Al salir del templo, el espíritu de Roland se había renovado, ahora quería volver realmente a casa con la preciada joya de su familia, aunque no comprendía exactamente el poder que contenía, ahora tenía algo que hacer en la vida. Detener a Scaleon, recuperar su piedra lunar y si era posible, convertirse en el héroe que salvará Runaterra.

Las Serpientes Voladoras surcaban el cielo formadas en V y dejando un rastro de humo de colores, Roland y Trang, acompañados del alcalde Dennison y su hermano Harrison precedían el pequeño desfile organizado para la despedida de los futuros héroes de Runaterra, el contingente de los Comandos Megling en una formación perfecta los escoltaba y un pequeño grupo de la élite de los Scouts estaba al final, la calle principal se llenaba de alegría al saber que aún había valientes dispuestos a hacer algo por los demás, los yordles son orgullosos de su gente y sus acciones, avanzaron hasta llegar al pie del paso de las montañas.

-Hijos de Ciudad Bandle, hoy nuestros héroes parten en búsqueda de un preciado tesoro que al ser recuperado nos devolverá la tranquilidad. -Decía Dennison con alegría a su pueblo que los siguió hasta ese punto, después se volvía hacia Roland. -Hijo, ahora eres uno de los nuestros, te agradecemos infinitamente lo has hecho por nuestro pueblo y deseo profundamente el éxito en tu búsqueda. Hijo, si crees que algún dios, es momento de encomendarse a ese dios.

Roland estaba emocionado y a la vez preocupado, Trang se mostraba serio, marcial, eso no animaba mucho al zaunita pero sabía que mientras estuviera con él no tendría nada de que preocuparse.

-Gracias a ustedes por el apoyo. Prometo cuidar de Trang en el camino. -Rompiendo la tensión, el comentario de Roland generó carcajadas en los hermanos Jadefellow y una leve sonrisa en el rostro de Trang, que no tenía permiso de carcajearse por ser de la élite, pero no pudo ocultar lo divertido del comentario.

-Ahora el paso de la montaña los llevará a las Tierras del Vudú, cerca del Icathia. -La expresión de Harrison se endureció. -Tendrás que cruzar el continente entero para llegar hasta la Gran Barrera del lado de Urtistán, el camino será largo y muy duro, pero estarás bien si te quedas con Trang.

-Bueno, no sé muy bien qué es lo que me trajo aquí ni porque estoy haciendo esto, pero algo dentro de mí me dice que debo hacerlo y no solo por mí, sino por toda Runaterra, aunque temo que si el destino de todos está en mis manos, tal vez no sea el indicado para manejarlo.

-¡Lo eres! -Booma se acercaba a ellos con paso lento. -Eres el elegido para esta tarea, magias ancestrales te protegerán en tu camino, sé el héroe que estuviste destinado a ser desde que llegaste a este mundo.

Se despidieron con un abrazo y partieron. Las Tierras del Vudú sería el primer reto, con la incertidumbre le llenaba el ser, pero el camino ya estaba iniciado.

El paso de las montañas había sido relativamente sencillo y en un par de horas estaban llegando a los bordes de los Bosques Petrificados, al sur de las Tierras del Vudú. Lo supieron al encontrar la marca indiscutible de la Orden Gris, magos noxianos que se oponían a la opresión y decidieron establecerse junto a la Gran Barrera del lado de Icathia, un lugar peligroso e inhóspito debido a la gran actividad de portales abiertos hacia el Vacío, donde habitan las criaturas más temibles en el plano inferior de Valoran.

En la entrada del bosque, muy cerca de la frontera con Kumungu, los árboles estaban completamente convertidos en piedra, densa y fuerte, de un color oscuro muy parecido al color original del tronco, pero con una frialdad que se sentía en la piel, hojas pétreas caían del cielo de cuando en cuando; la magia era poderosa en ese lugar, los árboles no estaban muertos, solo petrificados, seguían creciendo y se marchitaban igual con el tiempo. De pronto una extraña presencia perturbó a Trang y se detuvo, Roland estaba distraído observando la inexplicable magia y tropezó con el yordle y se sobresaltó, gritó tan alto que algunas hojas cayeron al suelo y los golpearon sin hacerles mucho daño, después el silencio.

-¡Atento! -Decía Trang en voz muy baja. -Alguien nos observa, quédate cerca de mí.

-S-sí. -Roland asintió nervioso y se puso alerta, puso la mano en el arma que llevaba en el cinturón.

-No toques el arma. -Le reprendió Trang que avanzaba despacio y una intensa luz apareció frente a ellos.

-¡Aléjense! -La silueta de una figura se distinguía pero la luz no permitía que tuviera forma a ojos del explorador y el zaunita. La voz era ensordecedora. -¡Estas tierras ya no pertenecen a los yordles!

Roland sacó el arma y apuntó pero inmediatamente le fue arrebatada y un golpe de energía lo derribó, Trang estaba completamente inmóvil y se tiró de rodillas en señal de rendición.

-Vamos de paso a Kumungu con una encomienda, el Gran Booma envía un presente al regente del bosque. -Sacó de su mochila una cantimplora adornada con cuentas de colores y estaba grabada con el símbolo yordle. La extendió hacia la luz.

-¿Booma? -La luz perdió intensidad y la punta de un sombrero apareció, después una luenga barba de color gris y una cara llena de arrugas, la túnica era gris y parecía sucia, en la mano llevaba un báculo de madera petrificada con una brillante piedra color azul. -¿Booma envía un presente a Randall?

-El licor de bambú más puro de Ciudad Bandle, el favorito del Gran Randall. -Trang parecía tranquilo.

-¡Oh por Che-Baal! -El hechicero se mostraba complacido y libre de toda hostilidad. -¡Muchas gracias!

Roland se levantó adolorido y desconcertado, observó la escena con una mueca y se llenó de dudas. ¿Quién era ese mago y por qué ahora estaba tan feliz? ¿Acaso Booma sabía lo que encontrarían en este lugar? Avanzó hasta donde Trang y se sacudió la ropa mientras recogía su arma.

-Él es Roland Maxwell, heredero de la piedra lunar Nauglamir que fue robada y está en busca de ella y el ladrón, yo soy Trang, su acompañante. -El yordle explicó al hechicero.

-¿Nauglamir? Entonces él debe ser el elegido. -Randall estaba sorprendido, abrió mucho los ojos mientras daba un trago a la cantimplora.

-Un… ¿Placer? -Roland no sabía qué decir.

-El placer es mío, dime, ¿Qué puedo hacer para ayudarte en tu búsqueda?

-Vamos a Urtistán, a la gran Barrera, debemos pasar Kumungu lo antes posible y llegar a Pisos Fyrone, queremos evitar Shurima a como de lugar, el clima es menos amable en aquella zona.

-Pues no perdamos el tiempo, los llevaré hasta el límite con la selva, yo no puedo salir de este bosque, estoy confinado a este para protegerlo, les contaré mientras avanzamos. -Continuaron su camino y Roland no entendía nada.

Randall les explicó que la Orden Gris lo había enviado a guardar el bosque como castigo por haber desacatado una orden directa, "noxianos al fin y al cabo", había mencionado el hechicero al recordar la dureza de sus superiores. El camino fue tranquilo y el paisaje fue cambiando conforme avanzaban, Randall mencionó su amistad con Booma y de como hace muchísimos años ayudó a los yordles a dejar la selva Kumungu, su antiguo hogar, y cruzar las montañas Sablepiedra para llegar a lo que hoy se conoce como Ciudad Bandle, fue entonces cuando Roland comprendió lo que había pasado en el bosque. Después en menos de una hora habían pasado al límite con la selva, todo se volvía verde y el clima se ponía más caluroso, de pronto Randall se detuvo.

-Amigos míos. -Decía levantando los brazos. -Hasta aquí puedo acompañarlos, no se me permite ir más allá. Deben tener cuidado, Che-Baal es una Diosa benevolente si no profanan sus tierras, pero nunca se sabe si su selva tendrá hambre de carne nueva.

-Gracias mago Randall. -Trang se despidió haciendo un saludo militar.

-Un gusto compartir el camino contigo. -Decía Roland con una sonrisa y extendió la mano.

-Un placer conocerte, elegido. -Randal estrechó su mano.

-Ojalá nos veamos pronto.

-Puede que sea antes de lo que esperamos. Antes de que se vayan les daré esto. -Levantó su báculo hacia ellos y pronunció unas palabras en un idioma antiguo. -!Protego horribilis, Repello inimicum! Un hechizo de protección, les deseo un buen camino.