Ranma ½ y todas sus situaciones y personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Hago esto por voluntad propia y sin fines de lucro.
Todo el olvido está lleno de memoria
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«Rojo—como el que más[…]
el balcón de geranios
la llama de tus labios»
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(VIII)
—¡No tomes el pedazo más grande, Akane! —se quejó Nabiki.
—Es el trozo que Kasumi cortó para mí —se defendió la menor.
—Vamos, no peleen —pidió la hermana mayor sonriendo amable—. Dámelo, Nabiki, te lo cambio por el mío.
—Espera, mejor véndeselo por quinientos yens, Kasumi —dijo Akane con burla mientras sus hermanas intercambiaban los trozos de sandía.
La mayor rió alegre y la mediana hizo una mueca.
—Ja-ja-ja —ironizó—. ¿Quién lo diría, Akane? Tú tan alegre aquí... pensé que sin tu maridito en la casa estarías más deprimida.
—Vamos, Nabiki, sabes que es la primera vez en el día que está un poco animada —intervino Kasumi—. ¡Con lo que me costó sacarle una sonrisa en el almuerzo!
—No es para tanto —comentó Akane sonrojada. Bajó la vista para concentrarse en sacar las semillas con su palillo.
Kasumi suspiró.
—Cuantos recuerdos... —comentó—. ¿Se acuerdan cuando éramos niñas y mamá repartía la sandía? Ustedes siempre se peleaban por el trozo más grande, aunque todos eran idénticos —sonrió.
—En realidad... no lo recuerdo —respondió Nabiki. Mordió la fruta y el flequillo tapó su cara.
—Yo tampoco —admitió Akane avergonzada.
Kasumi las observó con una mezcla de ternura y tristeza.
—Ha pasado mucho tiempo desde entonces —dijo con calidez—. Mírense... Nabiki comenzando la Universidad... Akane casada y haciendo funcionar el dojo...
—Eso está por verse aún, dos alumnos no es gran cosa —comentó Nabiki—. No sé cómo harán para levantar ese viejo dojo.
—¡Lo lograremos!
—Bien, bien. Seguramente necesitarán de mis servicios así que tal vez les haga descuentos especiales por ser familia. Digamos... —se puso el índice en la barbilla— un cinco por ciento.
Guiñó un ojo.
—¡Qué generosa! —espetó Akane con ironía.
En ese momento sonó el teléfono y la menor hizo el ademán de ponerse de pie, pero después se quedó quieta, sintiendo la mirada de Nabiki clavada en ella.
—¿Podrías contestar, Akane? —pidió su hermana mayor.
Mientras la muchacha se levantaba rápidamente para cumplir con el pedido, Nabiki rió.
—Saluda a Ranma de mi parte —dijo cuando Akane estaba saliendo de la sala.
—Ranma...
—¿Qué? —preguntó él.
Todavía entre sueños, Akane abrió un poco los ojos y pudo observar al chico de trenza que, recostado de lado en la cama, la observaba atentamente. Ella cerró los ojos de nuevo y se acercó despacio para abrazarlo y apoyar la cabeza en su pecho, tomó aire y lo soltó en un largo suspiro.
—Ranma...
—Ya entiendo, ¿estabas soñando conmigo? —preguntó el muchacho acariciándole la espalda y sintiendo que su ego se elevaba y flotaba sobre la habitación.
Akane movió apenas la cabeza, negando.
—Tú ni siquiera estabas ahí —respondió adormilada—. Había sandías.
El ego cayó en picada y le abofeteó la mejilla izquierda. Y dolió.
—¿Sandías, eh?
«Genial. ¿Y qué se supone que tienen que ver las sandías conmigo?».
Quiso preguntarle, pero escuchó la respiración pausada de Akane. Ya se había vuelto a dormir, o mejor dicho, nunca había estado del todo despierta. Se quedó quieto disfrutando de su cercanía, todavía podían quedarse diez minutos más así hasta que fuera momento de levantarse.
—Akane, despierta —escuchó que una voz la llamaba, pero no hizo caso.
Tenía ganas de dormir quince horas más, se sentía pesada, se sentía rara. Había pasado toda la noche teniendo sueños extraños que ni siquiera recordaba, a excepción del último, donde estaba sentada en la frescura de la sala comiendo sandías con sus hermanas. Ese sueño le traía una sensación ominosa, como de normalidad y extrañeza al mismo tiempo; pero después la imagen cambiaba, veía a Ranma frente a ella y no podía evitar abrazarlo como lo había hecho en tantos otros sueños. A partir de ahí no recordaba nada más, no tenía conciencia, ahora solamente estaba la voz que insistía.
—Akane... despierta de una vez. ¿Quieres que yo me encargue de las clases hoy?
Abrió un ojo primero y después el otro y sintió que alguien se apartaba de ella y el colchón se movía por el cambio de peso. Todavía tenía los brazos estirados, abrazando ahora un espacio vacío.
Se enderezó de golpe y se llevó las manos a la cara.
«No era un sueño», pensó, sintiendo las mejillas enrojecidas. Pero si eso no era un sueño, ¿lo otro tampoco? ¿Eran recuerdos? Le hubiera gustado tener memoria de cada cosa que había soñado, pero todo se entremezclaba como en una nebulosa sin sentido. Se frotó la cara de manera brusca mientras gruñía.
—Akane... ¿estás bien? —preguntó Ranma mientras se ponía los pantalones—. ¿Quieres que yo...?
—Estoy bien —lo interrumpió ella mirándolo—. Yo me voy a encargar de la clase. No te preocupes.
Suspiró apesadumbrada y se atusó el pelo bruscamente con el ceño fruncido.
—Hoy va a hacer mucho calor —comentó Ranma.
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Y por supuesto que hizo calor. Las puertas corredizas que daban al jardín se mantuvieron abiertas todo el día para dejar que entrara la brisa fresca, Kasumi canturreaba en la cocina mientras preparaba limonada y los patriarcas Tendo y Saotome colocaron el tablero de shogi en el pasillo exterior para poder jugar con mayor comodidad.
Y Ranma estuvo casi todo el día transformado en chica.
Después de entrenar en la mañana se mojó con agua fría para refrescarse y luego se quedó con ese cuerpo que resultaba más cómodo y resistente al calor. Akane lo vio cuando fue a tomar un poco de agua a la cocina entre medio de sus clases; tenía una camiseta de tirantes blanca y unos pantalones y estaba sentado en el suelo de madera abanicándose despacio. La muchacha de cabello corto se lo quedó mirando un rato y después sacudió la cabeza para volver a lo suyo.
A la hora del almuerzo, un femenino Ranma se sentó a su lado, Akane lo estuvo mirando de reojo todo el tiempo, casi a punto de decirle algo, pero no sabía exactamente qué. Era la primera vez que lo veía tanto tiempo como chica desde que había conocido su «nueva condición civil», y le resultaba de lo más extraño, como si algo faltara para llenar un espacio. El muchacho, que para el momento ostentaba un cuerpo de mujer, comía como si nada, casi sin darse cuenta de que su esposa lo observaba pensativamente.
A media tarde Akane subió a su habitación sintiéndose agotada de tanto pensar y con una sensación rara en el cuerpo. Estaba cansada, cansada de no saber lo que le ocurría y de no saber lo que le había pasado.
Cerró la puerta con apatía. Le dolían un poco los pechos y los sentía inflamados, eso le estaba avisando que en cualquier momento tendría el período. Ahora ni siquiera sabía sus fechas. Suspiró dejándose caer en la cama. Sería tan fácil tener un diario íntimo y poder leer ahí de su puño y letra todo lo que había pasado en ese tiempo, pero no usaba un diario como desde los 14, y había guardado ese solo como un recuerdo de la niñez.
Akane se llevó la mano a la frente mientras pensaba qué hacer, entonces recordó el libro que compró la tarde anterior. Lo buscó entre los cajones y después lo abrió sobre la cama y se sentó en el suelo para leerlo. Pasó la primera página y la presentación de los editores.
—Esto es tan estúpido —se dijo mientras leía la introducción—. Como si un libro fuera a ayudarme en algo.
«Los problemas de memoria son frecuentes en muchas personas, pero las causas de pérdida de memoria pueden ser múltiples. En genera,l quienes olvidan las cosas cotidianas tienen muchas cosas en la cabeza, muchos pensamientos que 'ocupan demasiado lugar'... Entonces, los problemas de memoria se pueden deber a causas psicológicas, que es lo más frecuente, o a causas tanto orgánicas como biológicas. Más adelante hablaremos de... »
Akane suspiró mientras pasaba un par de páginas.
«La amnesia es un trastorno del funcionamiento de la memoria, según el cual el individuo es incapaz de conservar o recuperar información almacenada con anterioridad. Las causas de la amnesia son orgánicas o funcionales. Las orgánicas incluyen daño al cerebro, causado por enfermedades o traumas, o por uso de ciertas drogas...»
«... A continuación se detallan algunas de las causas de la pérdida de memoria:
- Intoxicación con alcohol o drogas ilícitas.
- Ciertos medicamentos.
- Ciertos tipos de convulsiones.
- Demencia.
- Depresión, trastorno bipolar o esquizofrenia cuando no se han controlado bien los síntomas...»
—¡Esto es terrible! —exclamó cerrando el libro de golpe.
Apoyó la cabeza en sus brazos cruzados y suspiró.
—¿Estaré enferma? —murmuró, después sacudió la cabeza—. No, Ranma me lo habría dicho... o alguien más.
Volvió a pensar en Ranma abanicándose desganado en el pasillo exterior, transformado en chica. Estuvo pensando en eso, con los ojos cerrados, hasta que se quedó dormida.
Estaba lloviendo, pero de todas maneras Ranma estaba sentado en el tejado. Hacía rato que su cuerpo había cambiado por uno femenino, curvilíneo y menudo, y su cabello era ahora de un color rojo, más oscuro y profundo porque estaba mojado.
El muchacho escuchó unos pasos cerca de él (que reconoció en seguida como los de su esposa) y a los pocos segundos sintió que alguien se sentaba a su lado. De pronto, las gotas de agua ya no lo mojaban, aunque seguía lloviendo.
Ranma levantó la mirada y vio a Akane a su lado, que lo miraba con una pequeña sonrisa y sostenía en su mano derecha un paraguas que los cubría a ambos.
La pelirroja volvió a mirar el patio.
—¡Uf! Hacía tiempo que no usaba esa escalera —comentó Akane suspirando. Ranma no dijo nada, así que ella siguió hablando—. Te vas a enfermar si sigues aquí.
—No pasa nada.
Akane observó su mirada perdida en la lluvia.
—¿Sabes?... odio cuando estamos peleados —le dijo con voz suave.
—No estamos peleados —acotó Ranma mirándola con sorpresa.
—Lo digo por ayer... por lo del dojo. Odio cuando no nos hablamos y estamos resentidos. Tú... tú eres mi mejor amigo y me pone muy triste no poder contarte cosas.
Ahora Ranma la miró más atentamente y se dio cuenta de que tenía los ojos brillantes, como si estuviera a punto de llorar.
—Akane, ¿qué te pasa?
—¿Qué te pasa a ti? —inquirió ella—. ¿Estás molesto aún? ¿Estás preocupado, Ranma? Habla conmigo, por favor. Tiene que ser algo importante para que estés aquí sin que te importe el agua.
Se miraron a los ojos y entonces Ranma se sonrojó un poco, de una manera adorable, según Akane.
—Yo... es que quería pensar un poco —dijo, después se tironeó la trenza nervioso—. Olvidé que estaba lloviendo.
—¿Lo olvidaste?
—Cuando puse un pie afuera y lo recordé, ya me había transformado —explicó encogiendo los hombros avergonzado.
—Eres tan tonto —susurró Akane sonriendo. Cambió de mano el paraguas para poder tomar la mano de su esposo y entrelazar los dedos con los suyos. Se acomodó un poco más cerca.
—¡Ah! No, Akane, no te acerques tanto.
La mano que apretaba la suya se sintió de pronto como plomo. La pelirroja empezó a balbucear para tratar de aclarar.
—Es... no es porque... Estoy empapado. Te vas a enfermar —logró decir.
—No importa. Si nos enfermamos nos quedaremos los dos en la cama, ¿qué tiene de malo?
Ranma giró la cabeza para mirarla y Akane abrió mucho los ojos, dándose cuenta de lo que había dicho.
—No es... no te imagines cosas.
—¡Yo no me imaginé nada! —replicó Ranma echándose a reír.
Akane ocultó el sonrojo pegándose al brazo de la mujercita y escondiendo la cabeza en su hombro.
—Pervertido.
—¿Yo? ¡Tú te pusiste colorada! —Ranma no podía dejar de reírse.
—¡No es cierto! —trató de negar la muchacha de cabello corto.
—Claro que sí. Siento el calor de tu cara a través de la ropa.
—¡Ya basta!
Akane se alejó un poco, aunque no le soltó la mano.
—No es para tanto —dijo Ranma sonriendo—. Debes admitir que eres una mal pensada.
Akane no dijo nada y se quedaron en silencio por un rato.
—Akane, vámonos lejos de aquí.
—No creo que a nadie le haga mucha gracia que nos vayamos de viaje dejando el dojo así —comentó la chica de cabello corto sonriendo.
—Eh... hablo de irnos para siempre —replicó Ranma sin querer mirarla a los ojos todavía.
—¿Para siempre?... Y... ¿a dónde iríamos? —preguntó Akane con la emoción bailando en la garganta.
—No lo sé. A cualquier parte... Sería un lugar solamente nuestro, donde no tengamos que preocuparnos por los demás, por lo que piensen o lo que digan.
—¿Y el dojo?
—Vamos a levantarlo —aseguró Ranma girándose para mirarla—. No hay nada que yo no pueda lograr, te aseguro que en poco tiempo tendremos muchos alumnos y este será el mejor dojo de Japón.
—Bueno, bueno, tampoco hay que exagerar —replicó la otra chica—. Entonces... este lugar hipotético al que iríamos... no implicaría dejar el dojo.
—¡Claro que no! ¿Creés que quiero morir despellejado por mi viejo? —dijo la pelirroja—. Podemos hacer ambas cosas. Además... no es mala idea tener un dojo, me gustaría poder enseñar todo lo que sé, tener a quién transmitírselo. Fue interesante ser maestro... aunque duró poco.
—Ranma, realmente has pensado mucho en esto —dijo Akane asombrada, y no era una pregunta.
—Solo algo... a veces —admitió—. Ya sé que ahora es muy complicado, pero más adelante, quizás. Se necesita mucho dinero. Tú... ¿quieres?
—Sería agradable tener un lugar para nosotros, para variar —respondió Akane haciendo una mueca. Después se volvió para mirar a su esposo, que por cuestiones del destino ahora era una linda mujercita de ojos azules y cabello rojo, y le sonrió ampliamente, como sabía que le gustaba—. Me encantaría, Ranma. Claro que quiero.
Y lo soltó, para tirarle los brazos al cuello y besarlo en los labios, olvidándose de mantener el paraguas sobre ellos. Akane puso todo el amor del que fue capaz en ese beso intenso, sintió los labios fríos y se alejó cuando la otra mujer empezaba a responderle.
—Estás helado. Ve a darte un baño ahora mismo —le ordenó con rostro severo.
—Pero... pero... —Ranma estaba pestañeando y con las manos todavía en el aire, adonde las había movido para empezar a tocarla—. ¿Qué... ? Akane...
—Date prisa —lo urgió su esposa, levantándose con cuidado para no resbalar en las tejas. Se fue hasta donde estaba apoyada la escalera de mano y se volvió a mirarlo—. Vamos, Ranma, de verdad te vas a enfermar... —comenzó a descender la escalera mientras Ranma se levantaba suspirando y antes de que su cabeza desapareciera del todo del campo visual de la pelirroja agregó—: Luego tal vez continuemos donde lo dejamos.
Se fue soltando una risita.
—¡Te tomaré la palabra! —anunció la otra mujer desde arriba.
Akane despertó de golpe y levantó la cabeza. Tenía los brazos dormidos por haber permanecido en la misma posición y aún escuchaba en la mente la risa vivaz de la pelirroja, la risa de Ranma.
Se llevó la mano a los labios y sintió su cara arder. Nunca se había puesto a pensar hasta dónde llegaba la influencia de la maldición de Ranma, nunca había reflexionado en lo que podía ser de verdad estar casada y compartir la vida con él así, significaba comprenderlo y aceptarlo pese a todo; y, más aún, hacerlo sentir aceptado. Solo había entendido lo terrible que podía ser tener una maldición como las de Jusenkyo en aquellos momentos en que Ranma sufría por estar atrapado en su cuerpo de mujer sin poder volver a ser hombre. Pero, ¿y el resto del tiempo? ¿Cómo era en la vida cotidiana?
¿Qué era lo que su mente quería decirle con ese sueño? ¿Y era realmente un sueño? Porque era demasiado vívido y detallado para ser un producto de su imaginación. Decidió que había solo una persona a la que podía preguntarle eso y, con los nervios a flor de piel, fue a buscar a Ranma Saotome.
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Era demasiado embarazoso preguntarle directamente sobre el tema de los besos, así que decidió tratar primero otro que también se le había quedado grabado en el corazón. Encontró a Ranma en el dojo, ya con su cuerpo masculino y con el gi puesto preparándose para sus clases.
—Lo sabía. Vienes a ver mis clases, ¿no? —preguntó él cuando la vio entrar. Estaba arrodillado en un costado acomodando unas pesas y otros útiles de ejercicio. Se levantó con presteza y caminó gallardamente hacia ella.
—Quiero preguntarte algo —replicó Akane sin querer andar con rodeos, en cualquier momento empezarían a llegar los alumnos.
—¿Qué pasa? —Ranma dejó el juego y la miró atentamente.
—Nosotros... ¿puede ser que nosotros... planeáramos ir a vivir a otro lado? —Akane lo miró expectante.
—¿Lo recuerdas? ¿Recordaste? ¿Cómo, cuándo... ? —la tomó por los hombros con expresión afligida.
—No, no exactamente —la muchacha pensó un momento antes de hablar—. Son como sueños, y no sé si lo que pasa ahí en verdad ocurrió o yo me lo imaginé.
—¿Qué pasa en el sueño?
—Bueno... está lloviendo y estamos en el tejado —Ranma asintió—. Tú estás como chica y me hablas sobre esto de... tener un lugar para nosotros... —Akane se sonrojó—. Bueno, eso.
Ranma asintió y la soltó lentamente, rozando de paso sus brazos.
—Sí... han pasado muchas cosas desde aquel momento —comentó.
—¿De verdad pasó? —inquirió Akane acercándose un poco.
—Sí, lo recuerdo porque... —pero se interrumpió—. Ah, no importa.
—¿Qué ibas a decir? ¡Ranma! Dime qué ibas a decir.
—Nada —la cortó él—. Es que hacía poco que el dojo... había quebrado —dijo con rostro sombrío—. Y habíamos discutido mucho y nos dijimos cosas horribles.
Ranma miró hacia otro lado y Akane se mordió el labio inferior. No le importaba eso, muchas veces se habían gritado y se habían peleado pasando días sin hablarse, claro que en aquel tiempo todavía no estaban casados, pero siempre terminaban reconciliándose y haciendo las paces. Y en ese recuerdo, en esa conversación que tenían los dos en el techo bajo el paraguas, ella había podido ver compañerismo y comprensión, había visto planes para un futuro y alegría por compartirlo.
Akane tomó aire y soltó:
—Y nos besábamos.
—¿Qué?
—En mi sueño... —se iba sonrojando cada vez más— nos besábamos. Pero tú eras una chica.
—Ajá —dijo Ranma, como esperando que ella continuara hablando hasta llegar a una parte más importante.
—¿No... no era la primera vez que pasaba? —tartamudeó la muchacha.
—No —respondió él como si fuera obvio. Y después cayó en la cuenta de que ella no recordaba nada—. Akane... es que...
Se escucharon murmullos en la puerta del dojo y varios alumnos entraron y saludaron respetuosamente. El matrimonio devolvió el saludo, ambos turbados y sin saber bien qué decir a continuación.
—Está bien —le dijo Akane pensativa. Después sonrió—. Ya va a comenzar la clase. Yo... emm... me quedaré a mirar.
Vio que él tenía una mirada casi desesperada así que le apretó ligeramente el brazo para darle ánimos antes de ir a sentarse en un costado de la duela.
La clase comenzó con estiramientos sencillos y algunos movimientos para entrar en calor, después fueron a los enfrentamientos de uno contra uno. Akane observó con un educado interés. Eran jóvenes entre 15 y 18 años, todos varones, con excepción de dos chicas; estaban todos muy atentos a las explicaciones y demostraciones de su maestro y se esforzaban bastante.
Mientras Ranma iba impartiendo directivas por toda la duela con su energía habitual, Akane volvió a pensar en su recuerdo, en la sensación de los labios fríos de la pelirroja, en cómo la mano de ella empezaba a entibiarse en contacto con la suya, en las gotas de lluvia fría sobre sus mejillas. Estuvo tan concentrada en sus pensamientos que se dio cuenta de que la clase acabó solo porque varios alumnos se pusieron a charlar en la puerta del dojo y la sacaron de su ensimismamiento.
Ranma se acercó a ella secándose el sudor con una toalla.
—Estuviste muy bien —comentó Akane en seguida para tratar de ser amable y ocultar que casi no había prestado atención.
—Ah ¿sí?
Los alumnos saludaron y se dispersaron de a poco. Ranma y Akane caminaron lentamente hacia la casa.
—Voy a darme un baño —dijo Ranma, y por un momento abrió la boca como si fuera a agregar algo más, pero lo pensó mejor—. Luego hablamos.
—Bien —replicó la muchacha, aunque no estaba muy segura de querer hablar del tema que había quedado pendiente en el dojo.
Entraron a la sala y Ranma subió la escalera, mientras su esposa se quedaba abajo, observando a Nabiki. Su hermana estaba sentada a la mesa de la sala, estudiando. Akane se sentó frente a ella y observó todos los libros que tenía sobre la mesa, no era difícil adivinar lo que estudiaba, casi todos tenían escrita la palabra «economía» y los que no decían «matemática» o estaban llenos de números.
—¿Qué se traen ustedes dos? —preguntó Nabiki.
Su hermana menor levantó la cabeza para mirarla a la cara.
—¿Qué?
—Tú y Ranma están muy raros últimamente, estoy segura de que se traen algo entre manos —dijo la otra muchacha—. Te aseguro que si estuviera un poco más de tiempo en casa podría observarlos mejor y lo averiguaría. Aún así, tengo varias teorías.
—Creo que no quiero saberlas —comentó Akane.
—Como digas —Nabiki se encogió de hombros.
—¿Por qué mejor no hablamos sobre las fotografías? —continuó Akane con el rostro serio.
—¿Las fotografías? —Nabiki dejó de escribir en su cuaderno por un momento. Después empezó a sonreír despacio—. ¿Las fotografías tuyas y de mi «cuñadita»? Ajá... yo sabía que era eso lo que te preocupaba y estabas dispuesta a hacerlas. Después de todo tú eres bastante inteligente.
—¡Nada de eso! —exclamó la menor—. ¿No te da vergüenza sacar dinero de nosotros así? ¡No puedo creerlo, Nabiki!
La aludida puso los ojos en blanco con fastidio.
—¿De nuevo con el sermón, Akane? Ya me lo dijiste hace mucho.
—Pues quiero repetirlo.
—Y yo vuelvo a repetirte por millonésima vez, Akane, es un gran negocio —aseguró Nabiki echándose hacia adelante y golpeando con el lápiz uno de los libros—. Incluso podrían salir besándose, con eso sí que ganaríamos dinero.
—¿Besándonos? —dijo Akane.
—¡Claro! Para ustedes no sería gran cosa, ya lo han hecho.
—¡¿Tú qué sabes? —replicó la menor mirando hacia otro lado.
—Me lo supongo, nada más. Y por tu reacción está más que claro —Nabiki sonrió de costado—. Solo son unas fotos, no es tan grave.
—Eso es... es nuestra intimidad —Akane no sabía hacia dónde mirar, pero sabía que no a la cara de su hermana—. ¿Cómo se te ocurre querer vender algo así? ¡Y todavía en la Universidad!
—Por favor, hermanita, ahí es donde más lo necesitan —replicó Nabiki con gesto dramático—, ¿y quién soy yo para negarles un poco de distensión a los corazones de los pobres muchachos afligidos por el estudio?
—Sí, claro, a los «corazones» —comentó Akane ácidamente.
—Deberías ayudarme, tendrías que colaborar conmigo. Ya sabes que con mis negocios apenas puedo pagarme la Universidad, si tuviera dinero extra podría irme de casa y así tú y tu maridito tendrían algo más de espacio. Imagínate, tal vez así no tendrían que irse de viaje cada vez que quieren un momento a solas.
Nabiki la miró con intención y el sonrojo cubrió a Akane como una manta.
—¡¿Se puede saber de qué hablas? —preguntó ofuscada.
—¿Qué pasa? ¿Ahora te volviste inocente? Es muy fácil darse cuenta cuando están planeando esos «viajes de entrenamiento», los dos andan muy emocionados dándose miraditas... en fin, supongo que eso mantiene la chispa del matrimonio —Nabiki sonrió—. Lo que nunca me has contado es qué entrenan exactamente.
Después rió viendo a su hermana menor con la mandíbula desencajada.
—¿Akane? —llamó Kasumi entrando a la estancia—. ¿Podrías venir un momento?
—Cla... claro, ya voy.
La chica le dedicó otra mirada de incredulidad a su hermana, que había vuelto a concentrarse en los libros, y después salió del cuarto. Kasumi la estaba esperando al pie de la escalera con una sonrisa.
—Hermanita, necesito un favor, ¿podrían tú y Ranma ir a buscar algo de ramen al Neko-hanten? Me atrasé con la limpieza y no podré tener la comida a tiempo.
«Qué bien, de paseo al Neko-hanten», pensó con ironía.
—¿Por qué mejor no lo ordenas por teléfono, Kasumi? —sugirió.
—¿De qué hablas? —su hermana rió discretamente—. Tú sabes que ya no hacen entregas a domicilio. Toma, aquí tienes el dinero. Recuerda que hoy vienen los tíos a cenar.
Kasumi desapareció y Akane se quedó mirando los yenes que tenía en la mano.
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Continuará…
Este capítulo está dedicado a Jorgelina-san, por ser el primer review del capítulo anterior ;D
Nota de autora: ¡He pasado los 100 reviews! Y esto es todo por ustedes. ¡Gracias a todos! No se pueden imaginar la emoción que siento con todo lo que me escriben, nunca pensé que esta historia iba a ser recibida de esta manera, yo solo tenía ganas de contar mi propia versión de lo que había pasado después del manga y ¡heme aquí! No puedo creer la suerte que tengo de tener a tantas lindas personas de tantas partes del mundo esperando más capítulos de algo que yo creé.
¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias! Los quiero a todos y cada uno de ustedes.
Me pasó algo con este capítulo y es que estuve pensando mucho sobre los personajes y cómo los manejaba. Les cuento que últimamente el foro de Ranma ½ de esta página estuvo muy animado, con mucha gente nueva, entonces estuvimos hablando de muchísimos temas de la serie y eso me hizo replantearme muchas cosas. Cada vez que me ponía a escribir pensaba «pero fulana o mengana dice tal cosa y me parece que podría ser», o «pero todos creen que tal parte debería haber pasado así, tendría que ponerlo así», o «esta parte tendría que ser de esta manera porque todo el mundo lo escribe así». En fin, que me atormentaba yo sola pensando qué le iba a parecer a todo el mundo mi capítulo porque no quería defraudar a nadie, porque no quería decepcionar a nadie, y eso es insano. Es que no estoy acostumbrada a eso, he escrito toda mi vida, pero siempre fue un acto solitario, a lo mejor le mostraba algo a mis amigas o más adelante a mis compañeros de facultad, pero nada más. Aunque publico en fictionpress, ahí no me lee nadie y por supuesto nadie espera mis actualizaciones. Y acá sí, y esa es una responsabilidad enorme, yo de verdad me tomo esto de los fics con seriedad porque estoy escribiendo sobre una serie y unos personajes que amo.
Y bien, finalmente hice cortocircuito, al punto que el sentarme a escribir no me hacía feliz, más bien me daba terror, y eso es inaceptable. Estuve buscando respuestas en mí misma hasta que hoy (que es una tarde demasiado cálida para el otoño que vivimos en esta parte del mundo) me di cuenta de lo que fallaba: había dejado de escribir para mí. Es necesario escribir para uno, escribir escenas e historias que a una le gusten y le den ganas de avanzar y crear capítulo tras capítulo.
Entonces ahora trato de retomar mi camino, por suerte tengo toda la historia pensada desde el principio, y capaz cuando termine a ustedes no les guste, pero yo voy a quedar contenta habiendo imaginado y escrito la vida de casados de Ranma y Akane.
Tenía la necesidad de contarles esto porque ustedes como lectores son muy importantes para mí y les agradezco infinitamente que tomen un poco de su tiempo para leerme. Si leyeron toda esta parrafada parecida a una terapia grupal o algo así, les agradezco y les mando besos y voy a tratar de conseguirles un regalo para la próxima jaja.
Ahora sí, hablando en general, lamento arruinarles la emoción a muchos, pero no va a haber campamento (sí, pueden tirarme tomates si quieren), pero que no haya campamento no quiere decir que no se muestre una pincelada de cómo eran las cosas cuando se iban de campamento jojojojo! (ups, parezco Kodachi, perdón). La cosa es así: en ningún momento pensé que esa inocente frase de Ranma les iba a crear tanta expectativa, eso era una conversación entre ellos nomás, yo ya tengo pensado y planeado cómo va a continuar todo y el campamento no estaba en los planes. Ese fue Ranma que se metió en el asunto, es que cuando los personajes se ponen a hablar hacen lo que quieren :)
Y, por fin, el espacio para los comentarios personalizados:
Karyn: ¡Muchas gracias! Acá el siguiente capítulo, ahora otra espera más. Te mando saludos.
Belli: ¡Feliz cumpleaños! :P Que lindo que hayas tomado esto como un regalo. Muchas gracias por todas tus palabras, casi me hacés llorar a mí jeje. Todo se lo debemos a ellos, Ranma y Akane son simplemente demasiado lindos juntos. Te mando un beso.
Cjs: Por lo que veo no sos la única intrigada. Gracias por escribirme. Besos.
Paz: Gracias a vos por escribirme. Bueno, me gustaría saber cuáles son tus teorías XD. Veremos qué sucede más adelante. Te mando un beso.
Sakura: Hola! Yo bien, ¿y vos? Gracias por todo lo que me decís, admito que me encantó escribir esa parte n_n. Te mando un beso.
Tieve: Gracias por escribirme. Como comprenderás no puedo decirte ni que sí ni que no a tus teorías jaja. Saludos.
Nora: ¡Hola! Claro que leo los comentarios, a veces me levantan mucho el ánimo cuando se hace difícil escribir y llevar el ritmo de todo. Gracias por escribir. Te mando un beso.
Yurika12again: Viste, cada vez más intrigas jeje. ¿Qué puedo decir? No tengo justificación, simplemente me gusta intrigar a la gente :) Saludos.
Romina: ¡Oh, mi tocaya! Jaja, muchas gracias por todas tus palabras. ¿Recuperará pronto la memoria? ¿Será que la recupera alguna vez? Más y más preguntas se suman a la lista. Te mando un saludo.
Gracias a todos los que se pasan a leer y dejan reviews. Hasta la próxima.
Romina
