Hay muchas cosas extrañas en este mundo, todos los días ocurren hechos que no pueden ser explicados, fenómenos extraordinarios que pasan desapercibidos porque la gente cierra sus ojos a lo que no entiende, pero la verdad es que, de todas las cosas inexplicables de este mundo, la humanidad es la más extraña de todas.
….
El día estaba soleado y los pájaros cantaban alegremente revoloteando entre los árboles del jardín, Maru y Moro se divertían saltando de un lado a otro y mojándose con el agua del estanque, Mokona se había quedado profundamente dormido en uno de los cojines colocados bajo la sombra proyectada por la casa y Mugetsu por su parte estaba sumamente entretenido en rodear una y otra vez con su largo cuerpo la cintura, el cuello y el torso de Watanuki, quien, concentrado como se encontraba en terminar de tender las sábanas, no se había dado el tiempo ni para quejarse de las travesuras de su dorado amigo.
Prácticamente de la nada, los ojos de Mokona se abrieron y una proyección en la que se apreciaba a Fye, Kurogane y Syaoran se mostró por sobre su cabeza antes de que volvieran a cerrarse.
-Hola, Kimihiro – saludó Syaoran.
-Syaoran – el aludido respondió alegremente – chicos, ¿cómo están? No esperaba verlos tan pronto.
-Mokona nos entregó tus chocolates y consideramos apropiado el agradecerlos personalmente – respondió Fye con su clásica sonrisa – aunque bueno, la última vez que recibimos chocolates de parte de la tienda la señora bruja se aseguró de recordarnos que debíamos corresponder al regalo un mes después.
-Sí – comenzó a reír el chico – recuerdo `perfectamente esa ocasión. Yuuko-san siempre fue un tanto… - dejo la frase a medias sin entender el mismo si era más fuerte el dolor o la alegría al pensar en ella.
-Lo era – entendió Syaoran su estado de ánimo – bueno, en realidad también llamábamos para enviarte algo.
-¿Eh?
-Sí. Al llegar a este país resultó que tienen una gran cantidad de templos y festivales con los que buscan atraer y generar la buena fortuna. Nosotros, bueno, ganamos cinco objetos de la buena suerte en uno de los festivales y ya que somos cuatro aquí nos pareció apropiado que debías ser tú quien debía tener el otro objeto. Son sólo baratijas pero…
-Muchas gracias Syaoran. Sabes que sólo debes darle el objeto a Mokona para enviarlo.
-Sí pero – interrumpió Fye – elegir lo que queríamos y dejarte lo que sobra parecía algo grosero, así que mejor ve lo que hay en nuestro premio y elige lo que quieres.
-Oh, muy bien.
El enfoque de la proyección cambió y Watanuki vio frente a sí cinco objetos diferentes: un colgante en forma de silueta de gato, una peineta, una taza de barro, un pincel y un pañuelo café claro.
-¿Pueden hablarme un poco sobre esa taza, por favor?
-Aquí es algo así como una creencia que este tipo de tazas si son cocidas durante las noches de luna nueva adquieren la capacidad de purificar de malas vibras y hechizos dañinos de los líquidos que se sirven en ellas, además de que pueden aumentar los efectos positivos de los remedios tradicionales.
-Eso suena sumamente interesante. Supongo que puedo pedir esa taza entonces ¿verdad?
-Es tuya – concedió Syaoran con una sonrisa.
-Muchas gracias.
Así, segundos después Mokona transportó directamente sobre el jardín de la tienda una bella taza de barro cocido, decorada detalladamente con líneas curvas que al cruzarse unas con otras formaban flores, y ligera como una pluma.
-Un objeto realmente valioso – susurró Watanuki mientras Mugetsu se enredaba en su brazo para llegar a la taza y así tocarla con su nariz.
-Kimihiro – Syaoran miró al otro con ligero titubeo y luego una mirada determinada apareció en su rostro – no estás obligado a responderme pero ¿ha pasado algo en tu vida recientemente?
-¿Por qué lo preguntas?
-Hace un par de semanas que salimos del país de Clow Sakura mencionó que había tenido sueños sobre ti, sin embargo, ha tenido problemas para recordar en qué consisten.
-Ya veo. Bueno, he de confesar que últimamente ha habido un par de cosas interesantes sucediendo en mi vida.
-¿Quieres hablar de eso? – se animó Syaoran.
-Sinceramente me encantaría, pero – Maru y Moro dejaron de jugar y corrieron hacia la puerta – temo que hay un cliente que espera por mí.
-Ya veo. En ese caso supongo que podemos platicar en otro momento ¿no?
-Sí, por favor.
-Entonces por favor cuídate mucho Kimihiro.
-Lo mismo podría pedirte, Syaoran.
Con esa despedida ambos cortaron la comunicación y Watanuki se dirigió hacia el interior de la puerta del jardín, donde una bella chica pelirroja lo observaba con suma atención.
-Así que los rumores son ciertos, realmente la tienda tiene un nuevo dueño.
Pese a la rudeza de sus palabras, lo cierto es que no había el menor rastro de hostilidad en su voz.
-Sí y no – respondió Watanuki – en este momento y hasta que ella regrese la tienda es mi responsabilidad pero la verdad es, que me faltaron por aprender muchas cosas de Yuuko-san antes de que ella se marchara. Ahora, asumo que debes ser alguna vieja clienta suya, ¿no es así?
-También sí y no. Yo por mi parte no traté mucho con ella en el pasado pero conozco de primera mano a muchos de sus clientes. Pero mira que descortesía de mi parte: soy Rima Takenouchi y es un placer conocerte.
-También encantado, mi nombre es Watanuki Kimihiro.
-Ah, me das un nombre falso pero supongo que no puedo quejarme ya que estoy haciendo exactamente lo mismo.
-Mi nombre no es una falsedad completa y además en este negocio es algo inevitable. Ahora ¿quieres pasar al interior para que hablemos de tu deseo?
-Temo que lo que busco aquí no es sólo un deseo mío – respondió la chica – sin embargo, espero que podamos pasar un rato agradable mientras te explico a ciencia cierta lo que mis clientes esperan encontrar en tu tienda.
La sonrisa del de ojos azules dejó ver a Rima que no esperaba una rápida negociación.
…
-Doumeki-kun – saludó Himawari con una sonrisa – hola ¿cómo ha ido tu día?
-Bien hasta ahora – respondió él lavando el sudor de su rostro mientras miraba discretamente una y otra vez alrededor de la muchacha – ¿y Watanuki? ¿Dónde se metió ese chico ahora? – "no lo vi llegar en la mañana" fue la frase que no añadió en voz alta.
El semblante de la chica se nubló ligeramente.
-Watanuki-kun no asistió a clases hoy.
Enseguida los sentidos del arquero entraron en juego.
-¿Le sucedió algo? ¿Dieron algún aviso?
-No hasta ahora. Doumeki-kun, tú realmente te preocupas por Watanuki-kun ¿no es así?
-Me preocupa el almuerzo de hoy.
-Mentiroso – casi cantó ella, a lo que él tuvo que encogerse de hombros y buscar otra respuesta.
-Ese chico suele meterse en más problemas de las personas comunes.
-Eso no te obliga a preocuparte por él… así como mi situación tampoco te obliga a preocuparte por mí ¿sabes?
Doumeki levantó una ceja.
-No puedo culpar a Watanuki-kun por desesperarse contigo; yo no entendería la mitad de tus expresiones si no te conociera desde la escuela primaria.
-Mmm…
-Pero en cambio tengo bastante práctica para leerte y puedo notar que el interés que muestras por Watanuki-kun no es simple caridad de buen samaritano ¿verdad?
Los ojos de Doumeki se tensaron apenas un par de milímetros.
-Entonces – continuó ella – eso significa que la razón de que él te importe tanto es porque…
El pitido de un silbato la distrajo.
-Tienes que volver a clase – le indicó él.
-Sí, parece que te salvó la campana después de todo. Hablamos en el almuerzo, Doumeki-kun.
La chica se marchó entonces con la misma sonrisa con la que había llegado, dejando tras de sí a Shizuka con la fuerte inquietud del paradero de Kimihiro Watanuki.
….
Antes de hablar el muchacho dejó su taza de té sobre la mesita.
-¿Son estos entonces los objetos que buscas?
-Sí – confirmó la chica mirando fijamente los tres objetos que Watanuki le mostraba: la llave, la daga y el anillo culminado con la gema amatista.
-Ya veo – su voz y postura eran completamente serias – sin embargo, debes advertir a tu príncipe que objetos tan valiosos fueron entregados a la tienda como pagos separados, y cada uno por un deseo del mismo valor, por lo tanto para tener los tres se requerirá de una compensación verdaderamente elevada.
-No esperaba escuchar algo diferente del encargado de la tienda – susurró la chica con una sonrisa que no tenía nada de alegre – pero, temo que en realidad no hay opción al respecto: para retomar el lugar que a él por derecho de nacimiento y linaje le corresponde ellos necesitan de esto, y si él no retoma su lugar entonces temo lo que los usurpadores puedan hacer con el resto de nosotros.
-Lo entiendo.
-Sabes, me parece injusto inclusive que ese chico tenga que enfrentar esta situación: si todos nos hubiésemos mantenido firmes en nuestro lugar y sin permitir a la ambición desmedida colarse en la estructura de nuestras vidas, los reyes aún estarían en este mundo y su hijo gozaría de una vida amable en lugar de tener que dar la cara a pruebas tan duras.
-Las cosas suceden como están predestinadas a suceder, y por lo mismo, no tiene caso el que pasemos nuestro tiempo suponiendo lo que sería de nuestras vidas en circunstancias diferentes a las que estamos destinados a atravesar.
-Yo personalmente no soy acérrima creyente de los eventos predestinados, aún así, me parece injusto que toda la carga de esto recaiga sobre ellos dos – breve pausa –. Realmente me gustaría contribuir en algo a la causa, por muy poco que sea lo que puedo hacer.
Antes de que Watanuki tuviese tiempo de reaccionar, la chica sacó de su bolsillo una navaja filosa y en un solo movimiento fluido cortó su larga cabellera a pocos centímetros del cuero cabelludo, depositando la melena roja y brillante sobre la mesa de té.
-Yo – sacó de su otro bolsillo una cartera casi nueva – la verdad es que no debo nada a mis viejos señores: trabajé arduamente para ellos muchos años y siempre recibí a cambio lo justo, ni más ni menos. Con los usurpadores ha sido lo mismo y la verdad es que no sólo no les guardo rencor personal, sino que además hay algunas de sus políticas con las que concuerdo plenamente. Aún así, no soy de las que tiene la idea de que para progresar debes construir tu dicha sobre las desgracias de otros. Desde un punto de vista frío no tengo una razón para oponerme a los usurpadores, pero si sus planes continúan terminarán por dañar a aquellos que en su momento, ignorantes de mi identidad y oficio, me tendieron la mano y me regalaron una sonrisa… por eso que no me importa renunciar a cosas que me son valiosas si es para ayudarle a conseguir un mejor trato a aquel que puede defender abiertamente a los que yo apoyo desde las sombras.
Watanuki miró a la chica frente a él con una sonrisa dibujándose en su rostro.
-Una cartera que es un recuerdo de una persona que es especial para ti y el largo cabello que tanto te gusta y que por muchos años ha sido tu mayor orgullo… no es suficiente para cubrir el costo del deseo, pero lo consideraré como parte del valor total al momento de la negociación con tu príncipe.
-Eres una buena persona Watanuki, estoy muy feliz de que Yuuko-san haya encargado su tienda a alguien tan especial como tú.
-Muchas gracias por decirlo – respondió Watanuki adoptando una actitud totalmente solemne.
-Bueno, supongo que ahora debo retirarme. Dentro de poco enviaré a mi príncipe para negociar directamente contigo, pero nos veremos otra vez en algún momento.
-Nos veremos entonces en algún momento, Rima-san.
-Hasta pronto, Watanuki-kun.
Y con esas palabras la chica tomó la bolsa de mano que había dejado junto a ella y salió por la puerta principal sin esperar a que Watanuki la acompañara… al mismo tiempo que ella salía, otra hermosa joven de cabello rubio, ojos lavanda y aire sensual entró con la misma exacta expresión confundida que solían tener la mayoría de sus clientes primerizos.
-Eh ¿qué rayos hago en este sitio? ¿Cómo…?
-Esta es una tienda de deseos – respondió Watanuki recogiendo la taza que había usado Rima y sirviendo té en la que había estado boca abajo todo ese tiempo – así que si estás aquí eso sólo quiere decir que tienes un deseo.
-¿Un deseo? – Se sorprendió ella – sí, yo… bueno, todos tenemos muchos deseos ¿no es así? Yo personalmente deseo una vida de lujos y comodidades, pero realmente no necesito entrar a una tienda para eso: sé trabajar y además soy una excelente jugadora.
-Cierto, sabes que tienes la capacidad que se necesita para cumplir ese sueño. Sin embargo esa "vida de lujos" no es tu verdadero deseo ¿no es así?
La rubia se tornó completamente seria.
-No me mires como si me conocieras, y tampoco insinúes que puedes entenderme ¿queda claro?
-La última de mis intenciones es molestarte, sin embargo, para que los demás puedan ayudarte primero debes bajar la guardia, aunque sea un poco.
-Sabes, no eres la primer persona que me dice eso – respondió la mujer tornándose pensativa.
-En ese caso no soy la primera persona que se preocupa por ti ¿verdad?
-No, realmente supongo que no.
-Entonces ¿cuál es tu deseo?
-Yo… ¿cómo puedo creer que realmente puedes cumplir lo que quiero?
-Revisa tu pasado. Esta no sería la primera vez que trates con magia ¿verdad?
La rubia lo pensó por un momento.
-No, no lo es.
-A estas alturas has tenido suficiente trato con usuarios de la magia para diferenciar la energía real de simples ilusiones así que en realidad no dudas de lo que te digo. Ahora, una vez aclarado este punto, repito: ¿qué es lo que quieres pedirme?
-La verdad es no hay muchas personas a quienes en verdad pueda decirles que les debo algo, pero hace unos pocos años conocí a un grupo de chicos que me enseñaron del juego y de mí misma más de lo que alguna vez fui capaz de aprender por mi cuenta… aún así, a pesar de que también yo traté de ayudarlos, tengo todavía una gran deuda que no sé cómo pagarles. Claro, no es como si ellos realmente me estuviesen pidiendo una compensación pero, no sé, quisiera hacer algo por ellos pero la última vez que lo intenté perdí el enfoque y sólo conseguí meterlos en más problemas, ahora no quisiera…
-Si tu deseo es ayudar a esos amigos en un momento que verdaderamente necesiten ayuda entonces puedo hacer eso por ti, y sobre todo ahora debes saber que ellos necesitan una ayuda desinteresada más que nunca antes.
-¿Cómo puedes saber eso?
-Porque ha sido tu destino entrar aquí el día de hoy, del mismo modo que el destino se ha encargado de que ella me visitase justo antes de ti. Sin embargo, para cumplir lo que quieres primero es necesario que me entregues una compensación.
-¿Qué tipo de compensación? – preguntó ella.
-Eso depende enteramente de ti, porque la compensación que me entregues será lo que determine el alcance de la ayuda que yo pueda brindar.
-Temo que no tengo mucho dinero.
-Eso no tiene importancia aquí. En esta tienda el precio se entrega siempre a través de uno mismo y lo que uno posee, así, mientras mayor sea el valor sentimental de lo que me ofrezcas como pago, mayor será el valor en el que lo cotice.
La rubia pasó un momento meditando esas palabras y después sacó del bolsillo de su chaqueta una carta de juego.
-¿Esto funcionará? En cuestión de juego ésta realmente no es una de las cartas más valiosas, sin embargo, para mí su valor es realmente incalculable.
-Funcionarán como un buen precio – respondió Watanuki con una sonrisa.
-Entonces tenemos un trato.
-Sí, lo tenemos. Y por cierto ¿quieres azúcar en tu té?
…..
Después de pasar todo el día sin pistas de él lo vieron de pie ahí fuera de la escuela: mirándolos con timidez y sosteniendo con sus manos tres cajas de bento cuidadosamente envueltas en pañuelos de colores claros.
-Watanuki-san – se acercó en primera instancia Kunogi.
-Himawari-chan – festejó el chico al notar la sonrisa de la chica – oh, estoy tan feliz de verte…
-No entraste a clases – acusó Doumeki en cuanto llegó también junto a él.
-No lo digas así como si se me acusara de algo – protestó de inmediato el chico – pero…
-Doumeki-kun estaba preocupado por ti – intervino de inmediato Kunogi – no avisaste a la escuela que no ibas a asistir y como no llegaste pensamos que algo malo podría haberte pasado.
-Oh, la bella Himawari-chan estaba preocupada por mí, esto debe ser un sueño…
-Explícate – tajó simplemente el arquero.
-Bueno, no hay mucho que explicar – se alineó el de lentes – cuando estaba terminando mis últimos deberes antes de venir a la escuela recibí la llamada de algunas personas especiales con las que no había tenido contacto últimamente y después de eso llegaron clientes que comenzaron a tocar a la puerta de la tienda. La verdad es que no quería faltar a clases, pero no pude apresurar los negocios y habría sido una falta total de respeto llegar sólo a la última sesión ¿no lo creen?
-Sí – aceptó Kunogi – pero ¿no pudo haber atendido Yuuko-san a los clientes? ¿O alguna de las otras chicas que has llegado a mencionar? ¿Maru y Moro, no?
-Yuuko-san no está en la tienda en este momento y Maru-chan y Moro-chan no saben los precios correctos. No me quejo, vivo en la tienda así que realmente no es como si tengo otra opción que atender a los clientes.
-Ya veo, bueno, en ese caso supongo que Watanuki-kun vino a pedir los apuntes ¿no es así?
-Sí, pero también – levantó la mano en la que sostenía los bentos – antes de que me ocupara ya tenía preparado el almuerzo de hoy así que pensé que, si no estaba demasiado ocupada, Himawari-chan y yo podíamos tomar un bocadillo vespertino en el parque para aprovechar los alimentos.
-Watanuki-kun es realmente lindo – comentó la chica.
-Ah… ¡Himawari-chan piensa que soy lindo!
-Espero que haya raviolis ahí – comentó Doumeki posicionándose entre ellos.
-Imbécil ¿quién rayos te invitó a venir con nosotros?
Ni Doumeki ni Himawari se molestaron en responderle a Watanuki que si él no hubiese tenido la intención de invitarlos a los dos desde el principio no habría llevado consigo tres cajas de bento.
Como dato curioso: Había raviolis con salsa de nueces en el bento de Doumeki, y sólo en el de él.
….
Sobra decirlo, Shizuka llegó a casa ese día más tarde de lo que solía llegar otros días y, aunque eso generalmente no significaba un problema, esta vez fue recibido por el rostro de su padre mirándolo con una severidad que no recordaba haber visto antes.
-¿Sucedió algo? – preguntó sin denotar la preocupación que luchaba por anidar en él.
-El consejo se comunicó – explicó el hombre en tono serio, y sacó de entre sus ropas un papel de color azul – "invitan" a una reunión casual el domingo.
….
-¿Una reunión urgente? – cuestionó Mokona dando vueltas una y otra vez al papel teñido de azul entre sus diminutas manos.
-El consejo de cazadores maneja códigos secretos por colores – explicó Watanuki mientras lavaba las cajas del bento que había compartido con Shizuka y Himawari – por eso aunque el mensaje que se escribe es una simple invitación, el color azul en ella explica por sí mismo que presentarse no es opcional y que la reunión se llevará a cabo veinticuatro horas antes de la fecha y hora ahí estipuladas.
-Eso significa que si la invitación dice que la reunión será el domingo al medio día…
-En realidad el consejo debe reunirse mañana a las doce en punto.
-Conocer la hora y fecha de la reunión del consejo de cazadores te dará la oportunidad de la que Yuuko había hablado… es increíble que ese hombre te diera tan fácilmente su "invitación".
-El deseo que pidió fue merecedor de este objeto. En todo caso – terminó de lavar y se secó las manos – fue sólo algo predestinado que la invitación del consejo llegara a mis manos.
-Watanuki, las salas de la tienda se debilitaron tras la partida de Yuuko. Sabiendo eso ¿por qué te arriesgas tanto a salir a donde el consejo va a ejecutarte sin pensarlo de descubrir quién eres?
-Realmente logro preocuparte con mis acciones ¿verdad Mokona?
La pequeña criatura brincó a los brazos del muchacho y se acurrucó entre ellos con un ligero temblor.
-No quisiera que Watanuki se vaya – respondió finalmente.
-No planeo irme aún, Mokona. Sin embargo, creo que ha llegado el momento de que te explique algo importante: verás, cuando le pedí a Yuuko-san que me aceptara como su aprendiz ella me dijo que esa decisión traería consigo importantes consecuencias, por supuesto aceptar mis poderes cambó mi vida en muchos sentidos, pero lo que nunca esperé fue – calló un momento y miró directamente a su dedo meñique – que el hilo rojo de mi destino cambiaría tan radicalmente…
