente investiga la familia de Michelle, los Green. Aunque sé mucho sobre ellos, nunca se puede saber todo…
-Un perfil, es lo que quiere que yo haga.
-Exacto –asentí con la cabeza, cruzándome de brazos-. Tengo que saber si escondían algo y porque pasó todo esto…
Aun sabiendo que podría encontrar verdades que quizás no serian muy buenas, que podrían hacer que yo me decepcionara o incluso que odiara a su familia, se trataba de Michelle; todo se trataba de ella y yo haría pagar a quien se atrevió a tocarla.
o-o-o-o
Durante los siguientes dieciocho días, mi vida se transformó en una estricta rutina donde ensayar para la obra se había convertido en lo más importante. Pasaba el día comiendo, leyendo y estudiando el guion para la obra de Navidad, para la cual faltaban –si el calendario de cuenta regresiva de la señorita Springs no estaba equivocado- exactamente dieciséis días.
Habían agregado mas historia, mas escenas y con lo mismo, mas diálogos de la cuenta, de modo que tuve que ponerme a repasar todo el guion para ponerme al tanto y ensayar aun mas, ya que el peso recaía especialmente sobre Sebastian y yo, los dos personajes que mas aparecían.
Springs tuvo la idea de reinventar los trajes, hacerlos mas vivos, de colores mas brillantes y con aditamentos nuevos, esto según ella para hacer todo mas llamativo, ya que la obra era demasiado "lúgubre y oscura" como para presentar unos trajes aburridos, cosa que yo no estuve totalmente de acuerdo pero no pude hacer nada para impedirlo.
Los ensayos se fueron volviendo mas largos conforme la obra se iba acercando. Al principio ensayábamos una hora o dos al día, exagerando tres; sin embargo, cuando estuvimos a menos de diez días del estreno, pasábamos de seis a siete horas ensayando y repitiendo escenas tras escenas, además de que nos quedábamos fines de semana a practicar, de modo que llegaba molida a mi casa y con el único deseo de poder dormir cómodamente…
…cosa que Sebastian no podía aceptar.
Verán, mi estúpido mayordomo se había convertido en una especie de "fanático obsesivo del teatro" y me obligaba a repasar mis líneas y ensayar las escenas que mas me costaban. En cierto modo, yo sabia que lo hacia por mi bien… pero, ¡rayos! ¡como deseaba estrangularlo con mis propias manos en esos momentos!
Aunque las cosas iban relativamente bien en la escuela, no puedo decir que mi relación con las Baratas de la Esquina siguiera tan bien –si es que puede llamársele bien- como antes. Ahora trataban con aun más saña de hacer que las cosas me salieran mal, ya fuera tratando de dejarme en ridículo en las clases o escondiéndome cuadernos o con cualquier otra estupidez que pudiera salir de sus cerebros de alpiste.
Edward, extrañamente, no volvió con Abigail, cosa que me sorprendió. Tampoco volvió a tratar de hablarme, pero si me miraba a veces, por las ventanas del salón o en la cafetería. Igualmente, miraba con odio a Sebastian, como si el fuera la causa de todos sus problemas. Era en esos momentos en que disfrutaba tener a un demonio en mi vida.
Hablando de Sebastian, debo decir que aunque era bastante eficiente, con tantos ensayos, vueltas y prácticas, casi no había tiempo para investigar y ahora que mis exámenes estaban tocando la puerta, él se encargaba de que yo me aprendiera al derecho y al revés todas las lecciones que abarcaba el temario.
Otro problema que hubo fue que algo se atascó en una de las tuberías de uno de los baños. Fuera lo que fuera, era tan grande que se necesitó a todo un equipo de plomeros para repararlo. Aunque hubiera preferido que Sebastian lo hiciera, era mejor no levantar sospechas, ya que tenia la sensación de que las criadas comenzaban a darse cuenta de algunas cosas que eran fuera de lo común; como por ejemplo, la agilidad de Sebastian y la perfección tan inhumana con la que hacia las cosas. Quizás yo estuviera acostumbrada a lo inusual, pero ellas no. Y sospechaban mucho mas de lo que era permitido.
Además de todos los inconvenientes ya mencionados, hubo un problema con la mansión Phantomhive, ya que en un accidente causado por uno de los turistas, se quemó parte de una de las paredes y era preciso tomar cartas en el asunto para no detener a los visitantes. Esto afectó en las ganancias, de modo que pude ver en esos días a Sebastian yendo y viniendo de los Órganos de Patrimonio Cultural, corriendo a atender el teléfono, devolviendo faxes, ayudándome a repasar para mis exámenes, cuidando que los plomeros no se robaran o ensuciaran mas de la cuenta, obligándome a aprenderme mis diálogos y sus propias líneas, además de acudir a los ensayos de emergencia que Springs programaba.
Fue el mes más agitado que pude haber tenido y, por lo consiguiente, el de Sebastian. Me pareció una grosería hacerlo investigar en esos momentos, ya que ni siquiera yo tenía tiempo para leer aquello, así que le pedí que olvidara todo eso y me ayudara en mis exámenes. Ya tendríamos tiempo para encargarnos de esa mugrosa poltergeist.
Una mugrosa poltergeist que no se había aparecido nuevamente desde aquel día del vendaval. Era como si se hubiera esfumado con el viento, como si se hubiera evaporado. Yo la llamaba, me paseaba sola por los corredores, hablando en voz alta, con la intención de que se apareciera. Pero ella no lo hacia. Daba la impresión de que no quería volver a verme, a pesar de que casi me asfixia aquel día en el jardín.
Después de unas cuantas semanas dejé de hacerlo por necesidad de dedicarme a otras cosas y cuando faltaban un par de días para la obra, ya casi me había olvidado por completo de Rachel, de la investigación y de mi misma, pues esos dos días antes de la presentación, la señorita Springs tuvo a todo el casting ensayando todo el día en el teatro, donde ya estaban los grupos de la escenografía acomodando y dando los últimos retoques a los telones, las piernas, los brillos y se practicaba la iluminación, la banda sonora y las canciones de cada quien, ya que Springs no pensaba desaprovechar las canciones, así que se las arregló para que cada quien cantara todo lo que necesitaba.
La noche antes de la obra llegué a mi casa a las cuatro de la mañana y caí rendida sobre uno de los sillones, sin importarme que estuviera aun vestida y allí me dormí tan profundamente como no lo había hecho en todo el mes de noviembre y lo que iba de diciembre.
Esa noche tuve un sueño muy extraño. Una horrible pesadilla.
Lo primero que recuerdo es ver barrotes; barrotes negros y gruesos frente a mis ojos y escuchar gritos agudos. Miré al frente, donde había una mesa rodeada por hombre con largas túnicas negras y sombreros de copa. Había un fuego tenebroso que refulgía alrededor de la mesa, en candelabros de piso, formando un círculo.
Estaba mareada y la vista se me nublaba, haciéndome caer al suelo, donde mis dedos tocaron algo cálido, húmedo y pegajoso y al mirar hacia abajo, me encontré con mis dedos enrojecidos, llenos de sangre… una sangre tan roja como la de Michelle aquella noche. Vi a los demás niños, niños pequeños alrededor de mí, llorando, aterrados, mirando a través de las rejas negras y agitándose aun más en las jaulas. Entonces me miré y vi que yo también era pequeña y estaba llena de suciedad como ellos. No entendía porque lloraban ni porque miraban tan aterrados la mesa…
Hasta que miré hacia allí… y el horror me dejó helada…
Allí, aquellos hombres marcaban a los niños, los marcaban, los abrían en canal, rezaban extraños ritos, y sus risas llenaban la sala. Fue cuando empecé a gritar, asustada, sin saber que hacer y tuve el sentimiento de que jamás saldría de allí. Yo iba a morir allí, y esta vez, no quería morir.
La vista se me nubló nuevamente y cuando fui capaz de ver, aquel hombre ya me tenia entre sus manos. Grité, quise librarme y pataleé, pero vinieron mas hombres y me sujetaron de los tobillos y las muñecas; igual que los hombres en el callejón. Yo sentía mi garganta arder, podía sentir mis gritos, pero no me escuchaba, no podía oír mi voz.
Llamé, a gritos, a Sebastian, a cualquiera que pudiera ayudarme y cuando me dejaron en la mesa, sentí la sangre humedeciéndome la espalda, el cabello y entonces realmente lloré. Vi como me miraban, como un monstruo, como un ser despreciable y reían burlones. Los vi tomar un hierro, que brillaba al rojo vivo, mientras otro de ellos tomaba una daga, la misma con la que había abierto al otro niño.
Quise pedir que se detuvieran, que no lo hicieran, pero no había voz en mí. Me sacudí, mirando como acercaban el fierra hacia mi y antes de que yo pudiera evitarlo, me arrancaron la ropa del cuerpo, dejando mi piel al descubierto y por ese pequeño instante, no me importó mi desnudez.
Mis ojos estaban fijos en el hierro que iba a quemar mi piel. Realmente me sentí aterrada, totalmente sola, tan asustada que la voz salió de mí, tan fuertemente, que entonces no solo yo pude oírla, sino que aquella imagen desapareció frente a mi y de un solo golpe, me incorporé en mi cama.
-Señorita –escuché una voz, pero yo miraba alrededor, las ventanas, el cuarto de baño, el suelo, todo. Tenia que asegurarme de que ya no estaba en ese sitió-. Fue solo un sueño, joven ama…
El corazón me latía tan aprisa que sentía que se me reventaría en el pecho, el sudor me escurría, frio, por el cuello y la frente. Respiraba tan rápido que era demasiado para mis pulmones y, al mismo tiempo, era demasiado poco. Me llevé una mano a la cabeza, retirándome el flequillo húmedo y pegado a la piel. Aun tenía el uniforme, pero estaba en mi cama, así que supuse que Sebastian me había llevado allí. Lo miré por primera vez, únicamente de reojo, y vi que estaba tan quieto como siempre.
-S-solo un…un su-sueño…. –tartamudeé, temblando aun de la impresión. Los dedos me temblaban violentamente, tanto que siquiera pude acomodarme bien el cabello-…¿Qué haces aquí… de to—
Súbitamente, antes de que pudiera formular la pregunta, sentí un retorcijón en mi estomago y de un brinco me puse de pie, corriendo hacia el baño y sin prender la luz, me dejé caer al suelo y vomité violentamente en el inodoro, vaciando todo mi estomago y cuando quise ponerme de pie, nuevamente volví a sentir la necesidad de devolver.
-Señorita –las manos de Sebastian me tomaron por los hombros, como tratando de levantarme, pero yo lo empuje de allí. Me sentía asqueada por el simple sonido que provocaba mi cuerpo y supuse que el olor debía ser peor. Pero él no desistió y siguió tomándome de los hombros. Quise volver a alejarlo, pero no pude, la necesidad era terrible y hasta que no dejé allí casi la garganta, fue que él volvió a hablar.
-Joven ama, ¿puede ponerse de pie?
-S-si… -respondí rápidamente, poniendo fuerza en mis piernas y siendo ayudada por el demonio-, no soy… tan inútil…
-Eso no lo dudo, joven ama –dijo rápidamente, aun asiéndome de los hombros. Caminé a tropezones al lavabo y me lavé la boca con agua-, pero su estado no dice lo mismo.
-Cálla…te… -logré decir, aun de pie, pero estaba terriblemente mareada y cuando estuve casi de pie, me abandonó la resistencia y casi fui a dar al suelo, pero Sebastian me sostuvo. Me sentía sumamente débil y vulnerable y estaba más cansada de lo que podía decir. El demonio me tomó de una mano, entrelazando sus dedos con los míos y con su otra mano me tomó del rostro. Pude ver sus ojos rojos y relucientes.
-Sueños terribles, espantosas pesadillas –murmuró, apretándome mas la mano, con su cuerpo sirviéndome como apoyo y su otra mano pasando sus dedos sobre mis labios, sobre los rastros de agua que habían quedado allí. En esos momentos yo no pensaba bien, ni siquiera razonaba, pero por algún extraño motivo, por alguna razón, ese tacto logró ponerme un poco mas en la realidad, pero me hizo sentir prisionera, como si aquello no fuera suficiente-. Quiere dormir, señorita…
Deslicé una mano sobre sus ropas, sobre la camisa blanca y cerré la mano, estrujando la ropa sobre su pecho.
-Si… -dije, dejando caer la cabeza, exhausta, y nuevamente me levantó el rostro, haciéndome mirarlo.
-Mi lady… –dijo, devotamente.
Cerré los ojos y sentí como me elevaba en el aire. De forma inconsciente, escondí el rostro entre el espacio entre su cuello y su hombro; extrañamente, era cálido. Olía a una mezcla deliciosa de incienso, fiereza y rocío de medianoche, aquel olor me hizo sentir en casa, como si fuera algo que oliera a menudo.
Aunque tenía deseos de alejarlo de mi lo mas rápido posible, en cuanto me abandonó en mi cama y me cubrió con las sabanas, me sentí nuevamente sola, pero no dije nada, ni hice por detenerlo. Son cosas de niñitas, me dije a mi misma, mientras trataba de acostumbrarme a la frialdad de las colchas.
-Buenas noches, señorita –dijo desde la puerta, aun con voz amable y escuché el sonido de la puerta, abriéndose. Y no pude contenerme.
-Sebastian –lo llamé, sin moverme, sin mirarlo.
-¿Qué sucede, joven ama? –preguntó, un poco confundido. Tragué saliva, pensando si estaba haciendo lo correcto, porque no quería que pensara que yo era una cobarde infantil; pero realmente estaba aterrada de quedarme sola.
-¿Podrías, hasta que yo me duerma…quedarte…aquí? –pregunté, con un hilo de voz, un poco avergonzada.
Entonces oí la puerta cerrarse nuevamente y me maldije a mi misma por ser tan infantil y por pensar que lo haría. Hasta que, de pronto, la voz que tanto lo identificaba resonó en la habitación, de una forma que fue confortante. El corazón me tembló de un modo extraño y supe que estaba a salvo; supe que nada me pasaría esa noche.
-Si, mi lady.
o-o-o-o
-¡Demonios! –maldije. Me miré por novena vez en el espejo, girando para todos lados para ver mejor- ¡MALDITA SEA!
Esto no podía ser cierto, no podía ser verdad. Me miré otra vez y sentí la bilis quemándome la garganta y llegando casi a mi boca. Lo iba a matar, iba a estrangularlo, lo juro por todos mis ancestros.
-Bien, salga ya señorita –escuché al otro lado de la puerta del baño.
-¡Tu te tienes la culpa de todo esto, maldito demonio del infierno! –le reclamé sin salir, mirando otra vez el desgraciado modelito.
-Quizás tenga solución…
- ¿Solución? ¿SOLUCIÓN? ¡¿HAS DICHO SOLUCION?! –bramé, saliendo del baño de un golpe, casi tirando la puerta al suelo y apunto de degollarlo allí mismo con mi rastrillo para las piernas. El solo abrió los ojos ligeramente, mientras yo me ponía roja de vergüenza.
Se preguntaran porque. Bueno, resulta ser que, como ya les he dicho, Springs cambió un "poco" los trajes. Yo ya había visto el boceto final del traje de Sally y era pasable, bastante aceptable, pero nada más.
Pero… esta abominación… no tenia nombre.
Todo era de retazos de tela, muy apegado al de la Sally de la película… pero la parte superior no tenía una manga, y la otra me caía por un hombro. El corsé era en zigzag, desde la manga y pasaba por debajo del otro brazo. La falda estaba un poco esponjada y tenia crinolina abajo. Me llegaba casi diez centímetros por encima de la rodilla y estaba escotado sobre la pierna izquierda, donde la crinolina se abría y mostraba la piel. La falta de harapos caía sobre una base de alambre que simulaba una telaraña, que se veía únicamente donde la crinolina tenía el escote y la orilla de la tela de la falda parecía desgarrada…
¡Ni siquiera podía moverme bien! ¡Y no he mencionado los guantes de encaje ni la vaporosa liga negra que iba en la pierna del escote!
-¡ESTAMOS A TRES HORAS DE LA MALDITA OBRA Y TU CREES QUE ESTA DESGRACIA TIENE SOLUCION! ¡NO FASTIDIES, SEBASTIAN!
Él sonrió complacido, llevándose una mano a la barbilla y dejando la otra cruzada sobre el pecho y yo me sonrojé de ira, apretando los dientes. Maldito fuera ese estúpido demonio.
Caminé hacia el enorme espejo de mi habitación, y me contemplé frente al espejo. Parecía una prostituta zombie y me estrujé las manos, retorciendo la liga hasta límites insospechados. Ya tenía puesto el maquillaje; únicamente era una capa de un suave tono azuloso para dar la impresión de que estaba muerta y algunas costuras muy suaves en las mejillas, las piernas y el cuello. Por primera vez en mi vida me había puesto pestañas postizas, de esas larguísimas como de modelo europea y los ojos se me veían enormes. Varias personas iban a llegar a maquillarse a la escuela, pero ya que mi maquillaje era simple, Springs me recomendó llegar ya lista, pues iban a tener mucha gente a quienes maquillar y muy poco tiempo como para encargarse de una mas.
-Se ve realmente adorable, señorita –respondió sin reservas, mientras yo trataba de componer la crinolina para que no se viera tanta piel. Lo miré, fastidiada y volví la vista al espejo, resignada.
-Esto es indignante –mascullé, aun inconforme, mientras, tras de mi, Sebastian abría la caja de maquillajes y guardaba las brochas y pinturas que estaba sobre la cama-. Esa estúpida de Springs… voy a matarla cuando la vea…
Entonces caí en cuenta de algo mientras miraba a Sebastian por el espejo… el muy imbécil no se había puesto su traje, pero a mi me había obligado a vestirme antes de salir. Imbécil….
-¡Sebastian, eres un maldito! –rugí y él me miró confundido, sin entender la causa de mi furia- ¡¿Por qué tu si puedes ir vestido como una persona normal al teatro y yo no?!
-Señorita, mi traje aun no estaba listo –explicó con calma, un poco divertido según pude ver, mientras terminaba de tomar todo en sus brazos y dejaba todo listo-, así que llegaré a vestirme allí. Vamos, apresúrese, joven ama, el chofer nos espera abajo…
-Pudiste habérmelo dicho… que podía vestirme en la escuela… -refunfuñe, hundiendo la cabeza entre los hombros y apretando los puños-. Pude haberme maquillado allí mismo…
-¿Y haber llegado tarde? –exclamó, con su sonrisa maliciosa, mientras abría la puerta-, como sirviente de la familia Phantomhive, ¿Cómo podría permitir tal cosa?
Y mientras desaparecía por la puerta, con su expresión triunfal, yo lo maté cerca de cincuenta veces en mi cabeza.
o.o.o.o.o
Durante todo el recorrido, Sebastian fue tomándome los diálogos línea por línea y acomodándome el cabello para que quedara aun mas ondulado de lo que ya era. El maquillaje me hacia ver de un color azul mortecino; el digno color de la muerte. Aunque el vestido era bastante incomodo, en esos momentos no me importaba mucho como lucia, simplemente quería salir de ese embrollo de la obra.
De pronto, me puse a pensar en lo que había sucedido durante la noche y la imagen de Sebastian frente a mi apareció en mi mente, la sensación de la calidez de su cuerpo hizo que el corazón me palpitara de un modo extraño y sentí las mejillas arder.
¡Estúpidos sentimientos! ¿Por qué me sentía tan cómoda anoche, cuando me levantó en brazos? ¿Por qué quería que volviera a hacerlo?
Entonces… pensé en una probabilidad que no había considerado seriamente…
¿Sería posible que…? ¡NO! ¡¿En que demonios estoy pensando?!
Sacudí la cabeza rápidamente, y Sebastian, quien me seguía acomodando el cabello con los pasadores, frunció el ceño.
-Señorita, no esta facilitando las cosas –masculló seriamente y continuó con lo suyo. Aquello me molestó y entonces se me ocurrió algo muy divertido que podría hacer para molestarlo.
Levanté una de mis manos hacia mi cabeza y me quité uno, dos, tres pasadores que me amoldaban el cabello lacio, que cayó sobre mis hombros y mi rostro. Sonreí con sorna, esperando un suspiro cansado de su parte, algo que me dijera que había logrado mi cometido.
Pero él únicamente volvió a acomodarlo en su sitio, sin siquiera mirarme a los ojos. Me enfurruñé y volví a hacer lo mismo con los pasadores del otro lado de mi cabeza y ahora el cabello se derramó totalmente. Sonreí con sorna, mirándolo de forma triunfal.
Sin embargo, cuando me quitó el cabello del rostro y pude ver la expresión de su cara, me di cuenta de que probablemente, si había logrado mover algo dentro de Sebastian. Pero no exactamente lo que yo quería.
No dijo nada, ni tampoco parecía molesto. Muy al contrario, había algo en su mirada que se clavaba en mi cabello que dejaba entrever una desesperación lacerante, como si yo hubiera cometido el peor error del mundo en su contra y le doliera en toda su negra alma. Como dije antes, las expresiones de Sebastian eran sutiles, tanto que si no llevara viviendo con el casi mas de un año y medio, no podría leerlas, y aun así, a veces me era difícil darme cuenta de ellas.
No comprendía porque estaba así; no sabía si era lo estúpido de mi juego o si estaba de mal humor (cosa bastante rara) o si era la mera tensión de la obra (cosa aun más rara), pero estaba segura de que Sebastian estaba totalmente confundido.
Bajé los ojos, hacia el asiento color blanco, impecable. Él no preguntó nada el resto del trayecto, ni yo quise preguntarle nada, porque ni siquiera yo sabía porque había actuado tan infantilmente en ese instante.
o-o-o-o
-¡Ya es tarde, apresúrese, señorita! –me dijo Sebastian, cuando entramos por la parte trasera del teatro.
El coche se había quedado en el estacionamiento trasero, que daba a los camerinos enormes del teatro de la escuela. Afuera había algunos grupos de personas charlando animadamente, mientras practicaban sus líneas una y otra vez. Vi a las brujas gemelas, a un grupo de chicos pequeños en pijama y a Charlie Grovesnore, quien seria el alcalde. Llevaba un sombrero enorme y larguirucho, cuya punta se agitaba cada vez que se movía de un lado a otro. Tenía los dos lados de la cara maquillados de acuerdo a las caras que debía poner.
Todos tenia sus trajes puesto y la mayoría ya había salido de la sala de maquillaje y fue en ese instante en que caí en la cuenta de que Sebastian no estaba ni maquillado ni vestido.
-¿A que hora piensas arreglarte? –pregunté, un poco incomoda.
-La señorita Springs tuvo un contratiempo con mi traje… -respondió, suspirando cansinamente y entonces me miró con resignación-. Parece ser que la directora Angelina no quiso dárselo e insistió en vestirme aquí…
Puse mala cara.
-¿Quién diría que tenemos a una vieja tan pervertida como directora? –mascullé entre dientes, realmente incomoda.
Entramos a la sala de camerinos, de paredes negras, iluminada por luces color casi blanco. Había una multitud moviéndose de un sitio a otro, llevando escenografía, luces, fondos y piernas del teatro sobre sus hombros. Dos veces un tipo pasó rozándome y casi me tira al suelo, de modo que Sebastian me colocó delante de el, cuidándome las espaldas y evitando que me cayera.
-¿Cuál es el camerino principal? –pregunté, mirando a todos lados pero sin poder ver un letrero que lo indicase.
-No lo sé –respondió Sebastian, mirando de igual manera-, pero supongo que debe estar por-
-¡Al fin llegaron! –exclamó una voz chillona a nuestras espaldas y girando tan rápidamente como pudimos, ambos igual de sobresaltados, nos encontramos con la directora Angelina…
Pero… ¡¿Qué demonios le ocurría a esa mujer?! ¡¿Por qué estaba disfrazada de calabaza?!
-¿Di-directora? –pregunté con dificultad por lo ridícula que se veía y por primera vez en mi vida, agradecí no tener padres que pudieran conocer a mi estúpida directora.
Ella se acercó dando brinquitos, agitando sus brazos y sonrojada de felicidad.
-¡Oh, el fantástico! ¡Elisse, que hermosa te ves! ¡Vaya ese vestido te sienta a la perfección y esas piernas que tienes son muy lindas! ¡Sabia que había sido una buena elección tenerte a ti como Sally! –dijo pomposamente, apretándome las mejillas, los brazos y todo aquello que pudiera apretarse legal y moralmente en una persona.
-Lamentamos el retraso, señora directora –dijo Sebastian, con voz encantadora. Yo lo miré con recelo; maldita fuera su falsa inocencia.
-Oh, no se preocupen, no hay cuidado –dijo ella encantada, llevándose las manos a las mejillas y meciéndose de lado a lado-, solamente, querido, ve a vestirte y a la sala de maquillaje para que te conviertan en Jack Skelligton.
-De inmediato, pero antes, ¿podría llevar a esta señorita al camerino principal? –preguntó él nuevamente, dándome un leve empujón y yo casi lo asesino por eso… ¿Quién se creía que era yo? ¿creía que no podía averiguar donde estaba por mi misma?
La directora asintió animadamente con la cabeza, mientras me tomaba por un hombro y comenzaba a dirigirse hacia donde debía estar el camerino junto conmigo.
-¡Claro, claro que si! –dijo, sin dejar de sonreír- ¡Yo me encargaré de llevar a salvo a este adorable criatura!
-Muchas gracias –respondió él y se fue corriendo antes de que yo pudiera pintarle un dedo, sin que me importase mucho que la directora estuviera allí.
-Vamos, vamos, Elisse –me dijo, aun feliz, cuando él hubo desaparecido por entre las telas y demás cosas-, debemos llevarte al camerino… ¡tienes suerte de tener un novio como él! ¡Tan atento y caballeroso!
-¡¿Qué?! –exclamé, sonrojándome, tanto que supongo que ella pudo verlo aun a través de mi pesado maquillaje y me guiñó un ojo-, no, no, no…. ¡él no es mi novio! ¡Es un estudiante de intercambio!
Pero la muy estúpida no quitó su estúpida sonrisa. Muy al contrario, me guiñó un ojo nuevamente y se llevó un dedo frente a los labios.
-Yo soy una tumba, cariño, no te preocupes –dijo rápidamente, mientras yo me derretía de la ira que me corría por las venas. Me dio una palmada en la espalda y me señaló al frente, una puerta blanca, que debía ser el camerino principal-. Ve allí y siéntete cómoda, querida.
-Cómoda…-mascullé otra vez, apretando los puños y caminé hacia el camerino hecha una furia. Abrí la puerta y encendí la luz.
Era un sitio bastante amplio, en forma de "L", que supuse se usaba cuando había mas de un solo personaje principal femenino, pero como en mi caso no había mas y los otros camerinos para el resto del elenco eran enormes, supuse que podría estar allí sola, sin que nadie me molestara. Allí estaba mi caja de maquillaje y artículos de belleza, así que pasé a darme un retoque, ya que toda la bilis que había producido en los últimos quince minutos podría haberme hecho envejecer unos quince años y realmente quería tapar esas arrugas.
La luz iluminaba la parte mas larga de la habitación, pero no el final, donde curvaba la "L", pero no me molesté en encender esa luz, pues seria un desperdicio de energía.
Me acerqué al espejo, decidida a maquillarme un poco mas los ojos, pero en ese instante, un crujido seco me puso los pelos de punta y de un brinco me pegué en la pared mas cercana, totalmente asustada.
Allí no había nadie hasta donde podía ver, pero no había revisado en la parte que estaba oculta por la pared, al fondo. Respiré profundamente, y finalmente, articulé una frase.
-¿Quién esta allí? –pregunté, sin dejar de temblar y me pregunté porque estaba tan nerviosa.
¿Sería acaso Rachel?
Esperé, sin poder respirar, la respuesta, y finalmente, emergiendo de las sombras, vi una figura negra, enorme… no parecía humana y busqué, sin darle la espalda, la perilla de la puerta. Se acercó aun más rápido, y finalmente, apareció delante de mi.
-Hola, Elisse –me dijo una voz severa, oscura. La voz del mismísimo profesor Faustus. Suspiré aliviada, bueno, solamente un poco, porque en realidad, se veía casi aterrador.
Llevaba encima un traje negro, de hombreras de plumas y picos que le rodeaban la espalda. El traje era mas bien una gabardina negra y bajaba en "V" hasta la mitad de sus abdomen descubierto y rayado con negro, de modo que parecía que una bestia enorme le había arañado durante una pelea. Los pómulos le resaltaban, tenia el cabello revuelto y delineador negro, el cual resaltaba aun mas sus ojos ambarinos, hipnotizantes.
Y por un momento, quise que esos ojos me miraran como Sebastian lo había hecho la noche pasada.
-¿P-profesor…? –pregunté, o mas bien, me afirmé a mi misma, aun temblando de miedo y de nervios. Él caminó un par de pasos hacia mí, con esa actitud tan desafiante e intimidante que siempre lo rodeaba.
-No te asustes –dijo suavemente, y al entreabrir los labios, pude ver que le habían puesto colmillos, como los de los vampiros. Esto no me hizo sentir mas segura-. El equipo de maquillaje hizo un gran trabajo.
-Ya lo creo…-mascullé, sin poder poner en orden mis palabras. Él se acercó aun mas a mí, y yo traté de retroceder, pero estaba la pared tras de mí. Lo miré fijamente, casi paralizada y puedo jurar que vi que se relamió los labios. Traté de no parecer asustada, pero no podía lograrlo. No entendía porque me costaba tanto trabajo concentrarme con él cerca.
La luz le dio de lleno en sus facciones duras y suaves al mismo tiempo y sus ojos relumbraron aun más y me pregunté si estaba actuando como el Oogie o simplemente lo estaba haciendo en serio.
-¿Qué esta haciendo aquí? –pregunté, tratando de mantener un posición firme, seria, pero no podía controlar el movimiento de mis piernas y zapateaba sin control el tacón negro de los botines contra el suelo.
Él se detuvo un momento en su andar y noté que no tenia las gafas sobre sus ojos y ahora que los veía directamente, me parecieron mas ambarinos de lo que realmente eran.
-Estaba buscando esta gabardina –dijo y se acomodó las solapas de la misma y los huesos artificiales y demás artilugios sonaron como campanillas al chocar unas con otras-. La señorita Springs me dijo que la entregarían ayer en la noche, pero la modista se atrasó y se la dieron esta tarde.
-No me sorprender que se hayan atrasado –admití, mirando los muchos detallitos que tenia; abajo la tela parecía rasgada y dependiendo del ángulo en que la luz le diera, brillaban colores sobrios en la tela de imitación de piel de reptil negra tornasol. Las plumas cosidas a sus hombros también eran tornasol, pero en cada pluma habían cosido pequeños cráneos negros que parecían de obsidiana.
Hubo una pausa incomoda. Él no trató de hablar y yo no quería seguir hablando. Honestamente, sentía la nuca húmeda por el sudor y me sentía mas nerviosa que de costumbre. Nuevamente, me miró, como si quisiera arrancarme un pedazo de carne y comérselo allí mismo. Algo me dijo que tenía que alejarme de allí, pero mi cuerpo no respondía. Parte de mi quería quedarse allí.
Parte de mi… quería ser devorada…
-Señorita muñeca de trapo… -dijo, casi ronroneando y se acercó aun mas a mí, tan cerca que podía ver claramente las líneas no difuminadas del contorno de sus ojos e inclusive las pequeñas ojeras bajo sus parpados.
Yo estaba totalmente estática, totalmente confundida y totalmente embrujada por sus ojos, los labios delgados, el brillo extraño que despedía su piel. Su cuerpo despedía un perfume embriagante… muy parecido al de Sebastian, pero este era mas agresivo… peligroso.
Sus manos empujaron mis hombros contra la pared, dejándome totalmente empotrada. Sin que yo pudiera moverme o decir algo, se acercó aun mas a mi rostro y toda la sangre se me fue a los pies. Pensé que iba a besarme cuando su vaho me golpeó la cara, pensé que lo haría cuando sus labios se entreabrieron, tan cerca de mi que tuve que hacer bizcos para ver bien y en ese momento, apreté los ojos, tensé el cuerpo y esperé lo inevitable…
Pero no pasó nada, únicamente su mejilla rozó la mía, casi como lo haría un gato y sentí su aliento en mi cuello y, con una voz que le pondría los nervios de punta incluso a la mujer mas fría e insensible, me dijo al oído:
-Quiero devorarte completamente hasta el final…
Abrí los ojos, anonadada; justo antes de que pudiera alejarse de mí, escuché el sonido de la puerta abriéndose rápidamente. Sentí que el alma se me salía del cuerpo, pues pensé que seria alguna de las locas. Que me vieran así con el profesor Claude Faustus no era precisamente lo que yo consideraría como dar una buena imagen. Todo esto pasó por mi mente en un segundo, ya que al siguiente segundo de que la puerta se abrió, escuché una voz que me hizo sentir a salvo, y al mismo tiempo, una furia terrible.
-¡Elisse! –dijo esa voz. Claude se quedó allí, cerca de mí, pero yo aproveché para moverme un poco y alejarme de él. Al hacerlo, puede ver a Sebastian en el umbral de la puerta. Y por primera vez en todo el tiempo que lo conocía, casi logra matarme de miedo.
Tenía los ojos entornados, la cara dura y la boca en una mueca severa. Sebastian era sutil en sus expresiones… pero esta vez, el aura que le rodeaba; la ira, la rabia que despedía con la mirada, era algo… algo diabólico.
-¿Qué pasa aquí? –preguntó, pero no a mi, si no a Claude y nuevamente, hubo esa chispa entre ellos como aquella tarde de la audición en el auditorio. Dos bestias a punto de comenzar una sangrienta batalla.
Claude se alejó de mí, y solté un suspiro de alivio cuando lo hizo, pero seguí igual de tensa que antes. El profesor se irguió, frente a Sebastian y agitó frente a su cara, con petulancia disimulada, un grueso libreto, que supuse, seria el guión teatral. Debía haberlo tomado del tocador, debía ser mi guión, porque podía ver claramente en la parte de atrás la ágil y fina caligrafía de las notas de Sebastian.
-Únicamente ayudaba a la señorita a repasar sus líneas –dijo, como echándoselo en cara. Sebastian mantuvo una expresión fría, pero seguía lanzando chispas por los ojos-. Jamás practicamos esta escena, así que supuse que debía hacerlo ahora mismo.
Entonces comprendí su comportamiento; era solamente una escena mas y fue que recordé que nunca se practicó muy bien la parte de Oogie Boogie. Quizás nunca la practicamos.
Sin embargo, aun tenia la duda de porque se comportaba a sí mi demonio.
-Con todo respeto, profesor –respondió mi mayordomo con una sonrisa burlona, haciendo un claro énfasis en la palabra "profesor"-dicha escena fue borrada del guión hace mucho tiempo. Ya no va a llevarse a cabo...
Observé a Sebastian y pude ver que algo se movió en el cuando dijo la ultima frase. Muy al contrario, Claude sonrió maléficamente, como si estuviera escondiendo algo.
-Las cosas pueden cambiar a ultimo minuto –respondió Claude, muy seguro de si mismo-, es por esa razón que me gustaría que estén preparados…
Nuevamente el rostro de Sebastian se endureció y Claude se volvió hacia mi, como si nada hubiera pasado.
-Repasa el guión, Ellie –me sugirió, dejando el guion donde estaba y salió por la puerta, pasando a un lado de Sebastian y empujándolo levemente. La última mirada que me dirigió dijo casi lo mismo que él hacia un par de minutos; que él si quería devorarme viva.
Tragué saliva, aun asustada e hice un esfuerzo por mantener la calma.
-¿Esta bien, joven ama? –preguntó Sebastian, con una voz y una expresión en su rostro mucho más tranquila. Levanté la vista hacia él y asentí con la cabeza.
-Sí, rayos, no necesito que me preguntes eso cada vez que estoy alterada –gruñí y el sonrió.
Me recosté en la orilla del tocador, de espaldas al espejo, mientras Sebastian pasaba frente a mí y tomaba algunas pinturas del estuche de maquillaje.
-Sé que probablemente, usted no me escuchara, joven ama –comenzó a decirme, mientras se inclinaba frente a mí, sin previo aviso. Lo miré desconcertada mientras llenaba un pincel de pintura azulosa.
-¿Pero…? –pregunté expectante, no muy interesada realmente en lo que el pudiera decirme.
-Debo advertirle, que debe tener sumo cuidado esta noche –dijo, pasándome el pincel por las mejillas y un brazo. Me quedé confundida-. Es un sitio rebosante de personas desconocidas, hay muy poca vigilancia aquí atrás, en los camerinos y existen muchas cosas que puden ser usadas para herir.
Levanté una ceja, recelosa.
Estaba a punto de preguntarle algo, cuando, a lo lejos, escuché por las bocinas del teatro la voz chillona de la directora Angelina. Parecía apurada y, haciendo un esfuerzo por entender sus palabras, pude escuchar claramente, la siguiente frase:
-¡Estimado publico, esta es la segunda llamada! –exclamó y yo me paralicé. Le eché un vistazo a Sebastian y casi lo abofeteo allí mismo al darme cuenta de un pequeñísimo detalle con el que no estaba contando.
-¡Idiota! –bramé y él se puso de pie de un salto, casi con una sonrisa burlona -¡¿Por qué aun no estas vestido?! ¡Si me ponen a Edward como Jack juro que te mataré, estúpido demonio!
-¿No sería era algo divertidísimo de verse? –preguntó, justo antes de salir por la puerta y antes de que yo pudiera liberar mi verdadera furia contra él.
o.o.o.o
Quince minutos mas tarde, yo estaba ya en mi lugar, del lado izquierdo del escenario, esperando a que el telón se abriera y todo comenzara. No me había dado el valor de mirar hacia el público, temiendo que, al ver que estaba a rebosar, me acobardara, así que me mantuve callada a un paso del telón rojo de terciopelo. Respiré profundamente dos veces, mientras miraba hacia el escenario, donde aun se acomodaban cosas de último minuto y se hacían las pruebas finales de las luces.
Vi a Audrey y a Monique, con los disfraces puestos y practicando una vez mas sus líneas y sus entradas. Atrás de ellas estaban un grupo de niños pequeños disfrazados de calabazas y tarareaban la canción del opening. Vi pasar a un molesto Alcalde y a los tres hermanos vampiro ensayando su sincronización, abriendo y cerrando sus capas. De pronto, alguien me tocó el hombro y casi de un grito al voltearme y ver una cara un poco conocida entre un montón de pintura verde fango y azul cerúleo.
-Ellie, soy yo, Lucy –dijo ella, un poco divertida, mientras yo fruncía el ceño. No tenia ganas de tratar con ella o su felicidad inminente. Me molestaba-. Lamento haberte sorprendido…
Me enfurruñé, aunque realmente si me sorprendió. El traje era corte sirena y a la altura de las piernas se abría una falda en forma de alcatraz invertido, formada por cientos de tiras de rafia y cordel en colores azul claro y verde fango. La blusa era pegada, verde y las mangas en forma campana, igual a la falda. Llevaba un tocado extraño, orejas similares a aletas de pescado y su cara estaba pintada de verde, combinando los labios en un tono azul.
Aun teniendo un kilo de maquillaje en el rostro, podía ver la sonrisa estúpida en sus labios. Hice un esfuerzo por no parecer incómoda y me mordí los labios.
-No te preocupes –dije rápidamente-. Buen disfraz, por cierto.
Ella se miró y sonrió aun mas.
-Muchas gracias –respondió amablemente-, Alex igual luce increíble, espero que puedas verlo en su acto…
Eso no seria posible, ya que yo no actuaba en la aldea navideña, pero no tuve el valor de decírselo.
-Eso espero yo también… -respondí, cortante.
En ese instante, sonó nuevamente la voz de la directora, anunciando ruidosamente la tercera llamada. Lucy me miró excitada y chilló, dando un saltito. A mi alrededor la gente corrió a sus puestos, Springs correteó a los mecánicos de las luces y en un dos por tres el escenario quedó vacio y totalmente a oscuras.
Lucy me apretó las manos con alegría y emoción, y aun en la oscuridad pude ver claramente como me guiñó un ojo.
-¡Suerte! –exclamó antes de irse rápidamente a su puesto, sin darme tiempo a responder.
Sacudí la cabeza, y respiré hondo. Al fondo escuchaba claramente las voces de la gente del público, cuchicheando y entonces una luz blanca iluminó una parte del escenario afuera. Se escucharon los pasos de alguien con tacones y en ese instante la directora Smitherson, comenzó a hablar, dando un cordial saludo, unos cuantos agradecimientos y una pequeña reseña de la historia.
Las luces se fueron apagando tenuemente, y cuando finalmente Springs dejó de hablar, los aplausos del publico se hicieron oír, mientras la maestra nos hacia señas, desde atrás del telón, de que ya íbamos a empezar.
-Bien, aquí vamos –me dije a mi misma, un poco impaciente y respiré un par de veces. En ese instante, alguien pasó a mi lado, con paso veloz y escuché su clara voz, concisa y gélida, llamándome por mi nombre.
-Ellie… -dijo esa persona y la miré rápidamente, antes de que desapareciera entre las nubes de niebla que las maquinas de humo levantaron. Fueron un par de segundos, pero la reconocí y eso me hizo entrar en un estado inmediato de alerta.
Tenía un traje como de bailarina zombie, de color negro y rasgado y la cara maquillada como si fuera una enferma terminar. Ojerosa, pero con una malignidad en sus ojos que me puso la piel de gallina. El corazón se me puso frío, cuando la vi cubriéndose con la máscara de arlequín, un arlequín maquiavélico.
-Tu… -murmuré asustada. Y ella sonrió, de forma maligna.
-Rómpete una pierna… -susurró Rachel, con una sonrisa macabra, deslizándose entre la niebla, desapareciendo como un fantasma, mientras la música de la obra comenzaba a sonar. Me estiré, me levanté en las puntas de los pies y traté de asomarme para ver si la encontraba.
La voz de la narración comenzo a sonar, como un embrujo, mientras el telón se abria, mostrando un escenario totalmente oscuro. En la oscuridad pude ver, dificultosamente, a algunas personas. Había gente desde las primeras lunetas del frente, hasta los que estaban al fondo. Los palcos estaban a rebosar, desde la primera hasta la cuarta planta. Un murmullo insistente se elevó, como si no pudieran esperar ni un poco mas. Yo respiré, confundida y con temor…
-Fue hace mucho tiempo, mucho mas del crees, en un lugar que en tus sueños has visto tal vez…- la voz del narrador era casi lúgubre, o al menos, asi sonó para mi. El rostro de Rachel volvió a mi mente, junto con su oscura sonrisa y de nuevo traté de buscarla en la oscuridad… ¿Qué estaba haciendo ella allí?
-…Y la historia que hoy contare para ti, sucedio en los mundos las las fiestas sin fin… -sin quererlo, pensé en Lucy, en Alex y en mis demas compañeros; David, Alph, Gus… ¿Qué pasaría si Rachel trataba de hacer alguna estupidez en el teatro? ¿Qué pasaría si ella…?
Entoces, comprendí…
El pulso se me aceleró en las venas y en la espalda, sentí como si de pronto, alguien hubiera soltado el mundo en mis espaldas. El alma se me fue a los pies, porque comprendí que Rachel…
-Tal vez, te has preguntado la historia de las fiestas, pon atención pues esta ahora comienza...
Rachel iba a asesinarme esa misma noche…
o.o.o.o
¿Qué les pareció? Una porqueria? Lo sé u.u, un poco lento, sí, pero el capitulo era originalmente larguísimo :S casi cuarenta hojas de World y pss es demasiado haha asi que lo dividí en dos.
Gracias por leer! Nos vemos en el próximo capitulo, para el cual tengo muchas expectativas muajaja :D un Sebastian decepcionado, un Claude celoso y un Edward que no deja de estar chingando u.u
Bueno pues adiositoooo! :D
Dejen reviews!
