Capitulo 8.
- ¡Te lo juro, Bobby! ¡Era enorme! ¡Y tenia unos colmillos afiladisimos!
- Si, si. Era negro… y grande… ¡y con dos cabezas!
- Tan grande como… er… como Sam.
- ¡No era tan grande, Dean! No seas exagerado.
- A mi me lo parecio.
- Claro…
Bobby oia a los chicos hablar casi a la vez, por el telefono, emocionados y nerviosos. Era una suerte que Jeff les hubiera dejado usar su despacho y hubiera conectado el altavoz para que pudieran hablar los dos, sino fijo que les estaria escuchando pelear por quien cogia el telefono en vez de oir la extraña descripcion que los chicos le estaban haciendo del bicho. ¿Dos cabezas?
- ¿Dos cabezas? ¿Decis que ese bicho tiene dos cabezas? – pregunto extrañado.
- ¡Si! ¡Dos enormes cabezas! Con dos enormes hocicos llenos de enormes dientes. Tio, casi no lo contamos. – el tono de voz de Dean era como el de un niño al que le dan un regalo. Bobby puso los ojos en blanco. Mira que era raro el crio este…
- Bobby… era un perro… y tenia dos cabezas… corrigeme si me equivoco, pero yo solo conocia un perro de dos cabezas y, que yo sepa, era un mito. – el viejo cazador sonrio.
- ¿Te refieres al Cancerbero? Según tengo entendido yo, no es solo un mito. Y no es un especimen unico. – casi podia imaginar las caras de los chicos. Seguramente Sam estaria con la boca abierta y se dirigiria hacia su portatil/diario de su padre/libro de turno y Dean frunciria el ceño y replicaria su tipico "¡Te estas quedando conmigo!"
- ¡Te estas quedando conmigo! – en serio… que predecibles llegaban a ser. Bobby tuvo que contener la risa cuando el sonido de las teclas del portatil le llegaron con claridad por el telefono. - ¿Cerbero? ¿El chucho del infierno? ¿Cómo sabes tu que eso existe, a todo esto?
- Un demonio me lo dijo. – respondio encogiendose de hombros. – Por lo que consegui sacarle a ese bastardo en su momento, no solo hay un cancerbero. Es una raza de perro comun en el infierno. Aunque recuerdo que me dijo que solian medir unos tres metros de alto… por lo que contais, el vuestro no mide ni los dos metros.
- ¿Tres metros? Wow… pedazo de bicho… entonces… ¿el nuestro que es?
- Pues… como no sea un cachorro… - contesto Bobby despues de pensarselo un poco. Era una idea descabellada y probablemente estupida, pero era la unica que se le ocurria.
- ¿Eso era un cachorro? ¿Y como lo matamos? – ah… la pregunta clave.
- Hijo… no tengo ni idea…
Sam se enjuago por ultima vez los dientes y se seco la cara con una toalla. Joder. Un cancerbero. Joder. Lo que Bobby les conto antes habia sido sorprendente y muy preocupante. Sam aun estaba alucinado. Una raza de perros infernales. Hombre, conocia a los hellhounds pero esto… esto era… wow… impresionante. Salio del baño con el pijama puesto y se sento en su cama. Dean dormia como un tronco en la suya. El problema, siguio pensando el chico, era que no tenian ni idea de cómo acabar con el. Que fuera un cachorro no le hacia un blanco mas facil. Uh… que mal lo llevaban esa vez… a lo mejor… si a los demonios les afectaba el agua bendita y la sal de roca, podrian…
- Tio… ¿Qué crees que haces? – Sam dio un bote en su cama del susto.
- Joder… ¿a parte de morirme de un infarto por tu culpa? Pues meterme en mi cama a dormir. – respondio con sarcasmo. Dean se incorporo quedandose con la cara apoyada en una mano.
- A eso me referia, Samantha. ¿Qué haces metiendote en TU cama? – el pequeño parpadeo confundido.
- ¿Dormir? Tio, es muy tarde y han pasado demasiadas cosas hoy. Ahora no tengo neuronas para tus adivinanzas.
- En serio, no se como la gente se cree que eres el inteligente de la familia… ¡Que te vengas a mi cama, joder! – Sam abrio los ojos como platos y luego solto una risita.
- Ah… ¿era eso? ¿Qué pasa, Dean? ¿Tanto te ha asustado el bicho que no puedes dormir solo?
- Me da mas miedo de que te hagas pis en la cama del susto. Mas bien me ha interrumpido cuando mejor me lo estaba pasando y quiero retomarlo por donde lo dejamos. – replico el mayor arqueando las cejas y con una sonrisa picara. Sam bufo.
- Pues lo siento por ti, Casanova, pero estoy cansado y quiero dormir. Y tu no me dejarias dormir tranquilo.
- Aguafiestas… pues tu te lo pierdes. Te vas a helar en esa cama. La mia ya esta calentita. – el pequeño arqueo una ceja y reprimio una carcajada al ver la expresion totalmente pervertida de Dean.
- ¿Qué esta calentita? ¿Tu cama u otra cosa? – el mayor rio.
- Las dos.
- Eres un salido, tio. – replico Sam riendo y metiendose en su cama.
- Y a ti bien que te gusta, princesita. Bueno… si la montaña no va a Mahoma… - antes de que Sam pudiera decir algo en protesta, Dean se habia colado en su cama. - ¡Joder, que frio! ¡Tio, te odio! En la mia se estaba mejor. – el pequeño se dio la vuelta, quedando cara a cara con su hermano cuando este metio las manos por debajo de su camiseta.
- Pues vuelvete a tu cama. – Dean rio y le empezo a besar con suavidad en los labios.
- Ni de coña. – los besos se intensificaron y una de las manos de Dean fue bajando los pantalones del pijama del pequeño.
- Dean… - gimio Sam contra los labios del mayor.
- ¿Qué?
- Que yo queria dormir…
- Oh… y vas a dormir… cuando acabe contigo vas a dormir como un angelito… - al pequeño se le escapo un jadeo. Dean le masturbaba sin prisas y sin dejar darle besos que le robaban el aliento. Sam estaba disfrutando tanto de las caricias de su hermano que no se dio cuenta de que Dean le cogia las manos y se las colocaba por encima de la cabeza, ni de cuando…
- Tio… ¿me has atado? ¿Con el cinturon? ¿Estas majara? – Dean rio divertido. Que facil habia sido distraer a Sam lo suficiente y que este se dejara atar al cabecero de la cama con su cinturon. Inocente criatura… en algunas cosas, Sam seguia siendo demasiado Sammy. Al pequeño le recorrio un escalofrio cuando Dean se inclino hacia el y le lamio el cuello. - ¿Qué… que se supone que haces? – el otro solto una risita.
- Estoy de rodeo.
- ¿Estas de coña, verdad? – pregunto Sam con cara de alucine.
- Nah… ya tengo al becerro atado… ya solo me queda marcarlo como de mi propiedad.
- Me estas asustando, Dean…
- Y haces bien en asustarte… yo que tu estaria muy muy asustado. – Sam se relajo a pesar de las palabras de su hermano. El tono que habia usado era pura risa. Mientras hablaban Dean le obligo a darse la vuelta, quedando bocaabajo en la cama. Le beso en la nuca, en los hombros, en la espalda, alternando besos con mordiscos suaves que hacian a Sam arquearse para sentir mas a su hermano, maldiciendo y suplicando por soltarse porque queria tocarle. Pero Dean se mostro inflexible, preparandole con los dedos, masturbandole cuando se introdujo en el, deleitandose del gemido, mezcla de dolor y placer, que se le escapo a Sam al empezar a moverse en su interior. Le beso, bebiendose el grito de placer de su hermano cuando le llego el orgasmo y para ahogar el suyo propio. Dean se desplomo encima de la espalda de Sam, jadeando en su cuello. El pequeño se removio.
- Dean…
- ¿Qué?
- Desatame o te mato. – silencio. Sam gruño. – Tio… te juro que como te duermas antes de desatarme te matare, lenta y dolorosamente. – el mayor solto una risita.
- Me lo estoy pensando.
- ¡Dean!
- Ya voy, ya voy. – cuando Sam se vio libre del cinturon, se revolvio y, de un golpe, se coloco encima de su hermano, inmovilizandole. Este se carcajeo a gusto. – Que mal perder tienes, Samantha. – el pequeño fruncio el ceño y le beso con rudeza.
- Dean… como me vuelvas a llamar Samantha, te mato. Si vuelves a darme una sorpresita como esta, te mato.
- ¿Y si vuelvo a hacer esto? – pregunto el mayor con picardia, rozando con su rodilla la entrepierna de su hermano. Sam gimio.
- Si no vuelves a hacer eso, si que te matare.
- Lo imaginaba…
Continuara...
