Un cuarto hermosamente decorado con colores negros y plata, con muchos muebles y en un escritorio lleno de informes y escritos estaba Lord Voldemort.
En su mente rondaba toda la información que le había traído uno de sus mortífagos más cercanos, Severus Snape, al parecer la Piedra Philosofal estaría este año en Hogwarts. Ya que él viejo loco empezaba a sospechar que tenía en la mira dicho objeto.
Era realmente obvio que intentara ir por la piedra, pero que Dumbledore haya tardado tanto tiempo en descubrirlo y que después se descubra a sí mismo de la manera más patética de todas anunciándolo en el periódico.
"Toc, Toc"
En ese momento, llamaron a la puerta interrumpiendo su línea de pensamiento.
-Pase- dijo en una voz queda y amenazante que le hubiera helado la sangre a cualquiera
-Padre, buenas tardes- Un niño de aproximadamente 10 años, cabello negro profundo y ojos verde avada y de porte misterioso entro por la puerta con un porte elegante y felino, como si analizará cada uno de sus pasos antes de darlos y siendo precavido en cada movimiento.
-Hijo, siéntate- Este inmediatamente obedeció- te tengo una misión Fénix
-Tú ordenas Padre-
-Esté año la Piedra que hemos estado buscando por fin ha sido encontrada- los ojos de Harry brillaron con ambición y emoción- Esta en Hogwarts, bajo las narices de los maestros, estudiantes y de Dumbledore. Tú misión es entrar a Hogwarts este año para traerla ante mi presencia-
Harry abrió disimuladamente los ojos con asombro, hasta ahora su padre había dicho que estudiaría en casa para que nadie se entere de su presencia. Pero lo que dice su padre es la ley, así funciona su vida y siempre será así.
-Entendido-
-Entrarás con el nombre de: Harry Edward Ards Tyler, Estarás toda tu formación mágica en ese lugar, para poder estar al pendiente de los Potter y de Dumbledore. Es la hora de empezar con nuestra venganza hijo mío, para poder demostrarles de lo que somos capases.
Los ojos de Harry estaban llenos de sorpresa y felicidad, siempre pensó que iba a cursar sus estudios en Durmstrang, para aprender más sobre las artes oscuras y realmente le emocionaba entrar, pero en el fondo se sentía un poco decepcionado por no poder probar frente a los ojos de Anthony que era mejor que él.
Ahora no solo podría demostrárselo a él, sino también a los Potter y a todo el colegio; y como bono extra poder estar cerca del director y poder tener más información sobre la Orden del Fénix y poder tomar ventaja de la guerra.
Sería un año muy feliz para Harry.
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En el Callejón Diagon los pequeños que iban para Hogwarts, su primer año en ese colegio de magia y hechicería donde podrían dominar su magia y hacer cosas increíbles.
Muchos niños nacidos de muggles estaban muy emocionados por ver hasta la más mínima muestra de magia, emocionados por saber que algún día ellos podrán hacer lo mismo.
En medio del mar de gente se encontraban dos niños, uno rubio platinado con ojos grises y el otro pelinegro y con ojos verde oscuro caminaban tranquilamente ignorando a los otros chicos de su edad y a todas las personas que los rodeaban.
-Ya casi compramos todo lo que necesitamos- dijo seriamente el azabache
-Solo nos faltan nuestras varitas- comento contento el rubio- por fin podré hacer magia cuando quiera, donde quiera y cuantas veces quiera y no solamente en la mansión o en tu casa
-Tienes razón Draco- le dio una pequeña sonrisa- ahora tendremos más libertad y mucha más diversión
Entraron a la tienda de Olivanders con sus mascaras de indiferencia y superioridad, solamente entre ellos podían ser sí mismos, pero los demás no tenían ningún derecho a verlos como realmente eran.
Vieron la tienda llenas de varitas y como de las sombras salía Ollivander
-Buenas tardes Señor Malfoy y Señor…
-Ards, Harry Ards- dijo cortante
-Muy bien señor Ards-
El señor Ollivander empezó con Draco, terminaron muy rápido y al final tuvo una varita de hecha de Espino, 25 cm, con núcleo de Pelo de Unicornio; el rubio se veía satisfecho con la varita que lo había escogido.
Cuando le toco a Harry ser escogido tardó mucho tiempo intentando encontrar una varita, Harry notó que el viejo no tocaba una varita en específico, la dejaba en un estante y miraba otras opciones antes que esa.
-Podrá ser…- susurro Ollivander tomando "esa" varita- pruebe esta
Cuando Harry la toco salieron chispas de color verde oscuro y rojo sangre.
-Esta varita está destinada a cosas grandes y estaba destinada a un mago que fuera capaz de esas cosas, parece ser que es usted joven Ards-
Harry solo asintió con la cabeza y luego jaló a su acompañante para salir del lugar sin más preámbulos.
-No tienes que jalarme Harry- dijo un molesto ojo gris
-Teníamos que salir rápido y no podía pedirte que saliéramos así sin más-
Draco hizo un puchero pero luego con voz alegre dijo:
-¡Mira helado!- Podría ser un sangre-pura aristócrata y estirado de lo peor, pero cuando se trataba de dulces era todo un niño mimado.
Draco ahora era quien lo jalaba para comprar un helado en la tienda de Florean Fortescue.
Después de que el rubio se comiera un tazón de helado de vainilla con fresas, y Harry un helado de chocolate amargo ambos decidieron volver a la Mansión Riddle, a Voldemort no le gustaba que estuvieran tanto tiempo fuera.
Cuando iban a salir del callejón, Harry vio un rostro que hace años no veía, con el cabello tan enmarañado como lo recordaba y tenía una sonrisa radiante que inspiraba confianza, pero a Harry solo le provocaba repulsión. Detrás de él venía una mujer y un niño ambos pelirrojos pero la mujer con ojos verde esmeralda y el niño con ojos cafés.
Se veían como la familia perfecta… sin él…
Ya no era tristeza lo que sentía y le llenaba los sentidos, sino la rabia y la sed de venganza…
De nuevo agarro a Draco del brazo y en vez de esperar para usar la Red Flu mejor los desapareció en la Mansión.
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En muchos fanfics le cambian el nombre a Harry porque sería sospechoso y todo eso pero… hay más de un Harry en el mundo además de que es un nombre común (según yo xD) bueno n.n
Además de que dicen que es sospechoso que baya a Slytherin… tal vez lo sea… PERO YO QUIERO QUE ESTÉ EN SLYTHERIN Y ASÍ VA HA SER
