*Sale de su baticueva* ¿Hola?... bueno, antes de que me quemen en la hoguera y bailen desnudos alrededor (¿?) quiero decir que lamento mucho haberlos hecho esperar tanto —y sí, cinco meses es DEMASIADO— considerando que mi limite personal son dos meses y no más.

Yendo al grano, ya tenía el capítulo listo por esas fechas, pero se me dañó la laptop, perdí mis archivos, luego los recuperé, pero nuevamente comenzó a fallar el sistema y, al final, me he quedado sin computadora hasta nuevo aviso —aunque presiento que por la garantía terminarán reemplazándola por una nueva y con suerte eso sucederá a principios del año que viene ;_; — En fin, perdí mucho tiempo esperando a que la repararan y como eso no ha sucedido me he visto en la necesidad de pedir un recurso prestado para poder escribir esto que enseguida van a leer.

Una disculpa por no haber avisado antes —al no tener laptop me fue imposible y mi celular es demasiado gay para permitirme escribir de forma decente— y de todo corazón, espero que este capítulo les guste mucho —se hizo esperar demasiado el maldito—. xD

Sin más de momento, disfruten la lectura y nuevamente, muchas gracias por su apoyo y ánimos. ¡Son geniales! ;w;


~*oO:: Tributo ::Oo*~


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~ Dedicado a todas las chicas hermosas del "lado oscuro", quienes hacen mis horas en Facebook, mucho más divertidas e interesantes… y al dueño de mis latidos, DJM. Ya que si no fuese por su gran ayuda, esta historia jamás hubiese visto la luz. ~

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~oO:: Capítulo 8: Bajo la misma luna ::Oo~


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Los personajes de NARUTO, no me pertenecen. Son propiedad y obra de Masashi Kishimoto. Capítulo con contenido sexual y lenguaje soez.

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Sakura no pudo evitar que gruesas lágrimas terminasen por colarse de sus ojos y rodaran por sus rosadas mejillas. Cierto era que la gente solía llorar de dolor o tristeza, pero estas gotas saladas eran de total felicidad y alegría. Ella estaba tan contenta y conmocionada al mismo tiempo que le fue imposible contener sus emociones por más tiempo.

Juugo, su querido amigo Juugo estaba ahí. Frente a ella. Sano y salvo. No lo podía creer. Todo parecía ser parte de un sueño del cual temía despertar.

No lo pensó demasiado. Una efusividad antes reprimida se apoderó de la chica de larga melena rosada —quien sin importarle demasiado—, terminó abalanzándose sobre aquel muchacho. Abrazándole con mucha energía. Si no fuese porque el peli-naranja era tan alto y fuerte, seguro la gran fuerza bruta de Sakura habría conseguido derribarlo.

El chico sonrió en respuesta, cerrando los ojos y correspondiendo el cariñoso contacto con las maneras tan propias que lo caracterizaban.

—Yo… yo creí que estabas muerto—susurró débilmente la peli-rosa.

Juugo suspiró y una leve caricia en la cabeza de la joven acompañó su respuesta.

—Yo también llegué a pensar que estaba muerto, Sakura-san—dijo con calma—. Supongo que tuve mucha suerte.

La muchacha alzó la cabeza y lo miró sin entender realmente a qué se refería con ese "tuve mucha suerte". En su opinión, una persona se consideraba afortunada cuando las cosechas eran prosperas, había agua fresca que beber, tenía un techo para dormir y protegerse de las inclemencias del frío o calor. Para ella la suerte era una traidora en toda la extensión de la palabra. Un momento te saludaba con la más brillante de las sonrisas y al siguiente, te daba la espalda de la forma más cruel y despiadada. Juugo no tuvo suerte… él estaba vivo gracias a un verdadero milagro.

Él colocó sus palmas en los hombros de la joven, presionando levemente esa zona. Sintiéndola tangible. Real.

—Cuando escuché decir a los mayores que una mujer de pelo rosa y ojos verdes fue rescatada de la guarida de Orochimaru y ofrecida como regalo al hijo del gran jefe, yo no lo podía creer, pero era obvio que se trataba de usted—comentó con la emoción reflejada en sus ojos color carmín—. Ahora lo estoy comprobando por mí mismo. Los dioses se han portado benevolentes con nosotros, Sakura-san—. Respiró hondo—. Estuve viajando alrededor de un mes junto a los jefes de los clanes que negocian los tratados de paz entre las aldeas, ¿qué ha pasado? ¿Cómo es que usted terminó aquí?

La peli-rosa se conmovió enormemente ante la preocupación y las palabras de Juugo. Se enjugó una lágrima rápidamente —antes de comenzar a llorar de nuevo—. Lo último que deseaba era perder el control. No era propio de ella reaccionar de forma tan emotiva a como lo hizo minutos atrás; aunque, tenía que reconocerse, que la situación lo ameritaba totalmente.

—Hay tanto que decir —articuló con voz trémula—. Si te soy sincera, no tengo idea de por dónde comenzar—. Intentó sonreír mientras negaba con la cabeza.

El muchacho rio quedamente. Recordando.

—Pero ahora tenemos la total libertad para hablar—dijo él, con una expresión serena adornándole el rostro—. Ya no habrá crueles castigos ni azotes de por medio si las palabras brotan de nuestros labios.

Juugo habló con una tranquilidad que le estremeció el corazón. Hasta ese momento, no había sido verdaderamente consciente del regalo que era poder articular hasta la más mísera frase en un mundo que siempre fue demasiado oscuro y silencioso. El chico la guió hacia la orilla del arroyo —donde los árboles en combinación con el agua, regalaban un fresco lugar para resguardarse de una media tarde especialmente calurosa—.

Sakura estuvo a nada de sentarse sobre un tronco caído, cuando el alto muchacho la detuvo con un ademán y se quitó su capa de viaje tendiéndola en el suelo. La peli-rosa hubiese reído ante las atenciones de Juugo para con ella sino fuese porque vio algo que la dejó sin ánimos de mofarse. Ahí, justo donde la camisa de él formaba un cruce —en la zona del pecho—, divisó una cicatriz de considerable tamaño. La misma que la había hecho despertar de un intranquilo sueño llena de culpabilidad e impotencia en más de una ocasión. Corrió la mirada mientras los recuerdos la embargaban.

—Tu cicatriz—balbuceó con sus brillantes ojos verdes fijos en el pequeño caudal del arroyo—, ¿eso significa que Konoha ha sido tu salvador y tu verdugo?

El peli-naranja negó con la cabeza lentamente.

—Quien lanzó esta flecha envenenada—pasó las yemas de sus largos dedos con suavidad por la vieja herida —, se convirtió en mi salvador de cierta manera—reveló ante una expectante Sakura—. Fue Sasuke Uchiha quien me regaló una segunda oportunidad aquella vez, ¿recuerda esa noche, Sakura-san?

Ella dio un respingo al oír aquel nombre de la boca de su amigo. Noto la admiración y el profundo respeto que sentía Juugo hacia Sasuke Uchiha. ¿En serio había sido él?, jamás se le había pasado por la cabeza que Konoha fuese la responsable directa de aquel ataque sorpresa a Orochimaru seis años atrás. Lo cierto era que nunca olvidaría esa noche. Esa fría noche de luna llena. Porque, ciertamente, cambió su visión de la vida y la muerte de forma brutal:

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Analepsis.

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Intentó detenerse un pequeño instante en medio de aquella catástrofe para recuperar el aliento luego de tan apresurada huida, pero el par de muchachos —que además de ser sus amigos eran sus protectores— prácticamente la llevaban en volandas instándola a continuar sin mirar atrás. Lo cierto era que no podían perder un frugal segundo para darse el lujo de respirar; sería como regalar al enemigo —quien quiera que fuese— una valiosa ventaja que no deseaban dar y que, inevitablemente, llevaría a los tres a una muerte casi segura.

Sakura aún no podía creer la facilidad con la que el campamento provisional de Orochimaru fue invadido y destruido casi en su totalidad. Todo a su alrededor era parte de un caos que ella nunca se imaginó poder ver con sus verdes pupilas. Había confusión, gritos de miedo, angustia y una lucha que se entremezclaban con el sonido de armas chocando y un crepitante fuego que rápidamente cubría la mayor parte del lugar y que seguro atraería la atención de mucha gente. Y pensar que había advertido a Orochimaru de ello, pero que él le ignoró de forma totalmente displicente no creyendo en lo absoluto ninguna de sus palabras.

El espeso humo aumentaba su desorientación y la sofocaba. De ahí surgía la imperante necesidad que sentía de detenerse un poco y tomar aire fresco a bocanadas. Los ojos le ardían mucho. Apenas podía ver. A su alrededor había nubarrones rojos y grises; sino fuese porque Juugo la tenía fuertemente asida de la muñeca y a que escuchaba la voz de Kimimaro guiándoles de tanto en tanto, aun seguiría en medio de aquella feroz batalla. Seguro ella ya estaría muerta de no ser por ambos chicos.

Se permitió alzar la cabeza para encontrarse con un hermoso cielo estrellado y una luna llena como pocas veces la había visto, la cual se ocultaba de vez en vez gracias a las densas nubes de humo. Lástima que no era el mejor momento para apreciar la belleza del manto cósmico. Necesitaban salir de ahí, llegar al bosque y sumergirse en su espesura pronto. Frotó sus párpados con el dorso de su mano libre y fue entonces que tropezó con una piedra bastante escarpada y terminó en el suelo. Chilló de dolor pese a lo entrenada que estaba para guardar silencio. Se había torcido el tobillo.

Juugo detuvo su carrera al instante, arrodillándose a su lado, seguido de Kimimaro; quien a pesar de su habitual frialdad, se mostró preocupado por el estado de la chica muy a su manera:

— ¿Puedes caminar, Sakura?—preguntó el peli-blanco, extendiéndole la mano para ayudarle a ponerse en pie. Sakura aceptó el gesto, pero no pudo dar siquiera un paso. Si no hubiese sido por Kimimaro —que la mantenía firmemente aferrada del brazo— ella ya estaría en el suelo de nuevo.

—Está claro que no puedo ni siquiera apoyar el pie en la tierra, mucho menos correr. Al menos no por ahora—. Intentó sonreír a pesar del dolor que sentía—. Será mejor que se vayan y me dejen aquí. Solo seré un inútil peso muerto que los ralentizará y ustedes deben…

—Y yo que pensé que no tenías sentido del humor, Sakura—interrumpió Kimimaro mientras negaba con la cabeza—. Lástima que hoy no estoy para bromas tontas. Te cargaré en brazos y problema resuelto.

—Pero, Kimimaro tú…—Sakura se mordió el labio reprimiendo las lágrimas. Aunque no lo demostrase, aquel chico de cabellos blancos y ojos tan verdes como los suyos propios, estaba en su límite. Ya no podía siquiera luchar. Su enfermedad lo debilitaba en demasía y estaba segura de que lo único que lo mantenía de pie —aún— era su enorme fuerza de voluntad.

—Eres importante para Orochimaru-sama. Su más preciado tesoro—le aclaró, antes de que la jovencita se hiciese ideas equivocadas con respecto a él—. Mi deber y el de Juugo es protegerte aun a costa de nuestra propia vida.

—Kimimaro tiene razón, Sakura-san—corroboró el peli-naranja—. Cuidaremos de usted a cualquier coste. Es muy importante para todos nosotros y lo sabe.

La chica sintió que no se merecía tantas consideraciones ni sacrificios. Solo era una chiquilla de trece años que, por alguna extraña razón, poseía algo que la hacía diferente al resto, pero no por ello era más importante que los demás. Al contrario. Cada vez que sus poderes se manifestaban, ella solo deseaba desaparecer; extinguirse como el fuego cuando entra en contacto con el agua. Irse en una llamarada y jamás volver. Lástima que ni siquiera a eso tenía derecho. Negó con la cabeza, reprochándose a sí misma por su falta de sensatez. No era momento para dar cabida a lamentaciones de ningún tipo.

— Gracias—susurró intercalando su mirada en ambos muchachos con una sonrisa dibujada en la boca—. Muchas gracias a los dos.

Kimimaro soltó a Sakura un momento para enseguida pasar una mano por su espalda y la otra por las corvas, levantándola en brazos sin aparente esfuerzo siguiendo así con su camino sin inmutarse. Juugo iba metros atrás de él, corroborando con una periférica mirada que nadie los estaba siguiendo. Fue en ese insignificante momento de distracción cuando todo ocurrió:

—Dios, no—masculló a duras penas la oji-verde al notar lo que pasaría.

El peli-naranja estaba justo detrás de ellos, mirando fijamente hacia la izquierda cuando, sin anticiparlo siquiera, una flecha —proveniente de esa dirección— surcó velozmente los nubarrones de humo y terminó hiriendo a Juugo en el pecho. El alto muchacho trastabilló, y sin poder evitarlo, cayó de bruces al suelo. Todo frente a los atónitos rostros de Sakura y el oji-verde —quien sin dudarlo un segundo— se giró y fue en auxilio de su compañero. La peli-rosada se congeló entre los brazos de Kimimaro con la mirada fija en la herida de quien ahora yacía en el suelo. Su visión se volvió borrosa, pero ahora el humo poco tenía que ver en ese asunto. Eran las lágrimas que amenazaban con salir en cualquier momento. A duras penas notó que el agarre del peli-blanco se hizo más fuerte. Reparó en él durante un pequeño lapso; tenía la mandíbula apretada —como si estuviese reprimiendo un grito— y en su inexpresivo rostro, por un breve instante, reconoció la angustia y el miedo. Después de todo ella también lo sentía.

Cuando llegaron hasta él, el joven depositó en la tierra a Sakura —quien se mantuvo en pie como pudo— y giró a Juugo dejándole boca arriba. Estaba consiente, pero esa herida —justo debajo del esternón—, le haría perder mucha sangre. Tocó la flecha y, fue entonces, cuando se percató del líquido violáceo con la que estaba bañada.

—Esta envenenada—susurró el joven apretando los puños con fuerza, Sakura dio un respingo asustada ante tal revelación—. Ya no hay nada que podamos hacer.

Mientras él se lamentaba internamente, Sakura se había arrodillado junto a Juugo, examinando con sus dedos la mortal herida. Podía detener el sangrado y buscar un antídoto para el veneno después, Kabuto le estaba enseñando a preparar venenos con sus respectivos antídotos y ella aprendía sorprendentemente rápido. Ahora lo importante era concentrarse para juntar el chakra suficiente y así utilizar en él sus habilidades curativas, pero primero tenía que sacarle esa flecha.

Se limpió las lágrimas antes de tomar con sus temblorosos dedos el arma arrojadiza. A punto estaba de tirar de ella para removerla del cuerpo de su amigo, cuando una mano grande y cálida se posó sobre las suyas. Era Juugo.

—No. No lo haga, Sakura-san—pidió el chico en un trémulo susurro, mientras intentaba componer una sonrisa—. Creo que ya es tarde para mí.

La peli-rosa arrugó el ceño y apretó más el agarre en la mano del muchacho.

— ¡¿Estás loco?, no te voy a dejar morir! —exclamó duramente—. Puedo hacerlo, yo puedo curarte. Solo necesito tiempo, en diez minutos yo…— El alto peli-naranja, negó con la cabeza, resignado.

— Tiempo es lo último que poseen—. Tosió un poco de sangre y una mueca de dolor se instaló en su cara—. La… la persona que disparó esta flecha estará aquí en menos de cinco minutos—. Sakura lo miró conmocionada—. No pienso arriesgar su valiosa vida a cambio de la mía y Kimimaro debe estar de acuerdo con eso. Váyanse rápido. No hay nada que puedan hacer.

— ¡No! ¡No te abandonaré, Juugo! —chilló la oji-verde mientras copiosas gotas saladas brotaban de sus orbes enrojecidos e hinchados—. No puedo.

—Sí puedes, Sakura—. La impasible voz de Kimimaro hizo que girara el rostro para verlo. Observó como el aludido se ponía de pie y, sin más ceremonias, volvía a cargarla. Parecía tan o más afligido que ella, pero a diferencia suya él tenía el corazón lo suficientemente duro como para cumplir con su deber sin mirar atrás—. Juugo tiene razón.

— ¡Bájame, idiota! —Ordenó ella retorciéndose para que el albino la dejara nuevamente en el suelo, junto a Juugo, pero él la ignoró totalmente pues sus sentidos se pusieron en alerta al escuchar el sonido de muchos pasos que se aproximaban a ellos con velocidad. La muchacha luchaba por liberarse de la fuerte prisión que representaban los brazos de Kimimaro, ajena al inminente peligro que los asechaba.

Frunció el ceño con impotencia, girando sobre sus talones para retomar su camino al bosque, no sin antes dedicarle una última mirada a su compañero y amigo.

—Adiós—se despidió, frío como era su costumbre, pero en sus ojos verdes se reflejaba una tristeza de la que solo él era conocedor.

—Cuídense mucho—masculló Juugo, componiendo una sincera pero triste sonrisa al ver como Kimimaro se marchaba con rapidez de ahí.

— ¡Juugo, no!

Sakura estuvo a punto de usar su enorme fuerza bruta en contra del peli blanco, pero no contaba con que él se anticipara a ello y la noqueara de un certero golpe en la nuca. Antes de que todo se volviese negro y su conciencia fuese tragada por dicha oscuridad pudo escuchar a Kimimaro declarar en un tono parco y débil: "No eres la única. A mí también me duele… y me duele mucho".

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Final de la analepsis.

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Un suspiro largo y profundo escapó de sus labios. Tenía la cabeza baja y su mirada jade reflejaba una evidente culpabilidad.

—Lamento tanto el no haber podido ser más útil. Yo solo…—. Comenzó a balbucear la peli-rosa, pero Juugo la detuvo con una negación.

— No. Usted no debe sentir remordimientos de ninguna índole—. Le aclaró viéndola con una calma que le pareció insondable—. Fue mi decisión y me alegra que la hayan respetado.

Sakura se mordió el labio.

—Lo sé, pero yo habría hecho todo lo posible por ayudarte. Estaba dispuesta a quedarme ahí contigo—. Reveló ella y la determinación que el chico vio en sus ojos le hizo saber que decía la verdad y se sorprendió por el nivel de bondad que poseía Sakura en el alma a pesar de todo—. Si no hubiese sido por Kimimaro…

—El "hubiera" no existe, Sakura-san —dijo con simpleza—. Sin embargo, me alivia saber que ustedes pudieron escapar sanos y salvos, además como ya le mencioné anteriormente, esa noche recibí una segunda oportunidad sin siquiera imaginarlo.

La peli-rosa suspiró, contemplando el azulado cielo y el bonito paisaje que le rodeaba, dejándose envolver por la infinita paz que ese lugar poseía. Entendía a Juugo a la perfección, de cierta manera ella también había recibido una segunda oportunidad, solo que su caso era bastante más complicado e inusual.

—Aún no puedo creer que Konoha te haya acogido como uno más de los suyos—comentó, más para sí misma que para su acompañante—. Ellos son…

— Son personas increíbles—. Completó él con convicción en sus palabras—. A mí también me costó asimilar que existiese gente tan buena y noble, pero ésta aldea me ha demostrado que todo es posible—. Se pasó una mano por el cuello—. Sasuke me salvó. Puede que, al principio, su ayuda haya sido condicionada por el hecho de que, por alguna razón, deseaba fervientemente más información de Orochimaru, pero con el paso del tiempo pude demostrarles, tanto a él como a los demás, que soy una persona digna de confianza.

Sakura bufó.

—Tal parece que Uchiha Sasuke es más justo y honorable de lo que pensé— bisbiseó en tono irónico para ella misma, aun así Juugo la escuchó.

—Es un hombre de honor y un digno guerrero de Konoha. Nunca dude de sus palabras, Sakura-san. Todo lo que él promete lo cumple de una forma u otra—. Habló él, sonriendo con una evidente admiración hacia el pelinegro.

La joven arqueó una ceja con escepticismo.

—La última vez que te escuché hablar así de alguien fue cuando Kimimaro te reconoció como su único amigo—. Reveló la chica con una clara expresión de melancolía al recordar a dicho peli-blanco; gesto que no pasó por alto al escrutinio de Juugo.

—Murió, ¿verdad?—preguntó, sabiendo de antemano la respuesta. La dueña de los ojos verdes asintió con lentitud.

Juugo cerró los párpados con pesar y ella comenzó a relatar el resto:

— Fue poco tiempo después de aquel ataque a Orochimaru—suspiró—. Estaba más enfermo y débil de lo que aparentaba. Kabuto, los curanderos y yo hicimos todo lo que pudimos, pero ninguna medicina surtió efecto. Siempre dije que él tenía una fuerza de voluntad enorme, pero todo tiene un límite.

—Orochimaru debió lamentar mucho su muerte—. Aventuró serio—. Después de todo, era uno de sus subordinados predilectos y del cual se decía que podía llegar a ser su heredero.

Sakura dio un respingo apretando los puños y frunciendo el entrecejo.

— ¡Tonterías! ¡Esa serpiente era incapaz de sentir afecto genuino por alguien!—escupió con desdén—. Kimimaro era el último descendiente del clan Kaguya y poseía una habilidad única en su tipo. Orochimaru apreciaba eso tanto como alababa mis dones y los tuyos—. Le señaló con el índice el centro del pecho—. Cuando Kimimaro le informó que habías muerto en la emboscada él solo dijo "habrá que buscar un reemplazo, aunque será difícil encontrar a alguien con sus mismas habilidades y sobretodo que venga a mí por propia voluntad"—. Se le saltaron algunas lágrimas—. No puedo creer que después de todo lo malo que nos hizo pasar consideres esa posibilidad. Eres demasiado bueno y noble, ¿lo sabías?

—Aprendí eso de usted, Sakura-san—terció y la miró con un gesto condescendiente, ganándose con su deliberada e inocente declaración un bufido de molestia por parte de la joven.

— Sí, lo que digas—. Ironizó mientras revoleaba los ojos—. Sabes, a veces me gustaría poder ver a las personas del modo en el que tú lo haces, pero cada vez que lo intentó me convenzo más de que es imposible—. Reconoció—. Tú no tienes esa malicia que a mí me sobra y que me hace sospechar de las dobles intenciones de la gente, es por eso que yo…

El sonido de una voz la interrumpió. Se giró lentamente para poder ver al causante de tan inoportuna intervención, encontrándose con un muchacho de cabellos blancos y vivaces ojos color violeta, el cual se acercaba a paso despreocupado hacia ellos.

— ¡Eh, grandulón! —Suigetsu Hozuki llamó medio molesto al que, obviamente, era Juugo. — ¡Tengo horas buscándote!, ¿debajo de qué piedra estabas metido? —preguntó el chico en tono sarcástico; fue entonces cuando reparó por primera vez en la presencia de Sakura justo al lado del alto peli-naranja. Arqueó una ceja sorprendido cuando llego con ambos—. Ahora todo tiene sentido, joder— dijo, dirigiéndole una mirada pícara a Juugo—. ¡Con tan agradable compañía yo también habría salido de debajo de la piedra sin pensarlo dos veces!

Juugo negó con la cabeza al ver como una galante sonrisa de dientes afilados aparecía en la boca de Suigetsu mientras le guiñaba un ojo a Sakura —quien, por simple sentido común, dio un paso hacia atrás—.

—Buenas tardes, hermosa señorita tributo. Usted y yo no hemos tenido la oportunidad de presentarnos, pero sin duda ya no hemos visto de lejos—comentó el peli-blanco, a lo que la oji-verde tuvo que darle la razón, ella lo recordaba perfectamente del día que estuvo en el bosque de la muerte y salvó a los pequeños Konohamaru y Moegui de mamá osa—. Me llamo Suigetsu, Hozuki Suigetsu—. Extendió su mano para saludarla.

—Soy Sakura—musitó, para sorpresa del albino. Algo dubitativa decidió aceptar el saludo de Suigetsu quien, inesperadamente, se llevó su pequeña mano a los labios y la beso en los nudillos suavemente. Ella se ruborizó ante aquel gesto y no supo si sonreír o enojarse por aquella invasión a su espacio vital de parte de aquel chico de ojos pícaros.

—Un bello nombre para tan hermosa mujer—declaró en un susurro mientras una nueva sonrisa se asomaba en su rostro y hacia brillar sus pupilas violeta con admiración.

Juugo rodó lo ojos pidiendo paciencia infinita a los dioses. Le dio un manotazo al brazo del oji-morado para que soltase a Sakura y se interpuso entre ambos creando una barrera con su imponente cuerpo.

— ¿Se te ofrece algo, Suigetsu? —preguntó sin mayor emoción o interés.

El chico lo miró mal mientras se frotaba el brazo adolorido.

— ¡Joder, Juugo! —gruñó—. Eres la segunda persona que me agrede éste día. Primero fue la idiota de Karin y ahora tú. Empiezo a creer que se han confabulado en mi contra o algo así.

— ¿Y por qué te peleaste con Karin ahora?—Indagó el peli-naranja con calma. Aunque, siendo franco, Suigetsu y Karin solían discutir hasta por la más mínima tontería.

— ¡Yo no me peleé con la cosa esa! —exclamó molesto—. ¡Por primera vez en toda mi puta vida ni siquiera la insulté!—declaró rechinado los dientes—. Solo tuve la mala suerte de cruzármela en el camino. Iba hecha una furia y mascullaba insultos de todo tipo hacia una "zorra, perra, arrastrada"—. Rodó los ojos—. Me llamó la atención y le pregunté el porqué de su lenguaje tan florido; la muy maldita me miró como si quisiera arrancarme la cabeza con los dientes… y hablo de ambas cabezas, joder —aclaró con un escalofrió, ganándose una mirada de reproche por parte de Juugo gracias a sus vulgaridades—. Luego me golpeó en las costillas y me gritó "no es de tu incumbencia, estúpido animal"—. Alzó su camisa y les mostró el costado afectado, en donde se apreciaba una marca rojiza—. Eso me pasa por tratar de ser amable con quien menos lo merece—. Torció la boca—. Supongo.

Sakura y Juugo intercambiaron una fugaz mirada —que Suigetsu interpretó como complicidad—. Sus ojos violetas se entrecerraron suspicaces.

— Algo me dice que ustedes dos saben lo que le pasó a Karin—declaró, achicando más su mirada—. Y ése mismo algo también me dice que no me lo dirán, ¿o me equivoco?

—Pues yo creo que tu intuición te ha estado jugando mal—dijo el peli-naranja encogiendo brevemente los hombros. Suigetsu lo miró de forma sagaz, pero enseguida recobró su despreocupado actuar habitual.

—Supongo que tienes razón, grandulón—. Una sonrisa que mostró sus picudos dientes se formó en su boca mientras se pasaba una mano por el blanco cabello—. Hasta yo tengo mis días malos.

El carraspeo de Sakura los hizo girarse a verla.

—Yo tengo que irme—. Anunció en tono parco pero amable y miró a Juugo con una sonrisa dulce y breve en los rosados labios—. Hasta luego, a ambos—dijo por último para enseguida retomar su camino por el sendero que la llevaría al centro de la aldea; todo ante los ojos expectantes de los dos muchachos.

Una vez que la joven se hubo perdido de vista, el albino codeó el brazo de su amigo y le dedicó una expresión suspicaz.

— ¿Qué sucede? —preguntó el muchacho al no comprender el comportamiento del Hozuki. Él —ni tardo ni perezoso— le hizo saber sus motivos con una seriedad demasiado inusual en él:

—Algo me dice que la guapa y tú tienen su historia. Solo basta recordar que fuiste uno de los subordinados del loco de Orochimaru. Eso sin contar que ella te miró de un modo especial… como si te tuviera aprecio—. Conjeturó hábilmente para sorpresa de Juugo, cruzándose de brazos para enseguida echar un largo y sonoro suspiro—. Me preguntó qué pensará el amargado de Sasuke cuando se entere, porque se lo dirás, ¿cierto?—. Lo vio de reojo esperando una respuesta.

El aludido inhaló un poco de aire fresco mientras miraba a un punto fijo del arroyo con expresión reflexiva y pasaba las yemas de los dedos por la antigua cicatriz que adornaba su pecho.

— Lo que Sasuke-san deseé saber se lo revelaré en su momento, pero primero tendré que consultarlo con Sakura-san—declaró en tomo calmo—. Ella es una mujer especial, demasiado especial—dijo él, con una inusual emoción brillándole en los ojos. Suigetsu arqueó una ceja lleno de curiosidad.

—¿Y por especial te refieres a…?—cuestionó intentando sonsacarle alguna información extra a lo que él presenció en el Bosque de la muerte aquel día, pero no contó con que Juugo lo mirase con el ceño fruncido y la expresión más seria que le conocía hasta ese momento.

—Eso es algo de lo que hablaré con Sasuke-san y con nadie más que él. Espero que lo entiendas, Suigetsu—. Finalizó ante un atónito peli-blanco, para después tomar su capa del suelo y colocársela nuevamente—. Nos vemos luego, tengo que alimentar a los halcones.

Y dicho aquello, comenzó a andar por el mismo camino que minutos atrás había recorrido Sakura en total silencio y sin mirar hacia atrás. Una vez que se hubo alejado unos metros, Suigetsu gruñó alzando el puño con molestia.

— ¡Yo también te aprecio mucho! ¡Gracias por el voto de confianza, grandulón! —exclamó de forma sarcástica, asegurándose de que el mencionado le oyera, cosa que consiguió, pues Juugo giró el rostro y lo miró por un instante —encogiéndose de hombros— para enseguida retomar su caminar. El oji-morado chistó y se pasó una mano por el pelo con expresión indignada al ver aquello—. Algo me dice que hoy es el día de joderle la vida al buen Suigetsu—suspiró con pesadez torciendo la boca—. No cabe duda de que los guapos somos los que más sufrimos. Supongo.

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~*::o0o::*~


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Sasuke contempló de forma visceral la brillante luna que adornaba el cielo de esa calurosa noche e iluminaba el claro que, en pocos minutos, les llevaría camino de vuelta a casa. Apartó la vista del firmamento y se concentró en mantener sus ojos fijos al frente. Llegarían un día antes de lo previsto.

Las lechuzas y su tétrico canto rompían de vez en cuando la mohína calma que le rodeaba a él y al resto de la tropa en aquel espeso bosque de altos árboles. A decir verdad, todo a su alrededor se encontraba en una inusual quietud que, extrañamente, no despertaba en él ningún sentido de alerta. Estaba demasiado contemplativo para su gusto. Era raro, pero en noches como aquella, la calma y la melancolía lo embargaban a niveles insospechados.

Una vez más sus irises negros le dieron un vistazo a la bóveda celeste o, mejor dicho, a la brillante esfera de luz blanca azulada que iluminaba todo a su alrededor. Frunció el ceño y bufó imperceptiblemente, sujetando con más fuerza las riendas de su obscuro caballo. Asoció inmediatamente aquel familiar sentimiento de pesadumbre con la luna. Esa maldita que siempre lo vio en sus peores momentos, la muerte de su madre y la pérdida de su hermano eran ejemplos más que suficientes de ello. La luna llena nunca traía nada bueno para él, pero de cierta forma ya estaba acostumbrado. El tiempo y sus pérdidas lo habían hecho lo suficientemente fuerte como para soportar lo que fuera, aunque no por ello dejaba de doler menos.

El sonido del galope de uno de los caballos lo devolvió a la realidad del presente. Viró el rostro hacía la derecha encontrándose con la expresión imperturbable de Neji Hyuuga y percatándose de que, el hombre de larga cabellera castaña y ojos grises, no se había adelantado para seguirle el paso sino que él se estaba quedando atrás cuando el guía se mantenía siempre metros adelante del resto de sus compañeros.

Neji arqueó una ceja al mismo tiempo que una diminuta curva —que en él era una sonrisa— se dibujaba en su boca.

— Estás demasiado distraído, Uchiha—dijo en tono de sorna, Sasuke achicó los ojos—. Es inusual verte perder la noción de tu alrededor cuando siempre estás alerta. Si sigues así de rezagado no dudaré en reemplazarte como líder de la tropa y guiar al resto como se debe.

El pelinegro chistó acelerando el trote de Sombra y recuperando así su antigua posición. Ante la arisca y orgullosa actitud del joven azabache, Neji entrecerró sus ojos con molestia e igualmente se adelantó quedando de nuevo uno a lado del otro. Ambos eran altivos y poseían temperamentos similares, por ende, no era raro verlos envueltos en situaciones de ése tipo la mayor parte del tiempo.

—Como podrás notar no necesito de tu cordial ayuda, Hyuuga—. Sasuke le devolvió el gesto con la misma arrogancia—. Ya puedes regresar a tu lugar. Alguien tiene que cuidar nuestras espaldas, ¿no te parece?

Neji lo miró de reojo.

— Entre esas espaldas se encuentra la tuya. Que no se te olvide, Sasuke—. Le recordó con sagacidad—. Oye, era enserio cuando te mencioné que estabas distraído.

El moreno asintió.

— Lo sé— admitió—. Tú no sueles decir las cosas a modo de broma—. El oji-perla arqueó nuevamente la ceja—. Siéndote franco solo quería joderte.

— ¡Eres un completo cabrón, ¿lo sabías?! —Le reprochó mientras una vena le resaltaba en la sien. Pensó en devolverle el "amistoso" gesto a Sasuke, pero decidió dejarlo para otra ocasión y concentrarse en el asunto que lo había llevado hasta ahí desde el principio—. En fin, ¿no me digas que estás así por lo que nos dijo el jefe A esta mañana?

Sasuke suspiró. Siendo objetivo ese asunto era más importante que sus líos mentales y, curiosamente, no había pensado en ello ni una sola vez desde que lo había escuchado de la boca de el gran jefe de Kumogakure —cuando descubrió que el temperamental A y una pequeña escolta a su mando eran quienes rondaban las tierras del fuego esparciendo el rumor a los viajeros y caravanas que iban de una aldea a otra—. Otra razón para creer que su estado anímico —y envidiable concentración— no estaba es su mejor momento.

— Sí, es por eso—. Mintió si mayor problema—. Me ha parecido extraño el hecho de que todavía haya subordinados leales a Orochimaru aun cuando él ya esté muerto.

El castaño asintió dándole la razón.

—Pues pese a nuestra incredulidad así es—. Negó con acritud—. Lo que me parece increíble es el hecho de que existan personas que compartían sus ideales retorcidos, ¿quién crees que haya asumido el liderazgo?

—Puedo jurar que se trata del imbécil de Kabuto—. Recordó la noche de la emboscada al campamento de Orochimaru. —El muy maldito alcanzó a huir con el cadáver de su amo antes de que pudiera cortarle la garganta—. Sonrió arrogante—. La próxima vez que lo encuentre no tendrá tanta suerte, te lo aseguro.

—Vale. No quisiera ser Kabuto en esos momentos, Sasuke—. El aludido solo se encogió de hombros restándole importancia al asunto—. Supongo que informarás a tu padre del tema en cuanto lleguemos.

— ¿Y despertarlo en plena madrugada por una nimiedad como esta?—. Repuso el pelinegro con ironía—. Me matará antes de que atraviese el umbral de su tienda. Gracias, pero prefiero conservar mi integridad física intacta—. Neji sonrió.

—No sabía que tenías sentido del humor—comentó el oji-perla torciendo la boca—. Da igual que quieras ser prudente, lo importante es que él y el consejo se enteren cuanto antes, yo informaré a mi tío—. Anunció—. Es mejor prevenir.

El Uchiha asintió pensativo.

—Por supuesto.

Neji Hyuuga volvió a su posición sin mediar más palabras y, escasos minutos después, pudieron divisar los campos de cultivos y la vereda que los llevaría a casa. Todos se detuvieron enseguida. Cuando era de día no había necesidad de identificarse para poder recorrer aquel camino, pero de noche era otra historia. Había guerreros centinelas —mejor conocidos como guardianes ANBU— escondidos en los campos y en las ramas de los árboles, siempre alertas a cualquier movimiento sospechoso y expertos en combate. Un paso en falso y atacarían sin dudar.

Sasuke llenó de aire sus pulmones y juntó sus manos, posicionándolas a la altura de su boca; expulsó el aire en un suave silbido y movió los dedos de tal forma que creó un sonido que imitaba perfectamente al piar de un halcón en pleno vuelo. Acto seguido, de una bolsa colgada en la silla de su negro caballo, sacó una pequeña antorcha y concentró una buena cantidad de chakra; hizo un par de sellos con las manos para después sacar de su propia boca una diminuta bola de fuego que sirvió para encender el mencionado objeto. Movió la antorcha de un extremo a otro. A los escasos segundos docenas de luces provenientes de los cultivos y de los árboles iluminaron de a poco el sitio. Esa era la señal que esperaban.

Una vez hecho aquello el muchacho agarró las riendas de Sombra con una mano —mientras que con la otra sostenía la antorcha en llamas— y a velocidad moderada comenzó a avanzar por aquel sendero junto al resto de sus compañeros. Sonrió al escuchar uno que otro "bienvenidos" por parte de los guardianes ANBU. Gracias a ellos los habitantes de Konoha podía dormir tranquilamente toda la noche.

De un salto bajó de Sombra al cruzar la entrada de la aldea. A decir verdad, los caballos eran los que se llevaban la peor parte de todos los viajes; no solo se encargaban de llevar a su amo en el lomo o tirar de una carreta con pesadas cargas, también solían proteger a sus dueños mientras estos dormían. Sombra, por ejemplo, una noche atrás había aplastado con sus poderosos cascos a una serpiente venenosa mientras todos descansaban un poco en el improvisado campamento que habían levantado en los confines de La tierra del Fuego.

Justamente el bufido de su caballo lo sacó de sus divagaciones. Acarició con suavidad las negras y brillantes crines del animal, notando que estaban cubiertas de una ligera capa de sudor. Una mueca burlona se formó en su faz.

— ¿Estás exhausto, verdad? Te haces viejo demasiado rápido, compañero—. Afirmó fingiendo pena mientras le pasaba una mano por el lomo. El altanero corcel volvió a bufar en respuesta a eso y lo empujó con el hocico. Sasuke rio—.De acuerdo, de acuerdo. No eres tan viejo después de todo.

Cuando se hubo despedido del resto de sus compañeros —que poco a poco se retiraban con destino a los corralones para dejar ahí a sus respectivos caballos e irse directamente a sus hogares para descansar— el ojinegro tomó nuevamente las riendas de Sombra y ambos anduvieron en dirección contraria al resto, con rumbo al ojo de agua que se encontraba a unos minutos de ahí. Ése era el lugar predilecto del Uchiha para refrescarse y tener unos momentos de relajación ya que le proporcionaba una privacidad que en el río jamás tendría —de hecho, a veces, hasta se sentía observado—.

Tuvo el fugaz pensamiento de pasar primero a su tipi por ropa limpia y algo para secarse, pero desechó la idea de inmediato. Estaba seguro de que la "fierecilla" de pelo rosa que dormía ahí dentro, no vacilaría en lanzarse a la yugular de cualquiera que osara irrumpir en el sitio a tan altas horas de la noche. Hizo una mueca de disgusto. ¿De cuándo acá él era tan considerado y permisivo? Atribuyó enseguida su comportamiento al hecho de que se encontraba lo suficientemente cansado, acalorado y fastidiado como para soportar devaneos de esa índole.

Se quitó la capa de viaje poco antes de llegar y la colgó en la rama de un árbol que, estaba tan inclinada y baja, que podía desempeñar sin problemas la función de perchero. Enseguida desató la silla de montar y el cabestro de su equino compañero y los colocó en el mismo sitio. El animal hizo un sonido de reticencia con el hocico y, sin ningún motivo, se dio la vuelta y comenzó a andar de regreso a la aldea con las maneras tan ariscas que lo caracterizaban.

Sasuke frunció el entrecejo y una expresión de incredulidad se formó en su bella faz.

— ¿Y a ti qué demonios te pasa?—preguntó con los ojos entrecerrados mientras lo observaba alejarse, pero como obviamente no obtendría respuesta, chasqueó la boca y se pasó una mano por el alborotado cabello azabache—. Y yo que pensaba cortarte esos mechones de pelo que se te meten a los ojos. ¡Da igual! Maldito caballo loco.

Empero, justo cuando se giró para bajar el pequeño e inclinado sendero que lo llevaría al lugar donde tomaría su —tan ansiado— baño cayó en cuenta del poderoso motivo por el cual Sombra se había largado como si le hubiesen pinchado el trasero con una lanza.

Ahí, a escasos metros de donde él se encontraba parado, cierta "fierecilla" de largos cabellos rosados y ojos verdes, se hallaba de pie frente a aquel manantial de transparentes aguas. Parecía abstraída del mundo circundante; como si pensara en todo y en nada a la vez. A pesar de no poder ver su expresión lucía serena, enigmática. Casi etérea.

Él no era un hombre demostrativo, pero sabía reconocer y apreciar las cualidades de los demás, como lo eran la franqueza, la fortaleza, valentía, el sentido de la justicia o la belleza y, Sakura —doliese a quien le doliese— era hermosa de verdad.

Luego de pensarlo demasiado, decidió avanzar un par de pasos con sumo sigilo —pues quería hacer una de sus típicas entradas silenciosas para poder asustar a la oji-verde— pero, se detuvo en seco al percatarse de como ella comenzaba a desabrocharse las sandalias y las botaba a un lado para, acto seguido, aflojar las cintas de su vestido despojándose de este con un delicado movimiento que provocó que la prenda se deslizara suavemente hacia abajo quedando a la altura de sus pequeños tobillos.

No llevaba nada más encima —era una noche calurosa después de todo— y su desnudez era algo que Sasuke no imaginaba presenciar en un momento tan inverosímil como lo era aquel.

Una gota de sudor le resbaló por la frente y las mejillas se le pintaron de un ligero tono de rojo al darse cuenta de lo ridículo y depravado que parecía al, técnicamente, espiar a Sakura mientras se preparaba para entrar al agua. Suspiró de modo imperceptible con resignación. Lo mejor era marcharse antes de que ella se diera cuenta de su presencia ahí y él tuviese que dar alguna explicación bochornosa —aunque, siendo sincero, él jamás explicaría nada—. Sin embargo, toda su buena voluntad y disposición, se fue a la mierda a ver como la muchacha tomaba su larga melena y apartaba delicadamente los mechones de su espalda, dejando al descubierto el cuerpo que solo podía pertenecerle a una deidad.

La palabra "hermosa" ya no alcanzaba para definir todo lo que en ese momento apreciaba en Sakura y que, para su pesar, comenzaba a despertar su febril libido. ¡Esa maldita mujer tenía la capacidad torturarlo de una u otra forma!

La línea recta de su espalda y la sinuosa curva de sus anchas caderas se unían en una cintura definida y estrecha que invitaba a un hombre a rodearle con ambas manos en un gesto posesivo y animal. Así mismo era dueña de unas piernas largas, torneadas y fuertes —las cuales había apreciado a detalle la primera y única vez que la vio bailar— y deseó de manera procaz recorrerlas con dedos, labios y lengua hasta saciar sus más bajos instintos.

Apretó la mandíbula e hizo crujir sus dientes al reprimir el jadeo que por poco se le escapa de la boca al ver como ella se introducía lentamente en el agua y, sin más ceremonia, se inclinaba hacia adelante —rozando con sus manos la superficie y creando suaves ondas a su alrededor— permitiéndole a Sasuke deleitarse con la turgente redondez de sus nalgas; cual dulce fruto que esperaba ser disfrutado con la parsimonia que merecían solo los más exquisitos manjares. Su piel de leche parecía resplandecer gracias a la luna que iluminaba hasta el último resquicio, proyectando su luz en las transparentes aguas de las que, hasta esa noche, él se consideraba amo y señor.

El dueño de los ojos ónices tragó saliva, sorprendiéndose con lo seca que tenía la boca y la garganta; como un hombre sediento de algo que solo el cuerpo de esa mujer sería capaz de mitigar. Se pasó la punta de la lengua por el reseco labio inferior y las pupilas se le dilataron, avanzando hacia la chica, tan silencioso y cauto, como una pantera cazando a su presa en la oscuridad nocturna, oliéndola y sintiéndola, con un solo pensamiento en mente: Ella sería suya ahí mismo.

Por un breve segundo dirigió su mirar al firmamento y supo que, aunque estuviese bajo la misma luna que tantas cosas le había visto perder, ésta noche, él se haría cargo de borrar ese estigma para toda la eternidad.

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~oO:: Continuará ::Oo~


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Capitulo ocho finalizado, ¿Qué les pareció? Ojala haya sido de su agrado. Como verán muchos datos sobre el pasado de Sakura han sido revelados y otros tantos aún siguen en completo misterio. Ya sabemos qué tipo de relación tenía Juugo con Sakura así como que él conoce perfectamente a la chica y por qué Orochimaru la consideraba su más grande tesoro.

De momento el peli naranja tiene su lealtad dividida. Por un lado esta Sakura y por el otro Sasuke a quien le debe la vida. Pobre Juugo no quisiera estar en sus sandalias xD

Y Suigetsu, ¿a qué lo extrañaban verdad? Este chico me mata con sus ocurrencias —y es bastante listo aunque no lo parezca— después de todo, descubrió por si solo que Juugo y Sakura se conocían de antes. Solo esperemos que no se le vaya la lengua con alguien antes de que Sakura o Juugo hablen con Sasuke al respecto. xD

En cuanto al Uchiha, vaya sorpresa que se ha llevado al encontrar a Sakura en semejante situación. No soy tan buena como quisiera escribiendo situaciones eróticas, pero espero que les haya gustado esta última escena. Las reacciones y la cara de Sasuke al ver a Sakura desnuda por primera vez no tienen precio... y se pone mejor. Ya lo leerán en el siguiente capítulo. ¿Qué creen que pasará? Hagan sus apuestas *—*

Como datos extras quisiera agregar que, la información que consiguió Sasuke sobre Kabuto es solo el meollo del asunto, que Neji es un amor y ya deseaba ponerlo en alguna escena y, que cuando Sasuke menciona que en el río se siente observado, es una alusión directa a Karin Uzumaki que lleva su atracción por el pelinegro a niveles extremos… si hasta rocas le ha lanzado, joder xD

En fin, nos leemos muy pronto. Ya estoy trabajando en el siguiente capítulo. :B

¿Merece un review?

PD. Como no pude avisar acá sobre los motivos de mi demora, les dejo mi FB para que me agreguen y puedan enterarse de actualizaciones, avisos y retrasos mucho más rápido: https: .3

PD, 2. Contestaré los reviews en el transcurso de la semana. Como me atrasé con ellos se me han juntado y ahora estoy hecha un lio, pero ya saben que les respondo a todos. Muchas gracias por su apoyo y cariño. ;—;


~El rincón de la sabiduría de Rose~


La estrategia apache de ataque:

El método de las tribus invasoras estaba calculado para infligir el mayor daño posible con el mínimo de exposición. Después de dejar un grupo pequeño para la seguridad de las mujeres y de los campos, el resto de la tribu (con unos 200 ó 300 guerreros) se acercaba al terreno seleccionado para el ataque, dividiéndose en partidas pequeñas, atacando el blanco desde diversos puntos, asegurando así más botín mientras despistaban a sus objetivos, impedidos de realizar una búsqueda eficaz.

El ataque ocurría generalmente durante las noches de luna llena, tras pasar el día ocultos bajo la vigilancia de centinelas. Si el objetivo eran viajeros o caravanas, la mejor forma de robar eran las emboscadas por sorpresa. Una resistencia firme, sin embargo, obligaba fácilmente a los asaltantes a la retirada.


Fecha de reedición: 13/05/2016, 3:05 p.m.