Emily Prentiss

Cortó la llamada y se quedó con el teléfono en la mano unos instantes más. Todavía le costaba creérselo. Su familia había sido amenazada y atacada por un psicópata, y ella, a miles de kilómetros, no podía hacer nada.

Desde lo sucedido, hablaba al menos dos o tres veces a la semana con todos, incluido Hotch, que fue el que le había dado la noticia de la muerte de Strauss y el que sin haberlo previsto, se derrumbó al teléfono. Emily siempre intentaba encontrar las palabras adecuadas para cada uno, para que todos se sintieran mejor, incluso preguntaba siempre por Álex, a la que no conocía personalmente pero con la que había creado un vínculo a través del dolor, puesto que podía imaginarse también cómo se sentiría la mujer.

Emily sabía perfectamente la angustia que te atenaza cuando alguien te persigue, cuando sabes que alguien sigue todos tus movimientos, que alguien está al acecho, que sabe dónde estás en cada momento, porque ella lo sintió con Doyle. En esa ocasión, fue ella la que se metió en la boca del lobo, pero lo que su equipo (porque siempre sería su equipo) había vivido, le partía el alma. Strauss no le caía bien, nunca le había caido bien, pero la toleraba. Y estaba feliz por David cuando se dio cuenta en la boda de JJ que eran algo más que amigos, y ahora sufría por su amigo.

Lo que a veces más le dolía era que no podía estar con ellos para consolarlos. Le gustaría tanto...Sabía lo que JJ y Penélope la necesitaban; y Spencer, que recordaba a Maeve, Emily lo sabía; podría calmar la rabia de Derek, que crecía cada día en su interior; y ayudar a Dave a superar lo de Erin; y Aaron...se sentía tan culpable por todo siempre. Emily no era un hada madrina que llega con su varita mágica y lo arregla todo, pero era su amiga, y una amiga siempre está ahí cuando se la necesita, y ella sabía que aunque no estuviera físicamente, cuando hablaban por teléfono, todos, incluida ella misma, se sentían mejor.

Emily miró de nuevo el teléfono, y deseó que la diferencia de horario no fuera tanta. Acababa de hablar con García, y deseaba volver a hablar con alguien más, pero en DC ya estaban durmiendo y ella empezaba su jornada laboral. De repente, sonrió. Buscaría un hueco el mes siguiente, y aunque fuera un viaje expréss, de fin de semana, viajaría a Quántico y les daría una sorpresa. Eso la hizo sentirse un poco mejor, y sabía que ellos se lo agradecerían.

Un golpe en la puerta la sacó de sus pensamientos. Empezaba el trabajo de verdad, pero con la mente puesta en sus amigos, en su familia, en la gente a la que quería y que la querían de verdad.

Continuará...